Este fic es la continuación del fic "La hermana pecadora" de mi autoría y también Boruhima o más bien, Himaboru. Os recomiendo leerlo antes de leer este para poder comprenderlo.

Habrá un tercer fic.


Datos:

Título: El hermano que siente.

Pareja: Boruhima. (Guiños Naruhina)

Género: Romance, drama leve.

Advertencias: Fic con contenido de INCESTO, OOC y versión sin Kawaki. Las edades las pueden poner ustedes a gusto. Recuerden que se llevan dos años.


El hermano que siente.


Boruto estaba mosqueado. Pero que muy mosqueado.

La siguió con la mirada mientras subía las escaleras hacia su habitación tras cargar la bandeja de tentempiés para ella y sus amigas. Ni siquiera le había saludado o sonreído.

En otra ocasión podría haber pensado que su hermana estaba demasiado emocionada con la reunión de amigas como para prestarle atención. Pero estaban hablando de Himawari, quien siempre había tenido un momento para él.

Y no es que esa fuera la única ocasión en que Himawari le había dado largas o que no le mirase a los ojos. Incluso una vez gritó para que su madre acudiera cuando llamó a la puerta del baño para decirle que la cena estaba lista. Su madre le había mirado asustada, preguntándose qué pasaba y al ver que no era nada, se marchó.

Él la esperó y cuando intentó interceptarla para preguntar, se encerró en su dormitorio y no salió hasta que su padre regresó esa noche.

Y eso ya estaba provocando que el vaso rebosara (1).

Por más vueltas que le diera siempre llegaba a la misma conclusión: todo comenzó la última noche que durmió con ella durante la tormenta.

Sabía que Himawari tenía miedo a las tormentas desde pequeña y él era quien muchas veces solía refugiarla cuando lloraba. Se había acostumbrado a ello y de la nada no quería que volviera a acercarse a ella cuando hubiera una. En realidad, ni siquiera ella fue a buscarle cuando hubo la última.

Cuando le preguntó a su madre acerca de su actitud y sus cambios no pareció encontrar una respuesta para ello muy clara. Porque el hecho de comentar "quizás sea porque se ha hecho mujer" (2), no le convenció mucho, tampoco que su madre se pusiera colorada cuando le dijo que para él Himawari siempre era una mujer.

Su madre pareció caer en un pozo y si su padre no hubiera aparecido, estaba seguro de que habría explotado como un tomate maduro.

Al final se quedó sin comprender el motivo y cuantas más vueltas le daba, más le molestaba.

—Todos experimentamos cambios mientras vamos creciendo, Boruto. Quizás Himawari ha encontrado un chico que le gusta y ha dejado de necesitar tu atención. No lo sé. ¿Por qué me preguntas a mí que soy hija única?

—Porque sueles ser más inteligente que yo, Sarada —refunfuñó colgando. Sí, preguntarle a los demás estaba siendo un poco pérdida de tiempo.

Era algo que iba a tener que solucionar por sí mismo.

Estaba tan concentrado en ello que olvidó que Himawari tenía visita y abrió la puerta tras llamar de la habitación. Varios pares de ojos se posaron sobre él. Se rascó la nuca, despreocupado, hasta que vio la cara de pánico de Himawari, quien se puso en pie y empezó a echarlo pese a las protestas de las demás.

—¡No es no, hermanito! —le advirtió.

¿¡Qué demonios!? ¿Por qué diablos le trataba como si fuera un perro?

Definitivamente eso no iba a quedar así. Como que se llamaba Boruto Uzumaki.

Esperó a que las chicas que se marchasen, a que pasara la cena y que su madre anunciara que se iba a dormir. No era raro que él se quedara despierto hasta tarde si no tenía misiones de por medio. Su madre solía achacar a eso la necesidad de ponerse al día con sus deberes. Himawari, sin embargo, siempre era de dormirse temprano.

Se coló en su dormitorio con facilidad y conocimiento gracias a su entrenamiento. Tal y como imaginaba, Himawari ya se había acostado. Hacía tiempo que no dormía con más luz que la que entraba por su ventana. Era suficiente para él.

Se detuvo a los pies de la cama.

—Hima —nombró.

Ella dio un respingo y se sentó. Abrió la boca para gritar y si no fuera gracias a sus reflejos, apostaba no llegar a tiempo y, seguramente, tendría a su madre sobre él o incluso a su padre.

—Hima, no grites —suplicó—. Y tampoco te enfades —añadió recordando el accidente del oso—. Quiero hablar.

Apartó la mano lentamente y se sentó sobre sus piernas, dispuesto a saltar hacia atrás de ser necesario. Himawari miró a su alrededor y luego a él.

—Te dije que no volvieras a entrar en mi cama, Nii-chan —regañó.

Él se cruzó de brazos.

—¿Y por eso tu enfado? Me ignoras todo el tiempo, ttebasa.

