Disclaimer o Descarga de Responsabilidad: Disney, Dios, Disney, esto es tuyo y ni siquiera sueño con ponerle mis ligeros dedos encima. Y supongo que también Melissa de la Cruz, quien escribió los libros (No estoy muy segura de que Disney le haya prestado tanta atención a la trama, con honestidad, por lo que pude husmear de los libros. TANTO, TANTO POTENCIAL, QUE TE PASA DISNEY, QUE HAS HECHO)
Nota de Autora: ADVERTENCIA, solo vi las películas, no conozco casi nada de los libros y lo que conozco lo agregué a este fic. Me pone de los nervios no terminar de conocer algo y escribir un fic, pero en serio, esto se escribió en un apuro de cuatro horas solo, solín, solito. También, esta inmerso en lo que considero mi propio AU, porque estoy bastante segura que Disney no explotó el hermoso potencial de folklore detrás de sus propias reinvenciones de las historias (al menos, las que utilizaron para la línea de tiempo de descendientes que, por ejemplo, no considera las últimas películas de Maléfica) y mis propias interpretaciones personales de los personajes.
NOTA DE PERSONAJES (PARA LAS PERSONAS QUE COMO YO, SOLO VIERON LA PELÍCULA Y ESTÁN TIPO ¿DE ADÓNDE SALIERON TODOS ESTOS PERSONAJES? ¿SON OC? ALERTA SPOILER, NO, NO SON OC, EXISTEN Y PUEDEN BUSCARLOS PORQUE TIENEN FICHAS DE PERSONAJE):
Mad Maddy (nieta de Madam Mim, ya saben, la bruja loca enemiga de Merlín) y Ginny Gothel (Hija de Madre Gothel, ya saben, la bruja que cuidó de Rapunzel LUEGO DE SECUESTRARLA Y ENCERRARLA EN UNA TORRE). Ellas junto con Anthony Tremaine (hijo de Anastasia) al parecer, tienen papeles muy importantes en el segundo libro de Descendientes, a pesar de no existir en las películas (Son, aparentemente, los antagonistas del libro), él no aparece ni nombrado aquí pero en el próximo capítulo, oh, me agradecerán este pequeño dato. Nasira es la hermana melliza de Jafar, por lo que dice wiki Disney (intentó revivir a su hermano, y por eso se opuso directamente a Aladdin, Jasmine y el Genio e hizo muchas otras cosas malas, pero lo importante acá es que lo hizo por Jafar), y se sospecha que Jade (prima de Jay, mencionada brevemente en los libros) puede ser su hija, pero no lo sabemos con seguridad. Con respecto a Diego De Vil, encontré muy poca información sobre él además de que es el primo de Carlos (posible hijo de Cecil) y que toca en una banda (lo sabemos porque Carlos le pidió que tocara en una fiesta), así que su personalidad son solo suposiciones mías (también es parte del grupo de Anti-héroes que fundó Yen Sid según su ficha de personaje, así que tengo mis esperanzas en el niño).
('Amto significa tía en árabe, dato)
(¿Alguien más está furioso con Mal por su actitud en Descendientes 3? Porque creo que estaba tan enojada que fue por lo que comencé a escribir esto... eso y el Korë - verse de TheHarleyQueen en Ao3, si alguna vez pueden, échenle un vistazo, es muy bueno).
¡Muy nerviosa sobre este nuevo fic! No planeo que sea muy largo ¿Tal vez uno o dos capítulos por película? Sin tanto desarrollo en el medio, veremos como va. ALSO, para cuando publique esto, probablemente ya haya escrito uno o dos capítulos más, solo por precaución, así que don´t worry about la próxima publicación, será pronto.
