Lo repetiste tantas veces, no solo en tú mente, lo dijiste a todos los oídos que quisieran escucharte, te ordenaste creer en ello, fuiste tú el que así lo pidió al destino. Se lo exigiste de una manera tan férrea y a la vida no le quedó de otra que aceptar tu arrogancia y concederte tu narcisista petición.
El problema fue que yo no deseaba nada de eso, tú no eras mi prioridad, ni siquiera había notado tu débil luz.
Lo que nos paso fue inexplicable para mí, mientras que tú ya sabías todo de antemano, lo sabías pues eras tú el que lo había provocado.
¿Y ahora que? Me lo confiesas momentos antes de abandonarme, de dejarme con el corazón roto y los sueños futuros truncados.
Me dices cuánto me has amado y te lamentas los años que desperdiciamos en peleas. Me aseguras que tus ojos solo me han visto a mi durante años. Me confías tu secreto mejor guardado. Me dices que me amas.
—...no sabes cuánto lo siento Granger
—Eres un villano— te digo.
Y no porque en realidad lo seas, sé que no, al menos no para otros. El mundo entero conoce tu historia, como te coacciónaron bajo la amenaza constante de una muerte sin piedad.
Nadie está preparado para la muerte, ni el ser más malvado, ni el hombre más temerario está listo para morir. Porque de alguna forma aceptar que dejaras de respirar va en contra de la naturaleza básica de todos los seres humanos que movidos por la supervivencia hacemos hasta lo imposible para que el corazón siga bombeando sangre y los pulmones sigan brindando oxígeno.
No eres el villano de otros, pero si él mío. Mi antagonista personal.
Es extraño como escalaste con el paso de los años. Recordarte como un simple desconocido me ayuda a comprender el inicio de todo.
Cuando a los 12 años asome la cabeza en tu compartimento preguntando por un sapo que no era mio y tú simplemente diste una negativa y seguiste con lo tuyo. Como desearía volver a la ignorancia de tu existencia.
Sin embargo de una u otra forma nos encontraríamos solo horas después, listos para aceptar nuestro destino bajo la sabiduría de un viejo sombrero parlante. Nuestras miradas volvieron a cruzarse y lo recuerdo bien porque al subir al banquillo accidentalmente roce tu mano al pasar, te pedí disculpas y tú solo asentiste.
Te extraño mudo Malfoy. Te extraño ajeno.
—Granger— me llamas, pero no quiero voltear.
Porque mirarte es recordar tus caras de asco.
Ese fue tu nuevo escalón. Pasaste del mutismo a los insultos en solo un año. Pasaste de ignorarme a odiarme sin conocerme, mi amistad con Harry fue la pauta, sin embargo tu goce, tu fuga para herirme era la sangre. Mi turbia e impia sangre.
Hay personas a las que se les dificultaría creer que un niño pequeño puede ser despiadado. Tú rompiste esquemas. Demostraste ser la excepción a la regla, brincaste magistralmente de ser un bully cualquiera a un acosador venenoso y cruel.
De ese escalón no te moviste durante unos años, tal vez fue en el tercer ciclo cuando descubrí que no ibas a cambiar. Creo que fue por eso que me atreví a golpearte de la manera más muggle que existe, un puñetazo que te hizo recordarme de por vida y que ahora me devuelves de la peor forma.
—No quiero verte— y lo digo muy en serio, lo digo con el corazón en la palma y un nudo doloroso en la garganta.
Nada permanece y eso es lo más difícil de vivir, la incertidumbre que trae el día a día. Tus pies se movieron después de pasar sin pena ni gloria durante nuestro cuarto año, ahora diste una gran zancada hacia arriba, un peldaño grande. Te convertiste en lo que todos esperaban y por alguna extraña razón me era imposible de creer. Un nuevo escalón, uno alto.
Cómo dije no eres un villano para otros y en ese entonces aún con las groserias y malos tratos no eras tan malo para mí. Defendí tu nombre frente a Harry muchas veces, casi lo convencí de alejar sus ojos de ti. "Draco no es un mortífago" repetí como un loro amaestrado. Si me preguntan el porque no podría responder. Creo que en parte se debe a que como humano imperfecto tengo ese lado malo, ese lado cruel que en una mínima porción me hacía verte cobarde e inmaduro.
Nada más alejado de la realidad. Voldemort y tus padres te hicieron madurar de un golpe. En meses dejaste atrás a ese niño cobarde y chillón, dejaste atrás al petulante y vanidoso rey serpiente, mudaste de piel y no precisamente a una más reluciente, de hecho fue opaca, casi gris. Un pequeño mortífago temblando de pánico, buscando fuerzas para matar a un hombre que nada te había hecho, abriendo la entrada a un grupo de asesinos que destruyeron el sitio donde podías ser tú, sin tener la mirada de tus progenitores clavada en la espalda.
—Sera la última vez, no voy a lastimarte nunca mas— prometes, y casi haces que me eché a reír.
Quiero hacerlo, quiero reírme en tu cara, quiero darte una carcajada frenética e irónica.
Algo similar a lo que hiciste cuando nos encontramos meses después en la mansión. Cuando tu tía te encargó que me desecharas, después de que me torturó por horas en las que suplique por la muerte, creyendo que esa salida sería más fácil que soportar el dolor. Te reíste de mi súplica de muerte cuando tus brazos me envolvieron y llevaron lejos.
