Hola, hola, hola

Ha sido un tiempo.

Este fic nació desde mi infinita pereza para realizar mis trabajos en la universidad y de una sobredosis de Mamamoo.

Es un fic simple -creo yo- me dio ciertos problemas porque quería incorporar más cosas que había imaginado pero al escribirlo me estancaba, no quiero hacerlo más largo, de hecho la misiva es que sea sencillo y tranquilo, algo para leer en la mañana dominical de la cuarentena.

Aunque me permitió experimentar al escribir mi primera escena de lemmon, la cual spoiler, es posible que sea mala pero no se me pudo ocurrir algo mejor, sorry.

Ahh, aquí va mi lista de reproducción (si quieren escuchar) para el Fic: In my room -Moonbyul, High Tensión y Words don´t come easy ambas de Mamamoo, Amor de siempre - Cuco.

Advertencia: Los personajes no me pertenecen, solo la histora es mía. Posiblemente hay OOC, claramente hay Au.

Así que sin más, espero les guste.

Nos leemos.


In (my) our room

...Y ahora estamos aquí tú y yo en la luna

Espero que todos algún día tengan mi fortuna...

El bullicio de las calles era una de las principales razones por las que deseaba mudarse de esa ciudad, los autos y motocicletas hacían gala de los resonadores y bocinas en esa ajetreada mañana de domingo. El aire frío se colaba por la ventana del pequeño apartamento, sentía como la polución irritaba sus bronquios. Eran mediados de octubre, la lluvia cubría a Tokio de un monótono y aburrido gris, las personas huían del clima, los rayos y truenos increpaban su poderío, el vaho de su respiración se mezclaba con el que su cigarrillo soltaba.

Detestaba lo dependiente que se había vuelto a esa sustancia, miraba al cilindro blanquecino que sostenía entre sus dedos con desdén. Conocía muy bien las repercusiones de su consumo en su cuerpo, diablos, incluso le sorprendía seguir siendo fértil después de tantos años de abusar de él, pero por alguna extraña razón no podía dejarlo. Chasqueó fastidiado, debía obligarse a terminar esa sujeción, su salud no era la única que estaba en riesgo ahora.

Ese pensamiento le hizo fijar su mirada en el cuerpo durmiente en la cama, era pequeño, cálido y suave como nadie en este mundo. Su piel expuesta provocaba deseo en él, la desnudez de sus pequeños senos –perfectos– la coloración sonrosada de sus pezones, era tan hermosa, tan bella, contemplarla solo hacía que ese sentimiento de tranquilidad creciera en su corazón. Debía estar pasando frío, lo sabía porque entre sueños murmuraba quejidos, se movía en busca del calor que él pudiera proveerle. Sus cuerpos estaban tan acostumbrados y sincronizados de forma que sentían la ausencia del otro.

Volvió a mirar con odio la razón de su separación, le dio una última calada y lo apago en el alfeizar del marco de la ventana. Se distrajo con los capullos muertos que Sakura había plantado la última primavera, un murmuro de risa se escapó de sus labios al plantearse el absurdo de su novia. Era increíble que ella fuera un genio en su carrera –Biología– conocedora de todos los procesos biológicos y químicos para la supervivencia de la naturaleza, pero que al aplicarlos en la sencilla tarea de la jardinería, fracasara extraordinariamente.

Se la imaginaba llorando, repitiendo una y otra vez, con aquel tono acongojado y dolido: Todo lo que toco perece.

Le daba risa, ella era la responsable de que el mundo escuchara su alegría. De hecho, su relación inició por aquel instinto de burla que su sola existencia despertaba en él, algo sin precedentes. Nunca fue muy sociable, las personas siempre se acercaban a él, nuca al revés, era callado y no le gustaban las multitudes. Sus compañeros de clase no lo entendían, se graduó con la palabra de Enigma representándolo; era un misterio que alguien tan guapo –yo solo repito los comentarios– fuera tan retraído e inexpresivo, por no mencionar asocial. No me llevaba especialmente bien con ninguno y les dirigía la palabra cuando era estrictamente necesario, con el tiempo se resignaban a mis silencios y desplantes, olvidándose de aquel reservado chico.

Volvió a contemplar a su compañera recostada en aquel sencillo colchón, con apenas una insulsa sábana blanca cubriendo el estampado a rayas del mismo, eran pobres como cualquier estudiante universitario, la habitación estaba mínimamente decorada. Un ropero rustico –hecho con tubos de PVC– un par de lámparas y un escritorio, habían columnas de libros decorando las esquinas de la habitación y solo un ordenador portátil, antiguo, lento, grande. Suspiró, los cobertores estaban arrumados a los pies de la cama, fácilmente se notaba su vientre hinchado, su corazón se comprimió ante ese panorama, una sensación de felicidad lo embargó.

