Sinopsis: ¿El reto de Elsa? Enamorarla perdidamente. ¿El de Anna? Simplemente jugar.

Hasta que la vida cambia las reglas del juego. Anna odia profundamente a Elsa. Arrogante, egoísta y toda una playgirl, Elsa es todo lo que le han enseñado a despreciar. Entonces, ¿Por qué cuando las chicas de la universidad le retan a seducirla, ella no les dice simplemente que no? Elsa desea ardientemente a la pequeña Anna, y hará lo que esté en sus manos por tenerla; por ello accede a hacer todo lo necesario para enamorarla. Al fin y al cabo, es la única forma de conseguir lo que desea: sexo…

Pero pronto Elsa descubrirá que en Anna hay mucho más que una simple niña de Brooklyn. Anna se dará cuenta de que Elsa no es solo una bomba sexual andante, descubrirá sus sentimientos. Ella también es dulce y divertida. Y eso significa peligro. Probablemente eso es justo lo que ambas necesitan.

¡Hola a todos! Hoy les traigo mi primera historia de Frozen y sobre todo de esta pareja. Una adaptación de the love game. El fic será narrado desde el punto de vista tanto de Anna como por Elsa.

Nota: Aquí veremos a una Elsa un poco más arrogante no tan introvertida.

Espero que sea de su agrado.


ANNA.

La odié en cuanto la vi.

No soy una persona muy dada a sentir odio. En realidad soy bastante amigable, pero hay algo en Elsa Winter que me repugnó desde que la vi por primera vez hace cinco semanas.

Quizá se deba a la arrogante y engreída sonrisa que veo en su cara cada vez que alguna chica la observa con admiración, o tal vez sea la forma que tiene de desnudarlas con los ojos. También podría deberse a su chulería, a esa actitud pasota o a que sepa que puede conseguir a cualquier chica del campus. O, mejor dicho, a cualquier chica del estado.

No me juzguen antes de tiempo. No la odio por el hecho que le gusten las mujeres, ya que sería hipócrita de mi parte. Me gustan los hombres pero las mujeres ¡Me encantan! Por lo que me considero bisexual.

Tal vez mi odio sea porque me siento atraída por ella cuando no quiero sentirme así, sumado al hecho de que me recuerda todo lo que dejé en mi hogar en Brooklyn.

Ignoro esos pensamientos y sigo paseando la mirada por el salón de la casa de la fraternidad como si no existiera. No es fácil, en especial cuando tiene a tres chicas colgadas del brazo y de otras partes de su anatomía que no voy a mencionar. ¿He dicho ya que está buenísima?

Su cabello rubio siempre peinado en una trenza francesa, el cual está salpicado de unos reflejos naturales por los que muchas chicas pagarían (Y pagan) una fortuna. Sus ojos son de un azul tan intenso que es prácticamente eléctrico y tiene la piel tan pálida que los hace resaltar más. Estoy segura de que no tengo ni que mencionar su perfecto, escultural y musculoso cuerpo, parece una modelo escandinava.

-Deja de mirarle.- Megara se pone junto a mí y me da un golpe con el hombro.

-Eso es tan probable como que me ponga a hacer un striptease para toda la casa.- Le contesto.

-Nena, podría mencionarte unos cuantos chicos que no le harían ascos a ese espectáculo.

Kristoff me guiña un ojo desde el otro lado de la barra de la cocina y yo suspiro.

-Pues ya pueden seguir soñando. Eso no pasará nunca, Meg.

-Qué pena.- Me sonríe.- A mí tampoco me importaría verlo.

Niego con la cabeza, pero sonrío. Desde que Meg entró en nuestra residencia hace cinco semanas, ha sido muy abierta sobre su sexualidad. Es también bisexual, pero a diferencia de mí, le da igual que lo sepa todo el mundo. Se ganó mi respeto en cuanto la conocí. Su transparencia me resulta muy refrescante.

-Eres incorregible.- La regaño en broma.

-Oye, si el zapato encaja…- Me guiña el ojo y chasquea los dedos en dirección a Kristoff.- ¡Qué pasa con esas copas, idiota!

