El callejón Diagon
Capítulo 1
Harry Potter pertenece a J.K. Rowling. Este texto no persigue fines lucrativos.
Abril de 1980
El sonido del despertador deshilachó el sueño en que estaba envuelto y lo devolvió a su realidad, a su vida. Le tomo unos instantes recordar quién era y que se suponía que debía hacer a continuación, tanto así había estado inmerso en sus fantasmagorías. En el sueño era otro pero ése se disipó como una niebla. Era él de nuevo, mirando el mismo techo de siempre, en su pequeño apartamento en la calle Charing Cross.
Se levantó sin bostezar, sin desperezarse. Echó un hechizo de calentamiento a la regadera, y se duchó en el reducido espacio de su baño. Se vistió de negro, como hacía regularmente, único color que le sentaba y salió a la calle con el cabello húmedo y el estómago vacío.
Iniciaba a trabajar antes de que amaneciera y en ocasiones debía quedarse cuidando una cocción hasta entrada la noche. Estaba empleado en la botica en el callejón Diagon, como pocionista. Un trabajo mal pagado, pero en el que nadie le preguntaba sobre sus horarios siempre que tuviera las pociones listas en el momento en que fueran requeridas.
Con sus capacidades podría haber conseguido algo mejor y dejado de vivir en una buhardilla atestada de insectos, pero debía estar disponible en todo momento, salir y entrar de la botica sin responder preguntas, ni pedir permisos ya que el Lord le llamaba continuamente y él no podía permitirse faltar a esas reuniones o llegar después de la hora citada.
Abrió la tienda con la llave que le habían confiado y se encerró en el laboratorio, reanudó las cocciones que pudo suspender, prendiendo los calderos e hirvió agua para lavar viales y frascos desocupados. Si sus antiguos compañeros de casa le vieran, en una labor más de lavaplatos que de mago, se burlarían de él. Éste era el mismo idiota que había declarado en séptimo curso que una vez que entrara en el selecto grupo del Lord el mundo mágico empezaría a respetarle y temerle. Qué poco quedaba de ése adolescente voluntarioso, si acaso el gesto, la fachada y las túnicas elegantes que se había comprado durante ése último año, antes de iniciar su nueva y prometedora vida de graduado.
Pasó la mañana tallando frascos, en vigilia constante de las pociones y sus grados de cocimiento, cortando ingredientes, escribiendo prescripciones para algunos remedios comunes. Salió a comer cerca de las dos de la tarde, cuando el sol había perdido su fresco rostro mañanero y la inclinación de las sombras indicaba que la parte prometedora del día se terminaba.
Comería en cualquier establecimiento que se encontrara en Diagon, tan sólo debía rellenar el hueco del hambre y volver al laboratorio. Iba abstraído en sus planes, miraba a la gente como a sombras, sólo evitando chocar con ellos pero al encontrarse fuera de la cafetería, un mago que salía lo empujó sin querer.
—Lo lamento, caballero —dijo el otro. Snape conocía ése tono ronco, demasiado amable.
—Lupin…—El aludido se giró a mirar a quien lo llamaba por su apellido y a su vez, no pudo dejar de reconocer la voz de barítono y su deje desdeñoso.
—Snape… —Remus miro al mago, un tanto sorprendido e incómodo. Se observaron mutuamente, con molestia, pero Snape debía querer decir algo puesto que seguía mirando a Lupin, sin inventar un pretexto para despedirse de inmediato.
—No nos veíamos desde…. —compuso Remus, dejando la frase abierta para que el otro la terminara, intentando mantener la cordialidad.
—Hace dos años —sentenció Prince con absoluta seriedad.
—Sí, en la graduación, creo…—dijo Lupin, mientras sus ánimos de continuar hablando se debilitaban. En realidad no recordaba haber visto a Snape aquél día y le molestaba fingir un compañerismo que estaba muy lejos de sentir.
—No estuve en la graduación. —evidenció Snape, con los ojos desviados hacia algún punto de la avenida. Lupin no supo qué decir y arrugó el entrecejo, ya pensaba en marcharse cuando el otro, respirando fuertemente, regresó la mirada hacia Remus con la clara intención de hacer una pregunta importante.
— ¿Has… has sabido sobre Evans?