Con ella, su ruidosa, fastidiosa, sabelotodo y empalagosa Sakura… había sido diferente.

Era primavera, principios de abril y como todos los estudiantes del país, ese día comenzaba su ciclo escolar. Los borbotones de personas lo irritaron si bien había entrado a la estación del metro, durante sus años de instituto había logrado ahorrarse el placer de viajar en aquel endemoniado transporte, siempre se dijo y mentalizó que tarde o temprano se vería obligado a ser un usuario más, pero siempre quiso imaginar que tendría la suficiente autonomía como para mudarse cerca a su universidad o a su futuro trabajo… la realidad era claramente otra.

Su cara siempre era la de un delincuente, rasgos heredados del patriarca de su familia. Cuando estaba molesto, lo poco que se podía considerar atractivo se tergiversaba a un rosto que te escupía en la cara un odio perpetuo por la existencia, no me molestaba, sacaba mucha ventaja de ello. Tenía el patético pensamiento de que en la universidad las personas serían más maduras, aquellos comportamientos juveniles y osados no se aparecerían ni por asomo en las personalidades de sus compañeros ¡Gran error! Ese día solo había un grupo reducido de superiores dando recorridos por las instalaciones y promocionando sus diferentes clubs, eso no lo impresionaba ni le parecía extraño, lo que si lo conmocionó fue darse cuenta del grupo de mujeres que lo esperaban en la entrada de la institución.

Al inicio no le dio importancia, ni siquiera lo notó, iba tan enfrascado en no tratar de odiar todo cuando su siempre oportuno y buen amigo Naruto –nótese el puto sarcasmo– apareció apuntando ese detalle. No supe que me hizo enfurecer más, era una contienda difícil, por un lado estaba el idiota –Naruto– que al acercarse con su chillona voz me golpeó el trasero tan duro que me seguía doliendo para el final del día; y por el otro, estaba aquella patética turba de féminas interceptándome con preguntas estúpidas, ridículas, de mierda… y cualquier adjetivo calificativo que se le pudiera dar a ese esperpento de la comunicación.

Es que de solo recordarlo me irritaba, parecían una mala película de adolescentes, escrita por personas que nunca habían pisado un amague de instituto.

En fin, ese maldito día no había hecho más que empeorar. El recorrido fue un fastidio y tortura, escuchar como los estudiantes de semestres avanzados trataban de ligar con las primíparas era un retroceso en la evolución, sus bromas estúpidas y sus apuntes me hacían cuestionar del nivel tan distinguido en el que muchos directivos ponían a la universidad.

La asamblea fue aburrida, tener el trasero palpitándome aún por el manotazo de Naruto me hacía enfurecer, justo cuando tenía que aguantarme no sé cuántas horas sentado en unas butacas duras y roídas, escuchando a todos los maestros animarnos efusivamente sombre nuestra suerte y privilegio de entrar a la institución, a la vez que hacían una descarada propaganda. Explicaron los sistemas de evaluación y el funcionamiento básico de los programas, nadie atendía a la charla, todos eran murmuros y cuchicheos ruidosos. Rodaba los ojos hastiado, por favor que acabase rápido para que pudiese largarse a su casa.

—Ahora anunciaremos el mejor examen de admisión. —llamó un hombre canoso que apenas podía mantenerse en pie. —He de admitir que son los resultados más satisfactorios que hemos tenido en un buen tiempo.

—Wow Teme, debe ser un súper genio. —susurró impresionado, me mordí la lengua para no comentar nada

Tome el puente de mi nariz buscando paciencia para aguantar, no era Naruto, lo sabía porque lo conocía desde la primaria. Había algo que lo molestaba de sobremanera ese día en especial, los estaban llevando al límite y aun ni siquiera veía su primera clase. Desde esa mañana cuando su hermano –ahg– lo despertó como si fuera la gran cosa, por extraño que hubiese sido, ese día su padre no había decidido ignorarlo como los últimos 18 años. Tal vez la sonrisa de Fugaku profetizaba la destrucción y la desdicha del fin del mundo, tal vez por eso sentía que nada en ese día podía salir bien.

Se quedó dormido poco después de que su amigo lo hiciera, se quedaron en el auditorio hasta que el personal de limpieza los despertó, se habían perdido del almuerzo. Cada uno tuvo que salir corriendo hacia el edificio de su facultad, Naruto iba para el área de humanidades y yo para el de ciencias.

Tuve que oír todas las declaraciones declaradas de sus superiores en la facultad de ciencias, jactándose de que no era lo suficientemente inteligente como para entender las referencias que usaban en sus absurdos juegos motivacionales. Supo lo que pretendían al utilizarlo a él como blanco, tan básico y simple para querer impresionar a las pocas aspirantes del departamento, patético.