Debi morir o perder la razón, pero tú, canalla, impediste que sucediera. Me arrastraste hasta lo que creí sería mi fin. En mi mente ya estabas subiendo el ultimo piso de una pirámide de auto-destruccion. El escalón definitivo, ese donde te ibas a erguir para bañar tus escamas en sangre, ese último piso en el cual trasmutabas a ser el asesino perfecto, destruyendo a tu padre para convertirte en la mano derecha de tu Lord oscuro.
Entre la embriaguez del dolor no fui capaz de ver como tu pie trastabillaba y tu mandíbula temblaba. No ibas a matarme.
En vez de una fosa termine en tu habitación, recostada sobre tus finas sábanas de seda, con la cabeza húmeda de sudor y sangre, manchando tus costosas almohadas.
Entonces tus labios apretados se abrieron, pero no hubo burla o insultos "Oigas lo que oigas quédate aquí" indicaste. Si asentí o no, no lo supe. Ni tampoco oí nada, me deslice hacia el descanso en tu lecho millonario. Cada musculo en mi cuerpo agradeció poder dormir sobre una cama después de meses de hacerlo en un catre rudimentario.
—Tienes razón, esta es la última— no reprimo la amargura que siento, quiero destilarla por todos los poros para que la sientas. Me giro y espero que se note todo lo que he llorado, deseo que mi imagen desastrosa se quede grabada en su pupila antes de que se apague para siempre.
El escalón que faltaba no lo subiste. Todo lo contrario comenzaste a bajar, lo hiciste despacio y en silencio. Dejaste que tus acciones demostrarán lo que las palabras no podían.
Me instalaste a tu lado. Pediste a los elfos de tu familia que me curarán y asearan, me conseguiste ropa limpia y comida caliente. Me informaste de la huida de mis amigos que debían estar sanos y salvos en alguna parte lejos de ahí, planeando derrocar al gran señor tenebroso. Me pediste esperar cuando te suplique que me dejaras ir. Explicaste de forma sencilla el riesgo que ambos corríamos si alguien se enteraba que seguía con vida. Te vi poner sellos silenciadores y de alejamiento para que nadie descubriera mi presencia indeseable.
No sé cuánto tiempo pasamos juntos. Lo que en aquel entonces se sintió como eternidad, ahora me parece un suspiro, un chiste cruel del tiempo que se movió demasiado rápido.
Dejaste que durmiera en tu cama mientras cada noche tranfigurabas una sillón para dormir no cerca, pero tampoco lejos de mi.
Conseguiste libros para que no muriera de aburrimiento, llevaste una radio para que supiera de los movimientos de mis amigos.
Las noches de insomnio y llanto las pasaste conmigo, despierto, oyendome en silencio hasta que el cansancio nos vencía. Sin preguntar, sin consolarme de forma hipócrita, porque en el fondo aún odiabas a Harry, lo culpabas de el regreso de Voldemort y deseabas que muriera.
—Acercate, quiero tocarte— pides o más bien súplicas, nos separan un par de metros y gruesas barras de acero, al notar que no planeo ir hacia ti, una mirada de ira aparece en tus pupilas —Granger— exijes
Quiero obecerte y no porque sufra estocolmo (como muchos aseguran) o porque te tema. Quiero ir hacia ti igual que la primera vez.
Aquella en la que el frío de tu habitación era insoportable y los dientes te castañeaban, recostado en tu pequeño sofá transfigurado.
Fui a tu lado con dos de las tres cobijas que habías arrojado a la cama que me prestabas. Te dije que solo necesitabas lanzar un hechizo calefactor, pero ni siquiera hiciste el intento de sacar tu varita. Amycus Carrow la había quebrado cuando te negaste a ir con él a Hogwarts. El idiota te había ofrecido el goce de la tortura estudiantil y tú valientemente le dijiste que aquello se te hacia infantil.
Llegaste al cuarto con el labio reventado, ropa de cama polar, las cobijas y un tazón de crema de calabaza que me ofreciste sin decirme que tú no habías cenado nada. A la media noche vibrabas de frío mientras apretabas entre tus manos la varita en pedazos.
Salí de la cama y arrastre una de las capas para taparte, esperando que dormido no te dieras cuenta de mi gesto inútil por devolverte un poco de toda tu hospitalidad, pero estabas despierto, tenías los ojos bien abiertos cuando mis manos trataron de cubrirte. Te giraste lentamente hacia donde estaba, dejándome paralizada. No de miedo, no te tenía miedo y nunca lo tendré. "Yo solo..." Dije y las palabras se ahogaron en mi garganta. En mis años viva jamás había visto nada igual, es tonto de reconocer ya que como bien sabes nos conocimos de doce y once años y en todo ese tiempo transcurrido te había visto muchas veces. Cientos de ellas.
Con diferentes ropas, con diferentes cortes de cabello, con diferentes tipos de peinados, con diferentes expresiones sin embargo, lo único que no cambiaba eran tus ojos, grises. Algo común en el mundo mágico, chicos y chicas de pupilas grises y cabellos rubios, nada fuera de lo normal, pero esa noche nevada, bajo la luz lunar filtrada de la ventana, aquellos ojos naturalmente grises brillaban.
