CAP 1

"Infiltración"

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Era una pesadilla. Era consciente de eso.

La vida había sido bastante buena desde que el asunto del Allinol hubiese llegado a buen puerto, con los arrestos correspondientes a quienes habían atentado contra la vida de los autos de carrera en su afán de volverse más ricos y por supuesto, el encarcelamiento y vergüenza de Sir Axelrod; había recibido su reconocimiento y todos los agentes en CHROME que ya le admiraban ahora comentaban con mayor entusiasmo su nombre y ensalzaban toda su labor que ya desde los años anteriores había sido admirable pero con la última misión… sencillamente, se había disparado.

Se sentía satisfecho?

Bastante.

Para los espías la única satisfacción que tenían en la vida era el recibir una buena condecoración y el gusto de saber que servían como nadie a sus países y a las personas que habitaban en estos, incluso si tenían que dejarse la vida en ello.

Sin embargo…

Al volver a casa, eso pasaba a significar nada, tanto como sus propias vidas. O sea, no había valor en lo absoluto.

Sencillamente llegaban a su hogar, apartamento o habitación separada en cualquiera de las bases de CHROME alrededor del globo y descansaban un poco antes de que sus jefes los requiriesen para una nueva misión donde de nueva cuenta, la vida imaginaria que llevaban era su realidad; pero una que duraba demasiado poco y nuevamente, la soledad y la oscuridad los envolvían al regreso para apagarse y esperar hasta que se volviesen demasiado viejos o innecesarios como para seguir sirviendo de nada.

Una vez que todo terminaba y los jubilaban…

Qué había después de eso?

Quizás se lo había preguntado en alguna ocasión pero entonces, había desechado esos pensamientos recordándose que un buen espía no veía ni el pasado ni el futuro: se concentraba en el presente y lo que tenía que hacer y se olvidaba de lo demás; quizá era por eso mismo que los obligaban a dejar de lado cualquier pensamiento que involucrase el tener una familia, amigos o alguien de quién preocuparse ya que eso correspondía a crearse una debilidad que ninguno de ellos necesitaba. Y en su caso, siendo el mejor espía que hubiese existido jamás en la historia del servicio de inteligencia británica, podía sentirse orgulloso de haber seguido esas reglas casi a rajatabla.

"Casi" puesto que negar el hecho de que habían existido personas que habían sido importantes para él sería negar que alguna vez hubiese existido un espía llamado, Leland Turbo.

En opinión del Aston Martin, el mejor espía que hubiese nacido nunca en todo el mundo.

Quien le había enseñado todo desde que dejase las fuerzas militares de su nación para servir todavía más allá, su mentor, protector y quien había dedicado cada segundo a pulirlo y convertirlo en quien era a ese día; quien a veces con risas y mucha paciencia le repitiese que incluso el mejor espía tenía que encontrar algo o un alguien que le hiciera dar lo mejor y esforzarse hasta lo más alto tan solo para volver a casa sano y salvo.

"Nunca vas a conocer el valor de una gran sonrisa hasta que la veas después de un día duro de trabajo y sientas que todo ha valido la pena, solo para volver a recibirla. Incluso si estás en una batalla y a punto de morir, el solo pensamiento de querer volver a ver eso es suficiente para darte unas fuerzas que no tenías y salir adelante… siempre recuerda eso, Finn…"

Pero a Leland eso no le había servido al final.

Con amargura y mucho dolor, el espía de color plateado recordaba como quien él más amaba terminaba siendo torturado y convertido en apenas una pieza cuadrada de lo que había sido; y dolía. Dolía demasiado y se había tenido que tragar todo eso que lo desgarraba por dentro en silencio mientras que le daban un servicio funerario con los demás agentes, cada quien hablando de lo que habían conocido acerca de aquel espía de color rojo; pero él sabía que nadie jamás lo había conocido como él y que de todos los presentes, él iba a ser quien más lo extrañaría.

Y entonces habían llegado Mate y Holley.

Dos amigos nuevos en tan poco tiempo y que él mismo sabía que valían mucho para él y en cierta forma, sentía envidia de ver que había sido la chica que apenas estaba aprendiendo sobre las labores de campo quien había conseguido ese alguien por el cuál volver; pero también se daba cuenta de que probablemente aquel era un llamado de atención para su vida, él debía de conformarse con lo que tenía y dejarle ese tipo de cosas y sentimientos a autos que estaban dispuestos a quizás algún día dejar las filas de la agencia de espionaje para llevar vidas normales.

Y eso no le molestaba, por el contrario esperaba que sus dos amigos tuvieran la vida más feliz y próspera que pudiesen.