Es que ese día no podía empeorar, me recalqué, había tocado fondo.

Mi subconsciente me repetía una y otra vez que la sonrisa de Fugaku era la causante, había desequilibrado el orden de las cosas con esa simple acción, ahora yo pagaba las consecuencias.

— ¿Qué es tan interesante que te mantiene aquí? —su voz sonaba perezosa, un poco ronca al haberse despertado recién.

Sentí sus brazos rodearme en un abrazo, sus labios estamparse entre mis omóplatos, de inmediato el calor de su cuerpo se transfirió al mío, provocando que mis vellos se erizaran. Trató de asomar su cabeza por mis laterales buscando lo que me mantenía en la ventana.

—Nada realmente, —respondí moviéndome para evitar que ella viera el desastre de jardín. —Solo pensaba en mi tesis.

— ¿Cómo vas con eso? —cuestionó, soltando su agarre y colándose frente a mí. Su mirada seria y sus labios fruncidos. —Sé que odias que te pregunte si has adelantado algo. —Se recostó en mi pecho, inclinó su cabeza observando el cielo nublado y encapotado.

La rodeé con mis brazos y coloqué mi mentón en su hombro izquierdo, su respiración era pausada, tranquila, su pulso un poco inquieto. Estaba un poco incómodo, pero aun así le gustaba estar en esa posición.

Para Sakura era un tema sensible su altura, apenas había logrado sobrepasar los ciento cincuenta centímetros, y se enfurecía cada que nuestras diferencias de longitud se evidenciaban. Recién comenzábamos a salir ella trataba de disimular esto utilizando zapatilla altas, pero al ser una chica demasiado enérgica solía cansarse con tan solo caminar al lugar de encuentro. También le molestaba cuando en los festivales de música los cuerpos de los presentes obstruían el espectáculo, por su puesto yo me burlaba de ella y le ofrecía cargarla, a lo que se negaba debido a su orgullo.

—Supongo que bien, es… ―me interrumpí buscando un adjetivo que se adaptara al desastre de proyecto que adelantaba. Algo diferente a pedazo de las mil mierdas. ―Complicado.

― ¿Problemas de inspiración?

—Mmm, —balbucee cerca de su oído, ciñendo mis labios a las curvaturas del mismo. —De desarrollo, de experimentación, redacción ¿Quieres que continúe?

— ¡Eh! Tranquilo. ―río encogiéndose. ―Te entiendo, estaba tan estresada con mi proyecto que corté mi cabello en un ataque de histeria. ―recordó tocando las puntas que le llegaban al mentón. ―Lo que me recuerda, el tuyo está demasiado largo. ―se burló. ―Qué diría tu padre al verte así.

Reí ante su comentario, acerqué mi nariz a su cien y resoplé divertido.

—Sé que es eso lo que te atrajo a mí al principio, —respondí esperando que eso la molestara. —Ese complejo de Fuck boy te encantó.

—Oh, cállate, ambos sabemos que lo primero que me atrajo fue ese par de pechos escuálidos. —contraatacó entre risas. —Luego, esa actitud de odiar todo lo que vive.

—No te olvides de lo increíblemente sexy que me veo al fumar.

—Por supuesto, es el punto clave en nuestra relación. —inició acariciando mis brazos con lentitud, tocando levemente cada recoveco que sobresalía.

No aguanté mucho más de eso, la giré rápidamente y la besé.

Sus labios pequeños y carnosos se abrieron para mí, permitiéndome explorarla como muchas veces ya había hecho, mi lengua reconocía cada parte de su abertura y la degustaba como la primera vez. La tomé de sus mejillas para acercarla más, apretujé sus mechones rosados entre mis manos y sentí como la temperatura de su rostro aumentaba, el oxigeno escaseaba pero no deseaba apartarme, solo quería quedarme adherido a ella para toda la eternidad.

—No es justo, sabes que dejo de pensar cuando me besas de esa forma. —discutía a escasos milímetros de separación, agitada, sus mejillas sonrosadas, sus ojos aguados y un pequeño hilillo de saliva recordándonos la pasión de hace unos segundos.

No era la única, nuestro contacto solía tener aquel extraordinario efecto de dejar mi mente en blanco.

—Debes tomar la responsabilidad…—repliqué dando pequeños e ínfimos besos alrededor de su rostro. ¾Tú me pervertiste en esta bestia que solo busca hacerte el amor hasta desfallecer. —afirmé antes de embarcarme en un nuevo contacto con sus labios.

