Ladies and Gentlemen!
Como literal, estoy sacando a la luz, al fin, la mayoría de historias que solo se quedaban guardadas en mi carpeta de historias. Este día es el momento de mostrarles una hermosa historia que ya llevaba tiempo trabajando pero que ahora, pude encontrar las palabras adecuadas para poder darle voz y voto, sentimientos y risas a mis personajes como a mis historias. Esta vez, quiero mostrarles algo lindo con un título que les provocara, que vomiten arcoíris. ¡Se los aseguro, es totalmente hermoso de principio a fin! ¡No se pierdan ni una sola palabra!
It's time to read!
It's showtime!
Aclaración: Yu-Gi-Oh! VRAINS no me pertenece. Es propiedad de Kazuki Takahashi. Yo solamente pido prestado sus personajes para poder escribir mis historias.
Eran pequeños niños cuando se conocieron, cuando sus miradas chocaron y al no saber porque sus mejillas se pintaron de un adorable rojo, decidieron ocultarse detrás de sus padres, abrazando sus piernas y mirando un poco al contrario, miraron a los adultos contrarios como a sus propios padres y sentir aquella caricia en su cabeza para tranquilizarlos e indicarlos que todo estaba bien. Los adultos no pudieron evitar soltar una risita al ver aquella timidez en sus hijos, nunca se habían conocido hasta ese momento donde no sabían qué hacer con su acelerado corazón. Sin embargo, todo se fue por la borda al ver como la pequeña niña de ojos esmeraldas enseñaba la lengua, el pequeño niño de ojos celestes le imitó en aquella acción. Un gesto inocente y tal vez un poco grosero pero qué más daba cuando los padres de ambos no pudieron evitar soltar una gran carcajada y dejaron a sus hijos ser.
La pequeña niña de nombre Yusaku Fujiki y el pequeño niño de nombre Ryoken Kogami, en el mismo momento que se conocieron, se declararon la guerra.
Solían discutir un poco, solían pelearse y la escuela llamaba a sus padres porque ambos niños no podían detenerse y a pesar de su corta diferencia de edades, les daba igual en el momento que gritaban cosas como "tonto" o hacían algunas acciones que provocaban la furia del otro. Recibían un regaño que sólo los hacía mirar al suelo y asentir a todos los castigos que sus padres le imponían pero tal pareciera que todos esos regaños eran en vano porque los niños seguían. Hasta sentían que ya no podían hacer otra cosa. Escondían sus cosas, hacían pequeñas bromas. Nada de riesgo, sólo bromas de pequeños niños que querían llamar la atención del otro, de mostrar que era mejor que el otro y tal vez era aquello lo que los hacía sentirse molestos, aunque de alguna u otra manera, lo soportaban y no sabían el porqué. Al final del día, siempre soltaban una pequeña carcajada por las tonterías que hicieron y juraban que para al día siguiente, sería mucho peor. Aunque normalmente, volvían a repetir lo mismo. Sin embargo, aquel día llego donde Ryoken vio como unos niños molestaban a Yusaku y aunque esta se defendía, era bastante cobarde de parte de los niños al ser más cuando estaba sola. Observo como la tiraron al lodo y se burlaron de la menor por su nombre, del corte de cabello que le hacía ver como un niño con falda, la forma en que lloraba y hasta de como sus padres solían olvidarse de ella, siempre llegaban tarde por ella a la escuela. La pequeña sólo se levantó para irse corriendo y ocultarse en algún otro lugar donde pudiera llorar con libertad y nadie la molestara.
Ryoken nunca había visto a una niña llorar, ni mucho menos con Yusaku que solía molestarla todo el tiempo y esta siempre mantenía una sonrisa socarrona en su cara o como a veces sus mejillas se inflaban y se ponían de color rojo ante lo molesta que pudiera llegar a encontrarse con alguna de sus bromas. Pero al ver aquellos ojos llenos de lágrimas que paso a su lado al momento de ver aquel rostro rojo y su ropa manchada de lodo, algo dentro de él se removió, algo le hizo doler su pecho, levantar su mano y tocar donde se encontraba su pequeño corazón. Entendió en ese momento que nadie tenía permiso de molestar a la niña de ojos esmeraldas, más que él.
