Disclaimer: Saint Seiya no pertenece, es obra de Masami Kurumada, yo solo me entretengo con sus personajes sin fines de lucro.


Hamal & Greek

El ruido proveniente de la sala llamó la atención de Mu, sacándolo de la computadora con una rapidez extraordinaria, tanto así, que no fue capaz de colocarse calzado alguno. Bajó los escalones solo para ver el lugar desordenado, ¡no!, destrozado, los cojines de los sillones estaban por todas partes, la lampara de pie tirada con el cable del enchufe tenso, sus juguetes yacían desparramados por todo el lugar y una vasija que había recibido de su abuelo para navidad estaba hecha añicos en el suelo.

—¡Hamal! —gritó de repente. El can levantó las orejas dejando de triturar uno de los cojines del sillón, para salir corriendo a alcanzar a su amo moviendo la cola enérgicamente— ¡Haz hecho un tremendo desastre! —lo reprendió, pero al parecer eso no sería suficiente, el pequeño labrador aún no entendía de órdenes y Mu no tenía el corazón tan duro como para castigarlo— Bien travieso, vamos a dar una vuelta. —rezó resignado, tomando la correa que yacía colgado en el viejo posa llaves de buda empotrado en la pared.

Le colocó su collar y la correa, Mu se enfundó en un cardigán gris y sus zapatos marrones, que al parecer había sido la única cosa que el can no había estropeado y salieron de su hogar hacia la plaza. Hamal era apenas un cachorro, con los seis meses de edad, tenía aún la energía recorriéndole hasta el último pelo de su cuerpo, por lo que debía cansarlo lo suficiente para que no hiciera destrozos a falta de entretención, aun siendo que en días como hoy le era muy difícil sacarlo a pasear. El otoño estaba por terminar y las calles estaban cada vez más heladas.

Apenas si se vio en el exterior, Hamal arrancó como si su vida dependiera de ello moviendo su frenética cola a cada paso, más la correa y el fuerte agarre de Mu se lo impidieron de un solo tirón, pero eso no sería impedimento para el pequeño e hiperactivo cachorro que seguía tironeando para que su dueño lo dejara correr a sus anchas.

El día estaba totalmente gris y frío y amenazaba con lanzarse a llover, tal como le gustaba a Mu, sin embargo, un paseo por el parque no era algo que deseara hacer en estos días, más bien, en días como ese, le apetecía prepararse un café o un chocolate caliente y leer en su cama o bien ver una maratón de películas de crimen en su cómodo y ahora arruinado sofá. Más las cosas nunca salen como uno espera, para decepción de Mu.

Llegaron al parque que se encontraba a cuatro cuadras de la casa de Mu a punta de tirones, era un espacio grande, con una gran cantidad de árboles, había sillas, juegos para niños y algunos que otros estanques con peces. Llevaba aproximadamente, un mes sacando a Hamal día por medio y el resultado era siempre el mismo, apenas si llegaban el perro enloquecía a tal manera que entraba en un pequeño colapso al no saber por dónde ir primero. Sonriendo ante la tierna torpeza del pequeño torbellino, Mu se agachó para soltarle la correa y Hamal como cada vez que iba, se preparaba para lo que venía, acelerándose ante el pequeño cariño que recibía de su dueño antes de que fuera liberado de su estúpida correa, para salir corriendo posteriormente perdiéndose en algunos arbustos, correteando entre los árboles.

Afortunadamente ese día no había mucha concurrencia de gente, por lo que podía soltar al cachorro libremente sin temer que dañara a un anciano o a un niño o algún otro animalito indefenso. Mu tomó asiento en una de las sillas de madera, viendo como el pequeño vendaval saltaba y gruñía a todo lo que se moviera, y lo que no.

Entretenerlo era la parte fácil del paseo, podía lanzarle cualquier objeto y este en cuestión de segundos salía para agarrarlo y en el mejor de los casos volver para entregárselo a su dueño o sencillamente destrozarlo, la parte difícil era atraparlo para volver a casa. Mu se levantó con pesadez al saber que estaría como cuarenta minutos tratando de atraparlo y engancharlo a la correa. Era una verdadera odisea y cada vez que debía colocarle la correa otra vez terminaba él mismo en el suelo embarrado o completamente sucio y despeinado.

Sin embargo, al final del paseo volvían a casa, Hamal feliz de haber liberado su energía y Mu más cansado y sucio que antes. Al volver a casa Mu se daba un baño, ordenaba el desastre del cachorro y se iba a dormir.

Esa era su rutina, la cual parecía no tener ni una pizca de intención de querer de cambiar, pero feliz de la pequeña revoltosa compañía que tenía.


Pasada un par de semanas las cosas no parecían cambiar en absoluto, Hamal seguía siendo el remolino con patas y Mu terminaba, cansado y sucio. Ese día no dictaba de ser diferente, cerca de las seis de la tarde el peli lila volvía enganchar la correa al collar del pequeño labrador y este emocionado por tener un día más de entretención. Mu se colocó el mismo abrigo gris y tomó su paraguas, el hombre del tiempo había pronosticado una lluvia para la tarde y más valía salir preparado si no quería llegar empapado a casa.

Como era de esperarse, al apenas pasar por la puerta el cachorro corrió a todo lo que daba su energía y Mu tironeándolo hasta la llegada de aquel parque. Tomó asiento como de costumbre en una de las bancas soltando a la pequeña bestia que corría y olisqueaba por todas partes. El joven se metió una mano al bolsillo, sacando de allí su teléfono, el cual no perdió tiempo en tomarle un par de fotografías al cachorro para luego enviárselas a su hermano menor.

» Es igual a ti.

Escribió a los pies de la fotografía, ahí la pequeña mancha café clara corría, la foto estaba algo borrosa por la rapidez del animal. Se rio ante la comparación y la envió.

» Jajaja ¡eso no es cierto!

Recibió como respuesta minutos después. La verdad era que sí, su hermano era tan inquieto como su cachorro y no dudaba que cuando su hermano viniese a visitarlo estarían corriendo ambos por el parque persiguiéndose mutuamente.

