Que tal, que tal, aquí les traigo mi tercera historia en este mundo de los fics después de un largo standby. Nuevamente le doy protagonismo a la pareja ShiryuxShunrei del universo Saint Seiya, de antemano les digo muchas gracias por darle una oportunidad, espero no fallar a sus expectativas. Ahora sí, a leer.

Advertencia: contenido Lime.

Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada.

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Aquella era una noche fresca, la brisa lograba filtrarse a través de su ventana semi-abierta penetrando por toda la pequeña habitación, perfecta para aquellos días de temporada calurosa. La delgada tela que funcionaba como cortina ondeaba al vaivén de esa suave ventisca dando una forma curvilínea, como si emulara las curvas del cuerpo de una mujer, una mujer en específico para los ojos del joven que miraban como hipnotizados aquel ondear. Realmente no tenía sueño, a pesar de que fue un arduo día de entrenamiento, así que sólo se encontraba recostado en su cama mirando al techo hasta que esa cortina le empezó a llamar la atención, e inevitablemente pensó en ella.

¡Oh, vaya!, ese día sí que había sido pesado, sin embargo las cosas siempre se aligeraban cada vez que la veía y ese día no fue la excepción; él se dirigía a la pequeña casa de la montaña ya que era hora del almuerzo y, como de costumbre, ella lo recibía con una gran sonrisa, pero algo comenzaba a cambiar… o hasta ahora lo notaba, y es que no se había percatado en qué momento a su amiga le habían empezado a crecer las caderas, lo cierto era que ya no se veía como una niña, la miró de abajo a arriba, ese vestido que llevaba puesto le resaltaba bastante esa figura de mujer que estaba terminando por formarse, la tela era similar a la de su cortina, y ahí estaba él… embelesado con las figuras que se formaban en dicho velo. Suspiró, qué extraño se sentía pensando así sobre su amiga y compañera, era una chica hermosa, eso siempre lo supo desde el primer momento en que la vio cuando eran aún más jóvenes, pero no era sólo ella, también habían cosas en él que estaban cambiando, por ejemplo su voz, que había adquirido un tono grave, sonaba ya como un hombre, y que decir de la estatura, antes tenía que hacer una maniobra para poder alcanzar la rama más "baja" del árbol ubicado detrás de la casa, ahora no tenía que levantar mucho el brazo, sin embargo Shunrei no había crecido mucho, apenas y le llegaba al hombro, pero eso era lo de menos, lo importante es que no cambiara su forma de ser, que no cambiara esa mirada tan encantadora ni su bella sonrisa; otra vez sintió que le subió el calor a las mejillas, pues en conjunto con la sonrisa de la chica recordó también sus labios, tan rojitos como una cereza y tan puros… como ella sola, ¿cómo se sentirá besar esos labios?, se veían tan suaves, tan…

El joven cerró fuertemente sus ojos y ladeó la cabeza en un movimiento brusco, en serio debía apartar esos pensamientos de su cabeza. En algún momento escucho a su maestro hablar de la debilidad del hombre, no importaba que tan fuerte fueras, ni que tan ágil o listo, el ser humano siempre tenía un punto débil y era de vital importancia reconocerlo antes de que algún contrincante lo descubriera, pero lo que no sospechaba en aquel entonces es que su maestro Dohko no se refería únicamente a lo físico, pues los sentimientos también se involucraban, y de qué manera, pero dejando de lado los combates, era posible que incluso estuviera hablando de qué tan firme podía ser un hombre ante las tentaciones, qué tan fácil cedía ante ellas. ¡Demonios!, él era sólo un adolescente, alguien a quien reclutaron desde muy temprana edad junto con otros niños huérfanos como él para recibir entrenamiento de niño soldado, lo hicieron madurar a la fuerza, antes de tiempo, la meta de su vida era lograr convertirse en un caballero para proteger y servir a la diosa Athena, y ahora resulta que no puede controlar sus pensamientos y los efectos que estos provocan a su anatomía, y lo que es peor, ¡involucraban a Shunrei!

