IMPORTANTE: Esto es una historia independiente que está ubicada en el mundo de Hellsing. No apoyo el racismo, el abuso sexual, la matanza, ni ninguno de los temas que trata esta historia. Esto es pura ficción. No gano absolutamente nada con esto, solo compartir un fic. Si eres alguien sensible no lo leas.
INMORTALES
En la reinante oscuridad escuchaba los pasos como un sonar. Dejó de respirar, se sentó y prosiguió a sentir los cientos de pasos de daban los no muertos a su alrededor. Buscaba pasos precisos, con dirección, hasta ahora todo lo que sentía eran los pasos de los ghoul errantes. Estaba concentrada hasta que un suspiro la distrajo.
-Dijiste que querías ver como hacia las cosas ahora, entonces debes esperar- habló en voz baja para el vampiro que estaba a su lado.
-Sí, y no me imaginé que semejante despliegue de soldados terminaría con nosotros en una casa oscura sentados sin hacer nada- respondió hablando en un tono de voz alto y dejando ver claramente lo aburrido que estaba.
-Shh maestro. No quiero que sepa que estamos aquí- habló Victoria con aire tranquilo; el viejo vampiro calló y volvió a bufar.
Hacía tres meses que Alucard había regresado, y no le extrañó que las cosas cambiaran. No sabía el tiempo que estuvo fuera, pero los años avanzados en Integra le hicieron ver que había sido bastante para los estándares humanos. Al principio físicamente todo era igual a antes de su partida por Van Winkle, la mansión había sido reconstruida de forma idéntica, los sótanos apenas habían sufrido daños, los jardines se volvieron a dejar como antes, y los galpones donde guardaban el arsenal estaban apenas agrandados. En un primer vistazo el viejo rey se sintió en casa, pero había sido eso, un primer vistazo.
El factor humano había sido cambiado bastante, salvo cuatro personas, su ama, su draculina y dos integrantes de mercenarios que aun continuaban con ellos, ahora con rango de capitanes. Era lo esperable, no se sorprendió por eso, sino por el ambiente que se había creado en la mansión alrededor de sus dos damas. Integra siempre se había hecho respetar y generaba un aura de liderazgo con solo caminar, pero desde el momento en que tomó el mando de la organización, había mantenido una distancia con el personal de la mansión en general. Ahora se la notaba más amena, trataba más seguido con los soldados y se interesaba por quienes tenía bajo su mando.
Fue Victoria quien tuvo un cambio rotundo en la dinámica del lugar y lo que le generó una autentica intriga. En la batalla contra Walter dejó a una draculina recién nacida, apenas comía, era torpe y temerosa de todo. A su regreso encontró a una vampiresa que comandaba un ejército. Integra seguía siendo la líder y la encargada de Hellsing. Pero era su discípula la que entrenaba directamente con los hombres, no le faltaban el respeto ni le temían, como había sucedido generalmente con los soldados y su experiencia con ellos. A su paso había silencio y disciplina. Victoria comandaba de una manera firme a los soldados. En los meses desde que había regresado vio como ella todas las noches ensayaba con ellos, lloviera o no "Siempre hay que estar preparados" les decía. La experiencia del tiempo había hecho mella en las mujeres. Mientras Integra comprendía el valor de la vida y lo valiosa que era, Victoria buscaba soldados firmes y capacitados en el uso de armamentos, que no teman matar lo que sea que enfrenten.
Por eso cuando Integra confirmo un caso de nosferatu, el grupo comenzó a moverse con diligencia preparando los camiones y el arsenal, Alucard había sentido la emoción de la batalla y observó fascinado las pocas ordenes que Victoria dio a los dos capitanes, cada uno sabía exactamente qué hacer, ella solo procedió a tomar un subfusil y un arma 9mm y se quedó esperándolo en las rejas.
-Muéstrame como manejas a estas escorias Victoria- había susurrado en su oído al materializarse a su lado.
Y allí estaba, en un sillón con humedad en medio de la nada mientras su hija jugaba a ser un radar. Volvió a bufar. Entendía el porqué se habían adelantado, el modus operandi no era muy deferente del que manejaba tiempo atrás: entrar, matar la alimaña y salir sin problemas, solo que ahora los soldados jugaban una parte importante en la limpieza, su draculina los enfrentaba directamente a los ghouls.
-Lo tengo, está en un edificio a 3 calles de aquí. En la planta baja- dijo al fin la muchacha, se levantó, tomo el fusil y salió caminando con pasos sumamente silenciosos.