La conversación con su hermano se extendió por unos minutos más y para cuando Mu se dio cuenta de lo silencioso que estaba todo levantó la cabeza buscando al cachorro sin encontrarlo por ninguna parte. Nervioso se levantó impulsado por un miedo horrible, corriendo por el parque buscando por todos lados, llamando al pequeño cachorro que no se veía por ningún lado. Sus pies siguieron un poco más mientras revisaba cada arbusto, banca y tachos de basura. Estaba por entrar en pánico cuando un ladrido se escuchó por el lugar, el sitio estaba casi desolado y las nubes grises habían oscurecido el cielo, Mu siguió el sonido del ladrido encontrando al pequeño cachorro unos pocos metros más allá ladrándole a todo pulmón a un arbusto, mientras rascaba el suelo con sus patas delanteras.

—¡Hamal!, aquí estas, me diste un sus… —habló agitado, el perro se fue donde él y luego volvió a correr hacia el arbusto de hace un momento, Mu se extrañó ante esto y siguió caminando hasta ponerse a su lado— ¿Qué pasa?, ¿Qué tienes? —le preguntó, el perro seguía rascando la tierra, Mu se agachó para colocarle la correa y sacarlo de ahí pero este insistía con todas sus fuerzas ladrándole de vuelta mientras lo miraba, entonces comprendió de que algo había ahí que llamaba la atención del can y dándose un tiempo para averiguar que era, se agachó y revisó.

Por encima no se veía nada, pero el perro seguía insistiendo. Precavido pasó el ojal de la correa por su mano, para que Hamal no saliera arrancando otra vez, mientras abría las ramas del arbusto, revisando que había ahí, era frondoso y las ramas estaban firmes, así que con un poco más de fuerza Mu abrió las ramas rompiendo algunas y ahí enredado entre ellas una cosa peluda yacía con miedo.

El pelaje blanco se asomó y haciendo algo más de presión Mu logró hacer un espacio para descubrir que aquella cosa peluda, era un gato que estaba atrapado.

—Pobre. —se lamentó, el felino tenía el cuerpo atrapado entre toda esa maraña de ramas, el pobre animalito no tenía como salir, Mu se agachó un poco más y alargó su brazo para alcanzarlo y en un acto de defensa el felino le dio un feroz arañazo en la mano— ¡Hey!, no quiero hacerte daño. —habló, estirando más su mano agarró al gato por el pecho intentando con todas sus ansias poder sacarlo de allí.

Pronto comenzó a sentir algo frío en el rostro, unas pequeñas gotitas caían, luego dieron paso a otras y más pronto que tarde unas tremendas gotas caían dando paso a la lluvia, Mu se maldijo complicado, no podía dejar al pequeño ahí, se enfermaría, metió su otra mano por el escaso espacio que había hecho y juntando toda la fuerza que podía tomó firmemente al gato y lo sacó de allí de un solo tirón.

El maullido del felino fue aterrador, mientras que a su lado Hamal seguía ladrando, cuando hubo sacado al animal lo revisó por todas partes, sosteniéndolo firme para que no arrancara, encontrando una herida en una sus patas traseras, que iba poco a poco tiñendo el blanco pelaje de rojo. Mu enseguida tomó su bufanda envolviendo al gato, corriendo a resguardarse debajo de una de las mesitas con carpa que había cerca.

Habían llegado a penas al lugar cuando escuchan la voz de un hombre gritando. Mu se dio vuelta y el sujeto se fijó en él o mejor en lo que él tenía en brazos y corrió en su dirección. El hombre cargaba un paraguas en la mano y el cabo de segundo ya estaba a su lado.

—Lo encontraste. —dijo jadeando apenas llegó. El hombre era alto, según lo que vio Mu, casi una cabeza más que él, la cabeza del gato sobresalía de la bufanda y temblaba de frio.

—Estaba atrapado en ese arbusto, Hamal lo encontró ahí y me guio para que lo sacara. —dijo alargando su mano para enseñarle al cachorro que por cosas de la vida se hallaba sentado de lo más tranquilo a un lado de él moviendo enérgicamente su cola, como enorgullecido por su hazaña.

—Bien hecho amigo. —le dice el hombre acariciándole la cabeza.

—Ten, tiene una pata herida y está empapado. —le entregó el bulto que había hecho con su bufanda, el hombre lo tomó con una mano agradeciéndole.

—Tú y el cachorro también están empapados, vengan mi casa está cruzando la calle. —le dice en forma de agradecimiento. La idea le pareció tentadora, hacía frío y necesitaban con urgencia un baño con agua caliente antes de que ambos pescaran un resfrío, pero desistió inmediatamente, aunque era un ofrecimiento que a simple vista se veía desinteresado, ese hombre no dejaba de ser un completo extraño.

—No te preocupes, no vivimos tan lejos y la verdad es que Hamal necesita un baño con urgencia. —comenta señalando al can quien se intentaba atrapar la cola sin alejarse del lado de su dueño.

—Entiendo, de igual forma, muchas gracias por todo —dice cabeceando en señal de despedida con una sonrisa. Mu solo hace un movimiento de hombros y responde un simple "De nada" y en tan solo un par de segundos se disponían a irse por diferentes caminos.

Hamal se encontraba más tranquilo que nunca, durante todo el camino a casa no había intentado abalanzarse sobre nada, ni nadie, bien podría ser el frio infernal que estaba haciendo o el cansando del día o ambos. Cuando llegaron a casa, el primero en recibir un cálido baño era el pequeño cachorro, quien para sorpresa del joven seguía manteniéndose igual de manso que hace algún momento. Ya terminado el baño dejó al pequeño Hamal sobre su cama envuelto en mantas.

Cuando él hubo terminado su baño se preparó un té con limón y miel, esperando que eso ayudase a que no agarrara un resfriado. Se acostó en su cama, arropándose con las gruesas frazadas, bebiendo un sorbo de su té. El sonido inigualable de las patitas del perro subiendo por las escaleras alertó a Mu que pronto aparecería por su puerta ese manojo de pelos extrovertido, y como por arte de magia Hamal aparecía por el marco de la puerta parándose sobre sus patas traseras y apoyando las otras al pie de la cama, mirando silenciosamente a su dueño.

—Olvídalo. —dijo seguido de un sorbo de té. El perro no desistió y ladeo un poco su cabeza— No, Hamal, tú tienes tu cama. —siguió firme. Pero el can era insistente y basto unos lastimeros aullidos para que el corazón de Mu se partiera en mil pedacitos— Bien, sube pequeño y peludo manipulador —le da unos golpecitos en el colchón, el cachorro no necesitó más para pegar un salto y recostarse a un lado de su amo, quien se acomodó mejor sobre la cama, encendiendo el televisor.

