Cerré el procesador de textos y apagué el ordenador justo a las 5 menos un minuto de la tarde.
Por fin mi jornada laboral había acabado.
Con mi abrigo en mi brazo izquierdo entré en el ascensor y pulsé el botón del parking.
Antes de que se cerrasen las puertas una mano lo impidió y John, propietario de la mano, entró en el ascensor.
-¡Hola Bella! ¿Qué tal?- pregunta sonriente.
-Bien, gracias- respondo sonriendo.
-Oye estaba pensando en ir a probar el nuevo restaurante de la calle 54. ¿Te apetecería venir?
-Amm es que con Alex, es complicado- pongo como excusa.
-Oh claro.
-Y supongo que no es un restaurante para niños-
-Mmm no, no lo es- dice incómodo- bueno si algún día te apetece tomar algo pues me dices- dice a modo de despedida cuando las puertas del ascensor se cierran.
Trabajo como redactora de noticias políticas de un periódico nacional en Nueva York. Tengo 38 años, divorciada y con hijo de 5 años.
Hace un año desde que me separé de James pero hace tan solo unos meses que el divorcio se hizo definitivo y desde entonces me han llovido los intentos de citas en el trabajo.
Siempre me escudo en mi hijo, Alex, pero la realidad es que no me siento preparada para salir con nadie. No me apetece otorgar el poder para influir en mi vida a otra persona ni yo quiero influir en la vida de nadie.
De hecho hoy no tengo a Alex conmigo, está con su padre pasando el fin de semana.
James y yo tenemos custodia compartida porque los dos queríamos estar presentes en la vida de nuestro hijo y también porque es lo mejor para él.
Este último año he estado intentando recuperar mi vida sin tener a otra persona ahí. Y aunque los primeros meses fueron duros, empiezo a ver la luz al final del túnel.
Hay varias cosas que me han ayudado a salir adelante: mi hijo, mi trabajo y el deporte.
Dejé de practicar deporte cuando acabé la universidad. Siempre he sido delgada así que nunca me he visto forzada a hacer deporte para mantener la figura pero aun así echaba de menos lo bien que te sentías después de hacer un gran esfuerzo físico.
Por eso el segundo mes tras la separación me apunté a un gimnasio que quedaba cerca de casa y aprovechaba a ir cada vez que podía.
Tras llevar tantos años sin estar activa físicamente únicamente entro en clases ''relajadas'' como pilates o yoga.
Sin embargo hoy tengo ganas de más así que he decidido ser valiente y meterme a una clase de ciclo indoor. Espero no morir de cansancio en el intento.
La clase de las 6:30 está a rebosar, hay una gran cola para entrar en la sala y eso que aún faltan 10 minutos para que dé comienzo.
Reviso que tengo todo lo necesario: pantalones cortos, top deportivo, botella de agua llena y toalla para el sudor.
Nada más entrar en la sala voy directa hasta una bicicleta desde la que pueda ver bien al instructor pero donde se me vea lo menos posible.
Veo que la gente comienza a realizar ajustes a la bicicleta pero yo no sé ni por dónde empezar. Estoy a punto de pedir ayuda al instructor cuando me ofrece ayuda el chico de al lado.
-¿Necesitas ayuda?-
-Oh sí, la verdad- digo un poco avergonzada- no sé qué hacer.
-Vale. Lo primero es regular el sillín, tienes que colocarlo a la altura de tus crestas iliacas- dice tocándose un punto en la cadera- vamos a ver- pide calculando mi altura ideal para el sillín- creo que así irá bien. Es fácil tienes que tirar hacia fuera de esta llave- dice señalándome una pequeña palanca bajo el sillín- y subes o bajas el sillín. Prueba a ver.
Me siento en la bici y el sillín está perfecto.
-Oh genial. Gracias- digo empezando a pedalear. Rápidamente me noto incómoda.
El manillar está muy lejos.
-También hay que ajustar el manillar. Tiras de esto hacia afuera- dice enseñándome un botón redondo- y lo ajustas. Lo ideal es que esté un poco más arriba que el sillín. Y ahora tiras de aquí- dice señalando- otra palanca- y ajustas la distancia del manillar respecto del sillín.
Cuando acaba doy un par de pedales y ahora sí, todo está perfecto.
-Muchas gracias- digo sonriendo y lanzándole una rápida mirada.
-Nada- dice riendo y subiéndose a su bici de nuevo.
-Es la primera vez que vengo a esta clase- digo.
Al momento empiezo a cuestionarme por qué he dicho eso. ¿Qué más le da a él?
-Seguro que te gusta. Miguel- dice señalando al instructor- es de los mejores y aunque las clases son duras, son amenas-
Eso es lo último que hablamos.
La sala está en penumbras desde que hemos entrado pero ahora el instructor, Miguel, enciende unas luces de colores igual a las que hay en la discoteca. Sube la música y empieza la clase.
-Bien vamos a ir subiendo poco a poco la carga- dice.
Vuelvo a estar perdida.
¿Qué es eso de la carga?
Miro a los lados y el chico que me ha ayudado antes me señala un botón redondo que está bajo el manillar.
-Gíralo a la derecha para aumentar carga y a la izquierda para bajarla-
Ajusto mi carga y cuando acaba el calentamiento siento que ya lo domino lo suficiente.
La clase es intensa pero divertida.
La música te ayuda a mantener el ritmo y te anima a seguir pedaleando.
La sesión de ciclo acaba a los 50 minutos y luego estiramos.
Me tiemblan las piernas como un flan pero a la vez me siento llena de energía.
Salgo de la sala chocando la mano al instructor, al igual que los demás, y atravieso el gimnasio sonriente.
-¿Qué te ha parecido?- pregunta la voz del chico que me ha ayudado desde atrás.
Me giro y le miro.
Ahora con buena luz puedo apreciar que no es un chico. Tendrá algunos años más que yo, cuarenta y muchos o cincuenta. Las canas en las sienes le delatan.
Aun así me parece muy guapo, sin duda se sabe conservar bien.
-Me ha encantado. Y gracias de nuevo por ayudarme- digo bajando las escaleras con él a mi lado.
-No es nada. ¿Te veo al próximo día entonces?- dice llegando a los vestuarios. Aquí cada uno tiene que irse al suyo, hombres a la derecha, mujeres a la izquierda.
-Si nada me lo impide seguro que repito.
Sonríe y levanta la mano a modo de saludo de despedida.
Yo le imito y entro al vestuario.
Cuando salgo me siento plena, segura de mí misma y feliz. Me creo invencible.
Al llegar a casa llamo a James para hablar con Alex.
-¡Mami!- saluda alegre.
-¿Qué tal cariño? ¿Te lo pasas bien con papi?- pregunto tumbándome en el sofá.
-Siiii- dice alargando mucho la i.
-¿Qué hacéis?
-Cenar. Mañana vamos a ir de excursión-
-¿Oh si?
-Siii.
-Cuidado con los osos entonces. No dejes que te roben tu sándwich de mantequilla de cacahuete.
-Noo- dice riendo.
Empiezo a escuchar la risa más lejos y sé que ha tirado el móvil. Siempre lo hace, no es capaz de hablar más de dos segundos por teléfono.
-Hola- dice James al otro lado.
Me tenso al oír su voz, como siempre.
-Hola.
-Mañana vamos a ir a dar un paseo subiendo el arroyo- me dice James.
-Lo imaginé.
-¿Recuerdas cuando subimos en pleno enero y la nieve nos llegaba hasta la cintura?-
James siempre hace esto. Usa a Alex para hablar conmigo y luego saca recuerdos felices que yo intento olvidar.
Es como una manera de no dejarme seguir adelante.
-James…- le advierto.
-Lo siento Bella sé que no quieres que te recuerde los buenos momentos pero es que ocurrieron.
-Ocurrieron muchas cosas.
-Te echo de menos.
-Ya vale.
-Te quiero todavía.
-Voy a colgar- digo dos segundos antes de hacerlo.
Suspiro dejando el móvil encima de la mesa.
Al principio las conversaciones con él me dejaban muy tocada y siempre acababa llorando pero desde hace tres meses todo lo que me dice ya me da igual. Ya no le quiero.
Si mantengo conversaciones con él es por Alex.
El sábado quedo con unas amigas para salir a cenar y a tomar algo por la noche.
Es algo que dejamos de hacer cuando nos casamos, pero más de 10 años después de las cuatro que somos, tres estamos divorciadas.
-Rosalie pide chupitos- grita Alice.
-¡Joder que no sean de tequila!- le digo a Rosalie.
-¡Vamos eres una soltera buenorra y este finde no eres madre! Que sean dobles y de tequila- pide Rosalie al camarero.
-Por las solteras-mamis buenorras- decimos brindando las cuatro.
-Y por la que no está soltera también- pide Tanya levantando el chupito para brindar.
Tanya está casada desde los 23 años con su novio de toda la vida. Tiene dos niños, gemelos, de 8 años.
Nos bebemos los chupitos de un trago y me tengo que controlar para no vomitar. Odio el tequila.
Al final convenzo a las chicas para que se queden a dormir en mi casa por dos razones:
a) Estoy muy borracha
b) Están muy borrachas
A la mañana siguiente estoy repartiendo ibuprofenos y vasos de agua.
-¡Eh estás buenorra!- dice Alice gritando señalando mi abdomen.
Me he puesto unos leggins deportivos y una camiseta ajustada de licra.
Y sí, me marca los abdominales.
-¡Qué cabrona! Yo aun ni he perdido todo el peso que cogí desde el embarazo- se queja Rosalie.
-Tu hija tiene 6 años.
-Pues eso, 6 años, 6 kilos de más- dice en tono de broma Rosalie.
Es una rubia exuberante así que no tiene de que quejarse.
-¿A qué hora llega Alex?- me dice Alice.
-Sobre las 6-7 de la tarde.
-Oh, digo si vinera pronto te esperábamos y así evitábamos que el pesado de James te hablase.
-Ya me habló ayer por teléfono.
-Que cara dura…- dice Rose.
Asiento estando de acuerdo.
-Dice que me quiere.
-¿También te quería cuando se folló a Jane?
