buenas a todos los que se toman el tiempo de leer esto.

Este es mi primera vez escribiendo un fanfic sobre Danmachi y en general, por lo que cualquier error, siéntanse libres de comentarlo. lo apreciaría mucho la verdad

dungeon ni deai wo motomeru no wa machigatteiru darou ka (Danmachi) le pertenece a su respectivo creador Fujino Omori. Yo solo soy un joven aburrido que le dieron ganas de escribir una historia sobre su obra.

sin mas que decir. comencemos.


Pequeño Héroe I

La diosa de la familia y el hogar, llena de amabilidad y carisma. Una mujer que a pesar de su estatura y apariencia infantil seguían irradiando aquella seriedad y lindura que hacía a muchos dioses tratarla como mascota. Aunque eso nadie jamás se lo diría de frente.

Hestia tenía todo el derecho de por primera vez en mucho tiempo estar enojada por una acción de uno de sus hijos. Cruzo sus brazos por debajo de sus prominentes pechos y suspiro por enésima vez. Viendo cómo el pequeño niño hincado en posición de seiza reía nervioso.

En el salón que ella llamaba su oficina estaban sus hijos de mayor nivel en su familia. Dos mujeres y dos hombres. Los dos hombres estaban sentados en el sofá al lado izquierdo del niño, una de las mujeres se encontraba recostada a un lado de la puerta y la última tenía sus codos encima del escritorio.

sentada atrás del antes mencionado. Parecía ser la líder del grupo. Por último, Hestia estaba sentada encima del escritorio. A su vista, el que muchos decían que era su favorito. Aunque ella lo negaba constante mente, estaba debatiéndose entre hablar o sucumbir a la presión de la habitación. Al parecer prefirió lo primero. Bueno ella le dará un punto por su valentía.

- en mi defensa, su divinidad me dio el permiso— Hestia quien pensó que se disculparía por sus acciones se atragantó con algo inexistente. Para luego comenzar a toser.

‐ ¿qué? —le pregunto consternada.

-recuerdo muy bien que esta mañana le pregunté si podía ir a la mazmorra. Quizás aproveche el momento en el que estaba abrumada por el papeleo, pero aun así me dio el permiso. —empezó firme, pero poco a poco su voz comenzó a disminuir, para luego subir en sus últimas palabras.

‐eso es trampa Hiiro-kun. — se escudó su diosa mientras trataba de defenderse ante las miradas acusadoras se sus dependientes.

La mujer de cabello morado y ojos Violeta que llevaba los que parecía ser un top rojo. Hablo desde su posición atrás del escritorio.

-de nada sirve que se estén acusando entre ustedes dos Su divinidad, Hiiro-kun. —miro a su diosa y al niño simultáneamente y volvió a hablar. - ¿ahora Hiiro-Kun, nos podrías contar todo desde el principio? —pidió de manera cortés y con una sonrisa que hizo al pobre niño estremecerse un poco. Uno de los hombres a su derecha también pareció reaccionar ante la expresión en el rostro de su compañera.

-bueno vale, aunque ¿podría levantarme? Me duelen las rodillas. — segundos después la mujer peli Blanca de ojos dorados que estaba recostada a un lado de la puerta, se movió hacia el Niño y lo levantó por la espalda. Se sentó en el sofá y puso a Hiiro en su regazo. El pequeño miro a la mujer y sonrió.

-muchas gracias iris-neesan. — agradeció a la mujer.

–Umu. — la mujer curvo sus labios en una pequeña he imperceptible sonrisa y asintió.

–bien, todo comenzó hace exactamente 5 horas— dijo Hiiro mientras se ponía la mano en el mentón y asentía con los ojos cerrados. Uno de los hombres soltó una carcajada y la que parecía ser la líder suspiro negando con la cabeza mientras tenía una sonrisa en su rostro.

Hestia movió su cabeza en negación. Mientras pensaba que; sus hijos no parecían ver la gravedad del problema. Bueno no es como que sea quien para hablar. A orario no le importaba la edad de los aventureros, un ejemplo de esto era la niña Aiz Wallenstein de la familia Loki. Por lo que no había problemas, aunque la razón de toda esta reunión era debido a su preocupación por sus hijos. Hiiro era el único niño en la familia por lo que había despertado un instinto materno hacia el pequeño. Es por eso que estaba tan preocupada. Aun así. Se guardó sus pensamientos para ella misma y le prestó atención al niño de 6 años frente a ella. Quizás su historia la tranquilice un poco.

