"She smiled, and instead of the usual butterflies, it felt like a flock of pigeons were flapping in my tummy."
El pequeño Yamato de nueve años se movía incómodo en su asiento. Fruncia al papel que estaba frente a él. Apretaba el lápiz amarillo en su mano, decepcionado de que no ha escrito nada en el tiempo que le habían dado para terminarlo. Pero mirando nuevamente el encabezado de papel, se congela por quien sabe cuanta vez.
¿Qué quieres ser cuando seas grande?
Y ahí estaba ahora, con una pregunta que no tenía sentido para él. ¿Qué estaba pensando la maestra, pidiéndole a una clase de segundo grado, una actividad como esta? Y lo peor, estaba entusiasmando a la clase en tomarse el tiempo para pensar sobre su futuro y que desea ser cuando creciendo. Claro, había niños que querían salir rápido de esto y no tenían tanto ingenio que escribían lo primero que se les venía a la mente, pero la profesora Izumo -quien de vez en cuando revisaba si a habían escrito algo- les decía que pensaran mejor lo que querían.
—¡Muy bien niños, en quince minutos todo vamos a compartir nuestras metas a toda la clase! — anunció entusiasmada mirando como varios ya estaba terminando. —Estoy segura de que todos tendrán cosas muy buenas para compartir.
Yamato miró como varios niños se habían juntado para compartir ideas, otros incluso poniéndose de acuerdo en que cosa decir para poder estar juntos en un futuro -Yamato pensó que eso no era muy inteligente que digamos, nadie asegura que puedas estar con tus amigos para siempre-.
Por un momento mira hacia atrás, donde Sora (su mejor amiga) parece estar pensando detenidamente que escribir. Le pediría ayuda, pero no la quiere molestar al notarla tan concentrada. Por lo que rápido vuelve a su propio papel. Va a tener que hacer esto solo, porque no es como que le vaya pedir ayuda a Taichi; jamás aceptaría que necesita de su ayuda.
Haciéndose para atrás y cerrando los ojos, se pone a pensar.
Han pasado como nueve minutos, y aun nada.
¡Vamos Yamato, piensa!
Sólo debía escribir algo, lo que sea en realidad, ¡y ya!, ¡no debería ser tan difícil!... pero entonces, ¿Por qué no lo podía hacer?
Suspira, mirando nuevamente la mugrosa hoja. Sus ojos azules se van al lado derecho de esta donde dentro de un cuadro había algunas sugerencias de posibles futuros.
Un doctor. No. Definitivamente no.
Un bombero. No le gusta.
Un jugador de futbol. ¿Le vieron cara de Taichi?
Yamato lee todas las opciones, ya está irritado, y cuando va leyendo las ultimas opciones está más frustrado y perdido que al principio. Nada de lo que leyó le gustó, no parecían ser cosas que iba con el. Nada le daba interés.
—Estúpida actividad…
—¡Queda un minuto!
¿¡Cuando pasó tan rápido el tiempo!?
Yamato no sabe que hacer ya, sólo se limita a darle la más cruel mirada al papel frente a él como si con eso lo pudiese hacer desaparecer. Mira donde está el reloj, la aguja de los segundos va tan lento que parece estar burlándose de él y su poca visión para el futuro.
Eso es hasta, que una risa -de oír dulce como campanas- resuena en sus oídos.
Tímidamente, Yamato mira hacia su derecha, donde la mira a ella sentada con una niña y niño alrededor, está sonriendo y riendo mientras intercambian sus papeles.
Sin querer mantiene sus ojos en ella un poco más de tiempo, admirando y tomando cada detalle de su cabello largo castaño -que ese día tenía acomodado en dos trenzas bajas-. Nota su rostro redondo y mejillas rosadas, al igual que sus ojos que le recuerdan al caramelo, y que cada vez que lo ven hacen su corazón revolotear.
… Mimi, ¿cierto?
Que nombre tan aburrido para alguien tan ridículamente linda.
Espera, ¿linda?
Se sonroja, su mente se ha puesto rara por un momento. Se sonroja aún más cuando siente contra su pecho los latidos de su corazón, pero bueno… una mirada más no lastima a nadie, ¿cierto?