-Estoy segura de que no. Pero yo tampoco le quiero ya.
-¿Y tú con Ben?- pregunto a Alice.
-Sigue feliz con su novio italiano. ¿Y sabes lo que más me jode?
-¿Qué él ha rehecho su vida y tú no?- pregunto.
-Concretamente que la ha rehecho con un tío que está muy bueno. De verdad Leo está cañón y yo llevo más de un año sin echar un polvo.
-Lo siento, Al pero le gusta más tu exmarido.
-Alice… hay que follar- le dice Rosalie.
-Eso lo dices tú que sales a una discoteca y te entran veinte tíos.
-A la mayoría les saco 20 años.
-¿Qué hay de malo con los yogurines?- pregunto riendo.
-De momento con Emmet me sobra-
Emmet es el profesor de gimnasia de los hijos de Tanya. Rosalie fue a recoger a los gemelos una vez y se conocieron. No tienen una relación pero echan un polvo de vez en cuando. Si los vestuarios del instituto hablasen…
Seguimos hablando y riendo hasta casi la hora de comer.
-En fin, voy a recoger a Natalie. Mi madre la va a mal acostumbrar- dice Alice.
-Y yo también me voy. Vera estará preguntando donde me he metido.
-¿No le tocaba a Demetri este finde?- pregunto.
Demetri es el ex marido de Rosalie.
Tiene dinero como para comprar media ciudad de Nueva York y se pasa la vida viajando. Motivo por el cual se divorciaron.
No cumple lo estipulado por el juez y casi nunca ve a Vega.
-No cuento con él para nada. Así que dejé a la niña con mi hermana.
Más tarde cuando James trae a Alex a casa tengo que cortar la conversación rápidamente.
No estaba de humor para sus disculpas.
A la mañana siguiente me encuentro con la misma situación que siempre que Alex se queda con James. Se levanta llorando y queriendo ver a su papá.
Me cuesta hacer que vaya al colegio y casi ni ha desayunado.
Por suerte se que esa actitud se le pasará en cuanto pise el colegio y esté con sus amigos.
El lunes no puedo ir al gimnasio porque Alex está conmigo, pero el Martes, Miércoles y Viernes sí voy porque James le recoge del colegio.
Todos los días voy a clase de ciclo pero el chico del otro día no está.
Reviso que la clase a la que fui fue el viernes y a las 6:30 porque pensé estar confundida y por eso no verle.
El lunes de la semana que viene salgo de Body Pump (otra clase nueva que quería probar) cuando me parece verle hablando con una chica rubia. La chica es espectacular, cuerpo bronceado, pelo largo, ojos verdes, piernas torneadas y abdominales claro.
No le doy demasiada importancia y me bajo a la ducha.
El viernes estoy esperando en la cola de la clase de ciclo cuando le veo al principio de la misma hablando con un grupo bastante grande de chicas y chicos.
Él a mí no me ve.
Desde el primer día me he sentado siempre en la misma bici así que hoy voy hasta allí y me siento a su lado.
-Hola, ¿qué tal?- pregunto mientras me siento.
Se gira a mirarme.
-Oh, hola. Bien bien, ¿qué tal tú?
-Bien, lista para darlo todo- digo riendo antes de beber agua.
Al salir de la clase él sale pisándome los talones.
-Oye no sé cómo te llamas- dice agarrándome del brazo.
-Me llamo Bella, Isabella- le digo.
-Bella, muy bonito- sonríe- yo soy Edward- dice dándome la mano.
-Encantada.
-Verás quería preguntarte una cosa…- dice mirándome atentamente.
Oh venga ya… pienso para mí misma. No me irá a proponer salir solo conociéndome de un día, ¿no?
-Como he visto que te gusta ciclo he pensado que quizás te guste hacer una ruta en bici al aire libre- propone- cada último domingo del mes el gimnasio organiza una ruta en bici por el campo. Vente, te gustará.
-Oh, no… tenía ni idea- digo arrebujando la toalla en mis manos.
-Es a las 11, piénsatelo. Hay carteles- dice Edward señalándome uno en una columna.
Pasa por mi lado y se va en dirección al vestuario.
Al terminar de ducharme pido información en recepción.
La ruta es de unas dos horas y ellos te dejan el equipamiento. Tú te llevas tu comida y tu bebida.
Este domingo Alex vuelve a estar con James y las chicas tienen planes así que será un finde tranquilo. Decido ir y probar.
El domingo por la mañana conduzco hasta el lugar de encuentro y cuando llego me asombro al ver a tanta gente. Habrá unos 100 participantes.
Paso por una especie de carpa de tela azul improvisada donde te dejan una bici, casco y una camiseta amarilla.
Son 40 km y a los 20 estoy muerta.
La ruta es todo cuesta arriba y mi forma física no da para tanto.
Cuando volvemos al punto de encuentro me siento en el césped porque si no las piernas me van a fallar.
Paso allí unos 15 minutos recuperándome.
-¡Has venido!- dice una voz a mi lado.
Es Edward.
-Sí. Aunque ahora me arrepiento. No me sujetan- digo señalando mis piernas.
Ambos nos reímos y él se sienta a mi lado.
Me pasa una lata de alguna bebida isotónica.
-Creeme el martes estarás como nueva.
-Eso espero porque tengo un niño pequeño que no me deja parar.
-¿Eres madre?- pregunta asombrado.
-Sí- digo esperando a que corra despavorido igual que otros tantos que han intentado algo conmigo en los últimos meses.
-Nunca lo hubiera imaginado- dice mirándome fijamente.
-¿Por?
-No sé, te veo muy joven-
Me río por el halago.
-No lo soy tanto.
-¿Cuántos años tienes?
-¿Cuántos tienes tú?- pregunto evadiendo su pregunta.
Se ríe.
-Lo adivinaré- dice girándose completamente hacia mí- 28.
Me río negando.
-30- vuelvo a negar- ¿pero más o menos de esa cifra?
-Más- digo como si fuera obvio.
-31- Vuelvo a negar.
-32- Sigo negando.
-33- Río negando.
-38- confieso al fin.
-Cuando yo tenía tu edad parecía más viejo. Las nuevas generaciones os conserváis muy bien.
Me río.
-¿Y tú?
-¿No quieres adivinarlo?- pregunta sonriente.
-No, la verdad. La ruta me ha dejado exhausta para andar y para pensar.
-Tengo 45- confiesa.
Asiento con la cabeza.
-También eres joven.
-Sí, eso no lo he negado nunca.
-¿Tú tienes hijos?
-Sí, dos. Noah y Erin de 15 y 12 años.
-¡Vaya qué mayores!
-¿Cuántos años tiene el tuyo? ¿O es una niña?
-Es niño, Alex, y tiene 5 años.
-¡Eh Edward! ¿Vamos a comer?- le llaman desde mi espalda.
-Claro Mike, ya voy. ¿Quieres unirte?
-Oh, no quiero molestar.
-No nos molestas. Todos nos conocemos del gimnasio, quizás incluso ya conozcas a alguien.
-En ese caso sí, me uno.
Edward se levanta con agilidad mientras que yo aun estoy demasiado débil.
-Te ayudo- dice ofreciéndome una mano.
-Gracias- digo poniéndome en pie.
Cuando estamos de pie uno al lado del otro me fijo en sus ojos.
Son de un color verde tan precioso que me sorprendo al no haberme dado cuenta antes.
Soltamos las manos y caminamos hasta un grupo de personas sentadas en un círculo en sillas de campo.
-Chicos, esta es Bella. La conocí en ciclo- me presenta Edward.
-Hola- saludo a todos.
Me suenan algunas caras sobre todo la de una mujer más mayor que yo que va a Body Pump y es una máquina. Levanta más peso que el instructor.
-Me suenas- dice un chico rubio.
Él a mí no.
-Seguro habremos coincidido.
Intercambio el nombre con todos ellos mientras Edward va a buscarme una silla.
.
Desde ese día han pasado dos meses y hemos salido todos juntos a varias salidas de bicicleta o senderismo.
Sé que Edward está divorciado desde hace varios años y que es dueño de una empresa de construcción.
Uno de los chicos, Mike, no para de lanzarme miradas sugerentes pero en mí solo despierta simpatía.
Él único que me despierta mayor interés es Edward pero nuestra relación está dentro de la friendzone y no hay interés por su parte.
Es un hombre muy divertido pero a la vez es serio, responsable y deportista. Un día hablando con él me contó que va todos los días al gimnasio unas 3 horas.
Ahora entiendo porque con 45 años tiene el cuerpo mejor que uno de 30.
Este sábado había una salida distinta. Era comienzo de las vacaciones de navidad y habían propuesto hacer una cena. Yo me apunté en cuanto supe que James podía quedarse con Alex.
Había varias mujeres en el grupo que me caían realmente bien.
-Oye Bella puedes traer a tu marido mañana si quieres- me comenta Edward saliendo de la clase de ciclo.
-¡Oh vamos!- río porque me parece imposible que no sepa que estoy soltera.
-¿Qué?- pregunta confundido.
-Después de tantos meses no puedo creer que no sepas que no estoy casada.
Su cara denota sorpresa.
-¿No?
-No. Estoy divorciada.
-Pero a veces te he visto un anillo. Colgado al cuello.
Parece que no ha perdido detalle.
-Es un anillo especial para mí pero no es ni el de mi boda ni el de pedida ni nada- le aclaro.
-Perdona si te he ofendido.
-No Edward- digo parándole poniendo una mano en su brazo – no pasa nada. Pensé que era evidente.
-¿Por qué iba a serlo?- pregunta mirándome fijamente.
-Pues porque solo hablo de mi hijo y alguna vez he rechazado salir con vosotros porque tenía que cuidarle. Solo salgo los días que está con su padre.
-Ya… lo achaqué más a no haber podido encontrar niñera- dice riendo y tocándose el pelo.
Me río con él y niego.
-Nos vemos mañana- digo caminando a mi vestuario.
-Nos vemos- se despide.
.
Al día siguiente dejo a Alex con James y corro a casa para prepararme.
Me he comprado un vestido para la ocasión, corto de manga francesa, color burdeos y falda con un poco de vuelo.
