- ¡La actitud de esta mujer es inaceptable! Se oculta tras una amabilidad que no es verdadera y ...
- Sé amable con el daño o el corto el cuello, tú eliges. - Lo cortó un hombre de aspecto misterioso.
- S-sol digo que estas mujeres me intimidan, no quiero que estén cerca de mi tienda, sobre todo ella. - Señaló a la muchacha de pelo rosa.
- No es necesario que me defiendas, de todas formas, ya nos íbamos. Vamos Hinata -

Los vendedores protestaron, y Sakura aprovechando el momento de confusión, sujetaron la mano de su daño de compañía para apartarla de todas esas personas que no tenían más que maldecir a los visitantes.
Una vez que tenían se alejaron lo suficiente del terreno, regresaron con algunos de los hombres del clan para regresar hasta su castillo, no había forma de comprar bonitas telas para un vestido hermoso, ya no valía la pena.

- Juro que cuando vuelva a ver a ese vendedor, lo pondré en su lugar, ¡maldita sea! - Protestó la pelirosa.
- No seas osada como lo fuiste con esos hombres, Sakura. Si continúas así, te meterás en problemas y no necesariamente un hombre que te defienda.
- Si ser osada es defensor de una injusticia, dudo que deje de serlo nunca.

Hinata sin ganar de discutir solo asintió.

La noche estaba helando, pero el fogón en esa enorme chimenea siempre estaba encendido gracias a Hinata quien servía en ese enorme y triste castillo.
Colin no había más que estar encerrado en su habitación, no había mundo para él, su felicidad se había ido hace años. No había esfuerzo en él, simplemente se dejaba estar por el tiempo. Sakura tenía que estar pendiente de sus comidas, de su aseo personal y también custodiando las visitas que llegaban en la noche. No era tonta, su padre tenía necesidades biológicas y por mucho que él intentara ocultar su pecado, el lecho se calentaba sin parar.
Esas acciones la deprimían, pero lo que dolía en realidad era el corazón de su padre estaba latiendo por una mujer que no era del todo su gusto; Effie

Para los que quedaban en el clan Haruno, sabían que esa dichosa mujer, calentaba el lecho del jefe del clan. En un principio fue bastante normal, porque Colin identificó a soledad, sin embargo, una medida que fueron pasando los años, la desagradable chica fue tomando posición en la familia dejando a Sakura como un estorbo. No solo humillaba a Sakura, sino que también lo hacía con los sirvientes autoproclamándose la señora del castillo, y nadie pasaba sobre ella.
Colin pidió un mínimo de respeto por ella, a los pocos guerreros que tenían les exigió siempre la escuela, pero para Sakura no había tenido un saludo, era como si estuviera bajo un hechizo.

— Oye, Colin ha pedido que suban alguna cebada buena, queremos celebrar en la habitación. — Effie se dirigió a Sakura con altanería, ni siquiera la miró, simplemente dio la orden mientras subía las escaleras de piedra.
— ¿Sí? ¿y no quieres que enchueque tus dientes también?
— ¡¿Cómo te...ah...— Suspiró sin mostrar remordimiento. — Eras tú...— Torció la boca.— Dile a alguna de las criadas piojentas que suban algo a la habitación de Colin.
— No puedo, hazlo tú. — Sakura se acomodó el vestido de tonalidad verde de terciopelo. — Además, ese hombre a quién tú llamas Colin, sigue siendo mi padre y que yo sepa, no está casado contigo, ¿o sí? —

Esas palabras eran ciertas y por la realidad Effie se maldijo, sin embargo, volvió a una postura fina, elegante, al menos ella sentía que eso le quedaba bien.

- Por ahora ... lady Sakura, por ahora ...