Disclaimer: Hey Arnold y sus personajes les pertenece a Craig Bartlett y Nickelodeon.
—Esto es una locura.
Ni que lo digas, Pheebs.
—No, no, no, Helga. ¿Me oíste? ¡Esto es pasarse de la línea!
La rubia rodó los ojos. ¿Si era consciente de que no hacía caso a sus palabras?
—Helga, por favor, escúchame.
Por lo visto sí.
La más alta de las dos mujeres respiró profundamente y volteó para encarar a su mejor amiga de toda la vida.
—Phoebe, no vas a lograr que cambie de parecer —posó sus manos en los hombros de la petisa joven de rasgos japoneses, quien sostenía una mirada de pura preocupación—. Escucha, todo va a salir bien, ¿de acuerdo?
Era típico de Helga siempre restarles importancia a los problemas en general. Pero esto era otro nivel. ¡Inclusive para la cabeza dura de su mejor amiga! Phoebe podía sentir como no iba a acabar nada bien, y eso contando que ella misma no se caracterizaba por ser pesimista.
Phoebe casi se arrodilló ante ella para hacerla desistir de aquella absurda idea, pero Helga se lo impidió.
—Entiendo que estés nerviosa por lo que me vaya a pasar ahí, pero créeme que cuando me sugeriste la idea simplemente pareció tan brillante que no pude dejarla ir así nomás.
—¡Tergiversaste totalmente mis palabras! En ningún momento yo…
Helga, adelantándose a la situación, sacó su grabadora y oprimió el botón que decía play. Escucharon estática por unos breves segundos y luego escucharon la voz suave de Phoebe.
"No estoy segura, Helga, Eres una muy talentosa escritora, pero si quieres tomar un tema tan complejo como son los hombres, yo creo que deberías prepararte más…"
La voz de la rubia hizo presencia, en un tono contrariado. "¿Qué? ¿No crees que ya fue suficiente todo lo que he experimentado con los hombres de mi vida?"
"A eso precisamente me refiero. Ese tipo de hombres tampoco representa a todos los hombres de este mundo."
"Pues eso es un alivio, solo si puedes probarlo."
"Yo creo que deberías intentar convivir más con los hombres para entender cómo piensan…"
"Sí, claro, Phoebe. ¡Como si esa bola de cavernícolas fuera a compartir sus más profundos secretos con una chica! Ellos se comportan diferente entre ellos y con la presencia de una mujer."
"Bueno, no es como si te pudieses disfrazar de hombre y convivir con ellos, como para saber cómo piensan en el fondo" Unas risitas provenientes de la asiática se escucharon y entonces Helga paró la grabación.
Phoebe la miró boquiabierta.
—¿¡En serio me grabaste!?
—Hey, escuchar a alguien que no coincide contigo en algunas ideas, sobretodo alguien tan inteligente como tú, es refrescante, ¿sabes? Además, se trata de mi primer libro que será publicado y expuesto a todo el mundo. ¡No es cualquier cosa que deba ser tomado a la ligera! Mi primer posible bestseller tiene que ser perfecto. Si yo fracaso en mi primer libro, mi carrera como escritora se ira al wáter, junto con mis deseos y aspiraciones en la vida.
La rubia se recostó en la cama de forma dramática mientras posaba el dorso de su mano por su frente, fingiendo agonía.
—¿Y les vas a confiar tu carrera a los hombres? —preguntó Phoebe incrédula—. Helga, ¿será que en el fondo si tienes fe hacia ellos?
—La esperanza es lo último que muere, ¿verdad? —soltó un suspiró y se echó boca arriba mientras apoyaba sus codos en la cama— Tú siempre me has dicho que deje mis prejuicios hacia los hombres. Sí, lo admito. Los tengo. Pero precisamente por eso es tan importante hacer esto. Pienso escribir todo lo que pienso de ellos ahora y luego pienso comparar aquello con los pensamientos que tendré después de la fase Infiltración. ¡Quizás si llegue a cambiar mis pensamientos hacia esos cavernícolas!