Himawari abrió la boca. La cerró. Sus ojos se desviaron y hasta sus mejillas enrojecieron. Boruto no entendía qué pasaba por su mente. En realidad, le costaba comprender qué pasaba por la cabeza de las chicas. Llegaban a un punto en donde cambiaban drásticamente. Le había pasado con Sarada y ahora Himawari estaba yendo al mismo camino.

Por un instante, sintió miedo de perderla. Hasta tal punto que extendió sus brazos hacia ella y la asió contra sí, rodeándola en un abrazo.

—No me dejes —susurró.

Himawari se quedó muy quieta por un instante y luego, comenzó a balbucear y empujarlo. Boruto abrió los brazos lentamente y bajó la mirada hasta dar con su rostro. Estaba completamente sonrojada. Un sonrojo que sólo había visto poner a su madre cuando su padre le susurraba algo que prefería no saber o su mano descendía más de su cintura sin que él se diera cuenta.

Sin comprender por qué, se le contagió.

Así como tampoco podía comprender lo que sucedió después. Himawari se quedó mirando su cara sonrojada, pronunciando más la vergüenza. Cuando intentó esquivar su mirada e iba a cubrirse con el brazo, ella lo asió del cuello de la camiseta y tiró de él. Se echó hacia delante por inercia pero algo lo detuvo. Algo cálido y suave sobre sus propios labios.

Himawari estaba besándolo.

Y no era un beso de hermanos, de esos que dabas sin querer en la comisura de la boca del otro porque ambos os movéis erróneamente para después acusarle de contaminación de babas. No. Estaba pegando sus labios consciente contra los suyos.

Si tuviera que explicarle a alguien qué sentía no podría responderle con claridad. Muchas veces había pensado en besar a chicas, incluso casi tuvo un beso por error con Sarada tiempo atrás y Mitsuki a veces tenía que rehuir porque parecía querer comérselo. Sus padres nunca les habían dado besos en la boca.

Así que si se lo planteaba bien ese estaba siendo su primer beso. Y sí, era su hermana pequeña.

Y no estaba siendo desagradable del todo, cosa que comenzó a asustarle. Solo era el roce de sus labios, sus bocas pegadas y poco más y sin embargo, estaba sintiéndolo.

Algo extraño estaba creciendo caliente en su interior.

Retrocedió, cayéndose de la cama. Himawari se asomó con los ojos muy abiertos y se sentó, tocándose los labios.

—¿Qué has…? ¿Por qué me has…?

No encontraba las palabras exactas. Su voz llegó trémula cuando respondió.

—Por eso quería que te alejaras de mí… —confesó—. Yo… no soy normal. Yo… creo que siento cosas por ti, nii-chan.

Boruto frunció el ceño mientras la escuchaba hablar. Intentó sentarse más cómodamente y extendió una mano temblorosa hacia ella.

—Espera, espera. ¿Cómo que sientes cosas hacia mí?

Ella cabeceó. Extendió la mano hasta aferrar uno de sus muñecos.

—¿Cosas como… las de papá y mamá? —cuestionó. Tuvo que tragar para poder decir las palabras.

Su cabeza volvió a inclinarse afirmativamente.

—Hima… —susurró.

Ella levantó la mirada hacia él.

—¡Yo lo sé! Pero… he intentado evitarte por eso, porque no sé qué me pasa. Fue muy raro… comenzó de la nada y ahora no puedo sacarlo…

Himawari le habló de su experiencia. De cómo sus amigas solían hablar de él, de cómo la llevó a buscar información que claramente no debería y cómo terminó soñando con él. No dio los detalles pero Boruto pudo imaginarse por dónde iban los tiros por la forma en que sus ojos brillaban, por la forma en que sus labios temblaban y sus mejillas enrojecían.

—Yo… no quería arrastrarte a mi pecado.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y el corazón se le partió. Nunca le había gustado verla llorar. No lo soportaba. Se levantó y de nuevo, la tomó entre sus brazos. Ella pegó su mejilla contra él, liberando todo lo que parecía haber retenido por mucho tiempo. Aunque no estaba seguro de cuánto.

Ahora al menos comprendía el porqué de sus actos.

Aunque fuese algo extraño que implica sentimientos que no debían de tener.

La conversación quedó en nada cuando Himawari se durmió en sus brazos. Boruto la acostó y regresó a su dormitorio sin poder quitarse de la cabeza lo ocurrido y lo que ahora conocía. Lo que afligía a su hermana, lo que la había llevado a ignorarlo con todas sus fuerzas para evitar que ese extraño sentimiento creciera.

No pudo dormir.

Al día siguiente Himawari también se despertó tarde. Ambos se encontraron en el pasillo y la incomodidad fue visible. Ella no sabía dónde mirar y él tampoco sabía qué decirle para calmar el asunto. Sólo alcanzó a poner su mano sobre su cabeza y alejarse con la excusa de ir al baño.

—¿Qué os pasa?

Fue su padre el que preguntó al verlos tan callados. Los estudió con la mirada un buen rato. Boruto jugó un poco con su comida e ignoró su pregunta, pero Himawari, más sensible, terminó llorando y marchándose ante la cara de sorpresa de su progenitor.

