Hola, hola, saludos :) Decidí aprovechar un poco este tiempo de incertidumbre para crear una historia de mi ship favorito de todos, Fenro. Ducktales es mi serie favorita así que espero que algún otro fan de la serie pase un rato por aquí y le de una leída. Así que sin más, espero que les guste y lo disfruten!


"Las grandes mentes brillantes nunca descansan". Eso era más que un hecho para Ciro Peraloca, quien era considerado por muchos, el mejor científico de toda Patolandia. Se encontraba desde muy de mañana trabajando en un invento que próximamente –y sí todo salía a la perfección.- Iba a ser mostrado ante su jefe, el pato escocés más adinerado de todos y aquellos odiosos buitres. Todo era concentración, no había ninguna pizca de ruido y era el ambiente ideal para el gallo, todo era color rosa hasta que…

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH! –Repentinamente se escuchó aquel estridente grito, destrozando así el pacífico ambiente que vivía el gallo, alertándose con algo de frustración, sabía de que se trataba y obviamente eso no lo ponía para nada feliz. Era nada más y nada menos que de su interno Fenton en el traje de PatoAparato, su más aclamado invento. Siempre entraba de una manera tan, pero tan escandalosa que sabía que algo malo le había pasado. Rápidamente el de plumas café cayó al suelo, no podía ni consigo mismo, se encontraba muy malherido gracias a su recién enfrentamiento en un intento más por defender la ciudad. –U-Uhm… ¡Do-Doctor Peraloca! Yo quería, p-pues…

-¡BahbahBAAAH! ¿¡Crees qué no sé lo que pasó, tonto!? –serio, se acercó hacía Fenton, viéndolo con cierta decepción e indignación, cruzándose de brazos, no estaba para nada feliz con el otro.- … ¡YA BASTA! –soltó este de repente.- ¡Tú tontería de ser héroe ha ido demasiado lejos! ¿¡En qué estaba pensando el señor McPato al dejarte a cargo del traje!? ¡POR SANTA LEONORA! Solo… ¡Mira el estado del traje! ¡Arghh! No tengo tiempo para esto… ¡Vamos, rápido, salte de ahí! –Exigía con autoridad, el traje era en verdad lo menos que le preocupaba, fácilmente podría arreglarlo. Su mayor inquietud era ver el estado del latino, no lo admitía pero simplemente odiaba con toda su alma ver lo herido que a veces terminaba Fenton luego de ocupar el traje, a veces heridas menores, a veces mayores, pero el punto era que deseaba que otra persona ocupara el traje.-

-Oh, s-sí, sí Doctor Peraloca, ahorita mismo lo hago…-Se levantaba éste con muchísima dificultad, cuando sentía tanto cansancio y su suave cuerpo se encontraba tan maltratado, parecía más que nada, que el traje que portaba se volvía como cargar 100 rocas sobre su espalda. Finalmente logró levantarse y quitarse todas las prendas de aquella armadura de metal, logrando así visualizar a un Fenton con muchas heridas, está vez había sido un poco más severa que las anteriores veces, el pato rápidamente se tumbó sobre un sofá que se encontraba sobre el laboratorio, soltando un suspiro.- Por las plumas de mi abuelo…-bajó su mirada suavemente- B-Bueno, perdón por lo del traje doctor Peraloca, y no se preocupe, se lo que hago. –Rió nerviosamente.- Aunque lo que sucedió está vez fue que el doctor Atmoz Fear intentó más de una vez ocasionar un corto circuito con el traje, lo intentó varias veces y… No lo logró y el traje y yo quedamos así… ¡Pero hey, me encuentro bien! Las heridas son lo de menos. –Sonrió suavemente, no quería que él otro siguiera con lo que él consideraba, un berrinche.

Por Newton… A veces aquella mente prodigio no entendía como es que aquel patito podía estar lleno de tanto optimismo, eso lo dejaba tan sorprendido sin duda alguna, pensándolo muy bien, aquella batalla para el moreno hubiese sido simplemente la última. Pero y sin más, siguió con aquel semblante serio, limitándose a rodar los ojos al escuchar tal explicación. –Como sea tonto, voy a curar tus heridas… ¡N-No porque me importes, por supuesto! Claro que no… ¡Es más! –Frunció su ceño, entregándole al otro una sonrisa ladeada- Deberías sentirte afortunado que yo, Ciro Peraloca, éste a punto de salvarte la vida. –Inmediatamente fue en busca de un pequeño boquitín de emergencia, volviendo junto a Fenton y sacando de este mismo algunos vendajes, empezando así, con un poco de delicadeza y suavidad, a vendar las heridas sufridas por el patito. Gracias a la lentitud con la cual hacía aquella acción, podía observar y sutilmente tocar las agradables plumas del latino.

Mientras y por el lado de Fenton, Ciro no había notado que este otro había desviado la mirada, estaba tan concentrado admirando las finas plumas del otro, que le daba prácticamente igual todos los demás. Las mejillas de Fenton repentinamente empezaron a arder y se pintaron de un ligero color rojizo, ambos amaban esa extraña cercanía y no sabían exactamente el porque. - …¡Bueno tonto, eso es todo! ¿¡Sí!? ¡Sí vuelves a traer el traje en ese horroso estado, estarás despedido! ¿¡Entendiste!? –Fue lo que Ciro dijo frente a Fenton, se notaba verdaderamente molesto, o tal vez lo aparentaba muy bien. Es cierto que siempre ha puesto sus inventos ante todo, pero desde hace venía demostrando un tenue interés por el pato.

Fenton, muy miedoso replicó simplemente asintiendo con su cabeza, con cierta sonrisita nerviosa en su rostro, mientras se levantaba de aquel sofá. -¡Pe-Pero claro Doctor Peraloca! Yo le aseguro que no volverá a ocurrir este incidente una vez más, y jeje, sí no molesta… ¡Yo podría ayudarle a reparar el traje! Así usted no tiene tanto trabajo y puede seguir con sus inventos. ¿Síííí? –Preguntó, viendo fijamente al otro con su ya muy característica sonrisa, dispuesto a ayudar en lo que sea necesario a su jefe, esperando una respuesta de parte del otro mientras que por nada del mundo le quitaba su ciertamente, adorable mirada al otro.

-Mientras Ciro se sentía ciertamente atraído por la dulce mirada, no podía resistirse, no podía decirle que no, así que simplemente se limitó a soltar un pesado suspiro, sin más.- … Aargh… Como sea, hay que trabajo que hacer, andando, tonto. –El gallo se volteó.- Lo del traje lo arreglo yo, ya podrás ayudarme en otras cosas.- Caminó hacía su escritorio, siguiendo así con el trabajo que había hecho a un lado gracias al pato, mientras Fenton, por el resto del día, se encargaba de trabajos menores ordenados por el de lentes. Esto era, básicamente, una rutina un tanto normal en la vida de ambos, pero ya desde hace mucho tiempo ambos empezaban a tener cierto interés el uno del otro. Las preocupaciones de Ciro eran normales, y Fenton hacía de todo para impresionar al gallo y ponerlo orgulloso. Y probablemente, cierta situación inesperada, los empujé o los separé de aquella relación. Solo el futuro sabrá.