Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Esa era una frase que, desde pequeño, Jungkook había repudiado con todo su ser. Para él, no importaba que tan complicada fuera la situación, siempre existía una manera razonable de sobrellevarlo todo. No entendía a la gente que simplemente se dejaba llevar por el pánico y actuaba de forma que, en cualquier otro día, sería motivo de reproche. El joven abogado siempre se había sentido orgulloso de sí mismo por pensar las cosas a fondo antes de actuar. Al menos, así solía ser; estaba seguro que si su yo de hace unos días lo viera ahora, no sentiría más que lastima y pena por sí mismo.

Debía admitir que, desde el inicio, aquel plan había sido demasiado precipitado. Realmente no existía nada que temer, su relación con Jimin iba a la perfección. Ambos estaban sumamente enamorados uno del otro, cómodos con lo que tenían y, si bien habían prometido que llevarían las cosas con calma, algo dentro de Jungkook había estado inquietándolo últimamente. No entendía muy bien de qué se trataba. No había prisa, podía tomarse todo el tiempo del mundo, pero una terrible sensación dentro de su estómago se negaba a dejarlo en paz. Era como si le gritara que tenía que apresurarse, que si no daba el siguiente paso en ese instante, no volvería a tener la oportunidad de hacerlo. Eso, claro, era rídiculo. Se amaban, tenían una relación estable. Nada malo les iba a pasar y Jungkook se aseguraría de eso.

Por desgracia, saberlo no hacía que sus nervios disminuyeran; parecía que no tenía otra alternativa que continuar con su plan, por más apresurado que estuviera resultando todo. No es que se quejara en realidad. Si de algo estaba seguro, es que quería compartir el resto de sus días con su adorable novio, simplemente no existía nadie mejor que él. El plan era repentino, pero su decisión no. Esa era una de las pocas cosas de las que jamás podría arrepentirse, aún si quisiera.

El sonido del timbre de la entrada resonó por todo el apartamento, haciendo que su cuerpo se tensara. Ya había llegado, no había vuelta atrás. Cuando Jungkook estuvo seguro de sentirse listo para proponerse a Jimin, todo le pareció sumamente fácil, al principio. Claro que quería que fuera algo especial, el rubio no merecía nada menos que algo extraordinario, pero, debido a su inflado ego, pensó que era algo que él solo podía organizar. Lo peor no fue que se convenciera de que no requería ayuda, sino que genuinamente creyó que podía organizarlo en un día, sin ninguna clase de planeación previa. Fue así como, al llegar a casa, comenzó a mover los muebles de lugar, procurando dejar el suficiente espacio para decorar. Conforme los iba a moviendo, cayó en cuenta de un pequeño, pero muy importante detalle: no tenía ojo para la cursilería. Esa siempre había sido la especialidad de Jimin.

Dejó el sillón que estaba empujando y se quedó pensando. Realmente no quería pedirle ayuda a nadie, quería esforzarse al máximo por su novio, además, odiaba depender de otras personas para asuntos personales… aunque, viéndolo desde esa perspectiva, acudir a alguien más implicaría un gran sacrificio de su parte, lo que podría contar como esfuerzo ¿no? Era una lógica innegablemente estúpida, pero el joven estaba desesperado, por lo que fue excusa suficiente para que dejara su orgullo de lado y tomara su celular. En circunstancias normales, jamás lo habría considerado, sin embargo, eso no era de lo que se arrepentía, sino de lo que ocurrió después.

Dentro del pequeño universo de Jungkook, el mundo entero estaba a su disposición, nunca pasó por su mente que las personas pudieran tener mejores cosas que hacer que resolver su vida amorosa. Grande fue su sorpresa cuando, uno por uno, sus amigos fueron excusandose y negándose a ayudarlo, dejándolo sin opciones. Si bien siempre existía la posibilidad de cambiar de día, era tanta su urgencia de que ocurriera aquella noche, que el chico se sintió obligado a llegar al último contacto de su lista. Fue ahí cuando Jungkook dejó de pensar y simplemente marcó. Por fortuna para su eterno alivio y ahora creciente angustia que aquella persona accedió a ayudarlo.

El timbre de la casa volvió a sonar, dejando en claro que era momento de afrontar las consecuencias de sus actos. Respiró hondo y fue hacia la puerta, abriendola con una amplia sonrisa.

—Suga, que bueno verte.

