Hola a todos ¿Como están pasando la contingencia? Espero que mejor que yo, sigo yendo a la oficina y me pone ansiosa ver como crece el número de infectados en mi país, pero bueno, tampoco es que pueda dejar el trabajo, cosas de ser adulto.
Bueno, si alguien ha leído alguno de mis FF inconclusos les ofrezco una enorme disculpa, de verdad ser un adulto no es tan divertido como lo imagine, pero así tarde 20 años voy a concluirlos, por el meñique.
Ahora mismo mi animo no es el mejor y fue así como llego la historia que hoy les traigo, espero que la disfruten y que dejen sus comentarios y criticas constructivas, ya sin más rollo les recuerdo que SNK es propiedad del maestro Isayama, díganle no a la piratería y coman frutas y verduras.
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DESPEDIDA
La alarma sonó pesadamente dando paso a la voz un locutor:
-Y en otras noticias el mundo del deporte está de luto, el día de ayer el piloto Erwin Smith perdió la vida en un fatal accidente...
El locutor continuo narrando los hechos, pero la mujer en la cama no escuchaba nada, no estaba dormida simplemente su cuerpo había dejado de responder, mientras la narración en la radio continuaba su cuerpo involuntariamente se hacia un ovillo, cada vez más y más pequeño, como tratando que toda la tristeza que sentía en ese momento desapareciera, que se hundiera en su cama y que no saliera de ahí, incluso si el precio era que ella también quedara atrapada en el mismo lugar, en ese momento era un precio que le parecía barato.
-Hange-llamo una voz femenina detrás de la puerta, podía escucharla con claridad, sabia bien de quien se trataba, aun así, no tenia ganas de siquiera emitir un ruido, mucho menos una palabra.
-Hange-volvió a llamar la voz-Sé que no estas dormida, te conozco lo suficiente-habló la voz en un tono suplicante, sin obtener respuesta de la mujer dentro de la habitación.
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-¿Lograste algo?-pregunto un hombre rubio de barba y bigote escasos
-Nada, no responde, esta encerrada ahí desde que paso-contesto la chica rubia con un tono melancólico
-¿Que hacemos?-
-No lo sé-la chica rubia trataba de mantener el semblante sereno pero el dolor empezaba a apoderarse de ella, el hombre noto como ella empezaba a temblar, se paro de la silla en la que se encontraba dejando ver su impactante altura y la rodeo con sus brazos, como tratando de protegerla, de cualquier fuerza externa o interna que tratará de hacerle daño.
-¡Diablos!-grito y dejo que las lagrimas comenzaran a fluir-Él también era nuestro amigo, yo también estoy triste-continuo sollozando tratando de contener el amargo llanto que sentía a punto de salir de su garganta, perdió la batalla contra ella misma pocos segundos después y se ahogo en un mar de llanto desgarrador, tan desgarrador que el hombre que la protegía la estrecho más fuerte contra él para evitar que notara que sus lagrimas también comenzaron a rodar por sus mejillas, perdiéndose en su bigote.
El sonido del timbre los hizo salir del trance en que la tristeza los había sumergido, de forma lenta y tratando de que la chica no pudiera ver sus ojos llorosos el rubio se despego de ella para atender la puerta, en el camino seco las lagrimas, tratando de no dar mala impresión a quien sea que estuviese de atrás de la puerta, abrió la puerta sin revisar en la mirilla topándose con un hombre de baja estatura y cabello profundamente negro, el hombre en la puerta pudo notar el remanente de lagrimas en la cara del rubio, pero no dijo nada para no incomodarlo.
-¿Como esta ella?- pregunto sin molestarse en saludar
-No esta bien, no la hemos visto, se encerró en su habitación desde ayer-dijo el rubio dejándolo pasar
-No creo que sea buena idea que estés aquí- dijo la rubia con un tono triste
-Necesito hablar con ella- dijo de forma fría como siempre hablaba
-Vamos amor, quizá el pueda hacerla salir-dijo el rubio tomando de la mano a la chica- sera mejor que nos adelantemos a la funeraria- Mike dejo que la chica tomara su bolso y ambos salieron del departamento.
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El hombre de cabello negro espero a que los rubios salieran para empezar a llamar a la puerta de la chica.
-Hange-llamó con un tono firme sin obtener respuesta dentro de la habitación, sorprendentemente se escucho una respuesta
-Lárgate, no quiero verte- contesto la voz triste y débil de la mujer dentro de la habitación, lejos de desalentarlo la respuesta solo avivo la necesidad que tenia por verla
-¡Abre la maldita puerta Hange!-grito con furia-¡No me obligues a tirar la maldita puerta!-continuo gritando, en un breve instante de silencio se escucho que el seguro era quitado pero la puerta permanecía cerrada, tras unos segundos de confusión el hombre giro la perilla y se encontró la figura de la mujer de la habitación sentada sobre su cama, dándole la espalda a la puerta, cubierta con una manta; la habitación era oscura pese a que eran ya más de las 10 de la mañana y por alguna razón el aire dentro de la habitación se sentía pesado, reflejando lo que la dueña de la alcoba estaba sintiendo en ese momento.