Quizás empezar por dejar de llamarlos así sea un buen inicio. Pensó la asiática mirando hacia un lado con una leve sonrisa. Notó que su amiga la estaba viendo con un puchero, quizás intentando convencerla de que todo saldría bien y que necesitaba tenerla de su lado, como siempre.
La asiática suspiró, sentándose al lado de su amiga. No quería ser la responsable de aplastar las ilusiones de la rubia, todo lo contrario: Phoebe quería que Helga lograse todos sus objetivos con éxito. Sin embargo, la preocupación que sentía por ella cuando se envolvía en situaciones disparatadas pesaba más. Igual, ella siempre iba a apoyar a su mejor amiga.
—Entonces… ¿Qué esperas? Háblame de tu plan.
Helga soltó un grito de emoción al ver que Phoebe finalmente había dado su brazo a torcer y la abrazó. Ella significaba lo mismo que una hermana para ella, por lo que su aprobación y apoyo eran cosas indispensables para ella.
—De acuerdo, se divide en tres fases —se sentó para mirarla de frente, puesto que era sumamente importante que no se les escapara algún cabo suelto. Quien mejor que Phoebe para analizar su plan con ella — Rhondaloid se va a encargar de la Primera Fase: Transformación.
—¿Rhonda Wellington? —ella era una compañera que ambas tuvieron en la infancia y que duró hasta la secundaria, cuando eligieron diferentes universidades fue cuando partieron caminos distintos. Le sorprendió enterarse que Helga se seguía hablando con ella—. ¿Cómo? ¿Ella no es diseñadora de modas?
—La mujer tiene conocimiento en todo lo relacionado a belleza y estética. Ella me debía un favor por quitarle a Curly de encima, y digamos que a el orgullo Wellington no le gusta estar en deuda con nadie.
Phoebe recordó como en la última fiesta de la promoción Helga había vertido alcohol en el ponche y uno de los que más había tomado había sido nada más ni nada menos que Curly. Para las once de la noche, Curly se había quedado dormido en el piso después de haber hecho un gran espectáculo en frente de todos sus compañeros. Rhonda le agradeció a Helga, a pesar de que ella no había planeado que eso pasaría.
—¿Tú crees que ella te pueda transformar en un hombre?
—Sí, no lo dudo—asintió convencida—. Le encantan los retos así que no será problema para ella.
La asiática bien sabía que la gran parte de los problemas que ellas dos tenían era porque ambas eran extremadamente competitivas y sus personalidades chocaban entre sí. Claro que a Helga no le fascinaba escuchar que compartían características.
—Bueno, en fin, eso me lleva a la Segunda Fase: Transición—alzó dos dedos cerca de los lentes de Phoebe— De esa fase se encargará Curly.
Los ojos de Phoebe casi salen de su cara.
—¡Rhonda te va a matar cuando tu planeaste que ella se encuentre a Curly en el mismo cuarto!
—Relájate, la princesa vendrá mañana, y Curly vendrá el jueves —movió su mano restándole importancia al problema—¿Ves? Todo está bien pensado.
—No todo —negó con la cabeza—. ¿Curly? ¿Vas a seguir los consejos de Curly de cómo comportarte como un hombre? ¿En serio?
—Hey, dale un poco de crédito, Pheebs —la rubia se encogió de hombros—. La última vez que lo vimos fue hace cinco años, ya debe estar un poco menos demente.
La joven bajita suspiró, esa era la parte que más le preocupaba del plan hasta ahora. Aunque la actitud de Helga de por sí ya era hostil y agresiva con quien trataba de meterse con ella, Phoebe no creía que necesitara tanta ayuda en esa área.
—Y la con eso concluimos con la Tercera Fase: Infiltración. No podría confiarle esa fase a nadie más que nuestro querido amigo —se acercó al oído de su amiga, para añadirle dramatismo, y le susurró — Fuzzy Slippers.
