Dos figuras encapuchadas irrumpieron por la puerta principal y entraron a la pequeña salita. Ambos personajes tenían las varitas en ristre y se comían la pequeña habitación con los ojos.

—Harry Potter no está aquí.

Andrómeda Tonks se esperaba que sucediera pronto, ella y su esposo ya estaban al tanto de que el Ministerio de Magia había caído y que los mortífagos se dirigían a todas las casas relacionadas con miembros de la Orden del Fenix para buscar al niño Potter. Era cuestión de tiempo para que los fieles partidarios de Voldemort se presentaran en su casa, su hija era una conocida miembro de la Orden.

La primera figura se giró para mirar a la segunda. El mortífago lo entendió y se adentró en la casa, seguro para examinarla en busca de Harry Potter.

La primera figura se quitó la capucha y Andrómeda apretó más la varita que tenía en la mano. Una persona muy parecida a ella le devolvía la mirada.

—Es un gusto verte, Bella, la libertad te ha sentado bien… ¿Quieres un té?

Andrómeda sabía que estaba tentando a su suerte pero estaba decidida a no mostrarse aterrada, sobre todo frente a su hermana, así que mantuvo la mirada fija en Bellatrix con expresión inalterada.

—¿Dónde está Potter?

—Aquí no—contestó Andrómeda de inmediato—Y tampoco sé dónde está. Así que tú y tu acompañante pueden irse de mi casa.

Bellatrix levantó la varita y Andrómeda contuvo la respiración. Sabía lo que se venía.

No era la primera vez que recibía la maldición cruciatus, pero haberlo sufrido con anterioridad no significaba que pudiera lidiar con ella. Sintió un horrible dolor, tan intenso, tan desvastador, como si cada uno de sus huesos se estuviera haciendo trizas. Sin embargo, y usando toda su fuerza de voluntad, se obligó a no gritar; se mordió a propósito la lengua para asegurarse de que ni el más débil gruñido saliera de su boca. No iba a gritar, no frente a su hermana, no iba a darle a Bellatrix ése placer…

El dolor cesó y Andrómeda se descubrió arrodillada a cuatro patas en el suelo de su casa. Cada extremidad de su cuerpo temblaba y se sentía increíblemente adolorida. La cabeza le daba vueltas. Escupió sangre y saliva.

—Bien, acepto el té—dijo Bellatrix con una sonrisa maliciosa y pasando por encima de ella, sin mirarla. Iba a la cocina.

Andrómeda estuvo unos minutos más en el suelo, respirando con pesadez. Escuchaba voces pero no entendía nada. Luego vio como otra figura pasaba por encima de ella sin inmutarse. La puerta se abría y luego se cerró de un portazo. Se armó de valor y, usando todas las fuerzas que le quedaban, se levantó y caminó hacia el lugar donde había ido su hermana; tenía la varita en ristre, estaba dispuesta a defenderse esa vez… aunque fuera totalmente inútil.

—Te tardaste, Andy, no puedes dejar a la visita esperando. ¿Qué son esos modales?—Bellatrix estaba sentada ya en la pequeña mesa de la cocina, jugueteaba con la varita mientras una sonrisa infantil adornaba su rostro. Se veía como una niña.

Ella, Andrómeda, no respondió, se sentía demasiado débil para hablar y no quería ser honestamente vulgar. No estaba lista para recibir otra vez la maldición cruciatus.

Con rápidos movimientos de su varita sirvió el agua caliente en una taza y llamó una bolsita de té. Lo dejó frente a su hermana y se sentó en otra de las sillas, quedando al frente de su hermana.

Era la primera vez que la veía en años, bastantes años. Comprobó que catorce años en prisión le habían pasado factura pero aún conservaba vestigios de su antigua belleza. Sin embargo, a Andrómeda no se le escapó que su hermana estaba delgada, tenía la piel ligeramente amarillenta y las mejillas hundidas en el rostro. Además, tenía un ligero rastro de locura en el rostro.

—¿Cómo has estado?

