¡Hola!
Soy nueva por aquí, pero quise publicar también en esta plataforma mi primer aporte a este fandom y hermosa pareja que me ha encantado. Espero de corazón que les agrade este escrito y que, si tienen tiempo, me regalen su crítica.
¡Muchas gracias!
MAR INFRANQUEABLE
Hacía aproximadamente dos horas desde que el par de jóvenes Cazadores fueron despachados por Oyakata-sama a su primera misión juntos. La orden fue totalmente inesperada para ambos, pues estaban muy acostumbrados a trabajar siempre solos. Su estatus de Hashiras significaba que sus habilidades eran superiores al promedio, haciéndolos más que capaces de lidiar por sí mismos con los demonios, aún si se tratase de alguna de las Lunas Demoniacas Menores. Si bien a estas alturas aún desconocían mucha información sobre las Superiores, por ejemplo, el nivel de fuerza que podían tener, asumían que en el momento en el que se localizara a alguna tendrían que trabajar en conjunto para poder derrotarla.
Siguiendo esta lógica, ya no resultaba tan extraño que Oyakata-sama decidiera enviarlos juntos a una misión que realmente no requería tanto esmero. Al menos, eso es lo que Kochou Shinobu, la Hashira Insecto, había logrado concluir después de darle varias vueltas a la decisión de su superior en un intento de encontrar una razón lógica detrás de ella. El enterarse que saldría en una misión con Tomioka Giyuu, recientemente nombrado Hashira del Agua, le causaba cierto escozor.
Hasta estos momentos ella no había reparado gran cosa en él, las poquísimas veces que habían convivido, terminó convencida de que no valía mucho la pena intentar entablar algún tipo de relación. El hombre parecía evadir a toda costa relacionarse con los demás, e incluso, se daba el lujo de evitar responder a los comentarios o preguntas del resto de los Hashiras, dando la impresión de que le gustaba ignorar y menospreciar a la gente en general. No era de sorprender pues, que esta actitud fría y taciturna le hubiese ganado el velado resentimiento de prácticamente todos sus colegas…
A excepción de ella, quien más bien, no encontraba razón para detestarlo, pero tampoco le daba demasiada importancia. En resumen, se podría decir que mantenía una postura neutral sobre él.
Al menos, así había sido hasta el momento, pero debía aceptar que después de estar corriendo en completo silencio por más de dos horas a través de sembradíos, bosques y caminos rurales en su travesía hacia el pueblo donde se habían reportado las desapariciones de varios niños, se comenzaba a sentir realmente aburrida e incluso desesperada.
—Tomioka-san—la voz suave y melodiosa de ella irrumpió la calma — ¿No quieres tomar un descanso~? —sugirió, alargando la pronunciación de su última palabra, uno de sus rasgos insignia, lo que hacía que su voz sonara como si estuviese cantando todo el tiempo.
Su repentina interrupción tomó por sorpresa a su compañero, no obstante, éste ni siquiera demostró la más mínima reacción ante ella y continuó corriendo, mirando con persistencia al frente, manteniendo la mandíbula apretada y su mano derecha firmemente agarrada a la empuñadura de su nichirin.
Shinobu esperó unos segundos antes de volver a hablar, la fría reacción de Giyuu no le había molestado… aún.
—Tomioka-san… ¿me escuchaste~? —preguntó nuevamente con ese tono de voz dulce y condescendiente mientras lo miraba expectante.
Otra vez pasaron unos segundos más en los que el Hashira del Agua permaneció inmutable.
«¡Vaya! pensaba que los rumores sobre él eran exagerados, pero no… ahora entiendo por qué lo odian…», pensó la menuda mujer al toparse de cara nuevamente con el muro del silencio de su compañero.
Shinobu continuó corriendo al lado suyo, manteniendo sin mayores problemas el paso, las mangas de su haori agitándose como si fueran las alas de una mariposa, dándole ese aura de elegancia, agilidad y belleza que la caracterizaba. Sin embargo, a pesar de que cualquier mortal podría sentirse embelesado o al menos distraído por ella, a Giyuu no podía afectarle menos.
Un tenue suspiro salió de la boca de la chica y al instante, la vergüenza invadió sus mejillas. No era alguien dada a demostrar emociones tan abiertamente, aunque su actitud aparentemente relajada y amable pareciese indicar todo lo contrario. Pero ese suspiro delataba su frustración por no lograr ningún avance con Tomioka. Para su fortuna, él pareció no notarlo en absoluto.