Describir cómo se veían sería imposible, nunca encotraria la forma correcta de expresar lo que mis pupilas comunes captaron.
"Diamantes" sería la palabra más acertada, tus ojos eran diamantes. Muy acordé a tu posición económica, fuera completamente de mi liga. Incluso recuerdo haberme sentido indigna de descubrir que tus pupilas eran tan impactantes como mirar una joya entre los dedos. Una Sangre sucia presenciando la magnificencia y explendor de un sangre pura de piel lechosa y suave, rasgos duros y aristócratas y ojos de diamante.
Supongo que notaste el desencanto en mi cara cuando llegue a la terrible conclusión, esa que tú habías delimitado desde la primera vez que usaste la palabra "sangre sucia" dándote toda la razón después de años de lucha constante para demostrarte que éramos iguales.
Claro, no desechaba la idea del todo, seguíamos siendo dos seres humanos con los mismos derechos y obligaciones terrenales, pero sin duda físicamente tú eras superior.
—No puedo dejar que vuelvas a tocarme— te respondo sintiéndome apocada, veo como tus ojos se cristalizan, lloraras y quiero correr y evitar que lo hagas, quiero ayudarte a ser fuerte, pero si lo hago, si acortó la distancia será igual que aquella vez...
Mis intenciones iniciales quedaron en el piso junto a la cobija. Tus manos me atraparon y enredaron de forma tan posesiva que creí que habías subido corriendo todos los escalones y que al fin me harías daño.
Equivocada estaba, me dejaste claro tus pensamientos cuando rozaste tu nariz con la mía, una y otra vez, una y otra vez. Roces solo roces, como un cachorrito replegando su nariz húmeda a la de otro para demostrar su afecto. Fueron segundos solamente, después de eso me liberaste con un movimiento derrotado y un pequeño empujón que me paro de nuevo. Recogiste la tela y sin decirme nada la volviste a colocar en la cama. Te calzaste los zapatos y una bata, caminaste hacia la puerta y suspiraste "Hay rumores, Potter destruyó uno más"
"Está cerca el final" murmuré incrédula, nada se sentía seguro estando en la mansión Malfoy. Mientras mis amigos sorteaban obstaculos, yo había permanecido a la espera de algo que me dejara volver y pelear a su lado, creyendo que les haría falta. Saber que destruyeron un horrocrux más sin mi era fabuloso. No era necesaria, mi desaparición no había impedido avances. El mundo seguía su movimiento y yo estaba bien con eso. "Solo un poco y todo acabará"
Mis palabras de esperanza te despertaron, algo se movió en tu interior e impidió que salieras. Soltaste la perilla de la puerta y corriste directo hacia a mi, plantando tus labios sobre los míos en un beso tieso que me dolió un poco. Casi de inmediato te separaste "Tenía que hacerlo aunque fuera una sola vez" declaraste. "No me gustan las despedidas"
"A mí tampoco" confesé a los segundos y copiando tu arranque te atraje en un nuevo beso, uno suave y endemoniadamente tierno. Tus labios apenas se abrieron, me correspondías con cautela, tentando el terreno antes de entregarte de lleno. ¿Cómo podías tenerme miedo cuando la que temblaba era yo?
—Esta mañana me han preguntado cuál es mi última voluntad, les dije que solo quería verte, pero ahora sé que eso no es lo único que deseo— dos lágrimas caen en cada lado de tu rostro y cierro los ojos para no observarte —Por favor— estiras una mano y me duele notar gracias a ello, que estás en los huesos —Granger por favor
No lo resisto más, camino hacia ti y odio la forma en que desesperadamente buscas mis labios, tus brazos salen y me aprietan contra los barrotes, es lo único que nos impide estar cien por ciento cerca, eso y el abultado vientre que ahora tengo. Notas que aprieto los ojos por la presión y me sueltas.
—oh Merlin no quise... ¿Estás bien? ¿Está bien?— tus ojos buscan cualquier daño, cuando niego te quedas estático mirando mi abdomen, parece una pequeña sandía bajo mi vestido.
—Tocalo— te invito, dudas un poco, pero acercas las manos y delicadamente las deslizas por toda la circunferencia de mi redondez.
Amo como me tocas. Siempre lo haces como si yo fuera seda.
Dos semanas más pasan después de nuestro primer beso. La nieve ahora es un bloque sólido en la ventana, tu madre ha dicho que la mansión prácticamente está incomunicada, los mortífagos residentes comienzan a abandonar la morada, hartos de solo ver oscuridad gracias a que todo el rededor está congelado y toponeado de hielo grueso. Incluso Voldemort se va, abandona la comodidad que ofrece Malfoy Manor en búsqueda de un lugar más calido. En todo el terreno solo quedamos 3 personas, tu madre, tú y yo y el alivio que se siente nos permite acariciarnos las bocas el uno al otro por horas mientras pienso que jamás me cansaría de eso.
Conforme el día comienza a caer tus manos son más aventureras, las mueves de mi cintura a mi abdomen y de ahí a mis piernas. Me siento poco atractiva con la ropa polar tremendamente gruesa. Me descubro deseando que hagas un movimiento más audaz y levantes mi suéter, solo para sentir tu mano en la piel de mi estómago. "Debo ir a cenar" dices contra mi boca, comienzas a moverte y yo te retengo.