Remus pestañeó, pasmado y se pasó la mano por el cabello, pensando.
—Ahh… sí, bueno, ella está bien, se casó hace… un par de años… —balbuceó.
—Ya estaba enterado de eso.
— ¿Lo estabas? —Preguntó el otro nuevamente— .Bueno, Londres es un pañuelo, supongo…
— ¿Es verdad que ella…? ¿Ella está embarazada? —preguntó Snape, con el cuerpo en tensión, algo que Remus notó claramente.—Si está embarazada… si de verdad lo está corre un grave peligro ¿ella lo sabe?
Remus titubeó, su cara delataba su incredulidad, parpadeó varias veces como si algo le nublara la buena visión y aunque abrió la boca no llegó a decir nada, sino que retrocedió para alejarse del mestizo que a su vez avanzaba unos pasos apremiantes hacia él.
—No sé de qué me hablas —murmuró sin color en la boca—.déjame tranquilo por favor, tengo que irme.
En contraposición con sus buenos modales Lupin se abrió paso empujando a las personas que transitaban la avenida, pero la mano de Snape. se había aferrado a su abrigo. Avanzaron de ése modo un par de metros, con Remus abrazándose a sí mismo mientras el otro caminaba torpemente, sin soltarle, hasta que Lupin se giró para apartar al otro de un manotazo, con la paciencia agotada.
— ¿Qué es lo que quieres, crees que voy a decirte algo sobre ella, para que corras a contárselo a tú sabes quién?
Snape frunció los labios y entrecerró los ojos, había cierta amenaza implícita en éste gesto.
—Entonces ya lo sabe… no tengo nada más que hablar contigo en ése caso —dijo casi escupiendo a la cara de Remus y se dio la vuelta de regreso hacia la cafetería. Lupin se acomodó el abrigo y siguió su camino calle arriba con la mente ensimismada en preguntas que acababan de surgir de su encuentro con Snape.
II
Llegó a su apartamento pasadas las nueve de la noche. Abrió la puerta y entró en la pieza oscura, de ella exudaba un olor a húmedo encierro.
Se sacó las botas sin fijarse en lo que hacía y se dejó caer en una silla junto a la mesa. El apartamento era una habitación en la que cocina, cama y baño estaban apenas separados.
Prince se dijo que tendría qué hacerse algo para cenar, en lugar de ello se quedó sentado, con la cabeza y brazos apoyados sobre la mesa, pensando.
La luz amarillenta de la farola tocaba el cristal de su ventana, él miraba hacia el exterior, sin realmente observar nada.
Detrás de sus ojos se encontraba con Lily.
Había tropezado con ella hacía cerca de un año, justo en la esquina en que Diagon se juntaba con el callejón Knockturn. Se había topado de cara con Evans, de otro modo habría intentado evitarla, pero de un momento a otro estaba justo frente a él.
Ella salía de una tienda de túnicas, llevaba una prenda doblada sobre el brazo. Miró a su viejo amigo y tardó unos segundos en reconocerlo del todo. Snape sintió como si un rayo lo hubiera atravesado. Podía percibir su palpitar reverberando desde el centro de su pecho hasta sus oídos. Quería ser dueño de sí mismo, por lo que se negó a mirar a los ojos de Lily por más tiempo y reanudó su apurado camino hacia Knockturn. Se repitió que Lily Evans estaba muy lejos de su vida y que en el futuro no habría nada que lo relacionara más con ella, después de todo era una hija de muggles casada con un hombre despreciable.
Mientras sus pasos lo alejaban de la mujer una extraña tristeza comenzó a oprimirle el estómago. La entrada al callejón Knockturn apareció como un lugar sombrío y estéril.
Sabía que su boda se había celebrado un par de meses atrás y sin embargo aparentaba estar sola en ése momento. Tal vez Potter deambulaba en alguna tienda vecina, mientras su reciente esposa esperaba fuera.
La odió. La odió y esperaba que fuera desdichada, sin embargo se imaginó que ella debía estar feliz con Potter, con su nueva vida como esposa de un auror acaudalado y de sangre pura.
Se percató despacio, de que hubiera deseado verla unos momentos más. Estaba crecida y más bonita que nunca. Ver en su cara una expresión diferente al rechazo, lo había puesto eufórico, desesperado por desaparecer de su presencia.