Por su parte aquel día había sido un complejo de situaciones extrañas que parecían haberlo encaminado derecho al infierno. No había otra definición y quizás por unos instantes trató de pensar en alguna situación que lo hubiera hecho merecedor de un castigo tan… ejemplar.

La misión no sonaba difícil en lo absoluto.

Después de la caída de Axelrod y el Dr. Zundapp, varios grupos de mafiosos se habían comenzado a disputar el lugar que había quedado vacante, dándole más de un dolor de cabeza a las fuerzas de la ley y el orden no solamente de gran Bretaña sino alrededor de todo el mundo; los ataques, las explosiones y los robos comenzaban a ir a la alza y repentinamente, tenían atacantes sudamericanos en Rusia, chinos en Australia e ingleses… en territorio americano. Y había sido a causa de estos últimos que él había sido enviado hacia aquel continente ya que como bien le habían dicho "tú ya conoces a los americanos y además se los debemos después de lo que sucedió con… Redline"

Rod Redline.

Hablando de bajas crueles y sádicas, nunca habían conseguido recuperar su cadáver pero en cambio, habían adquirido una confesión más que gráfica de lo que le había pasado junto con un video de todo el proceso acerca de cómo habían probado el Allinol en su cuerpo; la rabia y la desesperación internar que había sentido el McMissile habían sido principalmente de preguntarse si acaso un destino similar habría sido compartido por Leland en su momento antes de ser convertido en un cubo de metal apretado.

Con ello en mente, finalmente el inglés había partido para comenzar el trabajo de infiltración tal cuál se lo habían encargado.

Llegar a aquel grupo, integrarse a sus miembros, averiguar qué era lo que buscaban en aquellas tierras y conseguir los datos de quienes estaban a la cabeza para mandar toda la información pertinente a CHROME y que finalmente pudiesen hacer los arrestos correctos; y de ahí, él podría volver a su tierra natal, recibir una nueva mención por un trabajo bien hecho y de ahí, a volver a la rutina de cualquier buen espía, una de la cual se sentían orgullosos normalmente.

Pero todo había resultado terriblemente mal.

Su disfraz había sido perfecto pero una vez que entrase entre varios del grupo, se dio cuenta de que la agencia no había recibido toda la información pertinente.

-Qué sucede?

Una gota de sudor había escurrido por un lado del rostro del auto disfrazado mientras que observaba la hilera de autos viejos, láminas y otros modelos que pasaban por una especie de escáner que leía una placa a un costado de sus cuerpos; era la primera vez que veía una cosa semejante, las láminas incluso viniendo de su propia nación no solían ser tan cuidadosas ni tan detallistas para con sus miembros. Nadie en la sede se había enterado de aquel método de revisión de sus miembros y tenía que moverse rápido a riesgo de que lo matasen.

-Es la primera vez que me someto a esta revisión –dijo aquel espía disfrazado mientras que discretamente tomaba una placa del cuerpo de una de las láminas que pasaba por un lado y aun así, había sido difícil ya que parecía estar unida firmemente; daba gracias a sus habilidades de tanto tiempo el no haber sido tan obvio aunque le pareció detectar un pequeño respingo en aquel auto –recién llegué del otro lado…

La lámina que estaba pasando de miembro en miembro alzó una ceja apartando la mirada del sujetapapeles que llevaba delante suyo con un gancho y entornó los ojos por unos segundos; el espía había retenido el aliento por unos segundos, aquella misión se estaba volviendo riesgosa de una manera demasiado veloz, al menos tenía que admitir que quienes fueran aquellos sujetos eran infinitamente más listos que aquellos que hubiese enfrentado anteriormente. Finalmente aquel auto viejo le hizo una seña para que pasase a través de un par de torres metálicas y dejó ver la placa que se había colocado donde la tenía aquel del que la había robado.

El sonido de aceptación llegó como una brisa de alivio para el espía británico que pasó adelante pero aun así a través de su espejo lateral pudo distinguir como aquella lámina parecía oscurecer la mirada.

Lo mejor sería que se ocultase por un rato y buscase un nuevo disfraz para pasar desapercibido al tiempo que cambiaba aquella insignia; condujo hasta quedar entre un pasillo oscuro y entonces se retiró la placa y comenzó a observarla, aprovechando para tomarle fotos que enviaría inmediatamente a Siddeley.