Mu estaba por terminar de tomarse el último sorbo del té cuando un fuerte estornudo salió de su boca, se maldijo en voz alta, lo único que le faltaba para acabar ese día era un resfriado.


Y así fue como transcurrió las siguientes dos semanas, había agarrado un resfrío tal que lo había dejado en cama por cinco días y con reposo unos pocos días más. Agradecía que su trabajo no dependiera de estar encerrado en una oficina, sino que pudiera lidiar con todo desde su casa. Aunque permanecer claustrado todos esos días no había sido del todo lo mejor del mundo. Hamal al tercer día había hecho de las suyas, dejando un desastre por donde iba y era por eso, por lo que su resfrío no había mejorado, porque pasaba la mayor parte del tiempo persiguiendo al can para quitarle lo que sea que tuviera en el hocico.

Quince días después ya no podía seguir reteniendo al pequeño encerrado, por lo que tuvo que armarse de ánimos para sacar a pasear a su cachorro, enfundado en un cárdigan marrón y una bufanda blanca salió con el torbellino enganchado por su correa, camino a tientas de tirones por parte de Hamal que lo único que quería era correr por el parque persiguiendo ardillas y aves.

Cuando llegaron al sitio de siempre Mu suelta al cachorro y este como si su vida dependiera de ello arrancó al primer árbol para olerlo y orinarlo, para después correr en dirección algún sitio no muy lejos y volver hacia a él, así unas cuantas veces.

—Suertudo, ojalá tuviera tu energía o tu sistema inmune —dice viendo como el peludo sacaba toda esa energía acumulada, mordiendo las ramas sueltas, haciéndola trizas en cuestión de minutos. Ese día había casi nada de gente, el invierno había llegado con un frio indomable, el aguacero de hace dos semanas había marcado el inicio de lo que sería el peor clima desde hace mucho tiempo.

Mu tosió un poco, al menos los mocos habían desaparecido y solo quedaba esa maldita tos que a veces no lo dejaba dormir por las noches. La tarde estaba un poco más oscura debido a la gran acumulación de nubes en el cielo, al menos ese día parecía no lanzarse a llover, eso era bueno.

Hamal había vuelto moviendo su cola y ladrando, Mu entendió de inmediato lo que quería, del bolsillo sacó una vieja pelota de tenis la cual arrojó hacia adelante con poca fuerza y el cachorro saliendo para perseguirla. La sesión de juego se había extendido de lo habitual, pero debía dejar que el cachorro se cansara para que volviera a la casa sin hacer un desmadre. Mu se llevó las manos a la boca mientras botaba aire tibio frotándolas para abrigarlas, la temperatura estaba descendiendo y él había olvidado llevar sus guantes.

—Este invierno amenaza con ser el peor de todos. —Mu da un respingo al escuchar una voz a su lado y cuando se voltea ve una imagen familiar— Ten, te ayudara para que te mantengas abrigado. —

Mu miró con desconfianza aquel vaso de café, pero tenía tanto frio que aceptó sin medir consecuencia alguna— Gracias. —fue lo que dijo luego de darle el primer sorbo, sintiendo como el líquido caliente bajaba por su garganta— ¿Cómo está tu gato? —preguntó. Aquel sujeto era el dueño del animal que habían rescatado hace días atrás. El hombre que recordaba era alto, más ahora se detenía a ver detenidamente.

—Mucho mejor, algunos puntos fueron suficiente para cerrarle la herida y en unos días ya estaba escapándose de casa nuevamente —dice, su voz grave, era algo que recordaba también, sus ojos aguamarina lo miraban serio.

—Me alegro mucho. —contesta Mu, observándolo detenidamente, no parecía a simple vista ser de las personas que gustaran de los animales, menos de los gatos— No seas prejuicioso —se dijo a sí mismo tomando otro sorbo de café que hasta ahora sentía que estaba muy amargo para su gusto, pero no lo diría en voz alta.

El peli lila lo vio sentarse a su lado de la banca, cerrándose su chaqueta negra hasta el tope, el cabello añil algo desordenado le daba una apariencia muy varonil y serio, de nuevo pensó que no se veía como un amante de los gatos.

—¿Vienes seguido por este lugar? —preguntó de pronto aquel sujeto.

—Si, no había venido desde ese día, me agarró un resfrío horrible y hasta ahora he podido salir de mi casa, —responde bebiendo otro sorbo de café, la verdad era que a pesar de su sabor lo había hecho entrar en calor— Hamal estaba haciendo demasiados destrozos, era imposible no traerlo. —

—¿Tu cachorro? —preguntó, Mu asintió— Es un Golden, ¿no es cierto? —preguntó curioso.

—No, es un labrador, un perro con demasiada energía. —rio, el añil le sonrió de vuelta— A veces me pregunto porque no preferí tener un gato. Son muchos más tranquilos e independientes. —

—No lo creas, aquella bestia huraña es todo un dolor de cabeza. —le dijo hablando del gato.

—Así lo creo, me he acordado de tu gato todos estos días. —dice mostrándole el dorso de la mano, donde tenía las marcar del arañazo que le había dado ese día.

—Como lo lamento. —dice al ver esas tres largas líneas rojas en contraste de la blanca piel— Greek es algo difícil a veces. —

—¿Greek? —pregunta con algo de gracia por el nombre.

—Fue idea de mi hermano, —se excusa con una sonrisa— Bestia sería lo más idóneo. —Mu entendía el sarcasmo, por lo que rio ante el apodo, y bueno, le daba la razón.

La charla entre ambos se había extendido amenamente hasta la llegada del cachorro, quien había aparecido con la vieja pelota de tenis en su hocico. Mu tomó la pelota con intención de lanzarla nuevamente, pero el cachorro no tenía planeado seguir jugando, por lo que se recostó a los pies del pelilila, jadeando con la lengua afuera. Tal parecía que la intrépida mascota se había cansado de andar correteando de un lado hacia a otro y fue cuando Mu echó un vistazo despreocupadamente a su reloj.