La pregunta le sonó sincera y eso hizo que en el rostro de Andrómeda se dibujara una mueca de incredulidad. ¿La mujer que la había torturado hace solo unos instantes se mostraba preocupada por ella? Eso no era más que una broma, una mala broma, pensó furiosa. Apretó la varita con fuerza y se atrevió a mirar por primera vez a los ojos a su hermana.

—¿Acaso te importa?—replicó con vehemencia.

—Eres mi hermana. Cissy y yo estamos muy preocupadas por ti…

Andrómeda no pudo contener la carcajada que brotó de su boca. Las palabras de su hermana la sorprendían y le causaban asco por igual. ¿Bellatrix, preocupada por ella? ¿Bellatrix, quien levantó la varita contra su hija? ¿Bellatrix, la misma bruja que había matado a Sirius?

—El Señor Tenebroso está dispuesto a perdonarte—dijo Bellatrix en voz alta para que su voz se escuchara por encima de las risas de su hermana—Lo hablé con él. Está contento. Está muy contento.

—¿De qué? ¿De qué está contento é…?—Andrómeda se interrumpió de inmediato. No podía meter la pata. No iba a ser tan estúpida de insultar a Voldemort frente a su más fiel seguidora. Si hubiera dicho esas palabras Bellatrix no habría tardado ni medio segundo en volver a usar la maldición imperdonable en ella.

—De tener a los tres últimos descendientes de la casa Black en sus filas, por supuesto—respondió Bellatrix—La Orden del Fénix está perdida, no tardaremos en encontrar a Potter y entonces—el rostro se le iluminó de felicidad a la par que en sus labios se formaba una sonrisa macabra—seremos libres. Ocuparemos el lugar que nos merecemos, los sangre limpia estaremos arriba otra vez, como padre quiso…

—Gracias, pero no me interesa.

Todo rastro de sonrisa desapareció del rostro de Bellatrix, ahora miraba a su hermana con el ceño fruncido y tenía los labios fuertemente apretados.

—El Señor Tenebroso te está dando una oportunidad. No seas estúpida. Aún puedes remendar tus errores. Aún puedo salvarte.

La taza de té se mantenía intacta sobre las manos de Bellatrix, no había bebido ni un sorbo y tampoco parecía interesada en hacerlo. Miraba a su hermana con ímpetu.

—¿Salvarme?—siseo Andrómeda, su mente ya empezaba a descifrar por donde iba el asunto.

—Tenemos que limpiar nuestros árboles genealógicos, Andy. Cortar las imperfecciones para que no contaminen al resto—contestó Bellatrix en un susurro—Esos asquerosos sangre sucia y esas bestias…

—No te entiendo.

—Tenemos que limpiar tu árbol genealógico, tenemos que eliminar las impurezas…—Bellatrix miró fijamente a su hermana—Has cometido errores pero no es nada que no se pueda arreglar. Si aceptas la oferta del Señor Tenebroso, si te arrepientes… Entonces yo tendría que hacer el trabajo por ti, te liberaría de esa escoria…

Las palabras de su hermana le cayeron como un baldazo de agua fría. Había acertado con sus pensamientos.

—No, no, no…—cada palabra que Andrómeda dijo estaba cargada del mismo miedo que hacía temblar su cuerpo—Dora…—Bellatrix hizo una mueca de asco al escuchar ése nombre.

—Son sacrificios que tienen que hacerse—dijo Bellatrix—Además, tu hija se ha juntado con ése ser repugnante, el Señor Tenebroso es bondadoso, Andy, pero no puede tolerar actos tan enfermizos… ¿Aceptaras?

—¡CLARO QUE NO!

Andrómeda se levantó de la silla con tanta brusquedad que la mesita tembló y la taza de té cayo, su contenido se derramó y mojo el vestido de Bellatrix, pero ella ni siquiera se inmuto.

