No podía creer cuanto había cambiado su vida desde la llegada de Viktor. Encontró su fuerza interna para patinar, encontró motivación, alegría y amor. Él ya lo admiraba desde mucho antes, desde que era un infante y vio aquellas revistas por primera vez.
Pero era diferente lo que sentía ahora, a lo que sentía en aquel entonces. Antes era admiración ahora era amor. Le encantaba mirarlo mientras hablaba ruso o cuando se emocionaba al comer un plato nuevo, cuando patinaba era un deleite para sus ojos, sobre todo aquellas muecas que hacía al saltar o bailar una parte de la coreografía. Amaba esas conversaciones que tenían en la sala de huéspedes en la madrugada con una botella en la mano, contándose intimidades, anhelos, penas y alegrías. Mientras más lo conocía, más le gustaba. Por lo que aquel primer beso no se sintió forzado, si no más bien natural, debía pasar.
Podían sentir, los dos aquella inminente atracción, aquel anhelo de querer pasar la mayoría del tiempo juntos, ya sea entrenando o simplemente pasando el rato. Aquella vez en la playa, cuando Viktor le pregunto si tenía novia o si había tenido, la respuesta había sido negativa. Jamás le había gustado una persona o se había interesado en tener algún tipo de relación con alguien. Solo con el ruso había sentido eso, tenía claro que le gustaba su idol, su entrenador y amigo; Viktor nikiforov.
-¿Crees que debería dejarme crecer el pelo nuevamente?-siempre le pedía la opinión a Yuuri, respecto a todo, le importaba lo que pensara aquel japonés, qué, desde que lo vio en la fiesta post campeonato, se enamoró de él.
-Las dos formas te quedan bien-le tomó la mano y lo miró sonriente. El ruso no pudo aguantar, lo besó, rodeándolo con sus brazos, impidiendo que pudiera escapar (no es como si Yuuri hubiera querido hacerlo). A medida que pasaba el tiempo, la pasión se incrementaba, el beso se volvía más profundo y las caricias no se hicieron esperar. Yuuri amaba tocar a Viktor, tenía una piel extremadamente blanca, debida que en Rusia jamás salía el sol y suave, era como tocar un pétalo de una rosa. El peliplateado pensaba que Yuuri era muy tierno y le encantaba hacerlo respingar con sus toques atrevidos. Sabía que los japoneses se caracterizaban por la timidez que presentan ante cualquier acto y el chico patinador no era la excepción. Siempre intentaba taparse la cara, o acallar los gemidos inminentes que quería brotar de su garganta.
-Yuuri, déjalo salir-decía pero jamás le hacía caso. Solo obtenía un sonrojo como respuesta y eso le encantaba. Acariciaba aquellas sonrojadas mejillas para que se relajara, a veces funcionaba y se dejaba llevar por las caricias y besos que le proporcionaba el ruso (sobre todo si había alcohol de por medio)
-Los japoneses viven reprimidos-sacó por conclusión. Yuuri abrió los ojos y miró a su pareja ¿A qué se debía esto?-
-Viktor…-
-Nada, nada-lo volvió a besar, esta vez bajando por el cuello del patinador. Podía sentir como se estremecía bajo su cuerpo, pero ningún gemido salió de su boca, solo pequeños suspiros. Era como un reto para el ruso y pensaba ganarlo. Le sacó la playera que portaba el japonés y empezó a besarle aquellos botones rosa que se encontraban en su tórax. Ahí salieron los gemidos, pero pronto el emisor se tapó la boca. Viktor rió ante aquella acción.
-Eres tan tierno-volvió a besarle. Esto enojó un poco a Yuuri, él no quería ser tierno, él quería ser sensual, como en su número. Quería que Viktor lo mirara y se le hiciera agua la boca, que solo lo mirara a él, que no pudiera pensar en nada más que poder llegar a su hotel o casa y sacarle la ropa. Pero debía aceptarlo, su pareja era mucho más sensual que él.
Una de las cosas que le llamaron la atención, cuando descubrió su rutina, fue la gran sensualidad que salía por los poros de Viktor. Esa mirada podía hacer que cualquier mujer u hombre quisiera pasar una noche en los brazos del ruso. Aquellos movimientos pélvicos hacían ver cuanta experiencia tenía y lo bien que se llegaba a mover. Su corazón se aceleró al ver aquellas rutinas, aquellos bailes, aquellos movimientos (algo en su pantalón se removió). Llegó a la casa y buscó por youtube más y más de Viktor. No lograba entender lo que decía, pero nada de eso le importaba.
-De seguro que son palabras elegantes-porque además de ser sexy, era elegante, como si fuera de la realeza. Un príncipe soviético que logró salir antes de que la revolución estallara y se quedó durmiendo esperando que alguien viniera a rescatarlo. Pero lo cierto era que nadie tenía que rescatarlo, el por si solo había triunfado en la vida.
-Eres tan perfecto- se le salió un día.
-No lo soy Yuuri-dijo sonriendo-como tú, también tengo defectos-
-¿Si, como cuáles?-
-Déjame pensar. Pues bebo mucho, debería controlarme-
-Pero eso no es tan grave jajajaaj-
-También fui inseguro, cuando empecé en el patinaje. No creas que no me costó- eso dejó impresionado al japonés. Pensar que su gran ídolo tuviera los mismos problemas que él y que había salido adelante.
-¿Cómo lograste superarlo?-
-¿Cómo lo lograste tú, Yuuri? Así mismo, solo necesitaba alguien que me acompañara y apoyara. Mi entrenador hizo todo eso por mí-
-¿Incluso ser pareja?-pregunto con tono de broma, asustado.
-jajajaja-se rió de buena gana el ruso-claro que no, me gustaban otros tipos de hombres ¿Sabes?-miró sensual a su pareja, no pudo evitar besarlo otra vez.
Los besos siguieron, las prendas volaron, los dos cuerpos se rozaban, se besaban y acariciaban. Era el momento culmine donde se unían en uno. Lo habían hecho antes, pero a Yuuri siempre le daba vergüenza ¿Qué cara ponía en aquellos momentos? Viktor, como siempre se veía perfecto y sensual.
-Te ves hermoso-le tranquilizaba y volvía a besar, mientras lo penetraba despacio. Le encantaba compartir aquellos momentos, junto al ruso. Eran los momentos más íntimos y hermosos de su relación (Aunque todos lo eran). Cuando conversaban, o simplemente se tomaban de las manos o al ver el anillo de pareja que compartían, lo hacía feliz.
Llegaron los dos al orgasmo, se tomaron de las manos y se quedaron acostados en la cama.
-te amo Viktor-ahora llegó el turno del patinador de sonrojarse. Lo tomo por sorpresa aquella declaración tan repentina.
-Yo también te amo Yuuri- se besaron- me tomó por sorpresa en Rusia no es tan común decir lo que sientes-
-Pues en Japón tampoco, de hecho creo que es menos común-
-¿Ves? Tenemos harto en común-apegó su cuerpo al del japonés y lo abrazó con ahínco.
-Claro que sí, pero también me gusta lo diferentes que eres de mí. Aprendo un montó al estar juntos-
-Yo también. Amo el Katsudon por ti-los dos rieron.