¿Cómo osaba tratarla así, con semejante desprecio y nulo respeto? ¿Acaso no tenía ni la más mínima educación?
Haciendo acopio de todas sus fuerzas para no salirse del papel de su eterna apariencia tranquila, Shinobu decidió que lo mejor era dejar por la paz a su colega, al menos por el momento, y se limitó a continuar avanzando lo más rápido posible a su destino. Faltaba poco para el crepúsculo y sabían que en cuanto el sol se ocultara por completo, el terror invadiría nuevamente el pueblo al que se dirigían. Y si en algo coincidían ambos es que no podían permitir que muriera una sola persona más a partir de esta noche…
…
Los rayos del sol castigaban con todo su esplendor el día de hoy, haciendo que el ambiente se sintiera seco y caluroso. Poco viento soplaba y la gente parecía evadir a toda costa el exponerse en zonas abiertas durante mucho tiempo, haciendo que los caminos estuvieran particularmente despejados. Por ende, el silencio era aún más pesado que el día anterior, no había murmullos de personas o risas en la lejanía, ni siquiera el rumiar de uno que otro animal de trabajo que la gente solía tener o llevar para ayudarse en sus tareas cotidianas. Solo el eventual canto de las aves o el correr del agua de algunos riachuelos por los que pasaban lograban romper con dicha afonía.
Shinobu se sentía un poco más abrumada y exasperada que el día previo ante la nula conversación con Giyuu. Se preguntaba qué caso tenía el haber regresado juntos si al final de cuentas, habría sido lo mismo viajar cada uno por su lado si así lo hubieran decidido. El mantenerse totalmente callados era equivalente a caminar solos.
— ¡Qué calor hace hoy! —irrumpió ella, dándole énfasis a su comentario al abanicarse con la mano derecha y con la esperanza de que ese comentario cliché y casual sobre el clima, obtuviera una respuesta por parte del hombre de negro cabello.
De nueva cuenta, el esfuerzo fue infructuoso, aunque no del todo, al menos en esta ocasión él había volteado a mirarla de reojo. Curiosamente, ese gesto le permitió darse cuenta de que Giyuu también estaba sufriendo por el calor tanto como ella, pues unas gotas de sudor estaban escurriendo de su frente.
Fue entonces que la Pilar decidió probar algo distinto esta vez. Estaba segura de que podía hacer hablar a ese escurridizo tipo y, de hecho, para estas alturas, ya se lo había planteado como un reto personal. Ahora estaba totalmente aferrada a conseguirlo a cualquier costo.
La noche anterior, mientras combatían, se había percatado que Giyuu tendía a reaccionar más ante las acciones que a las palabras. Su estilo de pelea era así, totalmente enfocado y en calma. Debía aceptar que era algo digno de admirar. A diferencia del suyo, en el que prefería conversar y juguetear con los demonios, Giyuu iba directo a matar. Sus reflejos eran magníficos y a juzgar por lo que pudo observar, era muy difícil tomarlo por sorpresa o con la guardia baja. Se preguntaba pues, ¿qué pasaría si ella intentara explotar esa posible debilidad?
Bajo esta lógica, se puso en acción. Así, de un momento a otro y con una agilidad fuera de este mundo, Shinobu se apartó de su lado y se movió hacia un lado del camino, sentándose sobre el fresco pasto debajo de un enorme árbol, sobre cuya corteza, reposó su espalda.
—Ah~, ¡qué cansancio! —exclamó ella, intentando ahogar un bostezo—. Si no te importa, descansaré aquí un momento, Tomioka-san.
En efecto, Giyuu había sido tomado por sorpresa, pues ante el repentino y rápido movimiento de su compañera, su cuerpo se había tensado por completo, presa de la costumbre de estar siempre en guardia. Al percatarse que solo había sido ella y no un animal salvaje o algún otro tipo de amenaza, volvió a relajar su postura, aunque no su ánimo.
Shinobu había logrado su objetivo y se percató de ello porque él tan solo permaneció de pie al filo del camino de terracería, esta vez observándola, pero sin saber qué hacer. Sus facciones eran tan ilegibles como siempre, pero algo en su aura le indicaba a ella que, en realidad, parecía estarse debatiendo sobre qué hacer a continuación. Quizá por su mente estaban pasando al menos tres opciones: unírsele, esperarla ahí parado todo el tiempo que fuera necesario o continuar caminando por su cuenta.
