—"Si tú me cuidas yo te protegeré"— fue lo único que se repetía en mi cabeza, hasta hace unas horas él estaba sano y con vida.

No quería creerlo, tenía que salvarlo. Aun estaba tibio y el pueblo a unos minutos. Con las pocas fuerzas que me quedaban seguía corriendo. No quería escuchar nada, él seguía en este mundo.

¿Cómo llegamos a esto?...

Eran las siete de la mañana cuando una carta me llegó.

—Lo lamento Kohaku— esas fueron las palabras de mi padre —Tu futuro prometió desistió...— no tenía problemas con eso, no me agradaba la idea del matrimonio de todos modos.

—No hay problema, siempre es lo mismo ¿Verdad?— me pare calmada y salí de la habitación, tenía ganas de llorar, mi hermana Ruri se casó hace unos meses con su amor de la infancia, eran felices. Intenté negar la idea de hacer lo mismo, para ellos estaba bien.

Termine cerca a un arrollo en medio del bosque mirando mi reflejo. —Debo ser realmente fea para espantar a todos— lancé una piedra la cual borro la imagen frente a mi, me arrodille y solo esperaba en silencio.

—Solo eres una leona sin suerte— gire mi vista y ahí estaba el causante de todas mis desgracias.

—Ishigami Senku, le diré por milésima vez... ¡No soy una leona!— al escuchar mi queja él soltó una risa y se puso a mi lado. —¿Otra vez alguien desistió?— no entendía como podía leerme. Era molesto el que me entendiera pero yo no a él. —Le pusiste una trampa o le hablaste de mi supongo, lo hiciste desde que te enteraste de mi primer pretendiente— se quedó callado mirando a la nada —No me mal intérpretes, solo hago lo que me lo pidió tu hermana, alejarte de quienes solo quieren estas tierras— sería una excusa vaga si no fuera verdad, los escuché hablar antes de que ella se casará. Escuché ese pedido, pero lo que me dolió es que solo lo haga por eso —cásate conmigo entonces— le replique antes de girarme y mirarlo a los ojos —Cásate conmigo Senku—

—Wow cálmate leona no es...— me lance encima de él sujetando sus manos con fuerza —lo prometiste hace diez años en este mismo arrollo ¡Cumple tu palabra poco hombre!— soltó una risa sarcástica —Era una cosa de niños— me acerque a su rostro hasta rozar nuestras narices —Entonces ¡Permite que me pueda casar con cualquier hombre que me proponga matrimonio!— lo deje libre y me puse de pie dispuesta a irme.

Él solo se rascó la oreja derecha con total indiferencia, una costumbre que tenía desde que tengo memoria. Se paró enfrente mío y habló —En primera solo soy un sirviente que acata las órdenes de la señorita Ruri, en segunda mis planes de tener más conocimiento sobre la tecnología de este mundo son más grande que contraer matrimonio, en tercera...—

—Esta bien si ya entendí— puse mis manos sobre sus labios, era molesto oírlo hablar —Es solo que... Creí que todos estos años marcaría la diferencia— solo desvíe la mirada, era molesto ver cómo alguien a quien quisiste desde el inicio te desprecia de esa forma —Solo hagamos una cosa ¿Quieres?— baje lentamente los brazos y reino el silencio por unos segundos —Solo cuídame, y yo te protegeré— sus ojos rojos se llenaron de asombro y confusión.

—¿Qué se supone que significa eso?—

Esbocé una sonrisa y camine como si no importará. Escuché su llamado pidiéndome una explicación, solo corrí y sentí que él me seguía. Era gracioso nunca podría alcanzarme con ese cuerpo tan débil.

—¡Es mi forma de calmarme!, ya deberías saberlo— Intente cambiar muchas cosas con forme la gente me miraba de mala manera. Solía explotar con violencia ante cualquier injusticia o pretendientes mañosos, eso hizo que poco a poco vinieran más personas rastreras y egoístas.