—¡Helga! ¿Realmente vas a contactar a Fuzzy Slippers? ¿Para qué?
—Doi, necesito documentación si voy a aplicar a trabajar. ¿Quién es el mejor en falsificación y confidencialidad? Él, nadie más.
Phoebe y Helga habían pensado que ese tal Fuzzy era un lunático, hasta que Helga se había arriesgado a sacar una licencia de conducir falsa donde dijera que ella era mayor de edad cuando apenas tenía dieciséis, ¡y lo había logrado! Había pasado la prueba de fuego, entonces Helga decidió tomarlo como fiable. Claro que Phoebe casi la mata por exponerse a que la lleven a la cárcel, pero eso eran solo detalles.
Odiaba admitirlo, pero el plan de Helga no sonaba nada mal. Se notaba que la rubia había invertido horas pensando en cómo hacer de ese plan triunfante. Si se le agregaba el factor de que los hombres eran usualmente despistados, Helga tenía todas las cartas en su mesa.
De hecho, si lo analizaba bien, la infiltración de Helga puede que realmente la haga cambiar de opinión hacia los hombres. Quizás de una vez por todas su amiga deje de decir su tan sonada frase "Es guapo, pero cuando abre la boca…". Helga necesitaba ampliar su mente, mirar un poco al horizonte y dejar de ver solo blanco y negro, aprender a gozar de los diferentes matices de la vida. Esperaba que su mejor amiga pudiese encontrar lo que realmente estaba buscando. Quizás esta sí era una buena decisión…
Pero no podía evitar sentir un hormigueo en el estómago de que aquel plan traería problemas. Graves problemas.
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Fase 1: Transformación.
—Helga, querida, esa espantosa uniceja tuya hubiese funcionado a la perfección en esta ocasión. Es una lástima que te deshicieras de ella, ahora es cuando más la necesitas.
Phoebe intentaba controlar que Helga no se le fuera encima a Rhonda. La forzó a sentarse nuevamente. La rubia se cruzó de brazos mientras su ojo izquierdo parpadeaba con irritación.
—Bueno, hermana, más vale que me hagas lucir como un hombre.
Rhonda iba a lanzar otro desagradable comentario, pero Phoebe la interrumpió justo a tiempo. Lo último que necesitaban era que se quedaran sin estilista y maquilladora que no cobrara sus servicios.
—Bueno, ¿no crees que deberías empezar por la peluca, Rhonda? ¿Qué color le sentaría bien a ella? —rio nerviosamente tratando de levantar el tenso ambiente.
—Bueno, los rubios están de moda, así que decidí conservar su color —sacó una peluca que se asemejaba demasiado al color natural de Helga—. Además, el contraste de las cejas oscuras de Helga con el cabello rubio no se ve mal. —la molestó mientras posaba un brazo sobre los hombros de ella— Me atrevo a decir que le da un aire de peligro.
Helga se retorció incómoda.
—Aléjate, bruja.
Rhonda rio complacida de haber inquietado a Helga y prosiguió con su trabajo. Le enseño a Helga como trenzar su cabello largo rubio para que no se salieran de la peluca. Escogió unos lentes grandes de armazón rectangulares negros para quitarle el enfoque a la sutileza de las facciones de Helga.
Phoebe y Rhonda le echaron un vistazo.
—¡No se ve nada mal! —Era una peluca simple con el cabello espeso y mucho volumen. Tomó las tijeras y cortó un poco las puntas, para darle estilo al corte. Rhonda podía fácilmente jugar con los estilos que le podía hacer con gel, pero decidió que dejarlo desordenado pues le sentaba muy bien a Helga. De todos modos, le obsequio el gel carísimo de su padre, solo por si acaso.
Si bien Helga no tenía la uniceja, sus cejas seguían siendo igual de pobladas pues era muy floja como para depilarse regularmente. Curiosamente, se había vuelto una tendencia las cejas pobladas en los últimos años en mujeres y como hombre le aumentaba masculinidad. ¡Funcionaba perfectamente en ambos casos!
