La lluvia hacía que muy poca gente pasara por aquel puente que tanto había visto de mí. Ella seguía sin aparecer, por algún motivo me había reclamado en ese puente londinense donde una vez al año nos reuníamos, de repente, los recuerdos de aquellos años me inundaron, entre ellos el de Will, mi dulce y patofóbico Will. Hay veces en el que el sonido de su voz me hacía creer que estaba ahí, pero, al girarme, nunca está.
—Oh, mi Jem —otra vez su voz, las lágrimas me inundan en segundos —. Estás aquí, viniste.
—¿Q-q-qué?
—Date la vuelta James.
Dudo, el miedo de que no esté me atenaza el corazón, pero finalmente lo hago. Está ahí, con su pelo oscuro y sus ojos de zafiro brillando con un deje de desafío. Parece tener la misma edad que la última vez que lo vi antes de ser un Hermano Silencioso.
—N-no, n-no es posible —sé que mi voz se ha roto —. ¿C-cómo?
—Bueno, puede que Raziel me busque durante un rato. —me dice sonriendo mientras limpia mis lágrimas con una mano.
—¿T-te escapaste? ¿De verdad, William, te escapaste del Cielo?
—Bah, es posible. —su indiferencia ante el posible castigo me hace reírme como hace tiempo que no hacía.
—¿Sabes que Raziel puede tener a su disposición a todos los patos que quiera, verdad? —le pregunto con enarcando una de mis cejas.
—Me da igual —y mi asombro debe notarse porque añade: —. Por tí, mi Jem, todo me da igual.
—No fue Tessa quien me llamó —le afirmo —. Fuiste tú.
—Din, din, din.
—¿Por qué?
—Porque te amo.
—¿Y-y Tessa?
—También la amo, lo sabes. Pero también te amo a tí, y mucho.
—Yo también os amo a los dos. Mi William, no sabes cuanto te extraño. —las lágrimas han vuelto.
—Sí que lo sé, porque yo también te extraño con todo mi ser.
Con una sonrisa se acerca a mí y posa sus labios sobre los míos, el beso es suave y lleno de ternura.
Una suave luz interrumpe nuestro beso, la luz proviene, para mi sorpresa, de Will.
—He de irme, el cielo me espera. —su voz y su sonrisa denotan tristeza.
—No quiero que te vayas —le suplico —, pero entiendo que debas hacerlo.
—Yo tampoco quiero irme, pero recuerda que siempre que creas escucharme, que siempre que tu piel se erice con caricias, soy yo, recordándote que te amo y me duele estar sin ti.
—¿Volveremos a vernos? —mi voz ahora tiene resignación y tal vez, esperanza.
—Así, como ahora estamos, solo una vez al año, al igual que te encontrabas con Tessa tras mi ida.
—¿Pero y si Raziel no quiere que te vayas del Cielo?
—Por tí, me he escapado una vez. Por tí, me escaparé otras cien.
Tras decir esto, volvimos a unir nuestros labios en un beso anhelante y cargado de próximas oportunidades para sentirlos de nuevo en mi piel. Nos separamos cuando el aire se nos acaba.
—Me voy, pero recuerda, nada, pero nada en este mundo o en el siguiente, nos separará. Te quiero James Carstairs, y siempre lo haré.
—Te quiero William Herondale, y ni el paso del tiempo ese sentimiento deteriorará.
La luz se hace más intensa y tengo que cerrar los ojos, siento un roce en los labios y al abrir los ojos, él ya no está. Me marcho bajo la lluvia. Se ha ido y solo queda un eco de sus palabras.
Nada nos va a separar Jem, nada.