Decido recogerme el pelo en una coleta y ponerme unos zapatos de tacón del mismo color.
Cuando llego al restaurante algunos ya están allí.
-Bella, que guapa- me halaga Mike.
-Gracias- digo tomando asiento.
La mesa se va llenando poco a poco.
Edward llega el último alegando haber salido muy tarde de trabajar.
Me mira mucho esta noche.
Y eso me gusta.
-Vamos a bailar- propone Marta cuando acabamos de cenar.
Vamos a una discoteca donde ya he estado varias veces con las chicas.
Estoy en la barra pidiendo un cóctel cuando Edward se acerca.
-¿Qué quieres?
-Cosmopolitan- digo.
-Un Cosmopolitan y una cerveza – pide al camarero- hoy estás muy guapa.
-¿Solo hoy?- pregunto fingiendo estar ofendida.
-No, a ver y más días, todos. Me refería a….- dice nervioso.
-Tranquilo, era una broma. Y gracias-
Respira aliviado y paga al camarero antes de poder intervenir yo.
-Bueno, tendrás que dejar que te invite a la próxima- le digo.
-No te preocupes. Me apetecía invitarte. ¿Vamos?- dice cogiendo su cerveza y dejándome pasar.
-Vamos- digo caminando delante de él.
Cuando llegamos a la pista hay tanta gente que no sé hacia donde ir.
Edward pone una mano en mi espalda y me guía.
Su mano me proporciona mucho calor o eso pienso yo.
Cuando llegamos donde están los miembros del grupo que no bailan nos sentamos uno al lado del otro y nos incluimos en la conversación.
-¿Quieres bailar?- me pregunta Edward un rato después.
Asiento.
No se me da muy bien bailar y con estos tacones poco puedo hacer pero los dos Cosmopolitan me animan.
Cuando llegamos a la pista le advierto de que no sé bailar.
-Yo te guio- dice colocando sus manos en mi cadera. Automáticamente subo las manos a su pecho y las dejo reposar ahí.
Hay un momento cuando la canción para y las luces se apagan que siento que está a punto de suceder.
Sus labios están entreabiertos y están muy cerca de los míos.
Entonces James aparece.
-Lo sabía joder, sabía que tenías una cita. Lo supe en cuanto insististe en que me quedara con Alex. ¿Querías librarte del niño para tener la casa libre y poder tirártelo?- dice mirando a Edward.
Yo me quiero morir de vergüenza en ese momento.
Toda la magia del momento se ha disipado y Edward me ha soltado para ponerme detrás de él.
-Déjala.
-Ella es mi mujer-
-No lo es.
-¡Claro que sí!- dice intentando llegar hasta mí.
-James- digo saliendo de detrás de Edward- vete a casa. Con Alex.
-Aun te quiero Bella. Cometí un error y tú no puedes perdonármelo. Estás haciendo que tu hijo crezca con padres separados.
-Vete- le empuja Edward.
Y por un momento creo que se va a armar una buena pelea pero James se da la vuelta y desaparece.
-Lo siento- digo abochornada.
-No te disculpes, tú no has hecho nada.
-Creo que debería irme.
-¡Eh no, eso si que no! Quédate, en una hora ni te acordarás de él.
-Lo siento pero ya no estoy de humor- digo mirándole.
Camino en dirección de salida para coger mi abrigo.
De camino a casa no puedo odiar más a James.
Había interrumpido algo que llevaba deseando meses.
.
A la mañana siguiente James está en mi puerta con Alex.
Quiere disculparse.
En cuanto mi niño entra en casa le cierro la puerta en las narices.
-Hola cariño- digo poniéndome a su altura y quitándole el abrigo.
-¡Mami!- responde abrazándome.
Le cojo en brazos y le llevo hasta el salón.
-¿Has dormido bien?
Noto como asiente con su cabeza en mi cuello.
-¿Tienes hambre?-
Niega.
-¿Qué quieres hacer entonces? Ir al parque, jugar en casa… oh ya sé- digo pensando un plan- ¿quieres ayudar a mami a hacer galletas de navidad?
Él asiente sonriente.
Media hora después estamos los dos en la cocina llenos de harina. Alex está a mi lado de pie en una silla jugando con un poco de masa que le he dejado.
-¡Mira mami!- dice haciendo una pelota y lanzándola a lo largo de toda la encimera.
Me río y dejo que juegue con su pelota mientras yo dejo reposar la masa en un bol tapada con un trapo.
Me lavo las manos justo cuando suena el timbre.
-¿Quién es?- pregunta Alex extrañado.
-No sé cariño, voy a ver.
Es domingo así que solo pueden ser las chicas. No creo que James se atreva a venir.
Abro la puerta y me encuentro a Edward.
-Buenos días- dice sonriente.
-Hola- digo extrañada y sorprendida.
-Siento presentarme así, solo quería ver si estás bien después de lo de anoche.
-Amm sí. ¿Cómo sabes dónde vivo?
-Ah eso…- dice rascándose el cuello- lo leí en tu tarjeta del gimnasio.
¿Debería preocuparme este nivel de acoso?
Lo cierto es que sí pero solo me siento… especial.
-Hola- Dice Alex saliendo de la cocina lleno de harina.
Camina hasta colocarse detrás de mí. Medio escondido y agarrado a mi pierna.
-Pasa Edward- digo invitándole a entrar y cerrando la puerta.
-Hola- dice Edward bajando hasta la altura de Alex.
Alex es muy tímido así que se esconde detrás de mí totalmente.
Edward se ríe.
-Cariño es un amigo de mami- digo girándome y agachándome a su altura.
Alex le mira evaluándole por unos segundos y luego sonríe.
Se va corriendo a su habitación seguidamente.
-Alex ven aquí, vas a manchar todo- le grito- estamos haciendo galletas- le explico a Edward.
Él sonríe.
-Eso explica que tengas la cara manchada de harina- dice tocándome la frente con el dedo.
-Oh- digo sonrojándome mientras me paso la mano para quitar la harina de mi cara.
-Perdona que haya venido a tu casa a interrumpir tus planes y sin avisar. De verdad estaba preocupado por ti, anoche te vi un poco triste.
-No estaba triste. Estaba… - enfadada porque hubiera entorpecido lo que estaba a punto de pasar- avergonzada.
-Tú no hiciste nada. Además solo lo vi yo y créeme sé lo molesto que puede ser un ex.
-¿Fuiste muy molesto con tu exmujer?- pregunto riendo y haciéndole pasar al comedor.
Se ríe.
-Yo no pero ella conmigo sí. Le costó aceptar que ya no tenía poder sobre mí y usaba a los niños para vigilarme. Hubo algún momento bochornoso.
-Vaya…- exclamo empatizando con él.
-¿Cuánto hace que lo dejasteis?-
-Pues más de un año.
-Supongo que no ha sido fácil.
-Al principio me costó adaptarme a estar sola y a no poder ver a mi hijo todos los días pero ahora lo llevo bien- digo sonriente.
Estaba contenta con mi vida actual.
-¿Y tú?- le pregunto.
-9 años-
Mi cara denota sorpresa.
-Ufff, supongo que lo tendrás superadísimo.
-Sí, sí. Mi matrimonio duró 6 años así que ya llevo más tiempo separado que casado.
-¿No tenías una niña de esa edad?- pregunto curiosa recordando el día que me habló de ellos.
-Sí. Erin tiene 12 años, tenía 3 cuando su madre y yo nos separamos así que lo supo llevar mejor que su hermano que tenía 6. Ella no recuerda vivir con sus dos padres estando juntos.
-¿Y el niño?
-Bueno para él fue más difícil. Siempre había estado muy unido a su madre así que le costó mucho separarse de ella cuando le tocaba estar conmigo.
-¿Cómo lo hacéis?
-Pues al principio les teníamos una semana uno y otra semana otro, pero eso era contraproducente para ellos. Les alteraba su rutina muchísimo el cambiar de casa, de rutina….etc, así que al final se quedaron con su madre y yo les veía por las tardes. Ahora que son mayores ellos van y vienen con cada uno cuando quieren. Aunque Noah pasa de todos, solo tiene tiempo para sus amigos- dice riendo.
Unos pasos interrumpen la conversación y Alex llega hasta mí para que le coja en brazos.
En la protección de mis brazos se atreve a mirar a Edward fijamente.
-Mami las galletas- me dice.
-Oh sí. Vamos a la cocina a terminar de cocinar. ¿Vienes Edward?- digo invitándole.
No estoy pensando demasiado lo que estoy haciendo.
Estoy introduciendo a una nueva persona en la vida de mi hijo.
Una persona que me atrae pero nada más.
Supongo que el que tenga hijos y también esté separado me aporta confianza.
-Claro. Yo ayudaré a Alex- dice poniéndose en pie y revolviéndole el pelo.
Alex suelta una carcajada y empieza a agitarse para que le baje al suelo.
Cuando está abajo corre hasta la cocina dejándonos solos de nuevo.
-No puedes negar que es tu hijo- dice mirando el pasillo por donde se ha ido.
-No, la verdad. Es una copia mía.
Alex tenía mis mismos gestos, mis rasgos, mis ojos, mi pelo… todo.
De James solo había heredado el tipo de pelo, yo le tenía rizado y él liso. Oh y una serie de lunares en la espalda que James y toda su familia comparten.
Pasamos el resto de la mañana horneando galletas y me sorprendo cuando Edward interactúa más con Alex que conmigo.
Alex está encantado con Edward y con su manera de hacer galletas que es básicamente hacer una pelota y aplastarla de un puñetazo.
Alex se ríe cada vez que aprisiona una bolita de masa.
Mientras yo hago cortes de galletas con un cortapastas de una manera más tradicional.
Edward se queda hasta que las galletas salen del horno y comparte la mitad con Alex después de asegurarse de que no está muy caliente.
-Está rica- dice Alex feliz.
-No hables con la boca llena- le regaño mirándole.
Edward suelta una risita y coge otra galleta.
-Edwal vamos a jugar- dice tras comer varias galletas.
-No señorito, es hora de la siesta.
-No quiero mami- dice haciendo un puchero.
-Sabes que hay que dormir cariño- le digo acariciándole la mejilla.
