El ruido de alguna criatura corriendo entre los arbustos despertó al joven Hilyan, quien de inmediato llevó su mano a la empuñadura de la espada Maestra en una postura completamente defensiva.

Atravesar el templo del agua no fue una tarea fácil, y el agotamiento que ahora nublaba sus extremidades sumado al frio que se hizo presente al caer la noche, había obligado a Link a montar un apresurado campamento en los límites del ahora renacido lago Hylia. Con los nervios de punta e iluminado únicamente por una fogata a punto de consumirse, logró distinguir la silueta de un escurridizo Deku que se alejaba asustado.

Falsa alarma.

El rubio respiro aliviado, agradecido de que su hada no se hubiese despertado con el ruido. Se recostó en el césped adormilado e intento descansar nuevamente mientras recordaba los últimos eventos de su vida. Se sentía frustrado, a cada paso que daba, se acercaba más al paradero de Zelda, pero sentía que perdía mucho en el camino. Las dulces palabras que Saria le había dedicado al rescatarla en el templo del bosque aún resonaban en su mente y por más que le daba vueltas al asunto no podía comprender porque el destino había creado entre él y su mejor amiga una brecha tan grande como la que ahora los separaba. Ella la guardiana del bosque, y él el Héroe del Tiempo.

Suspiró con pesar, aquellos a los que más apreciaba y con los que de una u otra manera había formado un vínculo, se despedían de él, para tomar una responsiva que él consideraba injusta.

Saria, Darunia, y ahora Ruto también. En el fondo de su corazón solo deseaba que Él no fuese un sabio también. De lo contrario, también se apartaría de su camino y eso sería un golpe muy duro. Link sabía que aun después de vencer a Ganondorf, ellos permanecerían en el corazón de sus templos manteniendo a raya la oscuridad que abrazaba a los mismos.

Poco a poco el cansancio lo venció, mientras los recuerdos y pensamientos hacia la amiga de toda su vida, inundaban su sueño. No se aferraba a ninguno de los recuerdos que llegaban a su mente, simplemente se dejaba llevar por los cálidos sentimientos de ver a la pequeña niña sonriéndole con dulzura, corriendo a su lado, tomándole de la mano y llevándole por sendas del bosque perdido que él no conocía, se veía a sí mismo siendo un niño, jugando con Saria, persiguiéndose el uno al otro y atrapándose para dejarse caer en el césped como en los viejos tiempos, no existía nada más en aquel lugar más que ellos dos y Link se dejó embargar por ese reconfortante sentimiento. De un momento a otro la calidez de unos brazos que rodeaban su cuello remplazó el sentimiento de alegría por confusión, al percibir una silueta de cabello rubio y afilado cuerpo, sentarse en el regazo de su ahora cuerpo adulto. Mientras que de manera automática él posaba sus manos sobre la cintura de su acompañante, en una acción que se sentía tan natural como incomprensible. Las manos ajenas viajaban desde su cuello hasta su firme pecho en repetidas ocasiones, mientras Link tragaba saliva de manera pesada, sin saber realmente porque disfrutaba tanto de esa inusual caricia, sabiendo perfectamente bien a quien pertenecía. El de ojos de rubí que lo miraba intensamente acercó sus labios hasta una de sus orejas solo para susurrarle palabras que él no comprendía, pero que le arrancaban pesados suspiros. El chico en sus brazos se comportaba de una manera inusual, mientras acariciaba su rostro y reía de una forma que él nunca había escuchado. Y el deseo de querer hacer algo más, sin saber exactamente qué, lo golpeo de lleno.

-¿Está bien si… te toco yo también… como tú lo haces? – La burlona risa del otro le llegó hasta sus oídos.

-Aun te falta mucho por aprender, héroe del tiempo.

Link solo asintió sintiéndose un poco ofendido, mientras comenzaba a hundir sus dedos en el rubio cabello de su amigo, mientras este dejaba escapar un pequeño jadeo que a Link le provocó escalofríos. El rubio sintió calor en su bajo vientre y por un momento se sintió perdido. La imagen de los rubís se volvía borrosa ante sus ojos, y Link despertó de golpe. Con la respiración agitada, la frente sudada y una desconocida molestia en su entrepierna, el joven héroe sentía su rostro arder.

¿Qué rayos acababa de pasar?

Link intentó tranquilizarse, mientras rogaba a la trinidad de Diosas que Navi no se hubiese despertado con el alboroto, lo cual para su suerte, no había ocurrido. Aun su mente era un lío que trataba de dar sentido al extraño sueño que acababa de tener, y percatándose del bulto que había ahora bajo el faldón de su túnica Link se sintió aterrado.

