Hubo un momento justo antes de que Chat Noir bajara su bolso gris a la alfombra de la habitación de hotel, en donde contempló si había hecho algo mal. Escuchó el bolso caer, escuchó el peso de las selladas bolsas de banco que estaban dentro del bolso gris. Había 13 de ellas dentro y cada una estaba llena de 2 de los grandes en efectivo. 26 grandes no era mucho, no era nivel estándar para él, pero eso había sido todo lo que había podido llevarse antes de que las alarmas sonaran.

De todos modos, no era que le importara.

Un segundo, un tercero, un cuarto, incluso un quinto bolso con cierre estaría dentro del auto de Ladybug, cada uno llevando casi el doble, algunos quizá el triple, de lo que estaba en el bolso que él había dejado caer cerca del closet.

Adrien se quitó las zapatillas, sin molestarse en desatarlos primero, y los dejó cerca del bolso. Lamiendo los labios, bajó el zipper de su parka con orejas de gato y se la quitó. Dejó caer la prenda al suelo, despreocupadamente. Él no era de las personas más ordenadas – al menos no cuando se refería a las cosas personales.

Miró su reloj.

Se suponía que ELLA debía haber estado ahí para entonces – ya había pasado 3 minutos de la hora en la que acordaron encontrarse. Mientras que Chat Noir nunca era puntual, Ladybug apenas se retrasaba un segundo.

Se sentía raro, ansioso. Eso siempre parecía suceder después de huir. Usualmente aun tendría alta la adrenalina surcando sus venas. En cualquier otro momento estaría abriendo emocionado el bolso y sacando las bolsas del banco junto con el dinero, colocando billete sobre billete en una gloriosa y dulce pila. Inhalaría el aroma del dinero y sentiría cada billete; pasaría su meñique por los lados y el pulgar por cada fajo. Él nunca contaba el dinero, no era necesario, pero era agradable saborear la sensación de dinero recién adquirido.

Pero hoy, Adrien no se molestó en hacerlo. Aparte de quitarse su parka, ni siquiera se quitó otra prenda. Mordió su labio inferior y miró su reloj otra vez.

4 minutos tarde.

Contó los segundos moviéndose 14 veces pasando el pequeño 4 en romano. Justo cuando la manecilla llegó al 7, hubo un gentil sonido en la puerta, seguido de una pausa, luego 3 más en una rápida sucesión justo antes de que la puerta fuera abierta. Y ahí entró Marinette, luciendo tan relajada, y sonriendo.

"Qué tal todo, amor?" preguntó. ella lucía emocionada, no, no emocionada – extasiada. Su rostro estaba sonrojado y sus movimientos eran rápidos mientras caminaba, pateando la puerta para cerrarla. El bolso que estaba en su hombro, idéntico al de Adrien, cayó al suelo mientras rápidamente abría el zipper.

Sus ojos estaban oscuros, rostro sonrojado, cabello desaliñado. Adrien sintió sus pantalones apretándose mientras miraba a su compañera de crimen – literalmente – desvistiéndose ante él.

"Mm, bien. Pero me fui solo con la mitad en comparación a la última semana." Lamió sus labios otra vez, sus ojos subieron y bajaron por la expuesta figura de Marinette. Se quedó de pie a varios metros de él en nada más que sus bragas. Cuando sus ojos por fin encontraron los de Marinette otra vez, estaban oscuros y llenos de lujuria.

"Por qué? Pasó algo?"

"La alarma sonó antes de poder obtener más." Marinette arqueó una ceja. "Qué? No me dieron ganas de quedarme. De todos modos, tenemos suficiente para el mes entero." Dijo a la defensiva.

Marinette rió lentamente mientras se acercaba. Llegó al borde de la cama y se alejó de las manos de Adrien cuando quiso tocarlo. "No dije nada." Respondió con una sonrisa. Sus manos apretaron los hombros de Adrien y lo recostó.

"No necesitabas decirlo." Adrien dijo, recargándose sobre sus codos justo cuando Marinette subió a la cama. Se colocó sobre las caderas de Adrien, sentándose justo sobre la creciente erección y sonriendo cuando Adrien gruñó.

Esto.

Esto era la mejor parte de sus huidas. No solo la emoción que llevaba cuando obtenían cientos de dólares o la sensación de la sangre fluyendo en sus venas mientras huía – era más bien lo que venía después...después de todos los planes y demás.