-Espera tu turno, pesada.- Contesta sirviendo dos chupitos de vodka y dándoselos a alguien que los espera al final de la barra.

-Me apuesto lo que quieras a que perdería el culo si se lo pidieras tú.- Me susurra sin bajar mucho la voz.

-¡Puedo escucharte, Meg! –Le reclama Kristoff golpeándome con su sonrisa de mil vatios.- ¿Te apetece una copa, preciosa?

-No, gracias.- Sonrío con educación.- Pero estoy segura de que a Meg sí le apetecerá tomar algo.

- ¡Y una mierda!- Meg se inclina hacia delante y da una palmada sobre la barra.- Cuatro chupitos de vodka, Kristoff. Esta noche voy a enseñar a beber a la señorita Anna.

-¡Trabajando!

Se da media vuelta y pone cuatro vasitos en fila.

-Meg.- Siseo.- ¡Ya sabes que yo no bebo!

-Bebía.- Me corrige.- No bebías. Ahora sí.

-Meg.

-Anna.- Imita mi tono de voz y coge los vasitos que nos ofrece Kristoff.

-¡Uno, dos, bam! Así es como se hace, pequeña. Sin pensar. Tómatelos de un trago.

-Esto es muy mala idea.- Murmuro cogiendo los dos vasitos y mirando el líquido de olor intenso.- Si vomito tú te encargas de limpiarlo.

-Claro.- Me guiña el ojo.- ¿Preparada? ¡Uno, dos, bam!

Inclinación, tragar, inclinación, tragar.

Cuando el alcohol se desliza por mi garganta arde y me golpeo el pecho como si así pudiera eliminar esta sensación. Kristoff me sonríe.

-Pensaba que no bebías.- Me dice.

-Y no bebo.- Le contesto dejando los vasos sobre la mesa.

-No va a ser fácil doblegarla.- Meg se limpia la barbilla.- ¿Estás segura de que no habías bebido nunca, Anna?

Yo encojo un hombro y miento con facilidad.

-Claro que he bebido alcohol, pero nunca lo bastante como para emborracharme.

-¡Pues eso cambiará esta misma noche!- Meg vuelve a golpear la barra.

-Kristoff, seis chupitos más.

-¿De qué?

-De lo que sea que te apetezca poner en los vasos.

-Que sean doce.- Dice Bella apareciendo junto a mí.- Tres para mí y tres para Rapunzel cuando llegue.

-¿Doce? ¿Cuántos vasos creen que tengo?- Kristoff bromea y abre otro armario revelando un estante lleno de vasitos perfectamente alineados.

-No me gustaría ser la encargada de fregar todo esto mañana.- Digo.

-Eso es cosa de Elsa.- Kristoff se ríe.- Yo solo tengo que complacer los deseos de sus preciosas caritas. Una desgracia para ella pero una suerte para mí.

Se inclina hacia delante y coloca tres vasitos delante de mí esbozando una sonrisa que fundiría el corazón de cualquier otra chica. Arqueo una ceja y espero pacientemente a que les dé los chupitos a las demás.

-¿Me he perdido algo?- Rapunzel se desliza entre Bella y yo, su melena rubia se balancea cuando se agita excitada.- Vaya, cuántos chupitos. ¿Qué celebramos?

-¡Anna se va a emborrachar!- Anuncia Meg levantando el primer vasito.

-¿No me digas?- Rapunzel ladea la cabeza en mi dirección.- ¿De verdad?

-Por lo visto.- Le contesto con sequedad.

-Vamos, Anna. ¡Es divertido!

Agita el cuerpo y los ojos de Kristoff se posan sobre sus pechos. Rapunzel está muy bien dotada y le encanta hacer partícipe a todo el mundo de esa realidad.

-¡Se acabó la charla!- Exclama Bella cogiendo un vaso.- ¿Uno, dos, tres, bam?

-Pues claro.

Meg ríe y coge el segundo vaso.

