Tanto los personajes como todo lo que aparece en negrita pertenece al grandioso Tío Rick y yo solo juego con ellos.

Capítulo I: La llegada inesperada

"La soberbia es tal vez una de las formas de expresión más refinadas que tiene la estupidez."

Para los mortales hoy era un día totalmente normal, un día de paz después de tan desastrosa y terrible guerra, ninguno sabia cuan equivocado estaba porque precisamente hoy en el Monte Olimpo, ubicado en esos momentos en Nueva York, se estaba teniendo un momento importante. Hoy los Dioses Olímpicos conocidos como los Tres Grandes estaban por hacer un juramento sobre el Río Estigia, jurarían que no tendrían más hijos con mortales y luego escucharan tan preocupante profecía. En cada uno de sus tronos se encuentran los demás olímpicos observando a los tres hermanos reunidos en el centro a un punto de comienzo al juramento.

- Comencemos. - ordenó Zeus, mirando seriamente a sus dos hermanos y es que era el más interesado en terminar con eso de una vez — Hades te corresponde empezar por ser el alcalde— mirando al alcalde de sus hermanos con impaciencia.

- Como desees, hermano. - Hades hizo una mueca y se dispuso a recitar el dichoso juramento; todavía quería terminar con el maldito Oráculo que acabo con la vida su querida María Di Ángelo —Yo Hades, Dios… -.

- Alto. - retumbaron al unísono tres voces fuera de ese mundo en la sala de tronos interrumpiendo al dios del inframundo. Todos los dioses se sobresaltaron y buscaron la fuente del sonido. En medio del salón, junto a los tres hermanos aparecieron las Moiras ocasionalmente que rápidamente los tres dioses se inclinaran levemente ante ellas.

- Mis señoras. —Saludo Zeus con una breve reverencia, tomando su lugar nuevamente— ¿Qué desean en el Olimpo? - Algo le dijo que aquella no era específicamente una visita de cortesía y específicamente no le gustaba.

- ¿Por qué han detenido el juramento de Hades? —Inquirió Poseidón tras su posterior reverencia y posteriormente colocándose junto a su hermano al tiempo que el resto intercambiaban miradas.

- Dioses — comenzó una, la del lado izquierdo, al tiempo que paseaba la mirada por el salón de tronos para solicitar que todos les daban su atención — no solemos intervenir… -.

-… Pero estamos muy disgustadas con futuro su comportamiento… —continúa la del medio provocando que algunas exclamaciones se escaparan de los olímpicos.

¿Qué querían decir con eso? ¿Y por qué razón intervenían cuando antes no lo habían hecho? Y no es que hubieran solo algunos años, habían sido siglos en los que no habían intervenido directamente con ellos. La cabeza de Atenea corría maquinando toda clase de respuestas posibles para ese cambio. Algo había pasado, algo era diferente para que este estuviera se dando ahora y ese algo sin duda tenia que ver con esa profecía, la razón por la que estaban allí en primer lugar.

-… El Olimpo corrige el riesgo de caer —terminal de decir la última seriamente, ante este detalle el resto de los olímpicos se alarmados y no era normal en ellos sienten esa clase de alarma. Ellos eran los dioses más poderosos y tenían acabado con las dos grandes amenazas.

- ¿Qué quiere decir eso? —Preguntó Hades, siendo portavoz cuando los demás parecían incapaces de comprender aquello, si estaban allí para evitar semejante cosa junto al juramento.

- El futuro es incierto. —Volvió a decir la primera en hablar dándole la respuesta a su pregunta, aunque no era la esperaban.

Ni siquiera Apolo con su don de la profecía podría ver qué enfrentarían en ese futuro y eso no era nada bueno, las miradas sombrías de cada uno de ellos era la prueba. Zeus estaba a cada segundo mas furioso con lo que estaba escuchando, solo quería saber que sucedería para cortar el problema de raíz antes de que algo amenazara el Olimpo.

- El Olimpo se salvará gracias a los esfuerzos de un nuevo héroe y sus compañeros, pero la nueva Titanomaquia casi acaba finalmente con el Olimpo: nadie tenía nada que decir mientras ellos hablaban, pero esas eran palabras mayores y ninguno le gusta lo que eso significaba. No habían estado antes de poco de perder el Olimpo como lo han sonar las Moiras.

