Hola, bienvenidos a esta historia que surgió después de contarle a mi amiga y beta una teoría loquisima de Sailor Moon. He de creer que quizá no sea la única que también lo haya pensado, pero después de meditarlo un rato, decidí escribir la historia.

Agradezco a mi beta LinYin por su ayuda para mejorar la historia y por motivarme a escribirla.

Les informó que algunas cosas se salen del canon, pero es un fanfic y todo es posible.

Sailor Moon y sus personajes no me pertencen, solo los tomé prestados para crear está historia ficticia.


Solo las estrellas lo saben.

Lo que voy a relatar a continuación es el mayor secreto que tengo y el guardarlo por tanto tiempo hacía que mi alma se consumiera lentamente, pero es el precio que tuve que pagar para poder conservar la paz en el Reino de la Luna. Es por eso que a modo de liberación decidí esta noche a escribir la verdad, nadie tiene porque enterarse y nadie lo sabrá jamás. Los únicos que saben han jurado callar hasta el fin de los tiempos, incluyéndome.

He aquí lo que oculto…

Habían pasado varios años desde que la princesa Serenity había vencido al mal con el poder del Cristal Lunar.

Habían pasado varios años desde la fundación de Tokyo de Cristal.

Habían pasado varios años desde que contraje nupcias con la heroína mayormente conocida como Sailor Moon.

Si...habían pasado varios años desde todas las aventuras que viví en la Tierra junto con Serena y las Sailors Scout. Ahora mi vida era tranquila… y repetitiva.

Como rey de Tokyo de Cristal, todos los día me levantaba a las cinco de la mañana para empezar con mis deberes. Primero me bañaba, me vestía, tomaba el desayuno con mi esposa en el comedor real, he de mencionar que a pesar de todos estos años, Serena seguía quedándose dormida lo que causaba que llegase tarde a desayunar, cosa que siempre me divertía.

Después, ambos eramos convocados por el consejo lunar para discutir por varias horas sobre tratados de paz, rutas comerciales etc. Al inicio Serena no parecía no entender mucho sobre estas cosas, y se aburría rápidamente, lo que provocaba que yo tuviese que encargarme de todas las decisiones por el bien del reino. Sin embargo, un día, Serena pareció cambiar de la nada, poco a poco comenzó a concentrarse en las reuniones y a entender lo que significaba hacer un buen trato comercial y los beneficios que este traería. Al principio no pude evitar sentir orgullo al ver como ella, lentamente iba tomando las riendas del reino y podía observar en sus ojos la determinación que ella tenía. Varias veces, antes de acostarnos a dormir habíamos discutido sobre lo importante que era que la gente del reino tuviera en un líder en quien confiar.

Y así fue pasando el tiempo, Serena cada vez iba convirtiéndose en la reina que Tokyo de Cristal necesitaba, pero mientras ella ascendía, yo comencé a quedarme atrás. ¿A qué me refiero? Pues, con el paso del tiempo, los consejeros solo la requerían a ella para discutir tratados y leyes, y solo tomaban mi opinión cuando se trataban de asuntos públicos, es decir, la decoración para los eventos, aunque si era sincero conmigo mismo, Serena al final decidía también eso.

Al ya no necesitarme para ese tipos de asuntos, comencé a tener mucho, pero mucho tiempo libre, primero pasaba parte de ese tiempo leyendo en la biblioteca, pero los libros no me dejaban satisfecho, así que optaba por salir a pasear por los jardines, aunque después de un rato ya me había aprendido los jardines de memoria. Aveces me reunía con Nephrite, Jadeite, Zoysite y Malakite y practicábamos un poco de esgrima, no obstante, Nephrite y Jadeite empezaron a pasar sus tardes libres con las Sailors y curiosamente Zoysite y Malakite se iban juntos a quien sabe donde, así que terminaba quedándome en mi habitación al final del día sin nada que hacer, era en esos momentos que comenzaba a extrañar a Motoki, él cual de seguro seguiría en el arcade enseñándole a chicas lindas como jugar video juegos.

Una de esas tardes libres que tenía, opté por sentarme a la sombra de un árbol a leer y sin darme cuenta me quedé dormido.

- ¿Rey Endymion? - escuché mi nombre entre sueños.

-¿Ehh? -dije aún medio dormido.

-Despierte, ¿qué no ve que es de mala educación dormirse en los jardines?

En eso abrí mis ojos y me percaté que tenía el libro sobre mi cara, de modo que me senté de golpe y vi que frente a mi estaba Jadeite, sin olvidar mencionar que estaba aguantándose la risa.

-¿Ocurre algo? - pregunté tratando de recuperar la compostura.

-Su padre está de visita – contestó Jadeite.

-¡¿En serio?! -exclamé al mismo tiempo que me ponía de pie. -¿Cuándo? ¿A qué hora? ¿Por qué nadie me dijo que vendría?

-Los demás chicos y yo hemos estado buscándolo por todos lados. La reina Serenity se encuentra ahora mismo con su padre en el salón del té.

-Será mejor que no pierda tiempo.

Con eso último salí corriendo de vuelta del palacio, casi choqué con una sirvienta a mitad del camino, pero logré llegar de una pieza al salón del té. Al entrar, en efecto estaba mi padre sentado en una mesa circular junto con Serena, la cual al verme entrar frunció el seño.

-¡Darien! - dijo ella en un tono de reproche.- ¿Dónde estabas?

-Ehhh...por ahí. -contesté con un ligero temor, pues cuando ella se enojaba podía ser peligrosa.

-¡Pero mirate, traes tierra en tu traje negro y tu cara está sucia!

Rápidamente vi mi reflejo en uno de los tantos espejos que había en la habitación y pude ver que Serena tenía razón, mi traje tenía algunas manchas de tierra y en mi cara había una ligera línea de saliva seca cerca de mis labios. Juré matar a Jadeite por no decirme nada. En eso Serena ya estaba frente a mi con un pañuelo tratando de quitarme la suciedad de mi cara.

-¡Jajajaja! – escuché a mi padre reír.-No te esfuerces reina Serenity, desde niño siempre se metía en los lugares más recónditos.

