Traducción de la letra: Cyntrwar 01

Personajes pertenecientes a Hiromu Arakawa.

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Esperando por ti

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-Sin darme cuenta

Estaba corriendo

Sin encontrar más que un gran vacío-

Desde que tenía memoria su infancia había sido solitaria, sin nadie más que ella y su padre, podría contar a los compañeros de escuela, pero ninguno, a su parecer, merecía alguna mención pues aprendió a ser reservada, rasgo que se afilo con la muerte de su madre.

En algunos momentos su padre la interceptaba en busca de conocer un poco de ella, otras ocasiones sólo para regañar su falta de interacción con sus vecinos o compañeros, después de todo, al parecer él no deseaba que su única hija terminara como él mismo; aun así ella no parecía hacer mucho caso, sin saber que su camino solo la estaba llevando a un punto sin retorno del que su padre quería librarla.

Riza jamás dudó del amor que su padre le tenía, eso estaba seguro, sabía que muchos creían lo contrario y tampoco podía culparlos, siendo que luego de la partida de su madre y la posterior locura, que solo comenzó unos años después junto a su enfermedad, su padre no parecía el más apropiado a ojos del público, un público que en otro caso también odiaba a los alquimistas.

Aún era joven, contando con ocho años ella misma se consideraba alguien madura, quizá no vivió todavía las experiencias que la vida podía ofrecer, pero si se sentía con la conciencia que le haría buscar conocimiento de ellas y avanzar.

Claro, con 8 años tampoco era como si ya fuera obligación saber que quería hacer dentro de diez o quince años, por lo que esperaba que ese "camino que no lleva a nada" desapareciera de si dentro de un tiempo.

-Tarde era ya

El tren se iba a marchar

La distancia nos separara-

-Regresaré por ti, lo prometo, Riza.- Musitó con la mirada fija en la dueña de aquel nombre, pasaron segundos que amenazaban con volverse eternos gracias a que ninguno de los jóvenes mencionaba algo, Riza no respondía y Roy no agregaba algo más.

-Ya es tarde, tu tren se irá- Agregó la menor luego de apartar la vista en dirección al reloj en la pared, había dicho lo primero en llegar a su mente y agradeció no haberse equivocado en el enunciado.

-Vamos, necesito saberlo, quiero que creas que volveré- Roy aferró a la joven en un abrazo que al principio fe forzado pero que rápidamente se aflojo, él no había dicho todo, al menos no lo que deseaba: "Quiero que prometas que me esperarás".

Hace dos días que el padre de Riza había fallecido, un día desde que ella le mostró el legado del maestro de Roy, un grabado en la espalda.

Un día, el tiempo que tardaron en reconocer que los sentimientos entre ellos no tenían que ir para atrás, pero el mismo en que Roy comprendió que era el momento de avanzar para conseguir su objetivo, y que amaba a Riza lo suficiente como para llevarla por el mismo camino.

-Lo siento…- Respondió por fin sin saber realmente el porqué de esas palabras y automáticamente se separaron, no fue brusco ni obligado, ambos acordaron algo de manera silenciosa, y para ambos era suficiente. Ya no cruzaron palabras y no les importo el silencio pues para ellos era de lo más valioso, era suficiente para aclarar sus dudas.

-Recuerdo los días lejanos

Mirando el brillo del mar

El tiempo regresa y trato de evitar lagrimas derramar-

De aquella niña de ocho años no había mucho rastro, parecía ser que luego de cuatro años lo único que se atenía era su habitual soledad, del mismo modo su padre comenzó a recaer y ya casi no cruzaban palabras, desarrollando un lenguaje silencioso que inició el día en que él mismo le pidió bajara al sótano de la casa. El día que grabó su investigación en su espalda, un año antes de que el chico Roy se presentará a sus vidas.

Riza seguía sin dudas sobre el amor de su padre, pues él no la abandonó, fácilmente pudo haberla dejado morir ¿O era acaso que solo la deseaba para guardar su secreto? La respuesta no le importaba, después de todo no había nadie más para ella en el mundo que él.