Lo mejor era cuando estaban en X hotel de X ciudad, cuando Marinette estaba ardiendo y ansiando a Adrien, sintiendo la euforia de otro exitoso robo bancario.

Las manos de Adrien se colocaron sobre las estrechas caderas de Marinette. Sus dedos viajaron bajo la ropa interior y acarició la suavidad de su trasero, apretando la cremosa piel.

Los dedos de Marinette se aferraron a sus hombros, mientras echaba hacia atrás la cabeza y gemía.

"Sí, amor...justo así."

El dedo de Adrien se movió a la hendidura del trasero de Marinette, buscando la pequeña y ansiosa entrada.

"Te gusta?" susurró roncamente, ella solo gimió en respuesta.

Los dedos de Marinette surcaron los hombros de Adrien, empuñando el cuello de su camisa.

Se movió para sentarse mejor sobre el regazo de Adrien, efectivamente llevando el dedo del mayor contra su entrada.

Sus labios se unieron en uno solo. Pequeñas y juguetonas lamidas pronto escalaron hasta que Marinette tuvo los dedos enterrados en los desordenados cabellos de Adrien, empuñando las hebras doradas mientras ladeaba la cabeza y dejaba que la lengua de Adrien entrara a su boca. Los labios de Adrien eran tan cálidos y suaves; se irguió sobre sus rodillas, gruñendo en protesta cuando el rubio retiró sus manos de sus bragas y envolvió sus brazos alrededor de su cintura.

Un pequeño hilo de saliva cayó por la comisura de la boca de Adrien. Marinette lo lamió, sin importarle si era de Adrien o suyo, sintiendo una ola de placer recorrerla al pensar que era de ambos. Sus manos soltaron el cabello de Adrien, deslizando sus brazos hacia su cuello, acercándolo.

Sintió a Adrien pasando sus uñas por su espalda. Marinette tembló y se colocó de rodillas, restregando su sexo contra el cubierto vientre de Adrien, la tela acariciaba deliciosamente la sensible piel. Todo eso mientras el asalto de Marinette a la boca de Adrien nunca cesaba, los ecos de sus gemidos golpearon en el espacio entre sus labios.

Una particularmente fuerte embestida de sus caderas contra Adrien hizo que soltara un gruñido de doloroso placer. Sin advertencia la mano de Adrien bajó a su cubierto trasero, arrancándole un quejido a la menor.

"Amor, por favor..." Marinette rogó, sin estar segura de lo que estaba pidiendo. Alejó sus labios y trazó ardientes besos por la mejilla de Adrien, por su mentón y bajando por su cuello. Probó la mezcla de sudor y colonia, un aroma que era únicamente de Adrien el cual siempre asaltaba sus sentidos. Mientras succionaba y mordía el cuello de Adrien, no se dio cuenta que el mayor tenía una mano reptando al frente de sus bragas hasta que la mano de súbito se deslizó acariciando su sexo.

"Eres un bastardo," gimió, echando hacia atrás la cabeza mientras Adrien perezosamente acariciaba su puñado de nervios. En una súbita ola de necesidad, Marinette tomó los extremos de la camisa de Adrien y jaló, arrancando varios botones. Jaló más fuerte para arrancar los demás, solo deteniéndose cuando Adrien rió y alejó sus manos.

Se recargó sobre sus codos, sonriéndole a Marinette por su impaciencia.

"Vamos, hazlo bien." rió. "Desabrocha mi camisa."

Por razones que Marinette no entendía, sus manos temblaron cuando abrió los botones. Con su pecho ahora expuesto, Adrien se irguió ligeramente para deslizar la arruinada camisa y esperó a que Marinette tomara el borde de su camiseta interior sin mangas y también se la quitara, lanzándola a un lado él mismo sin importarle dónde caía, antes de envolver los brazos en la cintura de Marinette, acercándola a él.

Marinette se repantigó sobre él, llevando su boca hacia uno de sus pezones, mordiéndolo. Las manos de Adrien encontraron camino al cabello de su amante y jaló las sedosas hebras negras de la misma forma en la que lo había hecho con él antes. Se tomó un momento para disfrutar por fin tener tiempo para prestar atención al pecho de Adrien. Normalmente estaban tan ansiosos después de un trabajo, que no hacían nada más que lanzarse al otro y hacer el amor con fuerza antes de colapsar cansados sobre la cama para dormir un poco antes de tener que seguir huyendo.