Todos querían que fuera como Ruri pero no podía, Senku era el único que no me pidió cambiar ¿Por qué? Aún me preguntaba eso. Empecé a recordar con todos los infelices que llegaron, recuerdo al primero, era un rubio llamado Ginro, era una escoria de persona. Se enteró que era bonita y con dinero e hizo de todo por "ganarse" mi afecto. El chiste no le duró tres días, de manera "misteriosa" se enfermo del estómago lo que no lo hizo volver.

Al segundo y tercero les pasó lo mismo, solo que en diferentes situaciones. El cuarto nunca llegó y el quinto... Él si parecía una buena persona, se llamaba Matsukaza. Era amable, atento, y de alguna forma no le importaba como era. Pensé que él era el correcto, se quedó con nosotros 2 meses y una semana. Un día antes de que se fuera me pidió una cita, reímos, entrenamos, bromeamos, fue divertido. Cuando el día acabó nos sentamos bajo un árbol cerca a mi casa, me entrego una nota y con una sonrisa se fue. No lo he visto ni sabio de él desde ese entonces.

Frote mis ojos con fuerza lo que no evito caer en una trampa hecha por Senku unas semanas atrás. La había olvidado, se suponía que era para cazar algún venado y no a mí.

—Debes... Dejar... De hacer eso...— la respiración de mi compañero dejo ver muy claro que esa carrera le había costado.

—Solo sácame de aquí— el hecho de estar colgada no ayudaba, el vestido que traía se empezaba a caer mientras me moría de la vergüenza. Sentí mi rostro arder y solo cerré los ojos esperando alguna burla de Senku.

—Esas fueron mis palabras— No pude contestar porque fui recibida por el suelo. Me sobe la cabeza y él se acercó. —Lo se muy bien, mi memoria no es tan mala como la tuya idiota— tomo un trapo y me limpio el rostro. —No puedo ofrecerte nada, lo único que puedo hacer es cumplir esa promesa, protegerte— sus ojos por segunda vez volvieron a verse tristes, apagados. Instintivamente mi mano derecha subió hasta su rostro y acaricio su mejilla. —Vuelve y no cometas otra tontería leona— seguía inmóvil, ví como su silueta desaparecía entre los árboles. De mis ojos brotaron lágrimas, me sentía correspondida y a la vez maldita por las clases sociales. No me importaba nada de eso en realidad, pero que eso viniera de su boca implicaba una razón más fuerte. Lo sentí alejarse más de todos cuando su padre murió en circunstancias extrañas, y no se a hallado algún culpable. Pero ya habían pasado dos años.

Me quedé sentada una hora más, mirando como el cielo cambiaba sus colores por un naranja rojizo. Camine a casa con una molestia en la espalda, sentía que algo no andaba bien y apresure mi paso. Al llegar todo se encontraba igual, mi padre en su cuarto, algunas señoras caminando de un lado a otro con sábanas y Senku caminando a la habitación de mi padre. Frote mis ojos, era Senku yendo con mi padre. —¡Oye!— capte su atención y logré alcanzarlo. —¿Qué se supone que haces?—

—Lo mismo que tus otros pretendientes, pedir tu mano en matrimonio— colocó sus manos a la cadera mostrando una risa burlona —¿Eso era lo que querías cierto?— otra vez sentí mi rostro rojo —Crei que no querías— fue lo que salió de mis labios a modo de susurro lo que provocó que sacudiera mi cabeza de manera acelerada —¡No dije nada de eso!— su risa me hizo enojar y antes de que pudiera darle un golpe tomo mi mano —Ey tranquila no te quitaré la libertad, es solo que al fin se cómo vengar a mi padre— sus palabras me extrañaron, Senku no era un chico vengativo. Hasta donde sabía.

—Me costo mucho pero lo he encontrado, y tú padre prometió ayudarme. Tenemos que actuar rápido o vendrá por nosotros— su rostro se torno serio, me soltó y siguió su camino —Será mejor que no te involucres o saldrás lastimada leona, y según recuerdo ya te dije mis motivos para seguir en esta casa— quise protestar pero una de las señoras me pidió ayuda para llevar algunos alimentos para la cena.