EDIT (TRES DÍAS DESPUÉS DE LA NOTA DE ARRIBA, OK, I'M CRYING): HE CREADO UN MONSTRUO, NI LLEGARON A AURADON Y YA VAN 15.000 PALABRAS, Y LA LÍNEA DE TIEMPO DE LAS PELÍCULAS ME DA DOLOR DE CABEZA Y ME DI CUENTA DE QUE CAMBIÉ MUCHAS COSAS Y AHORA NI SIQUIERA PUEDO SEGUIR EL ESQUEMA DESASTROSO DE ESTE UNIVERSO Y NO SÉ QUE HACER CON MI VIDA MALDITA SEA. No tengo autocontrol. Los quiero, diviértanse leyendo esto porque yo ahora estoy sufriendo.
TAMBIÉN, CÓMO SE SUPONE QUE ETIQUETE PERSONAJES SI APARECEN CASI TODOS. DIOS, POR QUÉ ME SOMETO A ESTO.
Metanoia (del griego μετανοῖεν, metanoien, cambiar de opinión, arrepentirse, o de meta, más allá y nous, de la mente) es un enunciado retórico y teológico, su significado literal del griego denota una situación en que en un trayecto ha tenido que volverse del camino en que se andaba y tomar otra dirección, también retóricamente utilizado para retractarse de alguna afirmación realizada, y corregirla para comentarla de mejor manera.
La barrera fue erigida en miedo, y por mucho que los Auradonianos lo nieguen, en deseos egoístas de retribución. Por un Rey cobarde e hipócrita, que aunque tuvo su segunda oportunidad en la vida, no pudo permitir que otros la tengan si hay magia involucrada; hubo una vez una hechicera que lo maldijo a ser un monstruo externamente como lo era en el interior, hubo una vez que la magia no lo benefició y todavía no olvida sus patas y colmillos. La barrera anula la magia, pero no borra lo que ya existe, y más de la mitad de los habitantes de la isla son seres mágicos; es un castigo inusualmente cruel viniendo de alguien que predica el bien y la unidad, que aboga por la redención. No había necesidad de revivir a los villanos solo para encerrarlos; la muerte es preferible a la falta de libertad, los piratas en la isla se lo dicen claramente a cualquiera que desee escucharlos despotricar, y no hay nada peor que ser prisionero de tu propia naturaleza.
La magia hierve en su sangre, se instala en sus huesos, y ninguno de los niños de la isla puede negar que existe. Es doloroso, es desolador, que les hayan arrebatado parte de ellos antes de que pudieran descubrirse."La vida no es justa" es el lema de la isla, y todos aprendieron a adaptarse porque es eso o morir, pero no significa que no sientan la pérdida.
Mal es un hada, Fae de principio a fin, lo siente cada vez que alguien le entrega un nombre para atesorar y su pecho se tensa ante los tratos que la gente inadvertidamente hace con ella; ha intentado ignorar lo que tan tentadoramente se le entrega, pero no fue criada para ser compasiva. Recuerda cada promesa que le hacen y cada trato que sella, y todos en la isla saben a quien deben acudir si quieren que se cumplan los términos de un acuerdo. Sería más fácil si su padre hubiera sido humano, la sangre diluida no susurraría en sus oídos; pero su padre, por más ausente que fuera, era un Dios y eso no había hecho más que fortalecer lo que ya estaba allí.
La magia era su esencia, y por más que fuerte que sea la barrera, no puede quitarle eso a Mal sin matarla.
Ella lo sabe, lo acepta, pero lo odia, tanto como un hada puede odiar como suele decir Maléfica. Los fae no sienten las emociones como los humanos pueden, pero tienen buena memoria y una inclinación por la venganza que muy pocos fuera de los de su clase puede entender; los dioses son volátiles, erráticos y apasionados con sus emociones. Mal tendrá siempre una naturaleza dual en conflicto, pero al menos se contenta con saber que por mucho que ser mitad hada la afecta, puede amar y odiar de una manera que su madre no será capaz jamás, sus amigos le mostraron eso (incluso si lo entiende, no puede evitar buscar su aprobación, que es lo más cercano al afecto que alguna vez obtendrá de esa mujer).