- cuando entre en la oficina de la diosa esta mañana...

Kirisaki Hiiro soñaba con convertirse en un héroe, Salvar a las personas y luchar contra el mal. Paro sus pasos y parpadeo dos veces. Dio un asentimiento y volvió a sus pensamientos. Luchar contra el mar y salvar a las personas. Ahora se escuchaba mejor. Aunque quizás todo esto no era más que una excusa para ocultar su tristeza y frustración al no poder salvar a las personas de su pueblo.

Hace ya un año, un dragón negro de llamas azules arrasó con su hogar. En el proceso murieron las personas que amaba. Como a su abuelo y su abuela. Él no puede recordad con exactitud lo que paso antes del ataque del dragón. Pero despertarse en medio de las llamas azules que quemaban las viviendas y a las personas vivas no fue una experiencia agradable. Sin dirección caminó ente los muertos, los que pedían ayuda y los que corrían envueltos en fuego en busca de algo para apagarlo. No pudo salvar a nadie como los héroes de los cuentos que le contaba su abuelo. Es por eso que decidió convertirse en uno en memoria a aquellos que seguramente dieron su vida para que el viva, vivirá por ellos y peleara por ellos. Ese es su concepto y visualización de ser un héroe. Conseguir un Harem también era un objetivo, quizás más tarde le pregunte a uno de los integrantes masculinos de su familia para más información. Tenía que cumplirlo, después de todo se lo o prometió a su abuelo. Ante su orgullosa sonrisa y la expresión de negación de su abuela.

Dándole fin a sus pensamientos se paró justo en frente de la puerta que conducía a la oficina de su diosa.

Hoy era el día en que le pediría permiso para ir por primera vez a la mazmorra. Era muy probable que se lo negaría, pero no estaba demás intentarlo. Y así Hiiro toco y sin esperar confirmación entro al cuarto.

Aunque sinceramente no se esperaba lo que sucedería a continuación.


Con una gota de sudor resbalando por nuca y una sonrisa nerviosa. Hiiro observó como su diosa movía las manos casi a la velocidad de la luz, mientras corregía un montón de papeles, que se habían convertido en torres encima y a los lados de su escritorio. Dudando entre hablar o no Hiiro se acercó hasta la mujer. Al parecer aún no había notado su presencia. Con un pequeño asentimiento para el mismo. Hablo.

-esto, su divinidad. — Y como era de esperar. Fue ignorado. El pequeño niño observó a su diosa trabajar. Estaba tan sumida en su trabajo que ni siquiera se había dado cuenta de que estaba firmando uno de los papeles que ya había firmado. Este era el momento perfecto para pedirle a su diosa que lo o deje ir a la mazmorra. El pequeño era inteligente, sabía que la diosa no le prestaría la suficiente atención como para darle una respuesta clara. Es por eso que aprovecho la oportunidad.

-su divinidad, ¿podría darme la autorización para adentrarme en la mazmorra? — Hiiro miro a la mujer que aún tenía du vista fija en los papeles. Espero por un rato, pero, nada pasó. Entendiendo que no lograría nada de esto, agacho un poco la cabeza y giro hacia la puerta.

- bueno, supongo que no— y con eso se dispuso a salir. Pero justo antes de abrir la puerta, escucho la palabra que le daría paso a su primera aventura.

- ¡Si...! — y no espero más. Fue la afirmación más rara que había escuchado, pero inmediatamente lo escucho salió corriendo hacia el gremio. Mientras Hiiro salía de la sede de la familia Hestia. La propia diosa terminaba de expresar su felicidad.

- ¡Si, por fin terminé con los papeles importantes! — se estiró hacia atrás, y luego analizo la oficina. podría jurar que había alguien más aquí, quizás solo fue el estrés, mejor me doy prisa y haré que Hiiro-Kun me acaricie la cabeza... ¡me lo merezco! Y salió corriendo hacia la habitación de su hijo más pequeño. Hiiro no era de los que salía mucho de su cuarto y pasaba la mayoría de su tiempo leyendo. Aunque algunas veces era obligado por Hikari, la capitana de su familia a entrenar con la espada. Pera está última estaba cocinando plácidamente el almuerzo para los integrantes de la familia.

Así que, con una gran sonrisa, empujo con fuerza la puerta del cuarto del niño.

