Nota: Ok, inicié este fic con la idea de basarlo en una canción de disney para cumplir con el reto del Foro La Mansión Hellsing, ¡juro que esa era mi idea! bosquejé cinco malditas historias, ¡cinco! y cuando por fin una de ellas prendió mis musos, resultó desviándose caóticamente de la idea en mi cabeza y acabo en...bueno, en algo muy diferente; ahora me sé de memoria Él no es del clan, pero lamentablemente no tiene nada que ver con esto :')

Punto número dos, hace un tiempo hice un drabble sin patas ni cabeza de Integra y Pip compartiendo cigarrillos baratos. Repito que esa idea me llena el alma, así que supongo que por lo mismo mis musos se fueron por ese lado, so...aquí estamos. Puede verse como una relación de amistad o como algo más, si entrecierran los ojos. Sois libres de tomarlo como más les guste.

Todos los horrores y errores son de mi autoría, me temo. Mis disculpas.


Pesadillas y Cigarrillos

._.

Pip se levantó de la cama después de estar horas girando sobre ella sin lograr conciliar el sueño. Las pesadillas insistían en regresar, una y otra vez, atormentándolo con la presencia de personas muertas hace años atrás; rostros conocidos, la mayoría de ellos amigos y muchos otros pertenecientes a los enemigos que por mala suerte se habían atravesado bajo las balas de su revólver. Cuerpos mutilados y caras ensangrentadas que volvían a la vida en sus sueños para gritarle que era un mercenario, un asesino que no merecía seguir con vida. Incluso su abuelo estaba ahí, declarando que matar por dinero estaba en sus venas, como si eso fuera un motivo de orgullo por el cual alegrarse.

Cerró su ojo y negó con la cabeza mientras caminaba hacia el patio vacío a esas horas de la madrugada. Eran sueños estúpidos, todos ellos, ¿por qué seguían atormentándolo incluso a su edad? Llevaba años siendo un mercenario, había hecho las paces con esa parte de sí mismo y hasta había aceptado ser una lacra que mata por dinero. Pensó que su conciencia lo soportaría mejor, pero aún así… había noches en que todo se revolvía caóticamente en su cabeza y el sueño se esfumaba lejos, dejándolo solo con sus ideas deprimentes. Gimió mientras pasaba una mano por su cara, tendría unas ojeras terribles al día siguiente.

La terraza estaba desierta y la luna se alzaba solitaria en una noche nebulosa. Pip sonrió con desdén, Londres no era su ciudad favorita y el clima ciertamente no la ayudaba, pero por esta vez estaba bien. Apoyó los codos en la frialdad de la barandilla y buscó su cajetilla de cigarros entre sus bolsillos: necesitaría varios de esos si iba a pasar por un desvelo rumiando su desgracia.

—Esto es inusual.

La voz impostada de su jefa le hizo girar la cabeza con atención, el cigarro sin encender colgando entre sus labios. Integra Hellsing estaba de pie tras él, en bata y pijama y dándole una mirada casi curiosa, con una ceja rubia elevada en su dirección.

—¿Jefa?

Integra resopló, casi rodando los ojos ante el encuentro no buscado, pero no tenía opción. Claro, podría decirle al capitán que se retirara de la terraza y la dejara sola, después de todo esa era su mansión; pero eso no sería educado y ella tampoco era una caprichosa mimada para actuar así con sus empleados. O también podía dar media vuelta y buscar otro lugar donde sentarse a mirar la luna y pensar en sus problemas, pero esa terraza era su preferida y, otra vez, esa era su casa y podía hacer lo que quisiera. Compartir el espacio con el capitán de sus tropas no podía ser tan terrible.

—No pongas esa cara, Bernadotte —movió una mano desdeñosa como para implicar su punto mientras avanzaba—. No es como si fuera a sermonearte por estar fumando en la terraza a las dos de la mañana.

Pip tragó saliva, asintiendo. Pasó un minuto tenso en el que la rubia se apoyó en la misma barandilla y levantó la mirada hacia la luna blanquecina; miró de reojo a la figura inmovilizada a tres pasos de él, sumida en sus propios pensamientos. Había dos cosas curiosas en ella que llamaron su atención. Primero, no llevaba sus lentes, lo cual era un hecho extraño ya que no recordaba haberla visto jamás sin ellos; y segundo, su cabello largo brillaba bajo la luz pálida de la luna como si se tratara de un estúpido comercial de shampoo. Volvió su ojo al frente cuando el último pensamiento cruzó su cabeza y se apresuró a encender su cigarro. Era inapropiado, suficiente con que ella aún no lo echara de la terraza compartida.