—Vaya, sí que se ha hecho tarde. —dijo poniéndose de pie tomando el collar de Hamal para engancharlo a la correa— Ha sido un placer platicar contigo y gracias por el café, me ha ayudado bastante. —

—El placer fue mío, —respondió levantándose de la banca que ocupaba con el joven— Saga. —dice finalmente, mientras se llevaba las manos a la chaqueta para abrigarse del frio de la tarde, el sol estaba cayendo, oscureciendo el parque poco a poco.

—Mu. —le responde con una sonrisa. Al cabo de un momento ambos se despidieron tomando caminos diferentes.


Los días seguían transcurriendo con parsimonia, las caminatas al parque con Hamal se volvían cada vez más recurrente, hasta volverse cosa de todos los días. Hamal era el más feliz, ya casi ni hacía destrozos en la casa y esperaba pacientemente la hora para que su dueño enganchara la correa a su collar, ya casi no salía violentamente por la puerta al encontrarla abierta y su dueño ya no se quedaba tantas horas en la computadora, lo que el pequeño can no sabía era que había algo que motivaba a su dueño salir cada día de su casa y volver entrada el anochecer.

Y era porque desde hacía algún tiempo Mu se había estado topando más seguido con aquel hombre de cabellos azules, cada día llegaba al parque y encontraba la silueta del hombre sentado en la misma banca, Hamal al verlo salía en su encuentro moviendo la cola, esperando un mimo efusivo por parte del añil, para luego salir corriendo por todo el parque.

—Siempre se pone muy feliz al verte —dice sentándose a su lado como lo venía haciendo desde hace días. Saga lo miró y sonrió.

—Es difícil no notarlo —comentó, recargando su espalda sobre el espaldar de la banca, acomodando su Montgomery azul marino, frotando sus manos enguantadas. Mu imitó a su acompañante recargándose, metiendo sus manos dentro de su chaqueta gris, intentando enterrar su nariz en la bufanda blanca que le envolvía el cuello—, aunque debo confesar que él no es el único feliz de ver a alguien. —dijo mirando a su compañero quien giraba el rostro a su dirección incrédulo.

—¿Qué dices? —pregunta intentando esconder su nerviosismo, cosa que no funciona muy bien. Saga se acomoda hacia un lado de su cuerpo para mirar con mayor dedicación a aquel joven de cabellos lacios, estirando una de sus manos para tocar el borde de su cara, logrando que esas níveas mejillas tomaran un color levemente rosado.

—Que a mí me pone muy feliz verte llegar cada día. —dice, acercándose poco a poco, eliminando la distancia de ambos. Mu parecía absorto en todo momento, tanto así que a Saga le entraba algo de miedo a ser rechazado.

El añil se quedó quieto a unos milímetros de tocar su boca, dudando un poco si sería buena idea hacerlo, tenía sentimientos muy fuertes por Mu y no quería arruinar lo que fuera que llevasen. Fue cosa de segundos lo que Saga se quedó quieto, pero para Mu había sido como un eterno martirio, por lo que sin aguantar ni un segundo más se echó hacia adelante juntando ambas bocas en un beso, y dejándose llevar por la adrenalina del momento el pelilila posó su mano por detrás del cuello profundizando aquel beso que distaba mucho de ser tímido y ligero. Saga recibió esos besos gustosos, abriendo su boca de vez en cuando. El beso terminó más pronto de lo que ambos esperaban, si no fuera por los ladridos de Hamal ellos estarían aún embelesados disfrutando de la intensidad del otro.

Ambos se movieron en dirección al can quien movía la cola apoyando sus patas delanteras entre ambos, Mu se inclinó y le regaló unos mimos sobre las orejas sonriéndole, aun con las mejillas sonrojadas se mordió el labio inferior, giró su cabeza hacia donde estaba Saga, quien lo miraba con una ternura que le derritió el corazón. Se volvió hacia él y lo besó de nuevo, pero esta vez era diferente, el beso era suave y más lento que el anterior.

—Me gustas. —dice el añil entre besos que se repetirían por el resto de la tarde.


Eran comienzos de Marzo y el invierno parecía estar dándoles por fin un respiro de tanto frio. Aunque para la reciente pareja no era que importase demasiado, las salidas diarias no habían menguado, seguían viéndose por las tardes durante los paseos de Hamal y de vez en cuando salían a comer a algunos restaurantes. Sin embargo, para esta ocasión, habían quedado en cenar en casa, esta vez había sido Saga quien había invitado a Mu, que, por lo general siempre era al revés, porque a Mu le costaba mucho dejar al revoltoso labrador solo.

Tenía que agradecer al amigo del pelilila quien se había ofrecido en cuidarlo en su casa, así podía pasar una velada tranquila con él. El departamento de Saga era amplio, demasiado para los dos hermanos. Mu entró a la espaciosa sala, echándole un vistazo a todo el lugar, maravillándose por la decoración del lugar, en la sala había muchos cuadros pintados, paisajes muy bellos, Mu se quedó observando uno en particular, era un cuadro simple en cuestión de colores en comparación del resto, era una pieza oscura, con colores magenta y azules difuminados, adornados con minúsculos destellos blancos, el cuadro de la inmensidad del universo impreso en ese lienzo.

—Ese cuadro lo hice cuando salí de la preparatoria. —le dice a su espalda mientras lo abraza por la cintura. Mu se gira para verlo, le parecía extraño que alguien tan recto fuera amante del arte.

—¿Enserio?, esta bellísimo. —confiesa— ¿En qué momento de tu vida decidiste dedicarte al comercio? —preguntó curioso rodeando sus brazos alrededor de esa cabeza azulada.

—No estoy muy seguro, —empezó, su voz grave inundaba sus oídos, amaba esa voz, le parecía el mejor sonido en la faz de la tierra— pero creo que fue por querer ser igual a mi padre —respondió.

—Vaya, ¿no te arrepientes de eso? —pregunta depositando un beso fugaz en los labios.

—No, con el tiempo aprendí a querer los números. —dice, besándolo de vuelta, pero esta vez no sería tan corto como el anterior.

El beso acabó cuando el estómago de Mu hizo un sonido, se separaron con desgano, Mu algo avergonzado por lo sucedido. Saga preparó la cena en menos tiempo de lo que esperaba, al cabo de las nueve ya estaban acomodados en el sofá de gamuza viendo una serie en la televisión, el añil había descubierto lo mucho que Mu gustaba de las series policiales y de detectives, quizás era gusto de todos los periodistas. El menor había cargado su cabeza en el hombro de Saga, acomodándose mejor entre él y el sofá. Él mayor instintivamente pasó su brazo por detrás y acariciaba el lacio cabello lila con sus dedos, tomando mechones, deslizándolos hasta que estos perdían continuidad, volviendo a acariciar la cabeza de su novio para repetir la misma acción.