-¡Oigan, ustedes!
Yusaku se encontraba sentada en los columpios, limpiando las pequeñas lágrimas como su nariz. Con sus manos sucias, intentaba quitarse las pequeñas manchas de lodo pero era inútil, se había secado ya y solo era algo apestoso que la hacía gritar de furia. Gimoteaba, apretaba su pequeña playera a su pecho, cubría sus oídos para evitar volver a escuchar aquellas palabras y risas de esos malditos niños pero volvía a soltarse a llorar con fuerza, porque sentía que se alguna manera, ellos tenían razón en aquellas crueles palabras. Nunca le molestaba que sus padres llegaran tarde por ella, el trabajo así se lo pedían. Odiaba su nombre también. Fue hasta que vio una sombra, una pequeña mano junto con aquella manga de una sudadera blanca y un pañuelo azul. Alzó su vista para ver a su enemigo, tenía unos cuantos moretones, le sangraba un poco la nariz pero no la miraba, había desviado su rostro pero pudo apreciar con especial atención que de sus mejillas se notaba un poco rojo.
-¿Estás bien? -Le escucho preguntar.- Esos niños fueron realmente unos abusivos contigo
-Como si realmente te importará -Se quejó la menor, tomo el pañuelo y desvío su miraba, se sonrojo de inmediato.- Pero gracias, aunque debería preguntarte lo mismo estas hecho un asco
-Es lo que me ganó por pelear -Suspiró molesto.- Les demostré que nadie te puede molestar más que yo
-¿En serio hiciste eso? ¿Por qué?
-Eso no te debe interesar, mocosa
-¡Solo soy menor que tú por dos años! ¡Tú eres más mocoso que yo!
-¿Te enojas conmigo aún cuando te ayude? Para la próxima, mejor ni lo hago -El niño se cruzo de brazos.- Para la próxima, mejor ni me preocupo por ti niña tonta
Un pequeño silencio se formo. Ryoken solo se dedicaba a mirar de reojo a su enemiga, ver como limpiaba sus ojos como su pequeña nariz. Un adorable puchero formando en sus labios como el rostro rojo, evitaba verlo por algún motivo. Sus mejillas se notaban húmedas como la suciedad del lodo en su ropa y rostro, de alguna manera, se sintió un poco culpable aunque aún podía sentirse molesto, lo que hicieron ese grupo de abusivos con una menor, era algo que no toleraría, incluso cuando esa pequeña niña se tratara de su enemiga mortal. El pequeño niño de ojos celestes suspiro hasta que escucho como la menor brincaba de su asiento de columpio para meter su pequeña mano a su suéter oscuro y sacar un pañuelo rosa. No pudo evitar sonrojarse al ver como trataba de limpiar aquella sangre, parándose de puntitas y concentrándose en todas aquellas marcas, pasaba con cuidado su pañuelo por los golpes, no era tan brusca, era como una caricia tan delicada y suave que solo se dedico a mirarla con bastante atención. Se dedico a observarla mejor, aquellos grandes y expresivos ojos esmeraldas. Su piel blanca como lo pequeña que realmente era. Sintió un poco de dolor en el momento que le apretaba la nariz un poco para evitar que la sangre saliera más. Ryoken quito su mano de ella y decidió apretar el mismo aquel lugar.
-Gracias -Susurró la menor.
-¿Qué dijiste? Creo que no escuché -Habló Ryoken con burla.
-¡Gracias tonto! -La pequeña grito y volvió a sacar su lengua.- Aunque no tenías que hacer esto, yo hubiera estado bien pero gracias -Se notaba la preocupación en sus ojos esmeraldas mientras lo miraba con atención.- Tendrás problemas con tus padres si te ven todo sucio, creerán que ahora si me pase contigo y me volverán a regañar
-Estoy seguro que no me veo peor que tu tonta, tranquila, si le decimos a nuestros padres lo que realmente sucedió ellos lo comprenderán ¿No es así? -Ryoken sonrió. Posó su mano en el cabello de la menor y le dedico una pequeña caricia. ¿Por qué lo habia hecho? Quien sabe pero la menor no quito su mano de su cabeza.- ¿Te gustaría jugar un rato en lo que nuestros padres se den cuenta que estamos aquí?
