Disclaimer:

Los personajes, trama y detalles originales de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, Shūeisha y Shūkan Shōnen Jump (manga), Hayato Date, Pierrot y TV Tokyo (anime).

Dedicatorias:

Fic para el SasuKarin Month 2020... no aún no es, esta solo es una actividad previa de convivencia en el grupo.


Servicio de lavandería

—¿Es en serio? —preguntó Sasuke mirando a Karin, aunque ella, con los brazos cruzados, se mostró inflexible, por lo que giró la vista hacia los otros, pero al ver la simpleza con la que se empezaban a quitar la ropa, volvió su atención a ella.

Karin tomó las prendas con gesto de desagrado e insistió en que Sasuke hiciera lo mismo.

—¡Por todos los cielos, Sasuke! —chilló cuando este movió la cabeza de un lado a otro —¡Sabes tan bien como yo que apestan! Y no vamos a encontrar otro pueblo con lavandería automática sino hasta dentro de varias semanas. Sé que no te hace ilusión quedarte en ropa interior con otros dos hombres, pero solo me tomará una hora.

Sasuke resopló.

—Sé pragmático, al menos para cubrir nuestro rastro.

Sin pronunciar palabra, Sasuke se puso de pie saliendo de la habitación, quitándole la gran bolsa con la ropa, las bolsas de dormir y todo lo que podía lavarse para mitigar la peste que hacía días traían consigo y ninguno de los esfuerzos de Karin parecía aliviar.

La pelirroja hizo un mohín y también salió, caminando detrás de él.

—Eres bastante testarudo.

Por respuesta, Sasuke solo gruñó, abrió la puerta de la lavandería y con desagrado notó que había otras dos personas.

—No esperabas encontrarla vacía, ¿verdad?

Dejó la bolsa en el suelo, y la abrió para empezar a separarla.

—¿Crees que tiene propósito hacer eso? No tenemos ropa suficiente para hacer las coladas necesarias.

Sasuke curvó levemente la boca y Karin adivinó sus pensamientos, por lo que sentó junto a él con cierto coqueteo, algo a lo que él reaccionó como siempre, apenas levantando una ceja. Sin embargo, su interés aumentó cuando le mostró dos senbon que sumergió en el interior de un frasco púrpura, luego se giró levemente hacia las dos personas que ya solo esperaban que la máquina que ocupaban terminara. Les lanzó el senbon mientras iba hacia la puerta para bajar la persiana y colocar el letrero de cerrado.

Para cuando volvió con Sasuke, ya estaban inconscientes.

—Dame la camisa —le dijo con media sonrisa —. Esa te la lavo a mano.

—No tienes que hacer eso.

—Yo lavo esa, y tú el resto, es un trato justo.

Con bastante recelo, Sasuke aceptó, aunque no fue capaz de decir palabra cuando ella misma se quitó su blusa, si bien tampoco era como si hubiera dicho mucho hasta entonces.

Desvió la mirada para atender la tarea que le correspondía, aunque no pudo el evitar sobresaltarse cuando le arrojó también su pantalón corto, algo que tenía bastante sentido, pero no dejaba de ser raro, sobre todo porque quedaba entendido que él también tenía que sacarse el resto de la ropa.

—No voy a mirar, Sasuke-kun —le dijo con picardía —. Tu honra está a salvo.

Resopló para apartar la sensación de vergüenza. Estaba seguro que se estaba comportando de manera infantil, pero había ciertos límites que no estaba seguro de querer cruzar, ni con ella ni con ninguno de los otros.

Cerró los ojos, concentrando sus pensamientos en que se traba de herramientas para lograr su cometido, y nada más.

—Si la lavadora te representa un enemigo de temer, puedo hacerlo yo también.

Respingó ante el comentario y decididamente se sacó el pantalón, los protectores del brazo y las sandalias.

—Dame tus botas —le dijo.

—¡Ah mira! ¡Te volvió el habla!

—Dame las malditas botas y ya.