Cómo antes fue mencionado, exactamente un año después Riza regresaba de clases cuando se topó con la reja del jardín delantero abierta, su padre ya casi no salía lo que le hizo preocuparse ¿Acaso algún intruso buscaba algo de valor en esa casa? ¿O era que su padre fue a buscarla pero ella no lo vio en el camino y ahora estaba perdido en una búsqueda vana?

Antes de intentar dar la vuelta decidió que lo mejor sería asomarse, si se trataba de un intruso fácilmente podría huir, o eso pensó mientras se acercaba a la puerta; claro, varias posibilidades rondaban en su mente pero la correcta nunca apareció.

Cuando entro a la sala de estar lo único que logró presenciar era a un chico, quizá dos o tres años mayor a ella, sentado de manera cordial frente a su padre, en ese momento el último dirigió su vista a ella y se levantó.

-Bueno, Roy, ella es mi hija, Riza, él se quedara en casa unos días, espero que logren llevarse bien. - El hombre habló de manera calmada, colocando una mano en el hombro de la chica, como diciéndole que fuera a presentarse. Luego de unos segundos abandonó la habitación, dejando a los jóvenes solos.

El chico se levantó.

-Encantado de conocerte, Riza.- Expresó con una familiaridad que no entendió, probablemente su padre ya le había contado algo sobre ella.

-Igualmente, Roy- Musito al final, sin sonreír pero con un tono cálido, al fin no tendría que pasarla sola, al menos en los días mencionados por su padre. De repente recordó algo pasado, y pensó que no estaría mal gastarle una pequeña broma al chico.- Procura no volver dejar la puerta abierta.

Él no lo entendió sino hasta meses más tarde, luego de que fuera aprobado por su padre como aprendiz; por supuesto durante esos meses muchas cosas sucedieron, cosas que ella no olvidaría fácilmente, sus recuerdos eran especiales y poco a poco fueron más, pues esos meses se acumularon en años. Hasta que Roy cumplió los 18.

Ahora, esa noche ambos tomaron sus abrigos pero Roy su maleta y juntos caminaron con dirección a la estación, con el objetivo de esperar el último tren de esa helada noche. Solo podían escuchar sus propios pasos y el viento soplando hojas.

De repente, como si hubiera sido igual de potente a una explosión, Riza captó el chapoteo de algo en el lago ubicado a unos cuantos metros de la casa, al otro lado de la calle. Sintió a su interior arder y la necesidad de contener el llanto ante los recuerdos que venían de aquel lugar.

Sería un camino largo.

-No diré adiós

Todo inconcluso esta

No quiero olvidar tu amable sonrisa-

Podía sentir perfectamente la mirada de Roy sobre ella, estando demasiado cerca el uno del otro tampoco podía evitar notar la intranquilidad en su respiración.

Su mente quería explotar… lo amaba, más que a nadie. Estaba segura de que después de él no existiría nadie más, y lo estaba dejando ir. Él se iría, y no sabía si volvería a verlo.

¿Acaso él estaba esperando que ella dijera algo?

Por más que ella hizo más corto su pasó lo inevitable sucedió, habían llegado a la estación. Todavía faltaba algo de tiempo para la llegada del último tren, el que se llevaría a Roy.

En silencio, así pasaron por bastante tiempo y Riza recordó llevar un reloj de pulsera, reviso la hora en una gran angustia… 5 minutos.

Y ella seguía sin poder hablar debido a un nudo en su garganta.

-En nuestro corazón el dolor seguirá

Mientras se acorta la distancia-

—Riza, mírame—. Escucho decir a Roy, sintió su respiración al lado haciendo entender que hablaba en serio. Inconscientemente negó con la cabeza en respuesta, no quería…

—Riza—. Repitió, con algo de prisa, el tiempo se acababa.

—No lo haré, no quiero que la última imagen que tenga de ti sea está—. Exclamó por fin soltando todo, las lágrimas que no sabía que contenía se desbordaron; trato de colocar sus manos encima para secarse y ocultarlas pero pronto las de su adverso se lo impidieron, entonces el tacto cálido de él hizo la tarea, limpio su rostro suavemente con un cariño que Riza no entendió y que probablemente nunca lo haría. Por fin se forzó a mirarlo, notando con sorpresa como él seguía conteniendo sus lágrimas. No pensó más y simplemente se acercó abruptamente, en un abrazo que no tardó en ser correspondido.