-Hange-Esta vez el llamado del hombre fue lento, como si se moviera sobre un lago congelado por el invierno, que en cualquier momento podía quebrarse.
-¿Que haces aquí?-pregunto en un tono triste
-Necesitaba saber como estas- le contesto mientras se acercaba lentamente a ella, finalmente llego a la cama y la abrazo por la espalda
-Suéltame, soy un monstruo-dijo con un hilo de voz
-No es verdad, tu eres la luz-le dijo mientras su abrazo se hacia más fuerte, finalmente la chica se dio la vuelta para corresponder el abrazo, no dijo nada de lo que su mente estaba pensando en ese momento y se soltó a llorar en los brazos del hombre de cabellos negros, él decidió no decir ni preguntar nada, le bastaba el hecho de que ella aceptara sus atenciones, le bastaba el hecho poder sentir su aliento y sus lagrimas. Después de todo él también se sentía con un monstruo, pero no sé lo diría para no ponerla más triste.
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Erwin era el piloto estrella de la escudería Sina, y estaba enamorado de Hange, se lo decía todos los días a todas horas, por su parte Hange solo lo veía como su mejor amigo, ella se lo decía también todos los días a todas horas, lo ultimo que quería era provocar un malentendido a hacer que el hombre albergara falsas esperanzas. Un día de entrenamiento Erwin llego con un joven de cabello negro y mirada fría, lo había encontrado corriendo arrancones cerca de la playa, su desempeño le había volado la cabeza y decidió que seria el nuevo integrante de la escuderia Sina, el nombre del chico era Levi.
Nadie lo supo a excepción de ellos pero desde el primer momento en que las miradas de Levi y Hange se cruzaron ocurrió un Big Bang, una explosión que destruía y creaba planetas a su paso, una tormenta de emociones que decidieron reservarse solo para ellos dos, ni siquiera Erwin fue participe de lo que ocurría entre ellos y ese fue un hecho del que se arrepentirían para siempre.
Era sábado por la noche y se encontraban atrapados en una fiesta con patrocinadores, utilizando sus mejores argumentos para sacarle dinero a esos petulantes y repugnantes seres, una vez avanzada la noche y habiendo conseguido jugosas donaciones los invitados fueron desapareciendo poco a poco, a Erwin no le extraño que sus amigos también hubieran desaparecido sin despedirse, estaba tan feliz por los logros conseguidos que decidió auto-invitarse a celebrar en el departamento de Levi, llego al lugar acompañado de una botella del mejor vino que pudo encontrar, sin importarle que a su amigo no le gustará el alcohol, sin embargo su sonrisa se desvaneció cuando llego al lugar, fuera del lugar vio una camioneta que conocía a la perfección, pensó estar alucinando pero una vez que corroboro las placas su cabeza dio vueltas y sintió que le temblaban las piernas, sin lugar a dudas se trataba de la camioneta de Hange.
Mientras se dirigía a la puerta del departamento su mente se trataba de dar argumentos satisfactorios para explicar la presencia del vehículo, toco el timbre con temor, esperando descartar sus sospechas, pasaron algunos segundos y la puerta no se abrió, el rubio volvió a insistir con el timbre, unos segundos después se escucho un ruido pesado desde el interior la puerta abrió lentamente dejando ver en el umbral a Levi, con la camisa mal acomodada y el peinado desecho.
-Erwin ¿Que haces aquí?-pregunto sorprendido sin moverse de la puerta
-¡Levi!, ¿Llego en mal momento?-pregunto el rubio fingiendo una sonrisa y sin darle oportunidad de responder, de forma ágil Erwin se abrió paso al interior del departamento, Levi trato de detenerlo sin lograrlo.
-¿Quien era Levi?-pregunto desde un sillón la chica de cabello castaño quien también tenia el peinado desecho y el vestido mal acomodado, el corazón de Erwin se rompió en cientos de pedazos cuando la vio, confirmando lo que sospecho cuando vio su camioneta estacionada afuera.
-Erwin- dijo de forma torpe la chica en cuanto se dio cuenta de que el rubio la miraba
-Erwin, espera, déjame explicarte- argumento el hombre de cabello negros desde atrás de él.
-¿Desde cuando?-pregunto débilmente
-Una semana después de que llego a escuderia-contesto con vergüenza Hange
-¿Porqué él?
-No lo sé Erwin, no tengo una respuesta para eso, solo pasó.
-¿Porqué ella?- pregunto volteando a ver al hombre tras él
-No me pidas explicaciones, no puedo darte argumentos lógicos, solo paso, nos complementamos, nos amamos- dijo de forma fría el hombre. Erwin trato de mantener la calma, para que no lo vieran derrotado, tomo el valor que le quedaba y se dirigió a la salida, cuando paso al lado de Levi le entrego la botella en las manos y desapareció de la vista de la pareja. Solo ellos supieron del encuentro de esa noche.