-Pero quiero jugar con Edwal- dice señalándole.
-Oye hay que hacer caso a mami- interviene Edward- además si te vas a dormir te prometo que vengo otro día solo para jugar contigo- dice guiñándole un ojo.
Alex le mira evaluándolo durante un minuto entero.
-Vale- dice sonriendo de nuevo.
-Voy a acostarle- digo saliendo de la cocina.
Alex tarda bastante en dormirse y cuando salgo de su habitación no estoy segura de que Edward siga aquí.
Le encuentro en el salón mirando las fotos.
Parece que busca algo.
-¿Te ayudo?- pregunto en voz baja entrando al salón.
-Mierda- dice poniéndose rojo por haberle atrapado -solo miraba las fotos.
-No tengo fotos de él- digo refiriéndome a James.
-No estaba buscando…
-Sí estabas- digo riendo.
Él se ríe.
-De acuerdo, sí. Estaba buscándole en fotos, no recuerdo bien su cara anoche.
-Pues lo siento pero no tengo fotos suyas.
Edward me mira fijamente y se acerca a mí.
-¿Qué fue lo que te hizo ese cabrón para que no tengas ni un recuerdo suyo en tu casa?- susurra cerca de mí.
-No quiero hablar de ello- susurro mirándole.
-Bien- dice acercándose más a mí.
Nuestros pechos están prácticamente rozándose y nuestros labios solo están separados por escasos centímetros.
-Voy a besarte- dice dándome la oportunidad de negarme.
-Hazlo- digo acercándome más a él.
Nuestros labios se juntan en un roce simple y casto. Pero eso no me vale así que subo mis brazos hasta su cuello y le atraigo hacia mí para profundizarlo.
Nuestras bocas se abren y nuestras lenguas se juntan.
Edward pone sus manos en mis mejillas controlando la distancia entre nuestras cabezas mientras me acaricia con ambos pulgares.
Continuamos besándonos hasta que siento un cosquilleo en la zona baja de mi vientre.
Es el deseo.
Ese que pensé haber perdido para siempre.
Antes de dejarnos llevar más lejos nos separamos.
-Debería irme- dice aun con sus manos en mis mejillas.
Asiento.
Sé que debería irse pero solo me apetece que se quede y que lo haga en mi habitación. En la cama. Y preferiblemente desnudo.
Me da un beso suave y casto.
-¿Te veo mañana?- pregunto.
-Por favor- pide haciéndome reír.
-¿Vas al gimnasio?
-Sí pero podemos quedar antes. Podemos tomar un café o algo así y luego ir juntos al gimnasio- propone.
Asiento.
-Salgo a las 5 de trabajar.
-Yo salgo cuando quiera- dice guiñándome un ojo y separándose completamente de mí.
Compartimos otro beso suave a modo de despedida y se va.
Paso todo el día en las nubes hasta que salgo del trabajo.
Edward me manda un mensaje diciéndome que está abajo.
El grupo de ''amigos'' que hemos formado en el gimnasio hemos creado un grupo de whatsapp así que Edward tenía mi número y yo el suyo. Además entre muchas conversaciones sé en qué trabaja él y en él sabe en qué trabajo yo.
-Hola- digo llegando hasta él que está apoyando en un coche de estilo deportivo.
-Hola- dice sonriendo y llegando hasta mí para darme un beso.
Subimos en su coche y prometió traerme de vuelta tras el gimnasio para coger mi coche.
Me lleva a una cafetería de estilo francés preciosa que yo no conocía.
Me obliga a pedirme macarons por supuesto y se lo agradezco porque son los mejores que he probado.
Hablamos de su vida y de la mía. Manteniendo a los ex a un lado.
Después en el gimnasio nos sentamos juntos como llevamos haciendo desde el primer día y al salir me sorprende despidiéndose con un beso. Una pequeña despedida porque solo íbamos a separarnos media hora, mientras nos duchábamos.
Como prometió me llevó de vuelta a mi coche y nos despedimos con otra ronda de fervientes besos.
Esa noche cuando recogí a Alex de casa mis padres agradecí encarecidamente que estuviera ya dormido porque mi cama, mi vagina y el vibrador que me regaló Rosalie al divorciarme, teníamos una cita.
Quedé con Edward dos días más esa semana. A veces antes del gimnasio, otras después, dependiendo de si tenía a Alex conmigo o no.
Sé que nuestra relación debe ir más despacio pero el cosquilleo en mi vientre cada vez va a más. No me culpo porque llevo más de dos años sin sexo, muerta de cintura para abajo. Por lo que es normal que esté como una ''gata en celo'' cuando estoy con Edward.
Él mantiene sus manos quietas, no toca nada indebido, es un buen chico. Demasiado bueno para mi ansiedad sexual.
La semana siguiente Alex se puso malo así que estuvo conmigo todos los días, no pude salir de casa nada más que para trabajar, ni gimnasio, ni Edward ni amigas.
El viernes Alex se encontró mejor y se fue con James a pasar el fin de semana.
Sin embargo salí casi una hora tarde del trabajo por haberme quedado acabando trabajos pendientes que he aplazado estos días para estar con Alex.
Cuando llego al gimnasio la clase de ciclo está empezando.
Todo el mundo está ajustando las bicis y veo que mi bici está ocupada. No solo eso, Edward también le está ayudando a ajustar el sillín, igual que hizo conmigo.
Me sitúo unas cuantas bicis más allá sintiéndome rara.
Solo está ayudando a alguien, ¿por qué te pones así? No paro de preguntarme. Sé que es una tontería porque Edward solo quiere ayudar pero una parte de mí se sentía especial al haber sido ayudada por él.
Ahora comprendo que quizás yo no fui la primera a la que ofreció su ayuda y eso está bien pero para mí no se siente bien.
¡Dios estoy celosa como cuando Alex me ve sujetando a su prima pequeña!
Intento descargar la rabia durante la sesión y como no lo consigo después de ciclo me meto a Body Combat. Los puñetazos y las patadas sí que me sirven.
Más tarde esa noche en la soledad de mi habitación me siento mal.
Me siento mal por haberme emocionado con tan solo 3 citas y un par de besos.
No me he fijado en nadie desde James y esto ha hecho que me emocione demasiado con el primer chico que me ha dado más de una mirada.
No estoy enfadada con Edward, estoy enfadada conmigo misma. Tengo 38 años y un niño, no puedo andar ilusionándome con el primer chico que pase como si tuviera 15 años, tengo que centrarme en mi hijo.
Durante el fin de semana Edward me envía algún whatsapp y creo que no me vio en esa clase de ciclo.
Aun así he rebajado el tono adolescente de mis mensajes. He vuelto a meter nuestra relación en un terreno más cordial y de amigos que de pareja.
El lunes Alex vuelve a estar conmigo así que pasamos toda la tarde juntos en un parque.
Edward me sorprende llegando hasta mí.
-¡Bella, qué sorpresa!-
-¿Qué haces aquí?- pregunto demasiado brusca.
-He traído a mi hija y a una sobrina a jugar. Tenía que despegarlas de la tablet como fuera- dice riendo y sentándose a mi lado.
Veo a dos niñas rubias, una más mayor y más alta y la otra más pequeñita, de la edad de Alex más o menos.
-Hace mucho que no vas por el gimnasio- dice.
-Oh es que Alex ha estado malo- digo mirando a mi hijo que está cavando en la arena.
-Oh vaya.
Un tenso silencio se apodera de nosotros.
Alex lo rompe poniéndose a llorar así que corro inmediatamente hasta él.
Le cojo en brazos y me enseña el dedo índice que tiene algo de sangre. Ha debido hacerse un corte con algo en la arena.
Lo llevo de vuelta al banco y le limpio la herida con suero que siempre llevo en el bolso y le pongo una tirita.
Edward ha intentado hablar con él para que deje de llorar pero no ha tenido resultado.
Alex sigue llorando suavemente contra mi cuello y conozco ese llanto.
Es el llanto de querer irse a casa, cenar y dormir.
-Creo que es hora de irnos- digo poniéndome en pie con el niño en brazos.
-¿Está bien?- pregunta mirándole.
-Está cansado- digo sonriendo y dándole un beso en la sien.
Edward asiente y nos despedimos.
Cuando llegamos a casa Alex vuelve a llorar así que decido aplazar el baño y darle directamente de cenar. A las 9 está dormido.
Alice me llama por teléfono para organizar una fiesta de año nuevo. Hablamos durante casi una hora y nada más colgar el teléfono vuelve a sonar.
-Que sí Alice, que me pondré falda ese día- digo riendo.
-Soy Edward- dice la voz al otro lado.
-Hola- digo seria.
-Hola. ¿Qué tal está Alex?
-Está bien, lleva dormido un rato, lo necesitaba-
Volvemos a quedarnos en silencio.
-¿Bella he hecho algo que te moleste?- pregunta directamente.
Tardo un minuto en responder.
-No.
-¿Entonces por qué actúas tan fríamente? Respondes con monosílabos los mensajes, no vienes al gimnasio, no quedamos…
Suspiro.
-Simplemente es que me he dado cuenta de que mi hijo me necesita. Disfruto mucho de tu compañía pero él va siempre primero.
-Pero siempre he respetado el tiempo de tu hijo.
-Pero yo no. He salido contigo pudiendo haber estado con él…
-Bella- me corta- yo ya pase esa fase. No puedes sentirte mal por rehacer tu vida, así debe ser. Tú hijo crecerá y será independiente de ti.
No sé que más añadir puesto que no estoy siendo sincera. No le estoy diciendo que me he ilusionado demasiado con él y demasiado rápido.
-Me voy de viaje con mis hijos por navidad, salgo el viernes. Me gustaría verte antes de irme, si quieres- pide.
-Déjame pensarlo- digo antes de despedirme.
Al día siguiente le mando un mensaje para vernos el jueves. He decidido seguir quedando con él pero manteniéndome en la friendzone de nuevo. No besos y no masturbarse pensando en él.
Quedamos rápidamente para comer cerca de mi oficina. Edward estaba por la zona comprando regalos.
Mantenemos una conversación bastante amena sobre lo que haremos en navidad y lo que hacíamos nosotros de pequeños en esa época.