-Fuegos artificiales se reflejan en las lágrimas que caen de mis ojos

Sin dudar yo jamás te voy a olvidar

Siempre te haré saber

Solo escúchame

Que estoy aquí esperando por ti-

Esa fría noche de invierno todo parecía ser lo que no era, y cuando Riza observó a lo lejos la débil luz del tren no pudo evitar recordar el día en que su amado le había acompañado a ver los fuegos artificiales de la ciudad, eventos a los que asistía con su padre, pero que luego de enfermar dejo de hacerlo… aún recordaba la primera vez, hace algunos años, cuando ella simplemente estaba aburrida en su sala sin esperanza de llegar a la ciudad pues no quería dejar a su padre, quien como si fuera un hechizo apareció de la nada en el lugar y solo dedicó una mirada a su hija.

Espero que no pienses salir vestida así—. Mencionó ciertamente molesto al notar que su vestimenta, si bien era cómoda, no tenía nada de elegante o que luciera a su hija. Al ver la confusión en su rostro solo se dedicó a explicar muy vagamente todo—. Espero que regresen temprano.

Claro que eso la dejo más confundida, y siguió sin entender hasta que Roy se apareció frente a ella, vestido de forma ciertamente elegante pero que ella reconoció de inmediato.

Se hace tarde Señorita Hawkeye, me ha costado convencer a su padre como para ser rechazado.— Mencionó algo sarcástico, sonriendo como casi siempre y ella no tardó en correr a su habitación.

Una ligera risa se escapó de ella ante el recuerdo, Roy apretó más el agarre. Amaba ese sonido, y esperaba no fuera la última vez que lo escucharía.

—Te extrañaré—. Fue lo único que dijo, pues lo que en verdad quiso decir quedó nuevamente enterrado.

-Te dije una vez, nada quería saber

Fue una más de mis mentiras

Y colapso hoy

No puedo soportarlo más tiempo

Incluso aunque yo solo quiero

Por siempre a tu lado estar-

¡Largo!—. Gritó con más tristeza que furia. ¿Cómo es que se atrevía a decir algo como eso en esta situación…?

Riza, por favor, escúchame...—. Comenzó a hablar nuevamente mientras se acercaba a ella, temiendo por el tono de voz de la adversa.

¡Cállate! ¡Aléjate de mi!—. Todo había sido un error, todo por no haber hecho caso a lo que su padre le decía. Jamás debió haberlo amado más que su propia vida.— Siempre lo supiste, pero eres demasiado egoísta para aceptar que esto solo era un juego… y vaya que caí.

¡Eso no es verdad! Déjame explicarte…—. Comenzó Roy, intentando calmarla, hace bastante tiempo que se dio cuenta de cuánto la quería y trato de decirle sobre sus metas, pues sabía que con ella en medio solo la pondría en peligro, un peligro que podía terminar en resultados que jamás se perdonaría.

Olvidalo, no necesito escuchar más… ¿Sabes? Solo necesitabas decirme la verdad, no tenías porque disfrazarlo… No quiero volver a verte—. Con ello terminó, saliendo de la habitación con dirección a un lugar que no pensó.

Pasaron unos cuantos días intentando evitar a Roy, pues pasó muy poco hasta que él se fuera como le había dicho. Al ejército, sólo entonces, es que ella pensó en sus palabras, palabras que ahora hicieron un gran vacío. Tal vez debió haberlo escuchado, pero poco podía hacer ahora; por otro lado, Roy se dio cuenta de que tal vez lo mejor era dejarlo así, si ella lo odiaba sería más sencillo dejarla fuera de todo, por su bien.

—Lo siento...—. Dijo en un tono de voz demasiado bajo.— Era mentira, sé que tenías razón y yo solo fui una tonta...—. Se detuvo pues él la interrumpió.

—Lo sé Riza, y no eres ninguna tonta...—. Comenzó, inseguro de lo que iba a decir.— Pero eso no cambiará nada.

Sabía que ella intentaba convencerlo de que la llevase con él, aún en las últimas. Roy recordaba ese día, había pasado semanas pensando cómo decirle que se iría sin ella, porque no quería condenarla.