Yusaku no pudo evitar asentir feliz, con sus mejillas rojas. Ryoken no pudo evitar soltar una risa para después hacer una competencia en el columpio, ver hasta donde eran capaces de llegar como las tiernas historias que se les ocurrió al momento de empezar a jugar en todos los juegos del parque. Cuando los padres de ambos, después de conducir como desesperados al notar que sus hijos habían desaparecido después de la llamada de la maestra al ver a otros niños realmente heridos y los culpaban a ellos por verse lastimados, calmaron sus acelerados y preocupados corazones al ver a los menores soltarse a reír mientras jugaban en el sube y baja. Ver a la chiquilla con su ropa manchada y ver a ese niño con sangre y golpes, fue que entendieron a la perfección lo que había sucedido y que no era realmente como la maestra y esos niños les habían dicho al querer su inmediata presencia para que estos recibieran sus castigos.
Los adultos entendieron que Yusaku había sido la víctima y Ryoken había sido aquel que la defendió y les dio un buen merecido a esos niños. Se sintieron tranquilos, sonrieron y dejaron jugar a sus hijos, después vendría el castigo. Ver aquella alegría en el rostro de los infantes como ver como por primera vez no peleaban por alguna tontería o por su "guerra" fue aquello que los padres de ambos se miraron con complicidad.
Ese evento fue más que suficiente para que la relación de ambos menores cambiará, que Yusaku se preocupara por Ryoken como llevarle algunos regalos. Que Ryoken tomará su pequeña mano para irse juntos a la escuela y que prefería verla sonriendo. Ambos niños, empezaron su camino juntos a partir de ese día.
.o.
Empezaron a crecer para convertirse en un par de adolescentes. Yuku o Yusa, como le solía decir cuando estaban solos, solía meterse en la casa de Ryoken por la ventana de su cuarto aunque no sabía cómo es que la chica escalaba por su casa ya que su cuarto estaba en el segundo piso. Siempre que entraba, le molestaba para que le ayudara con algunas tareas y cuando todo estuviera terminado, aunque estaba más que seguro que Yusaku solo lo hacía por molestar porque la chica era capaz de tener notas perfectas, jugaba un poco con aquellas consolas que el chico tenía. Claro, al principio le molestaba y le asustaba por la forma de entrar pero al final en cuenta, termino por acostumbrarse y tener cuidado de las varias situaciones que se habían formado por esta estúpida forma de entrar. Muchas veces la chica entraba cuando él se estaba cambiando de ropa y ella sólo se sonrojaba mientras miraba a otro lado y susurraba un "lo siento", tal vez fue desde ese momento que comprendió la chica que tenía que tener cuidado. Ryoken solía hacer alguna que otra deliciosa comida a la chica, algunos dulces que había aprendido a realizar como le obligaba a comer más saludable y pedirle que se alejara de la cocina, no quería volver a vivir un incendio y que los bomberos sólo los regañen por su imprudencia como que sus padres, los hagan trabajar para poder volver a tener una cocina.
A Yusaku le gustaba jugar, ya sea con las consolas o algún juego de carta. Le gustaba danzar en la lluvia como jugar cuando las hojas de los árboles caían en el otoño. Odiaba estudiar pero admitía que estaba interesada por estar metida en una computadora, no importara que al final, podía sentir su trasero plano pero al descubrir que se escondía un mundo maravilloso dentro de aquel aparato, empezó a interesarse más hasta tomar algunos cursos. A Ryoken le gustaba leer libros, le gustaba el calor del verano como el frío del invierno y el chocolate caliente que su padre solía preparar. Pasar el día entero estudiando y poder ser un médico como sus padres. Ambos eran diferentes pero estaban de acuerdo en algo, les gustaban aquellos días donde las clases los agotaban, donde Yusaku se auto invitaba a la casa de Ryoken y sentarse a un lado de su amigo para recargar su cabeza en su hombro y dormir hasta que fuera la hora indicada para que se fuera, aunque siempre conocía la respuesta, ella se quedaba a dormir en su casa porque una chica no tenía que salir tan tarde. A Ryoken no le importaba y a Kiyoshi menos. Solo se encargaba de avisar a los padres de la chica y estos aceptaban.