-Al menos ya te ves presentable – dijo ella una vez que terminó de limpiarme la cara, le agradecí y nos sentamos en la mesa junto con mi padre.

-Y díganme, ¿Cómo les ha ido? - preguntó mi padre.

-Bien – contestó Serena antes de que yo pudiera hacerlo. - Hemos estado con los preparativos del aniversario de la creación de Tokyo de Cristal.- Darien me ha estado ayudando con las decoraciones y el banquete.

-Así que haz tenido mucho trabajo – dijo al mismo tiempo que tomaba un sorbo a su té. - ¿Y las cuestiones políticas, cómo van?

-Mejor que nunca – volvió a adelantarse Serena. -Hace poco hicimos un tratado comercial con Neo Kinmoku.

-Me alegro de eso, ¿que argumentos usaron para convencer a la Reina Kakyuu, hijo?

-Ehh...bueno… -balbuceé en busca de una respuesta rápida, no había estado en esa reunión, lo único que sabía era que Serena había hecho todo el trabajo.

-La verdad no fue muy difícil – dijo Serena. -La princesa Kakyuu y yo ya nos conocíamos y habíamos acordado crear lazos entre planetas.

-Ya veo- dijo mi padre. - Que bien que las cosas marchan como deben de ser, pero díganme ¿ya tengo un nieto en camino?

-¡Padre! - exclamé al escucharlo y sin tener que voltear sabía que Serena se había puesto roja como un tomate.

-¡Jajajaja! ¡Oh vamos, no tienen porque avergonzarse! Además yo cada vez me hago más viejo y mi único deseo es tener nietos.

Para ser sincero, no era la primera vez que escuchaba eso, todo el mundo se preguntaba cuando Serena y yo concebiríamos un heredero, los dos sabíamos perfectamente que Rini tenía que nacer en cualquier momento, puesto que se lo habíamos prometido, o sino su existencia correría riesgo, pero no quería que hacer sentir a Serena presionada, de modo que preferí tomar las cosas con calma, Rini iba a llegar tarde o temprano, pero he de confesar que mi paciencia se estaba acabando y comenzaba a preocuparme, no solo por mi, sino por Serena, puesto que los rumores sobre nuestra alcoba crecían cada día y la verdad, me sorprende como los chismes se dispersan como pan caliente.

-Todo a su tiempo – fue lo que contesté.

Justo en ese momento, entró a la habitación Sailor Jupiter, ella se veía un poco agitada, de seguro por haber corrido una larga distancia y haciendo una rápida reverencia dijo:

-¡Serena! Tenemos un 3312.

-¿3312? .- dije enarcando una ceja.

-¡Quééééééé! -gritó Serena y en un abrir y cerrar de ojos se excusó de nosotros y salió corriendo de la habitación dejándonos a mi padre y a mi solos.

-Veo que tu esposa si que atiende las emergencias al momento – dijo mi padre con una sonrisa.

-De seguro solo ha de ser una emergencia de moda – dije mientras tomaba un sorbo a mi té. -Cuando estábamos en la Tierra siempre usaban un código para ese tipo de cosas, por ejemplo el 1585 era que una chica usaba el mismo vestido, el 2325 era nuevo peinado y el 7859 el maquillaje y esmaltes, pero el 3312 es nuevo, pero no ha de ser importante.

-¡Oh!, ya entiendo y por lo que he escuchado, la reina Serenity se ha encargado de todo lo relacionado con el reino.

-Bueno...ella, tiene que aprender este tipos de cosas – contesté y rápidamente supe a donde quería llevar la conversación.

-¿Pero tú que haz hecho? Te recuerdo que como Rey, también debes estar al pendiente de las necesidades del pueblo.

-Y lo estoy, pero le estoy dando la oportunidad a Serena de que lo haga ella sola, ella aún es joven e inexperta, al inicio siempre recurría a mi para la toma de decisiones, no obstante, poco a poco a tomado confianza y eso me pone orgulloso.

-Pero te ha hecho aún lado ¿verdad?

-Si, no...no es lo que crees.

-Vale, vale, entiendo tus motivos, pero no permitas que te deje afuera, tienes una responsabilidad.

-Lo sé.

Un pequeño silencio se hizo entre nosotros, el cual no duró mucho, ya que mi padre volvió a hablar:

-Y aprovechando que estamos solos, ¿podrías decirme el motivo por el cual no tengo nietos aún?

-Ya te dije que todo a su tiempo. -contesté tratando de no sonar molesto. ¿por qué siempre insistía en eso?

-¿Hay algún problema en la alcoba? ¿Eres tú o eres ella? Si quieres puedo darte consejos de...

-¡Ninguno de los dos tiene problemas! - grité -¡Ya deja de presionarme quieres!

No pudiendo soportar aquella conversación, me levanté de la mesa y haciendo una reverencia como todo un caballero, me retiré. Estaba realmente molesto, y necesitaba un lugar donde tranquilizarme, de modo que me dirigí a la biblioteca, donde sabía perfectamente que ahí nadie me molestaría.

Al entrar a la biblioteca, fui directamente a la sección de aventuras. Mi madre siempre me decía que cuando estuviese molesto, leyera una buena historia de aventuras, ya que estas tenían el poder de distraernos del mal momento y hacernos pasar un buen rato, pero lo que me toparía a continuación, fue lo suficiente efectivo para hacerme olvidar mi enojo.

- Zoysite, ¿Estas seguro que nadie nos verá? - escuché decir a lo lejos.

- Malakite, confía en mi, estamos seguros.

De inmediato reconocí que esas voces pertenecían a Zoysite y Malakite, y lleno de curiosidad fui a buscarlos. Ellos se encontraban en la parte de atrás de la biblioteca, de modo que me coloqué en un pasillo antes de ellos, lo único que nos separaba era el enorme estante de libros. Entonces se me ocurrió hacerles una pequeña broma, empujaría uno que otro libro para asustarlos y ver sus reacciones.

Moví con mucho cuidado unos libros, de modo que me permitieran observar por el otro lado, quizá me estaba comportando como un niño, pero necesitaba divertirme después de todo. Cuando me preparé para empujar el primer libro Zoysite habló:

-Estoy harto de tener que ocultarnos de esta forma.

