Disclaimer: Over The Garden Wall no es de mi propiedad, todos los derechos son de su creador y de cartoon network. Esta mini historia es realizada sin fines de lucro. No me demanden por favor, que escribo solo por amor al arte y a la serie.

La historia será bastante corta, estará hecha de diez mini capítulos como en la serie. Salí de la universidad hace dos años, ahora trabajo y hace tiempo que no escribo nada, la idea me llegó de la nada y lo escribí lo más rápido que pude. Disculpen los errores pero prometo que los haré llorar un par de veces. Así que, disfruten.

Perdóname por ser tan cruel

Capítulo 1: Los estragos del primer amor

Dicen que una acción vale más que mil palabras, pero nadie dice que las palabras pueden hacer que las personas vayan al cielo de tanta alegría o ser tan dulces como los chocolates o tan afiladas como los cuchillos. Wirt aprendió, muy a la mala, que las palabras pueden llevarte al borde del abismo si no son filtradas por la razón.

Era un verano por la tarde, la escuela a donde Wirt y Greg asistían ya tenía a sus alumnos en el pórtico ansiosos por salir. Greg quería localizar a su hermano para mostrarle el dibujo que había pintado durante la clase de ciencias, se trataba de un bonito bosque frondoso y con animalitos asomándose por doquier.

El pequeño niño de ocho años admitió que se había inspirado en su viaje a lo desconocido, recordando solo las bellas cosas que había visto. Su maestro de ciencias naturales les explicaba que todo en la vida había un balance, los ecosistemas debían estar en un equilibrio perfecto, y pidió a sus jóvenes pupilos que pintaran un bonito paisaje para valorar la naturaleza.

— ¿Me pregunto si Wirt recordara algo de lo que vivimos hace ya dos años? — se cuestionó estirando el pescuezo para localizar a su hermano de quince años.

— ¿Y Wirt? — preguntó una jovencita de cabello negro y piel ligeramente morena.

— ¡Oh, Sara! ¡Feliz aniversario! —La chica se ruborizó ante el abrazo del pequeño niño, ella y Wirt cumplían un año de novios.

—Ah, Greg— Wirt interrumpió— solo los novios se felicitan entre sí ¿lo sabías?

— ¡Wirt! — exclamó feliz como siempre. El pequeño niño siempre se alegraba de ver a su hermano cada vez que se separaban, debido a las clases o lo que fuere— Tengo que mostrarte algo…

—Sí, espera. Debo hablar con Sara primero—

Greg se detuvo en seco ante la respuesta de su hermano, Wirt y Sara caminaron hacia el árbol más próximo para charlar. Wirt estaba tan nervioso que deseaba que todo saliera bien. Había preparado un poema y una canción para su amada, mientras dialogaban, Wirt sacaba de su mochila su clarinete, el joven trató de arrodillarse ante su amada para desde ahí dedicarle la melodía que preparó para ella.

—Wirt, espera. No quiero que me dediques nada.

El corazón de Wirt se achicó en ese momento— ¿Todo bien, Sara?

—No, Wirt. Nada está bien. Lo que hemos vivido es grandioso pero es momento de que cada uno continúe su vida experimentando por aparte ¿me entiendes?

—Ah, no— acotó.

Sara bajó la mirada intentando encontrar las fuerzas necesarias— Me refiero a que tu… yo… bueno... —balbuceó.

— ¿Estas terminando con Wirt? — interrumpió el pequeño colocándose a un lado de ellos.

—Si— acotó Sara.

— ¿Es porque ahora te gusta Jonathan el tigre?

— Sssh ¡Greg, silencio! — el mayor de los hermanos jaló al niño tapándole la boca como en los viejos tiempos.

—Wirt, terminamos.

—Sara, no entiendo— expresó tratando de decir cualquier cosa que pudiera salvar la situación— estoy dispuesto a actuar como tú me pidas, me gustas mucho, te amo, lo sabes.

— ¡Oh, Wirt!, no me hagas esto más difícil. Afronta los hechos, también me gustas pero quiero seguir creciendo. Quiero a alguien que no tenga que llevar a su hermano a todas las citas, a alguien maduro que no se preste a los juegos de un niño. A alguien que no invente historias alocadas sobre un bosque, una bestia, animales que hablan y personajes muertas que están en el cementerio. Madura, Wirt. Nos vemos en clase, no hagas nuestros encuentros incómodos.

Sara giró y se marchó dejando a los hermanos atrás. Había sido dura con su ahora ex novio pero no podía sentirse culpable por pensar así.

—Sin Sara la abeja, tú y yo podremos pasar más tiempo juntos, ¿verdad, Wirt? — agregó Greg con la mejor intención del mundo, un niño de ocho años no comprende sobre el amor ni los corazones rotos.

— ¿Acaso no prestas atención? ¡Debo madurar, Greg! Y tener un hermano que tiene casi la mitad de mi edad no ayuda en nada.

Nadie le dijo a Wirt que las hormonas a los quince años de edad, hacen que uno sea demasiado extremista a la hora de expresar las emociones, nadie le dijo a Wirt que se estaba guiando por un sentimiento de odio injustificado y que pronto se arrepentiría de cada una de sus afiladas palabras.

—Me voy a casa. —Greg siguió a su hermano— ¡Alto! No me sigas, quiero estar solo.

Wirt corrió lo más rápido que pudo, los pequeños pies de Greg no pudieron seguirlo por mucho tiempo. Cuando el joven de orejas grandes perdió a su hermano, tomó otro camino para descansar en la pared de algún callejón y llorar amargamente. Después de todo, Sara había sido su primer amor.