Famous Blue Raincoat
Esta historia la escribo con el corazón roto. Esta canción me llega mucho al corazón, espero que la disfruten tanto como yo disfrute escribirla. Basada en la canción Famous Blue Raincoat de Leonard Cohen.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a la imaginación de Stephanie Meyer, yo solo me atormento y me divierto creando historias alternas.
El frio se cuela por la ventana, es un veintiocho de diciembre a las cuatro de la mañana, el cielo está despejado y se respira un aire de tranquilidad. No podía dormir, estaba recordándote, las aventuras que pasamos de jóvenes y como solíamos divertirnos en nuestro pueblo natal, en Forks.
Recuerdo las escapadas y travesuras que frecuentábamos hacer, éramos inseparables, todos sabían que donde estabas tú, estaba yo, y que si algo había pasado nunca nos delataríamos. Éramos los mejores amigos que podría haber en el mundo.
Estoy sentado en el pequeño escritorio que se encuentra en mi habitación con un insomnio que es insoportable. Los recuerdos acuden a mí y generalmente no me atormentan, sin embargo hoy es diferente y me encuentras aquí, escribiéndote esta carta.
Quisiera preguntarte como estas, que ha sido de tu vida, si eres feliz, o si extrañas nuestra amistad tanto como yo, y sin embargo, no encuentro el valor para realizarlas de forma directa. Ni siquiera soy capaz de plasmarlas en esta carta.
Al igual que el frio, las melodías de una famosa canción escrita por Billy Joel entran por la ventana y no puedo evitar sonreír, era nuestra canción favorita cuando pasábamos las tardes junto a la playa haciendo grandes planes que jamás cumpliríamos. Recuerdo que solíamos fantasear con vivir aquí, con salir del pueblo, agarrar nuestras cosas y empezar una vida en esta gran ciudad, llena de oportunidades para la gente que está dispuesta a tomarlas.
Nueva York es la ciudad que nunca duerme.
Me gustaría que estuvieras aquí para contarte de mi trabajo, hablarte de como mis hermanas se encuentran felizmente casadas con unos hombres formidables de los cuales estoy seguro también serías amigo. Me hubiera gustado aún haber conservado la amistad e intentar intimidar esos dos, advertirles que no les hicieran nada o se la verían con nosotros.
La última vez que me atreví a preguntar por ti en el pueblo, descubrí que construiste una cabaña en la reserva, al lado de la playa y en medio de un bosque que tiene un claro que únicamente florece por una cantidad determinada de tiempo. Recuerdo que habías dicho que en aquel lugar te casarías si encontraras a la mujer indicada y que vivirían ahí, en medio de la nada, solo siendo felices ustedes dos.
También me dijeron que te has desprendido de la mayoría de tus bienes materiales, que ahora únicamente vives con lo indispensable, y rara vez paseas por el pueblo; sin embargo, me gusta pensar que aun guardas los recuerdos de cuando éramos niños y nuestra amistad que creíamos inquebrantable. No me gusta pensar que vives sin un propósito.
Siento que ya no puedo dar vueltas al tema que me lleva a escribirte esta carta y la cual trajo de vuelta mi insomnio.
Me gustaría contarte mi lado de la historia de lo que paso aquel veintitrés de abril de hace cinco años.
Recuerdo que ese día estabas de visita en la ciudad, me hablaste para que nos reuniéramos a tomar un café y reviviéramos aquellos viejos tiempos en Forks, sin embargo, yo estaba empezando un nuevo trabajo el cual me estaba sobrepasando y no podía asistir, razón por la cual Bella, mi amada esposa, la cual no olvido fue amiga tuya inclusive antes que yo, decidió que sería bueno recordar viejos tiempos contigo.
Pasaban las cuatro de la mañana del ahora veinticuatro de abril. Ni Bella ni tú contestaban el teléfono, sin embargo no estaba preocupado porque una parte de mi sabia que ustedes estaban juntos.