-Lo sé, pero es por nuestro bien – le contestó Malakite.

-Es injusto, ya no quiero fingir frente a los demás. - apenas hubo dicho eso, Zoysite se acercó a Malakite, y he de recalcar a que se aceró mucho, de hecho puso su manos en el pecho de Malakite.

-No tienes porque fingir frente a mi – Malakite puso sus brazos alrededor de Zoysite abrazándolo. -Tú puedes ser tu mismo cuando estas conmigo, es lo que más me gusta de ti.

-Pero...¿por qué no podemos estar como Sailor Uranus y Sailor Neptune? ¡A ellas nadie las critica! Quizá a nosotros no nos digan nada.

-Ellas son muy diferente a nosotros, pero créeme, no es lo que crees, la gente habla todo el tiempo y dicen cosas muy feas de ellas, pero al tener el apoyo de la Reina Serenity, no se atreven a decirlo en alto.

-¿Y si le decimos al Rey Endymion? De seguro él nos apoyará.

-No lo sé, él ahora tiene muchos problemas y creo que será mejor no molestarle con el nuestro.

-Pero…

-Olvida eso de momento y disfrutemos el tiempo que tenemos ahora.

Sin decir nada más Malakite acercó su cara a la de Zoysite y los dos se besaron apasionadamente. Mis ojos abrieron como platos al ver esa escena, en realidad no me oponía a la unión gay, siempre he sostenido que si dos almas se aman, no debe mportar su raza, color o sexo, pero lo que estaba presenciando explicaba el porque estos dos siempre se escabullían, y yo que siempre creía que iban a entrenar...o al menos que hicieran otro tipo de entrenamiento.

Agité mi cabeza para sacar ese pensamiento, y me percaté que ya llevaba un buen rato observándolos. Decidí dejarlos en su momento especial, luego hablaría con ellos a solas y les diría que tienen mi apoyo. De modo que intentando ser silencioso regresé sobre mis pasos rumbo a la salida, pero no contaría que al quitar mi mano de la estantería el libro que en un inicio estaba planeado para caerse y asustarlos, se calló, provocando que Zoysite y Malakite se separarán.

-¡¿Quién anda ahí?! - gritó Malakite.

Yo me moví, grave error.

-¡Malakite, hay alguien al otro lado! - dijo Zoysite.

¡Demonios!

Apenas escuché pasos acercarse, me eché a correr entre las estanterías de libros. Podía sentir a Malakite pisándome los talones.

-¡Cuando te atrapé, desearás no haber nacido! - gritó Malakite.

No sé como, pero eso último hizo que tomará más velocidad y que logrará llegar a la salida de la biblioteca sano y salvo.


Esa noche, Serena llegó tarde a nuestra alcoba.

-¿Cómo te fue? -le pregunté apartando mi vista del libro que tenía en mis manos . -Se resolvió ese 3312?

-Costó trabajo, pero si, todo se resolvió. -dijo Serena metiéndose a la cama una vez tenido la pijama puesta.

-¿Qué es exactamente un 3312? - pregunté con curiosidad.

-Nada, cosas de chicas.

Hubo un cortó silencio entre los dos, ninguno de los sabía que decir o hacer, miré la hora y me percaté que eran las 9:00, no era muy tarde, así que dejé el libro que estaba leyendo en la mesa de noche junto con mis lentes y de un movimiento rápido abracé a Serena por la espalda.

-¿Qué te parece si nos divertimos un poco? - le sugerí en un tono suave y vi como Serena ponía roja como un tomate.

-Darien...-dijo ella. -La verdad es que estoy muy cansada, llevar los preparativo del aniversario de Tokyo de Cristal me han agotado.

-¿Estas...segura?

-Si...quisiera descan…

En un abrir y cerrar de ojos Serena se quedó profundamente dormida y yo sin tener otra opción le di la espalda y traté de conciliar el sueño, aunque a esas alturas me era difícil.


Pasaron los día y llegó el día que todo el mundo esperaba, el aniversario de la fundación de Tokyo de Cristal. El palacio estaba decorado con listones azules, blancos y rosas pasteles, y por lo que noté, había quitado mi sugerencia de usar morado como decoración.

Decidí ponerme mi traje color morado pastel, sino habían puesto ese color en la decoración, nada me impedía usarlo, Serena aún estaba dormida, así que titubeé en despertarla o no, pues sabía que se ponía como un ogro si le interrumpían el sueño, en especial si en ese sueño estaba Ricky Martin, pero también sabía que si no la despertaba en este día especial se pondría de igual forma como un ogro.

No tenía opción.

-Serena – dije acercándome a ella y tocando suavemente su hombro. -Es hora de levantarse.

-Cinco minutos más mamá – dijo ella enrollándose más entre las cobijas. Tuve que reprimir una risa al ver eso, ella nunca cambiaría.

-Serena, hoy es el gran día por el cual haz estado trabajando arduamente.

-¿Hoy me graduó de la secundaría?

-Algo mejor, hoy es el aniversario de Tokyo de Cristal.

-¿Ehh? - y sin prevenirlo se levantó de golpe haciendo que nuestras cabezas chocaran con fuerza. -¡AY MI CABEZA!

-Debes tener cuidado – le dije mientras sobaba mi frente.

-¿Qué hora es?

-Las siete de la mañana.

-¡Quéeeeeeee! ¿Por qué no me despertaste antes? Todavía hay mucho por que preparar.

Y como una mancha que cruzaba rápido por la habitación, Serena se levantó de la cama, se metió al baño, salió se vistió, se maquilló y se fue de la habitación, he de admitir que cuando hacía eso me dejaba estupefacto. ¿Por qué no usaba esa habilidad para otras cosas?


La ceremonia estaba a punto de empezar, por cual me dirigí lo más rápido posible al balcón principal del castillo. Allí se encontraban mis caballeros y las Sailors, todos bien vestidos para la ocasión. Antes de entrar al balcón, me detuve a un lado de Zoysite y Malakite y le dije:

-¿Hay algo que me quieran decir?

-Ehh...no señor- dijo Malakite un poco confundido con mi pregunta. -¿Hay algún problema?

-Ninguno, solo quería decirles que si quieren contarme algo, pueden hacerlo sin problema?

