1780 - New York City

Las puertas del salón se abrieron permitiendo la entrada a los invitados, entre todos ellos se encontraba una pelirroja que intentaba no ser empujada para entrar.

Acomodo su traje y recorrió el lugar con la mirada, el decorado y todo daban aquella sensación de comodidad y paz. Las personas bailando en el centro del lugar y otras sirviéndose otra copa en lo que hablaban de la situación que conllevaba conseguir su independencia. Anna volvió a mirar a sus alrededores hasta encontrar a la persona que buscaba: Elizabeth Knight. Un suspiro inconsciente escapó de sus labios apenas sus miradas hicieron contacto. El azul zafiro de los ojos de Elizabeth lograba penetrar su alma aún estando en el otro extremo del salón.

Anna decidió tomar la iniciativa y acercarse a ella, inhalaba y exhalaba de forma continua, era su mejor forma de calmar los latidos de su corazón sin la necesidad de quedarse sentada un rato. Elizabeth pareció tener la misma idea, estaba caminando directo a ella con aquella encantadora que podría volver loco a cualquiera.

– Es un placer poder conocerla en persona, señorita Elizabeth.– Anna saludó con cortesía.

Ambas hicieron una reverencia luego de que la pelirroja hablara. Elsa no emitió palabra alguna, solo una sonrisa sin dientes.

Anna miró a un lado, aún había parejas bailando y con ello, una idea llegó a su cabeza. Sus ojos volvieron a encontrarse con los zafiros de Elsa y mostró una sonrisa.

– ¿Me permite una danza? – Preguntó con la mano extendida.

La albina asintió tomando su mano y guindola al centro de la pista. Con un paso lento comenzaron un torpe vals. Siendo el centro de atención, Anna decidió guiarla poco a poco para lograr salvar sus pies y poder hacerla disfrutar de la velada. Bailaron al compás del vals que en ese momento se escuchaba.

– Es una agradable velada, ¿No cree?

Elsa asintió y miró, nuevamente, al suelo. Desde que le hablo, aquella chica no había emitido palabra alguna y Anna intentó sacarle charla. Comentó del clima, de la revolución, de sus ideales, de la libertad, de todo. Había comentado querer luchar contra los soldados británicos y con todos sus comentarios, Elsa sólo le sonreía o asentía. Ninguna palabra salía de su boca.

Anna hizo una mueca y siguió intentando alguna charla con la chica que le sacaba suspiros a montón. Cuando el baile finalizó, se saludaron como se acostumbraba.

– Fue un gran honor poder compartir un baile con usted.– Confesó Anna.

Y, como siempre, Elsa le compartió una sonrisa.

– ¡Elizabeth!

Aquella voz las hizo girarse y encontrar a una chica azabache de ojos azules. Anna la examinó de pies a cabeza y luego hizo lo mismo con Elsa. Ambas eran de tez blanca y ojos zafiro pero el cabello era diferente: una albina y otra pelinegra.

– ¿Donde te habías metido? Te estuve... – Su voz comenzó a disminuir apenas noto a la pelirroja.– Hola.

– Hola.– Contestó Anna.

– Soy Mavis Knight.– Se presentó la azabache.

– Anna Arendelle, a su servicio.

Una pequeña sonrisa le bastó para provocar que Mavis cayera a sus pies.

– Es un placer tenerla aquí, señorita Arendelle. Espero y mi hermana no le causará muchos problemas.– Comentó la chica.

– Para nada. Fue una excelente compañía si le soy sincera.– Confesó Anna.

Elsa hizo un gesto con la cabeza antes de alejarse y dejar a Mavis con Anna.

– ¿Fue una excelente compañía? – Repitió con intriga Mavis.

– En gran parte.– Se corrigió Anna.– ¿Es de pocas palabras?

– Si. – «No.» Pensó.– No suele hablar mucho. Papá piensa que es muda.

Anna enarcó una ceja y observó a Elsa reír con un chico rubio.

– ¿Muda? – Mavis asintió.– ¿Y alguien lo sabe?

– Por supuesto que no, ¿Qué creer que le harían? Se burlarían de ella.– Exageró.

– No creo que...

– No quiero ver a mi hermana sufrir por un defecto suyo. ¿Tu si?

Anna negó apenas la escuchó hablar.

– Para nada, dígale que su secreto se irá conmigo a la tumba de ser necesario.

– Que caballerosa que es.– Halago Mavis.

Anna hizo una reverencia antes de marcharse. En su cabeza seguía aquella conversación con la segunda hija del señor Knight; Mavis. ¿Era verdad aquello? ¿Elsa será muda? Quizás solo le era difícil expresarse verbalmente, debía ser aquello. La había visto hablar, o eso vio, con un sujeto. ¿Mavis le habría mentido en la cara con un tema así? Quería creer que no pero las acciones de Elsa le decían lo contrario. Debía pensar bien su siguiente movimiento, intentaría descubrir la verdad de Elsa. Quería poder escuchar su voz, había recibido rumores de que su voz era como la de un ángel cuando se la escuchaba cantar, significaba que no era muda. ¿Su padre sabría eso?

Recorrió el lugar con la mirada en busca del anfitrión del lugar: Adgarr Knight. Buscar a ese hombre era similar a buscar una aguja en un pajar. Adgarr no aparecía por ningún lado y eso comenzaba a irritar a Anna, quien daba vueltas por el lugar. Fue cuando dio su quinta vuelta que lo encontró en una animada charla con su segunda hija.

Se atrevió a interrumpir al carraspear.

– Perdone mi interrupción pero quería consultarle algo acerca de su hija.– Hablo Anna.

– ¿Elizabeth? – Anna asintió.– ¿Que ocurre con ella?

– He oído ciertos rumores que involucran a su hija y el hecho de ser muda al no hablar mucho. ¿Debo creer aquello?

Adgarr enarcó una ceja y separó los labios para dar su respuesta de no ser por Mavis.

– ¿Acaso crees en esos rumores señorita Arendelle? – Cuestionó la azabache.

– Simplemente quería verificar si aquello era algo verosímil o no.– Explicó Anna.– Con su permiso.

Hizo una reverencia y luego volvió a marcharse, algo aún no estaba bien en todo eso y estaba segura que lo podría resolver. Observó a las personas bailar de forma animada en la pista y una idea logró llegarle a la cabeza. Con una sonrisa en el rostro decidió buscar nuevamente a Elsa para pedir otro baile con ella.

– ¡Señorita Elizabeth! – Llamó apenas logró verla.– Por favor, ¿Podría concederme otra pieza del vals?

Cuando Elsa tomó su mano, supo que su plan comenzaba a dar frutos.