De nuevo voltea a mirarla, y a pesar de la distancia entre ambos su risa era clara y vibrantemente en sus oídos. Yamato la sigue viendo, no importándole que sus mejillas se han vuelto mucho más rojas. Y es que han sido dos meses desde aquel accidente y aún no la puede sacar de su cabeza. Lo recuerda como si fuera ayer, se estaba escondiendo de Taichi porque el muy tonto no había echo su tarea y se la quería copiar, y como Yamato quería hacer de su amigo alguien responsable no se la quiso llevar.
Lo que lo llevó a esconderse por los salones, donde la encontró a ella, sola en el cuarto de música, entonando la más bonita melodía. Nunca había escuchado a alguien con una voz como la de ella al cantar. Y quedó cautivado con ella, así sin más. Sin pensarlo todos los días hizo rutina para ir a escucharla sin que ella se diera cuenta.
Y como una abeja atraída por una flor, Yamato estaba cautivado con ella.
Con la cabeza en las nubes y soñando despierto sobre Mimi, su mano comenzó a escribir sobre su papel.
Después de la escuela tal vez debería presentarme... Creo que Sora se lleva bien con ella.
Alguien le puso la mano sobre el hombro y dio un salto. Se dio cuenta que aún estaba en clases y que era Taichi junto a Sora, quien lo había regresado a la realidad.
—Ah, eres tú Taichi.
—¿Eso es todo lo que tienes?, y uno preocupado porque traes una cara tonta mirando a la nada.
Sora no se molesta siquiera a meterse entre ambos, sabe mejor que nadie que es mejor así. No es como si ella entendiera esa rara amistad que tienen. Por lo que mirando que Yamato responde con un insulto, suspira y saca su hoja de papel.
—Taichi y yo estábamos pensando en intercambiar nuestras hojas para comparar, ¿qué mejor que seamos los tres? Todavía tenemos tiempo, la maestra nos acaba de dar cinco minutos extra.
—Ni hablar.
—¿Por qué no? —preguntó curiosa, Taichi a su lado cruzó los brazos.
—Aún no es escrito nada.
El moreno frunció el ceño: —¿De qué estás hablando? ¡Te vi escribiendo hace rato! —tan rápido como hablo, le quitó el papel.
—¡Taichi! — pero su amigo fue más rápido y no lo dejó quitarle el papel— ¡Oye dame eso…!
Pero se calló al ver como sus dos amigos, quienes estaban leyendo su actividad, se sonrojaron. Ambos pares de ojos se abrieron con sorpresa. Yamato mismo se sonrojó, más al notar la sonrisa soñadora de Sora (¿es su imaginación o se miraba orgullosa?) y la ladeada de Taichi.
Estaba en problemas.
—Oh Matt—dijo Taichi limpiándose una lágrima invisible y dándole el papel.
Y antes de que pudiese decir algo la maestra les pidió a los niños que se sentaran, porque ya se había terminado el tiempo y cada uno iba a pasar a decir lo que había escrito. Les permitió a los niños pasar conforme ellos quisieran para que no sintieran algún tipo de presión al llamarlos ella.
Y así, cada uno fue pasando.
"¡Quiero ser un superhéroe para salvar vidas!"
"¡Quiero ser panadero para hacer muchos pasteles y comerlos!"
"¡Quiero ser pirata y encontrar muchos tesoros!"
Eran creativos, Yamato les dio crédito de eso, pero también predecibles. Había peores como un niño que dijo que quería coleccionar todos los insectos del mundo, y otros serios como el chico aquel Koushiro (a quien siempre ve de mala gana porque se ve, es cercano a Mimi) que dijo que quería crear una red de quien sabe que cosa. Lo único que entendió era que se refería a algo de computadoras y así.
Tocó el turno de Mimi.
Notó que ella felizmente se paró frente de todos, y sin querer se hizo más para adelante. Para escucharla mejor quizás, para verla mejor era un gran sí. Pero no importaba mucho que hiciera, Mimi simplemente estaba brillando.