Karin se las arrojó sin volverse, algo que le resultó extraño, pues se estaba tomando su palabra de no mirar muy a pecho.

Estaba de espaldas, su cabello le cubría la espalda, pero no lo suficiente como para cubrir la pantaleta púrpura de encaje. Arqueó una ceja preguntándose porqué se empeñaba en usar ese tipo de ropa, no era como si fuese a necesitar impresionar a alguien que llegara a quitarle la ropa. Apartó la vista rápidamente cuando ella se giró para alcanzar el jabón de pasta que había dejado sobre una de las repisas, aunque pudo ver que llevaba un sujetador a juego, algo aún más extraño porque era común entre las kunoichi que se vendaran el busto para mantenerlo bien sujeto y poder moverse sin dañarse.

—A mí no me molesta que mires.

No le respondió, simplemente puso en marcha la máquina, recargando las manos en los costados, como si con eso pudiese apresurar su funcionamiento para poder marcharse ahí cuanto antes.

Por su parte, Karin se estaba tomando su tiempo para lavar la camisa, frotando bien los puños y el cuello que eran las partes más comprometidas en una prenda blanca. Entonces empezó a canturrear.

—Te hace demasiado feliz lavar —observó Sasuke.

—¿Y por qué no?

—Es una tarea sosa.

—Y necesaria.

—Eso no la hace entretenida.

Karin dejó escapar un suspiro, poniendo las manos en la cintura, mirando hacia el techo, pero aún sin mirarlo.

—Me gusta imaginar que estoy en casa.

—¿En casa?

—No me refiero a la guarida de Orochimaru, claro. Antes de eso, antes incluso de cuando era refugiada con mi madre. Hubo un tiempo…

No continuó, y Sasuke lo entendió.

—¿Tendrás lavadora en casa o irás a la lavandería? —preguntó ella de pronto.

—¿Qué?

—Cuando tengas tu casa. Eres bastante quisquilloso, así que creo que tendrás una propia, no una de estas que quién sabe cuánta gente a usado.

Sasuke se sintió consternado con una pregunta tan ridícula que ni siquiera valía la pena responder.

—Pese a todo —siguió hablando —, yo preferiría ir a la lavandería. Así podría ponerme de acuerdo con algunas amigas para ir juntas. Podríamos ajustar el horario para que sea después de dejar a los chicos en la escuela, o antes de recogerlos.

Sasuke volvió a mirarla.

—¿Hijos?

—Pues sí. Yo quiero dos, o quizás tres, ¿qué tal tú?

—Karin, estás hablando solo estupideces.

—¿Por qué? ¿Es que no piensas vencer a Itachi? ¿Rehacer tu clan?

La pregunta le cayó como un balde de agua fría, como si de pronto le hubiese abierto la vista ante un panorama que realmente no había considerado. Sin embargo, sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos.

—¿O crees que lo encontraremos cuando tengamos cincuenta años? Porque si es así, francamente te presento mi renuncia, no quiero pasar los mejores años de mi vida detrás un hombre que no conozco ni me importa.

Entonces, Karin miró por sobre su hombro. El rostro de Sasuke era como una hoja de papel en blanco, no expresaba nada, no reflejaba nada, pero el brillo de sus ojos lo delató, y sonrió por eso: no estaba muerto por dentro.

—Ya acabé —le dijo, sacudiendo la camisa y metiéndola en la secadora.

Sasuke dejó escapar un suspiro mientras la lavadora continuaba haciendo lo suyo, y para no quedarse parado, se sentó en la banquilla a su lado, en silencio.

—Una lavadora propia es más higiénico — susurró —. Con toda la sangre, la exposición a venenos…

Karin continuó mirándolo.

—Y si… llegados a ese momento ¿ya no tuvieras que ensuciar de sangre tu ropa?

—No seas tonta. Soy un shinobi, y lo seré toda mi vida.

