Había momentos en los que Adrien tenía que sentarse y preguntarse si Marinette de verdad era capaz de fulminar a alguien con la mirada o si solo estaba tratando de mirar entrecerrando los ojos. De cualquier modo, este era uno de esos momentos en los que Adrien no podía saber si su esposa estaba enojada con él o solo no podía verlo.
"Bichito?" preguntó con duda, moviendo su peso de pie a pie mientras mantenía un firme agarre en el rodillo.
Apenas había terminado la pared cerca de la ventana, quizá le tomaría otro día más para terminar la habitación entera.
Pero este era su primer bebé y no iba a pagarle a alguien más para que pinte la habitación. No, él iba a hacerlo solo. Así como también iba a colocar un ridículamente adorable tapizado de patitos en la pared, él solo.
Eso claro, si Marinette no lo mataba.
"Adrien...es rosa." Marinette enfatizó, mirando con el ceño fruncido hacia la única pared pintada.
"De hecho es un tono entre rosa Barbie y rosa chicle." Adrien respondió, sonriendo al ver su trabajo porque de verdad lucía bien. El color era perfecto. "Había otro rosa que me gustaba pero era demasiado pastel, y no se vería muy bien." Adrien agregó y Marinette suspiró pesadamente.
"Y qué haces aquí, de todos modos, el olor no es bueno para el bebé." Dijo, dejando el rodillo y guiando a la bastante embarazada chica fuera de la habitación.
"Es rosa," Marinette repitió mientras era llevada a la sala en donde Adrien le hizo sentarse en el sofá.
"Lo sé, es bonito, no?"
"Adrien, tendremos un niño," Marinette dijo, frunciendo el ceño mientras frotaba su prominente vientre.
Sí, tendrían un niño. Un niño que constantemente le pateaba las costillas.
"Oh, um, bueno, él no sabrá la diferencia?" Adrien respondió, dándole a su gruñóna esposa una forzada sonrisa; pero aun así, recibió una mirada seria.
"A los niños también les puede gustar el rosa." Dijo, sentándose al lado de la menor y colocando una mano en su abdomen en donde podía sentir a su pequeño niño pateando.
Marinette suspiró, recargándose en el sofá, "Quería azul. Azul bebé, como te dije," gruñó.
"Tú escogiste el tapizado," Adrien musitó con un puchero que no debería poner ya que tenía 25 años.
"Ambos escogimos el tapizado de patitos." Marinette dijo alejando la mano de Adrien porque ahora aparentemente su esposa estaba enojada con él.
Pero Adrien de verdad quería esa pintura rosa, así que acentuó aún más su puchero.
"Puedes pintar de rosa la pared donde está la puerta, pero las otras dos tienen que ser azul." Marinette sentenció.
"De verdad?" preguntó, sonriendo cuando obtuvo un pequeño asentimiento.
Se inclinó para un beso pero su cabeza de inmediato fue empujada haciendo que soltara un quejido.
"Pero no tendrás besos hasta que regreses con la pintura...y algunas galletas y helado de chocolate." Marinette dijo con firmeza.
"Ni siquiera un beso para el considerado esposo que está ahorrando dinero al pintar él mismo?"
"Si no fueras tan tacaño y hubieras comprado condones hace 6 meses, habríamos ahorrado mucho más dinero," Marinette respondió haciéndolo sonrojar.
"Hey, fuiste tú la que vino a mí."
"Mis galletas y mi helado, Gato Mañoso."
"Ok, ok," suspiró, preguntándose cuánto tomaría para conseguir el color deseado. Con suerte no mucho porque no quería saber de lo que Marinette era capaz de prohibirle si no regresaba con el 'azul bebé' exacto.
"Y pepinillos," Marinette dijo cuando el mayor se ponía los zapatos.
"Helado. Pepinillos. Galletas. Pintura," dijo mientras abrochaba su abrigo.
Ahora se arrepentía no haber comprado esos condones.
Bueno, solo un poco.
Fin