Mi cerebro se hace torpe, pierde lucidez mientras mi cuerpo gana confianza "Hace mucho frío, entra conmigo" ofrezco señalando la cama. La duda baila un momento entre ambos, te separas y asomas la cabeza al corredor, llamas a uno de los elfos domésticos y le pides que informe a tu madre que no estás de humor para cenar, que dormirás. El elfo ni siquiera te responde, sé oye cómo desaparece y tu cierras de nuevo.
Sonriendome caminas hacia la cama, caemos sin gracia sobre ella y nos introducimos debajo solo para comenzar a quitarnos la ropa extra, tú me desvistes y yo a ti y hasta ese momento es lo más intenso que he vivido. Estoy siendo tan audaz que no me doy cuenta cuando termino antes que tú y comienzo a tocarte como si fueras braille. Quiero grabarme cada parte de tu piel. Me das esa sonrisa de suficiencia que me recuerda a cuando atrapabas la snitch antes que Harry en los partidos del colegio.
"¿Estás segura?" Preguntas como todo un caballero, en el fondo deseo tener la fuerza para detenerme, decirte que no estoy lista, que eso que hacemos no está bien porque afuera hay pelea y oscuridad, pero tengo tanto miedo de que lo que ocurre entre ambos se desvanesca que mandó al diablo todo y como respuesta me pegó completamente a ti. "Oh amor no voy a detenerme aunque lo pidas" me adviertes
Y lo dices enserio. Minutos después te suplico que no lo hagas, que pares pues las cosquillas me están matando, pero a ti no te importa, clavas la cara entre mis piernas y me haces ver estrellas con ayuda de tu lengua. Te devuelvo el favor después de mi primer orgasmo, acarició toda tu longitud y mientras lo hago me preguntó a donde se fue mi vergüenza y si volverá algún día. Descubro pronto que no regresará, mientras jadeas y maldices haciéndome sentir en la cima del mundo, con un pie sobre la cabeza de las amantes que tuvieras antes de mi.
Recuperamos la energía en lapsos de tiempo que bajan la libido y aumentan los cumplidos y palabras cariñosas. Me susurras lo hermosa que soy, dices que no hay forma de calcular lo mucho que te gustó, me confiesas que adoras mis rizos y que cada burla solo era para ocultar lo fascinado que estabas, me recuerdas el día que hechizaste mis dientes y me pides disculpas mientras me muerdes el cuello, pero sin duda la corona se la lleva el "oh niña te amo" que se escapa de tus labios cuando recuperas la fuerza y te hundes en mi centro, robándome el aire y el corazón.
—¿Aún falta? ¿Cuando llegara?— preguntas con la voz extrangulada, sé cuánto deseas verlo y ese deseo le resta mucho a tu decisión firme de morir.
—A mediados de Septiembre entre el dieciocho y veinticuatro.
—Crees que sea...
—Es un niño— te confirmo, apenas me he enterado hace unos días, he llorado mucho al saberlo, resentida porque no estuviste cuando me lo dijeron.
—Ojala se parezca a ti— pides y no es a mi, lo haces a la fuerza suprema arriba de nosotros.
—No lo creo, pero ojalá así sea— y no lo digo para lastimarte, lo hago porque sé que no soportaría verte reflejado en él. Dolería demasiado y no sé si para ese momento aún tenga fuerza para tolerarlo.
—¿Como, como le pondrás?
—Aun no lo sé, tu madre está en eso.
—¿Estás de acuerdo con las constelaciones?
—Lo estoy.
Nuestro primer acercamiento intimo es inolvidable y el inicio de días y noches haciendo el amor, tomando recesos para contarnos cosas que nadie más sabe de nosotros, para darnos declaraciones de amor eterno que le provocarían diabetes a cualquiera que nos hubiera oido y para planear un futuro juntos.
A las semanas descubrimos que nos cuesta estar separados. Cuando te ibas a desayunar o comer el tiempo pasaba a cuenta gotas. Mi vida se detenía hasta que te veía regresar corriendo, diciéndome que la comida estaba insípida y que deseabas tanto que estuviera contigo en la mesa.
No pasa mucho tiempo para que nueva información llegue. Voldemort ha decidido atacar Hogwarts, sabe que Harry iría ahí, "debe haber otro horrocrux" dices con seguridad. Luego te giras hacia mí y sin decirme se lo que piensas. Irás, irás a limpiar tu nombre y el de tu madre antes de que Lucius acabe enterrandolos junto al señor oscuro. Separaras las cosas para que al terminar a nadie le quede duda de que no pertenecían a ellos. Dejaras que juzguen lo que tanto tiempo quisiste ocultar detrás de groserias y malos gestos. Draco Malfoy se equivocó, Draco Malfoy no tuvo opción.
Te digo que también quiero ir y no me detienes, accedes sabiendo que ambos necesitamos hacer lo correcto. Me besas y prometes, prometes tanto y yo te creo ciegamente. Me dices que pase lo que pase estaremos juntos al final.
Hacemos el amor nuevamente, pero esta vez es más severo, lleno de necesidad, de exigencia, de marcarnos el uno al otro para que no se nos olvide a quien pertenecemos. Cuando el clímax de ambos llega, un leve rechinido en la puerta nos baja del cielo para darnos la imagen de Narcissa Malfoy observandonos en el umbral.
