- Gumball... Tienes que hacerlo...
Tiene miedo.
- Gumball... Por favor, hazlo...
No quiere hacerlo.
- ¡Gumball! ¡Solo hazlo!
No quiere intentarlo.
- ¡GUMBALL! ¡SÁLVANOS!
...
- ¡GUMBALL!
El niño de pelaje azúl y cuerpo felino abrió los ojos repentinamente ante el grito que lo despertó de su sueño estacionario. Frente a él, un aparente pez naranja bípedo lo observaba con algo de enfado.
- Viejo, finalmente lo dije bien y no lo grabaste...
El mencionado solo observaba a su alrededor, desorientado, aturdido y abrumado. Había dado muchos pasos en reversa, dando por distintos lugares por el desequilibrio que amenazaba con desplomado al suelo. El pitido infernal dentro de su cabeza lo estaba matando.
- ¿Hmm? Oye, ¿Estás bien?
Él solo terminó estrellándose de espaldas contra una pared, cayendo sentado del agotamiento, el aturdimiento y el dolor de cabeza que estaban afectándolo. No oía nada con claridad y menos podía tolerarlo.
A raíz de toda esa severa reacción, su nariz comenzó a sangrar severamente. Su cabeza dolía a millares y sentía que se pondría a vomitar en cualquier momento.
- ¡A-Aaaaah! Hermano, ¡¿Qué ocurre?! ¡Llamaré a mamá!
Darwin no sería capaz de comprender lo que ocurría. Nadie de hecho. Sin embargo, era obvio que Gumball simplemente sabía que había tenido suerte.
Una grande de cojones.
- No... Nada mamá... - Procuró murmurar mientras negaba con la cabeza, procurando poder sostener su propia salud que parecía descuidarse súbitamente.
Darwin inmediatamente notó que intentaba comunicarse y se acercó a su hermano con preocupación.
- ¿Q-Qué dices hermano?
- L-Lo siento... - Susurró mientras Darwin no veía como Gumball pateaba el escritorio de la computadora, rompiéndola y provocando que el monitor cayera sobre la cabeza del pobre pez que quedó inconsciente.
Entre la respiración agitada del felino, que poco y nada hacía por remover la sangre de su nariz, y la cara empotrada al suelo del pez, ambos estaban devastados.
- Si aguantas golpes así ahora, no quiero imaginarme como tu grasa te protege a futuro. - Recordó vagamente la cantidad de travesías en donde Darwin aguantó inmensa cantidad de golpes de la vida misma sin recibir un rasguño permanente.
El pitido desapareció, así como también el palpitar incesante de su cabeza. Al levantarse lentamente, pasando todo su antebrazo izquierdo contra su hocico para remover la sangre, el felino pudo notar que había una cámara sobre un trípode.
- Este día... Claro, hoy grababamos el vídeo introductorio de la serie que tenía pensada hacer sobre mi vida. La olvidamos al día siguiente...
Tomó la cámara, luego de dar dos pasos tan cutres e insignificantes para un bípedo como él, y se dedicó a ver la grabación almacenada hasta el momento.
"Hola, mi nombre es... Haa..."
"Hola, mi nombre es Warwin... ¡Agh!"
Fin de tomas. Gumball sostenía un rostro plano ante esta ridiculez.
- Bueno, con doce años, hace lo que puede... Sin embargo...
Una idea clara pasó por su mente. Todos los sucesos que habían vivido hasta ahora habían pasado por alrededor de tres años o menos. No, habían pasado por 6 temporadas estacionales antes de que Rob intentara volver a todos unos seres extraños mientras el mundo a su alrededor colapsaba.
- 6 temporadas... Solo tenemos 6 temporadas para que vuelva a ocurrir todo otra vez.
Alterado. Comenzó a sostenerse la cabeza ante el pánico repentino que padeció al recordar la presión y los gritos de la gente que le pedían ayuda.
- Si con la respuesta tengo la verdad, entonces cambiemos la cuestión. Hagamos que esto sea reformado... y entonces... nada será en vano... No puedo permitir que esto vuelva a pasar... No puedo perderlos otra vez... No puedo quedarme sin hacer algo...
Arrodillado, el felino comenzó a llorar del dolor que sentía en el pecho ante el remordimiento y la pena.
Si hubieran hecho caso a Rob, nada de esto estaría pasando...
Si esto no hubiera pasado, Gumball habría vivido en paz y tranquilidad... Eso seguramente era un hecho.