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Era domingo y estaba a punto de iniciar la competencia, Erwin no había aparecido en todo el día, ni siquiera para dar las vueltas de entrenamiento, el equipo estaba nervioso, temían que el rubio no llegara a tiempo y que lo descalificaran, unos minutos antes de la hora limite Erwin llegó, era evidente la huella de la desesperación en sus ojos, pero nadie se atrevió a preguntar nada.
Hange pensó en acercarse a él, pero no sabia que le iba a decir, solo pudo notar la mirada triste que él rubio le dio cuando paso junto a ella sin dirigirle la palabra, sentía una culpa quemante, motivada por el hecho de no haber sido sincera con su amigo, pensó que después de la carrera podría hablar con él y tratar tranquilizar las cosas entre los tres, no sabia que esa oportunidad nunca llegaría. Erwin corrió toda la carrera con la mente en otro lugar, sin poder sacar de su pecho el dolor punzante, aun así esa tarde dio la mejor carrera de su vida, rompió varias de sus propias marcas, termino la carrera en primer lugar impresionando al publico con su pericia, sin embargo, su auto no se detuvo, siguió dando vueltas en la pista aparentemente ajeno a que la carrera había terminado, el equipo estaba angustiado y trataba de comunicarse con él desde su radio, pero Erwin no contestaba, de repente todo cambio, una llanta delantera reventó justo cuando tomaba una de las vueltas más peligrosas de la pista, Erwin perdió el control, chocando contra una valla de contención justo del lado del piloto, los equipos de emergencias corrieron pronto a ayudarlo, pero era demasiado tarde, destrozado y sin vida el cuerpo de Erwin yacía dentro del auto, la punzada en el corazón desapareció.
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Como pudo, Levi convenció a la mujer en la cama para que se levantara y lo acompañara en el funeral. Vestidos de negro y con los ojos cubiertos por unas gafas negras ambos llegaron al sitio donde despedirían a Erwin. Los amigos, los subordinados, los admiradores, todos se habían reunido para darle una ultima despedida, aquella escena solo destrozaba más sus corazones y aumentaba el sentimiento de culpa de ambos.
-Polvo eres y en polvo te convertirás- decía el reverendo mientras dejaba caer el primer puño de tierra en el féretro de Erwin, Hange no pudo más, sus piernas dejaron responder y se dejo caer el suelo para llorar desconsoladamente, como una chiquilla que se acaba de percatar de que esta perdida muy lejos de casa, Levi no pudo evitar arrodillarse junto a ella y abrazarla tratando de hacer el momento más pasadero, pero lo único que lograba era que el sentimiento de culpa creciera en ella y que sintiera que sus manos estaban llenas de sangre.
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El crepúsculo llego, en el cementerio solo quedaban junto a la tumba Hange y Levi, ella no tenia la menor intención de moverse y él no se movería hasta que ella lo hiciera, no hablaban, solo contemplaban juntos el pedazo de tierra en el que ahora se encontraba inmerso su amigo.
-Levi- llamó en voz baja, rompiendo el silencio.
-¿Que ocurre?- el hombre trato de hablar sin su típico tono frió
Ella se acerco más a él y tomo su mano, haciendo que extendiera la palma, de su pequeño bolso saco algo que colocó en la palma extendida
-No merezco ser feliz- dijo al terminar de colocar el objeto en la mano, se trataba de un pequeño anillo que Levi le había dado ese mismo sábado, como una promesa de que su amor duraría toda la vida, el hombre trato de argumentar pero la determinación ya estaba tomada, Hange no permitió que dijera una sola palabra, se paró de su sitio dejando al hombre en shock y se fue corriendo.
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Recuperado del shock y ya hundido en una profunda oscuridad el hombre salio del cementerio y fue a buscar a la mujer a su departamento, para su sorpresa los miembros de la escuderia habían decidido reunirse en el departamento que Hange compartía con Nanaba así que pudo entrar sin tocar la puerta y se dirigió a la habitación de Hange, tras llamarla varias veces y no obtener respuesta decidió tumbar la puerta a patadas, en ese momento ya no le importaba guardar las apariencias, para su sorpresa la habitación estaba vacía, se notaba el desorden provocado por la mujer de cabello castaño al hurgar sus propios cajones, pero ni un rastro de ella, la busco por todo el departamento, la busco en los lugares que solía frecuentar, la busco en su taller, pero no la encontró, la busco por días, por días que se convirtieron en semanas, por semanas que se convirtieron en meses y por meses que se convirtieron en años, nunca la pudo encontrar, nunca pudo volver a hablar con ella a ver sus ojos que lo llenaban de vida, ese trágico día no solo se perdió una vida, ese día tres vidas fueron apagadas.