Mu se sentía complacido con tal muestra de cariño, recibir tales mimos hacían que su corazón latiera con fuerza y un cosquilleo en el estómago se incrementara transmitiendo suaves cosquilleos por su piel. Ladeo la cabeza hacia Saga cuando este había llevado su mano al lóbulo de la oreja, le sonrió con dulzura y se acercó para besar esos labios de los cuales se había vuelto tan dependiente. Tomó entre sus blancos dedos la barbilla del añil profundizando el contacto, se removió para quedar en una cómoda posición sin romper el beso que se volvía cada vez las intenso.

Se separaban por algunos escasos segundos por algo de aire y volvían a unir sus labios, retomando la intensidad, para recobrar ese esquicito sabor. Las cosas estaban por pasar a otro nivel, el calor en la habitación estaba incrementando, Mu deslizaba su mano por el cuello varonil de Saga, sintiendo como la respiración de este se volvía más inquietante y estaba por quitar el primer botón de la camisa blanca.

—¡Mierda! —se quejó echándole un vistazo a sus piernas, Saga se asustó por el grito, pegando un respingo, separándose asombrado.

En sus piernas estaba el causante de todo el alboroto, allí una maraña de suave y largo pelaje blanco yacía observando a modo de análisis con unos inquietantes ojos azules al pelilila. El animal había subido a las piernas de Mu enterrándole parte de sus uñas en las piernas de este, el susto que se había llevado había sido monumental y que además lo miraran como si ideara su muerte de la forma más cruel no ayudaba para nada.

—Greek. —le regañó Saga.

—No lo regañes. —dice Mu finalmente, le había pegado tremendo susto, pero no por eso habría que desquitarse con el pobre felino— Él no sabe lo que hace. —Mu intentó acariciarle las orejas, pero el felino levantó una de sus patas sin intimidarse un poco.

—Pequeña traviesa. —le dice Saga, dando golpecitos en sus propias piernas, para quitarla de encima de Mu y evitar que le arañara una vez más.

—¿Espera?, ¿es hembra? —pregunta Mu sorprendido, todo este tiempo había pensado que Greek era macho.

—Si, mi hermano la trajo a casa muy pequeña y creímos que era macho, por eso Kanon le puso ese nombre. —dijo recordando esa vez que su hermano había llegado con ese bulto ruidoso entre una chaqueta— Cuando la llevamos por primera vez al veterinario nos enteramos de que era hembra, pero ya parecía haberse acostumbrado al nombre. —

—Es inusual, pero creo que le queda. —dice, la gata seguía mirándolo de la misma forma, sin moverse del lugar y ahora entendía Mu porque de esa situación— Entonces, si la gata es de tu hermano, entonces ¿por qué la tienes tu? —preguntó recargando nuevamente su cabeza en su hombro, obviamente la celosa felina no le gustaba para nada que un extraño estuviera tan cerca de Saga, puesto que esta caminaba sobre él sin ningún escrúpulo posicionándose entre ambos cargando todo su peso.

—Kanon por trabajo viaja demasiado, por lo que la mayor parte del tiempo pasa conmigo. —dijo, acariciando el suave pelaje de la gata haciendo que esta ronroneara.

—Es muy regalona. —comentó, moviendo la cabeza, observándolo con sus ojos juguetones. Saga besó su frente y al igual que lo había hecho anteriormente volvió a acariciar su cabeza con sus dedos.

—Celosa diría yo. —se rio. Posiblemente la gata si supiera al fin y al cabo lo que estaba haciendo.

Ambos se quedaron en el sofá mirando la televisión, con Greek acostada sobre ambos recibiendo los mimos de su dueño por todo el tiempo que permanecieron acurrucados allí.


La primavera estaba por acabarse y el calor ya estaba sintiéndose por todo el lugar, Saga se pasaba el antebrazo por su frente, quitando las gotitas de sudor que se habían formado en esa zona, se agachó por enésima vez en esa hora tomando una pesada caja y cargándola hacia la entrada de la casa. En el marco Mu salía con su cabello tomado por completo en un moño, abanicándose con sus propias manos. Hacía algunas semanas habían tomado la decisión de vivir juntos, Kanon partiría fuera de Grecia y Saga no encontró una mejor oportunidad para formalizar más su relación que vivir juntos. El departamento de Saga era espacioso, pero si quería vivir con Mu, debía tener un lugar más grande para poder albergar al ya no tan pequeño Hamal, el perro necesitaba espacio, y como Mu vivía en una casa bastante grande para dos criaturas, decidieron que fuera Saga quien se mudara allí junto con Greek.

La idea ilusionó a ambos al instante, su relación se había vuelto bastante formal, ya no tenía caso seguir estando separados, era idílico, podrían dormir juntos todas las noches y pasar el desayuno y la cena en compañía del otro, estaban construyendo un futuro juntos sobre nubes y nada ni nadie podría destruir aquello.

—Esta es la última caja, —jadeo Saga mientras subía por los pequeños escalones frente a la entrada— solo faltaría entrar a Greek. —dice pasando por el lado del menor dándole un fugaz beso en la mejilla.

—Yo voy por él. —dice Mu, la relación entre él y la gata había mejorado con el tiempo, al comienzo cada vez que iba al departamento de Saga la gata se paseaba por el lugar y se le quedaba viendo como si planeara su muerte o lo ignoraba cada vez que Mu intentaba acariciarla, intentando acaparar a cada momento la atención de Saga. Sin embargo, con paciencia había hecho que Greek se acostumbrara a su presencia y a su olor, aceptándolo que este anduviera por la casa.

Mu se acercó al camión y tomó la jaula donde Greek permanecía aullando sin parar, se asomó por la rejilla para que la gata lo mirara, hablándole para que esta pudiera calmarse, pero era inútil, Greek no paraba de aullar de una forma extraña que preocupaba a Mu. Entró a la casa rápidamente cerrando la puerta detrás de él, colocó la jaula sobre el suelo y abrió la rejilla para que la felina pudiera salir de allí.