-Pero… quienes son ustedes? –murmuró aquel espía mientras que veía el grabado de las pirámides de Egipto en aquel trozo de metal –porqué la mafia inglesa enviaría a sus propias láminas a este sitio? –dijo y miró a los alrededores como si intentase ver a algún otro de los miembros. No tenía sentido, podía distinguir a algunos rufianes menores que ya habían arrestado anteriormente en CHROME y muchos otros que obviamente eran americanos.

Esa alianza no le gustaba en lo absoluto y comenzó a conducir despacio, cambiando el tono marrón que había estado utilizando con su disfraz a uno verde limón con ralladuras que seguramente serían propias de cualquiera de aquellos sujetos; pero aun así, había una tensión extraña en todo el ambiente a su alrededor que le hacía sentir que estaba en peligro inminente y en esta ocasión, ni siquiera lo estaba disfrutando como solía hacerlo.

Era algo más similar a tener revuelto el estómago.

-Estás perdido, eh hijo?

El auto se frenó torpemente y pareció tropezar mientras que un auto un poco más robusto y fiero le observaba con un brillo de ojos dorados; el espía internamente tomó nota de aquel sujeto, jamás lo había visto pero parecía todavía más atento que los demás sujetos que se encontraban en el sitio. Un nuevo escalofrío le recorrió al sentir que de alguna manera estaba delante de alguna alimaña ponzoñosa, dispuesta a saltarle encima y a devorarlo. El auto delante suyo rió entre dientes sin dejar de verlo.

-Ustedes los trabajadores ingleses son bastante curiosos aunque eres el primero que no se intimida tanto al verme –dijo aquel viejo auto y entonces, McMissile en su disfraz carraspeó un poco

-Bueno… es que… ah… -empezó a decir, recordándose siempre hacer su papel de lámina algo torpe –no lo esperaba y yo y el trabajo… y sí, tenía que ir para allá –dijo señalando con una de sus llantas pero el otro auto no le quitaba los ojos de encima

-Claro… pero en realidad a dónde deberías de ir… es hacia este lado –dijo con simpleza aquel automóvil apuntando con la cabeza en otra dirección –todos los chicos nuevos tienen que pasar por la capacitación y solo de verte, me doy cuenta que no lo has hecho. No tienes la marca

-La marca? –inquirió aquel espía y el viejo auto se rió entre dientes comenzando a conducir

-Tal como dije, nuevo… anda, ya te guio… yo soy el capataz, un gusto conocerte, eh…?

-Heimich –dijo con tono de voz grueso y torpe mientras que conducía al lado de aquel auto y continuaba observándole de reojo aunque el otro hacía lo mismo y parecía bastante divertido –del cuartel en Lancashire

-Lancashire! –aquel capataz rojo vino alzó ambas cejas –pensé que ya habían cerrado esa zona después de que descubrieron a dos soplones que les arruinaron todo el negocio…

-Sí, bueno… pero de algo tenemos que identificarnos –replicó McMissile con agilidad mientras que el otro auto asentía lentamente –han sido tiempos duros para todos…

-Vaya que sí… -el auto rojizo entrecerró los ojos por unos momentos para después, hacer una mueca –para unos más que para otros. Hay… insectos que a veces se niegan a morir, como plagas, entiendes? –dijo aquel auto volviendo a ver a quien tenía a un lado que asintió de forma pasiva; Finn sabía que tratándose de aquel tipo de sujetos el hacerles la barba siempre funcionaba –unos son… irritantes, otros un verdadero dolor en el tubo de escape… y otros sencillamente salen como cucarachas por todas partes y entonces…

Un pequeño insecto se cruzó en el camino de ellos y aquel capataz no dudo en aplastarle con tanta ligereza que nuevamente, el sentimiento gélido cruzó el cuerpo del espía.

De todos los autos que conocía y que había enfrentado… nunca se había encarado con nadie como aquel capataz. Si eso era tan solo el jefe vigilante de los secuaces de nivel bajo no se quería ni imaginar cómo sería la mente maestra detrás del grupo en américa; tenía claro que algo en todo aquello no estaba bien, habían demasiados datos que CHROME y su contraparte americana desconocían y por primera vez sentía, que había sido enviado a una batalla sin armas a la mano. Se sentía terriblemente desnudo más sin embargo, sabía que llevaría aquel trabajo a cabo, no era la primera vez que se encontraba en una situación donde la ventaja no estaba de su parte.