-Gracias Rey Endymion – dijo Zoysite con una reverencia y mirando de reojo a Malakite

-Darien – dijo Minako. -Serena te está esperando.

Sin querer hacerla esperar, salí al balcón principal y pude observar que la gente de amontonaba para poder ver bien. A unos escasos metros de mi estaba Serena, traía puesto su vestido color blanco y saludaba con energía a la gente del pueblo, una vez que vio que había llegado hizo una seña para que la gente dejara de gritar.

-¡Queridos ciudadanos de Tokyo de Cristal! - empezó a decir ella a modo de discurso, esto era lo tradicional, la reina y el rey darían un discurso y tocarían la campana de plata, la cual colgaba a escasos metros de nosotros. - En el poco tiempo en que he sido su reina, nunca me había sentido tan feliz, gracias a la ayuda de mis amigos y de ustedes, he aprendido a ser la reina que necesitan, es por eso que quiero agradecerles por todo su apoyo…

En ese momento me acerqué un poco más a Serena, en mi mente estaba repitiendo el discurso que había escrito y perfeccionado hace días, pronto sería mi turno de hablar.

O eso creía.

Sin previó aviso Serena tomó la cuerda de la campana con ambas manos y comenzó a tocarla con mucha fuerza mientras sonreía de la emoción. La gente, las Sailors y mis caballeros aplaudían y victoreaban el nombre de Serena.

-Vamos Darien – dijo ella enganchando su brazo con el mio. -El banquete ya va a comenzar.

Sin poder reaccionar, Serena me llevó al salón de baile, todo ya estaba listo, de modo que los dos nos sentamos en la mesa principal junto con los demás invitados. Los invitados eran gente de la realeza y embajadores de otros planetas, conocía algunos cuantos, pero Serena parecía conocer a la mayoría y se le olvidaba un nombre, se disculpaba y reía.

Durante el banquete, me di cuenta que también habían quitado mi sugerencia de curry, en su lugar pusieron una crema de champiñon, que si era honesto sabía feo, ¿de que servía que pidieron mi opinión si al final iban a cambiar las cosas?

Pronto llegó la hora en que los músicos se pusieron a tocar piezas para bailar y todo mundo empezó a agruparse en parejas en medio de la pista y por supuesto Serena y yo no podíamos quedarnos sentados, teníamos que abrir la pista.

Ambos caminamos hacía al centro de la pista y apenas empezó a sonar la música comenzamos a bailar, poco a poco la gente se fue incorporando y en unos segundos todos bailábamos al compás de la música.

-¿La celebración salió bien verdad?- me preguntó Serena.

-Te salió estupenda – contesté, pero en lo más profundo de mi interior, había una vocecilla que gritaba molesto.

-Muchas gracias...oye, creí que usarías el traje blanco que te mandé a hacer.

-Hace tiempo que no me ponía este y opté por usarlo.

-Supongo que esta bien.

Aunque tratará de disimularlo podía ver perfectamente que Serena no estaba satisfecha con lo que dije. Si hubiese sido otra ocasión y si hubiese tenido los chacras alineado quizá lo que relataré a continuación no hubiera pasado.

-¿Ocurre algo Serena? - pregunté, cabe destacar que seguíamos bailando en la pista.

-No ocurre nada – dijo ella, pero podía notar que si ocurría algo.

-Serena, puedo ver que pasa algo, siempre arrugas la nariz cuando algo no te gusta. Por favor dime que te pasa.

-Es que yo...quería que este día fuera perfecto.

-Pero si lo es.

-No estás usando el traje que te mandé a confeccionar.

-¿Y sólo por eso se arruinó el día?

-Invertí mucho tiempo en esta celebración y quería que las cosas salieran bien. Desde la decoración hasta la comida, yo tomé cada decisión.

Fue ahí cuando la vocecilla de mi cabeza salió a la luz.

-¡¿Y es que acaso mi opinión y decisiones no cuentan? ! - exclamé en un tono firme, lo que provocó que todo mundo volteara a vernos y que la música se detuviera.

-Darien aquí no – Serena dijo en voz baja.

-¡Oh claro que aquí si! ¡Estoy cansado de que me pregunten mi opinión y al final la boten como si fuera basura, estoy harto de que ya no pueda formar parte de las juntas con el consejo, estoy harto de enterarme siempre hasta el último de los tratados que firmas, que por cierto, también deberían llevar mi firma como Rey de Tokyo de Cristal y estoy harto de que los rumores acerca de mi impotencia en la cama. Para su información, yo me encuentro bastante bien y funcional, el problema es que la reina Serenity siempre llega cansada a la alcoba y no desea cumplir sus deberes como esposa!

-¡Darien por favor, no digas eso! - suplicó Serena pero no le hice caso y seguí.

-¡Tú tomas las decisiones, tú vas a las juntas, tú das el discurso! ¡TODO lo haces tu sola, y me haces aún lado como si fuera un inútil que no sabe hacer nada! ¿Sabes? A pesar de ser el guardián de la Tierra, me he dado cuenta de que no puedo ser capaz de protegerte a ti o la Tierra, siempre lo haz hecho tú y las Sailors. Y cuando creí que por fin podría ser de utilidad, me arrebatan de lo poco que puedo hacer. ¡No fue mi culpa nacer sin poderes! ¡Y soy consciente que sin poderes no puedo hacer gran cosa! ¡Y detesto eso! ¿Qué acaso no ves que hago mi esfuerzo para tener lo mismo que ustedes? .

-¡Darien detente ahora mismo! - dijo Salior Jupiter.

-¡Oh cállate Makoto y mejor vete a atender tu 3312! -hice una pausa para tomar aire y a continuación dije con voz más fuerte y clara .- ¡A PARTIR DE AHORA ORDENO QUE NADA SERÁ APROBADO SIN QUE SE ME INFORMARME A MI PRIMERO, MI OPINIÓN SERÁ DE MUCHO PESO ¿QUEDÁ CLARO?.