Al menos no creció atemorizada de lo que es, no tiene que esconder sus alas tras apretadas y prístinas ropas, y usar un glamour para la punta de sus orejas como el Hada Madrina y su hija. Le repugna que incluso en libertad, se permitan ser limitadas de esa manera.
Está encerrada, pero al menos es contra su voluntad. Es lo que se susurra cada noche antes de dormir.
No debe y no puede ejercer su magia, pero eso no le impide ese susurro de "mío" cada vez que ve a los otros VK, son suyos tanto como cualquier otra criatura que le otorgue un nombre verdadero libremente a uno de su clase. Esa posesividad podría asustar a un humano en su intensidad, algunas veces la hace sentirse culpable, pero Mal no era humana y el dolor perpetuo que la barrera le ejerce nunca le permite olvidarlo; no es humana, no tiene que amar como los humanos. Cuida sus palabras porque no puede hacer falsas promesas, mentir no es algo que las hadas tengan la capacidad de hacer; omitir, evadir, ocultar, tergiversar, pero no mentir. Ellos lo comprenden, y nunca le piden a Mal algo que sepan que no puede cumplir, pero ella promete y entrega con facilidad cuando son ellos, porque sabe que tiene que resguardar sus palabras pero no hay nada que Mal no haría por los suyos. No hay riquezas en la isla que Mal pueda ocultar en el tronco de un árbol, pero hay personas y nombres que puede atesorar, y eso es suficiente para calmar esa parte de ella que se niega a ser encadenada por el miedo de un hombre a la magia.
Su amistad... no es fácil, nada es fácil en la Isla. La travesura está en su sangre, es parte de lo que es, no puede evitar atormentar un poco a la gente, incluso cuando no todos se lo merecen; Evie es una de sus muchas víctimas, y aunque su amiga siempre le dice que todo está en el pasado, Mal no puede. Ni los dioses, ni los Fae olvidan. Ella siempre recordará el día que le quitó la libertad por diez años a alguien más; cuando ejerció su poder en una niña que no se lo merecía y engañó a un niño asustado para traicionar a la única amiga que tenía. No le mintió a Evie cuando la invitó a esa desastrosa fiesta en la casa de Carlos, tampoco le mintió al vástago De Vil para ayudarla a tenderle una trampa a la otra niña, pero fue una omisión y una manipulación lo suficientemente cercana a un engaño directo que su magia la castigó por días.
Mal intuyó lo que su magia quería advertirle. Perdonó y pidió perdón, por única y última vez en su vida dentro de la isla, porque es una debilidad que todos los niños de villanos reconocen y aceptan, pero ella siempre fue más que solo la hija de Maléfica.
Evie es una princesa, la hija de una Reina. Más aún, es la hija de una Bruja.
Tal vez, por eso siempre encuentra tan reconfortante la presencia de los otros VK; incluso la barrera no puede quitarle a los hijos de villanos algo que les pertenece por naturaleza. Mal con sus ojos verde vibrante, su pelo violeta y sus orejas puntiagudas que muestra con orgullo, siempre se siente como algo que debe encontrarse en un bosque o en un templo, ese aire que está más allá de este mundo y de la isla; Jay, que se ve y comporta como un humano, pero que al igual que su padre es Djinn y la magia se arremolina debajo de su piel, creando extraños patrones del color de la arena que todos admiran pero fingen ignorar; Carlos, que por mucho que Cruella jura y perjura que no es nada especial, se siente particularmente similar a la extrañeza de Mal, como si fuera parte Fae pero... diferente, es más oscuro y más extraño, y no algo que Evie quiere analizar con demasiado detalle porque Carlos es un niño dulce que no suele ser influenciado por el lado sobrenatural en su sangre, cualquiera que en realidad sea.