Por primera vez Marinette se encontró a sí misma ante la oportunidad de atesorar los cuerpos del otro, y ella no estaba dispuesta a dejarlo pasar.

Trazó cálidos y húmedos besos por el pecho de Adrien, deteniéndose en el borde de sus pantalones. Sus manos temblaron un poco, lentamente abriendo el cinturón antes de desabrochar y bajar el zipper de los pantalones negros. Alzó la mirada y encontró a Adrien mirándola con necesidad, anhelo, como si no hubieran hecho esto hace unas horas antes del robo.

"Te necesito en mí," Marinette susurró, sus manos lentamente bajaron los pantalones. Adrien asintió pero se quedó en silencio, viendo a Marinette mirarlo con interés.

Marinette lucía casi dudosa, de súbito viendo la prominente erección de Adrien. Sus ojos fueron hacia el rostro del mayor antes de que sus manos se envolvieran en el grueso músculo, haciendo que Adrien echara hacia atrás la cabeza, amortiguando un gemido.

A Marinette no le gustaba dar sexo oral y Adrien siempre había respetado eso. No era que no le gustara hacerlo por el sabor o la imagen obscena que sabía presentaba cuando lo hacía. Era solo que...el sexo oral no era algo en lo que se sintiera confiada de hacer – su mentón siempre terminaba adolorido después de hacerlo, su aliento se hacía pesado, nunca parecía poder tenerlo todo en la boca. La percepción de ello le hacía evitar dar sexo oral.

Incluso ahora, con suficiente tiempo para hacerlo, dudó antes de inclinarse. Lamió la cima a tientas antes de dar otra y otra, y por fin engullir una porción. Después de un momento de ligera succión, dejó que sus dedos se envolvieran alrededor de la base del miembro de Adrien, dejando que su boca descendiera.

Podía saber que Adrien estaba disfrutándolo por la forma en la que sus muslos temblaron bajo el cuerpo de ella. Respetaba el esfuerzo de Adrien para evitar empujar sus caderas contra su boca. Después de un momento, Marinette empezó a lentamente subir y bajar, tomando su tiempo para saborearlo. No tomó mucho de la erección y supo que su ritmo debía ser agonizantemente lento, pero aun así, Adrien seguía gimiendo apreciativamente.

Marinette retrocedió después de unos minutos. Adrien no estaba cerca de estar satisfecho pero eso había sido intencional – mientras más necesitaba liberarse, más fuerte esperaba Marinette que Adrien la tomara.

Besó la cadera de Adrien, trazando otra línea de besos hacia arriba por el costado mientras reptaba hacia el abrazo de Adrien. Sus labios se unieron en un lánguido beso; Adrien estaba besándola y probándose así mismo en la boca de la menor, quien sintió las manos de su amante en sus caderas, ayudándole a quitarle las bragas.

"Qué le pasó a toda la energía que tenías antes?" Adrien preguntó roncamente, retrocediendo y girándolos.

"Tu falta de entusiasmo lo arruinó." Respondió en broma.

Adrien dejó la cama, yendo hacia el pequeño equipaje – con el que viajaban – para tomar una pequeña botella de gel.

"Gira," pidió mientras regresaba a la cama. Marinette no dudó en hacerlo, exponiendo la larga y pálida curva de su espalda.

Adrien se encontró a su mismo lamiendo sus labios en anticipación mientras sus ojos reparaban en el bonito trasero de su amante, imaginándose sostener su piel y enterrar su lengua entre las blancas nalgas.

'Luego', se dijo a sí mismo. 'Puedes hacerlo luego.'

Adrien dejó que la menor se moviera en la cama, lentamente abriendo la botella de gel y dejando que el contenido cayera sobre su palma. Dejó caer la botella en la cama al lado de la cadera de la menor, usando su mano limpia para separar las piernas de la chica, ubicándose entre ellas.

Podía escuchar a Marinette respirando pesadamente en la cama. El lado de su rostro estaba presionado en las sábanas mientras sus dedos se apretaban a las mismas. Lucía exquisita así, justo así, en una imagen de obscena necesidad que Adrien quería tatuar en su memoria para siempre.