Quiero desaparecer cuando veo que saca su varita, te adelantas a un ataque e interpones una mano, pero la señora Malfoy no nos hechiza, no me lanza crucios como su hermana, no grita o maldice, no vomita o llora. Sé lleva un dedo a los labios para que guardemos silencio y hace señas para que nos visitamos. Cuando la voz de Lucius te llama, ella me toma por un brazo y nos encierra a ambas en el baño.
Desde el interior oímos como tu padre te indica que a llegado el momento, deben ir al castillo y atacar a la resistencia. Caes de la nube en donde ambos estábamos y subes corriendo las escaleras de la pirámide, siempre un piso abajo de asesino. "No importa quién se cruce, lo acabas si quiere lastimarte" te ordena Lucius, accedes con un tono arrogante que no había oído en meses. En un plop desaparecen.
Narcissa Malfoy se gira para verme, tiene los ojos llorosos e hinchados.
"Ire tambien" me informa y antes de que me abandone en el baño, me tomo de su muñeca esperando que no me empuje "vamos" pido, ella me da una pequeña sonrisa a cambio y extiende su brazo "juntas entonces" accede.
Si ella sabía de nosotros antes de entrar en la habitación, nunca lo supe. Hasta la fecha no ha dicho nada.
—¡Dos minutos!— grita el Auror que ha estado parado en la entrada todo el tiempo, observandonos con lupa. Quisiera que tuviera razón al sospechar que estoy aqui para llevarte y fugarnos, ojalá pudiera hacerlo, pero no tengo ningún as bajo la manga, simplemente he venido a verte, a verte por última vez amor de mi vida, porque por mucho resentimiento que tenga, te amo con todas mis fuerzas.
—Solo dos minutos— susurras enredando lo poco que alcanzas de mi cintura para pegarme a ti
—Podrian ser mas— lanzó y niegas.
—No son suficientes pero... Granger— me llamas y haces que me tiemblen las piernas, se que me dices Granger para poner una separación entre ambos y que la despedida duela menos, sin embargo ansió oír mi nombre de tú boca.
—Draco— te nombró, acariciándote el rostro. Odio lo delgado que estás, odio saber que jamás volveré a tocar tu piel.
—No quiero que estés ahí, no quiero que asistas, tampoco mi madre.
—No puedes evitarlo, iremos, iremos juntas.
Cuando nuestros pies tocan una de las orillas de Hogwarts, descubrimos que la barrera ha sido quebrada, un griterío general se escucha a la par de estallidos y magia, magia choca y se desvía en todos lados e incluso soy capaz de olerla.
Narcissa me mira con aprension, en ningún momento suelta mi mano, caminamos juntas entre el caos. En ocasiones alzamos la varita para defendernos, desarmarmos a mortífagos y nos escondemos de la orden. Nadie sabe que estoy viva, nadie sabe que Draco me mantuvo resguardada en su habitación, nadie sabe que me enamoré de él, solo Narcissa Malfoy, la señora rubia y hermosa que aprieta mi mano con sobresaltos cada que hay una nueva explosión. Ambas compartimos el miedo, ella tiene tanto que perder como yo.
Tratamos de llegar a Harry, lo intentamos. Ella quiere decirle lo que conoce de los horrocrux, no sabemos cuántos faltan, pero con su ayuda tal vez todo sea más rápido para llegar a un final.
Deambulamos demasiado tiempo. En algún punto, una ola masiva de alumnos nos separa. La pierdo de vista y con miedo o no me encaminó sola hasta el interior del castillo. Me topo con Neville y Seamus que no pueden creer que este viva, les pido indicaciones de Harry, pero lo único que recibo son instrucciones vagas y supocisiones. Cada tanto miro alrededor tratando de ubicarte, pero nada. Cuando el amanecer llega los mortífagos se retiran y solo queda muerte en el piso.
Una chica, una Hufflepuff me dice que Ron está en el gran comedor junto a todos los Weasley, que Fred, George y Percy han muerto a manos de Lucius y Bellatrix.
No me atrevo a ir. Lloro en un rincón del pasillo. Me siento idiota por abandonarlos, me siento culpable de dejarlos tanto tiempo. Un mensaje mental llega. Todos escuchamos la voz pronfunda y horrible de Voldemort anunciar que Harry está muerto y que en breve llegara al castillo con su cuerpo.
Los gritos vuelven, incluso yo lo hago, grito, me sacudo y maldigo. Aturdida camino sin rumbo, chocó con varias personas pero nadie me consuela y yo no miro atrás. Llego hasta la escalera principal, aquella por la cual descendí para el baile de invierno con Krum. Me dejó caer sobre los escombros que se me entierran en las palmas, mi piel se abre y sangra. Es la primera vez que deseo morir.
—Mi abuela solía decir que hay recuerdos que se transmiten de madre a hijo desde el vientre, por favor no vayas.
—Draco— sollozo con la frente pegada a la tuya, es incómodo ya que no estamos totalmente juntos, ambos luchamos contra el metal para poder estar lo más cerca posible, lastimandonos los laterales del rostro.
—Te amo Hermione
—Te amamos Draco— lo digo por mi, por nuestro hijo y por Narcissa.