El tren por fin llegó, y no habiendo casi nadie en la estación anunció su pronta salida. Las lágrimas brotaron nuevamente de sus ojos.

—Lo prometo—. Exclamó por fin, y como el tiempo se agotó ya, Roy acercó sus labios a ella, quien no tardó en corresponder… pronto se entendieron, este solo era el final del comienzo.

Quién sabe cuándo volverían a encontrarse, pero estaba dispuesta a esperar ese momento sin importar qué.

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-Hay mucho más de lo que puedes ver

Solo me hundo queriéndolo esconder,

si pudiera llorar, si no lo escondo más

Sería más honesta-

Conforme los años pasaron casi no hubo alguna interacción, ella inútilmente trataba de mandarle cartas, pero Roy siempre había sido buen pensador. Nunca tuvo respuesta a ellas y al cabo de poco tiempo le eran devueltas.

No se halló al destinatario, el domicilio era incorrecto… A veces hasta le decían que tal dirección ni siquiera existía. Riza sentía y sabía que la vida se iba, mirando a través de la ventana, aprendiendo las rutinas hasta en la naturaleza. Poco a poco el pequeño lugar que era su pueblo se fue vaciando, siendo que además de que naturalmente nunca vivió mucha gente ahí aquellos jóvenes que alguna vez fueron sus vecinos o compañeros decidian ir a otro lugar, a perseguir sus sueños; más de una vez alguno le sugirió llevarla a ella, ¿Cómo les explicaba que su sueño ya se había ido? Si ni a sus lágrimas les permite contarlo.

Y cuando se asomaba al balcón era solo para cambiar la perspectiva, para cambiar el hecho de que siempre se sentaba a mirar luego de sus deberes.

Ella quería mantenerse fuerte, "Quizá será mañana".

Solo que cada día era más difícil creer esas palabras.

-Cuando nuestras manos se entrelazaron

Esta soledad no existía ya-

No tenía ninguna idea de que hora sería, de todo lo que recordaba el tiempo fue lo último que intento perder… Ahora solo corría, esperando que la fuerza de sus piernas fuera suficiente.

Poco a poco el conflicto con las naciones se había agraviado y logró prender algo dentro de Amestris, una rebelión de la que bastantes aprovecharon para causar desastre a su antojo, esa noche tuvo suerte, había olvidado apagar una vela que dejó encendida en la cocina y decidió que era más fácil ir a apagarla en ese momento a tener que comprar una nueva.

Entonces lo escucho, murmullos fuera de su hogar, realmente no entendía lo que decían pero su instinto, afilado con el paso del tiempo, le dictó mantener la calma y el silencio, hasta que escucho como la puerta intentaba ser forzada. No lo pensó antes de correr lo más rápido y sigilosamente posible hacía el cuarto de estudio de su padre, ubicado en el sótano y que hace años se hallaba vacío con nada más que libros de alquimia básica y uno que otro apunte sin importancia de padre. Se refugió, hasta que gritos comenzaron a volverse audibles y una terrible sensación de terror le embraco… Pronto el sonido del fuego, aquel que conocía perfectamente se hizo presente. ¿Acaso…? No pasó mucho hasta que se le ocurrió asomarse por la puerta entreabierta.

Los intrusos habían prendido fuego a la entrada, y por lo demás no era de sorprenderse que la misma suerte tuvieron las casas de al lado.

¡Aquí no hay nadie, continúen!—. Exclamó una voz de repente y por alguna razón Riza se alivió, era demasiado arriesgado salir por la escotilla que su padre había instalado hacía afuera, pues realmente no tenía idea de cuántas personas había alrededor pero si tan solo ellos se fueran podría escapar.

Hasta que.

Esperen… —. A Riza no le costó recordar, el aroma y calor de la vela delataba que esta había sido apagada recientemente.

No lo pensó dos veces antes de cerrar abruptamente la puerta y ponerle el seguro para correr a la escotilla. Una vez afuera tuvo quizá unos quince segundos de ventaja sobre sus ahora perseguidores, quien por lo poco que vio se trataba de aquel grupo de bandidos que al gobierno le costaba capturar y uno de los principales causantes de la rebelión.

