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Era una fresca mañana.
La Ciudad Yorkshin estaba siendo tocada lentamente por los primeros rayos del sol y al mismo tiempo, las calles se comenzaban a llenar de ruidos diversos, personas hablando por teléfono, autos, risas de niños y muchas charlas matutinas. La misma ciudad había logrado que las personas comenzaran a vivir su vida como si siempre se estuviesen quedando sin tiempo. Todo pasaba muy rápido, todos corrían a sus trabajos o a las escuelas, los colores que adornaban la ciudad eran comúnmente ignorados y sólo los hambrientos llegaban a detenerse unos instantes para apreciar el aroma del pan recién hecho.
Para una persona como Gon Freecss era diferente. Su alarma sonó como cada mañana antes incluso que saliera el sol, abrió los ojos muy rápido, casi como si no hubiese estado dormido y sin dudarlo se levantó de su cama. Su pensamiento era el mismo siempre que su alarma lo despertaba, "hoy será un gran día" y comenzó así con su rutina diaria.
Primero fue al baño y se dió una ducha de agua fría, luego cepilló sus dientes y peino su cabello negro, éste año quería algo diferente así que luego de días de largas charlas consigo mismo tomó la desición de formar pinchos de su corta cabellera con ayuda de gel para peinar. Ya conforme con el resultado salió de la ducha solo con una corta toalla cubriendo su cintura y, esquivando los obstáculos de ropa y libros en el suelo llego hasta el armario; tomando unos pantalónes estilo jeans verde militar, una franela blanca y una camisa de leñador gris. Lanzó toda la ropa a la cama y solo entonces recordo que no había buscado el boxer, así que hurgó entre un montón de ropa sin doblar hasta que por fin encontró uno y se lo colocó, arrojando la toalla a cualquier lugar. Se dispuso a vestirse rápido sólo al sentir el olor a comida que provenía de la cocina y porque realmente no quería desayunar solo. Todo el mundo se iba mucho antes de lo que realmete era necesario.
Luego de finalmente encontrar medias que olieran bien, bajó corriendo las escaleras hasta llegar a la cocina, y allí se encontró con una mujer bellamente adornada por un vestido entallado al cuerpo color café y cabello recogido en una especie de cebolla. Su tía Mito.
Ella volteó cubriendo su rostro con una amable sonrisa, a lo que Gon solo pudo corresponder con una igual. Aun no se había ido.
—O debes estar emocionado por tu nuevo año en la universidad o finalmente comenzaste a tenerme miedo.
Levanto una ceja sonriendo divertida mientras servia la mesa. Gon giró sus ojos, también divertido; la verdad es que sí le temía un poco a su tía, pero ya como adulto jamás iba a confesarle aquello. Decidió sentarse en la silla de siempre y solo responder cuando Mito se sentara.
—Es imposible temerte tía Mito, — Ella no le creyó ni un poco —Estoy ancioso por llegar al campus, hace no sé cuánto no veo a los chicos y necesito mostrarles un movimiento nuevo.
—¿De artes marciales? —El más joven asintió mientras aun masticaba su comida. Mito le dió un sorbo a su café —No me hables de eso, sabes que me asusta que te hagas daño, —Le sirvió a su sobrino más jugo —Pero adoro que seas de los muchachos que prefieren estar en la escuela que en su cuarto o en la calle.
Gon sonreía un poco apenado. Su promedio no era muy bueno en algunas materias y la única manera de aprobar era suplicandole a uno de sus amigos para que hiciera un espacio es sus propios estudios y lo ayudace. Por lo demás estaba bien, la verdad es que le encantaba su carrera y las materias con las que mejor se llevaba era en efecto las principales. Pero matemáticas y cálculo le succionaban el alma cada año.
Luego de todos esos pensamientos se dió cuenta que su tía había acabado su desayuno rápido y estaba recogiendo los platos. Gon apresuró el paso y llevo los suyos a la cocina para lavarlos todos.