Sakura trató de objetar, sentía como entre aspiraciones su voz trataba de hacerse escuchar, pero solo lograban salir gemidos y quejidos vehementes. Pronto aquel contacto no fue suficiente, necesitaba palparla, sentirme parte de ella, percibir la conexión entre nuestros cuerpos y la resonancia de nuestras almas.

Palpé varios lugares de su anatomía, acariciando la redondez de sus senos apreciando su tamaño y suavidad. Exploré con mis manos su abdomen, marcando un ritmo tortuoso hasta su centro, Sakura se estremecía con cada roce, la diferencia de temperaturas era un toque que incrementaba la experiencia.

―Por favor… ―gimió por lo bajo, ahogado entre sus labios. ―No me tortures.

Acaricié ínfimamente su abertura, no fue necesario adentrarme mucho en ella para notar lo húmeda estaba. Mordí mi labio inferior al verla con aquella mirada perdida, lujuriosa y extasiada, un hilo de saliva sobresalía de las comisuras de sus labios. Boqueaba en búsqueda de aire, de vez en cuando atrapaba sus labios entre los míos, lamia el contorno de sus aristas, degustaba el sabor de su lengua.

La sentí estremecerse a introducir mis dedos en la parte más íntima de su sexo, el conducto estaba tan resbaloso y cálido, mis dedos fluían dentro y fuera de ella. La sostenía de la cintura con mi mano libre, sus piernas se enredaban entre las mías, su brazos eran una maraña floja que aruñaba y apretaba mi espalada. Aun le era fascinante aquella faceta de su pareja, era un fenómeno maravilloso de admirar, cada encuentro le enseñaba algo nuevo del placer de su cuerpo, de una reacción extremadamente dulce y algún gesto que le sacaba más de un suspiro.

Estaba tan empapada, jadeante y radiante.

Su orgasmo estalló en un tenue grito y el estremecimiento de su abdomen, sus paredes me apretaron, se arqueó apegándose lo más posible a mi pecho. Jadeante me traspasó con aquel par de orbes, el verde más centellante y deslumbrante que hubiese apreciado, sus largas pestañas de un rosa más oscura enmarcaban sus grandes ojos nublados por el placer.

Dolía, maldición, la expectativa lo hacía ansiar la fusión para la liberación de ambos.

Era la parte innata en la que su cuerpo me guiaba, con aquel sentimiento y pulso desenfrenado. Tomé sus muslos entre mis manos, fue algo instintivo que ella se agarrará a mi cadera con sus piernas, nos explorábamos el uno al otro –nuestro universo– sintiéndonos volar.

Solo bastó de un movimiento audaz para convertirse en uno. El ritmo inició lento, despreocupado, pausado, permitiéndonos acoplarnos a las formas del otro, su cuello marcaba todos los gemidos que exhalaba, hundía sus dientes en cada recoveco que las gesticulaciones producía. No tardó mucho en aumentar el compás, las embestidas cada vez más rápidas, sus pechos danzaban frente a mí en rebotes inocentes, su trasero era tan maleable y delicado.

Apoyado en el viejo escritorio, el ambiente estaba cargado de euforia, gemidos y gruñidos.

Sin preocupaciones, aquel momento era solo para los dos.

En cierto punto me preocupé por el mueble, que los saltos y vibraciones provocaran que la estructura cediera, pero aunque eso pasara nada podría detenernos. Sakura susurraba una y otra vez que no me detuviera, que fuese más rápido, que nunca me alejara… sus ojos brillaban con un halo enloquecedor y perdido, temblorosos, iluminados únicamente por la luz mortecina de las calles, acentuando aquel verde encendido, osado y tierno.

Mi corazón seguía derritiéndose, el dulce aroma de la miel flotaba en el aire, la química electrificaba el ambiente.

—Te amo…

La liberación atrajo un mar de sensaciones que electrificaba cada terminación nerviosa de su cuerpo, un cumulo de emociones y sensaciones se expresaron en un gruñido enronquecido.

Los tenues susurros, cada extensión de mi cuerpo temblando, aquel intenso calor y ese sentimiento ufano, saciado.

Cada ruido y aroma le recordaba cuanto odiaba estar en ese lugar, sus compañeros ebrios de mesa no hacían más que gritar bromas de doble sentido coqueteando descaradamente los unos con los otros. Llevaba alrededor de una hora atorado en esa reunión de la facultad de física, maldición, era una tortura buscar algo que lo abstrajera lo suficiente como para silenciar el bullicio de su alrededor.

―Es hora de jugar algo. ―gritó una de las chicas que estaba sentada a mi lado derecho.

