Memorias

Mirar hacia el pasado es una de las cosas más mundanas, y algunas veces estúpidas, que uno puede hacer, porque ¿que caso tiene regresar y mirar tus huellas cuando ya has cruzado la meta?

Para un shinigami recordar toda una vida puede parecer a veces una pérdida de tiempo, una vida inmortal está llena de demasiados momentos, muchas veces se pierden detalles y llega un punto donde tu mente decide borrar información inútil que el recuerdo termina siendo más que una difusa imagen en su memoria.

-Ya lo decidí -una de sus blanquecinas cejas se arqueó en señal de escepticismo ante lo dicho por su amiga humana -¡iré al mundo shinigami contigo!

-¿Huh? -fue lo único que pudo contestar ante su declaración.

-Lo pensé mucho y creo que el trabajo de shinigami podría ser para mi, lo fue para mi hermano -murmuró regresando a su helado.

-Hay una gran diferencia entre tu situación y la suya, para empezar él no tomó la decisión de entrar en esto, fueron las circunstancias -señaló tomando otro bocado de su propio helado.

-Aja, pero después decidió seguir siendo un shinigami -refutó con el ceño fruncido.

-Insisto, tu hermano no pudo decidir entre todo eso, simplemente las circunstancias lo obligaron a ser un shinigami sustituto.

-Ahora es un shinigami a tiempo completo y no veo que alguien se queje -gruño.

-Bueno, es más seguro para todos que las cosas sean así, él lo entiende.

-Bueno, también tengo una alta cantidad de reiatsu, el sombrerero lo ha mencionado varias veces -murmuró molesta.

-Está prohibido que los humanos sean shinigamis, solo ha habido dos shinigamis honorarios en todo este tiempo, Ginjo e Ichigo, y sabemos que uno de esos casos no terminó bien .

-Bueno, mi padre fue un shinigami, mi hermano es uno, ademas de que prácticamente tengo sangre noble, ¿eso no es un punto a mi favor?

-Karin…

-Nada de "Karin…" ya lo decidí, y más te vale ayudarme.

Se limitó suspirar resignado, Karin podría ser muy terca cuando se lo proponía, sí esta idea de los shinigamis se le había metido en la cabeza sería casi imposible hacerla quitar el dedo del renglón, pero claro, como capitán del seireitei haría todo en sus manos para lograr que ella desistiera de semejante estupidez.

Claro que no lo logró, Karin había hecho uso de todos sus contactos, y en menos de un año se encontraba viviendo con su hermano y esperando por su examen de admisión para la academia shino. Jamas pensó que se sentiría feliz por haber fallado en uno de sus objetivos, pero ahí estaba sonriéndole a la jovencita terca que era Karin y deseándole suerte en su examen

Fue interesante ver a Karin estudiando en la academia Shino, la chica era perspicaz, tal vez nueva en muchas cosas que otros estudiantes manejaban tan natural como respirar, pero eso no importaba cuando se enfrentaban a la terquedad de esa niña y a esa sonrisa socarrona que nunca se desvaneció mientras ella continuó visitando para que la entrenara cada que tenia un descanso.

Cuando ella al fin se graduó una punzada de orgullo estalló en su pecho, aun más cuando el resto de capitanes reconoció el potencial que tenía la menor de los Kurosaki, Zaraki había incluso exigido que la chica estuviera en su escuadrón, más ella lo había rechazado prefiriendo estar en un escuadrón más tranquilo y bueno… él no pudo abstenerse se ofrecerle un lugar en el suyo.

-Te dije que lo lograría -se jacto mientras él le daba el recorrido en su nuevo escuadrón.

-Tengo que admitir que eres demasiado terca -comentó en su usual tono aunque esbozando una sonrisa diminuta a su acompañante.

-Lo sé, deberías tomarme más en serio -comentó mirándolo fijamente.

En su momento no supo cómo interpretar esas palabras por lo que había terminado por decir una estupidez como: -Lo tendré en mente.

-Oh… gracias, supongo -ella lucía decepcionada ante su respuesta mientras tirada de la bandita en su dedo meñique.

La realidad de lo que pudo haber desencadenado esa reacción lo golpeo un mes después, cuando la pequeña -bueno, ya no tan pequeña- Kurosaki se encontraba en su oficina ayudando a terminar con él papeleo en su oficina, con Matsumoto perdida en algún bar y el resto de sus subordinados demasiado asustados con lo que podría significar acercarse al capitán cuando se encontraba molesto con su teniente nadie más que la morena se había ofrecido a ayudarlo con todo ese trabajo.

Y mientras su vista se mantenía pegada a sus papeles pudo sentirlo.

La mirada ónix estaba pegada en él, no era una mirada como la que solía darle el resto, había algo en esa mirada que él no pudo entender, lo hacía sentir nervioso pero no de una mala forma, el sentimiento podría definirlo como… cálido, su corazón se aceleraba y su cuerpo era recorrido por un calor que se acentuaba en su rostro y bajaba hasta su cuello.