No esperaba a que la gente me contestara, pero al menos sabía que habían entendido. Volví mi vista hacía Serena y pude observar que varias lágrimas salían de sus ojos, pero la ira que me consumía en ese instante evitaba que sintiese compasión. Así que me dispuse a retirarme, no sin antes tomar una botella de vino de una de las mesas, no tuve porque pedir permiso, la gente se apartó apenas me vio caminar rumbo a la salida. No obstante, antes de salir, me volví a cruzar con Malekite y Zoysite.

-¡Ustedes dos! - exclamé señalándolos. - ¡Dejen de ocultarse, si realmente se aman no tiene caso de que lo mantengan en secreto! ¡Tienen mi total apoyo! ¡Y SI ALGUIEN SE METE CON ESTOS DOS AMANTES O ESCUCHO RUMORES SOBRE SU RELACIÓN SE LAS VERÁN CONMIGO!

Con eso último salí del salón de baile y caminé sin destino alguno por los jardines.


Después de un par de horas, terminé sentándome en una de la tantas fuentes de los jardines, aunque la que había escogido era una de las más alejadas del palacio, no quería estar cerca de nadie, ni mucho menos escuchar a la gente sentir pena por Serena, porque estaba muy seguro que eso estaba pasando, sus Sailors-amigas debían estar justo ahora consolándola mientra a mi me maldicen por el númerito que había hecho, ¿pero saben qué? Al diablo lo que dicen de mi, ya estaba harto de todo lo que me hacían pasar.

Ya no queriendo pensar más en eso, comencé a tomar el vino que había cogido antes de salir del salón, tenía la esperanza de que embriagándome podría olvidar un poco todo lo acontecido. Sin embargo, mientras trataba de hacer eso, escuché una rama tronar y de inmediato me puse de pie listo para atacar.

-¡Espera! - dijo la voz de una chica – No me hagas daño.

-Si no quieres que te haga daño muéstrate. - ordené.

Lo primero que vi fuero unas coletas de color rojo, seguido de una clara piel y un vestido amarillo con toques naranjas.

-Princesa Kyakuu – dije relajando mi postura. -¿Qué hace aquí? ¿No debería estar en el baile con los demás?

-De hecho vine a ver si se encontraba bien. -Dijo ella con voz tranquila.

-¿Si me encuentro bien? ¿Qué no debería estar con la Reina Serenity, consolándola y diciendo que soy un monstruo por lo que dije?

-No, a quien vine a ver es a usted rey Endymion. -dijo tranquilamente.

-¿Por qué a mi?

-Porque usted tiene razón de estar molesto, sus reclamos no fue un berrinche de niño, sino de alguien que necesita ayuda.

-¿Ayuda? ¿Y cómo piensas ayudarme, si podría saber?

-Pues...podríamos charlar un poco, eso servirá para que libere todo el estrés que tiene en su interior.

-No gracias – dije cruzándome de brazos y alzando ligeramente la botella agregué -Ya tengo un método.

-No creo que eso sea suficiente, Rey Endymion, si no se libera de sus demonios, su alma quedará corrompida y será consumida por la oscuridad.

Al escucharla eso, no pude evitar darle la razón, cuando Serena y yo nos casamos, se nos advirtió que ninguno de los debía dejarse consumir por la oscuridad, ya que no habría marcha atrás y sería el fin del Reino de la Luna...otra vez. Así que tomando en cuenta esto, opté por sentarme en la fuente y dejar que la princesa Kaykuu hablase primero.

-Primero que nada debemos saber el origen de su enojo – dijo la princesa Kaykuu sentándose a mi lado. - ¿Qué es lo que más te molesta?

-¿Qué no quedó claro? - pregunté. - Todo el mundo gira alrededor de Serena…

A partir de ahí, la princesa Kaykku y yo comenzamos a hablar durante horas, primero hablamos de todo lo que me estaba molestando. No sabía exactamente lo que me pasaba, quizá era el vino que había tomado, o quizá era la sensación de confianza que me hacía sentir la princesa Kaykuu y aunque me costaba admitirlo, la confianza que sentía con Serena no es comparable a esta. Lentamente deje de sentirme enojado y la vocecilla en mi cabeza se calmó, después de un rato comenzamos hablar de otros temas, música, arte, deportes, animales, libros, etc. Estaba muy sorprendido al ver que ambos coincidíamos en muchas cosas.

-A pesar de que el final es triste, me gustó mucha la historia porque habla de las clases sociales como son en realidad – dijo la princesa Kaykuu.

-Si, muy pocos autores se atrevieron a expresar su realidad en su libros, la mayoría de ellos tiende a disfrazarla. -Dije apoyando su punto de vista.

-¿Y de qué otra cosa te gustaría hablar? -preguntó ella.

-Pues...la verdad no sé, nos hemos acabado nuestros temas de conversación.

Justo en ese momento, me percaté que ya era muy de noche y que las luciérnagas ya estaban saliendo de sus refugios.

-Ya es tarde – dijo la princesa Kaykuu. - Será mejor que me vaya o mis Sailors destruirán el palacio para encontrarme y de seguro no te gustará eso.

-No claro que no – dije, pero de un impulso agregué.- ¿Po-podrías quedarte un rato más conmigo? No me siento dispuesto a regresar después de lo que hice.

La princesa Kaykuu sonrió, pero esa sonrisa era una que jamás había visto, con tan solo verla hizo que mi cuerpo se llenara de una enorme calidez.

-Esta bien – dijo ella.- Pero solo un rato más.

-Gracias.

Los dos no dijimos nada, solo nos limitamos a observar a las luciérnagas y uno que otro grillo brincar entre el pasto. De repente un grillo brincó directo a la mejilla de la princesa Kaykuu y está no pudo evitar soltar un grito. Riéndome al ver la cara que ella ponía, gentilmente le quité el pequeño insecto de su cara, pero al tocar su rostro, el tiempo se detuvo para mi, o más bien para ambos. Los dos nos quedamos mirándonos fijamente y sin ser consciente de ello, acerqué lentamente mi cara con la suya y sin perder tiempo la besé. El beso solo duró escasos cinco segundos, eso debido a que ella me empujo para apartarme.

-¿Rey Endymion, qué ha hecho? - dijo ella levantándose de su lugar con los ojos llenos de sorpresa y un poco de miedo. -Esto no es comportamiento apro…

Sin perder el tiempo me paré y volví a besarla, pero ahora con mayor intensidad, al principio pude sentir como se resistía, pero al final terminó cediendo.