Su padre muchas veces le había explicado qué hacer ante una situación como aquella, pero ahora no podía recordarlo, intentaba no perder la cordura pues en un movimiento en falso la matarían, entonces como si llamará a la mala suerte tropezó. Se maldijo en su mente y en los pocos segundos que creyo que le quedaban un pensamiento fugaz se presentó.

Roy.

En poco tiempo ella ya no existiría, y habría roto su promesa. Las lágrimas aparecieron.

—Lo siento tanto...—. Susurró y agachó la cabeza aún en suelo, protegiendo su nuca usando sus brazos.

Pronto un pequeño ruido, parecido a un chasquido se hizo escuchar, y una oleada de calor caló en sus huesos.

—¿Te encuentras bien…?—. Preguntó una voz bastante apresurada que hacía notar intranquilidad, y al ella no responder la persona dueña de la misma se acercó con pasos rápidos. Sintió que intentaba tomar sus brazos, y entonces algo familiar le trajo la calma. Confiando en la nueva sensación alzó la cabeza, quedando sin palabras al reconocer el rostro frente a ella.

Bien podían haber sido minutos, pero en realidad pasaron segundos, donde ambos se miraron fijamente sin poder decir nada.

—Lo… lo siento—. Habló ella rompiendo el silencio y dejando caer pequeñas lágrimas antes de abrazarse a su salvador. ¿Cómo había sido posible?

—Deja de disculparte—. Habló con calma Roy, realmente no la había reconocido sino hasta acercarse, realmente pensó que era muy tarde ya. Aceptó el abrazo con plenitud, dando gracias por haber estado a tiempo, hace bastantes días que él y su equipo buscaban a los criminales y hace unas cuantas horas lograron enterarse de cuál sería su próximo punto de ataque. Roy no había perdido ni un segundo, arriesgando todo por llegar a tiempo, sabiendo que ellos acabarían con todo. Hasta con ella.

Esta no era precisamente la situación en la que planeaban volver a encontrarse, pero cuando inconscientemente se tomaron de la mano pareció que nunca se habían separado, que todos esos años no habían sido más que horas.

-Así que mis ojos cierro al recordarte

Pero yo te haré saber, siempre lo diré

Aún estoy aquí esperando por ti.-

Ahora Riza se encontraba en un refugio, junto a más personas víctimas de aquel grupo de rebelión. Había pasado cerca de medio año desde aquel suceso tan inesperado, y realmente se sentía vivir otra vez. En aquel lugar conoció demasiado, como una persona adulta también su presencia había resultado útil pues realizaba bastantes tareas y algunas veces le pagaban por ello.

En ese lugar comprendió la vida que se le había ido, y por un tiempo se olvidó de mucho. No dudaba de lo que Roy sentía por ella, pero por fin entendió la certeza de su promesa.

¿Quién le devolvería los años en penumbra si él moría sin cumplir su promesa?

Así pasó más años, rodeada de nuevos amigos, niños y niñas, además de personas mayores con las que gustaba de compartir el tiempo y lo mejor de todo se reservaba en las constantes visitas de Roy. Realmente todo había mejorado, y no se molestaba en pensar cuando podría acabarse, solo en disfrutar el momento.

-Ese girasol que se balancea

Me recuerda a aquel día en fui feliz

No quiero aceptar cuánto hemos crecido

Porque aun nada cambia.-

Pronto y con ayuda de Roy ella logró comprar una nueva vivienda, esta vez en la ciudad central. Poco a poco los problemas del país se solucionaban y parecía ser que todo marcharía bien, pero en lo que a ella respectaba, sentía como nuevamente el pesar y la soledad se presentaba… Se suponía que debía ser más feliz que nunca ¿Porqué no lo sentía así?

Entonces lo entendió, el día en que él tocó a su puerta, con la noticia que cambió todo. Debía irse, a un lugar bastante lejano, sin certeza de regresar.

Nuevamente la historia de hace años se volvía a repetir, de repente deseo detener el tiempo, regresar a aquella casona vieja, a sus días de juventud. Se vio por un segundo en ese tiempo, dándose cuenta de lo irónico de la situación.