Greek salió de una vez quedándose en silencio al fin, miró hacia los alrededores olisqueando por todas partes, esperando encontrar algún olor familiar. Siguió su camino por todo el vestíbulo, subiéndose al mueble de madera que Mu tenía donde reposaban unos adornos de buda y algunos porta-incienso.

—Oh no, no te subas allí, —dijo Mu bajándola al instante— Hamal, tampoco tiene permitido jugar en este lugar. —le habla dulcemente, agachándose para acariciarle el lomo, Greek se dio un par de vueltas para que Mu la acariciara por completo— Eres una caprichosa, ahora que estamos acá, vamos para que conozcas a Hamal. —tomó a la gata cargándola entre sus brazos al tiempo que esta ronroneaba pidiendo más cariños por parte de Mu.

Caminó tranquilamente hacia la sala principal con la gata en brazos y automáticamente apareció Hamal al sentir los pasos de su amo, la vitalidad del can que venía corriendo para lanzarse a las piernas de Mu hizo estallar en pánico a la gata que de inmediato arrancó de los brazos del pelilila, asustándolo, la gata saltó al sillón, engrifada y gruñendo al perro que se acercaba para oler al nuevo visitante, la gata le dio un arañazo cuando este estuvo demasiado cerca, alejándose hacia uno de los muebles, subiéndose hacia la parte más alta sin dejar de gruñir.

Hamal emitió un aullido de dolor corriendo hacia su amo con la cabeza agachada, Mu se acercó para revisarle y observó una pequeña línea rojiza en la nariz donde pequeñas gotitas de sangre salían. Mu corrió hasta su botiquín y de allí sacó lo necesario para poder curar la pequeña herida.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Saga acercándose rápidamente donde Mu.

—Greek ha arañado a Hamal. —dijo mientras limpiaba la nariz del perro con una motita de algodón— Fue tan rápido que no pude hacer nada, ahora Greek está asustada arriba del mueble. —le dice indicándole la dirección. Saga se acercó al lugar e intentó bajarla de su escondite, pero la gata estaba tan asustada que se reusaba a bajar.

—Es inútil. —dijo mientras se acercaba a Mu nuevamente— Tendrás que llevarte a Hamal para que pueda bajarla. —algo en la petición de Saga no le había parecido del todo a Mu, que le haya dado una orden en su propia casa y sobre todo tener que llevarse al perro.

—Tendrás que mantenerla en la jaula hasta que se calme. —comentó Mu terminando con su labor, acariciando suavemente el hocico del can.

—No puedo dejarla encerrada todo el día en la jaula, se estresará más. —comenta, Greek no estaba acostumbrada y era lógico que estuviera en ese estado, había sido removida de su hogar y cargada en esa estrecha jaula, para llegar aun lugar totalmente desconocido y con un animal que superaba con creces su estatura, estar asustada era decir poco.

—Pero tampoco puedo dejar que lastime a Hamal. —fue lo que respondió, el perro se hallaba metido entre las piernas de su dueño. Aquella pequeña y extraña criatura estaba en su sala y en los brazos de su amo.

—¿Entonces pretendes que se quede encerrada hasta que se acostumbre? —preguntó, no era muy animalista, pero tampoco era irresponsable y sabía que mientras menos convivieran las cosas iban a resultar mucho peores— Sabes perfectamente que eso no solucionará nada. —

—Y yo no puedo dejar que Hamal termine totalmente lastimado hasta que tu gata se le quite lo huraña. —

—Está asustada. —le replicó, las cosas para estar recién empezando no estaban resultando del todo bien. Saga exhaló intentando mantener la calma, no era mucho lo que podía hacer, no era su casa de todas formas— Entonces danos un espacio para que pueda estar un poco más tranquila y no acinada dentro de esa jaula. —dice mientras va a buscar la jaula y las demás cosas de él, saliendo de la sala dejando a Mu y Hamal en la habitación.

Mu se llevó una mano a la cabeza arrastrando su flequillo hacia atrás, esto no había sido para nada como quería que empezara su primer día juntos y sabía que había exagerado todo, pero Hamal significaba demasiado en su vida y todo había pasado tan rápido, sabía que Saga se había sentido muy mal, echó un vistazo hacia el lugar donde la gata se había parecido anclar, acurrucándose mientras miraba con recelo al perro y también a él mismo, se sintió mal por ella, Greek y Hamal no eran más que las víctimas de las decisiones que ambos tomaron con toda la madures de sus años.

Por el momento lo más prudente era que las cosas se enfriaran y hablar con más calma con Saga y poder juntos buscar una solución a este reciente problema.


Los días siguientes no fueron muy diferentes, Saga y Greek se quedaban en una habitación extra que Mu tenía para invitados, ya que cada vez que la gata y el perro se encontraban era un caos total, Greek gruñía descontrolada y Hamal la perseguía ladrando, era inevitable que algunas cosas no se cayeran o se estropearan cuando estos dos se encontraban.

La única que vez que había paz y silencio en esa casa era cuando Mu y Hamal salían a su paseo diario, y era ahí donde la gata aprovechaba para estirar las patas a sus anchas y pasearse por los alrededores aun desconocidos para ella. Había ocasiones en las que Saga se recargaba en el sofá y esta se acomodaba en sus piernas, seguramente extrañando el tiempo en que ella y su dueño estaban solos en su hogar. Saga por su lado intentaba no incordiar demasiado, reponiendo cualquier cosa que se viera estropeada por culpa de ambas mascotas, o se encargaba de la limpieza del lugar, la comunicación con Mu se basaba en alguna que otras palabras e intentaba no tocar ningún tema que nombrara a algunos de los animales, ya que en varias ocasiones eso había llevado a una posterior diferencia de opiniones y ya tenía suficiente con la tensión que se generaba cuando ambas mascotas reñían.

Ese día en particular las cosas no habían sido peor o mejor que otras veces, por lo que cada vez que se acercaba la hora de la llegada de Mu y de Hamal, Saga procuraba dejar a la gata en la habitación para que esta no entrara en pánico. Ahora, así como otras veces, le dejó sus cosas limpias y la comida servida. El asunto era que de alguna forma sentía algo de pena por Greek, debía ser duro para ella estar aislada cuando sabía la naturaleza curiosa y territorial de la gata.