Susurró palabras suaves y poco coherentes mientras separaba las nalgas de Marinette con la yema de sus dedos. Sentía que todo era tan íntimo, mientras se inclinaba y soplaba contra la pequeña entrada, la cual lucía ansiosa.

Pasó saliva pesadamente y estuvo muy tentado a cerrar la distancia entre la entrada de Marinette y su boca, de introducir su lengua y probar a su Bichito. Pero se resistió, a pesar de lo difícil que era el esfuerzo y sin advertencia, mordió la pálida piel de la nalga izquierda, succionando lo que podía, dejando marcas.

Sintió a Marinette sobresaltarse, el estrangulado jadeo que escapó y el delicioso temblor que fue arrancado de ella se dirigió directo a la entrepierna de Adrien. Aun mordiendo y besando cada porción de piel que podía, Adrien descendió la mano cubierta de gel, dejando que su meñique acariciara la entrada antes de gentilmente introducir el dígito.

Rayos...Marinette estaba tan estrecha, succionando su meñique con desesperación. Después de unos segundos, Adrien lo retiró y usó su dedo medio, mientras que su mano libre acariciaba con gentileza la cadera de Marinette, calmándola.

Mientras ella seguía moviéndose bajo él, revolviéndose y empujándose contra el dedo que entraba y salía de él, Adrien se encontró a sí misma perdiendo la poca paciencia que le quedaba. Apartó su boca y se sentó erguido, envolviendo su brazo libre alrededor de la cintura de Marinette, colocándola sobre rodillas y manos.

Su dedo índice pronto se unió al primero. Incapaz de contenerse, curvó sus dedos en diferentes direcciones, sabiendo bien de qué forma moverlos para arrancarle más gemidos.

"Ungh, Adrien..." Marinette jadeó. Sus pechos se presionarón contra la cama mientras sus caderas se revolvían en el agarre de Adrien, inseguro de si quería seguir con la preparación o no. "Por favor, amor, por favor..." rogó con voz ronca y tensa.

Apenas podía respirar. Adrien podía imaginarse hundiéndose en el ceñido calor, podía imaginarse embistiéndola una y otra vez en el cuerpo sumiso de Marinette mientras gemía de placer. Aquellos pensamientos le incitaron a ansiosamente unir un tercer dedo dentro. Los movió dentro y fuera con rudeza, su deseo le hacía descuidado.

Retiró los dígitos con un gruñido de frustración. Sin perder más tiempo, la botella cayó al lado del cuerpo de Marinette, encontrando su camino de regreso a su mano, esta vez usando el gel para cubrir su dureza.

"Estás lista, amor? Lo quieres?"

"Sí! Adrien...hazlo ya!" Marinette gimió. Adrien sonrió, deleitándose por la ola de poder que sintió. El quejido de Marinette escaló a gruñidos de deseo, desesperación y necesidad debido a las palabras que salían de los labios de su amante.

"Eso es, amor, dímelo," Adrien susurró, inclinándose sobre la espalda de Marinette para posicionarse en su entrada. "Dime lo mucho que me deseas." Respiró contra el sudoroso cuello de la menor.

La cima de su dureza fue engullida por los músculos, haciendo que ambos gruñeran ya que el cuerpo de Marinette inicialmente protestó debido a la invasión. Los suaves, cálidos músculos fácilmente se moldearon a la dureza de Adrien, aceptándolo mejor ahora.

"Te sientes tan bien, My Lady...aceptándome por completo...eres increíble, amor, tan perfecta-" enterró el rostro en el cabello de Marinette, besando el lóbulo de su oreja, besando el pequeño arete mientras Marinette temblaba contra él. Ambos brazos rodearon el frente de ella, una mano encontró un pequeño pezón y lo pellizcó mientras Adrien lentamente se movía de adentro hacia afuera, dando pequeñas y dudosas embestidas.

Marinette movió sus caderas con él, empujando hacia atrás cada vez que Adrien iba hacia adelante.

Se movieron en perfecta sincronía, saboreando cada movimiento como si fuera el último. Se movieron contra el otro, dejando que los senos de Marinette se restregara contra las sábanas. De cuando en cuando Adrien depositaba besos en su hombro, lamiendo las pequeñas gotas de sudor.