No podía permitírselo, ella era tan inocente, pero reprimirse no iba a ayudarlo, al contrario, esa pureza lo incitaba aún más en querer explorar lo desconocido, y para colmo no lo hacía sentir incomodo del todo, por lo tanto no sabía si sentirse como un profanador, o simplemente como un ser humano. Sabía que no era correcto pero en el fondo moría por estrechar ese cuerpo entre sus brazos, tocar esos labios femeninos con los suyos, aspirar el olor de su largo cuello, Shiryu cerró los ojos y se dejó llevar, comenzó a pensar en esa piel tan blanca e inmaculada, el placer que podría experimentar al mancharla con sus caricias mientras ella le susurra al oído con voz dulce, instintivamente llevo una de sus manos a su zona noble y sujeto aquel miembro que empezaba a endurecerse, aspiró, y como si fuera un regalo del cielo, percibió el aroma corporal de aquella jovencita, eso lo animó a meter su mano dentro de su pantalón y acariciar directamente su masculinidad ya erecta, dejó salir el aire acumulado en sus pulmones, recordó el pequeño escote de su vestido, no era sugerente pero dejaba ver lo necesario, cómo deseaba poder dormir sobre esos senos, cómo la deseaba a ella, las caricias a su hombría aumentaban, su respiración era cada vez más agitada, se imaginó recorriendo a besos ese cuerpo virginal, iniciando por el cuello, bajando por la clavícula, reposando en su vientre, finalizando en sus piernas… se llevó la otra mano a su boca para evitar que escucharan sus gemidos y continuó su fantasía imaginándose entre esas piernas, fundiéndose en un solo ser, anheló poder sentir el calor de su interior, anheló poder estar con ella, frunció mucho el entrecejo al tratar de no gritar mientras sentía que su alma salía de su cuerpo y regresaba en ese mismo instante, de su virilidad emanó un líquido blancuzco que se vertió sobre sus sabanas.

Trataba de normalizar su respiración, su rostro estaba perlado por el sudor, y pensó en esos ojos azules, siempre brillantes, ahora se preguntaba cómo podía mirarla a la cara después de saber que se masturbó pensando en ella.

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En la habitación contigua a la del aspirante a santo de dragón se encontraba una joven china en compañía de su amigo Shiryu quien había acudido a ella para que le hiciera el favor de aplicarle un masaje, pues su cuerpo estaba algo estropeado a causa del entrenamiento de ese día, así que ella no tuvo ningún problema en ayudarlo a pesar de las horas, pues la noche ya estaba bastante entrada. Shiryu se había sacado su camisa de dormir, dejando ver su fornido torso, Shunrei sintió que el color se le subió al rostro, no era que no estuviera acostumbrada a verlo así pero era algo que sencillamente no podía evitar, el muchacho se recostó boca abajo en la cama de la chica y ella se posó sobre él a horcajadas dando inicio a su actividad, entonces notó que había otra cicatriz en la espalda del varón, e inconscientemente pasó la yema de su dedo mayor por esta.

-Ya son dos semanas de tenerla- comentó él. Shunrei se sonrojó de nuevo al notarse descubierta. –Caí sobre una de las rocas de la cascada, pero estaba filosa-.

