Okie dokie, aquí vamos...
Por algunas circunstancias, una persona (O un ser gatuno bípedo con severos problemas de egocentrismo sea el caso) podía tener la posibilidad casi imaginaria de recibir un beso accidentalmente de otra por cuestiones comúnmente de accidentes.
Bien, hasta aquí se entiende.
Entonces, con esto planteado, busquemos la explicación de por qué un felino casi destrozado en el suelo había aterrizado sobre una fantasma que estaba atónita y avergonzada.
Las cosas habían pasado así: Clases de gimnasia, el conocidísimo juego de los quemados, una Tina y Jamie con casi libre albedrío por la madre de esta última y un súper cobarde Gumball que intentaba evadir los intentos de asesinato de sus compañeras que estaban en el equipo de los muchachos, que sudaban agradecidos de no ser el blanco.
Pues la cosa no fue bien. Su equipo fue erradicado y de un momento a otro los intentos de evaluación de la situación en la que estaba junto a la chica dieron con una danza improvisada de pies tan humillante como la capacidad del felino de poder tener la suficiente suerte para evadir los ataques.
Los pies se cruzaron entre unos aparentes movimientos femeninos de ballet y la caída dió ese resultado.
Luego de razonar eso, Gumball sintió que la falta de oxígeno estaba en demasía, razonando que seguía sobre ella sosteniendo los sabios presionados sobre los suyos. Para su fortuna, la caída parecía que solo Gumball había destrozado a la muchacha con su peso. Así que nadie podía suponer la situación de ambos por el afortunado tamaño de ella.
Él huye, soltando un chillido aterrado ante la idea de ser considerado un pervertido o un mujeriego por su evidente atracción hacia Penny, arrastrándose por el suelo como una lombriz intentando escapar antes de levantarse y correr hacia la salida. Carrie se alzó lentamente, sus manos sostenían su pecho agitado y solo se acomodó su flequillo, fingiendo demencia y dejando todo en la nada.
- ¡Watterson! ¡¿Estás bien?! ¡ALTO AL FUEGO! - Anunció la profesora, inútilmente ya que Tina y Jamie habían quedado ampliamente asombradas por el acto del muchacho que se lanzó sobre ella sin más.
~ ¡QUE HUEVOS TIENE PARA HACER ESO! - Fue el razonamiento de ambas al entender por su parte que Gumball había aprovechado la situación del juego para ser un descarado pervertido sobre la muchacha.
Él no esperó siquiera que alguien le pidiera que se detuviera ya que se echó en carrera para huir del gimnasio hacia los pasillos. La profesora intentó detenerlo con palabras, pero no logró nada. Darwin no dudó en ir tras él, así como Penny intentó ir, incapacitada por el shock de lo que había pasado, por lo que sus piernas no se movieron.
- Carrie, ¿Estás bien? - Consultó Carmen, quien era presidenta del curso luego de que el curso la votara al inicio del ciclo lectivo.
- ¿Hmm? Sí. Solo me abrumaba el que se cayera con todo su peso o habría tenido que traspasarlo. - Respondió la mencionada que se acomodaba el flequillo con aparente tranquilidad e indiferencia, pero con un aparente sonrojo que intentaba ocultar aún.
- ¿Por qué no lo hiciste?
- ¿Sabes que se siente que tu alma sea desgarrada de tu cuerpo por un segundo o más y luego tú cuerpo quedé entumecido por minutos?
Todos se aterraron por la respuesta, siendo que esto era completamente falso y sirvió para que la gente dejara eso atrás. Ahora, concentrados en el desaparecido, las dudas comenzaban a armarse.
...
La palabra "huir" era clave en el vocabulario de Gumball. Jamás en su vida había tenido el valor descarado para encarar situaciones peligrosas si no tenía un porcentaje de éxito por mínimo sea del 2%. Él tenía el valor, no los huevos.
Ahora se hallaba encerrado en el baño, sosteniéndose el pecho con la mano, aturdido.
- ¡Gumball! ¡Gumball! - Se llegó a oír a Darwin corriendo por el área hasta que se perdió en la lejanía.
El muchacho se dejó caer sentado contra la puerta, respirando con un rostro avergonzado.
El tacto de los labios de Carrie contra los suyos.
El flash del recuerdo quedó impreso en su memoria y cerebro. Sentía el tacto de esos labios aún, y no podía sacárselo de la cabeza.
Un beso... Por primera vez dió uno y no fue con Penny.
Su consciencia le habría gritado ahora mismo la decepción que tenía de esto... Pero su corazón ahora mismo no afirmaba lo mismo.
No, ahora mismo, quería volver a intentarlo.
Se levantó y fue hacia el lavamanos. Se echó agua al rostros unas cuatro veces y comenzó a intentar calmar su respiración.
De ella, aparte de los labios, logró recordar fugazmente como se encontraba cuando se separó.
Flequillo completamente desordenado, al igual que su cabello en general, un sonrojo (que sería más un "sonazul") y sus manos aferradas a su pecho, como si se encontrara acorralada.
Con 15 años de edad, Gumball podía asegurar que esa imagen quedaría impresa en otras escenas de su mente... Demonios, no quería pensar en eso.
¿Qué hacía ahora? ¿Cómo diablos se le acercaba a sus compañeros? ¿Qué debería decir? ¿Se habrían dado cuenta de la situación? ¿Qué pensaba Carrie? ¡¿Qué pensaba Penny?!
Tantas preguntas, tanto miedo. Gumball realmente estaba aterrado. Las sensaciones, junto a su pánico, le estaban dando un mareo muy previsible.
- ¡Eso es!
Y sin pensar más, el muchacho se dió un brutal cabezazo contra el lavamanos.
Que día...