Las facciones de Helga aún se veían un tanto femeninas, pero creía que estaba bien pues no era necesario porque muchos jóvenes de su edad no se dejaban la barba ni nada por el estilo.
—Voila, Helgo —se burló mientras le enseñaba un espejo y la rubia dudosa lo tomaba.
Mentiría si dijera que no hizo un buen trabajo con su aspecto. Rhonda se había lucido. Phoebe fue la primera en salir del asombro.
—¡Vaya! ¡Luces muy guapo, Helga!
—No acabamos ahí, aún necesitamos ver como esconder ese trasero gordo.
Helga le lanzó un cepillo, que Rhonda ágilmente esquivó a tiempo.
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Helga poseía un cuerpo fortalecido porque le encantaban los deportes y fielmente seguía jugando cuando tenía tiempo libre. Si bien era delgada para ser hombre, poseía unas piernas gruesas y brazos tonificados. Más masculino que el fideo de Curly, pensó riéndose de su broma personal.
Su busto era mediano, así que no fue tan difícil ocultarlo en vendas. El real problema, como había dicho Rhonda, era su trasero. Afortunadamente, eso se solucionaba con la elección correcta de pantalones. Además, a las mujeres igual les gustaban los hombres con trasero, ¿verdad?
Helga se paró y se miró en el espejo de cuerpo completo. Ella era alta para ser mujer, su 1.70 le ganaba respeto, lastimosamente ahora era la edad en la que los hombres alcanzaban su máxima estatura, pasándola por media cabeza. Se preguntó si eso le afectaría en algo. Apartó rápidamente los pensamientos negativos de su cabeza.
Helga, relájate, solo tienes que convivir con un grupo de mandriles por un tiempo, esos cabezas de chorlito nunca te descubrirán porque son muy tontos como para hacerlo.
Respiró y se armó de valor. En exactamente dos días, su plan empezaría.
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—Bueno, Helgis, así que quieres ser un hombre ¡eh! —Helga iba a responder, pero Curly la cortó mientras posaba su dedo índice en los labios de ella— ¡Aquí nadie habla sin permiso! ¡Esa boquita tuya te funcionó cuando eras mujer y nadie te podía devolver el golpe, pero ahora eres un hombre y ya no dejaré qu…
Un puñetazo fue dirigido al hombro de Curly, derrumbándolo totalmente y haciéndolo caer de sentón. Una exclamación escapó de la boca de Phoebe.
—¡Helga! —la reprendió su mejor amiga. Helga la ignoró olímpicamente.
—¡Ag! ¡Dejemos una cosa en claro, Curly! —alzó su dedo índice—Primero: Tú estás aquí para enseñarme a comportarme como un hombre, no a mandonearme. Yo puedo tomar o dejar tus consejos. —alzó su dedo medio— Segundo: Me tocas de nuevo, y te verás envuelto en las llamas del infierno —Curly tragó saliva mientras asentía eufóricamente— Y tercero, ¿qué carajos haces vestido así?
Curly miró su traje de militar. Él la miró confuso.
—¿Qué tiene mi traje? ¿Te gusta acaso, Helgis?
Apareció un tic nervioso en el ojo izquierdo de Helga nuevamente. Paciencia. Miró hacia su mejor amiga y ella simplemente negó con la cabeza. Helga podía sentir su "te lo dije".
—Como sea—¿en qué carajos me he metido? — Enséñame entonces a ser uno de ustedes.
A Curly se le iluminaron los ojos nuevamente.
—De acuerdo, sí, luces como un hombre —señaló su disfraz de encubierto—. Pero hace falta más que solo eso. Necesitas caminar, pensar, actuar como uno. Ser hombre...
—Llega al grano —lo cortó exasperada. Había gastado su paciencia con la princesa ayer, no estaba para soportar lo de Curly.
