Harry Potter miraba aquella extraña tienda sin decidirse a tomar el paso para entrar, miró a su alrededor buscando a Hagrid con la mirada esperando ver que aquel hombre gigante se diese media vuelta y decidiera acompañarle para comprarse su túnica, al ver que ya ni siquiera se veía suspiró nervioso y decidió entrar con pasos vacilantes.

Dentro se encontraba una bruja regordeta enfundada en un vestido lila mientras le ponía varios arreglos a la túnica de un joven rubio que se encontraba al fondo, al escuchar la puerta aquella bruja lo miró sonriendo dejando solo un momento a aquel joven el cual fue inmediatamente atendido por una bruja más joven.

-Hola querido me imagino que vienes por las túnicas de Hogwarts ¿no? -dijo aquella mujer con una mirada amable, ante el asentimiento de Harry lo guio junto al rubio el cual le miraba con curiosidad-quédate aquí un momento mientras voy a por los materiales.

-Así que también iras a Hogwarts-dijo aquel rubio mirándole fijamente-Mi padre se encuentra ahora comprando mis libros mientras mi madre está en la tienda de varitas, solo espero que después de todo esto pueda llevarlos a que me compren una escoba, aunque me parece un poco injusto que los de primer año no podamos utilizarlas-termino suspirando-no sabes las ganas que tengo de poder jugar Quidditch y entrar en el equipo, ¿tu juegas?

-Err…no, la verdad es que nunca he jugado-respondió Harry desviando la mirada mientras se preguntaba que era el "Quidditch".

-Oh vaya, deberías probarlo, a la mayoría de magos le gusta-respondió mirándose en el espejo para ver cómo iba quedándole la túnica- ¿Ya sabes a que casa de Hogwarts quieres pertenecer?

-A qué casa…yo…no, aún no lo sé-volvió a responder Harry avergonzado.

-Yo tengo por seguro que acudiré a Slytherin, mi familia ha estado en esa casa durante toda su vida, aunque tampoco de quejaría de Ravenclaw-al ver el asentimiento de Harry el rubio se le quedó mirando fijamente-No sabes mucho acerca del mundo mágico ¿cierto?

-No…yo…perdón, justo ayer me enteré que era mago, mi familia con la que vivo me lo ocultó todo este tiempo y aún estoy muy perdido-murmuró mirando el suelo fijamente.

- ¿Tus padres son muggles? -preguntó el rubio con un leve rastro de asco al pronunciar la última palabra.

-Según tengo entendido mis padres eran magos, pero alguien los asesinó lo que llevó a que me criara con familiares muggles al ser los únicos familiares con vida que me quedaban-respondió Harry con un leve rastro de odio en su voz al recordar a sus tíos.

-Oh vaya yo…lo siento, no quería ser indiscreto, digamos que los muggles no son muy bien aceptados en mi familia-respondió el rubio con la decencia de parecer avergonzado al escuchar el tono del pelinegro- Señorita ¿sería tan amable de pasarme un momento una pluma y un pergamino por favor?-dijo el rubio dejando desconcertada a la joven, al mismo tiempo llegaba Madam Malkin quien empezó a hacerle los arreglos a Harry en sus túnicas, pocos minutos después en el que el único sonido que rasgaba el silencio eran los alfileres y los hilos, el joven rubio le tendió aquel papel en el que estuvo escribiendo- Aquí te he hecho una lista de libros que te vendría bien leer antes de entrar en Hogwarts, también te puse mi dirección, usualmente los magos tienen lechuzas las cuales llevan cartas o paquetes, con decir la dirección la lechuza va automáticamente, no me preguntes como lo hacen porque ni yo lo sé-respondió el rubio con una pequeña risa-pero es lo bueno del mundo mágico, así que te recomendaría tener alguna lechuza.

-Yo…muchas gracias-dijo Harry mirando aquel pergamino lleno de libros, al alzar la vista observó que Hagrid acababa de llegar, pero se mantenía fuera al estar sujetando un par de helados.

- ¿Le conoces? -preguntó Draco mirando a aquella persona fuera de la tienda el cual podía llegar a jurar que era un semigigante.

-Ah sí, se llama Hagrid, es quien me entregó mi carta de Hogwarts y quien me está ayudando a comprar todo.

-Señorito ya está listo-dijo Madam Malkin a Harry quien agradeció y se dispuso a pagar.