Pasó al menos un minuto en el que ninguno de los dos dijo o hizo nada más que mirarse mutuamente, Giyuu a ella con cierta curiosidad y sorpresa y Shinobu a él con condescendencia y una fingida inocencia, tratando de disimular que estaba disfrutando mucho de haberlo sacado de su zona de confort.
Finalmente, fue ella de nueva cuenta quien decidió tomar la iniciativa y hablar, rompiendo así con la tensión que empezaba a llenar el ambiente.
—Si quieres, puedes venir a sentarte aquí y descansar un momento, Tomioka-san. A diferencia de ayer, hoy no tenemos el peso de la urgencia sobre nuestros hombros, no creo que a Oyakata-sama le moleste si tomamos un poco más de tiempo en volver — explicó, dedicándole por primera vez en todo lo que iba del viaje, más de diez palabras —. Además, el calor está especialmente insoportable el día de hoy, no nos hará daño reposar un momento y después continuar con mejores ánimos — finalizó, sonriendo.
Giyuu permaneció unos cuantos segundos parado sobre el camino, mirándola sin demostrar ninguna emoción en su rostro, pero internamente, se encontraba muy desconcertado. Sin contar a Oyakata-sama, la menuda mujer que tenía frente a él había sido la primera y única en mostrarle algún gesto de cordialidad desde que se unió a las filas de los Cazadores de Demonios. Tristemente, el joven no estaba acostumbrado a un trato así, por lo que era difícil para él poder reaccionar acorde.
El Hashira del Agua ponderó sus opciones, por una parte, no quería ser descortés con la única persona que se había mostrado amable con él, pero, por otra, realmente no le causaba mucho entusiasmo acceder a la sugerencia de su compañera, pues sabía que, con mucha probabilidad daría pie a una conversación que no deseaba entablar.
Después de unos cuantos segundos, Giyuu dejó escapar un ligero suspiro y avanzó hacia donde se encontraba su compañera. Sus violáceos ojos lo siguieron con suma atención hasta que estuvo a su lado. En su interior, se había despertado una gran curiosidad por él y deseaba absorber toda la información posible acerca del taciturno hombre que ahora, se encontraba sentado a su izquierda, aunque guardando la suficiente distancia para no incomodarse uno al otro.
—Sabia decisión, Tomioka-san — dijo ella, mostrándole así su aprobación por la decisión que había tomado —, una de las principales responsabilidades de los Cazadores de Demonios es hacer todo lo posible por cuidar su integridad y estado de salud en general, de nada servimos estando enfermos o si nuestra condición física no es óptima —sermoneó—. Caminar durante tanto tiempo bajo este sol podría ser peligroso, ¿acaso no lo sabes~?
Su interlocutor continuó siendo fiel a su mutismo, aunque esta vez, al menos se dignó a asentir, concediéndole la razón a Shinobu. Este gesto le bastó por el momento a la joven, quien optó por simplemente cerrar los ojos y relajarse durante unos minutos, disfrutando del frescor que les obsequiaba la sombra que proyectaba aquel enorme árbol.
En cierto momento, la sensación de estar siendo observada con atención la inundó, viéndose tentada a abrir los ojos. No obstante, decidió contenerse y concentrarse en descifrar su dilema interno.
«¿Cómo lograr que hable? ¿Será que por alguna razón le parezco molesta? No, realmente nunca parece conversar con nadie, entonces, ¿todos le somos molestos? ¡Vaya problema!»
Mientras tanto, Giyuu se preguntaba por qué ella parecía tan interesada en entablar conversación con él, que no tenía nada que aportar a ninguno de ellos y que solo estaba enfocado en obedecer las órdenes de Oyakata-sama y hacer algo digno durante el tiempo que estuviera forzado a ser el Hashira del Agua, hasta que llegara alguien que lo superase y a quien pudiera heredar esa pesada carga. Hasta entonces, se esforzaría en evitar a toda costa que más familias se vieran destruidas, que más vidas fueran arrebatadas y que más sueños fuesen truncados de un momento a otro…
«Seguramente se siente obligada a tener que hablarme, no hay otra explicación. Ella parece llevarse bien con todo el mundo y ser muy importante para el resto de Hashiras, quizá solo sea eso, su costumbre de estar en buenos términos con todos. Ojalá entendiera que no es necesario hacer eso conmigo, haré mi trabajo lo mejor que pueda sin necesidad de obligarse a conversar con alguien tan rutinario como yo…»
El decadente tren de pensamientos del joven de ojos azules fue interrumpido por esa voz que comenzaba a ser familiar para él.