Era evidente, por la expresión en su rostro, que el chico preferiría estar en cualquier lugar menos ese.

—Mas te vale que sea importante, Jeon.

Y es ahí donde empezaba el problema por dos principales razones: la primera era que Jungkook jamás había tratado con el mayor a solas. Siempre salían en grupo, y aunque de vez en cuando lograba sostener una conversación que durara más de 5 segundos con él, no sabía cómo convivir con el rubio. ¿Eran amigos? Sí… tal vez, pero no de los que se llevaban bien, sino de esos que habían acabado juntos debido a conocidos en común, y ahora le estaba pidiendo un favor usualmente reservado para personas cercanas a él. Si era sincero, estaba convencido de que el rubio lo odiaba por alguna razón. Era difícil de explicarlo. Generalmente, cuando Suga se encontraba con él y Jimin, solía ser bastante agradable, podría decirse que hasta sociable, sin embargo, en cuanto el bailarín dejaba el cuarto, su actitud se volvió fría y hostil. Había intentado sacar el tema a colación en algunas ocasiones, pero el mayor siempre negaba todo, por lo que seguía sin saber qué había hecho para ofenderlo.

El segundo problema era que, a la hora de pedirle ayuda, quizá, y solo quizá, hubiera exagerado un poco las cosas, sin mencionar que no explicó en lo absoluto para qué era que lo necesitaba. Suga definitivamente se iba a enfadar con él, ya podía darse por muerto. Le sonrió de manera cordial.

—Llegas justo a tiempo. Adelante, pasa.

Se hizo a un lado para dejar que el otro ingresara, más el mayor no se movió de donde estaba, viéndolo fijamente. Suga acomodó su bufanda.

—¿Estás bien?

No se esperaba esa pregunta, mucho menos el tono de la misma.

—Eh sí, hay salud y todo.

—¿Jimin está bien?

—Sí, también.

—¿Pasó algo en la casa? ¿En el trabajo? ¿Con algún familiar?

—No, Suga. Estamos bien.

—Perfecto. Entonces me largo.

—¿Qué?— El de menor estatura dio media vuelta y comenzó a caminar a paso firme. Jungkook rápidamente lo jaló de su chaqueta, usando toda su fuerza para meterlo en el apartamento, ganándose una mirada llena de odio por parte del rubio. Realmente necesitaba comenzar a pensar mejor sus acciones. Logró mantenerlo quieto —No, aún no puedes irte. Necesito tu ayuda.

—Dijiste que se trataba de una emergencia, que era cuestión de vida o muerte y aquí estás, vivito y coleando. Así que no veo la necesidad de quedarme. Adiós.

Suga trató de liberarse del agarre del menor, pero el joven abogado se mantuvo firme. Fue su mirada lo que le hizo reconsiderarlo, ya que rara vez Jungkook ponía una expresión como esa. Su curiosidad le estaba ganando.

—Esto de verdad es muy, muy, importante para mí, Suga. Sabes perfectamente bien que no te habría marcado si no fuera así. Puede que haya exagerado por teléfono, pero eres mi única esperanza… por favor.

Lo único que el mayor quería en aquel momento era regresar a su apartamento de mierda y dormir. Su semana ya estaba siendo lo suficientemente terrible como para que tener que pasar el día haciendo un esfuerzo por una persona que aborrecía a más no poder. Sin embargo, Suga era consciente de que no podía negarse a ayudar a alguien, por más que le desagradara. Su conciencia no lo dejaría tranquilo.

—¿Qué quieres?

Para cuando se dio cuenta, ya estaba ayudando a Jungkook a mover muebles por todo el apartamento. Se supone que sería rápido, pero el abogado había cambiado tanto de parecer que el mayor acabó cargando los mismos muebles más de dos veces. Estaba física y mentalmente exhausto, gracias a Dios era el último.

—¿Te vas a mudar?— preguntó con esperanza mal disimulada —¿O a qué se debe tanto alboroto?—.

—Ya te dije, quiero hacerle una sorpresa a Jimin.

—¿Y en qué consiste exactamente esta sorpresa?

Jungkook sonrió orgulloso, toda esta actividad física había hecho que su cerebro funcionara mejor.

—Voy a hacerle una cena romántica.

—Wow, que original.

—¿Perdona?

Suga dejó el sillón cerca del pasillo, soltando un suspiro.

—Solo digo que no creo que sea necesario lanzar medio apartamento por la ventana por una cena— se derrumbó, abanicándose con su mano.