―Debemos jugar nunca-nunca. ―ordenó aquel rubio con peinado de chica y cara de idiota. Mi superior, torturador y esclavista: Deidara. ―Uchiha, ve por las bebidas. ―decretó haciéndose el pijo frente a las chicas de la mesa. Imbécil.

¿En qué puto momento me había dejado consumir por esto? No sabía cómo me había ganado su rencor, no sobresalía en nada, no hablaba con nadie, estábamos a mitad de semestre y no conversaba con nadie más allá de lo académico, diablos, si no fuera por Naruto pasaría mis tiempos libres en un cyber café o solo en algún lado.

Quería estrellar mi cabeza con lo que sea que fuera lo suficientemente fuerte como para noquearme.

―Yo lo ayudaré. ― Maldición, la sonrisa de Fugaku aún tenía efecto en mi desgracia.

Sentía el odio del rubio teñido dirigirse a mí, lo que faltaba, que Misao-tetas-grandes –también conocida como el interés de Deidara– se ofreciera a ayudarme.

―No es…

―Vamos Sasuke-Kun. ―dijo tomándome del brazo, instándome a levantarme de mi lugar.

Maldita sea.

Escucharla fue tortuoso, no solo porque hablara sin parar de ella, sino también porque su voz era de un irritante tono chillón. Las limitadas –mínimas– veces que le contesté algo, sufría de un ataque de risa y créanme cuando les digo, lo que decía solo se acotaba a afirmar, negar o gruñir algo. Aprovechaba cada oportunidad para restregar su voluptuoso –jodidamente– busto en mi costado.

Mis días estaban contados, era una conclusión sensata y acorde con el desarrollo de la situación no viviría más que diez minutos más, aproximadamente. Moriría virgen y por un imbécil que no sabe seducir.

Por el rabino del ojo percibí un borrón rosado al que no le di mucha importancia, seguí con mi camino hacía la fonda del tabernero, pero algo no me permitió avanzar. Me volteé abruptamente mirando a la causante de alargar mi suplicio.

― ¿Fuiste invitada Haruno-Chan? ―cuestionó dirigiéndose a aquel borrón asalmonado.

Era una chica simple, con su cabello atado en un par de trenzas desechas, ropas demasiado sencillas y normales para esa época del año. Era demasiado baja, se notaba más por el ruedo de su vestido, el cual se acumulaba en el suelo, era delgada y a diferencia de su interlocutora, sus pechos eran insignificantes. Ella me atrapó con la mirada fija en esa parte, rodó sus ojos hastiada y me ignoró.

―Misao-San. ―saludó casual. ―La invitación era para toda la facultad de ciencias naturales.

― ¿En serio? No lo sabía… ―dio un rápido vistazo a la casi vacía mesa de la que éramos parte, regresó su atención a la chica frente a ella y sugirió. ―Deberían unirse a nosotros, siempre es placentero hacer nuevos amigos y la facultad de física no es tan grande. Será más divertido con más personas.

―Habría que consultarlo con los demás… ―rehuyó rascándose la base de su cabeza.

―Vamos, no seas necia, estoy segura que aceptarán. ―afirmó melosa, tomando a la chica de los hombros y sacudiéndola. ―Es más, como soy una buena Sempai, te ayudaré a convencerlos… Sasuke-Kun encárgate de pedir el triple de bebidas.

Las vi marcharse hacia una sala privada en el fondo del local, su superior era demasiado ruidosa, podía escuchar sus carcajadas sin sentido mientras aquella chica sonsa solo mantenía una expresión estoica. Eran como el agua y el aceite.

No supe cómo, pero había logrado esquivar mi prematura muerte y no volvería a tentar de nuevo mi suerte. Traté de irme varias veces, pero siempre era interrumpido por mis compañeros de clases, incluso la vez que simplemente tomé mis cosas y me marché fue Deidara el que me trajo de vuelta. Cuando volví, habían muchas más personas, los chicos de los otros departamentos habían aceptado.

Para el momento en el que el local estaba a punto de cerrar –cerca de las dos de la madrugada– el grupo estaba tan ebrio como una cuba, algunos se habían desmayado en la mesa, otros reían sin razón aparente y muchos otros se encontraban en medio de una sesión caliente de besos y toqueteos.

Mire mi jarra de cerveza, estaba casi llena, un juego tan ridículo masculle internamente. Volví a escanear a los integrantes de aquel grupo tan dispar, notando que la chica simplona estaba en las mismas condiciones que yo; su jarra estaba casi a terminar, un tenue sonrojo surcaba el puente de su pequeña nariz pero parecía más ensimismada en aquel juego de celular que en el chico que trataba de ligársela. Me causó gracia, los observé hasta terminar con mi cerveza.

Sin más que esperar pregunté a la mesera que nos había atendido cuánto había costado lo que consumí, pagué y me dispuse a ir a casa.