Un sonido de pisadas lo seguía. Se preguntó, con una inadecuada esperanza, si podía tratarse de ella; por lo que no le sorprendió demasiado volverse y verla en la parte más alta de la calle, con el sol a sus espaldas y su pelo brillando como un incendio. El mestizo quedó obnubilado unos instantes, pero igual que había hecho junto a la tienda regresó a su camino sin dar una señal amistosa.
Evans descendió hacia Knockturn con el paso decidido.
— ¡Hey caballero, tengo la impresión de que nos hemos visto antes! —le habló ella con un rastro de severidad en la voz, a pesar de que buscaba ganar su simpatía.
Snape de nuevo se encontró poseído por una voluntad contradictoria y se detuvo, aun sabiendo que sería mejor continuar caminando e ignorarla.
Lily dejó de andar cuando lo tuvo cerca y lo observó llena de curiosidad, aunque cautelosa. Éste hombre frente a ella era muy distinto del niño al que había adorado. Éste resultaba distante y rígido, la miraba con los ojos entrecerrados y la boca apretada de enojo.
—Me alegra ver que estás de tan buen ánimo —bromeó ella, sin alegría—. He preguntado por ti desde hace meses, al parecer te has vuelto muy reservado…
— ¿Qué quieres señora de Potter? ¿Ahora soy merecedor de tus palabras?
Lily dejó salir una risa nerviosa y bajó los ojos al suelo.
—Veo que sigues molesto, no puedo culparte, supongo. Aunque… nuestra pelea no fue algo tan terrible como para que finjamos no conocernos. —se aventuró a levantar la mirada para hallarse frente a una expresión severa, la más dura que ella hubiera visto en ése rostro y la sonrisa dudosa que intentaba mantener se diluyó.
Snape respiraba superficialmente, estaba tan indignado que no sabía qué decir. Lily pudo notarlo, así que decidió hablar ella.
—No estoy acusándote de nada Snape, sé que dejaste de buscarme porque te lo pedí, me refiero a que yo… no puedo seguir fingiendo que no te conozco, nunca debí hacerlo en primer lugar.
—No hace falta que finjas, a estas alturas somos plenos desconocidos. — sentenció el hombre sin que amainara su amargura.
Lily lo contempló con seriedad unos momentos y luego una sonrisa melancólica le estiró la boca.
— ¿De verdad? ¿Ya dejaste ése mal hábito de rayar los libros? Eras un suplicio para la bibliotecaria, los profesores te alababan, pero ella no podía salvar sus libros de ti.
Snape no pudo evitar agitarse levemente, algo dentro de él se revelaba como una ola. No sabía si estaba furioso, no podía permitirse perdonarla, mucho menos por unas cuantas palabras.
Lily dejó de sonreír y se le quedó mirando de nuevo con una fijeza inusitada. Prince se obligó a no desviar los ojos y hundirle unas pupilas cargadas de reprobación.
—Eres el mismo… lo serías, si dejas de fruncir así el ceño y verme como si quisieras envenenarme.
—Tengo demasiadas ocupaciones como para perder el tiempo con tus puerilidades, adiós señora Potter —sentenció antes de girarse de nuevo hacia la parte más baja del callejón.
Dio un respingo cuando ella corrió para interponerse delante suyo y lo sujetó por los hombros con efusividad. La resolución en su semblante alarmó a Snape que no sabía qué esperar de ella. Estaba desorientado y pálido. Soltó su brazo de los dedos de Lily, ella lo dejó zafarse.
—No comprendo a qué viene esto, hace mucho que dejé de ser tu amigo. Además me parece que ya tienes una compañía bastante acorde a ti, contando al cerdo de Potter y los imbéciles que lo rodean ¿No era esa, la clase de gente de la que deseabas rodearte, Lily Potter?
La mujer le observó duramente, sopesando sus palabras.
—Conozco el concepto en el que los tienes, pero no creo que debamos hablar de ellos ahora… creo que puedes estar en problemas mayores...
— ¿Ah, sí? —él se cruzó de brazos, sarcástico.
— ¿Es verdad que tienes la marca?