—¿Recuerdas como caminabas cuando éramos niños? ¿Con tu mirada fruncida y tus pasos atemorizantes?
—Sí…
—Bueno, algo así estaría bien. ¡Pero! ¡Recuerda que vas a trabajar en un bar, tienes que ser amigable con los clientes!
—Ya…
Curly empezó a caminar como usualmente lo hacía. Se le veía normal, abriendo las piernas ligeramente y con el paso ni tan apresurado ni tan lento. Helga lo imitó. Con el paso del tiempo y el crecimiento de sus caderas, no había podido caminar meneándose ligeramente, lo cual la podía evidenciar un poco.
—No está mal, pero tienes que disimular un poco ese meneo tuyo.
Helga alzó su puño y Curly alzó sus brazos.
—Hey, hey, solo estoy dando mi opinión.
Helga suspiró y lo intentó de nuevo.
—¡Así está mejor! ¡Mantenlo así y nadie sospechara nada!
—Ahora, ¿cómo actúan ustedes?
—Hay varios tipos de hombres, así que tendríamos que elegir un tipo que vaya con tus características usuales.
Phoebe pareció estar de acuerdo con Curly.
—Es verdad. Yo creo que podríamos dejar así su actitud, pero creo que deberías tratar de enseñarle que debería saber al relacionarse con otros hombres.
Helga asintió mientras veía a Curly. Eso iba a ser útil.
—Bien, lo primero que debes saber y es regla de oro. No importa qué tipo de hombre seas, si otro viene a intimidarte o lo que sea, tienes que plantarle cara —afirmó Curly mientras asentía con la cabeza—. Un hombre real nunca escapa de una pelea.
—De acuerdo, eso es fácil.
—Luego… —el cuerpo de Curly adoptó una pose pensativa— Uhm, no creo que más sea necesario. Mientras que las cosas suceden, tú tienes que pensar en cómo actuaría alguien que no se deja pisotear por nadie más.
—Fácil.
Curly se rio.
—Supongo que tienes que decirme que tal te va en el primer día para que yo pueda ayudarte más con las situaciones pesadas.
Helga asintió y le dio un apretón de manos a Curly.
—Otra cosa, prueba un saludo menos formal —extendió su puño y Helga le correspondió el saludo— Creo que lo harás bien.
Helga sonrió de lado. Por supuesto que lo haría bien. ¿Qué tan difícil podría ser?
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Era el día oficial.
Hoy se sabría qué tal fue todo su entrenamiento. Se encontraba tal y como Rhonda lo había dejado hace dos días. Ella había optado por no usar gel, pensaba ver que tan acicalados eran los trabajadores antes de que lo fueran a provocar con burlas por su peinado con gel.
Curly trabajaba ahí en aquel bar, entonces recomendar a un trabajador nuevo le jugaba a su favor. Y también en contra, pues Helga no sabía si estimaban o no a Curly como trabajador.
Entonces ahí estaba, enfrente de un moreno atractivo y refinado llamado Lorenzo, que era el gerente del lugar. Se veía serio, pero Helga había notado que solo era una fachada para intimidarla en su entrevista. Lo logró el hijo de puta.
—Entonces, joven Elliot, aquí dice que tienes veintitrés años y te graduaste el semestre pasado en la carrera de Literatura. ¿Por qué no estás trabajando en algo relacionado a tu carrera?
Oh, si tan solo lo supieras.
—Bueno, estoy actualmente trabajando en mi primer libro, necesito un trabajo con horas más flexibles para lograrlo, no lo podría hacer si trabajo en una editorial.
—¿Cómo termino tu último trabajo?
—Tuve que darles prioridad a mis estudios, así que decidí les presenté una carta de renuncia con dos meses de anticipación, pues se acercaban mis finales.
—Eso me gusta, que sepas establecer tus estudios como prioridad —asintió comprehensivo. Volvió a alzar la mirada hacia ella—. Claro que trabajar de servicio al cliente es lo único que tienen en común el negocio de electrónicos de Big Bob Pataki y este bar — señaló impasible Lorenzo.