—Genial, padre tonto —acusó levantándose para salir de la casa.

Imaginaba que su padre miraría a su madre preguntándose qué había hecho mal y lo sentía por cargar con él las culpas, pero no era algo que ellos pudieran solucionar. Más bien, no quería ni imaginarse qué caras pondrían al saber que su hija pequeña estaba enamorada de su hermano mayor. Quizás se lo tomasen a una broma con algo como un enamoramiento pasajero o la idea equivocada de admiración.

No era así. Si fuera sólo eso Himawari no lloraría como estaba haciéndolo ni se sentiría tan sucia por esos sentimientos.

Y él tampoco habría estado dándole vueltas al condenado beso que se repetía en su mente una y otra vez.

Se llevó una mano al rostro y echó sus cabellos hacia atrás, frotándose de paso la cara una y otra vez.

Subió al tren y como era costumbre, Shikadai estaba allí. El Nara levantó una ceja al verle.

—¿Qué te ocurre?

Chasqueó la lengua y se sentó cerca, mirando hacia la villa de la hoja y sus grandes edificios.

—Si tuvieras algo que va contra la sociedad pero que no puedes dejar. ¿Qué harías? —cuestionó.

Shikadai lo sopesó.

—Depende. ¿Es algo que realmente no puedo o no quiero dejar?

Boruto le sonrió.

—Buena pregunta.

Shikadai se encogió de hombros. Definitivamente, su padre tenía razón cuando decía que si existía un problema que le superase debía de buscar a un Nara para ayudarle.

Aunque eso no significaba que tuviera la solución exacta.

Pero al menos le serviría par poner un poco en orden sus pensamientos.

—¡Boruto!

Su madre corría hacia él cuando regresaba hacia su casa. Por más que pasara tiempo fuera rumiándolo no serviría de nada.

—¿Mamá? ¿Ocurre algo?

—¿Has visto a Himawari? —cuestionó intentando recuperar el aliento.

Boruto suspiró.

—Mamá, ya no es una niña pequeña que está siempre en tus faldas. Ella ha crecido —recalcó esas palabras pero no supo si eran para ella o para sí mismo.

Hinata negó, tragando.

—No es por eso. Estoy preocupada por lo de esta mañana pero cuando he ido a su cuarto a verla, no estaba su maleta ni su oso favorito. He llamado a casa de sus amigas y no está.

Se incorporó y miró hacia la oficina del Hokage.

—Tendré que decirle a Naruto antes de que sea tarde. Él podría encontrarla.

—Espera, mamá —negó—. No será necesario. Sé dónde está.

Hinata le miró perpleja.

—Yo me encargaré de llevarla a casa. Si está enfadada con papá por algo de lo de esta mañana, no querrá verle. Conmigo siempre habla.

Su madre le sonrió más confiada.

—Entiendo. Eres un buen hermano, Boruto.

No. No lo era. Si lo fuera realmente dejaría que fuera su padre a buscarla.

Sabía dónde estaba escondida Himawari. Era un viejo lugar al que ambos solían ir cuando jugaban a las escondidas con su padre. Claro que él siempre daba con ellos, por aquel entonces les parecía increíble que fuera capaz de hacerlo tan rápido. Hoy día pensaba que hacía trampa.

Tal y como imaginaba, estaba allí, acurrucada en el viejo tronco. Puede que Himawari no fue tan alta como él a su edad pero ya no cabía en ese hueco. Menos con su peluche o con su mochila.

Se inclinó y la cargó en su espalda.

Himawari despertó al poco tiempo.

—¿Nii-chan? —murmuró.

—Huir no es algo que los Uzumaki hagamos. Papá me dijo que siempre afronta las cosas de cara y es algo que yo he decidido hacer también. Así que… tomaré en consideración tus sentimientos.

—¡Pero…!

Soltó el peluche y la mochila para poder moverse mejor. Himawari se deslizó más hacia él y pudo encontrar sus labios. Un rápido beso que la enmudó.

—Volvamos a casa. No vuelvas a huir o será papá quien vaya a por ti.

Recogió las cosas y retomó el camino de regreso.

Lo que no sabía él es que había abierto una nueva puerta en ese momento. Mientras que Himawari ocultaba su rostro en su hombro, soltando gemidos de emoción, él no sabía controlar su corazón.

Días después, despertaría en su cama, sudando y con una erección entre sus piernas. Frustrado y también, convencido de que algo iba mal dentro de él.

Porque soñar con tu hermana menor de ciertas formas ya no era tan adorable.

Había dado un paso demasiado grande. Su mente había terminado de desarrollar esa parte pecadora que le hacía sentir algo más.

Himawari no era la única corrupta.

Al final, él también había caído en el pecado.

Fin

Abril 2020

(Curiosamente, un año después del primero…)

¡Gracias por leer!


(1) Guiño al dicho acerca de que la paciencia es como un vaso lleno de agua.

(2) Sí, la mestru, la roja, la marea, la el andrés, la odiosa, la que algunas desean tener y otras no ver en pintura.