Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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─ ¿Todo listo? ─pregunta su madre desde el marco de la puerta.

─ Ya casi─ contesta la joven─. Me faltan algunas cajas, dame veinte minutos.

─ Seguro, cariño─ dice la mujer y cierra la puerta, dejándola sola.

Mintió.

De las cinco cajas delante de ella, solo una está sin revisar, el resto son cosas que decidió que tiraría, pero no logra armarse de valor para abrir la restante. Suspira y cuenta una, dos, tres veces, se aproxima a ella, la sube a la cama y lee las palabras escritas con rotulador negro.

Preparatoria Midtown.

Vuelve a tomar aire y levanta la tapa, viejos recuerdos la golpean al ver el contenido, apuntes de clases con pequeñas notas escritas en las esquinas de aquellos que habían sido sus amigos.

*Nuggets y macarrones para el almuerzo*

*Alguien debería decirle a la señora Smith que no se ve bien con tacones rojos*

*Tu falda es genial, ¿Dónde la conseguiste?*

La sensación de nostalgia inunda su pecho cuando los recuerdos de su segundo- y ultimo- año en el Midtown llegan a su mente como flashes, se dice que fueron buenos momentos y que no los cambiaría por nada ni por nadie.

*Peter no deja de mirarte*

De acuerdo, casi todos los momentos fueron buenos, se le hace un nudo en el estomago y en la garganta cuando lee la pequeña nota que garabateó Betty en unos ejercicios de química.

Aprieta la nota y la devuelve a la caja, se pone a rebuscar topándose con un viejo brazalete de la amistad que compró con Betty, Cindy y Sally, en ellos plasmaron el juramento de ser amigas para siempre, piensa en lo irónico que fue aquello, no pasaron ni seis meses de su partida cuando sus amigas ya tenían reemplazo para ella.

"Betty no, ella aun habla contigo".

Sí, lo hace, pero sabe que no es lo mismo, porque Betty desapareció en el genocidio, y cuando todos volvieron, se convirtió en la mejor amiga de ella.

Devuelve el brazalete y sigue buscando, desiste hasta que encuentra, en el sujetador de un portafolio de papel, algunas fotografías. El nudo vuelve al recordarlo.

El baile de Bienvenida.

El maldito baile de Bienvenida donde Peter la dejó plantada.

Se siente estúpida al verse a sí misma en la fotografía, ambos están en la cocina de su vieja casa, ella con el vestido rosa, el cabello bien peinado, poco maquillaje y una sonrisita boba que provoca que quiera abofetearse. Se encuentra envidiando a la Liz de la fotografía porque al menos ella luce feliz, el Peter a su lado, por el contrario, no parece cómodo de estar ahí.

El Peter de la fotografía, con un traje bien planchado y el cabello castaño peinado con gomina, está pálido, pero no de su tono normal, no, si no de un tono pálido que te hace pensar que vió a un fantasma, los ojos chocolate de aquel Peter lucen desconfiados y dudosos.

"Eres una tonta, Liz" se dice ", debiste saberlo", porque es verdad, debió notar que algo no andaba bien cuando lo miró por primera vez, estaba a la defensiva y parecía desear largarse cuanto antes, pero por alguna razón no puede culparse completamente, después de todo, tenía quince años y estaba feliz de ir a su estúpido baile de preparatoria con el chico del que estaba enamorada.

¿Estaba?

─ ¿Liz? ─su madre toca la puerta, ella cierra la caja de golpe, se limpia la cara bruscamente y carraspea para que la voz no le salga rasposa.

─ ¡Estoy lista!

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─ Estará aquí en un minuto─ le comunica el guardia, ella asiente y se sienta a esperar, está segura que no pasan ni treinta segundos cuando lo mira, su padre, con un impecable traje blanco de recluso, se apresura cuando sus miradas chocan.

─ Estoy muy feliz de verte, preciosa─ dice, Liz deja que la abrace e incluso lo besa en la mejilla, a pesar de todo lo que hizo, ella no puede dejar de quererlo, se separan y toman asiento delante del otro─. ¿Qué haces aquí?, le dije a tu madre que no quería que ninguna de las dos viniera a este lugar…

─ Necesito hablar contigo, por eso vine─ lo interrumpe, saca un topperware de su bolso y se lo da─. Lo preparé yo misma, espero que te guste.

Adrian parpadea, sorprendido, abre el topperware, dentro de él hay pasta, pollo sazonado y brócoli con queso, toma el tenedor y comienza a comer, hace un sonido de satisfacción cuando mastica el primer bocado.

─ Está delicioso, cielo, muchas gracias.

Liz no dice nada, deja que su padre coma en silencio y guarda el topperware cuando termina, el hombre le agradece de nuevo y espera pacientemente a que su hija hable, como no lo hace, es él quien toma la palabra.

─Entonces…

─ Traté de entenderte, papá, de verdad lo intenté─ dice interrumpiéndolo─, le di una y mil vueltas al asunto para comprender lo que te llevó a hacer todo eso─ niega con la cabeza─, y lo único que encontré fue venganza.