Ryoken sonreía cansado mientras le daba un suave beso en la frente, ver y sentir aquella suave respiración como escuchar los pequeños quejidos que soltaba, no podía evitar soltar unas pequeñas risitas en silencio para no despertarla. Miraba con atención aquellas tupidas pestañas, sus mejillas un poco regordetas, la pequeña boca abierta y el largo cabello de la chica, como caía con elegancia en sus hombros. Tomaba la manta que ya tenía en mano y cubría a la chica como él. Bostezaba un poco y ante la calidez del cuerpo a su lado, era como se dormía. Yusaku despertaba unas horas después para sonreír al sentirlo a su lado, tomar la mano contraria por debajo de la manta y darle un beso en la mejilla. Se dio cuenta que era ese momento cuando una sonrisa idiota aparecía en el rostro de él. Veía con atención sus ojos cerrados, realmente le parecían bonitos los celestes que tenía como ojos. Su cabello blanco con mechitas purpuras que le gustaba acomodar. Mirar con atención aquel estúpido tatuaje que se hizo porque ella le reto y siempre le decía que era un cobarde, podría decirse que nunca lo fue. Volvía acomodarse y quedarse dormida a su lado. Era tan atrayente aquella colonia como el aroma de su cabello. Aquella pequeña calidez que podía volver a sentir en su corazón, sonreía y era de esa manera en la que se dormían. Tan despreocupados de todo el mundo a su alrededor como de las veces que Kiyoshi entraba al cuarto de su hijo, apagaba las luces y no evitaba tomar fotografías para recordar ese bello momento.
De vez en cuando volvían a pelear, volvían a discutir pero sabían que por más grande que fuera su orgullo, el cariño que sentían el por el otro era más grande que sólo se pedían disculpas y volvían a empezar con estúpidos comentarios como con pequeños juegos. Era de esa manera en que olvidaban todo con tal de evitar perderse.
Fue en una guerra de cosquillas por la tarde cuando se dieron su primer beso, después de unos años de pasar a la adolescencia y entrar al bello pero cruel y difícil mundo de ser unos adultos jóvenes. Cuando Yusaku no quería terminar su tarea de la universidad y Ryoken ya no sabía cómo chantajear a la misma, los dulces nuevos que había comprado como los nuevos juegos que había descargado, ya no eran suficiente para la misma. Fue cuando se le ocurrió hacerle cosquillas, escuchar aquellas carcajadas y tirarla en el piso, subir en ella y seguir con la guerra porque ella no podía alzar sus manos para hacerle cosquillas con tal de cubrir todos sus flancos. Cuando ya no podían respirar, dejaron de tocarse en las costillas para calmar sus corazones y volver a respirar, sus gargantas dolían al igual que sus estómagos. Fue ese momento donde Ryoken como Yusaku se miraban con aquellos ojos brillantes, con sus mejillas rojas y fue por instinto que al mismo tiempo pegaron sus labios. Un beso suave, movimientos delicados. Se separaron con cuidado, con las miradas desviadas. Dejo que Yusaku se levantará para que se sentara a su lado y un incómodo silencio se formó.
-Me gustó -Yusaku fue primera en hablar, una pequeña confesión de lo que habían sentido.- El beso
-A mi también -Sus manos se buscaron. Sus dedos se enlazaron pero aún sus rostros, no estaban preparados para verse.- Lo lamento, creo que fue algo inesperado
-En realidad, fue mi primer beso -Yusaku acaricio sus labios, miro un poco nerviosa, sentía su cuerpo temblar aunque no estaba segura de si realmente había sido eso.- Fue mi culpa, creo que me deje llevar por la situación
-También fue mi primer beso -Ryoken sonrió. Miro a Yusaku.- ¿Te puedo volver a besar?