Se volvió a recostar sobre el sofá esperando a que la puerta de la entrada se abriera. El añil echó un vistazo al reloj de pared, uno de madera con números romanos en color cobre, el reloj acusaba ser más de las siete de la tarde, y por lo general ellos volvían un poco antes de esa hora. Saga llevó su cabeza hacia atrás tapándose los ojos con el antebrazo, estaba realmente cansado, el cambio, el ajetreo de estos días, la distancia que llevaba con Mu era algo que, aunque no quisiera admitir, le pesaban. Naturalmente el quería que las cosas fueran diferentes, que fuera más armonioso y había resultado ser todo lo contrario, y no obstante, no quería que todo este caos arruinara su relación con Mu, él había llegado en el momento adecuado a su vida, dándole el color que había perdido y que solo sostenían su hermano y Greek, pero Kanon era espuma en el mar, pues cuando este decidía partir no había nadie, ni nada que se interpusiera en su camino. Mu había cambiado eso, le dio el sabor a su monotonía y agradecía a Greek por haberlo hecho parte de su vida. Entonces después de haber encontrado el equilibrio de su vida, ¿Por qué no podía tener a los dos seres que le dieron tanto juntos y en paz?, no lo sabía, aún no encontraba la respuesta, llevaba días cuestionándose lo mismo, pero no quería dejar esto, no quería dejar a Greek, ni mucho menos a Mu.

Cuando Mu llegó a casa Saga se encontraba durmiendo sobre el sillón, agarró la bolsa que tenía entre sus manos con fuerza, sabía que toda esta situación debía ser dura para él, que debía sentirse bastante comprometido con todo esto, casi responsable, y aunque había intentado no agrandar más la situación, podía ver como Saga cargaba con casi la mayoría de todo el problema, sintiéndose por completo culpable y egoísta. Fue entonces que tuvo que reconocer y aceptar la situación de todo esto, si de verdad querían seguir con todo esto, él también tenía que poner de su parte y responsabilidad de sus decisiones y no solamente Saga.

Caminó dejando libre a Hamal para que fuera a tomar agua a la cocina, donde tenía su plato. Se sentó en el sofá con mucho cuidado para no despertar a su novio, dejando la bolsa plástica a un lado. En completo silencio llevó su mano al rostro que descansaba apaciblemente, paseándola por el borde de su cara, sintiendo como algunos bellos estaban por asomarse por la piel, rozó con el pulgar su barbilla, subiendo suavemente hasta llegar a sus labios, delineándolos con cuidado, habían estado algo lejanos estos días y con solo sentir el contacto de su piel contra su piel hacia que su propio cuerpo se estremeciera, lo extrañaba demasiado.

Saga se removió ante tal sutil cariño que se sorprendió de ver a Mu a un lado de él sin haberlo sentido llegar siquiera.

—Mu, ¿a qué hora llegaste? —pregunto, acomodándose mejor en el sofá, aclarándose la voz— No te oí llegar. —

—Llegamos hace un momento, lo siento no quise despertarte. —dijo, no sabía como empezar a hablar, se sentía nervioso, ansioso y algo avergonzado— Saga, quiero disculparme. —

—¿De qué hablas? —preguntó, Mu se veía extraño, triste. No le gustaba para nada verlo de esa forma— Mu no me asustes. —

—Por todo, estos días han sido horribles y yo no he sido la mejor persona, —dice, bajando la vista— siento mucho si te he hecho sentir mal o culpable… o rechazado. —continua, le estaba costando un poco soltar todo aquello que tenía dentro, pues las lágrimas parecían tener un mayor poder y pedían ser ellas las que salieran primero de su cuerpo— Nunca quise que te sintieras obligado a nada o responsable de todo, yo debí tomar las riendas de forma más equitativa y no dejar que tu hicieras todo el trabajo, de verdad me siento muy mal, verte cansado, evitar hablarnos para no discutir, me duele… —Una mano acariciando su mejilla lo hizo callar, Saga lo miraba como la primera vez que se habían besado en el parque, con una dedicación y dulzura que extrañaba. Los ojos se le llenaron de lágrimas, unas que bajaban rebeldes y que eran limpiadas por aquella mano que lo acariciaba consolándolo.

—No te preocupes por esas cosas, yo elegí quedarme contigo y si eso conlleva a esto, pues lo aceptaré. —dice besando la mejilla lentamente, dejando que sus labios se queden en ese lugar.

—No, Saga, no es así, yo también quiero hacerme responsable de esto, contigo. —dice abrazándolo, extrañaba el contacto, lo extrañaba en demasía.

—Entonces hagamos esto juntos, pero no te culpes por nada. —el beso que Saga le dio fue el remedio que necesitaba su afligido corazón, cerró los ojos para sentir como él guiaba los movimientos y sentir como su propia boca lo seguía sin reparo alguno, los besos bajaron por el cuello haciendo que los gemidos salieran de su boca, mientras sus manos se movían para retirar la blusa que Saga llevaba.

Estuvieron ocupados en ellos mismos por unos largos minutos, se sentía bien poder tener la cercanía del otro sin que los problemas los agobiaran a ambos, se demostraron todo lo que estos días difíciles habían evitado, ni siquiera Hamal se había aparecido por la sala, solo estaban ellos dos, por ese momento solo existían ellos dos.

Se acomodaron las ropas y Mu se sentó sobre las piernas de Saga, recargando su cabeza entre el cuello y el hombro, dejando que Saga acariciara su cabello con sus dedos como lo hacía siempre, moviendo su cabeza de vez en cuando para acariciarlo con la punta de la nariz, dejando unos besos en el cuello de vez en cuando.

—No sigas haciendo eso o no servirá de nada que te hayas vestido —dice con la voz más grave que de costumbre. Mu sonrió y depositó un último beso en el cuello antes de enderezarse sin salir de las piernas del añil, fue cuando vio la bolsa reposando a un lado de ellos que recordó la principal razón por la que quería conversar las cosas con Saga.

—Saga, alcánzame esa bolsa que está ahí, por favor. —dice señalando la bolsa blanca, Saga obedeció y se la entrego, curioso por saber que era— Estuve pensando mucho estos días y se me ocurrió una idea que podría ayudarnos a que Hamal y Greek se lleven un poco mejor —dijo revolviendo entre la bolsa bajo la atenta e incrédula mirada de Saga, de su interior sacó unas esferas de colores, algunos cascabeles y otros juguetes.