Prolongados y placenteros momentos pasaron así hasta que Marinette empezó a ceñirse –adrede – alrededor de la dureza de Adrien, apretando y soltando...

Sin advertencia, Adrien bajó su mano y apretó una de las nalgas de Marinette antes de soltarla.

"Dime lo que quieres." Ordenó con voz ronca.

"Más fuerte, amor, por favor, por favor, más fuerte..." Marinette exigió, sin importarle cuán lascivo sonaba.

Adrien gruñó mientras sus embestidas se apresuraban, entrando y saliendo a ritmo estable. Se irguió y sujetó las caderas de Marinette en un fuerte agarre, sabiendo – deseando – que los moretones aparecieran en la pálida piel. Usó las manos para mover las caderas de Marinette jalando a la menor con fuerza sobre su dureza una y otra vez.

"Cielos, eres tan...hermosa." Gimió, cada palabra venía acompañada por una fuerte embestida, "Solo quiero tomarte en esta cama una y otra vez, amor..." jadeó. "Eres tan hermosa...te sientes tan bien apretándome así-" sus ojos se cerraron cuando el placer se hizo insoportable.

Marinette se sometía cada vez que Adrien le daba una nalgada; la sensación era tan intensa y solo se agregaba a la deliciosa sensación de Adrien moviéndose dentro de ella. Todo su cuerpo tembló y se sacudió.

No quería que terminara, quería sentirlo para siempre tan fuerte y tan bien pero Adrien la conocía muy bien, conocía su cuerpo y los lugares placenteros. Sabía de qué forma moverse para golpear y hacerla sentir bien y cuánto era que debía hacer para doblegar a Marinette y dejarla sumisa.

"Estás cerca? Puedo sentirte temblando entre mis brazos, amor, te gusta? Vas a correrte ya?"

"Gatito..." Marinette gimió, sintiendo que su orgasmo la tomaba por sorpresa. No le importó cuán poco le había tomado para correrse; había sido suficiente sentir a Adrien cerca y hablándole cosas obscenas. Siguió ciñéndose alrededor del miembro de su amante, incitándole con pequeños gemidos que se corriera dentro, "Lléname amor..."

No tomó ni un minuto antes de que Adrien encontrara su liberación, sintiendo que su dureza pulsaba mientras enviaba su descarga dentro de Marinette.

El mayor colapsó al lado del cuerpo de ella, cansado, tomando a la menor en un cálido abrazo mientras se quejaba por la súbita pérdida.

Marinette deslizó una temblorosa pierna sobre la cadera de Adrien, sintiéndose pegajosa y mojada mientras lo hacía.

Una mezcla de semen, su liquido, lubricante, y sudor se unieron mientras se movía más cerca, recostando la cabeza en el pecho de Adrien, presionando su oreja sobre el espacio donde latía su corazón. Los rápidos latidos acompañaron los suyos furiosamente, y sus respiraciones seguían saliendo pesadas.

Adrie vio a la menor cayendo rendida sobre su pecho. Sus pulsos gradualmente disminuyeron, permitiéndoles bañarse en el fulgor de su sesión de amor. Incapaz de resistir, usó un pegajoso dedo para alzar el mentón de Marinette y besarla profundamente, lamiendo el hilo de saliva que se había reunido en la comisura de los labios de su amante antes de introducir el músculo. Sus lenguas acariciaron la del otro, haciendo el amor justo de la forma en la que sus cuerpos lo habían hecho hace unos momentos. Por fin, con un suspiro, Marinette retrocedió y colocó a Adrien sobre su espalda.

Reptó sobre su regazo, sentándose sobre sus caderas y rodeando la cabeza de Adrien con los antebrazos mientras enterraba su rostro en la curva de su cuello, respirando profundamente.

"Bichito? Estás bien?" Adrien preguntó preocupado, acariciando con la palma de su mano gentilmente la espalda de Marinette. Dejó que su mano recorriera cada curva antes de acariciar con esmero su trasero.

Marinette asintió contra el cuello de Adrien. "Me haces sentir tan bien," susurró, las palabras apenas fueron escuchadas. "Te amo."