-¿Estás idiota? ¿Crees que...?
Pero volvieron a besarse. A pegar sus labios y moverlos despacio, como todo adolescente inexperto que eran. Sonrieron entre cada pequeño beso. Cuando se separaron, no pudieron evitar mirarse a los ojos y cerrarlos de inmediato con el temor de que se pudiera tratar de un sueño, un sueño del que no querían despertar. Aquellas mejillas calientes no les impidió pegar sus frentes, sentir la respiración contraria, acercarse un poco más hasta sentir el suave latir de sus corazones. Yusaku fue la primera en soltar una pequeña risita seguida de Ryoken. Se sentían como dos pequeños niños que habían hecho una travesura, algo que les gustaría volver a repetir hasta que sus corazones decidan calmar y dejar de golpear sus pechos. Ryoken beso su frente, Yusaku se sentía bien y contenta con aquella pequeña acción que no dudo en abrazarlo, se sentía tan segura estando en sus brazos que no pudo evitar sentir una pequeña espina en su pecho. A pesar de que este se avergonzara de que sus pechos se pegaran al de él, no impidió para pasar sus brazos por su cintura. Acercarla más a sí, no entendió el porqué la sintió llorar. No entendió él porque soltaba con fuerza a su ropa.
-¿Yusaku?
-Perdón, es solo que -Alzo su rostro, aquellos ojos esmeraldas llenos de lágrimas, poco a poco le quito con sus dedos aquellas lágrimas.- Por más que ahora quiera besarte, no quiero dejar este sentimiento, no quiero dejarte ir si escojo estos sentimientos por ti
-Nunca te permitiré que te alejes de mi -Hablo Ryoken con seriedad.- No permitiré que la niña que tanto molestaba, que tanto me molesta ahora y que entra a mi cuarto cuando no esté presente, se aleje de mi -Subió la mano de la chica su pecho.- Yo escogí mis sentimientos por ti desde hace mucho tiempo, yo te escogí a ti primero antes que a nadie Fujiki Yusaku, esa primera vez que nuestros padres nos presentaron fue lo que inicio todo, al igual que era imposible alejar mis ojos de ti -Quito los traviesos cabellos de su cara, tocaba con suavidad sus mejillas. Sonreía con amabilidad y cariño.- Me enamoraba de ti todos los días pero tenía miedo que te alejaras, mientras me permitieras quedarme aún a tu lado, con eso estaba conforme pero al saber que tu corazón golpea tu pecho como él mío lo hace siempre, no voy a permitir que te alejes de mí
-Estúpido Kogami Ryoken -Yusaku soltó rompiendo aquel bello momento formado. Pero la pequeña sonrisa que la chica presumía en su rostro, provoco que se quedara en silencio mientras sentía como lo abrazaba.- Somos amigos, somos enemigos desde que nos conocimos pero debiste decírmelo primero, siempre supe como mis ojos te buscaban y ahora con más razón lo van a seguir haciendo
Aquella pequeña risita cómplice que se dirigieron mientras aquel cálido abrazo se compartían. Querían evitar por todas fuerzas que aquel bello momento se alejara pero al confirmar que aquello se trataba de la realidad, decidieron tratar los temas con paciencia y tiempo. Como había dicho, eran jóvenes inexpertos en el amor, aunque este siempre había estado ahí, sentían el suave palpitar de sus corazones como aquella victoria de sentir sus sentimientos siendo correspondidos. Una vez que se volvieron a mirar, supieron de inmediato una sola cosa.
Todo estaría bien.
.o.
