Palabras escritas en papel blanco,
cosas que jamás ha podido decir
[...]
Atsushi está tendido sobre el piso de la sala. La ventana se encuentra abierta y las cortinas ondean con el viento. El cielo es celeste, el sol brilla imponente y el verdor de las hojas de los árboles resplandece.
Una ráfaga de viento hace volar sus notas y las esparce por el suelo de madera.
—Oh, rayos —masculla, pero no se mueve de su lugar.
Los papeles se mecen con el viento, al compás de las cortinas color celeste cielo. Se deslizan por toda la sala y Atsushi, aunque preocupado porque salgan de la habitación, solo suspira.
Observa el cielo y las nubes que se forman en su superficie, algunas tienen formas graciosas y otras, en cambio, solo le recuerdan a Dazai. Lo considera absurdo, porque no hay nada en ellas que sea similar a él, pero quizás es solo el hecho de que lo ve en todo lo que hace, en todo lo que lo rodea, y notar aquello solo le produce una sensación de absoluto desconsuelo.
—Otra vez —se dice. No pierde el tono nostálgico y no sabe si es por costumbre o si acaso el dolor aún no se ha ido.
Los papeles siguen meciéndose con la brisa primaveral y dejan ver palabras escritas en ellos. Atsushi las conoce de memoria.
"Dazai-san, me gustas".
"Te amo".
Palabras que se pierden entre garabatos, sentimientos que no se exteriorizan por miedo.
"Eres un cobarde".
"Te odio".
Frases que se repite siempre, escritas en papel para recordarse a sí mismo que no es digno de sentir afecto y, mucho menos, de recibirlo.
De pronto, una ráfaga de viento sacude las cortinas y revuelve los papeles, dejando caer uno de ellos frente a él. Atsushi extiende sus manos, en vano, porque el papel cae al piso antes de que pueda alcanzarlo. Se ríe un poco por su torpeza y lo agarra, al fin, arrugándolo en el proceso. Al extenderlo no puede evitar la opresión en la garganta y el latido ensordecedor de su corazón.
"También amo a Atsushi-kun".
Palabras escritas con letra ajena, prolijas y con garabatos absurdos a su alrededor.
"No te odies".
Frases que expresan preocupación y consuelo, que a Atsushi le llenan el alma.
El viento se lleva las notas, mientras él sonríe y sigue mirando el cielo.