No permanezco mucho en el suelo, tu madre me levanta y me mira con pena "lo siento" Susurra y se que es sincero "es mejor que te lleve a un lugar seguro, ellos vendrán por ti y todos los demás" su interés por protegerme me quiebra un poco más el corazón, se que lo hace por ti y sin embargo se gana un pedazo en mi pecho. Con gracia innata saca su varita y me dice que me curara, extiendo los brazos, pero antes de que ella haga algo, un hechizo le arrebata la madera de las manos, cayendo de mi lado un poco a la izquierda de mi pie.
Ambas giramos la cabeza para ver a Lucius Malfoy, tiene la mirada completamente oscurecida, rabiosa, perdida. Sostiene su varita en alto, su mano tiembla, me llama de todas las formas posibles, insulta a su esposa, pero se que su atención está en mi. Culpa a tu madre de mantenerme con vida, comienza un discurso atropellado sobre el triunfo de los mortífagos y el comienzo de una era sangre pura, amenaza con entregarme a ellos para una violación multitudinaria y la muerte. Nos quedamos estáticas y se que Narcissa no puede creer lo oye, no logra reconocer a su esposo.
Más tarde que pronto me doy cuenta que la boca de tu padre se mueve para decir un hechizo prohibido. En segundos me agachó y recojo la varita de Narcissa, no sé cómo tengo la agilidad de empujarla y levantarme, lista para un protego, pero algo sale terriblemente mal. Algo extraño sucede, el rayo choca en mi escudo, pero aún así veo el resplandor verde atravesar la periferia.
Al momento que el cuerpo de Lucius toca el suelo apareces, no se de dónde llegas, me quitas la varita de las manos y levantas a tu madre. Estoy en shock, lo has hecho has subido a la punta de la pirámide, has matado a tu padre.
Alguien llega, Kingsley Shackelbolt y Jhonatan Bones miran la escena y se lo que piensan, alzan sus varitas en tu contra. Trato de explicarles, pero las palabras me salen erradas, Voldemort está haciendo su arribo y la atención se desvía de nosotros por unos momentos. Todos comienzan a salir al exterior. Yo me debato entre ver un cuerpo u otro.
Harry está muerto y Lucius Malfoy también.
—Es hora— el guardia camina hasta nosotros, lo hace lento, me falta oportunidad de besarte, es tan corto, tan poco. Estiras la mano una vez más para tocar a tu hijo.
—Scorpius— te digo mientras soy arrastrada hacia la salida —sera Scorpius Malfoy— repito y te escucho llorar más fuerte.
Cuando la puerta se cierra me libero del agarre tosco del Auror y comienzo a llorar, mi barriga se mueve y duele, se que lastimo a mi hijo, pero no logro detenerme.
Los brazos de Narcissa me recogen del suelo. Ella también está mal, le he dicho que también podía verte, pero siendo igual a ti, no quiso hacerlo. Dice que morira si habla contigo y no tiene la posibilidad de detener todo.
Te han culpado. Luego de que Harry saltará de los brazos de Hagrid y venciera a Voldemort, luego del levantamiento de cuerpos, luego de todo lo que pasamos. Los aurores llegan por el asesino de Lucius Malfoy y antes de que yo o tu madre nos echemos la culpa, tú aceptas lo que paso, entregas la varita como verificación de lo acontecido y dejas que te lleven, sonriéndole a un destino en Azkaban. Draco Malfoy el mortifago parricida.
Muchos más son enjuiciados, incluso los "buenos" que usaron la maldición asesina contra mortífagos y carroñeros para salvar sus vidas. El ministerio sigue siendo una perra, dice que es inaceptable el uso de la maldición mortal y mete a grupos y grupos de chicos a la cárcel.
Pasas 7 meses en Azkaban hasta que te declaran culpable y te sentencian al beso del dementor, pues no solo mataste a tu padre para defenderme, asesinaste a Amycus Carrow y a Violeta Burke cuando querían torturar a un niño de Hufflepuff y eso tampoco cambia la opinión del Wizengamot, para esos imbéciles lo único que vale es el tatuaje en tu brazo y los últimos hechizos lanzados por la varita.
Antes de ti, Ernie McMillan y Angelina Johnson son llevados a los dementores, los primeros en recibir la "justicia" de un nuevo ciclo en el ministerio. Ambos lloran y suplican la intervención de Harry. Él hace lo que puede, pero las negociaciones no parecen ser el punto fuerte del nuevo ministro. El ministerio entero se cierra por completo y rechaza la piedad.
Incluso aunque hay marchas y pequeñas revueltas para que la injusta situación cambie, nada logra mover la ley. Cualquiera que use la maldición asesina es culpable, no importa si fue en defensa propia o de alguien más.
Molly Weasley y tú compartirian el ajustado horario de los aurores y dementores.
Mi estómago se aprieta aún más, cuando veo salir a Arthur Weasley y Harry de la celda que contiene a Molly.
El señor Weasley se aproxima a mi y ayuda a Narcissa a reincorporarme. Harry jala una de las sillas que está por ahí y la coloca tras de mi, halandome por los hombros para que me siente.
—Respira, respira cariño— Arthur pasa sus manos por mi espalda. Se que está destrozado, lo veo en sus ojeras de meses y en las nuevas canas que cubren su cabello. Se ve avejentado. A su lado Narcissa me mira con preocupación. Tu madre se ve igual, hay arrugas bajo sus ojos que antes no estaban, el rubio brillante de su cabello ahora está opaco.