El menor se quedó unos segundos callado, tal vez solo había escuchado mal.

—Es que no entiendes, Suga— tomó asiento a su lado —No es cualquier cena romántica, es La cena romántica—.

El rubio seguía sin entender la relevancia de aquello, pero tampoco iba a preguntar. Se estiró, quitándose la chamarra y la bufanda debido al calor.

—Muy bien, Romeo, ya movimos todos los sillones. ¿Ahora qué?

—Ahora, me vas a ayudar a cocinar.

El mayor lo miraba con la cara en blanco, ¿estaba hablando en serio? Cuando vió que el otro no lo esperaba e iba directo a la cocina, se dio cuenta que, en efecto, no estaba jugando. Lo siguió, aún en shock por lo que le estaba pidiendo.

—Aquí está la estufa— comenzó el menor —Los ingredientes están sobre la mesa, la carne en el refrigerador y allá está el… microondas— Jungkook no se acercó a éste —Lo pedí prestado, así que ten mucho cuidado con él, por favor. Estaba pensando que la cena podía consistir en algo de carne con pasta y tal vez una ensalada—.

Más le valía a quien fuera que estuviera allá arriba que se lo recompensara. No sabía de dónde estaba sacando toda aquella paciencia, pero no era humano, no en él. Con un gesto de la mano le indicó a Jungkook que se callara, ya teniendo una idea de lo que iba a hacer. Caminó hasta la mesa, comenzando a preparar todo.

—Sazona la carne mientras preparo la salsa y la pasta— le indicó al menor, dándole la espalda. Transcurrieron unos minutos en los que Suga estaba demasiado concentrado en su labor como para notar que el otro no estaba haciendo nada. Fue hasta que escuchó el sonido de algun juego de celular que volteó a ver a Jungkook, quien se encontraba sentado, muy plácidamente, en una esquina. El mayor bajó el cuchillo que tenía en la mano, pues no sabía lo que era capaz de hacer, y lo enfrentó —¿Qué crees que estás haciendo?—.

El menor volteó a verlo, dejando su celular abajo.

—Pues, esperando a que esté lista la cena, obviamente.

Suga sonrió.

—¿Me estás jodiendo? ¿De verdad esperas que yo cocine todo?

—Hey, bien dicen que más ayuda el que no estorba. Mi apoyo en esta parte del plan es más que nada moral, ya me estoy arriesgando lo suficiente al permitir que esa… esa cosa— apuntó al microondas —Esté en mi casa. La receta lo requiere y no planeo acercarme a él. Antes muerto—.

—Claro, por supuesto. ¿Por qué no me sorprende?— completamente cansado del menor, decidió dejar que hiciera lo que quisiera. Realmente no entendía qué le veía Jimin a un idiota como él. Suga era el que le estaba preparando la cena romántica, solo faltaba que fuera él quien lo acompañara a cenar.

Tampoco era tan mala idea.

Sacudió la cabeza. No quería dejarse llevar más por fantasías inútiles, así que prosiguió con su labor. Ya se aseguraría de cobrarle con intereses al abogado.

El tiempo pasaba y la receta estaba casi lista, aunque a costa de la sanidad de Suga, quien comenzaba a repudiar cocinar con todo su ser. No podía, estaba frustrado, harto. No le importaba que el otro no fuera a devolverle el favor, el imbécil iba a hacer algo y no pensaba aceptar un no por respuesta.

—Jungkook, ¿en serio no planeas mover ni un puto dedo?

—Te esta yendo bastante bien sin mi ayuda.

—¡Al carajo con eso, Jeon! ¡Por lo menos parte los malditos jitomates!

—¿Y si los corto mal?

—Son para la salsa. Se van a licuar. Da igual si quieres partirlos en forma de estrella, solo hazlo.

El abogado soltó un fuerte suspiro y se levantó con pocas ganas. Caminó hacia donde se encontraba la tabla para picar, retomando la tarea.

—De acuerdo.

El menor ya estaba haciendo algo que, a final de cuentas, era lo que el mayor quería, pero no era suficiente. Necesitaba desahogarse y el menor lo iba a escuchar.

—No puedo creer que falté al trabajo por esto. Solo vine porque dijiste que era una emergencia, creí que te había pasado algo, y resultó ser una estúpida mentira.