—Tomioka-san, ¿te puedo hacer una pregunta? —inquirió ella, encarándolo con súbita seriedad, aunque sin perder ese tono suave— pero, esta vez sí espero que me respondas y no solo me ignores. ¡Estoy empezando a pensar que te has quedado mudo! — exclamó al final, añadiéndole una pizca de humor a su comentario con la intención de mostrarse más relajada de lo que en verdad estaba.
Como única respuesta, él volteó a mirarla y de nueva cuenta y casi por puro reflejo, asintió. Al percatarse de lo que acababa de hacer, tragó saliva discretamente, formándose un nudo en su garganta. Otra vez esa insistente chica lo había tomado con la guardia baja y como consecuencia, había actuado imprudentemente. Pero ya era demasiado tarde para retractarse, aunque no le gustara la idea, respondería la pregunta de Kochou, como él solía referirse a ella en su fuero interno, sin importar sobre qué versara la misma.
— ¿Te resulto molesta, Tomioka-san? o, ¿hay alguna otra razón por la que no desees cruzar palabra alguna conmigo?
Shinobu permaneció mirando atentamente a su interlocutor a la espera de su respuesta. Con dicha acción, esperaba ejercer la suficiente presión, aunque de una forma disimulada, para que él decidiera hablar por fin.
Después de unos instantes que parecieron eternos, Giyuu finalmente abrió sus labios.
—No es eso —dijo con una extraña solemnidad en su voz, mientras miraba al frente, ya era suficientemente complicado para él hablar con la Hashira como para, además, tener que verla a los ojos al responder—, solo que…—titubeó, pensando en cómo continuar sin sonar demasiado autocompasivo—, realmente no sé qué decir. No estoy acostumbrado a conversar con alguien—culminó, agradecido de que el cuestionamiento fuera ese y no sobre algo más personal.
Shinobu pareció meditar la respuesta obtenida durante unos segundos en los que no pronunció palabra alguna, sino que permaneció en la misma postura de antes, sin quitarle la vista de encima al esbelto hombre. Sin embargo, en su interior estaba exultante, satisfecha de haber logrado, aunque fuera, un mínimo avance con aquel evasivo sujeto.
Una suave y melodiosa risita rompió con el silencio, tomando por sorpresa a Giyuu. Esta vez, él no pudo evitar voltear a mirarla, ni tampoco, ocultar su desconcierto por la reacción que había mostrado ante su respuesta.
«¡Ahora se burla de mí! ¿Para eso quería que hablara con ella?» caviló, ofendido.
Dicha indignación se reflejó fielmente en el transparente azul de sus pupilas, haciéndose muy evidente para la mujer, quién continuaba disfrutando de la situación.
«¡Así que al final de cuentas, sí tienes un ego, Tomioka-san! ¡Vaya, qué divertido! Esto ha sido un verdadero éxito»
— ¿Qué es lo que te parece tan gracioso, Kochou? – confrontó él. Su rostro permaneció serio pero la forma tan tenue en la que había fruncido el ceño, revelaba su creciente irritación. Ciertamente había pocas cosas que lograban afectarlo, pero ser burlado era una de ellas y de alguna forma, la Hashira Insecto había conseguido descifrarlo.
La confrontación de Giyuu no era algo que ella se hubiese esperado y menos, que mostrara dicha molestia, aunque mesurada. Pero lejos de incomodarse o sentirse intimidada por él, una extraña sensación de fascinación se apoderó de ella.
«Así que… Kochou, ¿eh?», reflexionó, al darse cuenta de que, por primera vez, se había referido a ella de una manera más personal. Inesperadamente, esto le provocó una sensación extraña en el corazón. «¡Qué temperamento tan interesante! Pareciera ser siempre un mar en calma, pero esas aguas pueden ser agitadas… ¿Aplicará ese mismo ímpetu, esa misma entrega y fuerza en otros asuntos aparte del combate o de defender su lastimado ego?»