Yo inspiro hondo y cojo dos vasos. ¿Qué narices me pasa esta noche? Yo no bebo, por lo menos, no de esta forma. No puedo descontrolarme.

-¡Bam!- Grita Meg.

Uno. Dos. Tres. Fuego.

¡Guau!

Parpadeo unas cuantas veces y trago.

-Jod… Ostras.

-Está funcionando.- Dice Bella riendo.- Anna nunca dice palabrotas, ¡Ni una!

-No he dicho ninguna palabrota.- Protesto.- Ostras no cuenta como palabrota.

-De acuerdo, pero has estado a punto de decir una.- Pone en blanco sus oscuros ojos perfilados.- ¡De todos modos, conseguiré sacar una mala palabra de esos preciosos labios rosas antes de que acabe la noche!

Me esfuerzo por no poner los ojos en blanco.

-A mí me encantaría sacar unas cuantas cosas más de esos preciosos labios rosas.- Comenta Kristoff guiñándome el ojo.

-¡Puto cerdo!- Meg le golpea el brazo por encima de la barra.

-Joder, Meg. ¿Tus puños son de hierro o qué? - Se frota el brazo.

-Kris, cariño, mis puños son de lo que quieras que sean.- Le guiña el ojo y se pone en pie cogiéndome de la mano.- Venga, pequeña, ¡Vamos a menear esos culitos!

Miro a Bella en busca de ayuda y tiro de la camiseta de Rapunzel.

-¡Genial! ¡Ya voy! Se da media vuelta y arrastra también a Bella.

La sala principal está llena hasta los topes. La música suena por los altavoces y los cuerpos se enroscan entre ellos en medio del salón. Hay una pareja enrollándose en el sofá. Oh, Dios mío. No, lo que están haciendo ya hace rato que ha dejado de corresponderse al concepto enrollarse.

Aparto la vista y dejo que las chicas me arrastren hasta la masa de gente que se contonea en la improvisada pista de baile. El alcohol se está extendiendo por mi cuerpo y me relajo un poco convencida de que por esta noche ya no habrá más copas. No tiene sentido tentar a la suerte.

Rapunzel me coge de la mano y me obliga a bailar, a soltarme. Esto es una locura. Eso es lo que es. Primero beber y luego bailar. Estas chicas me van a echar a perder.

-¡Relájate, pequeña! – Grita Meg.- ¡La mismísima Ice Queen está mirando ese cuerpo tan sexy que tienes!

Genial. Justo lo que quería, convertirme en el próximo eslabón de su cadena. La siguiente de una lista muy, pero que muy larga.

-Ya puede mirar todo lo que quiera.- Contesto al ver cómo me mira desde la otra punta de la sala.- Mirar es todo cuanto le voy a dejar hacer.

Le doy la espalda y Bella sacude su melena oscura acercándose a mí.

-Alguien tendría que darle una lección.- Dice.- Le tira la caña a todo lo que se mueve. Y tiene un ego que no cabe por la puerta.

-Es verdad.- Asiente Rapunzel.- Pero siempre ha sido así. Aunque estamos de acuerdo, que tiene lo necesario para creérselo. Es Elsa en estado puro.

Rapunzel y Elsa son de la misma ciudad. Ella misma nos contó que crecieron juntas porque sus padres son muy amigos. Aparte del resto de nosotras, debe de ser la única chica de la fiesta que no ha caído rendida a sus pies.

-¿Saben algo?- Dice Meg. Nos volvemos para mirar a Elsa y vemos que tiene otra rubia colgada del cuello.

-¿Qué?- Pregunto y dejo de mirarla con una mueca de asco en la cara.

-Esa chica necesita que alguien le haga saber de verdad lo que se siente cuando te hacen lo que se dedica a hacer. Lo que se siente cuando te utilizan y luego te dan la patada.

Todos los ojos se vuelven hacia mí. Yo niego con la cabeza y recalculo.

-Oh, no. ¡De eso nada!

Me doy la vuelta y salgo del comedor abriéndome paso entre la gente para cruzar la cocina en dirección al patio trasero con las tres chicas pisándome los talones.