Ryoken abrió los ojos al momento que despertó de ese largo sueño. Aún se veía oscuro, era realmente una ganancia que aún tuviera horas para seguir durmiendo antes de que alguien decidiera interrumpir su día de descanso, aunque por otra parte, sentía que en cualquier momento los rayos de sol empezarían a molestar por las cortinas de su ventana y es cuando mandaría al diablo todo. Bostezo un poco y giraba su cuerpo ante aquella fuente de calor a su lado. Pego su rostro a la almohada para ver mejor a la persona a su lado. No pudo evitar sonreír y quitar un poco aquellos traviesos cabellos que ocultaban su hermoso rostro. Ver aquellas tupidas pestañas como el suave respirar. Su pequeña boca abierta como su pecho subiendo y bajando. Aquella tonta niña convertida en una hermosa mujer que dormía a su lado.
Había tenido un sueño, aquel donde por primera vez se conocieron y empezaba su guerra por molestarse. Donde por odiar verla llorar, donde odiaba que aquellas hermosas esmeraldas se llenaran de lagrimas y decidió darle una muy dura lección a esos niños abusivos. Aunque también había resultado herido pero gracias a las pequeñas atenciones de la menor a su lado, se le olvidaba incluso de los dolores de los golpes que había recibido. Cuando comprendió aquel valor de verla siempre sonreír como ver aquellos lindos ojos brillar, se dio cuenta que había estado perdido desde un principio. Había sido ella quien se metió en su corazón y le daba felicidades como enojos y tristezas. Juegos divertidos después de terminar la tarea como situaciones un poco vergonzosas. Habían sido demasiado obvios bajo los ojos de sus padres sobre aquellos sentimientos y sobre su relación que solo pudieron taparse el rostro de vergüenza ante todas esas historias que los adultos contaban.
-Es que son demasiado obvios -Hablaba Kiyoshi.- Nunca dejabas de verla desde que eran niños y siempre la protegías cuando los demás se burlaban de ella, además, ha sido la única chica que nos has presentado
-¡Papá!
-Sabia que mi pequeña Yuku se ponía celosa al ver o escuchar a las demás chicas que se comían con la mirada a Ryoken -Soltaba una pequeña risita Serena al ver el rostro rojo de su hija como el rostro de sorpresa de su ahora yerno.- Incluso está tomando no solo clases de informática, si no, también clases de cocina para prepararle un pequeño almuerzo para él
-¡Mamá! -Chillo molesta y avergonzada la chica.- ¡No tenias que decir de más!
-Pero me alegro mi niña -Hablo Yuri mientras acariciaba el cabello de su hija.- Siempre supimos que su corazón estaba junto con el otro, solo era momento que dejaran de ser un par de estúpidos y se dieran cuenta de una vez que se querían -Soltó un pequeño suspiro.- Es más, todas esas veces que te quedabas a dormir a casa de Kogami-san como cuando él se quedaba cuando era muy tarde para irse, son tan idiotas que no se dedicaban a disimular todo eso
-¡Papá!
-Solo cuídala bien Kogami-san, te encargo mucho a nuestra pequeña niña, a nuestro más grande tesoro -Término de hablar el padre de Yusaku.
-Ella está en buenas manos -Ryoken tomo sus manos y sus dedos se enlazaron con los de Yusaku.- Porque cada día, me enamoro más de ella
-¿Quieren dejar de avergonzarme? -Pedía Yusaku.
Aquel primer beso que se dieron y los que después siguieron. Aquellos tiernos momentos donde se dormían cuando estaban cansados de sus clases o se quedaban hasta tarde viendo una película en la casa de alguno. Fue hasta que empezaron a trabajar y con la ayuda de sus padres, que pudieron tener una pequeña casita que estuviera en el centro de la ciudad para así estar lo más cercas posible. Se mudaron con un poco de nerviosismo pero ese sería su nuevo comienzo. Pintar las paredes y hacer algunas reparaciones. Comprar algunas cosas que le otorgarían tranquilidad a su hogar. Verse de vez en cuando porque su trabajo realmente necesitaba toda la concentración y el apoyo de todos. Donde había noches en vela y días donde se veían poco. Nunca dudaron, siempre se contaban su día a día a pesar de lo poco que se encontraban, siempre tenían algo de que hablar. Algunos pequeños pleitos y discusiones que siempre se dejaban un mal sabor de boca. Algunas lagrimas que soltaron como también, las reconciliaciones que se otorgaban para poder perdonar sus estúpidos corazones.