—Hago en la universidad lo mismo que haría en mi cuarto, pero no es lo mismo porque aquí no tengo el material que tengo allá.— Declaro ya a la mitad de su labor —En un año más cambiara eso, ya verás.
Pudo escuchar una sutil risa de la voz de Mito, quien le mostaba siempre lo orgullosa que estaba de él. Y luego de decirle que él podía alcanzar todo lo que se propusiera miró el reloj que adornaba la pared, tomo su pequeño bolso y camino a la sala con rapidez.
—Cariño, probablemnte hoy llegue en la madrugada, pero como realmente no estoy segura te pido que esta vez me prometas que no te desvelaras esperandome.— Se acercó a la puerta principal y se miro una última vez en el pequeño espejo colgado junto a la misma, tocando con cuidado sus labios con en dedo anular para garantizar que su labial estaba esparcido correctamente en sus labios. Gon salió de la cocina cruzado de brazos arqueando una ceja con expresión impertérrita. Mito le giño el ojo divertida —Sabes que siempre vuelvo en coche y con guardaespaldas, no tienes de que preocuparte. Es una epoca muy buena en la compañia y me necesitan. ¿Puedes prometerme que descansarás? —El chico se acercó y tomo de un perchero la caqueta de su tía colocandola sobre los hombros desnudos de la hermosa mujer —¿Por favor?
Finalmente suspiro resignado.
—Lo más probable es que no duerma hasta escuchar ésta puerta a la hora que sea. Pero prometo estar arriba y no aquí. —Mito miró a un costado murmurando cosas similares a que él actuaba como su padre y ambos rieron. Le dió un suave beso en la mejilla y luego de pedirle que saludara a sus amigos de su parte, abrió la puerta y se marchó.
Gon entró al comedor para corroborar la hora y viendo que aún había mucho tiempo, recogió lo que faltaba para dejar el comedor y la cocina inmaculados y así subir a su cuarto y acomodar su bolso con lo que iba necesitar para ese día, además de la ropa que usaba para entrenar.
Bajó nuevamente y salió de la casa dispuesto a caminar a su ritmo, que era acompasado, disfrutando los aromas agradables que salían de la tiendas y panaderías, mirando detalles como murales nuevos, árboles que asomaban sus primeras flores, niños emocionados caminando a clases y así, hasta que sin darse cuenta comenzó a ver rostros familiares, estaba acercándose a la universidad así que los saludos comenzaron.
Gon sonreía alegre, las personas no habían cambiado mucho y los que notaban el cambio en él sin dudas se lo mencionaban, unos halagando y otros bromeando sin intenciones negativas. Unos pasos más hasta llegar a la entrada cuando se detuvo de pronto.
¿Cuántos pasos eran? ¿veinte? ¿veinticinco? no estaba muy seguro, pero allí estaba, ya casi sin personas a su alrededor debido a que nadie lo había notado. Nadie se había dado cuenta. Nadia le había hecho caso a su presencia.
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Su suéter era cuello alto, negro sin ser demasiado grueso. Sus jeans eran de un azul muy oscuro al igual que su bolso, zapatos blancos y en sus oídos unos audífonos. Jugaba con un yoyo plateado despreocupadamente mientras en su rostro se dejaba ver una expresión un tanto aburrida, un tanto impaciente. Cada cierto tiempo acomodaba un mechón de cabello blanco que peleaba contra el viento cuando éste se aparecía estrepitosamente chocando contra el. Una mano en uno de los bolsillos de su pantalón, cambiando la música cuando ya no le apetecía, mientras la otra seguía diligente con el yoyo, que subía rápido y quedaba unos segundos casi rosando el suelo.
