Viendo las estrellas desde el balcón de su habitación, eran hermosas y su brillo lo era más, siempre lo eran; para ella ver en el firmamento de la noche llana estrellas a aparecer le recordaban a su amigo, a su querido amigo; esa estrella fugaz que se fue a reconstruir su planeta, con sus hermanas y al lado de su amada princesa; extrañaba mucho a su estrella fugaz, sostenía en sus manos ese peluche, un osito de llavero que le había regalado y era un hermoso recuerdo, no es que no tenga más recuerdos hermosos que pueda recordar, pero ese osito era muy especial para ella.

➖Te extraño Seiya-sonriendo nostálgicamente.

Todas las noches se asomaba en su venta, y las veía contemplándolas y pensando en que cualquier momento vería entre ellas esos hermosos resplandores, no solo quería ver a su estrella querida, si no también a su queridas hermanas.

En esa ocasión su mama entro a su habitación para mirarla, notando ese sentimiento de nostalgia nuevamente y acercándose lentamente para no asustarla.

➖Serena-colocando su mano en su hombro-Era tan especial ese amigo tuyo para que estés triste.

➖Mama-girando a verla-Si lo era... Pero está muy lejos, en su hogar y es imposible vernos.

➖No lo creo hija-sonriéndole-No importa la distancia, ustedes siempre serán amigos y algún día volverán a verse.

Solo se lanzó a sus brazos, sabía que estaba segura en los brazos de su mama, se sentía bien y era cálido.

"Mi pequeña...Cuanto tendrás que sufrir...-mirando a la luna que estaba en su esplendor, pero en su interior se preguntaba-Si tan solo no fueses la Princesa Serenity todo sería distinto".

Aunque ustedes no crean, la madre de la rubia, sabía quién era su hija, sabia a la perfección que era Sailor Moon, como la princesa, gracias a la reina Selene. Hace tiempo le mostró los recuerdos del pasado, ya que su hija necesitaba a alguien que estuviese a su lado, para darle apoyo moral, para mirarla, y estar a su lado, en su lugar, tal vez era su madre, pero su hija tenía otra madre, que la ambas como ella y eso deba la suficiente fuerza para confiar una en la otra, ya que su hija sufría por las personas menos esperadas.

Nadie se imaginaba que en realidad la pobre chica de cabellos igual que el sol, no necesitaba que a cada rato le recordarse cuál era su rol como princesa y como guerrera, lo que necesitaba era a sus seres queridos a su lado, apoyándola y haciéndole saber que siempre estarían allí en los momentos más difíciles, lástima que la realidad era muy diferente.