Aquel primero beso había sido el inicio de todo. Aquellas pequeñas caricias como risitas de niños traviesos fueron incrementando cuando sentían un poco de pena por lo que ellos querían. Por algo que querían tanto pero que les daba vergüenza seguir adelante pero nunca se cansaron de investigar, nunca dejaron de buscar y encontrar. Nunca dejaron de experimentar y al final, de poder disfrutar de aquello que solo hacían por puro instinto. Verse siempre y con atención, aprender como una prueba y error. Y al final de todo eso, poder permitir que aquel gran paso se diera al fin. Los sentimientos que los abrumaban, los movimientos que eran tan hipnóticos que al principio había sido un poco incomodo y hasta cierto punto, un poco doloroso pero una vez que pudieron dominarlo, pudieron disfrutar. Podían sonreír con bastante alegría, soltar pequeñas risitas como jadeos y dejarse llevar por el momento. Aquellas primeras veces que fueron correspondidas, aquellas primeras veces que solo se dieron entre ellos y que realmente lo disfrutaban.
El dolor de sus caderas como las risitas divertidas que soltaban al día siguiente. Las pequeñas quejas como los juegos matutinos y pequeñas bromas que se les ocurría. Era una de las miles de cosas que les otorgaba felicidad, saber que despertaban estando al lado del otro, era lo que más les gustaba. Una sensación que nunca quisieron olvidar, una sensación que querían, se quedara para siempre a su lado y pronto, dos pequeños anillos dorados puestos en la mano izquierda en su dedo corazón, era lo que siempre atesoraban al saber que realmente querían dar ese siguiente paso. Aunque había sido de una manera tan torpe que aun le provocaba vergüenza recordar pero en el momento que sintió como era abrazado mientras decía que si y besaba su frente como la escuchaba llorar. Era algo que nunca olvidarían.
Ryoken no dudo en acercarse un poco más a esa pequeña y sensual criatura que dormía plácidamente a su lado para abrazarla, otorgarle aquella protección y seguridad para escucharla soltar algún suspiro de satisfacción y seguir durmiendo. Desde esa primera vez que se vieron, se dieron cuenta que ya nunca más querían volver a separarse.
El sonido del despertador se escucho para que Ryoken saliera de sus sueños. Tal vez había dormido despierto pero que importaba cuando bajaba su vista y veía a esa niña tonta y fea, removerse molesta por haberla despertado después de que ambos llegaran de sus trabajos tan ocupados que siempre llegaban de noche y a veces de madrugada. Que ahora, ella solo quisiera seguir durmiendo, no la culpaba, tenía que descansar, no solo por ella, si no por ese alguien más. La vio abrir los ojos con cansancio mientras pasaba una y otra vez, su cara en su pecho. No pudo evitar soltar una pequeña risita, aunque fuera una mujer adulta, aun había cosas por las cuales se podía convertir en una pequeña niña. La escucho soltar una risita y como al fin, alzaba su rostro para verlo. Aquellos ojos cansados pero felices por verlo en la mañana. No dudo en acercar su rostro y darle su beso de los buenos días pero fueron interrumpidos al momento que sintieron un pequeño golpe y fue Yusaku quien bajo su mano y su rostro para pedir que volviera a dormir.
Ryoken no pudo evitar soltar una risita, quitar un poco las cobijas y ver a ese abultado vientre donde esa pequeña niña, se movía al escuchar las manos de mamá. Ryoken, no dudo en posar su mano para que ella se calmara de inmediato. Escucho a Yusaku resoplar y mirarlo con un pequeño puchero.
-Vamos Yuku, es nuestra hija, no deberías estar celosa de ella
-Te amara más que yo, eso me molesta más
-Bueno, yo también la amare más pero a ti -Ryoken beso el vientre hinchado para volverlo a cubrir con las sabanas y trepar por el cuerpo de ella.- Me enamorare más de la niña fea y tonta por la que siempre me regañaban en la escuela
-Estúpido Ryoken -Soltó una pequeña risita.- Tú eres el estúpido niño que se encargo a golpear a unos bravucones mayores que tú -Acaricio las mejillas de su esposo.- Gracias por salvar a esta estúpida niña, fea y tonta
-Lo haría las veces necesarias -Beso su frente.