—¿Y qué querías que hiciera?— ya iba por el segundo jitomate… era bastante veloz —Si te hubiera dicho la verdad desde un inicio, te habrías negado—.

—No lo dudes.

—¿Ves a qué me refiero?— le apuntó con el cuchillo —No podía tomar el riesgo, necesitaba la ayuda de alguien—.

—No querías que alguien te ayudara, querías que alguien hiciera todo por ti.

—Nimiedades.

El mayor prendió la estufa, resignandose.

—Dime una cosa, Jungkook: ¿por qué yo? Estoy seguro de que Jin es un mejor cocinero y habría estado encantado de ayudarte.

—Se lo pregunté, pero tenía una "reunión familiar"— dijo, haciendo una imitación un tanto ridícula de la voz de Jin.

—¿Qué hay de Hoseok o Taehyung? Son los mejores amigos de Jimin, lo natural es que estén dispuestos a ayudar.

Al mencionar a Taehyung, pudo ver cómo el abogado reaccionaba. Decidió ignorarlo.

—Hobi no se encuentra en el país y Taehyung… él ni siquiera es una opción. Ese hombre no sabe guardar un secreto, lo hubiera arruinado todo. Y antes de que preguntes, Namjoon y la cocina no son amigos, así también queda descartado.

Suga podía entender eso. Cayó en cuenta de algo.

—¿Entonces fui tan plan C? Genial, esta conversación solo mejora y mejora— limpió sus manos con un trapo —Reza para que después de este día jamás tengas algún problema porque creeme Jungkook, no pienso volver a ayudarte—.

El mencionado soltó una carcajada, dejando caer el cuchillo sobre la mesa.

—Suga, tú y yo sabemos que eso no es cierto. Por más que finjas ser un tipo rudo al que nada le importa, eres incapaz de decirle no a alguien que necesita ayuda. Eres demasiado bueno, incluso para tu propio bien— echó las cosas en la licuadora bajo la mirada de sorpresa del mayor, quien no podía creer que fuera tan fácil de leer —Ya deja de quejarte, no es para tanto. Mi mamá solía decir que, el que se enoja, pierde— aquello último lo cantó —Deberías tatuartelo, te caería bien tenerlo siempre en mente.

Suga alzó un puño, dispuesto a golpearlo, pero se contuvo. Hacerlo sería darle la razón.

Soltó un gruñido y se dispuso a acabar con aquel infierno de una vez por todas. Por suerte, el abogado, por primera vez en el día, no le había mentido al decirle que les faltaba poco. Suga cerró el horno, ya solo quedaba esperar que la carne estuviera lista. Se sentía sumamente orgulloso de cómo había quedado todo. Bastaba con que a Jimin le gustara para darse por satisfecho, sería una pequeña victoria en contra de Jungkook.

—Ya está todo listo, solo necesita unos veinte minutos para que puedas servirla. Recuerda no echar demasiada salsa o quedará muy salado— el mayor se dispuso a recoger todo su desastre para poder irse.

Jungkook tenía otros planes en mente, puesto que puso una mano en su hombro, ejerciendo un poco de presión.

—No sabes cuánto te lo agradezco.

—No me toques.

—Es que en serio no sabes el favor que me acabas de hacer— el abogado lo detuvo, sonreía con una parsimonia que no le agradó al rubio en lo absoluto.

Jungkook metió la mano en una de las bolsas de su pantalón, buscando algo. Al no encontrarlo, sus ojos se abrieron como platos. Comenzó a hurgar con desesperación en cada uno de sus bolsillos, sintiéndose al borde de una crisis nerviosa.

—No. No, no, no, por favor no. Todo menos eso.

—¿Qué sucede? ¿qué buscas?

El joven lo ignoró, comenzando a escanear la cocina en busca del objeto que había perdido. Movió cada una de las bolsas y abrió todos los cajones como si de un loco se tratase. El mayor lo veía sumamente confundido. En algún punto, el joven abrió el bote de basura, sacando todo su contenido. Dentro de éste había una bolsa de plástico, la cual prácticamente destruyó para poder llegar a su contenido. Jungkook recogió una cajita negra, sintiendo como la calma volvía a él. Soltó un grito de alegría.

—¡Casi me de un infarto!

—Perdón, no sabía que quedaba algo dentro de la bolsa.

—No te preocupes, fue mi culpa por no guardarlo mejor. ¿Puedes creerlo? Cuando es lo principal de esta noche.