- Sin embargo, pese a los esfuerzos de estos héroes la paz no duro mucho tiempo. —Tomó su lugar la segunda— Gea está despertando y con los gigantes más fuertes que nunca. —Anuncio para la mortificación mayor de los dioses. Los gigantes estarían de vuelta y con ellos una guerra que amenazaría todo.

- Zeus ha cerrado el Olimpo y los semidioses han sido dejados a su suerte. —Hablo la tercera cuando creían que ya había terminado. Demas esta decir que más de uno lanzo una mirada iracunda al rey de los dioses y lo que significa una guerra entre ambos —la responsabilidad de salvar al Olimpo y el mundo corre sobre los hombros de siete semidiosis—.

- ¿Qué quieren decir? ¿Los semidioses se enfrentarán solos a ellos y se enfrentarán con una nueva guerra entre ambos? —Dejo escapar Hestia preocupada por esos semidioses que no conocía. El fuego del hogar disminuyó considerablemente en el centro del salón. Las Morías les dejaron un momento para asimilar la información, pero ni siquiera Atenea se atrevió a formular preguntas.

- Les daremos la oportunidad de remediarlo. - planteó seriamente la primera ignorando la pregunta de la diosa del fuego hogar, al tiempo que la del medio hizo aparecer unos libros —estos libros… —los señalo, aunque no faltaba porque cada mirada estaba allí en ellos, realmente inquietos — Cuentan la historia de estos siete héroes y todo lo que pueden que pasar para remediar algo que les corresponde por su sangre—.

- Pero como castigo no conocerán lo demás, no sabrán como combustible que Cronos casi logro derrocar a los dioses, ya que estos cuentan la Gigantomaquia —añadió seriamente la segunda para disgusto de Atenea y es que ya está sentado planteando seriamente leer los libros ese mismo día.

- Si no mejoran sus acciones y comportamientos luego de conocer ese futuro, vamos a tomar medidas drásticas — dijo esto del lado derecho mientras las tres estaban mirando seriamente a Zeus, quien se quitó la pregunta en su lugar, intuyendo que esas medidas no le Convenian ni un poco. - Recibirán algunas semidiosis mientras leen los libros recibidos— terminaron la del centro pasándole los libros a Poseidón que era el más cercano a ella.

Así como habían llegado se fueron dejando a los Dioses sumidos en un silencio más mortificante en siglos. ¿Qué acababa de suceder? Los dioses se encuentran más allá de la sorpresa y sin duda eso no era fácil de conseguir. Los destinos les habían ordenado leer unos libros de algunos semidioses y una pregunta pasaba por la cabeza de la mayoría, ¿acaso uno de los siete serios su hijo? ¿Qué era eso de que irían semidioses al Olimpo a unirse a la lectura? ¿Cómo llegarían? Porque más de uno estaba seguro de esas semidioses no vendrían específicamente de esa época.

- ¿Qué haremos, padre? —Se atrevió a romper el silencio Atenea, la diosa de la sabiduría estaba prácticamente a instantes de arreglo de los libros de la mano al barba percibe, como si considerara que Poseidón no era digno de tal honor.

- Leer estos libros como nos indicaron, por supuesto. —Respondió el dios de los cielos caminando hacia su trono seguido por sus hermanos y es que no les habían dado muchas opciones y aun la amenaza estaba presente en la mente de Zeus y no habían pensado desafiante a las Moiras en ese momento.

- Escuchen los títulos. - capto la atención Poseidón observando cada uno de ellos con algo de interés - El héroe perdido —leyó el primero con un mal presentimiento— El hijo de Neptuno — cuando termino de leer este se le cayó de las manos. ¿Un hijo suyo y encima romano? Por todos los mares, sabía que no le gustaría eso.

- ¿What? —Zeus, que seguía molesto, fulminó a su hermano con la mirada. Al fin, algo que podría controlar y reclamar - ¡Poseidón, rompiste el juramento! ¿Cómo osas desafiarnos de esa manera? -.