Karin valoró las opciones de decir algo más. Estaba contenta con lo que había logrado hasta el momento, así que lo dejó estar, y cuando todo estuvo fuera de la secadora, justo terminaba el efecto del somnífero que había puesto en las otras personas de la lavandería, pero no tuvieron oportunidad de verlos, ellos ya estaban de vuelta en el hostal.

—¡¿Cómo demonios es que no te has bañado?!

El chillido de Karin sobresaltó a todos, Suigetsu sin embargo, simplemente se extendió sobre la cama con los brazos enlazados en la nuca.

—Pareces una madre loca —se quejó.

—Suigetsu, ve a bañarte —repuso Sasuke.

—¡¿Qué?! —exclamó —¡¿Por qué siempre te pones de su lado?! ¡Ella es una madre loca y tú el padre secundón!

—Acabamos de lavar todo, si no te bañas no va a tener sentido.

Jūgo se limitó a tomar su ropa, vistiéndose tímidamente. Él ya se había bañado, aunque no pudo convencer a Suigetsu de hacer lo mismo.

Solo pudo sonreír al verlo farfullar, levantándose de la cama, dirigiéndose al cuarto de baño.

Pensar en Karin como una madre era algo extraño, él no podía recordar a la suya y no había conocido muchos modelos de ese rol, pero había algo en ella que le parecía encajar con esa figura, sobre todo por el refuerzo que hacía Sasuke al validar su posición.

Sin embargo, Sasuke definitivamente no era como un padre.

No podía explicarlo, pero simplemente no podía imaginarlo así, quizás un hermano mayor, un amigo, pero nunca un padre.

Quizás eso podría cambiar cuando tuviera un hijo.

—Voy a pedir la cena —anunció Karin —. Los quiero a todos abajo en quince minutos.

No hubo una amenaza, una advertencia, o algo parecida, pero ninguno estaba dispuesto a rebasar el tiempo límite impuesto.

—Sasuke-kun ¿quieres que te suba la cena? —preguntó antes de salir, con cierto tono meloso, haciendo un contoneo de cadera —¿O prefieres o-tra-co-sa?

Él movió la cabeza de un lado a otro y ella simplemente desapareció detrás de la puerta.

—Empiezo a creer que sí está loca —susurró Sasuke, la Karin de la lavandería que le hablaba de tener hijos, lavar y retirarse de la vida ninja, era totalmente diferente a la que le gritaba a Suigetsu y a la que le ofrecía descaradamente cosas raras.

Jūgo se puso de pie, si Karin le iba a gritar a alguien, sería a Suigetsu, no a él.

Y si decidía subir con Sasuke, igual lo iba a echar de la habitación.

—Yo creo que no —dijo —. Creo que es por mucho, la más sensata de todos nosotros.

Sasuke se quedó solo, con el ruido de la ducha al fondo, mirando la habitación del hostal, tan genérica como cualquiera en la que habían estado, impersonal hasta para recordar el nombre del sitio, y una sensación extraña de nostalgia lo embargó.

Él mismo pensó en lo que era antes, antes de Orochimaru, antes del departamento asignado por el tercer Hokage. En ese entonces, cuando su madre le pedía ayuda para lavar, pero esa ayuda consistía en quedarse sentado sobre la máquina mientras ella hacía el resto. Con el tiempo, naturalmente que le empezó a parecer una tarea por demás estúpida y dejó de acompañarle.

Suigetsu salió del baño, aun quejándose, sacudiéndose el pelo con la toalla.

—Quiero una lavadora —dijo de pronto, por lo que Suigetsu le miró con la ceja arqueada.

—¿Qué? ¿Y vamos a andar cargando con esa mierda todo el tiempo?

Sasuke no le respondió, le repitió las indicaciones de Karin para llegar a tiempo para la cena, únicamente pensando en lo extraño que era pensar en "Karin" y "familia" como la misma cosa.


Comentarios y aclaraciones:

Algo bastante ligero, apenas insinuado, ya me desquitaré en junio que vengan los demás temas.

¡Gracias por leer!