Aquello nunca le había pasado y sintió la sangre helada por un momento, que tal si aquello era un parasito como los que se encontraban en el cuerpo de Lord Jabu-Jabu, o algún fantasma de la mazmorra en el bosque, o una skutulla que se coló bajo sus mallones , diablos. Link se sintió palidecer y mientras más se aceleraba su pulso, más sentía esa desconcertante presión bajo sus mallas.

Temeroso de cualquiera de los anteriores escenarios, Link sintió la urgencia de cuestionar a Navi, aunque de pronto la idea de hacerle saber a su amiga sobre su problema sonaba aún más aterradora.

Link llevó una de sus temblorosas manos hacia la parte baja de su vientre y de manera superficial toco esa parte dura en su anatomía, sorprendiéndose al recibir a cambio un agradable cosquilleo. El rubio repitió la acción un par de veces hasta que perdiendo poco a poco el miedo e incitado por la agradable sensación que le provocaba su propio toque, decidió profundizar más su exploración.

Link no fue consiente del momento en el que se quitó los guantes o de la forma en que su respiración se volvía cada vez más ruidosa, tampoco notó como de su boca se escapaban pequeños y roncos jadeos, solo se perdió en la ajena y satisfactoria sensación que le producía acariciar su endurecida hombría en un ritmo frenético y experimental.

Algo se sentía crecer en su interior, mientras su mano se humedecía haciendo la sensación incluso más placentera.

Link se detuvo de golpe al escuchar ligeros murmullos provenir del hada junto a él, y temiendo que Navi se hubiese despertado, el héroe se sintió morir de vergüenza sin saber exactamente porqué.

El chico se levantó en silencio, y dando una última mirada a su pequeña amiga que dormía plácidamente en el césped dentro de su gorro, se dirigió hacia la orilla del lago.

Ahí lo vio, sentado en las ramas de un abeto, sujetando su Lira sobre su regazo, con los vendados dedos temblorosos que se deslizaban sobre las cuerdas acariciándoles, como pidiendo permiso para romper el silencio de la noche y tocar alguna de sus melodías.

Link le miró fascinado y olvidándose de su problema por un momento, decidió que no podía ser casualidad que el Sheikah se encontrase en el mismo sitio. Definitivamente estaba ahí por él, por lo que no le sorprendió cuando este comenzó a hablarle sin siquiera dirigirle la mirada.

- Las noches de Hyrule arrastran el dolor de las almas condenadas que sucumbieron ante la oscuridad, la pena y el lamento de los caídos son palpables sobre estas tierras. El joven héroe bendecido por las diosas no debe permitirse bajar la guardia.

Que se supone que significaba eso, Link no estaba realmente seguro… pero palideció de inmediato.

-¿Sheik, Cuánto tiempo has estado aquí?

-Sigo tus pasos desde que dejaste el templo del agua.

¡Pero qué diablos! Ósea que, acaso lo había visto hace un momento cuando estaba… Link clavó su mirada en el piso con el rostro completamente rojo.

Sheik comenzó a tocar su lira aun sin mirar al rubio.

-El destino ha puesto sobre tus manos el peso de la espada que doblega a la oscuridad, solo tú puedes devolver la paz a estas tierras, mi deber es cuidar desde las sombras tu camino.

-SU deber – Ósea que hacia todo eso solo por obligación. Link sintió una presión en su pecho – ¿El sabio de la luz te dio ese deber?

El menor negó -A pesar de que el sabio Rauru me ha dado las herramientas para guiarte. – Sheik señalo su Lira para reforzar el punto. – He sido yo mismo quien se ha autoimpuesto la necesidad de velar por tu seguridad.

Link se permitió sonreír de manera casi imperceptible, no queriendo que el otro notara la alegría que le causaban sus palabras.

-¿Todos los Sheikahs hablan así, o es solo cosa tuya?

-La prosa, forma parte de nuestra educación, para que la elocuencia de nuestras palabras lleve consigo las plegarias hacia nuestras diosas.

-A mí… me gusta tu forma de hablar.

Sheik por fin giro el rostro para mirarle, y Link se sintió intimidado por el brillo de los fieros rubíes que lo miraban desde lo alto.

-Regresa a tu campamento joven héroe, por esta noche, seré tu vigía para que puedas descansar. El resto de los sabios aún esperan ser despertados. Necesitas recuperar todas tus fuerzas.

El rubio asintió en silencio y se dio la vuelta para volver sobre sus pasos, pero se detuvo, consideró las opciones que tenía y pensando que esta era la mejor oportunidad que tenía para aclarar sus dudas, se armó de valor para cuestionar al otro.

-Mmmh… Sheik, tu eres un hombre, ¿verdad?

Sheik asintió sin decir una sola palabra. No sabiendo si sentirse ofendido o no.

-¿Puedo preguntarte algo?

-De hecho, ya lo hiciste.

-No eso no, Aggh… - Aquello parecía más difícil de lo que pensó. – ¿Alguna vez a ti... este… se te ha puesto dura?