No tenía muchas ganas de escuchar el sermón –griterío– de mi madre, me recosté en la fachada del restaurante pensando en lo que podría hacer esa madrugada mientras amanecía. Saqué la cajetilla que siempre llevaba en el bolsillo trasero de mis jeans, la abrí recibiendo un cigarrillo y el mechero que guardaba ahí, lo encendí y aspiré su contenido. Era abrumador fumar con el ambiente tan húmedo del verano de Tokio, aumentaba el calor en su cuerpo, pero recordar que estuvo las últimas cinco horas sentado en un lugar libre de humo con la única idea de escapar, diablos, ni siquiera le habían permitido salir para disfrutar de su muy adictiva nicotina.

―Vaya noche. ―la voz de la chica simple interrumpió mi lamentación mental. La miré con cara de no tener la suficiente paciencia ni energía para lidiar con ella. ―Tranquilízate, no voy a agobiarte con coqueteos ni propuestas equis, simplemente quería hablar… ―se cortó esperando a que yo hiciera algún comentario, pero solo me limite a soltar el vaho. ―Pero por lo visto tu no, así que adiós.

Se cruzó su bolso por su pecho, marcando aquel pequeño par, hizo una leve reverencia y se giró rápidamente, sus trenzas volaron en respuesta a su drástico movimiento.

Se marchó, de hecho me embelesó verla caminar entre los carteles apagados de esa zona, ser consumida por la oscuridad mientras tarareaba una melodía tranquila, como si la noche y ella fueran una.

Había sido un cretino con ella, restregué mi frente con el pensamiento de que no tenía por qué importarme.

No la volví a ver hasta la exposición de proyectos de la feria estudiantil –organizada por la universidad– aún llevaba ese par de trenzas despeinadas, la bata blanca que portaba la hacía lucir inalcanzable, la emoción y naturalidad con la que explicaba su investigación me había cautivado.

Leí el letrero que anunciaba su nombre junto con el de su compañero, Haruno Sakura.

―Oh, así que eres tú. ― compuso una sonrisa que denotaba lo incómoda que estaba.

― ¿Puedes sentirlo? ―cuestionaba, moviendo mis manos a varios puntos de su levemente hinchado vientre. Estaba recostado entre su piernas, aun desnudos, acobijados por el íntimo y privado momento que nos permitía esa mañana. Era muy pronto para percibir alguna actividad de la vida que crecía, pero ella se alegraba y afirmaba que ya había alguna respuesta por parte de su bebé. ―Vamos, debes ser paciente… ―se burló. ―No le agradas tanto como yo.

Dibujé varias figuras invisibles en su piel, tracé cada lunar, cicatriz y pliegue que encontraba. Las yemas de mis dedos cosquilleaban con cada vello, me gustaba sentir el pulso de sus venas, memorizar la posición y tonalidad de cada una, su piel se erizaba por mi tacto.

Llevábamos poco más de tres años viviendo juntos, un poco menos de nuestro tiempo como pareja, para muchos compañeros y amigos había sido un movimiento precipitado, pero para mí había sido tan natural querer despertar con ella a mi lado por el resto de mi existencia.

Mis padres no se opusieron, y aunque lo hubiesen hecho no me habría importado. Fue difícil adaptarme a un ritmo y vida que difería mucho a la que estaba acostumbrado, pero en ningún momento me arrepentí de la decisión que había tomado, era feliz con tan solo ver películas en nuestra pequeña cama, escuchar música, estudiar juntos o simplemente guardar silencio.

Sus padres me agradaban, eran un poco extraños pero me hicieron sentir parte de la familia de inmediato. Sakura nunca les mencionó que vivíamos juntos –eran demasiado tradicionalistas– y no me molestaba, respetaba su decisión de no comentarles, tanto como ella respetara la mía de no contactarme con mi familia. A diferencia del ambiente amoroso y cálido en el que ella creció, mi núcleo era más del tipo frío y distante, pasábamos tiempo juntos pero cada uno en su propio mundo.

No me gustaba hablar mucho de ello.

― ¿Te arrepientes? ―su voz sonaba lejana. Acariciaba mi cabeza adentrando sus delgados dedos entre la maraña negra que era mi cabello, suele hacerlo cuando ve que estoy estresado o preocupado. Musité desentendido. ―Me refiero a si eres feliz con las cosas que nos están pasando.

Levanté mi cabeza para mirarla directamente, ver la pena en sus ojos estrujó mi corazón. Alargué mi brazo derecho para poder acariciarla y transmitirle de alguna forma todo lo que sentía, todos mis pensamientos.

