Somniabunt

La lluvia te salpica, pero tú no la ves. Sólo puedes ver a Nezuko, que está en el centro del monte, esperándote. Corres hacia ella. Destruyes lo que pase por delante, nada importa en el momento. Porque es por y para ella que vives. Entonces lo notas, pero a penas y te inmutas. Que la lluvia es de un color no correspondido. No se parece al agua. Es más pegajosa y brillante. Huele más pesado. Cubres tu nariz, te obliga a apartarte el cabello repleto, para así poder ver aún con dificultades. Bajo tus pies no hay ligereza alguna, no corres sobre pastizales de medio toño. Y Nezuko tiene los ojos tan abiertos que amenazan con salirse de sus órbitas y apesta a eso mismo que la lluvia. Esperas a que te llame "monstruo" (aunque tú bien sabes que las palabras con sentido están fuera de su dominio). Sientes que la has matado pero no tienes coraje suficiente como para terminar su sufrimiento.

Entonces,

despiertas.