Llevo tiempo queriendo escribir algo de Loki y esta idea me vino a la mente... no sé si podría escribir un fanfic de él jajaja. Este oneshot se sitúa en un universo alterno.

...

Loki descansaba en el trono del centro del salón con un puño apoyado en la mejilla y el codo en uno de los reposabrazos mientras veía a sus tres hijos pelearse en su propio ceño fruncido. Era algo que no podía evitar, siempre se peleaban por tonterías propias de la infancia, y esa no era su postura normalmente, pero desde hace unas semanas se comportaban como unos críos incompetentes y ni siquiera sus cuidadores podían calmarlos.

El pie derecho del rey no paraba de golpear el suelo del palacio, ahora decorado con detalles verdes y dorados. Desde que murieron Odín y Frigga y Thor renunciara al trono de Asgard, él vio el cielo abierto para demostrarle a su pueblo de que a pesar de ser un Jötun. Así que fue coronado al mes siguiente de ser declarado rey y no decepcionó a ninguno de sus súbditos. Se demostró tal y como era cuando su madre vivía, bondadoso y de buen corazón, aunque a veces perdiera las formas cuando se enfadaba con sus hijos o cuando el pueblo de Asgard se veía en peligro.

—Loki —su consorte Sigyn, una noble de Vanaheim, apareció desde la sala oeste— deberías disciplinar a tus hijos, se les oye por todo el castillo.

—Les llevo callando desde que nacieron, porque hagan un poco de ruido no pasa nada. Yo también gastaba bromas a su edad… —no quería admitir que a él también le estaban dando dolor de cabeza.

—Sigues gastando bromas —Sigyn alzó la ceja con extrañeza y Loki rodó los ojos, levantándose de su asiento.

—Cuídalos un rato, volveré lo antes posible.

Sigyn quería decirle algo como, ¿otra vez? ¿a dónde te diriges? pero recordó que a un rey, aunque fuera tu esposo, no se le hacían preguntas.

—Sí, mi señor.

Loki echó el último vistazo a sus hijos y con ayuda del Teseracto, que ahora portaba en su corona, abrió un portal y se escabulló entre dimensiones.

El lugar que visitaba lo había visto ya muchas veces, pero no de manera seguida. Era una costa de Midgard en donde ahora caía el sol. Una casa descansaba en un leve terraplén de arena, para protegerla de las grandes mareas. Era una vivienda construída de madera y ladrillos, con grandes cristaleras en las que el sol daba todo el día. Las gaviotas no paraban de gorgotear, flotando en el agua azul profunda.

Loki fue a la casa y abrió la puerta sin pensarlo dos veces, cerrándola tras sí. Olía bien a comida y era amplia, aunque tenía arena en la entrada. Estaba repleta de alfombras, cuadros, recuerdos y helechos colgantes. Le gustaba esa casa.

Sabía quién vivía ahí, por eso iba.

Como de costumbre fue al saloncito. Llamó a la puerta y abrió, encontrándose con una anciana sentada en un cómodo sillón y viendo las noticias en una televisión grande, aprovechando los últimos rayos de sol que reflejaba el horizonte.

—¿Loki? —la mujer se ajustó las gafas y dejó el control remoto en una mesita— creía que venías el mes que viene, si mal no recuerdo. Bueno, sí lo recuerdo, tengo la cabeza muy bien amueblada.

—Tienes razón. Sólo quería un poco de calma y este ha sido el único lugar que se me ha ocurrido.

—Vaya por Dios. Ven, siéntate.

Loki se acercó y se sentó a su lado, dejando la corona en la misma mesita que el control remoto. Cerró los ojos un momento y se distrajo con el olor del mal y de las noticias de fondo que la anciana veía.

—¿Te quedas a cenar? Estoy haciendo sopa a la jardinera.

—Lo sé, lo he olido.

—No has contestado a mi pregunta —ella lo miró divertida y Loki le devolvió la sonrisa.

—Vale, cenaremos juntos.

La señora tomó el mando y apagó la televisión. Cruzó las manos en su regazo y miró a los ojos verdes del jötun directamente. Parecía querer respuestas.

—¿Estás aquí porque nuestros hijos siguen sacándote de quicio?

—Exactamente…

—Me sorprende que tú no les respondas con bromas. ¿Qué opina tu esposa?

—Ella no opina nada. Son mis hijos, no los suyos —la anciana rodó los ojos y giró sus rodillas hasta dar con el rey de las mentiras.

—Nuestros hijos necesitan a su padre. No puedes escabullirte aquí cada vez que puedes, y tendrías que hacer sentir a tu mujer como en casa. Los niños necesitan una madre.

Loki agachó la mirada hasta dejarla en un punto fijo, donde cayó en una foto de aquella mujer en sus veinte. Tal y como la recordaba y como está en los grandes retratos de palacio.

La anciana fue alguna vez su esposa, joven, fuerte, morena, preciosa. Y midgariana.

Tuvo a la más hermosa de las criaturas entre sus brazos alguna vez, hasta que los años pasaron y tuvieron que poner un remedio nada ortodoxo. Fingieron que ella era asgardiana y que murió de una enfermedad mortal.