Cuando no puedo soportar más de esto sus ojos buscaron los de la morena esperando a que ella regresara la vista a sus papeles, se sorprendió cuando ella continuó mirándolo con esos ojos llenos de ese sentimiento que él no podía catalogar -¿Sucede algo? -el rojo se apoderó de la piel de porcelana de Karin. -¿Entonces…?

Ella negó pero no dejo de mirarlo -No es nada -con esa simple respuesta ella regresó a los papeles en sus manos, creyó que ese incómodo momento había terminado ahí, sin embargo, Karin era experta en llevarle la contraria pues tan pronto como él volvió a sus papeles ella suspiro, dejó los papeles en la mesa y soltó esas cuatro simples palabras:- Credo que me gustas.

-¿Eh? -había sonado tan estúpido diciendo solo eso.

-Sí, lo estuve pensando hace un par de días y, aunque suene estúpido, llegue a esa conclusión, quiero decir, de buenas a primeras no me ofrecería a ayudarte en todo este papeleo, pero aquí estoy, y siento que no es un trabajo de mierda sí te puedo ayudar.

No supo como contestar, nunca se le había pasado esa simple idea por la mente, y aunque había escuchado muchos comentarios similares por miembros de otros escuadrones en cuanto su cuerpo había tomado la apariencia de un adulto joven, la idea de que Karin pudiera sentir algo así por él no podía procesarse en su mente.

-Yo… -Estúpido.

-No necesito que contestes ahora, de hecho, no esperaba una respuesta, solo quería que lo supieras -y bueno, el tema no se tocó más entre ellos.

Las semanas siguientes habían sido de constante introspección sobre lo que sentía por la chica que había sido su amiga desde hacía ocho años, que hasta ahora él se animaba a ver como lo que era, una hermosa mujer, inteligente, talentosa, que podía entenderlo y que despertaba en él emociones que apenas sí podía entender.

-Creo que me gustas -las palabras salieron de su boca dos meses después de que lo hicieron de los labios de la Kurosaki. Ella se encontraba llenando el papeleo de Matsumoto como lo hacía una vez a la semana mientras el solo se dedicaba a revisar que estos estuvieran correctos y a firmar lo que fuera necesario.

-Sé que dije que no esperaba una respuesta, pero mantenerme dos meses sin saber que opinabas al respecto es un poco cruel -comentó ella sin despegar la vista del papel frente a ella.

-Entonces… -su garganta se secó, sus manos se sentían sudorosas y las palabras no encontraban una forma de salir de su boca.

-Podemos tener una cita más tarde, si quieres -al fin ella lo había mirado y él no pudo resistirse al sonrojo que había en sus mejillas, ni a lo tentadores que se veía sus labios.

Ninguno de los dos supo cómo explicar que treinta minutos más tarde se encontraba desnudos detrás de su escritorio, jadeando y besándose como si no hubiera mañana.

tres días después la noticia de su reciente relación había sido publicada en la revista shinigami y Kurosaki Ichigo lo había perseguido en busca de su cabeza y una explicación de porque había una foto muy comprometedora de él y su hermanita.

Se casaron cuatro años después y en su noche de bodas concibieron a su primer hijo Yukine, quien es su vivo retrato desde que nació aún cuando el diablillo lo negara rotundamente, tres años después y en un pequeño desliz en su oficina, de esos que ocurrían con menos frecuencia desde que había nacido su hijo, Toshiko fue procreada, esa niña que se había vuelto la luz de sus ojos desde el primer segundo en que la tuvo entre sus brazos.

Toshiro podía recordar cada uno de esos momentos con increíble exactitud, podía recordar el sabor del helado que Karin y él habían pedido esa tarde en que ella le contó sobre su idea de ser un shinigami -chocolate y frambuesa pues era lo que más le había pedido durante sus meses de embarazo-, recordaba el color de la bandita en su dedo meñique de aquella tarde en que ella le pidió tomarla en serio -verde, como el color favorito de su hijo-, recordaba la sensación que le produjo cuando ella se le declaró esa tarde de papeleo -porque era la misma que sentía cuando la besaba después de una larga misión, y claramente recordaba el sabor de su primer beso -porque era el mismo que cuando lo visitaba por las tardes- todo lo eso lo recordaba tan claro y vívido que algunas veces se sentía tan tangible.

Notas de la autora:

1.- No se sí me ha quedado, y aunque ya es muy tarde, técnicamente aún no acaba la semana HK, así que aquí tienen este aporte que entraría en la categoría de felicidad.

2.- Agradezco a quienes leen y un poco más a quienes dejan review.

3.- Personajes de Tite Kubo, historia mía, sin más me despido, cuídense y sayonara.