-No...puedo – dijo apartando su cabeza en señal de arrepentimiento y sonrojándose agregó

-Nos pueden descubrir.

-Solo las estrellas lo sabrán – le dije al mismo tiempo que la volvía a besar.


A la mañana siguiente desperté con un terrible dolor de cabeza, producto de todo el vino que había tomado la noche anterior. Y hablando de la noche anterior, no recordaba haber regresado a mi alcoba a dormir, lo último que recordaba era lo que había dicho en el baile, la conversación que tuve con la princesa Kaykuu y cuando ella y yo…

-¡¿Pero que hice?! - exclamé sentándome de golpe en la cama.

En ese instante me di cuenta de algo horrible, no me encontraba en mi alcoba, estaba en otra habitación en el cual los colores rojizos predominaban y eso no era todo, la cereza del pastel, era que la princesa Kakyuu yacía a mi lado y con tan solo ver eso, no tardé en atar cabos de lo que había hecho.

-Soy un hombre muerto – dije llevándome las manos a la cara resignándome.

-¡Princesa Kaykuu! - escuché a una mujer decir al mismo tiempo que entraba a la habitación. -Es hora de levan...¡AHHHHHHHHHHHH!

Saliendo de un brinco de la cama, corrí directamente hacía la mujer y le tapé la boca para que dejara de gritar, pero no contaba con que la mujer me golpeara en el estómago, y que de un movimiento rápido me torciera el brazo izquierdo provocando que quedara inmovilizado boca abajo en el suelo.

-¡Fighter detente! - escuché decir a la Princesa Kaykuu.

-Pero princesa este pervertido trato de hacerle daño – dijo la chica, y llevando mi vista hacia mi captora, vi que era nada más ni menos que Sailor Star Fighter. Ahora si estaba en graves problemas.

-Fighter, él no es una amenaza, por favor suéltalo.

Siguiendo las ordenes de su princesa, Fighter me soltó y yo con mucho dolor me incorporé, ¡vaya, si que es fuerte!

-¿Rey Endymion? - dijo Fighter al reconocerme. -¿Qué está haciendo aquí y con la princesa?...¡NO... PUEDE... SER!

-Por favor Fighter no digas nada – dijo la princesa Kakyuu, acercándose a ella, he de recalcar que se había puesto una bata de dormir. - Guarda este secreto, hazlo por mi.

-Pero princesa...esta bien.

-Muchas gracias.

La princesa Kaykuu abrazó a Fighter, para pocos segundos más tarde ésta última me dijera:

-Quiero hablar contigo en privado, pero vístete primero.


Unos minutos más tarde, ya aseado y vestido, con un pantalón negro y una camisa blanca que me habían proporcionado, me reuní con Sailor Fighter en una sala de estudios. En ese poco tiempo, pude enterarme de que ya no estaba en Tokyo de Cristal y que me encontraba en Neo Kinmoku. No recordaba el como había llegado, pero supuse que tanto la princesa como yo debíamos haber tomado uno de los portales del reino de la luna.

-¿Se puede saber que demonios haces aquí? - dijo Sailor Fighter dirigiéndose al grano.

-Eso también quisiera saber. - dije sin más rodeos. -No recuerdo como es que llegué y mucho menos...tú sabes.

-Revisé tus pertenencias y por el fuerte olor a alcohol que había no me sorprende que haya pasado, además ya me contaron lo que ocurrió en el baile.

-Genial, ¿ahora me dirás que soy un monstruo?

-No, pero te lo advierto, no puedes engañar a Serena de está forma cada vez que ambos discutan, no me parece justo para ella. -hizo una pausa para suspirar .- Escucha Darien, el tiempo que pase con Serena en la Tierra me hizo darme cuenta de que ella realmente te ama, todos los días ella veía tu foto y esperaba ansiosa por una llamada o una carta tuya. A pesar de mis esfuerzos para hacer que se olvidara de ti, ella jamás perdió la esperanza. Por favor, lo le rompas el corazón de esta forma.

No sabía que contestarle, Sailor Fighter tenía razón, no podía hacerle esto a Serena.

-Haré de cuenta que esto no paso – dijo ella. -Pero debes prometerme que no volverá a pasar, o sino, yo aprovecharé y visitaré a Serena.

-¡Eso en tus sueños! - exclamé, ¿cómo se atrevía?.

-Así me gusta, bueno, me parece que es hora de que te vayas. No te preocupes, nadie de aquí a excepción de la princesa y yo sabemos de tu "visita", de modo que te escoltaré a uno de los portales para que regreses a casa y enmiendes las cosas. ¿Entendido?

-Gracias.

Con eso último, Fighter y yo sorteamos a los guardias de Kinmoku y sin que nadie se enterase abandoné el planeta.

Cuando regresé a Tokyo de Cristal, todo el mundo me preguntó por mi paradero, a lo que respondí que había pasado la noche en el departamento de mi amigo Motoki. Ysin quere dar más explicaciones, fui directo a mi alcoba, donde se encontraba Serena echa un ovillo debajo de la cobijas.

-¿Serena estás ahí? - dije con voz suave.

-No esta .- me contestó ella en un tono triste.

-¿En ese caso, podría dejarle un mensaje?

-¿Un mensaje?

-Si, le podrías decir que realmente lo siento, mi comportamiento no fue el apropiado y jamás debí de gritarle de esa forma. Dile que... cometería suicidio antes de volver a hacer eso.

-¡No te atreverías, verdad! - dijo ella saliendo de entre las cobijas. - No quiero que hagas eso.

-Esta bien, no lo haré – dije riendo un poco, pero tomando una actitud seria dije. -Perdoname Serena, actué como un envidioso. No debí desquitarme contigo por algo así, tú no tienes la culpa de mi naturaleza. El no tener poderes como tú y las Sailors, no significa que no sea capaz de hacer algo también, aunque mis habilidades no son la gran cosa, me gusta ser de esos alocados que lo dan todo.