Suga miró la cajita de terciopelo mientras el otro se incorporaba.

—Oh, ¿vas a regalarle una cadena?

El joven abogado sonrió, limpiándose las rodillas. Abrió ésta, mostrando el hermoso anillo que contenía.

—No, algo mucho mejor.

El mayor frunció los labios, cruzándose de brazos. No terminaba de entender lo que el otro iba a hacer.

—¿Un anillo? Pero Jimin no suele usar anillos.

—Oh creeme, hará la excepción con este— se la extendió para que el otro pudiera apreciarlo mejor —En especial porque no es solo un anillo, sino la promesa de una vida juntos—.

Al verlo más de cerca, el rubio pudo sentir como cada músculo de su cuerpo se tensaba. No era un anillo común, era… un anillo de compromiso. Suga palideció. No. Eso no podía estar pasando. Tenía que ser alguna clase de mal chiste.

—¿Vas a… vas a pedirle matrimonio?— el otro no le contestó, pero la sonrisa que le dedicó fue más que suficiente para confirmar sus peores sospechas. El cerebro del mayor entró en corto circuito.

¿Debería alegrarse por él y felicitarlo? ¿Debería alegrarse por Jimin?

¿Debería llorar y rogarle que lo reconsiderara?

¿Debería amenazarlo con que lo mataría si llegaba a lastimar a Jimin?

¿Y si solo saltaba por la ventana? Cierto, la altura no era la suficiente para matarlo

Su pecho dolía, era horrible. Suga no quería eso, no quería sentirse así. Sus ojos comenzaron a cristalizarse. Él sabía desde un inicio que no tenía caso, que la persona a la que Jimin amaba era Jungkook. Aún así una pequeña parte de él siempre se había regodeado al saber que solo eran novios, por lo que podían terminar en cualquier momento. Oh, que equivocado estaba, le quemaba saber que ahora iba a ser definitivo.

—¿Suga?

—¿Eh?— volviór en sí.

—Por fin, pensé que te habías trabado o algo, ya te iba a reiniciar— Jungkook se rió, pero al ver que el otro no lo hacía, se calló —Lo sé, mal chiste, perdón. El punto es ¿qué opinas?—.

—¿Del anillo?

—Así es.

Suga volvió a verlo y soltó un suspiro. Puede que el joven abogado fuera un completo imbécil desconsiderado que no merecía a Jimin, pero había bien al escoger aquel anillo. Era como si le hubieran hecho justo para el bailarín. Simple, pero elegante. Era de aquellas joyas que necesitas apreciar con atención para darte cuenta que su belleza va más allá de lo apreciable a simple vista. Un diseño complejo, a la vez que delicado, hacían de aquel accesorio algo sumamente hermoso. Era Jimin en todo su esplendor. Una pequeña vocecita en su interior lo alentaba a robarselo, y no hablaba del anillo.

—Bueno, se nota que es costoso y elegante. Es… perfecto. Estoy seguro de que se verá precioso en Jimin. No importa lo que se ponga, él siempre se ve increíble. Va a ser el novio más hermoso de todos. Puedo ver sus ojos brillar cuando lo vea. Dios… que maldita suerte tienes, Jeon— su sonrisa era triste.

Jungkook, perdido en su ego al ver que su buen gusto había sido reconocido, no analizó a fondo las implicaciones de la última parte del comentario de Suga.

—Felicita a Jimin por mí. Me alegro por ustedes, por él— tomó sus cosas con una expresión indescifrable en el rostro —Si es todo, será mejor que me vaya—.

—¿Tan pronto? Todavía tenemos tiempo— Comentó Jungkook en un intento por detenerlo —¿No te gustaría tomar una copa conmigo? Aún no te he agradecido como se debe.

Hubo algo en el tono del menor que mandó un escalofrío por toda la columna vertebral de Suga. El joven había llegado hasta su lado, poniendo una mano en su espalda, mirándolo fijamente. No le gustaba esa mirada y ciertamente tampoco le estaba gustando la manera en que la mano del menor comenzaba a descender de forma casi imperceptible. No entendía muy bien qué es lo que estaba pasando, pero el abogado parecía querer un tentempié antes de cenar. Esperaba que solo fuera obra de su imaginación porque, si no, le iba a partir la cara.

No. Tenía que ser su imaginación. Jungkook amaba a Jimin con locura, prueba de ello era la cena romántica que había planeado. Nunca le haría algo así, Suga solo estaba dejándose llevar por su ego.