―Hubiese preferido esperar a que ambos estuviésemos establecidos, con trabajo permanente y ya graduados… ―me incorporé obligándola a levantarse y sentarse. Moví mi pulgar en círculos, arrullando su rostro. ―Pero no es algo que no hubiese proyectado, lo imaginé en el momento en que me mudé. ― Sus ojos se aguaron, fue imposible evitar que las lágrimas se desbordaran de sus orbes. ―Me hubiese gustado que disfrutáramos más de nuestro tiempo a "solas", viajar y conocer varios lugares.

La tomé entre mis brazos, escucharla sollozar me lastimaba demasiado. Di varios toques en su espalda, sentía como mi pecho se humedecía, susurraba palabras de amor, chistes y algún reclamo que la hiciera parar.

―Es demasiado pronto Sasuke-Kun, apenas podemos mantenernos nosotros solos y un bebé no es barato.

―Nos las apañaremos.

―Mis padres te matarán, sospecharán en el momento que les digamos sobre la boda. ―hipó acongojada, su voz estaba quebrada,temía los gritos y reclamos de sus padres. ―Aun no sé cómo decírselos, cuando lleguen habrá que esconder todo, incluso a Naruto.

Reí al recordar al Dobe, desde hace unos seis meses se había mudado con nosotros, sus familiares lo habían sacado de casa y no tenía otro lugar al que pudiese ir. Ahora mismo debía estar en su quinto sueño, quejándose de lo calurosa que era la sala del departamento y de tener que compartir habitación con aquella serpiente albina que tanta repulsión le generaba.

―Sabes que Naruto les agrada más que yo. ―escuché su risa ahogada en mi hombro. ―Tu padre no podrá matarme, porque sabe cuánto me amas, no haría nada que te lastimara. ―objeté provocando que rezongara en un mohín demasiado tierno. ―Aún tenemos tiempo para idear una buena forma de decírselos ¿A qué hora vendrán?

Sakura se separó de él, sorbiendo sus mocos y restregando sus lágrimas sin ningún cuidado. Miró rápidamente por la habitación buscando el post it en donde había anotado la información, lo encontró pegado a uno de los afiches de su grupo favorito de Kpop. Se paró contoneando sus caderas de un lado a otro, seguía igual de delgada a cuando la había conocido, su cabello corto que le llegaba justo al mentón. Lo único que alertaba de su estado de embarazo era su mirada más vivaz, su vientre levemente hinchado y aquel halo iluminado que la acompañaba.

Regresó rápidamente al cobijo de la cama, se despegó la nota de color amarillo y lo leyó en voz alta.

―Cerca de las dos de la tarde.

Contemplé alarmado la hora en nuestro despertador, marcaba las nueve y media, volví mi atención a Sakura y silenciosamente acordamos prepararnos rápidamente. Comenzamos con arreglar todo el tiradero del cuarto, escondí mis ropas entre las toallas y tendidos de cama. Tomé un cambio de ropa y me adelanté a tomar la ducha.

Cuando salí de la ducha, Sakura estaba tomando sus suplementos vitamínicos. Su expresión se volvía rara cuando las tomaba, debían ser demasiado amargas para que provocaran esa reacción. Palmee su espalda a la vez que dejaba un casto beso en su coronilla, ella se recompuso del mal sabor e hizo señas para que levantara a Naruto.

El espacio del departamento era pequeño, apenas contaba con una habitación, un baño y la cocina era parte de la sala que a su vez era parte del comedor y la entrada. Mire la pecera que estaba adecuada para Aoda –Sakura la había adoptado al encontrarla moribunda en el parque cercano a su edificio– era pequeña, sus ojos rojos y tenía aquella mirada amable. Era demasiado sociable, contrario a sus semejantes, pasiva y consentida, le gustaba estar enrollada alrededor de la muñeca de su ama y asustar a su nuevo compañero de habitación.

Buscó en la alacena su comida que consistía en ratones muertos que podía encontrar en cualquier tienda de animales, a veces, incluso se alimentaba de saltamontes y cigarras. Daba impresión verla tragar a sus presas, más cuando estas se encontraban vivas aun, le recordaba el ciclo de la vida y como uno no podría vivir sin el otro. Dejó el ratoncillo cerca de su madriguera, notando el sisear de su despertar.

La saludó dejándola comer tranquila.

Esquivé las sillas desperdigadas del comedor, buscando con la irada a Naruto. Dormía en un colchón inflable, sudado y casi desnudo, suspiró, sus hábitos de dormir le parecían más incómodas cada mañana. Pateó suavemente el jergón, lo suficiente como para alarmarlo pero no tanto como sacarlo de él, no tuvo que esperar mucho al grito alarmado de su amigo.