-Darien...cuando dijiste todo lo que sentías en el salón de baile, mis ojos se abrieron. No puedo creer que no notará lo egoísta que fui, y sobre todo, con la persona que más amo. — ella bajó la cabeza un poco y a pesar de ello, pude observar que dentro de sus brillantes y hermosos ojos, se reflejaba la honestidad con la que decía sus palabras. — No puedo llamarme la Guerrera del Amor sino puede entenderte completamente.

Con solo escuchar eso, me sentí mucho mejor, por fin había llegado a la respuesta que tanto estaba buscando. Hablamos de nuestros sentimientos, de lo que nos gustaba y no nos gustaba de cada uno y prometimos mejorar y apoyarnos mutuamente. Y desde ahí supe que los dos podríamos volver a empezar desde cero.

-¿Por qué no olvidamos esto y volvemos a comenzar? -le sugerí, esperando a que ella comprendiera. -¿Te parece bien?

-Si...me gustaría mucho -contestó ella con una enorme sonrisa.

A partir de ese momento, Serena y yo, volvimos a llevarnos bien. Volví a asistir a las reuniones del consejo y de nuevo mi opinión era bien tomada, tanto Serena como yo había logrado formar un buen equipo.

Y no solo Serena y yo progresábamos, Malakite y Zoysite decidieron hacer publica su relación, me alegraba mucho de ellos dos al ver que ya no tenían que ocultarse y por supuesto me aseguré de disculparme por ellos por exponerlos, pero al final les recalqué que si hablaba en serio acerca de que tendrían mi total apoyo.

Las cosas iban perfectamente bien, hasta que un día me llegó una noticia maravillosa.

Me encontraba leyendo en la biblioteca cuando escuché risas y cuchicheos, inmediatamente supe que se trataban de las chicas y a los cinco segundos Serena entró con timidez a la biblioteca.

-Darien- dijo ella en voz muy bajita, se veía que estaba muy nerviosa y que trataba de decirme algo, pero la pena era más fuerte, además, pude ver como Ami, Makoto, Minako y Rei asomaban sus cabezas en la puerta mientras reían.

-¿Ocurre algo? - pregunté enarcando una ceja. -¿No me digas que volviste a romper un florero?

-¡¿Qué nooo?! - dijo ella agitando los brazos. - Es otra co-sa.

-¿Entonces que es lo que te pasa?

-Es que...yo…bueno...tú...¡¿Por qué es tan dificil?!

-¡Ya dilo Serena! - gritó Makoto.

-Darienestoyembarazada.

-¿Qué? - pregunté sin entender lo que había dicho.- Serena ya te había dicho que no hablaras muy rápido porque confundes a la gente, jajajaja.

-¡QUE ESTOY EMBARAZADAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

-Vaya que sutil – dijo Rei, pero no le presté más atención, porque justo en ese momento había captado lo que me había dicho.

-¡Espera! - dije estupefacto. -¿Hablas en serio?

-Si – dijo Serena.

-¡Serena esa es la noticia más estupenda! - dije corriendo hacia ella y abrazándola.

Rini venía en camino y yo no podía estar más feliz, pero he de advertir que lo que relataré a continuación es el secreto que les hablé al principio.

Nueves meses más tarde, me encontraba junto con mis caballeros y las Sailors, fuera de la habitación donde Serena estaba dando a luz. He de confesar que me encontraba un poco nervioso a pesar de saber que Rini iba a nacer y a crecer sin problema alguno, pero algo me inquietaba y no sabía que era.

-¿Rey Endymion?-dijo el médico asomándose por la puerta. -¿Puede pasar?

-¿Todo esta bien? - pregunté preocupado.

-No es nada, la reina demanda su presencia.

-¿Pero y el protocolo?

-¡Al diablo el protocolo, esa chica demanda a gritos su presencia!

Las Sailors se echaron a reír y nos la culpaba, tanto ellas como yo, conocíamos el carácter de Serena, así que sin perder tiempo entré a la habitación, no obstante, el doctor no me llevó con Serena, al contrario, me hizo entrar en un pequeño cuarto donde se hallaba una mujer cargando un bulto de sábanas entre sus brazos.

Al principio no pude evitar sentir alegría, porque había intuido que lo que cargaba la mujer era mi hija recién nacida, sin embargo, cuando vi que el rostro de la mujer reflejaba tristeza, supe que algo no andaba bien.

-Como lo siento Rey Endymion – dijo el doctor. - Hubo complicaciones durante el parto...la reina esta bien, pero su hijo...no lo logró.

-¡¿Qué?! - exclamé asustado y luego dije confundido. -¿Hijo?

-Mis más sentido pésame Rey Endymion – dijo la mujer mientras movía las cobijas para que pudiera ver al bebé.

Yo me petrifiqué al ver que el bebé que la mujer cargaba era totalmente diferente a Rini, este tenía piel clara y el cabello oscuro y sin olvidar mencionar que era niño, no niña. No sabía que era lo que estaba pasando, estaba terriblemente confundido y...comencé a llorar. Después de todo, ese bebé era mi hijo y no podía evitar sentir dolor por su perdida.

-¿Qué le dijeron a la Reina? -pregunté.

-Aún no le hemos dicho nada – dijo el doctor. -Tuve que ponerle un sedante ya que estaba muy débil.

-No le digan nada – ordené. - No le digan nada a nadie.

-¿Pero Rey Endymion…

-Digan que ha nacido un bebé pero que debe permanecer en la incubadora por un tiempo.

-Pero…

-¡Es una orden!

Con eso último salí de la habitación por otra puerta y me dirigí a mi oficina, traté de calmarme, pero me era imposible, nada de lo que había pasado tenía sentido, se suponía que Rini era producto de mi unión con Serena y lo que había presenciado era totalmente diferente a lo predestinado.

Mientras pensaba en que hacer, vi que había una carta en mi escritorio, la cual tenía como remitente el planeta Neo Kinmoku, sin tener opción, le quité el sello y lo que estaba escrito me dejó sorprendido.

Rey Endymion, necesito que venga lo más rápido posible a Neo Kinmoku, pero nadie tiene que saberlo.

Tengo que hablar con usted.

Por favor, cuando reciba esta carta, Sailor Star Fighter le estará esperando en el portal al caer la noche.

Atte: K.

