N/A: Y ahora estoy aquí por una razón completamente diferente. ¡Y es que es el cumpleaños de Selenya Black! ¡Muchas felicidadeeeeeees!
¡Sorpresa! ¡Espero que te guste el regalo en tiempos de ********!
Disclaimer: Nada de esto es mío es de...¿TVE? ¿sí, verdad? Y de Pablo y Javier Olivares.
Capítulo 1: La propuesta.
Era viernes por la tarde cuando la patrulla, compuesta por Amelia, Alonso y Pacino entraba por una de las puertas que les devolvía al Ministerio en el siglo XXI. Había sido una misión relativamente sencilla, pero muy intensa.
Los caprichos de Isabel II desde que había conocido la existencia del Ministerio del Tiempo, eran insoportables. Quería informes continuamente sobre cómo evolucionaban las cosas y si había algún problema. Como a ella le habían prohibido viajar en el tiempo de nuevo, cada cierto tiempo le llegaba una carta a Salvador exigiendo toda clase de peticiones.
Las cinco primeras veces Salvador había sido amable, pero cuando le llegó la sexta carta perdió la paciencia y decidió que para que el Ministerio funcionara mejor, iba a mandar a los agentes que se retrasaran a la hora de redactar un informe o metieran la pata de alguna forma en alguna misión.
Y esta vez les había tocado a la patrulla de Amelia. Sabía que la patrulla en sí no había tenido la culpa, y que había sido la patosería de Velázquez la que había causado el problema. Algo relacionado con Picasso, para variar. Normalmente habría dejado correr el tema, pero justo se había enterado de la noticia cuando le llegó la carta de Isabel II. Y no se lo pensó dos veces antes de mandar a la patrulla a lidiar con la joven reina.
–Una dama muy intensa–comentó Alonso al entrar en el despacho del jefe.
–Una mimada, a esa la enderezaba yo con una hostia. Que una dada a tiempo quita mucha tontería, os lo digo yo.
–¡Pacino por favor! ¡Es la reina de las Españas!
–¡Por mí como si es mi abuela de joven! ¡Un día más ahí y me vuelvo loco!
Salvador miraba a Pacino y Alonso y viceversa como si se tratara de un partido de tenis. Amelia estaba a su lado, abatida y seguramente cansada. Cuando la chica notó la mirada de Salvador sobre ella le devolvió una tímida sonrisa.
–Bueno, ya está bien. No se preocupen, a menos que vuelva a haber otro percance en una misión no creo que les mande de vuelta con Isabel II. Pueden retirarse hasta el lunes.
Alonso hizo una reverencia antes de girarse y abrir la puerta para Amelia, que se fue sin decir nada pero con una cara de tremendo alivio, y Pacino, que susurró un «Gracias jefe» antes de marcharse casi bailando.
Mientras la puerta se cerraba, Salvador pudo escuchar cómo Pacino preguntaba distraídamente por Velázquez a Angustias. Y negó con la cabeza antes de volver a su trabajo.
–¿Tenéis algún plan para el finde?–preguntó Pacino.
–Creo que me apetece estar en mi casa tranquila–dijo Amelia, ya acostumbrada a esa palabra usada por Pacino a la hora de referirse al fin de semana.
–Sí, no es mala idea. ¿Vos tenéis algún plan?
–No, bueno…pensaba ir al cine. La semana pasada estrenaron la nueva película de La Guerra de las Galaxias, la última de hecho. Y me apetecía ir a verla. En mi época hace nada que han estrenado las tres primeras.
–¿La Guerra de las Galaxias es esa película donde un caballero con un extraño sable combate contra los villanos?
Pacino asintió con la cabeza. Cuando le habló a Alonso de las películas no creía que le fueran a gustar. Ya que no mostraba mucho interés por las cosas que a él le gustaban, pero se llevó una grata sorpresa al ver que se equivocaba. Hasta Amelia se había apuntado a la maratón en DVD en su casa el mes pasado.
–¿Y vas a ir a verla al cine?
–Sí, claro. Es la última y para ir al cine creo que me las sabré apañar. ¿Os apetece venir?
Alonso y Amelia se miraron. El cansancio parecía haberse esfumado de golpe. Quedaron en verse en la salida del Ministerio en una hora, los tres necesitaban quitarse las ropas del siglo XIX y una buena ducha relajante antes de ir a alguna parte.
Continuará...