Podía verla concentrada en la misión, atenta a su entorno. Era gratificante ver hasta donde había aprendido a utilizar sus dones por sus propios medios. El trayecto fue silencioso y lento, Victoria cazaba a sus víctimas asechándolas. Era un estilo de caza común para su especie, y también la resultó placentero que ella la utilizara.
Hacía más de dos siglos que no veía cazar a una draculina, se volvían sigilosas y silenciosas hasta para los entandares de los suyos, sus pupilas se dilataban hasta ser dos pozos negros y casi se volvían uno con el entorno, le encantó ver a la policía así, él se sumió en sus sombras y esperó a que ella marque el ritmo esta vez.
-Son 3 en total- susurró la joven al viento- tengo un tiro limpio por si quieren escapar- se acomodó en lo alto de un árbol y fijo la mira a la casa. Era un vampiro, pero no llegaba a divisar a los otros dos, aunque los pudo sentir dentro de la casa comiendo.- como la primera vez maestro- Y Alucard sonrió.
Una figura se materializo frente a la puerta de entrada y toco el timbre esperando a que le abran. Sintió pasos que se acercaban, acomodó la Jackal en su mano y apuntó en cuanto la puerta se abrió un disparo marcó el inicio del combate.
Un segundo, solo un segundo tardó la vampiresa en escuchar el disparo y supo que algo no estaba bien. Había estado ansioso por pelear, quería sangre. Victoria sabía que él quería comer, desde su regreso estaba ansioso por consumir todo a su paso. A su edad y con su poder la sangre no era suficiente. Se deshizo de más de un millón de almas y ahora quería rellenarse de nuevo. Ese disparo le hizo sentir que algo no estaba bien, en su interior sintió un momento de perturbación que no le pertenecía a ella, así que bajó y se adentró en la casa. Ya lo había perdido una vez, no iba a permitir que volviera a suceder.
Si aún conservara el reflejo del reflujo seguro habría devuelto el paquete de sangre que había consumido antes de salir. En la puerta de entrada de la casa la recibió el cadáver fresco de un niño de no más de cuatro años con un agujero en medio de los ojos. Y los movimientos posteriores que siguieron en el comedor hicieron que se le ponga la piel de gallina.
Atravesó en un salto el pasillo de la entrada y en la primera arcada a la izquierda se encontraba su maestro de piel frente a un hombre con una niña pequeña en brazos. En medio de la sala estaban los cuerpos de dos adultos sin vida y totalmente secos, llenos de pequeñas mordidas.
-Vaya, no me esperaba que viniera con compañía señorita Seras- habló el vampiro- Es un placer conocerla, soy Yusuf Emir, he viajado desde muy lejos para comprobar que realmente existes- su ingles era muy trabado, se notaba que era extranjero sin duda- Esta es mi propuesta para ti, conviértete en mi compañera y te daré más que un pueblo- terminó la invitación acomodando en sus brazos a la niña que observaba todo con grandes ojos rojos curiosos.
- ¿Qué?...- estaba en shock. Y no entendía que carajos pasaba- ¿Cómo?...
- Entre nuestra gente se habla que en Inglaterra hay una vampiresa que es capaz de destrozarte con la mirada, así que vine a comprobarlo personalmente- Sonrió al verla- admito que te acercaste de manera muy sigilosa, el timbre me alertó de su llegada. Aunque tu compañero es muy grosero, eliminó a Oliver sin miramientos- suspiró con pena- estos hijos también iban a ser un tributo para ti, partir de tu país sola puede ser complic…- Un disparo terminó con el monologó del insensato vampiro.
-Por eso detesto a los turcos- Alucard sin siquiera bajar su arma vació el cargador de la Jackal en el cuerpo destrozado de Yusuf. Comenzó junto con el segundo cargador a despotricar en un idioma que Victoria no entendió. Cuando solo había trozos esparcidos por el suelo y el arma se vació reinó el silencio, solo se escuchaba el suave jadeo de la niña, que de alguna manera había logrado esconderse detrás de un sillón. Saliendo de su estupor la draculina soltó el arma y corrió a abrazar a la pequeña.
-Shhh ya esta pequeña- la joven susurró mientras mecía a la niña en brazos. Internamente no sabía realmente que iba a suceder, ¿qué iban a hacer con una niña vampiro? Sí, sabía lo que tenía que suceder, llevaba más de treinta años haciendo el trabajo. Pero era muy injusto, la escena en la casa movió fibras muy sensibles en ella, despertó recuerdos que hacía mucho que no volvían a la conciencia y avivó deseos que jamás sucederían.