—¿Juguetes? —preguntó, Mu asintió.

—Claro, Greek no es tan vieja y eh estado hablando con unos amigos que tienen gatos de mascotas y aprendí un poco más gracias a ellos. —dijo mostrándole uno a uno lo que había comprado— Creí que sabía lo necesario acerca de ellos, como que son territoriales, independientes y autovalentes, pero no dejan de ser animales con instintos, por lo qué si él tiene algunos juguetes regados por la casa, podría adaptarse mejor al lugar. —

—¿Qué pasará con Hamal, no querrá jugar con esos juguetes? —preguntó, un tema sensible, pero habían quedado en que harían todo lo posible para que esto funcionara, juntos.

—Hamal tiene sus juguetes, aunque compré otros más grandes también para él, —dice mostrando unos notablemente más grandes y resistentes— yo me encargaré de que Hamal no toque lo que no le pertenece. —dice guardando todo en la bolsa nuevamente— ¿Qué te parece? —pregunta esperando silenciosamente ansioso la respuesta, Saga se acercó y lo besó.

—Está bien, aunque hubiese sido un lindo detalle que comprarás la cena. —dice bromeando, Mu se ríe, después de todo ya la hora de la cena había pasado.

—Creí que lo que hicimos hace un momento era parte de la cena. —le devuelve el beso. Saga aceptó con todo gusto y aunque aceptaba ese punto y quisiera volver a repetirlo, sabía que no podía ser.

—Por mi no hay problema, pero uno de nosotros se pone de muy mal humor cuando está con el estómago vacío. —sigue besando y mordiendo el labio inferior con cuidado.

—Touché —responde Mu, y aunque hubiese preferido que el jugueteo no acabara, Saga tenía razón en algo, él no era alguien verdaderamente agradable cuando tenía hambre y ahora que habían tocado el tema de la cena, sentía el vacío en su estómago.

Se levantó para hacer algo rápido antes que ardiera troya una vez más.


Al final ambos habían tomado la decisión de remodelar la casa, obviamente los días posteriores habían sido un caos para los dos, pero ahora no se tomaban las cosas de modo personal, sino que tenían más paciencia, los juguetes de Greek parecían gustarle demasiado, pasaba todo el día persiguiendo un ratón de goma que funcionaba con batería o con algunas bolitas con cascabel, era cómico ver a esa bola de pelos blanco juguetear y recorrer la casa y aunque habían días en que las peleas con Hamal eran casi la mayor parte de la jornada, esta había optado por la idea de refugiarse en el mueble para evitar la hiperactividad del can, por lo que comprar el estante de juegos había sido una magnifica idea, pues apenas si lo habían armado, la curiosa gata se había puesto a investigar y juguetear, ahora podía subirse a lo más alto y observar todo desde allí, e ignorar con mayor énfasis a Hamal cuando andaba de malas pulgas. Y Hamal entendió a la sexta vez que no podía tocas ni acercarse lo suficiente a ese lugar gracias a algunos arañazos de la gata que ya no eran tan agresivos, un toque bastaba para tranquilizar la euforia del animal, finalmente fue Greek quien mantuvo a raya al labrador para que no hiciera destrozo alguno, además, con los paseos diarios podían tener tiempo suficiente para que cada uno descansara del otro. Y al final del día era enternecedor verlos dormir juntos en la cama de Hamal que habían puesto en la lavandería o en algunas escasas oportunidades ver a Greek lamer la cara del perro.

—Greek es una mandona, se parece demasiado a su dueño. —comenta Mu con gracia dejando la taza de café en la mesita, al lado del sofá para seguir haciendo su trabajo en la computadora.

—Y tu eres igual de intenso e inquieto que Hamal. —comentó Saga acercándose al sofá. Mu no le encontró sentido a lo dicho por su novio, él definitivamente no es así.

—Yo no soy así. —le corrige mirando con falso reproche.

—¿Enserio?, pues es lo que yo recuerdo de anoche. —Mu lo medita un momento y se sonroja de inmediato al recordar un par de escenas y dirige la mirada hacia la pantalla de la computadora en silencio, totalmente avergonzado.

Saga se acerca y lo obliga a mirarlo plantándole un beso en los labios

—Y me encanta. —finaliza entre besos que se volvían casa vez más intensos— Deja esa computadora y vamos a la cama. —suelta con un jadeo.

—Si Greek. —le dice dejando todo de lado, para volver a besar esos labios que tanto amaba, la convivencia se había vuelto mucho mejor, vivir con las mascotas de ambos era un completo caos y si podían con esto, quien sabe, tal vez y no se les hiciera un martirio cuando decidieran tener un hijo.


Hola Querubines!, he vuelto por estos lugares. Espero estén todos bien y sanitos.

He venido el día de hoy con otro fic de mi OTP favortia por el cumpleaños de Mu, ¡Feliz cumpleaños muchachón!. Mu, por si no lo han notado, es uno de mis personajes favoritos de SS y siempre es un gusto hacer algo con él, por él y para él, solo que esta vez hice algo diferente.

¡Es mi primer AU!, la verdad el universo original de la seria me encanta de una manera que no puedo describir y me cuesta mucho enfocar a sus personajes en otro tipo de universos, siento que hay tanto para seguir explorando, además de que el ambiente es maravilloso y obviamente sus capacidades especiales hacen que uno tenga un sin fín de ideas, pero quería salirme por esta vez de ese ambiente. Es atractivo de igual forma imaginarse la vida de los santos como seres humanos ordinarios, viviendo vidas ordinarias, con problemas ordinarios, por lo que quise intentar algo nuevo. No sé si volveré a hacerlo, espero que sí.

Bueno no quiero dilatar más esto, la verdad espero que lo hayan disfrutado, Hamal y Greek son personajes que creo que iré añadiendo en mis futuros fic, ya sea en un próximo AU o en el universo original, creo que le dan el toque. No sé ustedes que opinen al respecto.

Ahora sí los dejo, espero que cada uno de ustedes estén muy bien en sus casitas, cuidandose de todo lo que está pasando, así que recuerden, respeten la cuarentena, lavense bien las manos y desinfecten todo. Los quiero a todos/todas bonitos y gorditos (así como los pingüinos de Madagascar).

Adiós. Besos y Abrazos virtuales (ya sabes, para no contagiar a nadie).