(Mal le confiesa secretamente que, una vez, se atrevió a preguntarle a Maléfica si sabía que Fae había engendrado a Carlos y por qué uno se acercaría a Cruella. Dijo que su madre le sonrió, felicitándola por sentir esa familiaridad en el otro niño cuando a ella misma le había costado descifrarlo, y respondió que Cruella simplemente quería un hijo y aunque no tenían dioses de la vida en la isla para dar bendiciones, en los lados más oscuros de esa prisión en las que los habían encerrado había criaturas mucho más antiguas que el tiempo dispuestas a otorgar algo tan sencillo como un niño. Crum-Dubh todavía vagaba por la tierra de los vivos incluso si no era en su forma original, y aunque los mortales ya no lo adoraban de la misma manera que en la antigüedad, nunca había olvidado sus raíces; fue una simple casualidad del destino que hubiera terminado en esa isla por su encuentro con Ichabod Crane. Evie trató de no pensar en ello, pero cada vez que abrazaba a su amigo no pudo evitar sentir que algo la vigilaba en la oscuridad. Malditas hadas.)
Evie era una Bruja que no podía practicar magia, lo que básicamente era el propósito de su existencia, pero eso no le impedía acurrucarse en la cercanía de sus amigos, disfrutar de su presencia fuera de ese mundo. Percibir en la punta de sus dedos esa posibilidad, saborear en su lengua un potencial hechizo, regocijarse en la luz de la luna y respirar el aire limpio del océano las noches de Samhain mientras bailaba lejos de la vista de todos; el que no pudiera usar la magia no significaba que no fuera respetuosa. Uma la dejaba entrar en su territorio las noches de cambio energético, porque era la enemiga de Mal pero jamás la enemiga de Evie, las pocas brujas de la isla tendían a mantenerse unidas. Aunque su madre le había prohibido terminantemente asistir a la Escuela de Brujas de Isla, alegando que era innecesario si no había magia y que era mejor concentrarse en mejorar su aspecto para conseguir al menos algunos de los pocos príncipes en ese miserable lugar, Evie intercambiaba consejos de belleza con Maddy y Ginny Gothel, y se reunían bajo las sombras de una de las pocas residentes hamadríades en la isla para que les cuente historias de más allá de la barrera.
No registra la falta de magia como si no tuviera una extremidad, como se lo describió una vez Mal, o como si el aire mismo la ahogara en su simplicidad como le dijo Uma; pero hay algo que parece vacío en su vida, como una herida en carne viva dónde le habían arrancado algo esencial que ella no tuvo lo suficiente como para reconocer el dolor. Evie trata de ignorarlo lo más que puede, llenarlo con sonrisas coquetas y maquillaje, pero es difícil cuando su madre la viste como princesa y la educa como una, y la picazón en la punta de sus dedos y las fáciles rimas que se deslizan por sus labios le vienen más fácil que la cortesía y palabras falsas que Grimhilde intenta perforar en su cabeza. La Reina Malvada le enseña a limpiar, a cocinar, a encantar y seducir.
Carlos le enseña a coser. Y Evie cree que es mucho mejor que cualquier lección que le haya dado Grimhilde.
Los martes de cada semana, su madre la para frente a un espejo y le hace enumerar todas las deficiencias que puede encontrar en su propio aspecto y cuerpo, que mejoras puede realizar, y a Evie no le sorprende que el primer pensamiento que tiene cada vez que se encuentra con su reflejo es que solo necesitaría cuatro palabras para encerrar a la mujer en el espejo si tuviera acceso a la magia. Mira nostálgicamente el brillo rojizo de las manzanas que crecen en el árbol fuera de su ventana, y piensa en lo sencillo que sería envenenarla y tal vez engañar a su madre para que mordiera, y nunca despertara, porque el único y verdadero amor de la Reina era ella misma y no había beso que valiera para Grimhilde si su propio corazón era el que se negaba a amar. Pero su madre no caería por su propio truco y Evie tampoco tiene la falta de escrúpulos que se necesitan para envenenar a su propia madre, por tentador que sea.