Poseidón ni siquiera le cambió una mirada, miraba el libro como si fuera algún animal animado que había osado en llevarle la contraria. Por el contrario del resto, que alternaba la mirada entre los hermanos como si tuviera que intervenir pronto.

- Padre, el tío P iba a realizar el juramento como griego así que técnicamente no rompió nada. - Hermes defendiendo a su tío con ese tecnicismo, era mejor desviar esos pensamientos de Zeus o sino esos dos acabarían con una de sus estúpidas disputas y no cumplirían con el cometa de las Moiras.

- Escuchen los demás. - Poseidón se aclaró la garganta y le lanzo una mirada a su sobrina antes de leer el título porque sabía que no se lo tomaría bien. Ni siquiera él se metía con ella cuando de ese tema se parecía - La Marca de Atenea -.

- ¿Cómo? —Atenea perdida todo el color del rostro y eso no era lo más normal en ella, siempre compuesta y firme— No puede ser. —La diosa enterró el rostro entre sus manos dejando claro que estaba mortificada como pocas veces en su vida —mandé de nuevo a unos de mis hijos a esa maldita búsqueda—.

- Quédate tranquila —le dijo Apolo sonriendo, en un intento de animarla— estoy seguro de que esta vez será diferente - No puedo decir con certeza, pero algo en su interior le respondió que así seria.

- Continua, Poseidón, debemos terminar con esto para comenzar con la lectura — solicitamos más tranquila, después de todo el conocimiento era poder y si conocían la historia podría remediar lo que saliera mal y evitar que otro de sus hijos muriera en aquella búsqueda sin fin .

- La casa de Hades — leyó consternado, esos libros eran probablemente trágicos y no tenía que ser Apolo para decirlo - ¿Qué significa eso? —Pregunto girándose hacia donde estaba Hades que hasta ese momento no había mostrado más que un nivel de interés, pero con eso todo cambiaba.

- Si es lo que estoy pensando, esto es muy difícil —dio por toda respuesta preocupado a los demás y es lo que Hades lo que era era verdad verdadera.

- El último dado La sangre del Olimpo: ¿qué clase de futuro es ese? —Añadió para sí mismo, si un hijo suyo estaba involucrado más le valía tomar cartas en el asunto porque no estaba dispuesto a perder a otro.

Ninguno tenia respuesta para esa pregunta y eso estaba claro cuando el salón se volvió a sumir en silencio. Cada uno de ellos pensaba en lo que esos libros implicaban. Sabían bien que para bien o para mal terminarían tomando decisiones que cambiarían el Olimpo como lo conocían y ninguno quería ser el que pronunciara esas palabras y dirigir el claro disgusto de Zeus en ellos en ese momento.

- Si van a venir semidioses tenemos que adoptar nuestras formas mortales — Pasados unos minutos detenidos seriamente Deméter, y poco después, sin esperar respuesta alguna acabo cambiando su forma de cosa que los demás imitaron de inmediato. Lo último que necesitaban eran semidioses muertos en ese instante.

- Y bien, ¿qué haremos? —Pregunto Hera disgustada hablando por primera vez desde la visita inesperada. Algo le dijo que su marido había roto la promesa que en ese momento no había hecho y cuanto antes se enterara mucho mejor - Comenzamos a leer de una vez o… salón cortando las palabras de un dios por segunda vez en ese día.

Una vez se aclaró el panorama se vio un grupo de semidioses. Dos chicos y una chica, el primero y parecer el mayor; era alto, cabello negro y ojos de un verde mar que llamaba la atención al mar y con solo observarlo un momento se sabía que era poderoso. El otro chico también era alto; Tal vez un año menor, tenía el cabello negro y ojos castaños con rasgos chinos. La chica se vio que era la menor del trío tenía el cabello de color canela y los ojos de un tono dorado, los tres, claramente desorientados porque parecían haber sido arreglados de algún lugar sin razón a mirar a todos lados en busca de peligros peligrosos. Los dioses no tardaron en entrar en sus campos de visión y supieron el momento exacto en ese hecho sucedido dejándolos fuera de nuevo del foco de atención.

- ¿Pero qué ...? - El alcalde se vio interrumpido cuando otra luz envolvió la sala, en un aviso de que llega más semidioses esta vez dejándolos caer sobre ellos. El muchacho dejo escapar un lastimero quejido cuando una chica aterrizo sobre la espalda.