─ No voy a justificarme, lo único que lamento es que tu madre y tu salieran afectadas.

─ Yo también lamento eso papá, pero hay una cosa en específico─ toma su bolsa de nuevo, saca una fotografía y la estampa en la mesa frente a los ojos de Adrian─. Quiero que me digas qué le dijiste esa noche.

Su padre la observa a ella y a Peter en la fotografía.

─ Liz…

─ ¡Dímelo! ─exige.

─ Fue hace siete años, ya déjalo estar.

─ Es que no lo entiendes, papá─ detesta que la voz le tiemble─, me jodiste desde que te quedaste con él en el auto.

─ Peter nunca dijo que pasó.

─ ¿Quieres saberlo? ─lo apunta con el dedo─, tenía los ojos cargados de pena cuando entró al gimnasio, como si me compadeciera─ su voz se vuelve un susurro cuando comienza a relatar─. Antes de salir corriendo de ahí y dejarme como estúpida delante de todos, dijo que tenía que irse, que lo sentía y que yo no merecía aquello─ levanta la voz─. Tenía razón, no me lo merecía.

Adrian suspiró.

─ ¡Habla de una vez, maldita sea!

─ Lo amenacé obviamente, pero no por salir contigo─ dijo después de un rato.

─ Él nunca hizo nada para que tú…

─ Claro que sí─ la contradice─, te salvó la vida en Washington, se lo debía, sabes lo que detesto deberle nada a nadie, así que le apunté con un arma─ Liz jadea, sorprendida─, y le dije que le perdonaba la vida, le advertí que no se metiera en mis asuntos porque no me detendría una segunda vez. Le ordené que fuera contigo, que pasaran una noche increíble y después me fui.

Liz apretó los dientes, como se había atrevido a hacer aquello… un momento.

─ ¿Papá? ─Adrian la mira─, dijiste que Peter me salvó la vida en Washington…

─ Ajá.

─ Eso no es verdad.

─ Claro que lo es─ su padre se endereza en la silla─, de no ser por Peter, te habrías muerto en aquel elevador.

─ ¿Qué dices?

─ Lo más divertido es que tu solita lo expusiste.

─ ¿Cómo pude yo…?

─ Estábamos en el auto, cuando los llevaba al baile del Midtown, dijiste que él era amigo del Hombre Araña, después comentaste que estaban juntos en el Decathlon y que había ido a tu fiesta─ explica─. El muy estúpido trató de hacer un cumplido a nuestra casa…

─ Ex casa─ corrige la muchacha, pero su padre la ignora.

─… pero tu le reprochaste que estuvo ahí dos segundos, cuando él te contradijo tú lo acusaste de haber desaparecido en la fiesta y en Washington, se puso muy nervioso cuando le pregunté si también estaba en el elevador, él dijo que…

─ Que vió todo desde abajo─ termina por él, Adrian asiente.

─ Solo tuve que sumar dos más dos, mi amor.

─ ¿Me estás diciendo que…?

─ Que echaste de cabeza al Hombre Araña, corazón─ una sonrisa compasiva se forma en los labios de su padre─. Tu lanzaste a Peter directo a los tiburones.

Su mente comienza maquinar y sus recuerdos se vuelven más nítidos, se acomodan de modo que todo cobra sentido, la realidad la golpea de pronto, dejándola sin aire, Adrian deja pasar varios minutos para que lo asimile.

─ Ya tienes veintidós años, Liz, tienes que superarlo─ su hija vuelve la cabeza hacia él bruscamente, mentiría si dijera que no le dolió cuando se enteró, por medio del nuevo padrastro de Peter, que tanto él como su madre, May, habían desaparecido en el chasquido. Aunque eso no va a decírselo a su padre.

─ Me rompiste el corazón, papá.

─ No, bonita, tu me lo rompiste a mi cuando te enamoraste del hijo del hombre que más detesto.

Así que él sabe del origen de Peter.

─ Lo único que me deja dormir por las noches es saber que ese bastardo de Stark está muerto, y que Peter se quedó sin padre, como tú.

Se pone de pie, rodea la mesa y se inclina hacia ella.

─ Dicen que mató a ese tal Mysterio y que no saben dónde está─ le susurra al oído─. Hazte un favor y déjalo ir.

La besa en la frente antes de marcharse junto al guardia, Liz se levanta bruscamente de la silla, guarda la foto en su bolsa y se marcha dando zancadas, Nueva York se le antoja más frío de lo normal, se encierra en su coche, saca la fotografía y un espasmo la recorre al mirarla de nuevo.

"Estúpido Peter, estúpido papá, estúpida yo"

Rompe la foto en un arranque de rabia y se suelta a llorar, dejando salir todo aquello que acumuló por años.


Estaba vaciando mis documentos y me encontré con esto, modifiqué algunas cosas porque espero con ansias la película de Morbius, no quiero hacer embrollo, ojalá que les guste lo suficiente como para dejar un comentario. Ustedes ya saben quien es ella, y los que no, pues Michelle Jones, el nuevo amor de Peter. Siempre quise indagar en los sentimientos del primer amoroso del joven araña. Besitos.

Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.