-¡Será divertido, Anna!- Bella me coge de las manos y da unos saltitos.

-¡Venga!

-Mmmm.- Rapunzel mira en dirección a la casa y luego a mí.- Supongo que no le vendrá mal.

-No.

Vuelvo a negar con la cabeza.

-Solo tendrás que darle la patada una vez.- Argumenta Meg.- Además, no está precisamente mal, ¿verdad? No me importaría darle un buen cachete a ese culo.

-¡Pues hazlo tú!

-Oh, no.- Suspira Rapunzel.- Ella no puede hacerlo. Meg no la tolera y todo mundo lo sabe, sospecharía si se acercará a ella. No colará. Bella tiene novio, que además es amigo de Elsa, y yo me críe con ella. Es como mi hermana o algo así. Tú eres la única que puede hacerlo.

-No entiendo qué sacaremos nosotras de todo eso.

Las miro a todas una a una.

-La satisfacción de saber que por fin ha deseado algo que no puede tener.- Meg se encoge de hombros.- Venga, Anna, solo te llevará dos semanas, tres como mucho.

-Quizá un mes.- Añade Rapunzel.- Después se aburrirá y se dará por vencida o se habrá enamorado de ti. Siempre te está mirando, Anna. Incluso en clase cuando tú crees que no lo hace. Y se niega a hablarme de ti: sé que está por tus huesos. Normalmente me da todos los detalles de sus conquistas del fin de semana.

-Además Rapunzel sabe cómo piensa.- Dice Bella.- Así que contamos con esa ventaja.

-No van a aceptar un no por respuesta, ¿Verdad? - Suspiro y me paso los dedos por el cabello.

-No.- Dice Meg negando con la cabeza.

-Vaya mierda. Estoy segura de que me arrepentiré de esto.

-Anna Summers, tu misión, en caso de que la aceptes…- Sonríe y extiende la mano. Bella y Rapunzel colocan las suyas encima.- Es seducir a la seductora y ganarle en su propio juego. ¿Aceptas?

Respiro hondo mientras todas las voces de mi cabeza me gritan que debería negarme y salir corriendo. Seducir a la seductora. A la chica que odio porque encarna todo lo que quise dejar atrás cuando me marché de Brooklyn.

Pero en lugar de huir, coloco la mano sobre la pila que hay delante de mí.

-Acepto.


ELSA.

No tengo ni idea de quién es la chica que tengo colgada del brazo. Estoy casi segura de que no la he visto en mi vida, pero está bastante buena y tiene unos senos bonitos, así que supongo que no me importa que se quede un rato.

Aunque no está tan buena como para acostarme con ella, así que tampoco se quedará mucho.

La rubita me pega los labios a la oreja y yo oculto un escalofrío mientras echo un vistazo por la casa de la fraternidad. Mis ojos se tropiezan con Anna Summers, la princesa de Berkeley, universidad de California.

Está sentada en la barra con esa chica bisexual. Vaya, ¿Cómo se llamaba?

Bueno, da igual. Rapunzel y Bella están sentadas con ella y las observo mientras se beben chupito tras chupito de lo que sea que Kristoff les esté sirviendo esta noche. Anna sacude su melena pelirroja y la chica bisexual tira de ella.

Dejo resbalar la mirada por su cuerpo sin pensar en la rubita que tengo sentada sobre el regazo. Cuando me pega sus duros globos contra mi pecho deduzco que tiene los senos operados. Eran demasiado perfectas para ser de verdad.

Rapunzel coge a Anna de la mano y ella sonríe con cierta timidez.

Empieza a moverse al ritmo de la música y, vaya, eso no tiene nada de tímido. Se lleva la mano libre al pelo, baja la mirada hacia el suelo y sus caderas se mueven en perfecta sincronía. Vuelve a levantar los ojos para mirar a través de sus pestañas y sonríe de nuevo, esta vez con más seguridad.

-Está muy buena.- Dice Flynn apareciendo junto a mí. Adam se acerca por detrás de él.

-¿Anna?- Pregunto sin despegar los ojos de su cuerpo en movimiento.