- ¡Hazel! Lo siento, ¿estás bien? —Logro decir el chico con rasgos chinos ayudando a la otra chica a incorporarse pues en ese caos había caído sobre la más pequeña.

- Vaya manera de caer. —Se quejó una chica rubia de ojos grises tormentosos algo aturdida, sin embargo, no presto atención a lo demás y es que estaba sobre el chico de ojos verdes.

- ¿Tuberías, estas bien? —Pregunto un chico rubio poniéndose de pie acercándose a ayudar a la otra chica que había mencionado anteriormente.

- Reina de belleza me estas aplastando. —Añadió otro chico efectivamente se encontró siendo el cojín amortiguador de la chica que el rubio había ayudado y ahora entre los dos lo ayudaban.

- ¡Leo, lo siento! -.

- ¿Dónde estamos? —Pregunto confundido la más pequeña del grupo mirando a los desconocidos con cierto recelo.

Lo dioses observaban todo sin saber qué hacer, esperando a que los semidioses los notaran nuevamente, pero al parecer estaban más interesados en ellos mismos. Cosa que indignó de sobre manera a Zeus pues estaba a punto de llamar su atención de manera poco saludable para ellos, ¿Quiénes se creían esos niños? Sin embargo, Afrodita le hizo señas indicándole que esperara, algo sucedería y es que la diosa tuvo una sonrisa radiante observando al grupo como si esperara algo importante. Y creo así era.

- ¿Annabeth? - dejo escapar el nombre en un jadeo el chico de ojos verde mar cuando se incorporó y tomo el brazo de la chica rubia que se pasó paseando la mirada entre el grupo notando dos rostros poco familiares. Sin embargo, eso y todas las preguntas quedarán olvidadas cuando esa voz llego a sus oídos.

- What…? - La chica se giró de golpe quedando frente al chico como si fuera fuera de una aparición - ¡Percy! -.

Cuando fue capaz de asimilar que no lo era se perdió a sus brazos, y Percy tan maravillado como ella la sostuvo por la cintura, acercándose a él todo lo que podía y sin esperar un minuto más se besaron y por un momento nada más que ellos dos importó. No escucharon la exclamación de asombro de los dioses ni el chillido emocionado de Afrodita que estaba radiante en su trono como si estuviera presenciando algo más que hermoso y como así era, les lanzo una mirada al resto para que no se atreviera un intervenir en medio de ese amor Bien podríamos terminar el mundo en ese momento y ninguno de ellos habría importado porque finalmente estaríamos juntos, habíamos encontrado. Cuando se separó Percy la observo detenidamente, como si pretendiera memorizar esa imagen para siempre.

- Dioses, creí que no te ... -.

Se vio interrumpido cuando Annabeth tomo su muñeca y lo lanzo sobre su hombro dejándolo caer sobre el suelo provocando exclamaciones de asombro tanto en los dioses como en los mestizos, pero no intervinieron notando eso era algo entre ambos y que ella puso su hombro sobre el pecho de Percy

- Perseus Jackson si me vuelves a dejar… —Comenzó la amenaza con los ojos llenos de lágrimas, lo que no hizo la amenaza menos amenazante cabe aclarar—… juro por todos los dioses que… -.

Para sorpresa de todos, especialmente de quienes venían con él, Percy se río dejado a los dioses aún más sorprendidos y eso era mucho decir. ¿Qué se supone que estaba pasando? ¿Qué era ese encuentro que acaban de presenciar?

- Me considero advertido —fue la respuesta de Percy y estaba sonriendo mientras Annabeth lo liberaba y se ofrecía ayudarlo a incorporar para ayudar a Frank y Hazel que miraban a su amigo maravillados por el cambio que había obrado en él en cuestión de minutos - también te extrañe —escribió abrazándola para deleite de Piper que consideró enternecida con ese reencuentro.

Lo que iba a contestar Annabeth no se escuchó ya que Zeus puede ser ignorado y no tener el control de esa situación se aclaró ruidosamente la garganta llamando a la atención del grupo que está lejos de actuar como esperaban, ninguno cayo sobre sus pies cantando alabanzas mientras se ofreció voluntariamente a cumplir su voluntad. No, esos semidioses parecían tensos y tuvieron que entrar en batalla.