-Sin embargo, hay otros que ya esperas y por lo tanto, al momento de la verdad simplemente tomas aire con paciencia y disfrutas del momento –dijo con calma el capataz mientras que presionaba un botón en el suelo cerca de una puerta de metal y movía la cabeza para darle paso al McMissile

Este avanzó sin dudar aunque sus sentidos de alerta comenzaron a alterarse inmediatamente

Aquello se veía terriblemente mal y comenzaba a darse cuenta de que le estaba guiando hasta una posición donde no había muchos puntos libres por los cuáles podría escapar o salvarse si acaso lo necesitaba; sus ojos en aquel momento anaranjados, lo veían todo mientras ingresaba en la bodega y el otro auto comenzó a cerrar aquella puerta de lámina con toda la calma del mundo; una vez a oscuras, comenzó a abrir una segunda puerta y el espía pudo darse cuenta de que aquello era un sistema de seguridad bastante específico. Volvió a tensarse, en sus pantallas visibles solo para él, notaba como la señal se iba debilitando lo que quería decir que una vez en el interior, estaría por su cuenta.

Ningún pedido de ayuda sería capaz de salir de aquel sitio en ninguna forma por lo que si algo salía mal, tendría que encargarse personalmente de ello.

-Señor? –dijo el espía disfrazado –pensé que dijo que esto era una capacitación…

-Y lo es, lo es –se rió aquel auto por lo bajo, con los dientes apretados –decidí que la tuya sería un poco más especial. Después de todo, como dije… -algunas voces comenzaron a escucharse con fuerza, evidentemente rabiosas –a veces las cucarachas son algo que esperas desde hace un tiempo. Y justo acabo de capturar a una que me interesaba ya que es un cabo bastante cercano a la más grande de todas…

Finn miró algo confundido y de lado a aquel capataz. Realmente su forma de hablar no era la de un subordinado cualquiera. Quién demonios era ese sujeto?

Ingresaron despacio y entonces tuvo una vista plena de aquella bodega. Había cajas por todas partes, cadenas colgantes con sus ganchos, diversos elementos para retener prisioneros con seguro para las ruedas, plataformas, imanes… sus ojos se abrieron levemente, si él creía que la guarida del Dr Zundapp era bastante tétrica por los artilugios que tenía, seguramente habría dorado un sitio como aquel que no parecía solo servir para el resguardo de materiales sino para trabajos un poco más destinados a sus enemigos.

O a sacar información.

Algunas jaulas se podían ver distribuidas, como si se tratase de alguna especie de zoológico pero solamente una de aquellas estaba ocupada por dos autos que tampoco reconocía el espía. Un par de porshes en colores azul oscuro que eran confrontados por otras láminas que se reían de forma retorcida; Finn McMissile hizo una pequeña mueca, no era que no pudiese meterse en su papel y no hubiera lastimado antes a otros con tal de mantener su coartada pero uno de aquellos prisioneros era una mujer mayor que ya lucía algo preocupada. Atenta y seria pero quizás algo angustiada por quien suponía, debía de ser su esposo por la forma en que les gritaba a quienes estaban por fuera.

Al menos, este no lucía asustado cosa que llamó su atención al tratarse de prisioneros. Generalmente cuando le tocaba presenciar cautivos, estos se veían bastante asustados, amenazantes pero con miedo a morir.

Ese porshe por lo contrario, parecía que lo que más deseaba era aplastar a sus captores. Le daba puntos por la fiereza en su mirada.

-Realmente te sientes muy valiente en estos momentos, cierto? –se reía una lámina de tonos grises sucios mientras mostraba sus dientes incompletos al cautivo que hizo resonar su motor con desprecio

-Déjame salir y entonces veremos quién de los dos se siente más valiente… o sucede que agradeces que tengamos unas barras entre nosotros?...

-CIERRA LA BOCA, ANCIANO!

Gritó otra lámina mientras que golpeaba un barrote que despedía electricidad en la punta haciendo saltar algunas chispas, consiguiendo que aquel porshe azul empujara un poco hacia atrás a la mujer que pareció dar un salto de sorpresa

-Si aún están con vida es porque el jefe así lo ha ordenado, porque si no…

-Si no, tú estarías siendo golpeado por mí y eso me ahorraría el aburrirme en esta pequeña jaula… o no tenían más grandes o ya les recortaron el presupuesto. Qué sucedió, la crisis económica también les llegó a ustedes?