Mis observaciones me llevan a Harry, a mi espalda. Alzó la cabeza y encuentro su rostro fijo en mi. Esboza una sonrisa deprimente. Se ha dejado la barba, le ha crecido muy rápido y es espesa y muy oscura. Lo hace ver tremendamente más grande de lo que en verdad es. Acaricio mi estómago y me preguntó si yo estaré igual. Me asusta pensar en recibir a mi hijo viéndome derrotada.
Pero lo estoy, el sistema al que siempre soñé pertenecer me ha derrotado, nos esta arrebatando lo que amamos. De una forma u otra se ha encargado de quitarnos lo que la guerra no se llevó.
—La cuidare— asegura Narcissa. Harry y el señor Weasley asienten. Se alejan un poco, pero no se van. Observan con cautela a tu madre. La ven peinarme los rizos hacia atrás, pasarme las manos por el rostro y darme un beso en la frente.
Sin dudas será la mejor abuela del mundo. Y eso me hace soltarme a llorar, porque nuestro hijo solo la tendrá a ella. Y se que basta y sobra, pero quisiera tener a mis padres concientes de que serán abuelos. Aunque sin tin Draco, no puedo ni siquiera intentar buscarlos.
—Lamento lo de Molly— suelta de pronto Narcissa, no mira a Arthur cuando lo hace.
—Ella estará bien— asegura el señor —Todos lo estaremos pronto.
Suena como algo que diría un suicida. Me preocupa la estabilidad emocional del señor Weasley, pero la forma inexpresiva de Harry me dice que él está siendo sincero. Él estará bien. Todos lo estarán.
—Nos veremos en un rato— sentencia Narcissa, alzando su rostro hacia ambos.
—Lo haremos.— Finaliza Harry y sin decir más o despedirse de mi, se va junto al que a sido su familia durante esos 7 años de conocerlo.
No me siento mal por eso. Este momento es para Molly, ya luego podremos estar juntos. Hablar bien de lo que sucedió.
Toda mi atención está centrada en tu destino y el brazo que Narcissa me ofrece para caminar hacia el área de ejecución.
Lo siguiente que pasa es demasiado rápido y confuso.
Llegamos ahí, nos paramos detrás de un auror que mantiene un patronus incorporeo activo, como barrera para que los dementores se mantengan en el fondo de la enorme habitación.
Harry y Arthur llegan después, quiero preguntarles porque Ginny y Ron, Bill y Charlie no estan presentes, pero luego me respondo recordando las palabras de Snape en la casa de los sustos.
"dicen que es algo extremadamente duro de ver..."
El beso del dementor. El beso de la muerte.
Molly y tú entran al mismo tiempo. Ambos se ven serenos y como si hubieran estado de acuerdo, ninguno de los dos voltea a ver a nadie. Caminan con la cabeza al piso.
De los 7 aurores que están en la habitación, uno de ellos sesga la protección y les señala para que entren.
—Draco...— susurro para que me mires. Desesperada por ver tus pupilas diamante una última vez, pero no me das ese regalo, caminas de filo hacia la muerte.
El dolor en mi pecho aumenta y comienzo a hipar y jadear. Tu madre aprieta mi mano y en segundos descubro que es la mejor decisión que pudo haber tomado.
Harry y Arthur sacan sus varitas de la nada. Han logrado pasarlas de contrabando de alguna forma. En movimientos rápidos desmayan y petrifican a cuatro de los 7 aurores. El que está parado cerca de la puerta trata de alertar a los que se encuentran fuera, pero antes de que salga, veo la mano de Narcissa Malfoy alzarse y moverse con sutileza mientras grita. "¡blizzard!" El auror sale despedido fuertemente por un aire mágico y poderoso que lo estampa contra una de las paredes.
Quedando solo dos aurores la protección que contiene a los dementores se fractura y desintegra. Los seres oscuros se dispersan por la habitación y los atacan a ellos primero, succionan sus miedos y los hacen caer de rodillas.
Harry y Arthur invocan dos patronus corpóreos que los rodean a Molly y a ti. Narcissa no tiene tanta suerte, dos de los dementores se quedan sobre ella y comienzan a jalar sus terrores más profundos. Antes de que pueda ayudarla, Harry lo hace, la atrae a él en un abrazo, protegido por un escudo de luz.
—¡Rapido Hermione!— abre su palma y me muestra la snitch, esa que le regaló Dumbledore y que luego me enteré, tenía dentro la piedra de la resurrección.
Harry guía un dedo de Narcissa para que toque la snitch, hago lo mismo y veo al señor Weasley llegar con su esposa y contigo.
—¡Toquenla! ¡Rápido, rápido! —Nuestros dedos apenas y logran tener un pedazo que tocar. Todos tenemos un dígito sobre la bolita dorada. Cuando busco tu cara el traslador nos absorbe y arroja a Ottery St. Catchpole.
Ahí están Ron, Ginny, Bill, Fleur y Charlie. Cada uno corre y toma a alguien del brazo. Ron coge a su madre por la cintura, Ginny a Harry, Fleur a Narcissa, Charlie a mi y Bill a ti. No entiendo nada hasta que mi estómago se contrae y llegamos a un sitio que no ubico ya que no tengo tiempo de analizar, pues un nuevo giron se forma en mi abdomen inflado. Así sucede cinco veces más.