No quería seguir allí, ni quería tener que esperar más. La impuntualidad era algo que poco a poco hacía que perdiera la paciencia. Veinte minutos ya, aunque no llevará consigo un reloj y aún así sabía que su visita iba a ser indiferente e iba a estar allí menos de lo que a él le estaba tomando esperarlo. Finalmente y teniendo la sensación de ser observado levanto un poco su rostro, sus ojos azules miraron fijamente los ojos miel y la razón de esa sensación. Internamente estaba sonriendo, y sin quitar la mirada del otro, dejo de jugar con el yoyo y lo dejó caer en el interior del bolso que estaba abierto a su costado.
Relajó un poco su expresión y ladeó ligeramente la cabeza, le pareció curioso que el dueño de los ojos color miel solo estuviese allí, de pié, mirándolo directamente sin pudor ni vergüenza.
—Llegas temprano, ¿emocionado por tu primer día en la universidad, niño Zoldyck?— El aludido giro rápidamente la cabeza y salió de su posición cómoda, quedado de pié junto al recién llegado. Entorno los ojos sin esconder lo fastidiado que estaba, era evidente que el sujeto jamás cambiaría —Por favor, Killu. Cuando me miras así me dan ganas de llorar.
—Killua. Mi nombre es Killua. No Killu. No "niño Zoldyck" y sería perfecto si me dieras una razón más para hacerte llorar de verdad, Hisoka.
Gon miraba fijo, cosa que jamás hacía por ser de mala educación. Ese chico delgado de piel blanca, piernas largas y aspecto desinteresado era muy familiar, era todo, pero era lo único que necesitaba para perder la educación y dejar que su curiosidad infantil lo consumiera, la cuál Is en aumento debido a que aún con lo grosero que estaba siendo, el que estaba siendo observado busco imitar la acción de Gon. Ni si quiera se dió cuenta de que en el instante en que alguien había tapado sus ojos con ambas manos, una persona tras el chico de la entrada estaba acercándose a su encuentro.
Gon salió de su transe al sentir el contacto. La mano que cubría con dificultad su ojo derecho era fría pero suave y estaba teniendo un cuidado gentil. Por otro lado, la mano que cubría su ojo izquierdo era más grande, tosca y muy cálida. Inmediatamente sonrió, olvidando por un momento lo que estaba pasando anteriormente.
—¡Kurapika! ¡Leorio!— Estaba emocionado. Tomó las manos que cubrían su rostro y las bajó girando su cuerpo rápidamente. Kurapika tambaleó un poco ya que su amigo era mucho más alto que él y había tenido que colocarse en la punta de sus pies para poder sorprenderlo, pero no cayó debido a que Gon tomó ágilmente a sus amigos por el cuello y los acerco para abrazarlos a ambos, dándole la espalda a la escena que anteriormente tenía frentes él.
Killua no quería discutir, era lo mismo de siempre. Hisoka iba a ser sarcástico y tajante, iba a hacer comentarios graciosos solo para él y luego de entregarle el paquete se iría, asegurando volver a verse muy pronto.
Y fue exactamente así. Killua solo pudo suspirar cansado. Odiaba como Hisoka que fuese el único al que su padre le confiaba esas tareas. Pero debido a que ninguno tenía más opción que obedecer estaba resignado.
La entrega era un sobre amarillo, asumiendo que tenía papeles con toda clase de información lo guardo en su bolso. Entonces recordó a los ojos miel de hace un momento y miró la dirección en la que se encontraba. De espaldas y con personas, era momento de entrar, después de todo no era importante para él. Subió el volúmen de su MP3 y siguió la nota que había sacado del bolsillo, con la dirección de la facultad de ingeniería.
—¿Eres más alto?— Kurapika no entendía a su amigo. Siempre que dejaba de ver a Gon por mucho tiempo éste cambiaba considerablemente. Se veía más alto y más torneado, cómo si únicamente hubiese entrenado en sus vacaciones. Gon lo miró curioso.
—Es solo su cabello, Kurapika.— No pudo evitarlo, Leorio rió fuertemente. Kurapika le dió un ligero empujón en el costado y le dijo a Gon que le quedaba bien, seguido de Leorio, que fue sincero.