(Su padre siempre decía que tenía el corazón tierno, mientras le enseñaba a cazar y ella lloraba cada vez que con su arco disparaba certeramente a un animal. Él secaba sus lágrimas y besaba su frente; y aunque se aseguró que Evie supiera usar la gran mayoría de armas de la Isla, cómo seguir un rastro, y cómo conseguir comida, nunca la obligó a continuar. Su padre le dio las herramientas para sobrevivir, porque la hija del Cazador privilegiado de la Reina tiene que saber cómo hacer ciertas cosas. Cuando su madre se enteró de las lecciones, le prohibió al Cazador continuar visitándola y Evie lloró por días, pero no ablandó a Grimhilde en lo más mínimo porque una princesa no necesita arruinarse la suave piel de sus manos con la dureza de un arco. Evie no pudo continuar viendo a su padre, pero jamás lo olvidó, y nunca dejó el arco, aunque sus manos seguían siendo suaves debido a la poción humectante que consiguió de Madre Gothel.)
Es una bruja que no puede realizar magia, encadenada como el resto de habitantes de la isla, pero que está rodeada de seres que pertenecen más allá de esa endemoniada barrera y aunque sus emociones tienden a evitar el espectro negativo que la mayoría de los Villanos prefiere, Evie no puede evitar resentir lo que les está haciendo. Ella está al lado de Mal, cuando se acurruca sobre si misma porque le duele a un Fae perteneciente a la naturaleza vivir en un lugar dónde la mayor parte de las plantas está muerta o es otra criatura, el lado de su padre no puede ayudar mucho cuando no hay lugares sagrados en los que refugiarse y Hades es un dios del inframundo, prolifera en la falta de vida; Evie está allí para Jay, cuando se sienta en la arena contaminada de la playa y finge por un momento que se encuentra en el desierto al que pertenece, y canta una de las pocas canciones de cuna árabes que Jafar le dio cuando era niño; ella está allí para Carlos, que no entiende lo que es y no quiere escuchar las palabras de Mal sobre su posible padre, pero que anhela las sombras más que cualquier niño humano que haya conocido y que las noches de Samhain la acompaña junto con las demás brujas en sus ritos a pesar de no entender, y hay algo salvaje detrás de sus ojos esos días que lo insta a salir de su casa y correr por el bosque pero no hay más que troncos muertos y poca vegetación y siente que algo muere en su interior cada vez.
Sus amigos no son los únicos por los que Evie llora.
Es ella a quien Gil va a las tres de la mañana, despertándola de su sueño de belleza, porque no sabe a quien más acudir y es la única de las brujas en quien confía, sus padres siendo amigos y más de una vez jugando de pequeños antes de su exilio y que la Reina Malvada le prohibiera terminantemente hablar con el Cazador. La lleva a Uma, que llora y grita en el suelo de la tienda cerrada de Úrsula - pero no hay señales de la mujer - y un Harry Hook con sus ojos azules abiertos y desesperados que no entienden; ambos la miran, cuando ella levanta dificultosamente a la bruja y no deja que la ayuden, la arrastra hacia el agua salada y la sostiene contra su pecho mientras la cecaelia jadea y trata de respirar pero no puede. Uma es una Bruja del Mar como su madre, pero más aun, es una criatura que pertenece a las profundidades del océano, no a caminar en dos piernas en la tierra; tiene dificultades para adaptarse, y estar con otros seres mágicos ayuda - como Evie descubrió hace años - pero Uma no tiene a nadie mágico a su alrededor.
(La noches que pasa en la casa de Mal, y Maléfica se siente particularmente comunicativa, la mujer les susurra casi con tristeza. Son mágicas niñas, ustedes son mágicas, pero se lo quitaron antes de incluso nacer.)