Seguía pensando en quien era el asesino del señor Byakuya, era una persona alegre y no tenía enemigos. Y el hecho de que Senku quisiera actuar rápido daba por seguro que estos dos años los paso investigando. Para cuando termine de ayudar en la cocina ví que la oscuridad se hizo presente, mi estómago rugió lo que me hizo quedarme a comer.

Ya la luna se encontraba en su punto más alto y ni mi padre ni Senku salieron de esa habitación, me acerque para poder escuchar lo que decían cuando algo me golpeó. Caí al suelo y al girar mi vista pude ver a mi padre golpeando a un caballero que vestía una camisa negra y unos pantalones blancos. Su rostro era pálido como un muerto, y sus ojos rojos como la sangre. Vi como le atravesó el estómago a mi papá con una especie de tentáculos que le salió de la espalda, me miró y se dirigió a mi, empecé a lanzar trozos de madera a su rostro para distraerlo y corrí. Busque una katana o algo para poder defenderme y acabarlo pero el tiempo me jugaba en contra.

Escuché los gritos de mujeres y varones que vivían con nosotros, seguí buscando y encontré un tanto. Salí y busque al culpable de esto, sentí que alguien me abrazo por la espalda y caímos juntos. Gire y ví a Senku con una herida en su estómago, busque y ahí estaba el extraño de ojos rojos caminando hacia nosotros lentamente.

—Nos vemos de nuevo pedazo de basura— Senku giro aún agarrando su herida —¡No te muevas!— lo regale por tal acto y lo pare mientras se apoyaba en mi. —Note que varios de los demonios de esta zona desaparecieron, supongo que tienes que ver con esto Ishigami Senku— su voz se escuchaba tan calmada, no sentía pena ajena o remordimiento alguno. Era repugnante.

—No me arrepiento, eso me ayudó a saber cómo vencerte— Senku tosió sangre y lo agarre más fuerte, ¿A qué se estaba refiriendo? ¿Que cosas hizo? —Dejame decirte que tus intentos fueron inútiles, ahora dejare que pagues por tus pecados de la forma más lenta que conozco— se empezó a acercar más a nosotros y cuando quise apuntarlo con mi arma Senku le lanzó una kunai al brazo, la cual se clavo al instante y se pudo ver una deformación en su brazo —Me vale mierda lo que me pase, no dejaré que lastimes a nadie mas—

La deformación de ese hombre empezó a expandirse por el resto de su cuerpo pero este escapo antes de ver su transformación completa. Senku se desmayo y empezó a ponerse frío, envolví su herida con su ropa y lo cargue sobre mi espalda. —¡Despierta Senku, no puedes irte así!— Heche a correr mientras veía como todo a mi alrededor estaba en llamas. —¡Por favor hablame! ¡Ya no me queda nada!— los recuerdos de esa mañana cuando éramos niños y nos hicimos esa promesa inundaron mi mente.

—Te dije que la choza explotaría si intentabas cocinar— Siempre fue frío y directo cada vez que hacíamos algo a escondidas —Te la pasas todo el día metido aquí que olvidas comer, te vas a morir si sigues así— ese día terminamos con raspones en las piernas y brazos por la caída que nos dimos al escapar de nuestra pequeña cueva. —Estaba todo bien hasta que metiste tu nariz en mis asuntos, incluso tú te llevaste la peor parte idiota— Si, ese día quien sufrió más heridas y quemaduras fui yo, pero el se acercó y me curo con el seño fruncido —Prometeme algo, si tú me cuidas yo te protegeré, así ya no tendrás que llevarte la peor parte— Recuerdo ver sus ojos preocupados, nunca lo ví así. Reí y asentí evitando mostrar el dolor que sentía —Y tu prométeme que me amarás cuando seamos grandes, así ya no estaremos solos— Note un pequeño sonrojo en su rostro y apartó su mirada de vuelta a lo que hacía —Lo que digas leona—