Este año Alex pasa el día de Navidad conmigo y mi familia y Nochevieja lo pasa con James, por eso voy a salir con las chicas.
Edward respeta mi espacio y no me besa aunque sé que se está conteniendo y yo también.
Piensa en Alex, me repito una y otra vez.
Durante las vacaciones de navidad disfruto de poder tener el día entero con mi hijo, mis padres y mi hermana. La relación con mi hermana no es demasiado fluida, no sé si por vergüenza o por odio.
La cena de Nochevieja con las chicas es en casa de Alice y solo asistimos las tres. Tanya tiene cena con la familia de su marido.
-Ayer eché un polvo- dice Alice durante la cena como si nada.
Rose y yo nos miramos sonrientes.
Mi amiga Alice se divorció porque su marido resultó ser gay. Bueno no resultó, había sido gay toda su vida solo que lo ocultó hasta que conoció a Leo. Durante su matrimonio no hubo demasiado sexo y desde su divorcio Alice solo había estado con un chico.
-Me alegro por ti- dice Rose- yo esta mañana dos.
-A ver, ¿por qué siempre tienes que sobresalir en el sexo?- le dice Alice picada.
-Alice, no es por sobresalir es por compartir información. ¿Cómo la tenía?
-¡Rose!- digo riendo.
Rosalie comienza a reír.
-Es broma. Cuéntanos primero quién es el chico y cómo es.
-Se llama Jasper y es mi jefe.
Nos quedamos en silencio varios minutos.
-Alice…-comienza Rose.
-Lo sé, lo sé. Es una situación jodida solo que ambos nos dejamos llevar.
-¿Cómo pasó eso?- pregunto.
-Nos quedamos hasta tarde revisando contratos de un cliente. Solos en su oficina. Y una cosa llevó a la otra- dice avergonzada.
-Joder- digo yo.
-No sé cómo voy a mirarle a la cara el lunes.
-Bueno no eres la primera, yo dejaría que fuese él quien marcase cómo proceder.
-Solo sé que no puedo perder mi trabajo. Pero él es tan… de verdad tiene un atractivo… siempre me ha atraído.
-¿Cómo es entonces que no conocíamos a ese Jasper?- le pregunto.
-Me lo he guardado para mí porque era algo así como un amor platónico.
-Bueno solo quedas tú Bella- dice Rose.
-De momento con tu vibrador me vale- digo riendo.
Alice también se ríe.
En ese momento mi teléfono suena, es Edward.
Salgo a la cocina a hablar con él.
Tan solo quiere felicitarme el año antes de que las líneas de teléfono colapsen.
Está en Cancún con sus hijos.
Cuando vuelvo al salón las chicas me miran pícaramente.
-¿Quién era ese Bells?- pregunta Alice con el típico tono de: sé que me ocultas algo y me lo vas a contar.
-Es un amigo- respondo sencillamente.
-¿Un amigo? Ya claro-
-Es cierto, le conocí en el gimnasio.
-Uy ¿un instructor?- pregunta pícara Rosalie.
Les cuento todo lo que sé sobre Edward y nuestra relación.
-Madre mía definitivamente tu corazón vive en tu vagina- dice Rose.
-¿Qué?
-Pues eso, que chico con el que estás chico del que te pillas.
-No estoy pillada de Edward- me defiendo y las dos sueltan carcajadas.
-Estás empezando, cuando te le tires no habrá vuelta atrás- dice Alice.
-No me le voy a tirar- digo con una voz que no me convence ni a mí.
Ellas vuelven a reírse.
-Oye Bells, no está mal que rehagas tu vida ¿vale? Lo has pasado muy mal y si él te alegra el día pues adelante, solo me preocupa que salgas herida. ¿Lleva nueve años divorciado no?
Asiento
-Seguro que en ese tiempo ha tenido más de una y más de dos parejas. Aclárate lo que quieras para ti, lo que esperas de él y luego ten claro lo que él te puede ofrecer. Si solo tiene que ser un amigo, que lo sea- me dice Alice.
Esa noche salimos a tomar una copa pero con tranquilidad. Nada de chupitos de tequila.
El día 4 de enero Alex vuelve a clase llorando por querer quedarse en casa jugando con los regalos. Yo aun tengo 2 días de vacaciones así que aprovecho para salir de compras e ir al gimnasio.
Me meto a yoga y cuál es mi sorpresa al encontrarme allí a Edward.
-¿Qué tal las vacaciones?- le pregunto mientras realizamos una V mirando cada uno hacia fuera.
-Mejor que esto- dice con voz de sufrimiento.
-Te acostumbrarás- le digo.
Al comenzar a hacer yoga la flexibilidad es un factor importante, luego ya vas dominando las posturas y no piensas que te vas a romper con cada asana.
La clase de hoy ha sido primero en parejas y luego en grupo. Edward me pidió por favor que me pusiera con él porque era su primera vez en yoga.
No compartimos demasiado contacto físico pero sí el suficiente como para que el cosquilleo en el vientre vuelva.
-¿Hoy estás con Alex?- pregunta a la salida.
-Sí, iré a recogerle al colegio ahora.
Me gustaba poder ir a recogerle del colegio pero por mi trabajo no siempre era posible así que James solía ir a por él o mis padres si él no podía.
-Podemos quedar mañana por la mañana. Es mi último día de vacaciones- digo antes de pensar bien lo que he dicho.
¿Cuándo he vuelto a dejarme llevar?
-Bueno a no ser que tengas que trabajar- le digo.
-No, no. Yo también me he tomado unas vacaciones. Me están cambiando el baño principal de casa así que prefería estar para supervisar todo.
Asiento y quedamos para comer mañana.
A la mañana siguiente vuelvo a casa después de dejar a Alex en el colegio.
Me pongo ropa de deporte y comienzo a limpiar la casa con la música puesta.
He limpiado solo el salón y mi dormitorio cuando suena la puerta.
Extrañada abro y me encuentro a Edward.
-Hola, ¿llego tarde?- digo mirando el reloj.
Aun son las 11 de la mañana y habíamos quedado a la 1 así que no sé qué hace aquí.
-No- dice riendo.
-Pasa-
Cuando entra cierro la puerta.
-¿Ocurre algo?
-Sí.
Vamos hasta el salón donde toma asiento a mi lado.
-Sé que debería respetar lo que me dijiste, tus tiempos con Alex y todo eso pero no puedo más. Me importas demasiado, más que como una simple amiga y no quiero seguir manteniendo la distancia contigo. Igual te estoy presionando mucho ahora y consigo que te alejes del todo pero tenía que contártelo porque…
Le interrumpí besándole.
Había decidido tomar consejo de lo que me dijo Alice. Si Edward quería ser más que amigos yo también quería serlo. Solo tenía que intentar que Alex no se viese mal parado si esto acababa mal.
Edward me agarró de la cintura y me acercó a él.
El cosquilleo en mi vientre volvió en seguida.
Desabroché los botones de su camisa apresuradamente y cuando quise darme cuenta Edward me llevaba en brazos.
-¿Tu habitación?- pregunta dejando de besarme por un momento.
-Esa- señalo la habitación de la derecha.
Me lleva hasta allí y cuando entramos me deja caer en la cama poniéndose él encima.
La ropa comienza a desaparecer y mi cuerpo no cabe en sí de excitación al pensar en volver a tener sexo.
Su boca chupa mis pechos y va dejando un rastro de besos hasta que llega a mi pubis.
Pone sus labios sobre mí y noto como su lengua se mueve sobre mi clítoris.
-¡Edward!- grito presa del placer.
Introduce dos dedos en mí y entonces no puedo retrasarlo más.
Su lengua sigue sobre mi clítoris mientras me corro alargando el placer.
Cuando mi cuerpo acaba de temblar sube por él hasta llegar a mis labios. Compartimos un beso en el que noto mi sabor pero no es algo desagradable.
Aun no he recuperado la respiración cuando noto como entra en mí.
-Ah- grito de dolor.
Él para e intenta salirse.
-No, no- le suplico.
-¿Estás bien?
-Sí, es solo que hace mucho tiempo y… me ha dolido un poco. Pero estoy bien- digo subiendo mis piernas a sus caderas para profundizar el ángulo.
Comienza a moverse encima de mí.
Le noto en mi interior.
Es grande y grueso.
El roce me aporta mucho placer.
Me gusta que suelte pequeños gemidos.
En un momento para y hace que cambiemos la postura.
Me tumba de lado en la cama y él se pone detrás de mí.
Gimo cuando vuelve a introducirse en mí.
Sus embestidas son cada vez más rápidas pero yo estoy más preocupada por volver a correrme por lo que bajo mi mano a mi clítoris y comienzo a tocarme.
-No hagas eso- dice quitándome la mano.
-Pero necesito…- digo entrecortadamente.
-Espera- entonces él levanta un poco más mi pierna derecha sobre su cadera y su pene golpea un punto en mi interior que me produce mucho más placer.
-Sigue- le pido/ordeno.
Él ríe pero continúa envistiendo en mi interior.
Me corro gritando e intentando cerrar mis piernas por el placer. Él me lo impide.
-¿Dónde me corro?- pregunta alterado.
James siempre se corría dentro pero desde hace más de un año no tomo ningún método anticonceptivo.
-Menos dentro, donde quieras.
Edward saca su pene de mi interior y lo deja sobre mi pubis rozando mi clítoris con su glande.
Da un par de golpecitos y luego gruñe.
Noto como humedece mi ingle con su semen.
Nos quedamos tumbados uno al lado del otro mirando al techo.
Debería ir a limpiarme pero ahora mismo no me molesta.
Edward se inclina y me besa.
-Me encantas- dice volviéndome a besar- ¿te encuentras bien?
Asiento.
-Siento haberte hecho daño. Debí preguntar-
-No pasa nada. Fue un buen dolor y además luego lo has compensado con bastante placer.
-¿Te ha gustado?- pregunta sonriente.
-Tanto que no paro de pensar en repetirlo- digo riendo.
-Dame 10 minutos- dice besando mi cuello.
-Iré a limpiarme mientras tanto- digo besándole y levantándome.
Edward mira mi entrepierna cubierta de semen.