Helga se obligó a no tragar saliva. Se apresuró para contradecirlo.
—Soy muy rápido aprendiendo, si me da la oportunidad verá que hasta podré trabajar de bartender.
—Supongo que le podrías ser útil a Stinky de vez en cuando…—cerró la carpeta y lo encaró— Todo se ve en orden, pero es el dueño quien tiene la última palabra.
Lorenzo se excusó unos minutos para realizar un par de llamadas a los exgerentes y las experiencias que compartieron con aquel peculiar joven. Minutos en los que Helga le pedía al cielo que Fuzzy haga su parte con nota sobresaliente. Ella dependía de eso.
—Tengo que admitir que tu curriculum me ha dejado impresionado, todos tus exjefes antiguos, incluyendo a Big Bob Pataki, te recomendaron. Por lo visto eres un gran empleado y tienes buena reputación.
No sabía cómo, pero Fuzzy se había ingeniado para hacer un audio de Big Bob que le respondía al momento al trabajador que estaba en frente a él. Ella se había robado la documentación de uno de los trabajadores antiguos de Bob y se lo había mandado para que Fuzzy lo modificara. Nunca dudaría de él, jamás.
—Me alegra que todo se encuentre en orden.
—El dueño me escribió que no tardaría en llegar, si los esperas estoy seguro de que te contratarían de inmediato.
—De acuerdo—asintió ella, notó que él se levantaba, seguramente para hacer sus labores, así que ella le siguió — ¿Necesitas ayuda en algo?
—Vaya, es tan amable de tu parte —le sonrió agradecido, relajándose un poco— Les diré a los jefes que te elijan.
—Muchas gracias, Lorenzo.
Helga sonrió triunfal cuando éste dio la vuelta. Ya se había echado al bote a uno de ellos. Esto sería pan comido. No tardarían en tenerle confianza. Le dio un vistazo al lugar.
Era un bar muy moderno y limpio, a decir verdad. Todos los tragos de la repisa estaban catalogados por tipos de alcohol, notó una gran variedad y pudo reconocer varios de ellos porque los había visto y probado de la repisa de su madre. Reconoció de lejos el mismo coñac que su madre poseía y no pudo evitar retorcerse incómoda cuando recordó la horrible resaca que ese trago le había ocasionado. Ella ayudó a Lorenzo a organizar las botellas que recién les había llegado.
Helga entonces se acordó que no tuvo la oportunidad de hablar tanto con Curly sobre el bar, simplemente sabía que solo hombres trabajaban. Esa había sido la única razón por la que había aplicado a aquel lugar. Necesitaba estar exclusivamente rodeada de hombres para lograr su cometido.
—Lorenzo, ¿te puedo preguntar algo?
—Sí, claro.
—¿Alguna mujer ha trabajado aquí antes?
Lorenzo soltó una carcajada, y Helga alzó una ceja y se contuvo de rodear los ojos.
—¡Por supuesto que no! Y si me preguntas, así debería ser siendo. Las mujeres son demasiado problemáticas e histéricas para los negocios. Además, a nuestro público femenino les encanta que solo seamos hombres quienes trabajen, si me entiendes —le guiñó el ojo, mientras le codeaba juguetonamente.
Sintió unas ganas de lanzarle un puñetazo, pero a la vez Helga no pudo evitar burlarse para sus adentros. ¿Qué diría ese misógino si se enterara que estaba a pasos de una de ellas?
—Sí, completamente…
No golpees al gerente, Helga. No golpees al gerente. Se repitió como mantra, esperando no perder un trabajo sin siquiera conseguirlo antes.
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No había momento más incomodo al que ahora mismo se encontraba. Los tres hombres, de los cuales solo conocía a Lorenzo, la miraban de pies a cabeza como intentando descifrarla. En ese momento ella se esperó lo peor, ¿se le había movido la peluca o algo por el estilo? ¿Por qué la miraban tan detenidamente? ¿Acaso era esta otra de sus pruebas de machos sobre intimidación a sus presas que ella se había perdido o que Curly no le había sabido explicar?