En otras circunstancias habría ignorado aquella petición, pero algo me decía que debía ir lo más pronto posible. Así que cuando llegó la noche, logré escabullirme del palacio y tomé un portal hacía Kinmoku y al arribar, Fighter me estaba esperando, aunque no estaba de buenas, al contrario se veía que estaba molesta.

-Espero que sea importante – dije.- Tengo un importante asunto que atender.

-¡Oh créeme Darien, después de esto olvidarás tus otros problemas! - fue lo único que dijo durante todo el trayecto hacia el palacio de la princesa Kaykuu.

Unos segundos más tarde Fighter y yo nos detuvimos frente a la puerta de una habitación y sin decirme nada, comprendí que la princesa Kaykuu estaba del otro lado.

-Hola Rey Endymion – dijo la princesa con una sonrisa al verme entrar a la habitación.

Ella estaba parada en medio de la habitación, y de nuevo pude sentir que algo no iba bien.

-¿Qué era aquello que me quieres decir con tanta urgencia? - le pregunté.

La princesa Kaykuu no me respondió, lo único que hizo fue hacerse a un lado, dejando a la vista una...¿cuna? Lleno de curiosidad y con el corazón latiendo a mi por hora, me acerqué lentamente hacía la cuna…

-Rey Endymion – dijo Kaykuu. -Le presento a su hija.

-¡¿Hijaaaaaaa?! -exclamé estupefacto.

Miré a la bebé que estaba durmiendo plácidamente en su cuna, sin temor alguno. Tenía la piel clara y el cabello rosa claro.

Y comprendí todo.

Rini no era el producto de mi unión con Serena, sino de la aventura que había tenido con Kaykuu. ¿Por qué mi yo del futuro no me advirtió de esto? Aunque pensándolo bien, empiezo a entender porque esta información me fue ocultada, el bien de Rini habría corrido riesgos si

hubiese sabido con antemano su origen.

-¿Quién más sabe de ella? - pregunté.

-A parte de nosotros, Fighter. -contestó la princesa. -Ella me ha ayudado a mantener esto en secreto.

Volví mi mirada hacía la bebé, se veía tan dulce y tierna, y yo seguía sin saber que hacer, hasta que una idea cruzó por mi mente, o en realidad, esta debía haber sido la solución del mi yo del futuro ante esta situación.

-Princesa Kaykuu, lo que te voy a pedir será algo muy difícil para usted – dije tratando de sonar seguro, pero en realidad, tenía miedo de cómo podría tomarlo.

Entonces le platiqué lo que había pasado con mi hijo y le hablé sobre el futuro, más bien sobre el futuro de su hija, que si quería que se convirtiera en alguien poderosa, debía tomar lugar de mi hijo, como la princesa de la Luna. Le estaba pidiendo mucho, le estaba pidiendo a una madre dejar ir a su hija para que fuera criada por otra persona, eso era algo imperdonable, pero era la única opción.

-Princesa Kaykuu, se que le estoy pidiendo que haga un gran sacrificio, pero solo así Rini tendrá un futuro brillante. - le expliqué.

-¿Todo lo que me acabas de decir es cierto? - dijo ella asimilando las cosas. - ¿Ella es Sailor Chibi Moon?

-Será...si viene conmigo.

-Me estas pidiendo mucho.

-Lo sé, pero escucha, ¿qué explicación darías cuando se enteren de su existencia? Si se revela lo que tuvimos, tendríamos serios problemas, y la bebé, será objeto de rumores. No quiero condenar su vida de esa forma.

La princesa Kaykuu meditó un rato mis palabras, se acercó a la cuna y cargó a la bebé en brazos.

-Toda madre quiere que su hija tenga un buen futuro – dijo ella mientras observaba a su bebé.- Rey Endymion, prométame que la protegerá y la querrá muchísimo.

-Lo prometo con mi vida – le dije.

A continuación Kaykuu abrazó por última vez a su hija, no voy a mentir, al ver esa escena mi corazón se partía en mil pedazos, pero mantenía firmemente que esa era la única opción. Más tarde, con la bebé en mis brazos regresé a Cristal Tokyo, no sin antes de una advertencia de Sailor Star Fighter.

-Lo que estas haciendo puede traer muchas consecuencias. -dijo ella .-¡Y te lo advierto, si no cuidas bien de la pequeña dama como debe ser, te castraré!

-No te preocupes, la cuidaré bien, después de todo es mi hija – le contesté.

-Espero que así sea...y Darien, si alguna vez tienes problemas, puedes contar conmigo.

-Jamás te agradecí por tu ayuda, estoy en deuda contigo.

-Si, si, será mejor que regreses a casa o se preguntarán por ti.

Momentos más tarde me hallaba de vuelta en mi hogar, por suerte nadie se había percatado de mi ausencia y eso me permitió escabullirme en el ala médica donde estaba el doctor y mi esposa.

Al entrar al despacho del doctor, este me miró confundido, pero sin perder tiempo, le conté al doctor el plan para sustituir a los bebés, por supuesto que me creyó un lunático, no obstante, con la amenaza de acabar con su carrera, este pareció estar dispuesto a ayudarme.

Esa misma noche, llevé a Rini a su nueva habitación, y más tarde cabé una pequeña tumba junto a los rosales rojos.

A la mañana siguiente el efecto del sedante se le paso a Serena y exigió ver a su hija. En realidad, todo el mundo quería ver a la bebé, así que me limité a dejarlos entrar a la habitación de Rini para que la conocieran o la re-conocieran. Siempre he dicho que los viajes en el tiempo son confusos.

Serena cargó a la bebé en brazos y comenzó a llorar de la alegría, mientras las Sailors gritaban de la emoción y hacían una que otra broma acerca de lo que habían vivido con su versión de ocho años.

Todo el mundo estaba feliz, pero yo solo rezaba a las estrellas para que la verdad no saliera a la luz.

Este es el secreto que oculto.

Esto no debe saberse jamás.

Y para asegurarme de ello, estás páginas serán quemadas una vez que terminé de escribir, pues...

Solo las estrellas lo saben.


¿Qué les pareció?

¿Se divirtieron?

Recuerden que todos sus comentarios son aceptados.

No leemos a la próxima.