No tengo mi pubis depilado, tampoco parece una selva amazónica porque tengo el pelo recortado, pero sigo teniendo pelo ahí.
-Dios no debería gustarme tanto ver mi semen en ti-
Me río y camino al baño.
Estoy limpiándome con papel higiénico mojado la entrepierna con un pie sobre la bañera cuando noto a Edward detrás de mí.
-Déjame a mí- me pide.
-Ya está- digo tirando el papel al váter y girándome.
Veo su pene. Vuelve a estar semi-erguido.
-Ni 10 minutos eh- digo guiñándole un ojo.
-Debería limpiarlo primero, puede tener restos y creo que tú no estás tomando la píldora ¿verdad?
-No, no tomo la píldora- digo sujetándole con las manos.
-Déjame limpiarme.
-Se me ocurre una mejor manera de limpiarte- digo poniéndome de rodillas y comenzando a pasar mi lengua por toda su longitud.
Voy alternando los lametazos con introducírmela en la boca y parece que le gusta.
-Sigue- pide poniendo sus manos en mi cabeza.
-¿Te gusta?- pregunto dándole un beso en la punta y mirándole a los ojos.
Él solo puede asentir.
Cuando está a punto de correrse me aparta la boca y se corre en mi pecho gritando.
Veo como sus piernas tiemblan.
Cuando estoy de pie me agarra de un brazo y me introduce dentro de la ducha.
Compartimos una ducha rápida totalmente saciados.
-Tengo que ir a buscar a Alex- digo vistiéndome tras la ducha.
-Y yo debería ir a mi casa para asegurarme de que los albañiles no están rompiendo tuberías ni nada por el estilo.
Me río.
-No quiero irme- dice llegando hasta mí y abrazándome desde atrás.
-Ni a mí me apetece que te vayas. Sé que Alex ya te conoce pero preferiría que con él las cosas fueran más despacio.
-Por supuesto. Yo también tengo hijos y sé cómo funcionan estas cosas.
-¿Por qué no quedamos mañana por la noche?- pregunto girándome en sus brazos.
-Vale.
-Alex estará con su padre así que podemos venir aquí.
-Prefiero que vengas a mi casa. Tengo un baño en obras pero me apetece que veas donde vivo.
-De acuerdo- acepto sonriente.
.
Al día siguiente soy todo felicidad hasta que Edward me escribe un mensaje diciéndome que no podrá verme hoy.
Un poco sí que me molesta a decir verdad.
Al día siguiente no tengo noticias suyas y no quiero volverme loca pensando cosas que no son pero estos juegos no me gustan.
El viernes le veo en el gimnasio. No está en la cola para la clase de ciclo si no en la zona de máquinas de musculación. Está hablando con una chica y la está enseñando como levantar pesas.
No sé si es el método tradicional pero sus manos están sobre el cuerpo de la chica y no se despegan.
La chica tiene menos de 30 años y es una belleza que destaca, sobre todo el par de tetas tersas y firmes que se ven por encima del top deportivo.
Ojalá volviera a tenerlas yo así.
La clase comienza y Edward entra tarde.
Se pone a mi lado y me sonríe como si nada.
-Hola.
-Hola- respondo sin sonreír.
Noto que frunce el ceño pero la música no nos deja hablar y lo prefiero.
A la salida la chica le está esperando bebiendo agua.
-Edward, ¿mañana al final a las 10 o a las 11? No me ha quedado claro- la escucho decir.
-A las 10 está bien- responde.
Yo sigo caminando en dirección a las duchas dejándole atrás.
Mientras me ducho intento no pensar en Edward.
¿Por qué tengo este mal presentimiento?
Salgo del gimnasio agotada mirando el móvil cuando alguien tira de mí hacia un lado.
-¿Qué te ocurre?- pregunta Edward enfadado.
-¿A mí? No soy yo quien no da señales de vida ni quien manosea a chicas en la sala de máquinas.
-¿Qué?- ríe- sí he dado señales de vida.
-No las veo- digo abriendo el whatsapp donde su conversación lleva dos días sin actualizarse- es igual Edward. Ya que estamos voy a dejar las cosas claras- veo como la gente que sale se nos queda mirando así que le hago una señal para que me siga hasta el parking- me gustas sí es verdad. Pero tengo 38 años y un niño pequeño, estoy sola y estoy bien así que no me apetece jugar a ''ahora me interesas'' ''ahora no'' ''hoy follamos y mañana no te miro a la cara''. Así que…
Me interrumpe besándome.
-Tú no eres una folla-amiga- susurra aplastándome contra el coche de atrás.
-¿Y por qué estabas ligando? Sé que no tenemos ese tipo de relación con exclusividad pero me ha molestado verte con ella.
-Esa chica es mi cuñada. La mujer de mi hermana.
-¿De tu hermana? ¿Chica y chica?- pregunto sorprendida.
-Sí, mi hermana es lesbiana y esa es su esposa.
-Joder- digo sintiéndome avergonzada.
-No te he podido llamar porque he salido de viaje de improvisto pero pasé por tu trabajo esta mañana. No estabas y dejé un recado a una chica llamada…. Lisa, creo.
Lisa de recepción sí.
-Me siento estúpida.
-No deberías. Creo que tenemos que aclarar los términos de nuestra relación.
En ese momento tirito de frío y me castañean los dientes.
-Entra al coche- dice desbloqueando un todoterreno negro aparcado a tres plazas de donde estábamos.
Una vez dentro pone la calefacción y en pocos momentos me siento mejor.
-Bella no espero tener una relación de folla-amigos contigo. No me gustan esas relaciones, nunca las he tenido.
-¿Qué relación quieres entonces?
-No quiero ponerle nombre aun. Nos estamos conociendo y veremos a donde nos lleva esto, mientras tanto mantendremos a los hijos a un lado y seremos exclusivos.
-Estoy de acuerdo.
-Bien- Dice agarrando mi mano- me gustas mucho Bella. No solo físicamente, también me gusta como eres, tu sentido del humor y lo buena que eres con tu hijo. No quiero apresurarme con los sentimientos, no quiero abrumarte, pero tampoco quiero que pienses que para mí eres una más. No lo eres- dice besándome.
Le devuelvo el beso.
-Eres el primer chico con el que estoy después de James y estoy un poco… perdida.
Él se ríe.
-Es normal. Te entiendo.
-¿Tú también te sentiste así? La primera vez tras divorciarte.
-Me sentía confundido pero realmente desde el divorcio no he tenido una relación como tal. Al principio lo intenté con una chica pero ella era más joven y yo tenía dos niños pequeños así que la relación no salió adelante. Luego he tenido semi relaciones de algunos meses pero nada serio.
Asiento con la cabeza.
-Yo solo he tenido relaciones serias. Mi novio del instituto y James- confieso.
-Eso hace que valore mucho más el que estés conmigo.
Sonrío.
-Tengo que ir a buscar a Alex- digo mirando la hora, son casi las 8 y el cumpleaños en el que está acaba precisamente a esa hora.
-¿Cuándo puedes quedar?- me pregunta.
-El domingo. Alex va a pasar todo el domingo con mis padres de excursión.
-Entonces el domingo comemos juntos.
-¿Y tus hijos?- pregunto intrigada.
Siempre parece tener mayor disponibilidad de horarios que yo.
-Concretamente Erin se queda en mi casa hoy y Noah quien sabe. Mañana comen conmigo los dos eso seguro- dice sonriendo.
-Adiós- digo antes de darle un beso y salir del coche.
.
La relación con Edward ha seguido avanzando hasta el punto de presentárselo a mis amigas. No fue intencionado pero Edward apareció en mi casa cuando tomábamos café una tarde.
Todas le dieron el visto bueno.
Yo fui a su casa un par de veces. Me encantaba su casa porque era todo lo contrario a la mía y estaba situada cerca de un gran parque. Casi parecía que no estábamos en la ciudad.
No podía negarme a mí misma lo importante que se estaba volviendo Edward para mí. Estaba muy acostumbrada a él en mi vida.
Hoy era sábado y ayer después del gimnasio nos habíamos quedado juntos para cenar y para dormir en su casa.
Alex se había ido toda la semana con James a visitar a su familia a Los Angeles aprovechando las vacaciones de primavera.
Estábamos en la cama abrazados.
Ambos estábamos despiertos pero ninguno había hablado aun.
Tan solo nuestras manos repartiéndonos caricias hablaban.
-Te quiero- dice contra mi oído en un susurro.
Sonrío y me giro para mirarle.
-Me alegra escucharlo, ¿sabes? No sabía cuánto tiempo iba a poder contenerme de decirte que estoy enamorada de ti- confesé.
Edward sonrío y me beso.
-Llevo meses enamorado de ti. Solo que no lo sabía.
-¿Meses?- pregunto curiosa.
-Meses. Desde que casi nos besamos en la discoteca y nos interrumpió tu ex.
Yo tuerzo la cara al recordar el momento.
-Me gustaría conocer a tus hijos- digo.
Es el siguiente paso a dar en la relación.
-Me gustaría que los conocieras también. Ahora están de vacaciones pero cuando vuelvan deberíamos hacer una reunión todos, tú, yo y nuestros hijos- propone besándome.
-Vale- digo sonriente.
Alex ya le conocía y le había caído bien así que mi principal preocupación estaba cubierta.
-Y ahora déjame hacer el amor a mi novia- dice poniéndose sobre mí.
.
Más tarde ese día mientras comemos sale el tema de nuestros ex.
-¿Cómo es la madre de tus hijos?
-Irina. Bueno es… es buena madre pero un poco descentrada.
-¿Por eso se acabó lo vuestro?
-Supongo. Ella trabajaba para mí cuando nos conocimos, todo fue muy rápido, al año estaba embarazada de Noah y aunque era feliz ella solo tenía 24 años. A penas había vivido. Cuando Noah comenzó a ser un poco más independiente se quedó embarazada de Erin y ahí sintió que su vida se acababa. O eso dijo ella. No fuimos felices desde que Erin nació y cuando cumplió tres años ella dio el paso para dejar la relación.
-¿Te afectó mucho?