—Ara, ara~ – respondió ella al fin, sonriendo y agitando las manos en un gesto conciliador —, no tienes por qué molestarte, Tomioka-san, te equivocas al pensar que me estaba burlando de ti — Shinobu tomó una pausa y a continuación adoptó un tono un poco más formal —: en realidad, mi reacción se debió a que me pareció curioso caer en la cuenta de que me recuerdas mucho a alguien cercano a mí…
La molestia fue reemplazada por curiosidad en el rostro de Giyuu. «¿Recordarle a alguien cercano? ¿Acaso una persona con un temple callado y retraído como el mío puede ser compatible con ella?», pensaba él, sintiéndose realmente confundido.
Shinobu nuevamente percibió el cambio de humor en su compañero, lo que significaba dos cosas: primero, que Giyuu finalmente había mostrado otras facetas de su personalidad, dejándole ver un poco más sobre su verdadero ser, aunque fuera de una forma muy sutil, y segundo, que sus habilidades de observación eran excelentes, pues cada vez lo descifraba mejor.
—Quizá te resulte difícil de creer, Tomioka-san, pero mi Tsuguko, Kanao, no suele hablar mucho. Tenemos años de conocernos, desde que ella era muy pequeña de hecho, y aún a estas alturas, es difícil incluso para mí el lograr que se sienta con la suficiente confianza o deseo de conversar—explicó, y en su afable voz se podía percibir cariño al referirse a su aprendiz.
Giyuu no esperaba que la persona a la que la joven mariposa se refería sería su mismísima tsuguko. En su mente, era prácticamente inconcebible pensar en algo así, ¿realmente Kochou tenía el don de tolerar a alguien tan inexpresivo? Ella, que siempre parecía estar alegre y llena de optimismo… no, simplemente, le parecía imposible. Era como intentar combinar agua y aceite. Aunque, pensándolo bien, eso explicaba el por qué, a diferencia del resto, ella parecía no cansarse tan rápido de su mutismo, sino al contrario, ser capaz de lidiar con ello con bastante éxito y relativa facilidad. Quizá, después de todo, Kochou podría ser su primera amiga en años…
De nueva cuenta, el sonido atenuado de una risilla seguido de un largo y audible suspiro interrumpió los pensamientos de Giyuu. Tal parecía que tratar con la heredera de la Finca Mariposa llevaba consigo una constante oleada de sorpresas. El joven Hashira debía aceptar que, durante años, nadie había sido capaz de sacarlo tan fácilmente de su zona de confort, sin embargo, ella lo había logrado en unos cuantos minutos.
Esta ocasión, Shinobu no esperó a que él la cuestionara sobre las razones detrás de su risa, sino que ella se tomó la libertad de aclarárselo. De antemano sabía que sí lo había leído correctamente, lo que estaba a punto de decirle concluiría su conversación, pues él no se esperaba en absoluto un cumplido de esa categoría. Pero no importaba, por el momento, podía retirarse sintiéndose más que satisfecha con los resultados obtenidos. Ya habría otra ocasión, otro tiempo y otro día para continuar divirtiéndose a costa del aparentemente, calmado y retraído Tomioka Giyuu.
— ¿Sabes, Tomioka-san? Es una verdadera lástima que no le permitas a las personas el gozar del placer de escuchar tu voz…— soltó, sonriendo ampliamente y sin dejarlo de mirar, quería disfrutar por completo de su reacción—. Tienes un tono muy agradable al oído — concluyó, incorporándose de un salto y pasando de largo a Giyuu, que aún seguía sentado sobre el pasto y quien al escuchar tal cosa se había quedado totalmente inmóvil.
Sin esperar a su acompañante, la fémina continuó avanzando con una amplia sonrisa dibujada en su rostro, algo le decía que después de lo que le acababa de confesar, él no tendría deseos de continuar el camino a su lado. Si bien pensar en ello le hacía sentirse un poco extraña al percatarse que se había acostumbrado a su presencia, tampoco le molestaba del todo. Probablemente para Oyakata-sama sería desconcertante el comprobar que no volverían juntos, pero conociéndolo, tampoco les exigiría explicaciones al respecto. La misión se había llevado a cabo con éxito y eso era lo que realmente le importaba a su querido líder.
«Hasta la próxima, Tomioka-san… Será entretenido volver a trabajar a tu lado»