—Elliot Ashton, veintitrés años, experiencia de tres años como asistente general de Robert Pataki en la empresa de electrónicos Big Bob, experiencia de un año en la florería local de la señora Vitello, graduado con honores de la carrera de Literatura en la universidad de Hillwood, residente de la ciudad desde nacimiento, ¿correcto?
Gerald bajo la cabeza para poder verla. Helga jamás se había sentido tan intimidada con la altura; sin embargo, esos tres jóvenes le sacaban un poco más de media cabeza y eso la incomodaba a horrores.
—Correcto.
El moreno posó una mano en su barbilla y acercó su rostro a la rubia, quien recordó quién era y se dignó a encararlo a los ojos. Eso no le gustó a Gerald, lo sintió como un acto de insolencia.
—Lorenzo por alguna razón si te considera apto para el puesto de trabajo. Pero no concuerdo, hay algo en ti que no termina de convencerme.
Helga recordó entonces con quien estaba tratando, y anotó mentalmente que no era momento prudente para que su carácter floreciera, así que bajó la cabeza nuevamente.
¿Cómo carajos contrataron a Curly y dudan tanto en contratar a alguien como yo? Casi me siento ofendida que eligieran a ese pequeño demente con mente retorcida.
Estaba nerviosa, sentía las palmas de su mano sudar, estaba agarrando las mangas de su saco como para limpiarse disimuladamente. Sabía que era la opinión del dueño la que importaba, pero aquel moreno parecía tener cierta influencia en el rubio.
—¿Tú que dices, Arnold? Es tu decisión, después de todo.
Helga alzó la mirada levemente para ver al tal Arnold. Su cabello era rubio, estaba todo para atrás y su traje azul marino se veía muy elegante en él, era atractivo. Casi no podía creer que alguien tan joven fuera dueño de un bar que se veía bastante popular y de renombre.
Vamos, di algo, Helga. Estás así de cerca de perder el trabajo que te asegurará tu bestseller. No puedes dejar que ese rubio cabeza de balón y su amigo el cabeza de cepillo lo arruinen.
—Eh, si me permiten —se aclaró la garganta, enseguida notando que se encontraba un poco seca de los nervios. Se paró recta y los encaró—. Puede que no sea la persona con más experiencia —le dedicó una mirada corta a Lorenzo—, o la más competente —le tocó mirar a Gerald por un segundo y luego posó sus orbes azules en Arnold—. Pero le prometo que no se arrepentirá de darme una oportunidad y mostrarle de lo que realmente soy capaz.
Eso, por alguna razón, dibujó una sonrisa en la cara del rubio. Se notaba que era una persona de carácter fuerte, decidida, y realmente aspiraba a tener el puesto.
—Me gusta, eres el indicado —le sonrió amablemente—. Estás dentro, Elliot.
Helga tuvo que contener sus ganas de chillar de emoción. ¡Lo había conseguido gracias a ese hombre llamado Arnold!
A/N: Ya lo sé, ya lo sé, ¿por qué subes otra historia más si no aun no actualizas las otras dos que tienes? ¿Por qué eres así?.jpg
Les confieso que estoy un poco estancada de como continuar Ni Altares Ni Relicarios, pero vendrá pronto la inspiración y les juro que será un capítulo largo. Sin embargo, se viene en estos días un capítulo nuevo de Agridulce.
Este fic es producto de ver Mulan y She's the Man. Les puedo adelantar que será corto, yo supongo que de diez capítulos. Quiero acabar un fic y los otros dos tomarán mucho tiempo xD ¿Qué puedo decir? Amo cuando las mujeres se infiltran como hombres y al final logran más de lo que ellos son capaces, jeje. Debe ser por mi orgullo feminista. Cuéntenme que tal les pareció, los leo.