-Me afectó más por mis hijos que por mí. Fue duro ver como lloraban cuando tenían que irse a casa de uno o de otro. Le vino grande la maternidad. Ahora es buena madre, solo que a veces les consiente demasiado y me toca ser el poli malo- dice riendo.
-¿Cómo es tu relación con ella ahora?
-Cordial. Nos vemos lo justo y hablamos lo justo. ¿Me vas a contar ya qué fue lo que te hizo tu ex? No soy idiota, veo ciertas señales… no soportas verme con otras chicas.
-No es así- digo sonriendo- soy muy insegura, es cierto, pero solo lo soy cuando no entiendo esa relación. Como cuando te vi con tu cuñada.
-¿Te fue infiel?
Asiento.
-Lo siento. No puedo llegar a comprender como alguien puede querer cambiarte por otra persona. Eres estupenda- dice llegando hasta mí.
-Al parecer para él no lo era lo suficiente en la cama- confieso.
Edward se ríe.
-Creo que hemos hecho el amor lo suficiente como para saber que eres espectacular en la cama.
Me río.
- Le conocí en la universidad.
-¿Muchos años no?
-15 para ser exactos.
-¿Le querías cuándo os separasteis?
-Le había querido más. Nuestra relación no pasaba por su mejor momento ni mucho menos. Nos costó adaptarnos a tener un hijo, llevábamos mucho tiempo siendo solo nosotros. Cuando las cosas empezaron a asentarse él cambió de trabajo y nos mudamos a aquí. Antes vivíamos en Oregón.
Edward se sorprende.
-Eso desencadenó todo. Él se centró mucho en su trabajo y yo en Alex y en mi familia que es de aquí. Nos distanciamos.
-Y se tiró a otra.
-Sí pero fue más que eso. Mi familia es muy aficionada a salir de excursión, pescar… en fin, vivir al aire libre. A mis padres les gustaba que fuésemos toda la familia juntos. Ellos, mi hermana, su marido, la hija de su marido y nosotros tres. Estábamos acampando cerca del monte Rainer en pleno verano durante una semana. Todos se habían ido a pescar menos yo que me quedé con Alex porque era pequeño y muy movido como para llevarle cerca del río. Cuando volvimos de dar un paseo escuché ruido en la camioneta donde dormían mi hermana, su marido y su hijastra.
-No me jodas- dice imaginándose como acaba la historia.
-James se estaba follando a Jane, la hijastra de mi hermana, allí.
-Que cabrón.
-Cuando el resto de la familia se enteró yo me quería morir de vergüenza. Mi cuñado pegó a James, quiso denunciarle porque Jane tenía solo 16 años. Todo fue muy bochornoso. Yo solo quería proteger a Alex.
-Lo siento- dice llegando hasta mí.
-En un principio James me echó la culpa. Llevábamos más de un año sin hacerlo, no me apetecía.
-No era tu culpa. No había manera de que hubiera podido ser tu culpa.
-Lo sé- digo abrazándole- nunca pensé que lo fuera.
-Yo nunca te haría eso. Te amo y no quiero hacerte daño nunca pero si en algún momento dejo de sentir lo que siento, te lo diría, no te engañaría.
-Gracias.
-Confía en mí.
-Lo hago Edward, lo hago. Si no, no estaría aquí, ni hubieras podido estar en casa con mi hijo.
-Alex es un niño maravilloso. Es como tú.
-Lo es sí- digo sonriendo.
.
El momento de reunión con hijos no fue un camino de rosas. Noah a penas hizo notar su presencia durante la cena poniendo más interés en su teléfono móvil.
Edward le llamó varias veces la atención pero con el fin de no crear tensión en el ambiente decidió dejarlo pasar.
Erin por otro lado me miraba constantemente y al final de la noche acabó sentada en el regazo de su padre a modo de muro de contención entre él y yo.
Álex por su parte estuvo muy entretenido hablando con Edward hasta que se quedó dormido.
No fue mal, dijimos los dos al despedirnos, pero tampoco bien, pensaba de camino a casa.
Las siguientes veces que nos vimos decidimos hacerlo en terrenos neutrales, restaurantes, parques y cine.
Álex estaba fascinado con Noah, el cual le enseñaba los videojuegos que tenía en el móvil aunque a veces Noah quería un poco de independencia que le permitiese mostrar el adolescente que era.
Erin seguía igual. Habíamos cruzado un par de palabras y siempre había sido yo quien había iniciado la conversación. Su padre me dijo que no era tímida pero por alguna razón conmigo sí lo era.
Una tarde después del gimnasio Edward me convenció de ir con él a su casa aprovechando que Álex estaba con James.
Sus hijos vendrían a cenar pero después podríamos tener un rato para nosotros, cosa que escaseaba últimamente, todo habían sido planes con niños.
La cena fue bien, mejor de lo esperado, incluso Erin me preguntó si quería agua.
Cuando habían pasado unos prudenciales 30 minutos desde que los chicos estaban acostados Edward empezó a meterme mano en el sofá.
-Edward los niños- dije riendo.
-Están dormidos- respondió tumbándose encima de mí.
Antes de que pudiera hacer algo para impedirlo o llevarnos a la habitación, Edward estaba bajando mi pantalón de pijama junto a mis bragas.
Eché un vistazo hacia la puerta del salón solo para asegurarme de que no había nadie.
Pero dejé de mirar cuando noté la boca de Edward sobre mi clítoris.
Gemí.
Moví las caderas intentando encontrar un mayor contacto y él lo entendió porque introdujo un dedo en mi interior.
Me corrí a los 5 minutos gritando más fuerte de lo apropiado para no estar solos en casa pero en ese momento no pude pensar en los niños.
Edward subió por mi cuerpo dándome besos hasta llegar a mi boca donde pude notar mi sabor en él.
-Tócame- me pidió gimiendo.
Agarró una de mis manos y la llevó encima de su pantalón justo donde su polla formaba un bulto considerable.
Bajé sus pantalones hasta que estuvieron en sus rodillas y le acaricié suavemente.
Juguetee con él un poco antes de empezar a rozar su punta contra mi entrada mojada.
-Joder- suspiró.
Intentó empujar en mi interior moviendo la cadera pero le frené.
-Déjame metértela- me pidió.
-No-
-Un poco- imploró volviendo a inclinar las caderas hacia mi pelvis.
Me reí.
Siempre usábamos condones pero obviamente ahora mismo no los teníamos a mano.
Dios sabe que en una casa con niños no puedes esconder condones en los cajones del salón.
-No te corras dentro- le advertí alineando su punta en mi entrada.
De una estocada entró en mí haciéndome soltar todo el aire en un jadeo.
-Sí, sí, sí- susurraba con voz rasgada por el placer contra mi oído mientras daba estocadas.
Me mordió un pecho por encima de la camiseta.
-Dios eres tan caliente y mojada- dijo antes de besarme.
-Ag- dije empezando a sentir de nuevo mi orgasmo- así, así-
Mis palabras solo hicieron que aumentara la velocidad y me volviera a correr.
Sinceramente, después de sentir su polla dentro de mí al natural no iba a poder volver a correrme con ella envuelta en un condón.
Antes de que mi orgasmo finalizara noté como se salía de mí.
-No- gemí frustrada.
Me había privado del placer post orgasmo.
-Me voy a correr- dice poniéndose de pie.
Veo cuales son sus intenciones y joder si en este momento no se la chuparía.
Claro que sí.
Me senté en el sofá y sin más preámbulos me la metí en la boca de lleno.
No tardó en agarrarme de la cabeza para profundizar sus embestidas.
-Ah- Edward estaba cerca, solo gemía segundos antes de correrse.
Jugué con la parte inferior de mi lengua sobre su punta, sé que le volvía loco.
Cuando volví a introducirla en mi boca, me agarró fuerte de la cabeza inmovilizándome y en seguida noté como se corría en mi garganta.
Estaba intentando no morir atragantada cuando una voz hizo que tosiera y parte del semen saliera disparado hacia afuera.
-¿Papá?- preguntó Erin parada en la puerta frotándose los ojos.
Edward sacó su pene de mi boca ipso facto y se giró dándole la espalda para subirse los pantalones apresuradamente.
-Erin cariño, ¿qué haces despierta?- pregunta girándose hacia ella y sacándola del salón.
Cuando me quedé sola agradecí no haberme quitado la camiseta.
Seguí tosiendo porque me había atragantado con el semen.
Me fui al baño a limpiarme y a beber agua para calmar la tos. Cuando volví al salón Edward salía de la habitación de la niña.
-No sé qué decir- susurró rascándose la nuca avergonzado.
-¿Qué ha dicho?
-Nada, pero sé que hará preguntas mañana.
-Quizás no lo recuerde-
-Ojalá.
-No debimos quedarnos en el salón, hemos sido irresponsables.
Edward asintió de acuerdo conmigo.
-¿Te he hecho daño?- pregunta tomándome por la barbilla- Estaba perdido en las sensaciones que me provocabas y luego con Erin…-
-No te preocupes- digo agarrándole la mano y restándole importancia.
-¿Dormimos?
-Dormimos.
.
Pasó una semana desde el incidente con la niña y al no preguntar nada supusimos que se le había olvidado.
Error.
A las dos semanas Irina montaba en cólera porque aunque su hija se lo había explicado de forma infantil ella sabía de sobra que me había pillado haciéndole una mamada.
-Eres un depravado Edward. ¿Con tus hijos a una sola pared de distancia? ¿No podías esperarte a que no estuvieran en casa?
Irina sugirió que los niños no volvieran a dormir en casa de Edward, así que sentí que tenía que intervenir.
Ofrecí a Edward mantener las distancias con su casa y su cama cuando estuvieran los niños, solo nos veríamos cuando ambos hijos estuvieran con Irina y James o con ellos pero en sitios de niños.
Edward no estaba muy conforme pero pensó que era buena idea al menos hasta que Irina dejase de indagar si yo dormía o no en casa con Edward.
Una tarde en la que estaba con Álex jugando en casa, sonó el timbre. Edward.
-Hola, ¿qué haces aquí?
-Te echo de menos, hace 3 días que no te veo.
-Has estado con los niños- le recuerdo entrando al salón.
-Edward- saltó Alex nada más verle aparecer.