Sheik dejó escapar un pesado suspiro. Cuando se comprometió en la labor de guiar al Héroe del tiempo, jamás se imaginó que se vería envuelto en una situación de este tipo.

Por supuesto que sabía a qué se refería Link. La guerra que actualmente se cernía sobre Hyrule había dejado muchos estragos en su persona. En un último intento de escapar de las garras de Ganondorf, Impa había conjurado con ayuda de su propio poder un hechizo sobre ella para esconder su fragilidad, y con ello su vínculo con las diosas. Zelda renunció a la edad de doce años a todo lo que una vez fue, para encarnarse bajo la curtida piel de un joven Sheikah, con todos los cambios que con ello arrastraba. Había cambiado su feminidad por el beneficio de un cuerpo masculino que le permitiría esconderse entre las sombras de un reino devastado. Esa misma tarde Impa comenzó a tutorar su entrenamiento Sheikah de manera estricta, e inclemente. El nombre de Zelda jamás volvió a brotar de los labios de su maestra para nombrarla, a partir de ese momento él se convirtió en Sheik. El joven que consagraría su vida a convertirse en un guerrero y en el futuro guía del Héroe del tiempo, una vez despertara de su letargo. Entrenando día y noche hasta que su cuerpo no pudiera más. Y aunque el sacrificio bien lo valía, los obvios cambios en su anatomía habían acarreado consigo vergonzosas situaciones parecidas a las que ahora libraba el desorientado Hylian que tenía enfrente. Habían pasado años desde que le ocurrió por primera vez. Aunque después de todo él había tenido a Impa para explicarle todo en su debido momento. Con el tiempo simplemente se acostumbró tanto a quien era ahora, que en ocasiones se cuestionaba como se sentiría una vez llegado el momento de volver a ser quien era en verdad. Tenía mucho que no pasaba por uno de esos dilemas de identidad.

Sheik suspiro nuevamente, tendría que darle 'esa charla' a Link y sentirse como una princesa puritana avergonzada, definitivamente ya no estaba en su abanico de recursos actorales.

El Sheikah bajo del árbol para no tener que hablar en una voz tan alta, y se sentó en la orilla del lago incitando a Link a hacer lo mismo.

-Lo que te ocurre Link, es algo normal. Les pasa a los chicos cuando comienzan a volverse hombres.

-¿A ti también?

-Sí, aunque normalmente ocurre a los 12 o 13 años, pero durante ese tiempo tú cuerpo permanecía sellado, por lo que es normal que te pase ahora. A veces ocurre cuando estas dormido, y no puedes controlarlo. Pasa cuando te sientes sexualmente atraído por alguien, tu corazón se acelera y la sangre se dirige a esa parte de tu cuerpo, produciendo una erección.

-Oh… - Link se quedó pensativo. – ¿Qué es 'sexualmente atraído'?

-Es cuando alguien te gusta mucho. Y deseas estar muy cerca de esa persona. Y quieres tocarla y tener contacto físico íntimo con ella.

-Mmmh ya… ¿y eso es algo… malo?

-No lo es, nunca es malo desear la cercanía de alguien. Aunque te recomiendo que seas discreto con ello. No es algo de lo que puedas hablar abiertamente con muchas personas.

Si… eso pensé. ¿Y cómo se cura?

-Link, no es una enfermedad. Por lo general la excitación se baja, cuando intentas tranquilizarte.

-Hace un rato cuando me tocaba se sintió bien.

-A eso se le llama masturbación. Puedes hacerlo algunas veces para aliviar tensión, aunque una ducha fría también funciona.

-Mmh ok…- Link se quedó pensando un momento, hasta que decidió levantarse abruptamente, quitándose rápidamente sus botas, su túnica y el resto de su ropa.

Sheik le miraba perplejo mientras el Hylian avanzaba y se sumergía en el agua del lago hasta la cintura. Que chingados le pasaba a Link por la cabeza, Sheik tragaba pesado e intentaba mirar a otro lado sin éxito. Los años le había caído a Link jodidamente bien.

-¡Ven Sheik no esta tan fría! – El corazón de Sheik se aceleró a mil por hora cuando el rubio peinó hacia atrás los mojados mechones de cabello que se pegaban en su frente. Esto no podía estarle pasando, justo hace unos minutos el había tomado el rol del adulto maduro entre ambos, y ahora simplemente estaba ahí como un adolescente hormonal deseando que Link no fuese tan exhibicionista, pero después de todo no podía culparlo, se supone que estaban "entre hombres".

-Si ya solucionaste tu problema, deberías salir del agua ya. No es seguro.

-¿Se supone que tu estas cuidando, no? – La sonrisa que Link le dedicó le seco la garganta.

-Igual se supone que debes descansar.