-Hiiro-Kun, tu diosa por fin terminó su trabajo. Creo que me... merezco...un...premio. — cada vez la voz de la pequeña diosa se iba atenuando más y más. Su alegre sonrisa abandonó su cara con la misma facilidad que con la que llegó y su cuerpo comenzó a temblar. Ese fue el momento en que la diosa Hestia supo que algo andaba mal.


Para Hiiro recorrer las calles de orario era en su mayoría de veces una aventura. Conocías a tantas personas de distintas razas y tamaños que compartían la misma cultura de orario. Las calles de la ciudad eran bastante, por lo que era fácil perderse, por suerte Hiiro sabía cómo llegar a su destino. Esquivando a las personas con velocidad y agilidad, debe de admitir que ser pequeño tenía sus ventajas. Hiiro corrió recto en dirección hacia el gremio. Mientras en su mente tachaba otra de sus pasos para ser un héroe.


A Ryutaroll Azelf, siempre le había gustado su trabajo, guiar y asesorar a los aventureros para que se adentren con conocimiento y un poco de confianza a la mazmorra. Era en sus propias palabras; genial. Además, verlos llegar después de un día duro de trabajo era satisfactorio. Lo llenaba con una sensación de que a trabajo había valido la pena. Además, a quien va a engañar. La paga era excelente.

Pero ahora, de empezó a preguntar si se había pasado con las jarras de cerveza anoche y aún seguía con los efectos del alcohol. Estaba seguro de que se había contenido un poco.

Frente a él se encontraba un pequeño niño, saltando frente al mostrador para llamar su atención.

Ryutaroll tosió un poco y formo una sonrisa antes de hablar con el niño.

- Hola chico, ¿puedo ayudarte con algo? — pregunto adoptando un aire profesional al hablar, con sus codos apilados en el mostrador, y poniendo sus manos bajo su mentón. Espero la respuesta del pequeño

. - ¡Quiero ser un aventurero! — el niño con emoción exclamó. Justo después la cara de Ryutaroll chocó contra la madera. Sus compañeros lo miraron extrañados, para luego reír por la situación en la que se encontraba el hombre.

- ¿quieres ser un aventurero? — repitió Ryutaroll las palabras del niño.

-si! Ya recibí el permiso de mi diosa, por lo que no creo que haya algún problema. — el bicolor hablo con la misma emoción.

- ¿bueno, tienes alguna razón para ser aventurero? — no es que importara realmente las razones para ser un aventurero de este niño. Pero estaba inclinado a preguntarle. No todos los días un niño llega al gremio queriendo poner su vida en riesgo al querer ser un aventurero.

Pero recalcaba, no tenía el derecho a negarle a entrar a la mazmorra, después de todo la niña conocida como Ais wallenstein se registró a los 7 años de edad. Aunque solo sea como partidaria, seguía siendo peligroso. Ahora este niño de no más de cinco o seis años venía a lo mismo.

-la razón es simple. Quiero ser un héroe. El niño hablo. Ryutaroll suspiro. EL mismo sueño que todo aventurero joven tenía al comenzar su aventura. Pero entrecerró los ojos. Había algo en este Niño que lo hacía dudar sobre sus expectativas hacia él. El hombre podía jactarse sobre su habilidad para ver el potencial de los aventureros. Por lo que suspiro y con una sonrisa le pregunto.

- dime niño. ¿Cuál es tu nombre? Había algo en el pequeño que lo hacía querer ver su crecimiento, con un asentimiento, decidió que será su asesor desde ahora. Pero primero necesitaba registrarse formalmente.

-Hiiro, Hiiro Kirisaki.


Ella miraba su ultimo trabajo con orgullo y satisfacción, en su mano una daga roja brillante, no tan pequeña como un cuchillo pero tampoco tan larga y gruesa como una espada. Perfecta para aquellos aventureros que se especializaban en el combate ágil y rápido. Elesa ashrell asintio con los ojos cerrados en aceptación. Otro trabajo digno de su nombre.

Ahora vio al pequeño niño que saltaba para llamar su atención y no tuvo mas remedio que terminar de admirar su trabajo y prestarle atención al niño de cabello negro con puntas carmesí

¿acaso se habrá perdido?,¿Cómo llego a este piso de la torre de babel solo?, o ¿se separo de sus padres? Sus pensamientos no llegaran a ninguna respuesta, asi que suspirando se aventuro a preguntar.

-¿estas perdido?—aun viendo la mirada confundida del chico, pensó que eso era lo que pasaba.

-me gustaría un arma.—el chico con una sonrisa pidió.

-¿eh?.—fue lo único