Silente el rey vampiro dejó que su chiquilla se hiciera cargo de la niña, contempló como la acunaba en sus brazos y hablaba bajo para que se calme. La vampiresa se levantó suavemente y caminó hasta la ventana más cercana, apoyó a la pequeña en su pecho y la incitó a ver la luna y lo bella que brillaba esa noche. Cuando la pequeña hizo caso de la draculina y se concentró en lo huequitos que la luna tenía, la muchacha sacó suavemente su pistola y dejó que los ojos de la niña se cierren eternamente. Dejó el cuerpo en el sillón y salió sin decir nada, recogió el subfusil y dio aviso por radio para que los soldados terminen la limpieza.
Volviendo al otro vampiro en la sala, confirmó que en efecto su maestra, Sir Hellsing tenía todo bien organizado. Constató que no era la primera vez que hacían un trabajo así. En lo que les tomó caminar cuatro cuadras hasta la salida del pequeño pueblo, los soldados ya estaban ingresando de manera organizada matando al resto de los necrófagos que vagaban por allí.
-Informe- la voz de Integra era directa y monótona. Alucard notó que esto también era algo rutinariamente novedoso. Su ama no estaba ni cerca de preocuparse por la situación, confiaba ciegamente en la draculina. Aunque cuando la aludida pasó por su lado en silencio e ignorándola, la vieja Hellsing se mostró contrariada.
-El objetivo fue silenciado sin problemas maestra- no le dejó tiempo a interrogar a su hija. No era la primera vez que sucedía algo así. Victoria no era su primera draculina así que intuía por las sensaciones que había recibido de ella lo que acontecía- Veo que se han acomodado y trabajan de manera casi eficiente- dijo con una gran sonrisa y la pulla no disimulada hiso acto de presencia, lo que distrajo la atención completa de su ama que comenzó a respingar contra él.
El regreso fue silencioso y calmo. Los hombres tardaron poco en rastrillar el pueblo, lo que permitió que una unidad entera regresara pronto. Y la otra peinaría los alrededores del pueblo para que nada escape.
Al llegar Victoria y él simplemente acompañaron a Integra hasta su oficina y él comentó lo sucedido, parcialmente, decidió omitir los niños vampiros.
-¿Vino por ti?- el asombro era palpable en la voz y el rostro de Sir Hellsing- ¿Qué tan lejos llegan los rumores sobre ti?- preguntó una decima de voz más alta de lo normal- Asumo que entonces no te reconoció- afirmó viendo a mayor de los dos vampiros.
-No lo creo, estaba muy ocupado intentando comprarse una mujer- había salido con intenciones de una cacería que le diera algo de diversión a la noche y solo se había encontrado con un estorbo que lo incordió y molestó a su Draculina.
- ¿Y no le preguntaste a Victoria si quería ir con él?- fue una broma, ambos vampiros lo supieron, pero de todas formas a ninguno de los dos les hiso gracias, aunque fuera por motivos totalmente diferentes.
-Jamás me hubiera ido con él- dijo Victoria haciendo una mueca de desagrado. Estaba poniendo todo el empeño que podía. Después de la batalla de milenio había intentado no volver a preocupar a Sir Integra por nada y hoy no comenzaría, debía ser fuerte por la mujer frente a ella. La señora de la mansión le había dado más que un techo. Su maestro le había forjado, pero Integra le dio un motivo para seguir, le dio su amistad, su confianza, un objetivo a alcanzar; y eso Seras Victoria lo pagaba con lealtad y amor, pero esta noche realmente había salido abatida de la misión y su amiga no se la estaba poniendo fácil.
-Bajo ningún concepto permitiría que un turco se acerque a una de mis draculinas- No necesitó disimular el asco que le produjo la idea. Era una cuestión histórica personal que tenía contra la raza. No cabía siquiera en su retorcida cabeza que la chica policía sopesaría la idea siquiera- Te dije que se presentó como Yusuf Emir, su sangre apestaba a Turquía. Así que solo lo erradique, no valía siquiera para comerlo. Eso es todo, mi señora, ¿necesitas algo más de nosotros?
- Aun no sabemos si vino con alguien más- tomó un abano y lo encendió- deberemos estar atentos por las dudas. Mandaré a revisar los puertos más cercanos y aeropuertos- miró la pantalla de su móvil que brillaba- El segundo escuadrón terminó sin problemas y está volviendo. Buen trabajo sirviente- dijo sonriendo al vampiro. Así, con una sonrisa por parte de Victoria y una reverencia de su maestro los no muertos descendieron por medio de sus sombras hasta sus aposentos.
La joven fue directamente al baño que estaba en su recamara y comenzó a llenar la bañera, mientras se quitaba la ropa ensangrentada. El maestro por su parte se sentó en su viejo trono y sirvió una copa de vino.