Escuche la puerta delantera abrirse y fingí que seguía concentrado en lo que la pantalla me mostraba, sin embargo, una parte de mi estaba consciente de que se habían reunido desde las diez de la mañana del día veintitrés de abril y ahora eran las cuatro de la mañana del día veinticuatro. La puerta de mi despacho se abrió lentamente y una Bella sollozante entro a la habitación, me miraba arrepentida pero sin ningún rastro de culpa y podría notar que algo dentro de ella había cambiado. La observe de arriba para abajo, asegurándome de que se encontraba bien físicamente. Lo único diferente en ella, a parte de su mirada cambiada, es que no traía ni una gota de maquillaje y su cabello estaba mojado, sin embargo, afuera no estaba lloviendo.
Mis ojos descansaron en su mano derecha, la cual tenía pegada a su pecho, a su corazón, y me di cuenta que en ella traía un mecho de cabello y fácilmente pude reconocerlo como tuyo. No me moleste en preguntarle qué había pasado, era obvio y decirlo en voz alta solo lo haría un poco más real de lo que ya era, así que lo único que pude hacer fue preguntarle porque traía un mechón de tu indiscutible cabello a lo que ella me respondió que tu se lo habías dado el día de hoy, el día que habías planeado contarme tus sentimientos hacia mi esposa.
¿Aún quieres hacerlo?
La última vez que te vimos, el día veinticinco de abril, estábamos en la estación de trenes, tu mirada se veía derrotada y tu famoso abrigo Burberry estaba roto de un hombro. Estabas solo y parecía como si estuvieras esperando a todos los trenes esperando que alguien en específico bajara. Primero bajo Bella y tu mirada se ilumino, sin embargo, después me viste a mí, y vi una sonrisa en tu cara llena de dolor. Me gustaría decir que me arrepiento, pero no puedo.
Nos acercamos a ti, te salude de forma distante y tu lo notaste. Eras consciente que yo sabía lo que había pasado entre mi esposa y tú. La mujer a la que amo, la luz de mis días y mi más grande tesoro. Tesoro que pensabas robar. Bella y yo nunca platicamos de lo que paso aquel veintitrés de abril, por que los dos sabíamos lo que había ocurrido, y los dos sabíamos que me elegía a mí.
Me pregunte donde estaba tu prometida, "Lily Marleen", como solías decirle en referencia a esa canción de guerra.
Aquel día que tu y Bella se fueron juntos, la vez que vi mi fin más cerca, fue como si le hubieras regalado a ella una parte de tu vida, ella regreso con un cambio en su mirada, se notaba más feliz con ella misma, más tranquila. Y en cambio, tu mirada se notaba rota.
Cuando ella regreso conmigo, ya no era Bella la esposa de alguien, era una Bella independiente.
Cuando mi mente decide que estoy muy feliz, decide recordarme aquella fecha y puedo imaginarte conquistando a mi mujer como el romántico que eres, con una flor entre tus dientes, sonriéndole de lado, como si fueras un ladrón gitano.
Escucho ruido a mi derecha y volteo sonriendo fascinado ante la mujer que tengo la suerte de llamar mi esposa, Bella está despertando.
Ella te manda sus saludos.
¿Y que más te puedo decir? Mi hermano… mi asesino, que mas puedo contarte que no sepas. Quiero que sepas que te extraño, y que creo que te perdono y que me alegra mucho haber coincidido contigo en esta vida.
A pesar de todo lo que ha pasado, si alguna vez vuelves a Nueva York, por Bella o por mí, quiero que sepas que yo no pondré resistencia y que si Bella se quiere ir contigo, aunque casi me mate, ella es libre.
Por último, me gustaría agradecerte por quitarle el dolor que cruzaba su mirada, siempre lo había visto y nunca había logrado identificar que era y pensaba que estaba ahí para bien, que era una parte más de mi Bella, así que nunca intente hacerlo desaparecer.
El recuerdo me atormenta y me tortura, la imagen de Bella regresando un veinticuatro de abril a las cuatro de la mañana, con un mechón de inconfundible cabello cobrizo entre sus manos me desgarra, me dijo que tu se lo diste el día que pensabas venir a decirme que estabas enamorado de ella, mi esposa.
Te extraño, te quiero y te perdono.
J. Black.
Hola de nuevo. Espero que les guste esta historia, tiene un lugar muy especial en mi corazón.
Estoy en cuarentena por lo de COVID-19, probablemente como la mayoría de ustedes, así que decidí que era momento de volver a escribir. Cuídense, quédense en sus casas.
Espero sus reviews con sus comentarios.
Eternamente agradecida, por siempre y para siempre, Itt