Uma tiene a Harry, que es un pirata de corazón, y a Gil, el hijo de Gastón, pero ambos son completamente humanos e incapaces de entender lo que ella está pasando. Mal se llevó a su lado a cualquier aliado sobrenatural que ella pudiera tener, y por muy buena que sea la relación entre las brujas, confiarle tus problemas o debilidades a otros no es algo que se hiciera en la Isla. Después de un rato, cuando considera que la respiración de la otra niña se estabiliza lo suficiente, Evie las arrastra fuera del agua. Harry está allí para recibirlas y tratar de enganchar su suave garganta con su garfio, pero Evie se niega a soltar a Uma; no puede, incluso cuando sabe que Mal va a hacer un berrinche de capacidades colosales, no puede soltarla. Uma la necesita y aunque ninguna haya dicho que sean amigas, ella no quiere dejarla ir solo para que sufra otra recaída. Su mirada se enfrenta a la de Harry y lo desafía a hacer algo al respecto, a matarla allí en la orilla del agua, sus brazos temblorosos por sostener a su capitán en el agua y sin un arma en su poder, vulnerable.
El hijo de Garfio duda. Mira a Uma, que presiona su rostro contra el cuello de Evie y a pesar de estar inconsciente, se aferra con ella con ferocidad y gruñe en frustración. Evie no puede regocijarse en la victoria, no cuando sus piernas flaquean y ambas caen a la arena, pero no suelta a Uma, ni siquiera cuando pierde la consciencia.
Cuando se despierta nuevamente, está en su habitación en el hogar de su madre, y si no fuera porque siente el olor de la sal en su piel y el cabello tieso por el agua del mar pensaría que fue un sueño. En el próximo enfrentamiento entre la tripulación de Uma y los VK, mientras sus amigas chocan espadas entre ellas, Evie se distrae lo suficiente como para que uno de los piratas la desarme y ella siente el filo del acero en su yugular y cierra los ojos aceptando el fin.
Los abre cuando siente que la espada se aleja, pero algo frío le roza la mejilla. Los ojos de Harry la enfrentan, duros e implacables.
- No puedes morir todavía, princesa, no mientras estemos cerca.
Y así, se va, arrastrando al confundido pirata con el que estaba luchando e Evie nota que la pelea a su alrededor terminó. Carlos salta a rodearla con un brazo y parlotear sobre lo horrible que fue la experiencia, pero ella no puede evitar mirar hacia atrás, hacia la tripulación de Uma que se está alejando hacia los muelles y ver que Gil le sonríe alegremente mientras la saluda y Harry lo regaña por ello, pero le guiña un ojo. Evie no ve a Uma, pero siente lejanamente su voz acariciando sus oídos.
Enemigos de Mal, pero nunca suyos.
Evie sonríe en aceptación. Ella puede vivir con eso.
Jay nunca tuvo los grilletes de Jafar en sus muñecas, pero bien podría estar encerrado también en una lámpara por como la barrera afecta su lado Djinn. Él está rodeado por gente que desea, desea, desea, porque es una Isla llena de Villanos con ambiciones y algo dentro de él se rebela ansioso por realizar un trato, pero no puede porque no hay magia y por lo tanto, no hay deseos que cumplir. Pero los siente, los recuerda, y los archiva. Su padre dice que algún día se van a liberar de esa prisión, y que es mejor tener en cuenta a futuros clientes. Él no cree que la barrera vaya a caer, pero demonios si no lo anhela con toda la ferocidad de una tormenta de arena.
No hay luz del sol sobre la Isla, siempre mediada por una horribles nubes de tormenta y Jay siente que se va marchitar. Los Djinn pertenecen entre las ardientes dunas del desierto, bajo el abrasador sol que se refleja dorado sobre su piel, son bromistas y embaucadores, nacieron del fuego sin humo y al igual que los humanos, son libres. Pero ser inmortal es una consecuencia severa, significan muchos años que vivir y en los que pueden suceder muchas cosas, como ser encadenados por los humanos. Su padre nació siendo un hechicero y se convirtió en un genio, pero cayó en la trampa de creer que los genios debían servir y su propia magia lo transformó en retribución, fue castigado por sus propios preconceptos; Jay es el primer Djinn que nació en muchísimos siglos, y a pesar de que vino al mundo libre de las ataduras de la mayoría de su clase, se encuentra encerrado como todos ellos en esa Isla. Jafar no siente ese impulso en su interior, ese anhelo de libertad, solo quiere venganza; pero es comprensible, él fue humano una vez, Jay nunca tuvo la oportunidad.