-Sabes, No he tenido tiempo de darme un buen baño en un rato, y como tú estás cuidando puedo tomarme el tiempo que quiera.

-Acabas de salir del Templo del Agua. –"Maldición".

En efecto Link se tomó su tiempo para salir del agua, y cuando decidió que ya había sido suficiente simplemente caminó de vuelta hacia donde estaba toda su ropa sin ningún tipo de pudor por pasearse desnudo frente a un Sheik que se miraba cada vez más nervioso.

-Rayos, no tengo con que secarme. – Link se rio tontamente mientras se colocaba solo su túnica verde, humedeciéndola en el proceso, un estornudo se le escapó poniendo en evidencia que se estaba resfriando.

Sheik bufó y rodó los ojos. Porqué Link se empeñaba en hacer su trabajo más difícil. Invocó solemnemente el fuego de Din sobre las palmas de sus manos, haciendo gala de un nivel de control que ni siquiera Link poseería en un futuro.

-Acércate.

Link sorprendido no dijo nada, simplemente se sentó de piernas cruzadas frente a Sheik dándole la espalda, imitando su postura como un niño pequeño maravillado. Y se dejó envolver por el aura de calor que rodeaba al otro. Sheik pasaba una de sus palmas sobre el pecho de Link sin llegar a tocarlo, transmitiendo un calor que no llegaba a quemar mientras hundía la otra entre sus hebras doradas de cabello, para secarlo.

Link se sentía mareado por el contacto, cerró sus ojos extrañamente abrumado por la sensación de tener a otra persona brindándole tales atenciones, sobre todo porque esa persona era Sheik. El único que lo había acompañado en su camino, que le había brindado su ayuda para guiarlo, cuando todos los demás simplemente lo dejaban a su suerte esperando que fuera por la vida resolviendo los problemas de otros y librando al mundo de la maldad que lo ensombrecía, Sheik había estado para apoyarlo, dispuesto a luchar junto a él de ser necesario. Haciéndole sentir que su carga no era tan pensada como realmente era, y haciéndole saber que de hecho podía vencer al Rey de mal. Link se perdió en sus pensamientos mientras poco a poco recostó su espalda sobre el pecho del Sheikah, permitiéndose relajarse mientras recostaba su cabeza sobre la curvatura entre el cuello y el hombro del otro chico.

Sheik se paralizó, sin saber si continuar o no, no se supone que las cosas se tornaran así. El nerviosismo nuevamente comenzó a trepar por su espalda.

-Sheik. – Su nombre casi se escuchó como un murmullo en los labios del otro. – Me gusta lo que estabas haciendo, por favor sigue.

Sheik asintió, volviendo a la labor de brindar calor al frio cuerpo del héroe. Link aun con los ojos cerrados, sujetó la mano de Sheik que se paseaba por sobre sus costillas y sin vacilar la llevó por debajo de su túnica posándola sobre su pecho contra su húmeda piel desnuda, convirtiendo el contacto del Sheikah en una caricia.

-¡LINK!

-Tu dijiste… – La voz del rubio sonaba ronca, casi como un ronroneo. –…Dijiste que no era malo querer tener contacto físico con otra persona.

-Sí, lo dije… pero me refería a solo con la persona que te gusta. – Sheik miraba hacia otro lado, con el rostro completamente enrojecido. No deseando realmente alejar al chico entre sus brazos. Pero qué otra cosa podía hacer. Aquello se miraba a todas luces incorrecto.

-Y qué, si tú me gustas.

- Eso no es posible.

El agarre que link tenía sobre la mano del otro se intensificó enredando sus dedos juntos y presionándolos aun contra su pecho para embriagarse con su calor, volviendo la caricia aún más íntima. Sheik sintió una profunda punzada en su pecho.

-Eso no lo decides tú.

Sheik no hizo ademan de moverse, y tampoco respondió, solo se permitió envolver al héroe del tiempo entre sus brazos mientras silenciosas lagrimas amargas rodaban por sus mejillas para perderse bajo su bufanda.


Dafaq… En serio. Tengo algo mal en la cabeza. Pero no pude evitarlo, estaba jugando nuevamente OoT y simplemente tuve ganas de escribir esto. Yo sé que Miyamoto "confirmó" ya que Sheik no es hombre y que solo es Zelda con un disfraz, pero que no jodan, eso suena más a la barra que se usa para sacar la llanta de un bache. Porque Sheik se mira hombre por donde le mires. Con todo y todo. Y aunque todos sabemos que es Zelda, no sabemos realmente hasta qué punto llega su "disfraz". Y En mi fic se vuelve hombre, punto se acabó.

Aun así quería compartirlo, por si alguien lo encuentra atractivo de leer, dejen por ahí un review discreto, yo lo agradecería mucho. Y pues, lo escrito, escrito está. No me arrepiento de nada.

Que viva el LinkXsheik