Estaba molesto, muy molesto. Apretó los apoya brazos del trono y gruñó. El rostro del muy maldito era tan igual a Basarab que por un instante se congeló en el lugar. Entonces el muy maldito había nombrado a Victoria y solo pudo disparar, el simple hecho de que ese sinvergüenza se acerque a ella lo enfadó. Había fallado estrepitosamente en cuidar de Justina, no volvería a cometer un error similar. Se detuvo cuando ya no tenía más balas.
Estaba agobiado, se había permito dejarse llevar por un recuerdo y los había confundido. Él se había dejado llevar, volvió a gruñir. Desde que había tanto silencio en su interior era capaz de recordar cosas de su pasado con claridad, rostros, nombres, hechos, batallas, sensaciones, todo volvía a él con una claridad que no había sentido en muchos siglos, y como lo enfadaba volver a sentir tantas cosas.
La joven vampiresa se sentó en el agua caliente y comenzó a repasar su cuerpo con una esponja, cada vez que esta frotaba su piel sentía el cosquilleo de las pequeñas burbujas de jabón, se concentró en eso, en el sonido de las gotas cayendo de su cuerpo al agua, en cada pequeño detalle. Faltaban dos horas para el amanecer, solo debía estar concentrada en eso por dos horas, pero falló en el mismo momento en que ese pensamiento cruzó su mente, silenciosas lágrimas recorrieron su rostro y comenzaron a teñir lentamente el agua en el que se encontraba. Solo no podía detenerlas, se tapo la boca y la nariz para no tomar aire y comenzar a hipar, dejo que el dolor se escapara a través de su sangre. Llorar no iba a solucionar nada, lo sabía pero aún así el dolor era tan grande que no podía controlarlo.
La sintió llorar, el olor sangre inundó todo el sótano. Era un lamento silencioso, del que las mujeres tenían cuando estaban solas. La furia y el enojo en su interior se fueron calmando mientras sentía el lamento de la muchacha. Soltó poco a poco el agarre del sillón y la observó, vio su dolor y su pena. Y maldijo a Dios nuevamente, una y mil veces maldito. Todas sus hijas estaban igual de malditas. Sirvió una segunda copa con vino y llamó "Ven a mi Victoria" susurró al aire.
Su voz llenó el sótano, la estaba llamando. Se lavó la cara y salió del agua cubriéndose con una gran toalla. No se apuró a vestirse, lo hiso lento y pausado. Sonrió cuando el suave algodón de su pijama la acarició, se colocó unas pantuflas y envolvió su cabello con la toalla, salió lentamente de su cuarto y tomo la puerta que estaba al final del pasillo.
Allí la estaba esperando, sentado en su trono con un rostro indescifrable, sin lentes ni sombrero. La miraba fijo, no estaba enojado ni parecía divertido, honestamente la desconcertó el motivo de su llamada.
-¿Me necesitabas para algo maestro?- habló suavemente, no era necesario que gritaran, sus oídos eran muy buenos.
-Ten- le dijo extendiendo hacia ella la segunda copa servida- Te hace falta - La muchacha lo observó con ojos enormes pero de toda manera tomó el vino ofrecido. Alucard extendió la mano derecha hacia un lateral y de las sombras emergió un trono similar al suyo.
Victoria tomó asiento en el trono de madera, que aunque fuera de un material firme lo notó bastante cómodo- Gracias maestro- dijo tomando un sorbo de vino. El silencio era incómodo para la muchacha, no tenía idea de lo que pasaba por la mente del vampiro mayor, era una criatura impredecible. En un momento podía estar jovial y al siguiente sumamente enfadado.
- ¿Cuál es el motivo de tu llanto?- sabía sus sensaciones y dolores, pero si no era ella quien las hablara no tendría sentido decir nada. Walter le había mostrado el expediente del caso Seras, era brutal y aberrante lo que la muchacha tuvo que pasar. En aquel momento se sintió más interesado por ella, era un vampiro con muchísimo potencial –Puedes contarme chica policía.
- Fue lo que pasó en la casa, me dio mucha pena lo que les pasó a esos niños, yo… pasé algo similar hace muchos años- su maestro le había abierto una puerta al dialogo. Desde hacía tres décadas que ellos estaban vinculados, pero no sabían nada el uno del otro realmente. Así que le contó de sus padres, del asesinato, de su tenedor, su disparo y lo que le hicieron a su madre.