Él roba y juega, bromea y coquetea, trata de apaciguar esa tensión en su pecho pero cada vez que siente el agua de la lluvia casi constante cayendo sobre él, cree que algo de su llama interna se apaga. Los Djinn no fueron hechos para vivir entre las aguas, y Jay lo sabe mejor que nadie.
Cuando conoció a Mal, algo dentro de él se aflojó un poco. Los Fae no son criaturas del desierto, pero hay magia en ella que no es difícil sentir, y ella más que nadie entiende el poder de las palabras y el deseo de hacer tratos. La travesura de las hadas se mezcla bien con la de los genios, y Jay no puede evitar seguirla. Sus ojos brillan verdes y Jay consiente y destella los suyos en rojo. Su amistad era natural. También, por mucho que Mal se sienta como la naturaleza misma, hay algo en ella que Jay reconoce en si mismo; un fuego que no puede apagarse, que no nació de ningún lugar, siempre estuvo.
(Ella le confiesa que su padre es Hades, y Jay cree que puede verlo. Los elementales de fuego se reconocen instintivamente, y aunque el fuego de Mal pertenece al Inframundo, él siente una familiaridad bienvenida en el.)
Evie es más difícil. Es una Bruja, y aunque su propio padre fue alguna vez un hechicero, su tipo es el que le enseñó a los humanos a encadenarlos. Pero sigue siendo mágica, y Jay se deleita en su potencial poder, lo siente en sus huesos, Evie pertenece entre ellos y entonces no pelea contra Mal cuando la trae de la mano; sabiamente, calla sobre los años en que intimidaron a la niña. La primera vez que Evie lo abraza, la magia de Jay se arremolina en su pecho y brilla en su piel, la reconoce y le da la bienvenida.
Con Evie, viene Carlos, que se supone que es tan humano como cualquiera. Jay sabe perfectamente que no lo es. No diría que puede oler el poder, y es complicado sentir algo más allá de la casi constante inseguridad que proyecta el niño de Cruella, pero él sabe que hay algo que pertenece más allá de la Isla, de los Reinos, en Carlos; se siente como Mal, pero no solo su parte Fae. Jay no dice nada, pero cuando pasa un brazo amistoso sobre los hombros del niño, ve las sombras crecer a sus alrededores y asiente en aceptación. Hay algo en la Isla que cuida de Carlos y es tan peligroso como el mismo Hades, pero Jay es un Djinn y aunque tienden a ser solitarios, él no va a alienar a sus amigos y mucho menos por la amenaza de un padre ausente. Sus ojos destellan rojo en desafío a lo que sea que se esconde en entre los retorcidos troncos que rodean la propiedad de Evie.
Los VK no son ni el desierto, ni el sol, pero Jay los ama tanto como si lo fueran. Se sienten como la libertad que les fue arrebatada, como la magia que no pueden usar, y son su hogar más de lo que su tienda con Jafar jamás se sentirá.
(Se sienten como 'Amto Nasira cantando para él y Jade antes de dormir, el calor de sus suaves besos en las mejillas de ambos, la magia que no se apaga dentro de la mujer porque no es Djinn, pero siempre fue mucho más que una simple hechicera y a diferencia de su padre, su peor error fue la fuerza de su amor.)
Carlos es humano. Lo sabe. Lo puede deducir en su debilidad ante su madre, algo que siempre le repite, no es especial, tan común como cualquiera. Él pertenece a ese pequeño espacio en el armario de su madre, porque ni una habitación se merece. Intelectualmente comprende esto, que la falta de magia por la barrera no puede afectarlo jamás, no debería siquiera pestañear por ello pero... hay algo, muy dentro de él, que chilla en indignación cada vez que se le recuerda su lugar. Algo oscuro, que se retuerce cada vez que Cruella le grita y que las noches de los ocho festivales lo insta a correr, a perseguir, y quiere, quiere, quiere, algo que no sabe y que no entiende, pero se siente antiguo y furioso.