- Ahora si podemos entrar, ¿no? —Bufo Percy cruzándose de brazos - Bonita forma de hacernos venir, arrojándonos del techo como si no fuéramos más que…

- ¡Percy! —Lo riño nerviosamente Annabeth más que nada porque no tenía intención de perder a su novio cuando recién acababa de recuperarlo porque era evidente en su posición que estaba tan dispuesta como el oji verde a las verdades que quería soltarle a cierta diosa.

- ¿Qué quieren que hagamos esta vez? Para eso nos llamaron ¿no es verdad? -.

Añadió Percy imprudentemente haciendo caso omiso, ocasionando que los demás, que, bien estaban de acuerdo con él, no se atrevían a ser tan abiertamente hostiles, dejaran escapar exclamaciones alarmadas cuando vieron como Zeus levantaba su rayo maestro, pero ninguno retrocedió, es más , cada uno dio un paso para ubicarse junto a Percy como si dejaran claro que estaban juntos en aquello, aunque no sabían que era.

- Niño imprudente —dejo escapar con su voz de trueno mientras los semidioses sentían la estática cargar el aire. Sin embargo, ni en ese momento ninguno, ni mucho menos el tal Percy se dejó caer sobre sus rodillas implorando piedad. - No sé qué papel juegues en esto, pero te advierto no tolerare otra falta de respeto —advirtió bajando el rayo ante la instancia de la mano de Poseidón. El resto de los juegos olímpicos miraba al grupo como si no entendiera de qué estaban hechos pues no se parecían en nada a los semidioses que estaban acostumbrados.

- ¿Quiere decir eso? —Pregunto Leo confundido, dejando claro que era tan temerario como Percy aun cuando Annabeth estaba dispuesta a preguntar lo mismo.

- Están en el pasado niños: explico Hestia, quien en esa ocasión había adoptado una versión adulta y no de una niña como habitualmente, desde su lugar en el fuego como si estuviera hablando de cualquier cosa insignificante. Ante eso, el grupo identificado flaquear y las emociones estallaron en sus rostros, pero antes de que las preguntas estallaran continuo en tono dulce - Apolo muéstrales lo que sucede, por favor. -

Pidió mirando a su sobrino quien asintió dejando de lado todo rastro de jovialidad y se acercó al grupo. Sin embargo, muchas opciones en ese momento así que unos minutos después todos conocieron la llegada de las Moiras y su anuncio y no estuvieron ni de lejos más calmados. ¿Qué clase de chiste cruel del destino era ese? ¿Por qué ellos? ¿Qué iban a leer en esos libros? Intercambiaron miradas y unos apretones de manos en busca de sentirse confortados. Quizá no sabían lo que les esperaba, ni conocían a todos unos a otros, tampoco tenían idea de porque estaba sucediendo todo lo que teníamos ahora, pero lo iban a enfrentar juntos. Y si, no hicieron falta palabras en ese instante de mutua comprensión y tampoco lagrimas o quejas, asumió lo que venía con la valentía de los héroes que se habían enfrentado a un montón de desafíos y habían logrado sobrevivir. El fuego del hogar se agita en el centro del salón, arreglando a los dioses de su contemplación y lo que estaban impresionados y lo que querían conocer de quienes eran hijos.

- Sera mejor que se presenten y digan el nombre de su padre divino para comenzar a leer esos dichosos libros —llamo la atención Zeus porque tenía que hacer algo pues la consulta ese vínculo que acaban de presencia —el imprudente primero — Ordeno mirando al centro del grupo de semidiosis.

- Bien — Percy, que no temía del Zeus de su tiempo tampoco se iba a dejar intimidar por esa versión de su encantador tío, se aclaró la garganta y dio un paso al frente, pero Annabeth, quien seguía sufriendo su mano temiendo que desapareció o que algo más la descolocara de esa manera tan inesperada, se adelantó con él - mi nombre es Percy Jackson y mi padre es Poseidón ... -.