Fue doloroso hablar de ello, tuvo que detener el relato en muchos momentos, pero también fue liberador, cayó en cuenta que jamás le había dicho a nadie lo que ocurrió esa noche. Solo había contado hechos vagos, pero con su maestro pudo decir aquello que siempre calló. Él no se iba a asustar o repugnar por los hechos. Había tenido una larga vida y venía de un momento histórico en el cual la violencia era algo común. Así que se desahogó con él, le contó aquello que nadie sabía; poco después de entrar a la policía buscó en los expedientes el paradero de los asesinos y los encontró, hiso justicia por sus padres, los asesinó sin miramientos.
Alucard escuchó el relato, sintió su dolor y su odio, la rabia que aún anidaba en su corazón. La escuchó llorar, y dejó que le cuente aquello que nadie sabía. Sonrió al escuchar cómo había buscado a esos sujetos, cómo los había matado – Hiciste bien- cuando el relato de la muchacha acabó, él la felicitó – esos desgraciados merecían una condena peor de lo que tú hiciste. Pero está bien, debías limpiar el honor de tu madre. Nadie sabrá jamás lo que me has contado.
- Cuando era niño mi padre como acuerdo de paz nos entrego a mi hermano y a mí como pupilos al sultán Mahmed I, fueron años difíciles…- relató superficialmente sus años en cautiverio con Turquía. Siguió contando un poco de las batallas que siguieron y como Basarab había invadido Valaquia y logró entrar a su castillo, haciendo que su esposa deba matar a sus tres hijos y tirarse de la torre más alta para evitar un destino similar al de su madre. El rostro de su vampiresa era impactante, sus ojos parecía que saldrían de sus cuencas y su boca estaba totalmente abierta. Evitó verla para no reírse de ella, él ya había hecho mucho para saldar las afrentas, pero sí era cierto que el odio nunca desaparecería.
-Sin embargo creo que hay algo más aparte de tu pasado- su copa ya estaba vacía, así que volvió a rellenarla. Victoria apenas había dado un sorbo a su vino.
-Sí, es algo en lo que no había pensado hasta hace unos pocos años realmente- sonrió de manera triste, pero resignada- Melinda, una de las chicas del servicio tuvo hace unos años a un bebé, era muy bello y muy pequeño. El padre del niño los abandonó y ella no tenía con quien dejar al niño, así que pidió cambiar al turno de la noche que es más tranquilo y traía con ella a su bebé. Fue ahí donde sentí la perdida de algo que nunca voy a tener- miró el vino en su copa. Se sentía tonta diciendo eso a su maestro. Él le había contado un montón de cosas difíciles que tuvo que pasar y ella lloraba porque no podía ser madre- Supongo que con el tiempo se me va a pasar, perdón por molestarte con esto.
-Fui yo quien preguntó- estaba relajado y miraba más allá de la pared frente a él, observaba su pasado. Los gritos, el escándalo, el llanto y las culpas que le echaron sus antiguas hijas por ese tema "me robaste la capacidad de ser madre" esa fue una de las veces que Marishka había explotado en el castillo "tú me despojaste de la vida, no me dejaste elegir" Mientras sus otras hijas lo habían culpado por su condición de muertos vivientes, Victoria se disculpaba por ser débil.
- No creo que alguna vez desaparezca ese vacío - la miró y dejó que la verdad haga puya en la muchacha- existirás con el saber que no tendrás aquello que muchas mujeres sí. Pero aprenderás a vivir con la verdad, con el tiempo.
Victoria suspiró y tomó un trago de vino, su maestro estaba muy hablador esa noche. La hiso sentir menos sola, un poco más comprendida. Alucard sabía de estar solo, de la noche, de la perdida. A ella le quedaba aún mucho por aprender, mucho por lo que pasar. Se sintió acompañada y supo que su maestro se sentía similar a ella, sonrió y terminó su vino.
Ya hacia unas horas que el sol había salido, y se sintió mucho mejor de lo que había estado en años. Sonrió, quería dormir, pero tampoco quería perder el ambiente que habían formado. Nunca había pasado y quería disfrutarlo un poco más, así que se acomodó en el asiento y disfrutó otro rato de su trono personal. Ya habría tiempo de dormir más adelante. Alucard también rellenó su copa.
FIN.
Ahora sí, muchas gracias por pasar y leer hasta aquí. Esta idea la vengo teniendo hace mucho y quería escribirla, espero que nadie se haya ofendido (hoy las personas se ofenden fácil) por el contenido, si es así lo lamento. Pero como dije antes eso solo una historia.
Respecto a los nombres usados son los históricamente correctos, según la cronología de Vlad Tepes. Pero sigue siendo parte del mundo Hellsing.
Ojalá les haya gustado, háganme saber que piensan. Un saludo y espero nos leamos pronto!