No le gusta mirarse al espejo esos días, porque hay algo salvaje y tenebroso detrás del brillo de sus ojos, y no hay cacería a la que unirse en la Isla. Carlos imagina que la mirada que le devuelve el espejo es la que tienen todos los perros de los que su madre le advierte. No es un cazador, no sabe por qué querría ir a una Cacería, pero siente que así es como debe llamarla. Se refugia entre los brazos de Evie, y se reúne con las brujas en sus rituales buscando calmar lo que sea que se esconde en las sombras y debajo de su carne.
Su madre lo ordena, básicamente lo hace su sirviente personal, y Carlos no sabe nada mejor por lo que se inclina ante ella pero hay algo, en la parte posterior de su cabeza, que suena como Jay, como Mal, como Evie, que le susurra que no tiene por qué obedecer a ese despojo de mujer. Es su madre y, a pesar de todo, Carlos la ama; pero no puede quedarse con ella, no quiere vivir con ella, es lo que comprendió ya en sus tiernos diez años y lo impulsó a aferrarse a la chaqueta de Diego y rogar que lo llevara con él incluso si, al final, su primo se fue sin Carlos.
Cuando Jay le ofrece mudarse a un departamento en las entrañas de la Isla, él acepta, aunque es el único de los cuatro que tiene residencia permanente allí, todos tienen su espacio en ese pequeño hogar lejos del hogar. A pesar de todo, ocasionalmente Carlos vuelve a Hell Hall, solo para revisar que su madre no haya caído en alguna de sus propias trampas de animales.
(Él recordó el dolor en su pierna, su carne rasgándose y cómo estuvo horas solo, con la oscuridad como compañía, y cuando Cruella lo encontró, no hubo nada de cariño o confort para él. Solo una mano fría que lo sacó de la trampa, y una orden para que quitara de sus pieles cualquier tipo de sangre restante.)
O que Cecil no la haya matado, él perdonaría a su tío si sucumbiera a la tentación.
Es despreciable, y de entre todos los padres Villanos, Carlos admite en la privacidad de su mente que ella es la peor. No tiene la excusa de la naturaleza Fae como Maléfica, de la ambición y deseo de un futuro mejor para su hijo de Jafar, ni el cumplir un sueño frustrado en su hija como la Reina Malvada.
Cruella simplemente está loca, su cordura meros trozos de tela unidos por una costura impecable pero con hilo de mala calidad.
Espero que le hayan disfrutado, porque fue una hermosa montaña rusa emocional la que pasé escribiendo esto. . .
¿Tendría que estar escribiendo Memento? Sí, totalmente tendría que seguir escribiendo Memento (Mi TimeTravel!Ron Fic, si quieren, denle una ojeadita) ¡Ese barco sigue navegando aguas seguras, sin ningún peligro de hundirse! Solo, estoy pasando por un serio bloqueo con respecto a la historia, y aunque no quisiera admitirlo, algo de desgaste por el fandom de Harry Potter (literalmente, escribo fics porque la trama original ya no es suficiente para mi débil cuerpo) y ese universo está taaaan cristalizado en mi pequeña cabeza que casi ni me tengo que esforzar en entenderlo, este es un mundo completamente nuevo desplegándose ante mis ojos y soy una criatura débil ante las tramas sobre villanos. You know me, sucker for good villains stories.
Recuerden, los reviews son amor (Y en especial con este fic, las críticas con info extra son bienvenidas porque nunca antes trabajé con tan poca información sobre un fandom, básicamente estoy caminando a ciegas ¿Aunque como es un AU, supongo que es más flexible todo?)