Como era de esperarse tuvo que dejar la frase inconclusa porque había estallado el caos tras ese anuncio. Las voces y las preguntas se mezclan con otras hasta que una destaco sobre las demás.

- ¡Poseidón! —Exclamo Zeus fulminando a su hermano con la mirada porque ya tenía la confirmación que necesitó — rompiste el juramento - Poseidón una vez más ignoro a su hermano y es que no puede apartar los ojos de su recién descubierto hijo y una sonrisa se asomo en su rostro porque si, percibía el poder del mar en él y eso le gustaba.

- Pues no fue el único —replicó Percy sin dejarse intimidar defendiendo a su padre, quien le guiño un ojo mientras los demás dioses alternaban la mirada entre los otros dos implicados en el juramento—pero supongo que de eso se enteraran conforme leamos —añadió cuando vio que algunos iban a preguntar y es que prefieres no ser él quien le diera la feliz noticia a Zeus y mucho menos tener que aguantar a Hera.

- Mi nombre es Annabeth Chase —se presentó la chica rubia para atraer la atención y terminar con eso de una vez. Como esperaba, la atención fue detenida completamente en ella, pero Annabeth solo tenia ojos para una diosa en particular. Le lanzo una mirada de reojo a Percy y este le dio un apretón de manos para que siguiera hablando cuando aclaró la garganta —mi madre es Atenea—.

- ¿Cómo? —Atenea demostró que podría ser muy buena en cambiar de emociones, si antes estaba curiosa e intrigada ahora era la imagen de la indignación porque grabó lo que antes había presenciado y las manos entrelazadas de su hija con el hijo de Poseidón no era exactamente la imagen que quería recordar como primera impresión sobre Annabeth. ¿Qué hace una hija mía besando a un engendro de Poseidón? - consulta a punto de convertir en cenizas al chico.

- Aquí vamos otra vez: masculino entre dientes Percy rodando los ojos, en una muestra de que ya había pasado por ese momento en su tiempo, quizás más de una vez. El resto de los semidioses de intercambio miradas, como si tuvieran que prepararse para arrastrar lejos a oji verde en cualquier momento.

- Percy es mi novio, madre —respondió Annabeth apretando la mano del chico, aunque no faltaba, eso todos lo habían intuido. Demas esta decir que tardé que Afrodita había recibido el mejor de los regalos. Atenea entrecerró los ojos y una vez más se dispuso a hablar, posiblemente para enlistar una buena cantidad de razones por las que podría terminar con ese noviazgo — Y nada de lo que hagas o digas me hará cambiar de opinión así que es mejor que ni lo intentes - El personaje de Annabeth hizo sonreír a mas de uno y los que tuvieron que intervenir se relajaron nuevamente en sus tronos.

- Me agradas, querida, defiende tu amor por el chico. -

Como no, esa fue Afrodita encantada con la situación, ocasionado que Atenea bufara y comenzara a hablar entre dientes, pero no dijo más, el valor de su hija la había impresionado y estaba segura de que solo era una de las muchas características que tenía así que ese pequeño defecto con olor a sal marina no iba a empañar la satisfacción de conocerla por lo que le dedico un asentimiento final y dejo el tema estar.

- Continúa, no pienso perder más del tiempo necesario en esto —ordeno Hera disgustada, aun no se quitaba de la cabeza las palabras del hijo de Poseidón y miraba al grupo preguntándose con quién podría ser hijo de su esposo.

El chico de cabello rubio brillante y de los preciosos ojos azules como el cielo dio un paso al frente decidiendo que era su turno de pasar por eso y acabo colocándose junto a Percy y mirando con algo de respeto a los dioses inclinó levemente la cabeza, siendo El primero en mostrar una puerta y seguridad distinta a la de los otros dos. Y esa misma seriedad fue la que hizo que los dioses le prestaran su total atención, notando algo interesante.

- Mi nombre es Jason Grace y soy hijo de Júpiter: hablo respetuosamente y paseo la mirada entre los dioses, casi esperando ver estallar el caos, pero eso no sucedió, lo que le dio un sentido que ya lo intuido.