Pero Riza sabía perfectamente que habría de hacer, ambos sin palabras se habían dicho lo mismo, comprendiendo que esta vez no debían cometer el mismo error.

—Cásate conmigo—. Mencionó, preciso y sin lugar a dudas. Y la expresión de Riza había sido la única respuesta que necesitaba.

-Creí escuchar

El viento susurrar

Pero aquí no estás,

No te puedo encontrar-

Tres años habían pasado desde su despedida, viviendo entre cartas y envíos para ella, y una persona más, un pequeño niño de nombre Edward, el hijo de ambos. El nuevo amor de ella y un recordatorio de la persona a quién más amaba… No había sido fácil realmente, pero ella sabía que a pesar de lo que pudiera suceder ahora había una razón más para ser fuerte.

Él le ayudaba a sobrellevar la soledad, no tenía idea de cuánto podría soportar hasta perder la cordura. De vez en cuando ella alucinaba y tenía pesadillas, diferentes escenarios, pero todo terminaba en lo mismo: Unas ganas inmensas de llorar al darse cuenta de que él se había ido, quizá para siempre.

Pero eso dejaba de importar cuando recordaba a su pequeño, como si este le susurrase que todo estaría bien.

-Aun así callada

Pido un deseo más, por favor

Vuelve otra vez, siempre lo diré,

Aquí estaré esperando por ti.-

Riza regresaba del trabajo y por consiguiente debido a la hora se apresuró a recoger a Ed de la escuela, después de todo aunque no quisiera admitirlo era bastante protectora con él, y el pequeño nunca le recrimino, parecía ser que a sus cortos seis años entendía el impacto que tendría en su madre si algo llegara a pasar.

—Alguien más había venido a recogerlo—. Señaló la asesora de su hijo, informando a la rubia.— No lo hemos entregado ya que no existía registro de algún otro responsable además de usted.

A Riza le dio un escalofrío e inconscientemente la mano con la que tomaba a su hijo apretó el agarre.— Muchas gracias, lo tomare en cuenta—. Dijo sin más, en un falso tono de calma, habían pasado bastante tiempo sin tener algún percance, además, era imposible que alguien supiera sobre la relación que ella tenía con Roy, se habían encargado de ocultarlo lo más que se pudiera, para evitar peligro hasta que todo acabará. El transcurso fue silencioso, intentando que Ed le describiera, de ser posible a la persona que le había ido a buscar.

—Detente—. Ordenó, fría y sin dudas a su hijo mientras lo colocaba detrás de ella, pues cuando intentó abrir la puerta notó que esta no estaba totalmente cerrada.

Ed obedeció, más por sorpresa que educación, rara vez escuchaba a su madre hablar de esa forma, de tomas maneras no tuvo tiempo de procesar más cuando la puerta se abrió desde adentro, dejando ver una persona bastante conocida para él, a pesar de solo verla en fotografías y de solo imaginar su apariencia en persona.

Y luego de años pensando en ese momento simplemente olvido todo lo que alguna vez practicó en su mente, porque claro, siendo el niño que era anhelaba ese momento.

—¡Papá!—. Grito y de inmediato soltó el agarre de su madre, corriendo con toda su fuerza, no tardando nada en llegar. Roy se sorprendió y de inmediato se agacho para recibirlo con los brazos abiertos. No dijo nada, pues de repente la fortaleza que reunió para ir al encuentro de su esposa e hijo se redució a nada, ahora quedaba un nudo y emoción por el momento.

Riza no tardó en unirse, conmocionada y totalmente feliz.

Por fin todo había acabado, lo sabía, el momento por el que esperó por años había llegado.

Fin.

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N/A: Espero que les haya gustado, y si no, una disculpa, no puedo devolver el tiempo que dedicaron si no es mil gracias por leer. Perdón también si los personajes se van muy por las ramas, pero realmente creo que la trama también se hizo mucha vuelta en mi mente. Originalmente esto iba a acabar para variar en tragedia, pero al final este me gusto más, quién sabe, tal vez un día me anime a hacer un final alternativo o algo.

Criticas, sugerencias y demás, siempre atenta. De nuevo, gracias por leer.

Muchas gracias y feliz semana.