—Ya me imaginaba yo que dirías algo como eso—susurró Bellatrix, cogiendo la varita de la mesa y levantándose de la silla—Pero cuando las cosas estén hechas, no tendrás más que aceptar…

De la varita de Andrómeda salió un rayo de luz roja que Bellatrix evitó con suma facilidad. Ella ni siquiera parecía molesta.

—¿Aceptas, entonces?—preguntó Bellatrix.

—Es tu sobrina…

—Esa asquerosa mestiza no es nada mío—dijo Bellatrix con rabia—Ella y el hombre-lobo… Mira que juntarse con tremenda mugre… Si nuestro padre estuviera vivo, lo mataría el mismo…

—Bella, por favor…

Andrómeda era consciente de que no podría ganarle en un duelo. Ya no tenía caso alguno seguir manteniéndose fría y orgullosa, daría todo de sí por su hija, suplicaría si era necesario. Su hermana era peligrosa, lo sabía. Sus crímenes eran tan horribles como los del propio Voldemort y, además, era bien conocido que prefería jugar con sus víctimas antes de asesinarlas. Tenía miedo, estaba temblando de miedo.

—Hago esto porqué te quiero, Andy—murmuró Bellatrix—Me lo agradecerás.

—No, por favor…—las lágrimas empezaban a nublar su vista—Mátame a mí… A ella no, a ella no…

La mortifaga negó con la cabeza y empezó a caminar con lentitud, dirigiéndose a la puerta.

—¡Impedimenta!

El hechizo falló. Bellatrix la miró, intrigada.

—Déjalo. Nunca has tenido talento para…

—¡Avada Ke…!

Bellatrix la empujo justo a tiempo para hacerla caer antes de que pudiera terminar de hablar. Se subió a horcajadas en Andrómeda mientras presionaba su varita en el cuello de su hermana. Estaba furiosa.

—¿A TU PROPIA HERMANA, ANDY? ¡NO SERÍAS CAPAZ!—gritó Bellatrix, hundiendo cada vez más la varita en su cuello—¡CRUCIO!

Su hermana se retorcía de dolor debajo suyo. Bellatrix se levantó aun manteniendo el hechizo y disfrutando la escena.

—Me lo agradecerás—repitió Bellatrix—Me lo agradecerás.

—Bella… Por favor…—Andrómeda se levantó con lentitud y miró a su hermana, con ojos suplicantes—Haré lo que… quieras… por favor

—Te liberaré de ésa carga.

La mortifaga se subió la capucha y salió de la cocina. Andrómeda la siguió lo más rápido que su debilitado cuerpo se lo permitió. La alcanzó cuando ella se disponía a abrir la puerta para irse.

—¡Crucio!

Esta vez el hechizo si dio en el blanco pero Bellatrix apenas hizo una mueca de dolor. Una sonrisa despiadada apareció en su cara y, por tercera vez, apuntó a su hermana con la varita.

—Tienes que sentirlo realmente. Tienes que desear lastimarme en serio…—susurró Bellatrix, acercándose lentamente—Déjame que te enseñe, siempre has apestado en los duelos, por eso siempre tenía que defenderte, ¿lo recuerdas? No, claro que no… Traidora… ¡Crucio!

Esa vez, más que ninguna otra, Andrómeda deseo morir. Deseo que morir para que el dolor parase. Deseo morir porque el dolor la superaba arduamente, la inundaba, se apoderaba de cada centímetro de su cuerpo y la obligaba a gritar, a gritar como si la vida se le fuera en ello… y, quizá, así fuera.

Lo último que vio Andrómeda Tonks, antes de caer desfallecida en el suelo, fue a su hermana salir por la puerta con las más crueles de las sonrisas.

¡Hola! Creo que ya me empieza a gustar esto de los fanfic's, ja, ja, ja…

Esto es lo que yo creo que paso la noche en la que los mortífagos visitaron a los padres de Tonks. Espero les guste el resultado, ¡y, si es así, agradecería que dejaran un review!

PD: No soy buena para los títulos así que puse lo primero que se me ocurrió, perdón.

Un fuerte abrazo.