La primera vez que Wen Ning se plantea la palabra "amor" como algo más en su vocabulario, es a una edad más corta de lo que se imaginaba. Si bien, puede decir fácilmente que ama a su hermana y a su familia, éste querer se sentía diferente.
No era más que un pequeño revoloteo, una mínima mariposa que le hacía sentir algo mareado, la forma en la que aquel muchacho caminaba a pasos ligeros, la facilidad con la que le hablaba, sin ningún toque de malicia en él. Lo cautivaron desde el primer momento. No estaba acostumbrado a que alguien le elogiara tan sinceramente. Ni que le tratarán de una forma tan familiar. Su primer contacto se sintió cálido y fugaz. Cómo los últimos destellos del atardecer antes de ocultarse entre las montañas.
Tras ver sus hazañas en la cacería, realmente pensó que lo que comenzó a sentir por Wei WuXian era un profundo respeto y admiración como cultivador, y como persona. Su astucia era admirable, tanto que Wen Ning pensó que algún día quisiera tener esa misma confianza.
(...)
La segunda vez que Wen Ning piensa en ello, es cuando está remando sobre el lago del destrozado embarcadero de loto. Cuando se enteró de la noticia, su corazón casi se sale de su pecho. No entendía por qué los del clan Wen tenían que recurrir a esto, odiaba la idea de matar gente sin razón alguna, y cosas como el poder nunca contarían como una razón para él. La sangre derramada de la secta Jiang estaba por todos lados, el lugar donde creció aquel chico que fue amable con él había sido ensuciado vilmente; sentía náuseas. Cada vez que miraba los cadáveres tenía un infinito miedo de encontrar al joven amo Wei. Y aún así, sentía que era su deber buscar algún sobreviviente de su secta para brindarle ayuda si era necesario.
Por ello, cuando miró de reojo por encima de las tejas, le reconoció de inmediato. Sintió un alivio de no haberlo visto en esa montaña de cadáveres.
Cuando le capturó y amenazó, realmente no lo podía culpar. Wen Ning se sentía aún más culpable por lo que le pasó a su clan, si podía hacer algo por Wei WuXian que así sea. Aunque su hermana seguramente lo regañará por ello, está seguro que lo reprendería aún más si no seguía a su corazón. El corazón de Wen Ning estaría en paz una vez que el joven amo estuviera a salvo.
Verle tan derrotado, verle tan débil, solo hacían crecer la necesidad de su pecho de brindarle todo su apoyo. No solo era su astucia y confianza, sino incluso la forma en la que sus pestañas bajaban y su mirada se perdía entre las flores del lago, Wen Ning fue cautivado por cada detalle.
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La tercera vez, estaba convencido de que le tendría un infinito respeto a un corazón tan noble. Wen Ning no se había equivocado con él y de eso estaba seguro. Nadie que conozca, mucho menos alguien tan talentoso y con un futuro extremadamente prometedor le daría su núcleo dorado a otra persona con tanta facilidad. Sin dudarlo ni un minuto, aunque pudiera ser que no funcionara. Nadie más que conozca podría aguantar tal agonía por alguien que ama, ni se quedaría en las sombras sin que reconocieran su sacrificio. Por lo general, los principales de la secta Wen hacían lo contrario, pero Wei WuXian era diferente a cualquier integrante de cualquier secta. Era noble y valiente. Cuando se hubo finalizado el proceso y tuvieron que separar sus caminos, Wei WuXian le regaló una sonrisa cansada, y Wen Ning tuvo que contener con todas sus fuerzas las ganas de ser su apoyo al caminar montaña abajo.
Se arrepintió tanto de no hacerlo. Se arrepintió de no hacerle caso a esos latidos que le gritaban sobre el oído que esa sería su única oportunidad.
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La cuarta vez fue extraño. Su corazón no podía latir más, su piel ni siquiera podría sentir el calor de una vela sobre sus dedos, sus músculos no responderían si quisiera sonreír otra vez. Y aún así, estaba feliz de tener otra oportunidad para volverlo a ver. Era como un sueño, estaba con toda su familia, tenía a su hermana, a su abuela, a A-Yuan. Todo gracias a la nobleza de Wei Ying. Cuando el mundo les había dado la espalda, él les brindó una mano, aunque eso significara que todos le dieran la espalda a él. Aunque tendría que perder las cosas por las que había luchado desde un principio.
Había ocasiones donde reía y jugueteaba de aquí a allá, peleando con Wen Quing y enterrando al pequeño A-Yuan como si fuera un nabo. Pero cuando ellos no estaban, y tal vez Wei WuXian se olvidaba de la misma presencia de Wen Ning, se permitía sentirse melancólico, se veía triste, derrotado.
Wen Ning haría lo que fuera para que Wei WuXian se viera más cómodo, aún en ese camino que parecía un puente de una sola tabla, en medio de la oscuridad. Si se lo permitía, quería ser quien lo guíe para no caer, ser aquel que sostuviera la vela para que no hubiera más oscuridad.
Haría lo que fuera por él, incluso convertirse en su más grande arma. En su escudo.
(...)
—A-Ning, ¿Tú sientes algo por el joven amo Wei, no es así? —La quinta, fue algo inesperado. Wen Ning había dejado caer la bolsa de papas cuando escucho la voz de su hermana, aún procesando sus palabras.
No respondió de inmediato, pues las papas habían rodado por el suelo un poco, y tenían que ir al pueblo a venderlas como era costumbre. Si Wen Ning siguiera vivo, estaba seguro que su sangre se le habría subido de golpe a la cabeza y se hubiera sentido mareado. Pese a que no hay explicación fisiológica con sentido, siente otra vez su estómago revolverse.
A grandes rasgos, está avergonzado de que su hermana se diera cuenta, ya que ni él mismo se lo había aclarado del todo, y por otra parte, si su hermana lo había notado, ¿Era posible que Wei WuXian también? Era posible, y eso lo hacía sentir aún más avergonzado, su devoción realmente no era normal, tal vez le pareciera incluso desagradable. Tal vez su hermana pensar que todo lo que había pasado era por sus absurdos sentimientos hacia Wei WuXian, que tal vez solo había pensado en él y fue egoísta, que esto era su culpa. Sin embargo, ella le ayuda a recoger las papas en el suelo y le acaricia el cabello, tal como hacía cuando eran niños.
—A-Ning, está bien —, le habla tan dulcemente como nadie pensaría de ella, pese a su dura actitud siempre había sido amorosa con él, era su preciado hermano después de todo —, me alegra que tengas la oportunidad de sentir algo tan puro por alguien más, estoy orgullosa de ti.
Los ojos de Wen Ning pican un poco, aunque tal vez es solo su imaginación. Si su corazón aún latiera, si aún estuviera vivo, definitivamente se habría puesto a llorar. Aunque no pudiera llorar, ella le consuela con un fuerte abrazo y le dice que todo estará bien.