Adrien sonrió en el cabello de Marinette. Varios mechones cosquillearon su nariz cuando inhaló profundamente, restregando su rostro contra la cabeza de ella en una forma gentil. "Yo también te amo." Respondió. "Puedo preguntarte algo?"

"Hmm?"

Marinette dudó, pensando en cómo armar su pregunta. "Eres...eres feliz? Aquí? Haciendo esto conmigo?"

Adrien echó hacia atrás la cabeza, sorprendido. Alejó a Marinette para verla a los ojos.

"Qué?" vio a Marinette mordiendo su labio inferior, alejando su mirada. "No me refiero al sexo, Adrien."

"Entonces...?"

"Me refiero a esto...a las habitaciones de hotel y los robos a los bancos, y las clonaciones de las tarjetas de crédito. Cómo es que siempre estamos huyendo. Somos criminales, amor, y...y no quiero que me culpes por meterte en esto!"

Adrien miró boquiabierto ante todo lo que estaba diciéndole su novia. "Bichito, tú...cómo puedes pensar eso?! Cómo puedes pensar que te culpo por esto?"

"Porque fui yo quien te llevó a esto! Tú querías hacer otras cosas, pero en lugar de eso...estás metido aquí conmigo; huyendo, prácticamente vivimos en nuestros autos. Robamos todos estos malditos bancos y tiendas pero no hacemos nada con el efectivo-"

"'No hacemos nada'? no piensas que donar a la caridad y a los orfanatos es algo bueno?"

Marinette movió la cabeza. "No me refería a eso. Es decir...tenemos todo este dinero con nosotros, pero...qué hacemos luego? Solo vamos por más. Cuándo compraremos una casa para nosotros? Cuándo viajaremos por el mundo tal como soñábamos de niños? Cuándo vamos a vivir?"

Adrien nunca había imaginado que Marinette se sintiera así. Lucía dolida y culpable, y rompía el corazón de Adrien saber que Marinette se había sentido mal por mucho tiempo sin que él se diera cuenta de ello. "Siempre pensé que te gustaba hacer esto." Dijo suavemente.

Marinette dejó caer su cabeza contra el pecho de Adrien. "Amo la emoción, no me malentiendas. Pero últimamente siento como si ya no fuera suficiente." Musitó.

Los brazos de Adrien se apretaron alrededor del cuerpo de Marinette, acercándola más.

"Huimos de casa para estar juntos, Adrien. Y estos años han sido increíbles, pero hay más que puedes hacer, hay más cosas que podemos hacer."

"Quieres dejarlo?" Adrien preguntó con duda. Marinette movió la cabeza.

"No del todo. Quizá podemos tomar un break, y disfrutar lo que tenemos."

Adrien los giró, fijando a Marinette bajo él. Inclinó su cabeza y besó su cuello, trazando cálidos besos hacia su oreja. "No tengo objeciones." Murmuró. "Qué te parece si después de dejar esta habitación, vamos a nuestros autos y te llevo de vacaciones un mes a algún lugar soleado? Donde tú quieras."

Pudo sentir que el ánimo de Marinette creció, incluso fue capaz de imaginar la sonrisa en sus labios. "Dónde sea?"

"Dentro de lo razonable." Adrien dijo con cautela.

"Aruba?"

Adrien pasó saliva antes de asentir. "Es algo lejos, pero si tú quieres, vamos."

"Qué hay de-" Adrien la interrumpió presionando sus labios.

"Amor, no tenemos que decidir ahora mismo. Hablemos de esto después de dormir un poco, sí?" Marinette asintió en silencio.

No se molestaron en colocarse bajo los cobertores, se sentían cálidos suficiente estando cerca del otro. Adrien se encontró a sí mismo pensando en lo que Marinette le había dicho. Y no pudo evitar estar de acuerdo con ella. Sus robos habían estado algo aburridos estos días, evidencia de ello era lo descuidado que se había vuelto. Aun si no se detenían del todo – y Adrien estaba seguro que Marinette amaba demasiado la emoción de esta vida como para renunciar del todo – un break les haría bien. Mientras más pensaba en las cosas que podrían hacer juntos, todos los lugares que podrían ver, más emocionado se sentía. Había pasado mucho desde que se habían tomado el tiempo para disfrutar de ellos mismos.

Además, el sexo en Aruba de seguro sería una experiencia valiosa.

Fin