¡Hola!

A mí no me dieron cuarentena como tal, si acaso unos días (pago de mis horas extras en el trabajo). Para aquellos que trabajan en hotelería saben bien a lo que me refiero.

En fin... Qué mejor manera que aprovechar el tiempo en casa que escribiendo, el encierro lo amerita.

No es que sea insensible a la "realidad" puesta en escena, me mantengo cabal y tengo plena comprensión del asunto y de la barrida de almas que nos ha dado el virus alrededor del mundo. Tengo un humor un tanto acendrado y espero no sirva de problema.


Día #1 Hierba Mala.

Estaba quien creía que el COVID-19 era todo una mentira.

—Nos quieren mantener presos,reos en nuestras paredes—. Se le oyó decir a Milo de Escorpión; su risa relampagueó a lo largo de la sala electrizando los oídos de quienes se mantenían a un codo a lado suyo.

El Patriarca no dio crédito a la risa embrutecida del heleno. Consumado en rabia le reprendió con voz fuerte y poderosa alzándose con violencia sobre su trono:

—¡Si tanto ansías tu libertad, vete de aquí y nunca vuelvas!

Milo de Escorpión sintió su cuerpo arder de ira, tensó los nudillos y pegando la media vuelta se dirigió a la salida del recinto patriarcal echando al aire una sarta de improperios que deslegitimaban la castidad de Athena.

Desde entonces no se supo nada de él lo que fue del tiempo.

Unos cuantos lo creían enfermo recibiendo atención médica en algún hospital del centro. Otros mantenían firme la esperanza de que Milo tenía el culo intacto; lo imaginaban con la cara bañada de satisfacción, siendo pues, él, el autor intelectual de la escasez de papel higiénico en el mundo.

—Hierba mala nunca muere—atinó a decir Afrodita entre pestañeo y pestañeo.

—¡Uno nunca sabe!—repuso con vibrante sonoridad Máscara Mortal. El italiano tenía la mirada fija en el periódico, su semblante revelaba una seriedad inquietante de la que se preveía una gran desgracia.

"La cifra de muertos en Italia va en aumento…"

A los pocos días del cierre de fronteras en países adyacentes al Santuario, el Patriarca convocó a una reunión extraordinaria. La preocupación estaba elevada al máximo dado que un porcentaje de santos quedó varado en aeropuertos y el Santuario (con todas las de la ley) debía proceder a su rescate.

Afrodita —de camino a la reunión—frenó su marcha. Había sido ofuscado por el aire enrarecido que circulaba torno suyo, y es que los rosales que fraccionan y atraviesan el sendero hacia la cámara sacerdotal destilaban un aroma fétido que por penetrante y acendrado desolaron su nariz. Lo que Afrodita encontró metros a sus pies petrificó su alma e hizo que su razón se desvaneciera. Veía claramente iluminado por los rayos del sol y trenzado entre numerosas ramas a un Milo con las vísceras por fuera en plena descomposición, en pocas palabras, sirviendo de abono a la tierra.

Afrodita, tan pronto consiguió contener las lágrimas, se impuso la tarea de darle sepultura a su compinche de armas. En su epitafio grabó: Hierba mala nunca muere… por Covid-19.

FIN.