—¡Cuando sea grande quiero ser maestra de canciones! —dijo con una sonrisa muy grande, quizás ella quería decir que quería decir maestra de música, pero Yamato no tenía corazón para corregirla y al parecer la maestra tampoco. —¡Para poder enseñarle a los niños canciones felices y que siempre sonrían!
Doki.
—¡Que maravilloso Mimi! —le dijo la maestra, enternecida por ella. —¡Estoy segura que lo vas a lograr!
Mimi le dio una última sonrisa y regresó a su asiento, con la mirada de Yamato siguiéndola. Una pequeña sonrisa se asomó en su rostro cuando la vio dando brinquitos feliz por la felicitación de la maestra. Y una gran parte de él, estaba seguro de que cumpliría su cometido. Con una voz como la que tiene, claro que lo haría.
Bien por ti, Mimi.
Entonces el momento que Yamato más temía llegó, y ahora tenía que pasar enfrente a leer su mugroso papel también. Lo peor es que ahora tenía toda la atención sobre él por lo mismo que era la última persona en pasar. Dio un largo suspiro. Y estando frente de todos, no pudo evitar toparse con la mirada de ella, nuevamente, como ha pasado los últimos dos meses.
Vio que Taichi y Sora le decían ánimo con los pulgares arriba.
—Vamos Yamato-kun, no seas tímido. Todos somos amigos y nadie se va a reír.
Ah…
Bueno, aquí va.
Levantó la hoja de papel para leerla, y de inmediato su rostro explotó en toda gama de colores rojo que alguien se pueda imaginar. Desde el cuello hasta las orejas.
Su mente se puso en blanco.
Lentamente bajó el papel, y pudo sentir la mirada de todos sobre ellos. Escuchaba los murmullos de todos, y las miradas de sus amigos y Mimi, esperando a que dijera algo.
Sé valiente. Sé valiente. Dijo como un mantra mientras respiraba hondo y miraba a toda la clase. Tenía que pensar claro, decir algo. Entonces miró que Mimi le sonrío, y le dio un pequeño movimiento de cabeza. Y eso fue lo que necesitó para relajarse.
Y no sabe, cómo fue que encontró tan difícil hacer esta actividad.
—Quiero ser policía… —dijo quedo, sin dejar de mirar a Mimi, cómo si esta respuesta fuese solo para ella. —Quiero una moto, pelear con los malos y poder proteger a las personas que quiero.
Una ola de aplausos le siguieron, aplausos que comenzaron primero con Mimi, quien aplaudía como si su vida dependiera de ello. Se sintió contento con eso, y relajado. Con una pequeña sonrisa miró a sus pies, mientras que la maestra lo felicitaba y le daba permiso de regresar a su asiento.
Asintió y regresó a su lugar, Sora y Taichi lo esperaban.
—¡Muy bien Yamato! —lo felicitó Sora. —Lo hiciste muy bien.
—Por un momento pensé que pondrías que serías un luchador o un ogro. — Fue el lindo comentario del moreno.
El rubio los miró, el sonrojo regresó de nuevo.
—Cállense…— movió el pie nervioso. —Ustedes sabían, ¿cierto?
Taichi sonrió como el gato de la película de Alicia en el País de las Maravillas, estaba listo para hacer una broma y molestarlo, estaba seguro de eso, pero una mirada seria de Sora lo calló.
—No te preocupes— le sonrío la pelirroja. —No vamos a decir nada.
Yamato asintió, si Sora lo decía seguramente sería cierto.
Y mientras Taichi regresa a molestar a su amigo, y este le regresa los insultos que unos niños de nueve años pudieran decir, Sora mira hacia donde Mimi está sentada. Sin sorpresa, mira como ella está mirando a su amigo (¿y se estaba sonrojando?) mientras él escondía su papel en su mochila.
Bueno, quizás, sólo quizás, el futuro que Yamato quiere no está tan fuera de su alcance al final de cuentas…
¿Qué quieres ser cuando seas grande?
Yamato y Mimi Ishida
NA. Imaginen que todos tienen la misma edad, están en la misma clase y así.
Me gusta el mimato, me gusta lo fluff, espero que les haya gustado que es la primera vez que escribo para el fandom mimato. Les mando besos y abrazos.
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