Finalmente lo recordó, como un destello de luz y volteó tan rápido como lo había hecho anteriormente, pero no estaba, el chico de ojos azules se había ido.
Decidió que lo buscaría luego y hablaría con él hasta saber de dónde lo conocía, pero antes debía ponerse al corriente con sus amigos.
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Caminaron por el gran campus verde y hablaron sin mucho detalle de sus vacaciones, porque en ese momento era un poco más importante otro tema en particular. Quizá hablarían de eso en el comedor.
—Estoy un poco nerviosos,— Comenzó Kurapika, llevando un poco de su cabello rubio tras la oreja —creo que solamente le daré tutoría a dos o tres este año. Para empezar. Es lo más práctico.
Gon y él estaban es su cuarto año en la universidad, ambos tenían 22 años y una gran determinación para comenzar a llenar los créditos que los acercaban un poco más a sus títulos. Leorio era mayor, era su quinto y último año en la universidad y estaba a punto que completar los créditos que se le otorgan por aquella tarea, teniendo tiempo de sobra se sentía como la voz de la experiencia.
—Mi consejo sería que le dieran con todo éste año. Tienen que comenzar la tésis y eso les va a consumir mucho tiempo, lo mejor es que queden ligeros para el año que viene como yo. Le daré tutoría solo a dos personas más y es todo.
Kurapika dudaba, no quería salirse de sus extracurriculares pero Leorio tenía un buen punto, a veces podía pensar cosas positivas de él.
—Mi tésis está casi lista.— Cuando Gon declaro aquello, los otros no pudieron más que detener su andar y mirarlo estupefactos. Gon dejó de ver a sus amigos a su lado así que se detuvo, girando un poco su cuerpo y notando la mirada de los otros solo pudo mirar hacia el cielo y colocar ambas manos en su cadera —No solo entreno, aunque no lo parezca. Pero es que me gusta mucho programar,— Miro a sus amigos y estos habían relajado sus expresiones. Continuaron su camino —inicialmente era un pasatiempo, pero todo se hacía más claro conforme pasaban los años aquí y para cuando me tocó escoger tema y compañeros, ya tenía dos meses trabajando en el proyecto con otros dos chicos de mi clase.— Entraron a un corredor concurrido, notando como poco a poco se estaban acercando a su destino —Fue muy sencillo la parte escrita porque prácticamente todo está hecho.
—Eso es excelente Gon, estoy muy orgulloso.— Las palabras de Kurapika eran muy honestas. Cuando estuvieron frente a un tumulto de estudiantes se detuvieron y se acercaron a la pared frente a la escena, esperando a que bajaran las aguas para poder acercarse más.
—No deberías estarlo mucho,— Gon comenzó a rascar un poco su cabeza, estando claramente apenado por lo que estaba a punto de decir —fue suerte. Si no hubiese hecho todo aquello ahora mismo estaría en problemas. Voy atrasado en cálculo y si no apruebo sobresaliente no tendré todos los créditos que necesito para graduarme.— Se sentía resignado. Leorio puso los dedos en su tabique y suspiro. Tomto de Gon. Tanto que se esforzó dándole tutoría para un sobresaliente el año anterior y que no lo consiguiera era frustrante. Quizá algo estaba haciendo mal como tutor.
—¿Y cuál es tu plan?— Hablo por fin Leorio. Gon sonrió renovado, su habilidad para cambiar su estado de ánimo era temeraria.
—Veré tutoría, entraré todo el año en clases de oyente y le daré tutoría solo a una persona por éste año.
Kurapika guardó silencio y comenzó a analizar el plan. Al mirar frente a él se dió cuenta que ya casi no habían personas. Su objetivo eran dos mesas que estaban siendo usadas por dos integrantes del comité de bienvenida. Los otros siguieron a Kurapika que se había adelantado para tomar una de las tablas que entregaban los chicos y anotar algo en ella.