-Maldita sea el momento en el que mi padre decidió que necesitaba varias túnicas-se quejó el rubio quien ya se estaba probando la cuarta túnica lo que hizo a Harry reír-Oh por las barbas de Merlín se me olvido presentarme-exclamó mientras se daba un leve golpe en la frente- Me llamo Draco Malfoy-dijo extendiendo la mano la cual Harry estrechó sonriente.

-Yo soy Harry, Harry Potter.

En ese momento Harry pudo observar como los ojos de Draco se abrían sorprendidos para luego sonreír verdaderamente feliz mientras la tienda caía en un silencio sepulcral.

-Encantado de conocerte Harry Potter, estaré esperando tu carta.

Harry asintió y salió para encontrarse con que Hagrid lo miraba preocupado, después de asegurarle unas 10 veces de que Draco no le había hecho nada, pudo al fin comerse su helado tranquilo, las compras pasaron con tranquilidad, en Flourish and Blotts compró sus libros escolares además de los que le recomendó Draco los cuales consistían entre ellos "Quidditch A Través De Los Tiempos" y "Sucesos importantes del siglo XIX y XX" aunque lo que más le intrigó fueron los cuentos de Beddle el Bardo pues ¿para que necesitaría él un cuento de niños?

La siguiente y última parada fue la tienda de varitas de Ollivanders donde Hagrid le volvió a dejar solo, ahí descubrió que su varita compartía núcleo con aquel mago que había matado a su familia y le había hecho la cicatriz, justo cuando iba a ahondar mas en el tema unos golpes en la puerta hicieron que Harry girara el rostro observando a Hagrid sujetando esta vez una jaula con una preciosa lechuza blanca, apresurado a salir, Harry pagó todo y fue al encuentro de Hagrid quien le tendió la lechuza como regalo de cumpleaños.

De vuelta a Privet Drive, pues sus tíos habían vuelto a su casa, Hagrid se despidió de él asegurándole que se verían dentro de poco.

Con los nervios a flor de piel Harry entró en aquella casa saliendo de la burbuja en la que había estado durante todo el día, el silencio reinó apenas puso un pie dentro.

-Tú, ven aquí-escuchó que gruñía Vernon desde el salón.

- ¿Si tío? -murmuró Harry temblando levemente pues aún no se recuperaba de los últimos golpes propinados.

-De ahora en adelante dormirás en el segundo cuarto de Dudley, como se te ocurra hacer algo que no deberías te volverás a la alacena, ahora lárgate, te llamaremos a la hora de la cena.

Sorprendido, Harry asintió y salió disparado a lo que ahora sería su habitación, al entrar acomodó como pudo su baúl y a su nueva lechuza la cual tendría que buscarle un nombre rápido.

Estaba tan hipnotizado leyendo "Quidditch A Través de Los Tiempos" que no se dio cuenta que hora era hasta que unos golpes sonaron con fuerza en su puerta.

- ¿Se puede saber que estás haciendo? -dijo Petunia con su típica voz chillona- es hora de cenar, baja a prepararla de una vez.

Los pasos de su tía resonaron por el pasillo mientras Harry suspiraba resignado, al bajar se puso a cocinar y procedió a servir los platos, pero con lo que no contaba era que su "querido" primo le hiciera un puntapié haciendo que derramase toda la comida por el suelo provocando que Petunia soltase un chillido y que Vernon se levantase con fuerza acercándose de forma intimidatoria.

- ¿Se puede saber que has hecho? -gruñó cogiendo al joven del cuello poniéndolo así de pie.

-Lo…lo siento tío…Dudley ha hecho que me tropezase y…-Harry no pudo terminar de hablar pues la palma de su tío colisiono contra su rostro.

-Ni se te ocurra culpar a nuestro hijo de las cosas que te pasen fenómeno.

-Pero es la verdad-murmuró Harry con un hilo de voz pues el oxígeno le iba faltando cada vez más.

-Te lo he advertido chico.

Aún con Harry sujeto por el cuello, Vernon lo arrastró hacia su nueva habitación arrojándole contra el suelo haciendo que al mago le pitaran los oídos.

-Hoy te quedas encerrado, sin cenar, y tienes suerte de que no te eche a la calle como debería haber hecho desde un principio-con un portazo aquel hombre desapareció por el pasillo.

La inconsciencia iba venciendo la batalla mientras Harry solo podía pensar en una cosa.

Odio A Los Muggles