- ¿Qué hace un romano con griegos como si fueran amigos? - pregunto Ares sorprendido, desviando así la atención de Zeus y Hera y es que su madre parecía dispuesta a incinerar al chico o montarle un escándalo a su padre en medio de aquello - tendrían que estar luchando —se quejó pareciendo genuinamente decepcionado aun cuando todos sabían lo que provocaría que lucharan.

- No creo que Jason quiera pelear con su novia y mejor amigo, por no hablar de sus amigos y todo eso — comento el chico de aspecto latino sonriendo inocente, aunque daba la impresión contraria. Aquello fue lo justo para que la atención volviera al grupo.

- ¿Novia? —Pregunto ilusionada Afrodita porque eso era lo único que le había llamado la atención. Su mirada cayo en las otras dos chicas presentes, valorando las opciones. Aquellos semidioses le dieron mucho con que jugar, no había duda.

- Así es, Jason tiene una novia griega: se adelantó la chica con el cabello de un tono chocolate y ojos que cambiaron de azules a verdes y marrones y termino junto al mencionado, quien tomo su mano y la apretó dedicándole una sonrisa - mi nombre es Piper McLean y soy hija de Afrodita —la diosa aplaudió encantada y la chica le sonrió tímidamente, removiéndose por la atención que ella y Jason estuvieron recibiendo más no se acobardó.

- ¿Un romano y una griega juntos? —Pregunto estupefacto Apolo, expresando lo que más de uno de los dioses pensaba, ¿y eso como paso? Tenemos mucho cuidado de que no se encuentren.

- Lo entendán cuando magra: la respuesta de Piper lanzando una mirada rápida a Hera. ¿Sabría la diosa lo que haría en el futuro? Por suerte, no tuve que decir más porque sabia que era un riesgo negarle algo a los dioses, pero tampoco se vio muy caritativa.

- ¿Y ustedes piensan presentarse? —Pregunto Hermes a los tres que faltaban, esperando que alguno de ellos fuera hijo suyo.

- Por supuesto, señor: esta vez se adelantó el chico de rasgos chinos con un carcaj de flechas sobre el hombro y se colocó al otro lado de Annabeth dejando claro que poseía el mismo aire de Jason, pero a menor intensidad. - Yo soy Frank Zhang y soy hijo de Marte —ante eso Ares estudio al chico sorprendido, pero para su alivio se quedó callado, esa versión de su padre lo inquietaba, si, pero no tanto como Marte. Por suerte ninguno de los dioses comento nada y la atención pronto fue desviada.

- Mi nombre es Hazel Levesque —se adelantó la última chica, colocándose junto a Frank y dirigiendo la mirada a esa versión de su padre, ocasionando a su vez que Hades le cambiara el semblante porque la reconoció —hija de Plutón — preocupada notando El semblante de su padre.

- ¡Imposible! —Logro decir el rey del inframundo mirando a su hija como si no pudiera creer que estaba allí— mi hija murió —poderó aún cuando no era su versión romana hablando.

- Volví del Inframundo, padre, pero supongo que eso se leerá en los libros sino supongo que puedo contarlo —le dijo tímidamente al tiempo que Frank pasaba un brazo por sus hombros para abrazarla y reconfortarla porque pronto pronto muy pequeño en ese salón de dioses .

- Lo mejor para el final. - Ese fue el último chico dirigiendo la atención hacia él uniéndose al grupo, deteniéndose junto a Piper —mi nombre es Leo Valdez y soy hijo de Hefesto— a través de la atención de la persona que hasta el momento estaba trabajando con unas tuercas creando quién sabe qué cosa dándole la atención justa al grupo. Le lanzo un par a Leo que este atrapo al vuelo con una sonrisa y entonces las presentaciones terminaron y ellos sintieron como si un peso los abandonaba.

- Sera mejor que se acomoden, niños. —Fue Hestia la que llamo la atención amablemente haciendo aparecer cojines en el suelo junto a su fuego, cosa que agradecíamos mentalmente y que ninguno tenía muchas ganas de sentarse junto a sus padres en ese momento. —Poseidón, ¿comenzaras a leer tú? —Añadió observando a su hermano quien asintió y tomo el primer libro.

- El héroe perdido —leyó nuevamente ocasionando que Annabeth se abrazara a Percy y el resto hiciera muecas, bonita forma de comenzar la lectura sin duda.