—Creo que Gon me iluminó.— Decía sencillamente mientras entregaba la tabla a Leorio, quien se veía consternado —Voy a darle tutoría solo a dos personas y me consentrare en mis extracurriculares.
—¿También tienes la tésis adelantada?— Preguntó Leorio, pero solo recibió un leve movimiento afirmativo de cabeza, ya que la mente del rubio seguía planificando su tiempo —Bueno, no es que me sorprenda realmente pero, ¿dejar de conseguir créditos para poder entrar en clases de oyente que no te generan nada?
Ahora era el turno de Gon. Aún resignado tomo la tabla y busco entre las tantas hojas para poder inscribirse en las asignaturas extras, luego de terminar y estar seguro, busco una hoja en particular con el título de tutoría impreso. Tras anotarse y colocar el límite de estudiantes entrego la tabla y agradeció, volviendo con sus amigos.
—Creo que Kurapika quiere ganar todo el conocimiento que pueda antes de graduarse.— Concluyó Gon, mientras se dirigian de vuelta a la entrada del edificio.
—Creo que quiere ser el presidente del mundo.— Todos rieron por el comentario de Leorio. El rubio se graduaria en Ciencias Políticas con honores y acabaria dando el discurso frente al resto de los que se graduaran con él en ese momento, de eso estaban seguros Leorio y Gon, pero Kurapika era reservado y modesto, no le gustaba darse de altas, solo le gustaba aprender. Entonces Leorio se acercó a Kurapika y le rodeó la cintura para atraer su cuerpo aún más, sabiendo que con esto lo pondría nervioso —Cuando te vuelvas el jefe de los jefes, no te olvides de tu humilde doctor, ¿de acuerdo?— El rubio sentia sus mejillas arder, los labios de Leorio le rosaban la oreja y Gon se reíaun poco, inocente de lo que pasaba. Estaba muy avergonzado.
Tomo con fuerza la mano que sostenía sus cintura y la empujó hacia abajo, librandose así del agarre y en un movimiento brusco pero necesario, se alejó de Leorio y tomo el fornido antebrazo de Gon, ya que en su cercanía no sentía esa incomodidad.
Pero el ambiente ya había cambiado.
—Claro idiota, burlate de tu amigo gay.— Kurapika estaba frustrado, siempre era lo mismo con el mayor, pero esta vez sintió que ya era suficiente. Gon trató de calmarlo diciendole que Leorio solo bromeaba, pero sin entender realmente el contexto de la irá y las palabras del rubio. Leorio por otra parte estaba confundido, no entendía la reacción, estaba esperando vergüenza de parte de Kurapika, una riña de frases ingeniosas y poco más; lo que recibió a cambió fue inesperado.
—Oye Pika, no es para- La frase de Leorio fue interrumpida por el nombrado.
—No sé para qué me molesto.— Se despidió de Gon y se fue directo a su facultad, sin voltear a pesar de las llamadas de sus amigos.
—Kurapika tiene algo hoy,— Fue lo único que pudo deducir Gon —es decir, ¿qué tiene que ver el chiste del presidente del mundo con su orientación sexual?
Pero Leorio tomo la decisión de no hacer que la cabeza de Gon explotara con cosas que no iba a comprender.
—No tengo ni idea, pero como sé que preguntarle sería un error lo mejor es discularme cuando nos veamos en el gimnasio.— Miro a Gon y le sonrió —¿Correcto?— Recibiendo un asentimiento como respuesta.
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Se separaron cuando Gon llegó a su facultad, y Leorio siguió su rumbo sin prisa.