— ¿Cómo buena auror creíste que obtendrías información de mí? Una pobre e insincera disculpa y te diría todo lo que sé…en realidad no me conoces Evans.
Prince sonrió por primera vez, pero era una sonrisa burlona y soberbia. Lily lo miró como si Snape estuviera a las puertas de una tempestad inminente.
—Entonces es cierto… ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo, es que no ves quién es él?
Snape continuaba sonriendo.
— ¿Por qué te ríes? —le reclamó ella, acercándose para tomarlo de los hombros otra vez. Snape dejó de sonreír y quiso apartarse, pero las manos de Lily estaban sujetas a él y su cara muy cerca de la suya, tanto que sentía su aliento en las mejillas.
— No puedes escuchar a un hombre así, está rodeado de fanáticos…ésa gente está dispuesta a ser usada como carne de cañón… ¡él ve a la personas como cosas!
— ¡Suéltame Lily! —se apartó de sus manos y retrocedió varios pasos, altivo, respirando con agitación y un extraño fulgor en los ojos—.No quiero escuchar una palabra de quien se rehusó a escuchar las mías. Eres la menos indicada para darme lecciones y no conoces al Lord—en la cara de Snape se formaba una mueca horrible, sus palabras subían de volumen, su voz había cambiado mucho desde la última vez que Lily había hablado con él. Entonces era como un estruendo—.He deseado decirte esto por mucho tiempo, me alegra tanto que estés aquí para poder aliviarme. Aborrezco a Potter, a tus amigos y espero llegar a aborrecerte a ti tanto como a ellos ¡No quiero tu perdón, no quiero nada de ti, mucho menos tus estúpidos consejos!
— ¡Entonces aborréceme, ya me aborrecías por mis sangre! ¿No es así?… Pero no entiendo porque estás tan ansioso por entregarle tu vida a ése chiflado.
—Estás siendo una insolente…—murmuró él, apenas conteniendo su cólera— ¿quién te crees que eres?
—No soy nadie, sólo una… sangre sucia —abrió los brazos mostrando que no tenía otra cosa más que sí misma—.Pero tu Lord tampoco es nadie, no tiene derecho a pedirte nada, no tienes ningún motivo para obedecerlo y…
— ¡Quiero obedecerlo, ése es suficiente motivo!
Lily lo miró como si se hubiera perdido la razón y negó levemente con la cabeza, sin dar crédito a lo que oía.
—Ahora veo que llevan años llenándote la cabeza… con sus locuras —suspiró, pasándose los dedos por el cabello— ¿es verdad lo que dicen entonces? ¿Una mentira repetida mil veces se vuelve verdad? ¿Ahora te crees esa tontería de que los nacidos de muggle le robamos su magia a algún sangre pura?
Lily se rio porque todo le resultaba demasiado absurdo. Snape estaba tieso, respirando agitadamente. La mujer levantó la cara y lo estudió, parecía buscar algo en él.
—Si alguna vez, ya sabes, quieres dejar a tu alegre pandilla… estaré por allí, intercederé por ti.
—Eso no va a ser necesario… tal vez tú necesites que yo interceda por ti.
Lily le sonrió con amargura, le sostuvo la mirada durante largos segundos, como si esperara una revelación, pero sólo encontró un corazón duro.
—Adiós Severus —murmuró su voz debilitada y Evans se dio la vuelta con la dignidad que se puede conservar tras un fracaso definitivo. Snape fue testigo de cómo subió hacia el callejón Diagon con los hombros caídos. Pero no se quedó para observarla desaparecer al doblar la calle, sino que siguió bajando hacia los barrios más oscuros de Londres. Con una mirada verde encendida sobre su frente, en su memoria. Y supo que era fuerte, un seguidor firme del Señor Tenebroso. Ni siquiera los cantos de sirena lo harían apartarse del camino que se había forjado.
Hola, espero que lo hayan disfrutado. No pensaba subir el fic hasta tener todos los capítulos terminados, pero dadas las circunstancias, el futuro es muy incierto y es algo que quiero compartir.
Ojalá les guste y disfruten de él tanto como yo he disfrutado escribiéndolo. Cualquier comentario u observación son bienvenidos.
Cuídense mucho, y a sus familias !Abrazos y fuerza, amigos! estamos juntos en esto.