De igual manera, no quiso esperarse a que el otro hiciera algo más. Retomó su camino hacia la entrada, ahora con más necesidad de irse que antes.

—Será mejor que no nos arriesguemos, existe la posibilidad de que Jimin llegue antes y ya sabes cómo es. Seguramente insistirá en que me quede a cenar y dudo mucho que me quieras aquí cuando llegue la hora.

Jungkook pareció volver a la normalidad.

—...tienes razón. Adiós Suga— fue hacía él —En serio gracias por todo, perdón por mentirte—.

—Ni lo menciones, adiós.

—¡Espera!— El mayor gruñó, ¿por qué no lo quería dejar ir? Ya lo había torturado lo suficiente aquel día —Una última pregunta.

—¿Qué?

—¿Habrías aceptado ayudarme si te hubiera dicho de qué se trataba desde un inicio?

No.

—Sí— y sin querer darle la oportunidad de retrasarlo más, Suga se fue. Jungkook se quedó mirándolo hasta que desapareció de su vista, soltó un suspiro y cerró la puerta. Su celular comenzó a sonar, no tardó ni un segundo en contestar.

—¿Bueno?

—Hola Kookie, ¿me extrañaste?

El abogado sonrió.

—Sí, cada minuto sin ti es una tortura.

Pudo escuchar la dulce risa de su novio al otro lado de la línea.

—Pues te tengo buenas noticias, me dejaron ir antes. Ya voy para allá.

El abogado se sintió aliviado, habían terminado todo justo a tiempo.

—De acuerdo, no tardes muchos o si no me voy a volver loco. Estoy comenzando a considerar besar al florero.

—Eres un ridículo.

—Sólo cuando se trata de ti.

Otra vez aquel adorable sonido. Jungkook podía vivir tan solo escuchando al otro reír, no necesitaba nada más.

—Te dejo, nos vemos al rato. Por favor no beses a ningún florero.

—No prometo nada. Nos vemos.

Terminó la llamada. El joven tenía el tiempo contado, tenía que apurarse o no alcanzaría a arreglarse. Su corazón latía con fuerza.

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Al llegar a su hogar Jimin, se percató de dos cosas. La primera fue el sonido de una campanita en la cocina, parecía tatarse de un temporizador, y segundo, el delicioso aroma que invadía todo el lugar. Poco a poco una sonrisa se fue formando en su rostro, todos los muebles habían sido movidos de lugar para dejar espacio a una pequeña mesita con dos sillas. El lugar estaba siendo iluminado tan solo por unas cuantas velas y algunos arreglos florales en puntos estratégicos de la sala.

Jungkook salió de la habitación que compartían, viéndose injustamente guapo.

—¿Qué es todo esto?— su novio le guiñó un ojo y caminó hasta la cocina. El rubio lo siguió, viendo como sacaba algo que se veía sumamente exquisito del horno. Jimin pudo sentir a su estomago dar un brinco de alegría —¿Tú hiciste todo esto?—.

El abogado dejó con cuidado la charola y se acercó a él con una sonrisa, besando su frente.

—Sabes que no hay nada en este mundo que no haría por ti, Jimin.

Los ojos de Jimin brillaron como estrellas, lo abrazó con fuerza.

—No puedo creer que hayas planeado todo esto solo por mi cumpleaños— se separó para ver todo, metió un dedo ligeramente en la olla para llevárselo después a la boca. Soltó un gemido —Está delicioso, me voy a morir. Tengo al mejor novio de todos. Con razón has estado actuando tan raro últimamente—.

—Ehm sí— Jungkook hizo que lo viera a los ojos —Ahora, Minnie, ¿qué te parece si te vas a refrescar en lo que termino de servir todo? Aún falta una sorpresa más—.

—¿Qué es?

—No sería sorpresa si te digo, anda ve.

El chico hizo un puchero y se retiró a su cuarto para poder cambiarse. Se fue haciendo un baile bastante chistoso.

Jungkook lo miró con adoración, dejando que una sonrisa boba se dibujara en su rostro. Este era el inicio de su "y vivieron felices por siempre". Amaba a Jimin con tanta fuerza, iba a dedicar cada instante de su vida a que el otro fuera feliz siempre. No lo iba a arruinar, no se lo permitiría. Jamás iba a lastimar al otro.

O al menos eso pensaba.