—Entonces, ¿qué se supone que estás haciendo aquí a estas horas?

Ella ni siquiera giró a mirarlo mientras preguntaba, y por un segundo casi pensó que quizá se había imaginado su voz. Carraspeó, quitándose el cigarrillo para responder con formalidad.

—Insomnio.

Integra Hellsing asintió, como si comprendiera exactamente a qué se refería. Luego esos ojos azules giraron a mirarlo, escudriñando la verdadera respuesta en su interior. El aire se tensó a su alrededor y Pip se encontró apretando los labios en una línea fina: ella podía ser solo una mujer, casi una muchacha, pero la firmeza de esa mirada clavada en él no era algo para tomar a la ligera. Entonces esa mirada dejó su rostro y viajó hasta sus manos, los ojos azules parecieron revivir con una nueva idea.

—¿Te importaría? —Pip miró hacia el lugar que indicaba su ademán, solo para encontrar su cigarrillo olvidado entre sus dedos. Ah, por supuesto; ella era tan fumadora como él. Extendió la cajetilla hacia ella como invitación. El encendedor siguió poco después. Una delgada columna de humo se elevó en el aire frío y esa simple imagen sirvió para que sus nervios se relajaran. Integra Hellsing podía ser su jefa, pero por esa vez solo eran dos personas fumando en la terraza, cada cual con sus propios pensamientos. Decidió olvidarse de su presencia intimidante y regresó a su propio cigarro.

—¿Sufre muchas pesadillas, capitán? —su voz clara volvió a robar su atención. La miró perplejo, preguntándose a qué se debía su aparente interés en charlar. No era usual en ella dirigirle la palabra…aunque el hecho de estar compartiendo cigarrillos a las dos de la mañana en una terraza seguramente cambiaba un poco las cosas—. Solo estoy aventurándome —añadió, casi como disculpa—, tiene una cara que me llevó a suponer algo de eso.

La sorpresa de Pip terminó en una risa corta. O él tenía una horrible cara de póker o ella era muy buena leyendo expresiones. Supuso que era lo segundo.

—¿Experiencia propia? —en otro momento y en otro lugar, jamás se habría atrevido a responder con esa pregunta; pero esa noche los límites con su comandante estaban un poco desdibujados.

La sonrisa amarga en los labios finos de su compañera fueron afirmación suficiente.

—Tal vez.

Un nudo de anticipación se formó en su estómago, creciendo y moviéndose cada vez más agitado, exigiendo atención. Necesitaba decir algo, ahora mismo, algo que le permitiera iniciar una conversación que fuera más allá de frases cortas y garantizara la presencia de la mujer por otros minutos a su lado. Desviando una vez más ese último pensamiento, decidió simplemente soltar la lengua.

—A veces es bueno verbalizarlas, así pesan menos en la conciencia.

Ahí estaba, había lanzado la invitación al aire. Si ella lo tomaba, bien; si decidía que era demasiado atrevido de su parte, bueno, ese sería otro problema. Integra Hellsing giró el rostro para mirarlo, sus profundos ojos azules se clavaron en el suyo como buscando algo, lo que sea. Pareció consideralo un segundo, dos, y Pip ya esperaba el ceño fruncido cuando ella abrió la boca para responder.

—Si me das otro de esos cigarros baratos, podría considerar escuchar sus pesadillas, capitán. Después de todo, es mi deber como Comandante asegurarme que mis soldados no estén perdiendo horas de sueños por pesadillas inoportunas. Además —añadió, una sonrisa perezosa corriendo por sus labios curvados— quién sabe. Puede que incluso nuestras pesadillas tengan puntos en común.

Pip sonrió, pasándole la caja completa.

Esa noche, con la luz fría de la luna enredándose en los cabellos largos de la mujer y el viento desaliñando una trenza ajada, la líder de Hellsing y su capitán mercenario compartieron sus pesadillas a la lumbre de sus cigarrillos, con la esperanza de dejarlas ir.