Hubo mucha discusión sobre esto entre ellos dos. Loki no quería dejarla por nada del mundo. La amaba por encima de todas las cosas, y lo seguía haciendo en silencio. Pero la joven que fue reina no quería que sus hijos tuvieran una madre vieja e impedida. Unos hijos que a pesar de décadas seguían siendo jóvenes e inocentes.

Loki buscó cientos de soluciones en Vanaheim, Jötunheim, hasta incluso le preguntó a Yggdrasil si una midgariana podía tomas de sus frutos. La respuesta fue negativa.

Lloró en su regazo por noches intentando aceptar que esto no era una pesadilla, sino la realidad. El amor de su vida lo estaba dejando con sus hijos, que al menos tendría de ella.

Cuando se decidió poner fin a su vida en Asgard, Loki la ayudó a instalarse en la playa, lugar que ella disfrutaba mucho y echaba de menos cuando vivía en Asgard junto a él.

—Vamos a cenar. Será mejor que salgas de tu ensoñación y me ayudes a levantarme. Tendré la cabeza bien, pero el cuerpo no me responde como antes.

Loki se levantó y la ayudó gustosamente, siempre lo haría.

La sopa descansaba humeante en los platos y una ensalada adornaba el centro de la mesa. Ambos comían en silencio. Loki siempre disfrutó de la comida midgariana. Ella siempre trató de enseñarle que Midgard no era un pueblo inferior a Asgard, y que tenía muchas cualidades como planeta, aunque la tecnología estuviera atrasada. En los primeros años que estuvieron juntos él siempre se burlaba, pero cuando le enseñó la literatura y la música cambió de opinión y le pidió perdón. Ella sonreía sin hacerle burla y Loki se sentía un poco más hechizado por sus encantos. Le enseñó muchísimas cosas e hizo de su personalidad menos agresiva y relajada, intentando que comprendiera al difunto Odín. Y pudo decir sin vergüenza que ella le enseñó también a gobernar mejor y justamente.

Aunque fuera anciana la miraba a sus ojos negros y le hacían temblar. Le venían tantos recuerdos a la mente.

—Loki —le llamó ella— prométeme que educarás y cuidarás bien de mis hijos. Te he dedicado más de cincuenta años de mi vida. Dedícale los equivalentes asgardianos. No querrás ser como Odín.

—Por supuesto que no. Te lo prometí el día que… —no quiso decir más y soltó la cuchara, tomando una de las manos de la mujer— los niños te echan mucho de menos. Yo también lo hago…

—Ya hablamos de esto —ella era comprensiva, muy comprensiva. Sentía lo mismo que él. No quería estar separada de su familia pero esto era necesario. Ella moriría, pero ellos seguirían vivos miles de años. Loki tenía mucha vida por delante. Podría tener más niños y ser una gran familia, algo que le confesó él hace muchos años. Él no era despiadado ni mucho menos, pero tenía el corazón roto y ella supo repararlo. No podía desperdiciar algo así, el sueño de su vida, por ella— pero soy feliz aquí también. Estoy bien. Yo no pertenezco a tu mundo.

—Pero tú eres mi mundo.

Loki sabía que no la iba a convencer. En realidad las cosas eran mejor así. Pero quería escucharlo de su boca. Necesitaba oírla, abrazarla, reírse con ella, amarla. Era tan doloroso.

—Lo sé. Y tú eres el mío. Eres lo único que he conocido.

La mujer se levantó con lentitud mirando retratos que tenía colgados en su casa. Fotos, pinturas que se movían como obsequio de Loki. En ellos estaba su familia. Loki, ella y sus tres hijos. Ella llevaba la corona que ahora pertenecía a Sigyn.

La luna era ahora la que entraba por los ventanales y el mar estaba en calma, con el susurro de las olas acompañándolos. Loki se puso a su lado, mirando también los recuerdos. Tan buenos recuerdos.

—Amo a mis hijos. Algún día me sucederán. Y los amo porque me los diste tú. A veces, hasta hago que sueñen contigo para que no te olviden. Y me da miedo volver algún día y encontrarme con que no estés —la anciana asintió con los ojos cerrados. Era ley de vida, para todos— pero hasta entonces…

Loki posó la palma enguantada de su mano a la frente de ella, creando por así decirlo una pequeña realidad alternativa, transportándola a ella, cuando eran otros tiempos.

Ambos paseaban por la orilla en esa misma playa bajo la luz de la luna. Ya no eran rey y anciana, sólo un recuerdo en las olas del pasado.

Comprendió que ella era joven y que este era de los muchos regalos que él le había concedido a lo largo de su vida, estar un poco más los dos juntos, jóvenes, tranquilos, sin responsabilidades antes de que se casaran.

Loki fue hasta ella y la alzó al cielo, abrazándola, acariciando su cabello negro, aspirando su aroma y deleitándose con tenerla de nuevo entre sus brazos. Y cómo no, la ahora muchacha correspondió de la misma forma, acariciando con cariño la nuca del moreno como otras muchas veces lo había hecho, cerrando los ojos al sentir los brazos fuertes rodeándola.

—Te amo. Más que a nada.

Ella sonrió y se apartó un poco, besándolo en los labios otra vez, por fin, hasta que la luna dejara de ocupar el cénit de sus sueños.

...

"Qué noche… Dios no ha creado otra igual. Su principio fue amargo, pero qué dulce su fin…"

FIN