-¿Quién es Anna? - Ronronea la rubita. ¿Aún sigue aquí?

Anna levanta la vista y sus brillantes ojos verdes se clavan en la rubia que tengo encima. Esboza una mueca de asco y aparta la mirada.

-Nadie de quien debas preocuparte, nena.- Me la quito de encima.- Sé buena y tráeme un trago.

Ella bate sus pestañas embadurnadas de rímel.

-Claro.

Se levanta de mi regazo de un salto y le doy una palmada en el trasero volviendo a prestar toda mi atención a los chicos.

-¿Quién era esa?- Pregunta Adam.

-Buena pregunta.- Me encojo de hombros.- Una chica.

Veo a Anna abriéndose paso entre la gente seguida de Rapunzel, Bella y la chica bisexual.

-Eh, ¿Crees que las chicas se enfadarían si voy a por ella?- Pregunta Flynn siguiéndola con los ojos.

-Rapunzel te mataría.- Adam le da un codazo y se apoya en el brazo del sofá.- En realidad Bella y Meg también.

Meg. Esa es la chica bisexual.

-Creo que también pasaría de mí.- Añado observándolas.- Para conseguir que se baje las bragas tendrías que pasar por el altar.

-¿Casarme? Y una mierda.- Flynn niega con la cabeza.- Soy demasiado guapo para eso.

No va muy desencaminado, por lo menos a los ojos de las chicas de por aquí. Los fines de semana nunca le faltan uno o dos polvos fáciles.

-¿Casarte?- Repite Adam.- No. Solo tendrías que conseguir que se enamorara de ti. Si logras que se enamore, pam, ya es tuya. Consigues un buen pedazo de culo.

Ladeo un poco la cabeza y los observo.

-Pero es como una muñeca de porcelana. Si se lo hicieras con demasiada fuerza, se rompería.

-Yo sí que lo haría con ella.- Dice Flynn.- Pero sin esa mierda del amor.

-Creo que tú podrías hacerlo.- Adam le da un trago a su cerveza y me mira.

-¿Una semana?- Flynn se da unos reflexivos golpecitos en la barbilla.

-No.- Digo.

-Un mes.- Afirma Adam con decisión.- No será fácil, pero se rendirá en un mes. Tú puedes hacerlo, Elsa.

-Amigo, ¿Eres consciente de que estás hablando de una amiga de tu novia? Me estás pidiendo que consiga que se enamore de mí, me la tire y luego la deje. Sin contar el hecho que lo más seguro es que sea heterosexual.

Tampoco es que me importara tener la oportunidad de acostarme con Anna Summers. En realidad sería capaz hasta de pagar por tener una oportunidad.

Adam se encoge de hombros.

-Bella no tiene por qué enterarse. Esto queda entre nosotros tres. Que Elsa Winter seduzca a una chica tampoco será de extrañar, ¿No? Aparte cuantas mujeres no hay cambiado de bando por ti.

-Hazlo.- Flynn se ríe.- Haz que se enamore de ti. Si hay alguien capaz de conseguirlo, esa eres tú.

-No sé.

Me recuesto y miro en dirección a la pista de baile. Ha vuelto, han vuelto las cuatro.

Está haciendo otra vez ese movimiento de cadera y se balancea de un lado a otro. Sacude el pelo y se ríe. Bella le guiña el ojo exageradamente a Adam y él sonríe. Luego se vuelve, le dice algo a Anna y ella mira por encima del hombro. Sus ojos verdes se posan sobre los míos. Esbozo una lenta sonrisa, esa sonrisa con la que consigo todo lo que me propongo.

Le guiño el ojo. Un extremo de su brillante boca rosa se curva hacia arriba y vuelve a apartar la mirada. Su cabello no deja de balancearse.

-¿Y bien? - Adam me da un empujoncito en el hombro.- ¿Lo vas a hacer?

-Desafío aceptado, chicos.- Digo cruzando las piernas coquetamente y observando a mi presa.- Dentro de un mes, Anna Summers estará en mi cama completamente enamorada de mí. Pueden estar seguros.