Pensaba que realmente algo muy serio debía estar pasando en la vida de Kurapika desde las vacaciones para que reaccionara de esa manera. ¿Atacar su sexualidad? Leorio jamás haría eso, y es que aunque no fuese homosexual quería mucho a su amigo y respetaba mucho las decisiones de cada quien acerca de a quien amar o con quien bajarse los panalones. Quizá a respuesta sería acoso, después de todo la razón de que no se vieron en las vacaciones fue la del viaje de ambos; Kurapika al desierto Goldo junto a un grupo de arqueólogos para una expedición y él a Ciudad Zaban, para visitar a unos parientes.
Dento de la cabeza del mayor llegaban escenas de personas descubriendo de algún modo la orientación de Kurapika y burlándose de él o despreciandolo. Lo que no sabía era cómo pudieron enterarse, el rubio era extremadamente reservado y cualquiera que lo estuviese conociendo recién le sería imposible adivinarlo. De la universidad solo Gon y él lo sabían, y sólo porque el rubio se armo de valor y confianza para confesarlo en su momento. Era importante saber qué había pasado, y disculparse debidamente.
Cuando llego al salón de la primera clase y se sento, Kurapika seguia en el baño del primero piso dentro del edificio de Ciencias Políticas. Luego de verificar que no haba nadie en los cubiculos entro en uno y bajando la tapa del inodoro con su pie, se sento a llorar en silencio.
Golpeó con fuerza a la altura de su hombro una de las paredes de metal que dividía los baños y con el mismo brazo sacó el teléfono de su mochila al tiempo que secaba torpemente su naríz con la mano libre. Luego de confirmar que le quedaba tiempo aun para entrar a su primera clase e inevitablemente darse cuenta que no había llamadas perdidas ni mensajes lo guardo con una resignación amarga. No podía parar de llorar, se mordía el labio inferior con frustración y miraba sus zapatos haciendo la misma pregunta repetidas veces en su cabeza, deseando que mágicamente la respuesta llegara susurrada por el viento.
Estuvo allí unos minutos eternos, solo, llorando casi sin hacer ningún sonido. Cada cierto tiempo un pequeño gimoteo acompañado de algo similar a un espasmo se escapaban de su control para volver inmediatamente a su lamento silencioso.
—Maldito desconsiderado.
Pudo ser un susurro, casi como un hilo de voz, pero la frase pudo ser escuhada sin que el rubio lo supiera en ese momento.
Notó el sonido de la puerta del baño abrirse y cerrarse a su vez, pero al no escuchar la de algún cubículo sólo pudo intuir que la persona que había entrado tenía el proposito de usar el lavamanos, debido a que definitivamente no quería ser visto decidió esperar a que esa persona saliera para lavar su rostro e irse de allí. Sus lágrimas se detuvieron pero gracias a permanecer espectante no limpio su rostro, ni el resto de lágrimas en el.
En efecto, el lavamanos se abrió, escuchó como segundos después era cerrado. Pasos, y luego la puerta principal. Era mejor salir rápido de allí antes que alguien más decidiera entrar.
Su rostro aun estaba decaído y humedo, se veía triste; los ojos un poco rojos por el llanto y evidentemente dispuestos a seguir desde donde habían sido interrumpidos. Tomo su mochila del suelo y se levantó, cuando abrió la puerta su único proposito era mirar cómo había quedado su rostro luego de aquello frente al espejo, sin embargo lo que vio no fue su reflejo, sino el cuello blanco inmaculado del alguien. Increiblemente sorprendido por su error de cálculos sintió como el tiempo se hacía de nuevo terriblemente lento, quería que la tierra se abriera y se lo tragara, ser llevado por la corriente de agua del inodoro, atravesar la pared tras él y escapar a otro continente para no volver. Todos esos pensamientos pasaban por su adolorida cabeza mientras subía la mirada para ver el rostro del chico entre él y el espejo.