-¡Hola campeón!- saludó cogiéndole en brazos- oye has crecido eh, a penas puedo contigo- bromeó fingiendo que le dejaba caer.
-Estábamos jugando con el lego- le explico señalando todas las piezas repartidas por el suelo.
-Ya veo- dice dejando a Alex en el suelo y sentándose a su lado para poder construir.
Pasamos la tarde los 3 juntos jugando.
Creo que disimulé muy mal lo mucho que me gustaba Edward con Álex. Seguro que fue un padre estupendo cuando sus hijos fueron pequeños.
A las 9:30 Alex estaba dormido mientras Edward recogía la cena a domicilio que habíamos pedido. Cuando salí de la ducha Edward me abordó en la puerta del baño.
Me reí.
-Te necesito-
-Edward, está Álex-
-No haremos ruido-
-Eso dijiste la última vez-
-Tendremos cuidado-
-No-
-¿Por qué no?
-Porque ya sabemos lo que pasa.
En ese momento se separó de mí para mirarme.
-Está dormido- susurró.
-Sí, al igual que estaba dormida Erin.
-De acuerdo.
-Acordamos no hacer nada cuando haya niños alrededor, tanto los tuyos como el mío.
-Ya, pero es que últimamente solo hay niños alrededor.
-El viernes.
-¿Qué pasa el viernes?
-El viernes me dijiste que tus niños se van con Irina y Álex con James. Todo el fin de semana.
Edward sonrió.
Cenamos juntos y luego Edward se quedó a dormir. Solo dormir.
.
Llevaba sin sexo casi tres semanas así que contaba los días hasta el viernes. Pero como siempre que esperas algo con ansias, esto se estropea.
Estaba en el trabajo cuando me llamaron del colegio. Álex estaba vomitando.
Tuve que ir a por él y llevarlo a casa. Cuando está malo solo quiere estar conmigo así que llamé a James y le dije que viniera a verle pero que se quedaba en casa conmigo. Y Edward aceptó frustrado el cambio de planes.
Alice vino por la mañana a ver qué tal se encontraba Álex mientras que Edward durmió aquí el sábado.
Desde el lunes de la semana siguiente todo se volvió mucho más complicado.
Edward salió de viaje varias veces, Álex volvió a ponerse malo, James no estaba… hasta que hicieron dos semanas sin vernos.
-Te echo de menos- le dije un día hablando por teléfono.
-Y yo a ti nena-
-¿Cuándo vuelves?
-El jueves.
-¿Por la mañana?
-Por la noche, ¿por?
-Porque Álex se quedará conmigo este fin de semana.
-Vaya…
Tuvimos que esperar al martes para por fin vernos y volver a estar juntos.
Edward estaba nervioso y no me decía por qué.
-¿Qué pasa?- pregunté desayunando al día siguiente.
-Quiero que conozcas a mis padres-
-Oh- dije bajando la vista hacia el tazón.
-Si no quieres lo entiendo.
-Sí, es solo que… es extraño ¿sabes? Nunca pensé en volver a estar en esta situación, en ser la novia del hijo de alguien que no conozco.
Edward se ríe y besa mi mejilla.
-Son simpáticos.
Asiento con la cabeza. Ya estoy creándome imágenes sobre cómo serán.
Nuevamente la cita con sus padres tuvo que ser aplazada bien por compromisos de uno y del otro.
Cuando finalmente conocí a sus padres Edward tuvo razón, eran simpáticos.
Edward me dejó sola en el salón mientras iba al baño y yo decidí ir a la cocina a ver si podía ayudar en algo.
-Es guapa- comentó Carlisle.
-Como todas- respondió Esme.
-Todas no son iguales Esme-
-Es verdad, esta tiene un hijo.
-Bueno Edward tiene dos.
-Con Irina.
-De verdad….
-Estoy acostumbrada a las novias de Edward Carl, pero el que tenga un hijo cambia las cosas para mí.
-¿Por qué?
-¿Y si solo ve en Edward una figura paternal? ¿Alguien que críe a su niño?
Fruncí el ceño.
Mi hijo tenía su propio padre.
-Además sabes cuanto le duran las novias a tu hijo.
-Igual esta es la definitiva.
-No lo será. Durará menos de un año, como las anteriores. Si mi puerta hablase de cada mujer que ha venido con Edward esto parecería una casa de citas.
Dejé de escuchar y me aparté de la puerta.
Durante estos dos meses que llevábamos juntos había comparado a Edward mil veces con James y siempre salía ganando el primero. Salvo en el tema suegros.
Los padres de James son almas de luz en comparación con los de Edward. Siempre fui bienvenida en su casa, siempre ocupé un puesto prioritario.
Cuando Edward volvió del baño me encontró pensativa en el salón.
-¿Todo bien cariño?- asentí sonriente.
Nada bien, pero no puedo procesarlo aun.
Fingí una sonrisa el resto de la tarde y cuando se acercaba la hora de cenar le pedí a Edward que me llevase a casa de Rosalie.
Se extrañó pero le mentí diciéndole que había reunión de chicas porque Alice quería contarnos algo.
Debería ser sincera con él pero tengo temor a que no me crea, al fin y al cabo son sus padres y a mí solo me conoce de hace unos meses.
-¿Urgente?- pregunta Rose extrañada cuando abre la puerta de su casa.
-Ahora te entiendo cuando dices que tu suegra es una bruja- digo quitándome la chaqueta.
-¿Ha ido mal?
-Se piensan que quiero un padre sustituto para Álex.
Rose se rió.
-Y que lo mío con Edward no prosperará. No nos dan ni un año.
-Que cabrones- dice sentándose a mi lado en el sofá- tú sabes que eso no es verdad.
-Claro que no quiero a Edward para que haga las veces de papá con Álex, él ya tiene a su padre mal que me pese.
-Y sobre lo otro…
-No está en mi mano.
-Sí que lo está. Es tú relación. Os queréis, se os nota.
-También James me quería y mira.
-Joder… no puedes ser tan autodestructiva contigo misma.
-Si Edward quisiera dejarme yo no podría hacer nada para remediarlo.
-Oye escúchame, no te va a dejar. Y claro que puedes hacer algo, precisamente este tipo de pensamientos son los que hacen que las relaciones fallen, te estás autoconvenciendo de que lo vuestro tiene final.
-Al parecer Edward tiene una colección de ex bastante interesante. Lo ha dicho su madre.
-¿Ha llevado a todas a conocer a sus padres?
-Eso parece. Eso es lo que me hace desconfiar. Yo no presento a mis padres a cualquiera, sino a alguien importante. Si él lo hace con todas eso significa que ninguna somos importantes, ¿sabes?
-Igual deberías tener una charla con él.
-Puede.
Pasa una semana en la que no veo a Edward. Él tiene trabajo y yo también. La diferencia es que la ilusión con la que me tomaba antes la relación ya no está, se ha esfumado.
-Hola- me dice un día en el gimnasio.
-Hola- intento sonreírle.
-¿Puedes quedar esta tarde?
-Claro-
A la salida del gimnasio le espero en los sillones de la entrada.
Cuando sale con el pelo húmedo del vestuario me sonríe y me ofrece su mano para salir juntos al parking.
-¿Dónde vamos?- pregunto abrochándome el cinto.
-A mi casa- responde sin mirarme.
Cuando llegamos a su casa me pide que le espere en el salón hasta que vuelva.
-Bien Bella, somos adultos, ¿qué pasa?
-No entiendo a qué te refieres.
-Sé sincera. Desde que fuimos a casa de mis padres has estado distante, me evitas.
-No…
-Bella- me corta serio.
-Tal vez.
-¿Por qué?
-Porque al ir allí me di cuenta de que hay cosas que tengo que pensar sobre nosotros.
-Pensé que estábamos bien.
-Yo también lo pensé.
-¿Qué ha ocurrido para que cambie tu percepción sobre nosotros?
No quería decírselo pero si iba a ser una muesca más en su cama prefería acabar con esto rápido.
-Escuché una conversación privada- frunce el ceño- de tus padres. Tu madre cree que mi interés en ti reside en tu papel como padre sustituto de Álex.
Él se río.
-Eso no es verdad.
-Claro que no es verdad. Mi hijo tiene a su padre y no necesito sustitutos. Al igual que los tuyos, ellos tienen a su madre y yo no lo soy ni lo seré.
-Todo esto ya lo sabíamos los dos.
-Tu madre también dijo algo como que habías llevado todo un desfile de conquistas a su casa, motivo por el cual cree que lo nuestro no durará más de un año.
-Puff… de verdad Bella que intento entenderte pero es que no. ¿Qué más dará lo que diga mi madre? ¿Por qué no te quedas con mis actos y mis palabras?
-Porque no sé si tratas a todas igual o solo a mí. Si yo soy diferente o como dice tu madre en unos meses pasaré a engordar la lista de exs.
-¿Qué tengo qué hacer para que veas que me tomo en serio lo nuestro?
-No lo sé- dije frustrada.
-Es que creo que da igual lo que diga o haga, no confías en mí.
-Eso no es verdad.
-Creo que sí lo es.
Dejamos que el silencio inunde la habitación y tras varios minutos decido que tengo que irme.
Pensar fríamente.
-Creo que debo irme.
-Te llevo.
-No, pido un taxi- digo despidiéndome de él con la mano.
.
¿Qué os ha parecido la historia? Tengo escrita la segunda parte pero tengo mis dudas sobre si subirla o no. A veces creo que estos dos deben quedarse juntos y otras veces creo que separados.
Espero saber vuestra opinión en los reviews y en función de lo que penséis subo la segunda parte o lo dejo así. La decisión es vuestra.
No puedo despedirme sin hacer referencia a la situación tan insólita que estamos viviendo. Espero que estéis todas bien, que podáis quedaros en casa con vuestras familias y que ellos también se encuentren bien. También me gustaría leer en los reviews cómo estáis llevando esto. Yo llevo dos semanas en casa y ha habido momentos de todo, buenos y malos.
Nos leemos.
Os recuerdo que tengo un grupo de Facebook llamado Feeling the Reading: Bella Bradshawdonde podéis encontrar imágenes de mis historias y adelantos.