En la última me inclinó para vomitar y entonces lo siento, tengo un par de contracciones. Debieron comenzar mientras nos aparecíamos una y otra vez. Charlie cae de rodillas a mi lado. Se ha aparecido más veces de las que alguien comúnmente haría. Oigo quejidos generales.
—Vamos, vamos— arrea Ron, empujando a los que puede.
Estamos en un peñasco, en el, un hombre muy cerca de la orilla nos espera. Junto a él hay un balde viejo y abollado.
—Uno más ¿Crees poder?— me pregunta Charlie.
No le respondo, giró la cabeza y ahí estás, mirandome con nervios. Igual de confundido que yo.
—Hermione— me llamas y estiras la mano, pero Harry interviene y te lleva más aprisa hacia el hombre y su extraño balde.
—¿Puedes?— repite Charlie. Le doy un leve "si" —Pisa dentro. Es la última parada.
Tragó saliva y me abrazo el estómago. Otra contracción me recorre desde el centro de la cadera hasta el medio del ombligo. Rezó para que todo salga bien y piso.
El traslador me succiona, pero no tengo idea de si llego a nuestro destino o no.
Todo se hace negro.
Mi padre solia decir que la vida era como una pirámide. Llena de escalones que podías decidir subir o no. Lo mejor era no hacerlo, quedarse desde abajo mirando, contemplando lo que uno puede hacer, pero que no debe ser.
No sé si tenga razón. No sé si subí o no esos escalones. Estando atrapada en una guerra, no podías darte el lujo de quedarte parado y observar.
Considero que tal vez subi los mismos que tú. Pase por el enojo y llegué al odio. Odio por Voldemort, por los mortífagos e incluso por el gobierno. No sé si mi padre estaría afectado por saberlo. Y no tengo idea si durante su vida subió o no alguno de esos escalones.
—¿Le gusta esto cierto?
—El sol es bueno para cualquiera, aunque me preocupa un poco que se queme.
—No le hará daño un poco de color.
—Esta como un camarón.
—Estará bien, mi madre y la mamá comadreja no dejarían que le pasará nada.
—¿Cuando dejaras de decirle así?
—Nunca. Ella sabe que ya no tiene un significado negativo.
Suspiro y acepto que tienes razón. Llevamos un año 7 meses y tres días juntos. Los Weasley, Harry, Narcissa, tú y yo. Perdidos en un paraíso tropical. Confiados en que ahí lograremos hallar esa paz robada.
Convivir ha sido extrañamente sencillo. Después de llegar aquí, nadie más menciono el pasado, nadie llamo a los fantasmas, nadie revivió la crudeza de la batalla o las vidas arrebatadas.
No sé si somos cobardes por haber huido.
Harry, que es el único con el que puedo hablar de ello, dice que nuestra decisión no fue egoísta, querer el bienestar de los que amas jamás será egoísta. Al mirar a mi hijo, a su abuela, a ti y a los Weasley, lo creo.
—¿Te he dicho hoy que te amo?
—Tres veces. Por la mañana, durante el desayuno y antes de llegar aquí. —lo digo con pesadez, pero adoro que lo preguntes.
—Me agrada MAUI.
—Todo Hawái te gusta.
—Si, pero MAUI es...
—¿Hermoso?
—...Celestial— el sol crea un nuevo efecto en tus ojos. Siguien siendo diamantes, pero ahora mientras observas a tu madre y a Molly jugando a salpicarle los pies a Scorpius... me doy cuenta de que brillan a un más en la luz.
—Te amo Draco.
—Lo se.— dices en tu turno del día para ser soberbio.
—Y también amo MAUI
—Eso también lo sé. —sonries y te acercas para darme el quinto beso del día.
Odio contarlos, pero algo en hacerlo me hace estar tranquila, me ayuda a saber que no desapareceras. Que esto es real.
—¿Te gustaría vivir aquí? ¿Tu, yo y Scorpius?
—¿Que hay de tu madre?
—Creo que se ha decidido por Honolulu, seguira con ellos. Potter y la mini comadreja vendrán aquí.
Veo anhelo en tus ojos, me dejo caer en tu hombro, succionando un poco de la piel de tu cuello. El sabor salado va con tú personalidad.
Tener nuestro propio hogar es algo planeado desde nuestro días en la mansión, un sueño creado entre nuestra desnudez y tu cama. No me he dado cuenta en qué momento se ha hecho realidad o si la fuerza de tus antiguos pedimentos ha sido suficiente para que ambos logremos esa añoranza.
La pirámide desaparece al pensar en el futuro que nos espera. Solo nos puedo ver a ti y a mi en la misma altura. Justo donde me encuentro, en la que tú te encuentras, me siento bien estando ahí. Contigo.
La ansiedad por contar se evapora. Y las posibilidades vuelven a ser infinitas.
—Me parece bien. Podríamos cenar los sábados.
—Excelente, buscaremos algo entonces... Oye Hermione...
—¿Hmm?
—¿Te he dicho hoy que te amo?
—No. No lo has hecho.
—Te amo— suspiras en mi frente.
—Yo también te amo Draco.
Ahora, desde aquí, sentados en la arena, has dejado de ser el antagonista de una historia exigida al ser supremo, para formar parte de los personajes principales y más importantes de mi vida.