Sus ojos se abrieron un poco, pero no demasiado, inmediatamente volvió de sus deseos y decidió mantener la calma, por un instante estuvo a punto de dejarse llevar por lo que estaba viendo, cual adolescente que veía en persona y por primera vez a su ídolo. Aquel hombre era muy guapo. Su rostro era exquisitamente perfecto, con ojos y cabello de un negro intenso, y casi sin poder creerlo, aquellos labios estaban dibujandole una sonrisa amable, sin querer ser condescendiente, más bien cálida.
—Pero...— Fue lo que llego a articular Kurapika luego de unos instantes de ser atrapado por la mirada penetrante del extraño, recibiendo entonces una expresión de diversión y curiosidad —No lo entiendo.— Prendado aun, tomo fuerzas para salir del cubículo y quedar de pie frente al otro, quien parecía comprender a Kurapika.
—Creo que puedo explicarlo,— Su voz era profunda, Kurapika no podría admitir jamás que sintió algo de intimidación —verás, te escuche murmurar algo y no pude evitarlo. No sé exactamente por qué, pero decidí fingir usar el lavamanos y salir nuevamente, no notaste mis pasos de vuelta porque soy buen bailarín,— Espero la reacción de Kurapika y cuando éste rió un poco, continuó —finalmente ví tus piés, asumiendo que venía de ti la voz por ser el único cubículo ocupado y decidí quedarme a la distancia suficiente como para que sintieras que estabas seguro de salir. Yo estaba seguro de que si no lo hacía no saldrías, ¿me equivoco?— Kurapika sonrió de medio lado, solo un poco, no había previsto eso. Debía dejar de tener esos arranques emocionales y controlarse antes de que algo más pasara nuevamente, pero agradeció que haya sido ésta y no otra persona. Se limpió un poco el rostro con la manga de su suéter y aun sin mirarlo amplió su sonrisa.
—Diablos, me atrapaste. Supongo que no se me ocurrió que alguien pudiese hacer un truco como ese. Aquí todos son terribles bailarines.— Esa afirmación hizo que el de cabellos negros riera, Kurapika se sonrojo un poco. Ya no estaba tan tiste, esa persona le generaba una confianza similar a la que le producía Gon, solo que instantánea —Lamento que hayas tenido que tomarte todas estas molestías, aunque ni tú sepas la razón de hacerlo.
—No diría que te atrape, eres muy listo. Más que curiosidad, creo que no quería que siguieras sufriendo.
Kurapika estaba sorprendido, no entendía quién era esta persona y que era lo que estaba en su cabeza que lo hacía pensar y reaccionar como lo hacía. Pero quería averiguarlo.
Y justo cuando Kurapika había dado ese golpe a la pared de cubículo, Gon estaba caminando a su salón pensando en cómo hacer para solucionar el problema si es que lo de Leorio y disculparse no era suficiente. Pero todo pensamiento y preocupación fue borrado cuando al instante de entrar lo primero que noto fue a los presentes, solo seis personas sentadas entre el medio y adelante y solo una persona sentada hacía el fondo, de pie junto a la ventana jugando con un yoyo.
Cuando todos notaron su presencia le pidieron que entrara y así lo hizo, sin darse cuenda la rapida mirada del chico de ojos azules.
Ya con sus compañeros, quizo correr inmediatamente al fondo para presentarse ante el nuevo, pero tenía que esperar un poco. Miraba de vez en cuando y por fracciones de segundos hacía el fondo esperando cualquier señal; todos hablando de muchos temas rápidamente al tiempo en que soltaban risas estridentes sin que Gon entendiera las bromas debido a no estar realmente en la conversación. Pero luego de numerosos intentos al fin lo notó, la mirada azul cielo golpeando la suya.
—Lo siento chicos, necesito hablar de algo con mi amigo.— Y sin esperar respuesta ni escuchar comentarios y preguntas sobre si lo conocía, caminó hacia el fondo, con una ligera sonrisa.
El pensamiento de Killua solo era uno. Gon era un tonto.
Lo bueno se saborea primero, ¿verdad?
Disculpen luz errores de ortografía.
¡Hasta el capítulo dos!