La chica se extrañó, pues no recordaba haberle curado alguna herida hecha por una roca filosa de la cascada. Tal vez él mismo lo había hecho. Prosiguió con lo que estaba haciendo al tiempo que se adentraba en sus pensamientos, Shiryu había crecido mucho desde que llegó a los cinco picos, y no se refería exactamente a lo alto que estaba, sino más bien en persona y espíritu, no cabía duda que él era un hombre valeroso capaz de luchar por sus nobles ideales. ¡Oh, sí!, claramente Shiryu ya era todo un hombre, muy atractivo por cierto, la chica se mordió el labio inferior de manera inconsciente, entonces las caricias que en un principio eran "profesionales" de repente se tornaron sensuales, aprovechó ese momento para sincerarse consigo misma y admitir que disfrutaba de aquel contacto, de ese momento íntimo, Shiryu por su parte parecía no molestarle, el chico suspiró hondamente, como si también gozara de los roces que ella le brindaba. Esa no podía ser ella, ese no era su tipo de comportamiento, era como si una parte oscura de su ser estuviera saliendo a flote, una parte desconocida que estaba muy guardada en ella, se inclinó hacia el joven y comenzó a dar pequeños besos en esa espalda varonil, haciendo que las terminaciones nerviosas del chico reaccionaran, no sabía porque hacía lo que hacía pero le estaba gustando demasiado… y a su compañero también, de eso no tenía duda, empezó a ascender siguiendo el camino de su columna, apenas y despegando los labios de esa piel bronceada, pero tuvo que separarse cuando estaba por llegar a la nuca del joven, pues él tomó una de sus manos y la hizo bajarse de encima de si para ubicarla debajo, atrapando su boca en ese mismo instante en un beso algo agresivo, pero no le molestó en lo absoluto, las manos de Shiryu se movían debajo del camisón de Shunrei, recorriendo desesperadamente cada centímetro de piel, el cuerpo de la fémina se arqueaba de placer al tacto y sintió que su zona íntima se humedecía, fue entonces cuando la atrevida mano del chico se dirigió a esa parte, ella despertó dando un respingo, se hallaba totalmente empapada de sudor, jadeante, recogió sus piernas quedando en posición fetal, como queriendo ahuyentar las sensaciones que le dejó ese extraño sueño, se sentía asustada, sucia, nunca antes le había pasado algo así, ¿qué significaba ese sueño y por qué Shiryu estaba en él?

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Shiryu se había levantado de su cama para ir a tomar agua, salió de su habitación procurando que sus pasos no fueran sonoros mientras iba a la cocina y… ahí estaba ella dándole la espalda, el corazón se le disparó al recordar lo sucedido hace algunos instantes en su cuarto. Shunrei terminaba de beber agua y se dispuso a guardar el vaso en el que se había servido, en cuanto dio la media vuelta tuvo que ahogar un grito llevándose las manos a la boca.

-Lo siento, no era mi intención asustarte- se disculpó él.

-Descuida…- el alma le volvió al cuerpo-… estoy bien- sonrió, Shiryu ladeó la cabeza intentando disimular un pequeño sonrojo. De un momento a otro el ambiente se puso tenso, Shunrei empezó a sentirse nerviosa al notar que Shiryu llevaba puesto únicamente un pantalón para dormir.

-¿Q-quieres agua? Puedo servirte un vaso-.

-Sí… gracias- él también intentaba calmarse, comenzó a acercarse a ella con timidez.

Shunrei le ofreció el vaso lleno cuando él estuvo justo detrás de sí, sus manos se rozaron y la corriente que ambos sintieron hizo que se miraran a los ojos, provocando que sus mejillas se tiñeran de un leve tono rojizo. Ella bajó la cabeza avergonzada y apoyó sus manos temblorosas en el mesón, alejándose un poco de él, Shiryu por su parte comenzó a beber del vaso, tratando de controlar sus nervios.

-Es una linda noche, ¿no crees?- comentó una vez vació el recipiente de madera, la chica asintió.

-S-sí- respondió mirando hacia la ventana –hace fresco-. Shiryu extendió su brazo para dejar el vaso sobre el mesón, acercándose a ella otra vez, dejándola prácticamente acorralada.

-Gracias- la observó. Ella tenía la mirada baja, su cara conservaban aún ese tono carmesí, su pulso estaba algo acelerado, esta vez se sintió incapaz de contestar, así que sólo asintió.

-Es tan adorable- pensó él esbozando una sonrisa, y por simple impulso le dio un beso en la mejilla. Shunrei parpadeó incrédula.

-Buenas noches, Shunrei- y diciendo esto se dirigió de vuelta a su habitación.

-Que descanses, Shiryu- le escuchó decir antes de cerrar la puerta.

FIN

Si llegaron hasta acá, de nuevo muchas gracias, espero haya sido de su total agrado. No olviden dejar sus reviews, por si gustan.

Pásenla bien.