Aún no abria sus ojos, se limitaba a dedicar una mueca de disgusto y somnolencia. Se restregó cansino sus orbes, soltando maldiciones entre bostezos.

― ¿Qué te pasa Teme? ―reclamó estirándose.

―Los padres de Sakura vendrán hoy ―respondí simple instándolo a levantarse jalando la sábana que lo cubrían.

―Oh, así que hoy es el gran día.

Asentí dirigiéndome al refrigerador, antes que nada debíamos desayunar algo. Naruto se estiraba perezoso en su lecho, algunos mechones estaban tan electrificados similar a los extraños peinados que dibujaban en el anime.

― ¿Ya acordaron una historia creíble que justifique la decisión de casarse?

Mi mirada expresó que no teníamos ni puta idea de lo que le diríamos, él se encogió soltando un repelente oh, se rascaba incómodamente su mejilla derecha, soltando algún comentario que buscaba relajarme.

Ambos escuchamos el click que sugería la abertura de la puerta del baño –la única que lograba cerrar correctamente– casi de inmediato nos concentramos en la presencia despreocupada de la única chica que habitaba ese piso.

―Buenos días Naruto. ―saludó secándose el cabello con la toalla que descansaba en sus hombros.

―Buenos días estudiante número uno. ―convino adelantándose rápidamente para plantarle un rápido beso en la coronilla.

Sakura le dedicó una mirada hastiada, odiaba que la llamaran de esa forma. Naruto era muy confiado con ella, su relación era más estrecha y natural con Sakura que conmigo, por lo que en cuestión de meses ya lograban comunicarse en un leguaje que era desconocido para mí.

Claramente eso despertaba mis celos, era extraño como aquellos detalles me volvían inseguro.

El ambiente se había tornado un poco pesimista, el clima no ayudaba mucho a levantar los ánimos. Las palmas me sudaban, estaba horrorosamente nervioso, quería volver al departamento y tomar otra ducha. Caminábamos hacia la sala de árcade que quedaba cerca a nuestro edificio, Naruto hablaba sin parar sobre lo que le había pasado el día anterior en el campus. Trataba de escucharlo, en verdad quería interesarme en su problema con aquella chica tímida, pero el sonido era obstruido por sus latidos. Le daba vueltas a todo, sobrepensar la situación lo estaba agotando. La cabeza estaba a punto de estallarle.

Sakura debía estar llegando a la estación de trenes más cercana, sabía que tenía los nervios a flor de piel.

Realmente no se arrepentía, pero sabía que no sería un cuento de hadas. Sakura había iniciado con su periodo de prácticas, temía que el embarazo provocara la cancelación de su contrato, le destrozaría el corazón, había dado todo de sí para ser aceptada en esa investigación. Quería arrancarse el cabello. Sakura había logrado terminar la carrera rápidamente y con méritos, dios santo, era el ser humano con más potencial que conocía –y su hermano era Itachi Uchiha– temía que la maternidad la frenara, no pretendía obligarla a decidir entre ser madre o seguir sus sueños.

Él aun trabajaba a tiempo parcial como tutor en la universidad, colaboraba con los laboratorios de física y de vez en cuando daba clases. No le pagaban muy bien, se aprovechaban de que no tenía nada de dinero y si muchas cosas que pagar, la beca lo presionaba a mantener un estándar y su maldita tesis se había estancado en algún punto en la que no podía ni retroceder ni avanzar.

La amaba, eso no lo dudaría. Quería tanto a ese bebé solo por ser producto de Sakura, pero debía ser realista, los problemas comenzaron en el momento de haberse enterado.

Sentía que mis años de vida estaban disminuyendo.

― ¿Estás bien? ― Eran pocas las veces que Naruto estaba tan alerta, menos aun cuando su humor era serio.

Traté de recomponerme, volver a la faceta en la que era un hombre seguro de su decisión… no aquel blandengue adolecente que sentía como poco a poco su mundo se le venía encima.

―Es un paso fuerte, no te aseguro que vaya a ser simple Teme, ― el brillo de sus ojos denotaba la madurez del chico que había logrado adentrarse en su corazón. ―Pero no estás solo en esto, tienes a Sakura-Chan y me tienes a mí, si es necesario dejaría mis estudios por ustedes… ―abrí mi boca para interrumpirlo, pero él rápidamente la cubrió asegurando que era algo que quería decir desde hace mucho. ―Ustedes dos son como mis hermanos, los amo tanto que daría lo que fuera por ustedes. ―terminó apartando su mirada vidriosa. ―Adelante, búrlate.

Simplemente lo abracé.

―Eres un idiota.

―Lo sé, ahora vuelve a tu actitud de ser mejor que nadie porque tu celular está sonando.

Fin (?)

Espero les haya gustado :)