Ryoken miro a su lado, la foto de su boda. Ella con un hermoso vestido blanco que caía con gracia a su lado y el cabello recogido ofreciendo al mundo, una hermosa vista de ella. Su traje había sido blanco pero qué más daba recordar aquellos momentos cuando su cerebro hizo corto circuito, a pesar de que le juraba que se iba a controlar, al momento de que la vio entrar. Ella se llevo la mirada de todos pero su mirada, fue la única que se robo. Verla sonreír con cariño y sin intentar de hacer un mal chiste o hacer uno con doble sentido como los que estaba acostumbrado a escuchar. Ryoken no pudo evitar llorar al momento que la vio y controlarse un poco al momento que le entregaron su mano. Se dio cuenta, que ella de igual manera se soltó a llorar al momento que lo vio. Solo soltaron pequeñas risitas mientras se disculpaban, mientras se decían lo guapos que estaban y se limpiaban con cuidado. No quería estropear el maquillaje de su futura esposa aunque, siendo sincero, sin aquello, ella era aun más hermosa.
No escucho las palabras, no prestaba atención a su alrededor. Solo miraba a la mujer que estaba a su lado. A la niña que se había llenado de lodo y que siempre se había colado a su habitación, estar a su lado mientras respondía que sí. Fue hasta que sintió el golpe de su hombro para responder que sí. Ya no aguantaba las ganas de alzarla, de besarla y de volverle a jurar una y otra vez, que cuidaría a la chica que se había robado su mirada y provocaba que se enamorara más. Los aplausos, gritos y silbidos quedaron en silencio. En su mundo, solo existía ella y él. Solo ellos dos.
-¿Otra vez volví a perderte en todas las perversiones de tu mente? -Hablo Yusaku para sacarlo de sus memorias.- ¿Si sabes que estoy embarazada? Además, estoy cansada, mi jefe me pidió terminar hasta tarde los papeles de los subordinados ¡Una embarazada no puede trabajar después de las 10 de la noche! Que no se sorprenda que no vaya a llegar hoy porque decidí tomar mi incapacidad por maternidad y que tampoco se sorprenda que voy a dejar mi trabajo
-¿Y eso?
-Quiero cuidar a nuestra pequeña niña muy bien desde el momento que nazca -Sonrió Yusaku. Aquellos ojos esmeraldas brillando de la emoción mientras acariciaba su vientre.- No quisiera separarme de ella por ningún momento, de aquí a que tenga la edad suficiente para una guardería ¿No crees?
-Todo lo que sea por nuestra pequeña, acortare mis horarios para llegar temprano a casa y estar con ustedes -Beso la mejilla de Yusaku.- ¿Ya dije que me volví a enamorar de ti?
-Eres un idiota enamorado Kogami Ryoken
-Soy tu idiota enamorado Kogami Yusaku, de esto consiste el amor, de enamorarme todos los días de mi vida de la persona correcta
-Parece una maldición
-Y lo es, todo por culpa de la niña tonta y fea
Escucho a Yuku soltar pequeñas risitas mientras se dejaba abrazar y mimar por la persona a su lado. Mirarse a los ojos. Celeste contra esmeralda, ver aquel brillo y volverse a enamorar una y otra vez hasta que la muerte los separe. Hablar a la pequeña que se movía para recibir la atención de sus padres y jurar amor por esa pequeña criatura. De eso consistía el amor, algo tan maravilloso y eterno. Una maldición como una bendición. Algo que solo con las personas correctas, era eterno.
¡Muchas gracias por leer!
Creo que me dio diabetes y eso que yo fui la encargada de escribirlo pero puedo decir que quede satisfecha. Estoy total y plenamente satisfecha por todas las palabras escritas y los sentimientos plasmados.
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¡Nos vemos a la próxima!
Atte.: AnZuZu Dragneel
Fecha: Viernes 3 de Abril de 2020