Se rió fríamente aquel cautivo mientras que las láminas parecían enrabiarse cada vez más

-Creo que las ratas de hoy en día han perdido un poco el toque de antaño…

-Podría decirse lo mismo de ti, Will –el capataz avanzó con una velocidad un poco más grácil aún seguido de cerca por el espía que internamente se iba sintiendo más y más confuso al darse cuenta de que realmente estaba perdiendo algo; por su parte el prisionero parecía haber palidecido de golpe y sus ojos se abrían tanto que parecía que se saldrían de sus órbitas. Y el odio que ahora despedían, era algo que el McMissile no recordaba en ningún otro auto –qué sucedió?... no puedo creer que una trampa tan simple se haya encargado de atarte los rines en apenas un momento; no sé si sentirme orgulloso de ello… o preocuparme de que sea una trampa por parte de ustedes…

El aludido entornó los ojos hasta volverlos pequeños y pareció escupir de rabia antes de sonreír despectivo

-Debí de haberlo imaginado… -rió entre dientes aquel auto capturado –en realidad, tu trampa fue tan infantil y estúpida que jamás me hubiera pasado por la cabeza que venía de tu parte. Creo que es mi error el subestimar estas tonterías…

-Tsk tsk tsk… a que fue inteligente de mi parte? –sonrió casi con cariño aquel capataz lo que pareció enfriar la temperatura de aquella habitación –ya están tan acostumbrados a situaciones tan bien manipuladas que volver a lo básico funciona de vez en cuando. En este caso, pude hacerme de ti –dijo con tono puntual aquel auto rojizo acercándose a la reja de aquella prisión para ver más de cerca a quien tenía delante… hasta que este le escupió al rostro, lo que hizo que de inmediato todas las láminas retrocediesen con pánico

McMissile hizo lo mismo, de alguna forma rogando por no tener que ver lo que seguía o ser partícipe de ello… pero también resignado y consciente de que muy probablemente, su prueba tuviese que ser el despachar a aquellos dos civiles.

A veces odiaba en verdad su trabajo…

-No te temo –dijo el porshe azul con un tono de voz bajo y lento, mirándole fríamente –ya deberías saberlo. Quizás hayas conseguido algo de T pero los demás sabemos muy bien la clase de chatarra malnacida que eres…

-Hmm –el auto rojizo hizo una mueca y pareció hacer un sonido de chasquido a lo que prontamente, una de las láminas acudió para limpiarle el capó de aquello –desagradable como siempre. Uno pensaría que por temor a lo que le hiciéramos a tu mujer te lo pensarías un poco más pero… supongo que sí está contigo es porque es consciente de lo que podría sucederle…

-En verdad estás pensando en chantajearle conmigo? –finalmente la porshe femenina se adelantó mirando con asco al auto que tenían delante –que ridiculez. Haz lo que quieras con nosotros, como bien dijiste, no estamos juntos sin saber lo que podríamos esperar… pero tampoco se lo voy a poner fácil a tus pequeñas alimañas, deberías advertirles sobre eso –sonrió levemente de lado la fémina a lo que el auto rojizo alzó la mirada con fastidio

-Claro, claro… todos ustedes gusanos, siempre se las arreglan para pretender que son una unidad y cando uno se sale de las líneas, de todas maneras encuentran la forma de regresarlo al nido. Así es como le llaman a ese desagradable hueco de inmundicia, cierto?

Nuevamente, los autos prisioneros hicieron sonar sus motores y el capataz resopló cansinamente

-Creo que ya sabes lo que sigue a esto, Will…

-Matarnos?... la gran novedad –el porshe azul hizo una mueca breve mientras que el auto que tenía delante alzaba una ceja

-Matarlos?... quizá, ya que has sido un fastidio metiéndole ideas a tu pequeño amiguito acerca de cómo librarse de mí… y yo no quiero eso, quizás consiguieron sacarme de los neumáticos al número 51 pero no pienso permitir que hagan lo mismo con mi pequeña perrita faldera actual…

-BASTARDO MALNACIDO! –el porshe azul aceleró las llantas para tratar de golpear los barrotes a lo que su esposa se atravesó para frenarlo

-WILL!

-Hazle caso a tu mujer, 19 –se rió entre dientes aquel auto observándoles con suficiencia para luego, mover una llanta en dirección de la lámina que lo había acompañado hasta aquel lugar a lo que Finn suspiró internamente: tal como lo había pensado, le iban a pedir como prueba de lealtad que fuera él quien se encargase de torturar a esos dos prisioneros –ese carácter tuyo siempre tan volátil…

En verdad… sentía lástima por ellos…

-Tengo que admitir que por un tiempo también despertaste mi interés pero no eres del tipo que ceda… igual que el crio al que le reventé el parabrisas –hizo una pequeña mueca fastidiada –son un dolor de cabeza pero supongo que librarme de ustedes de uno en uno, tampoco está tan mal… chico!

Fin respiró profundo y se adelantó para observar con su mirada de mayor desprecio a quienes estaban enjaulados, quienes le dirigieron una mirada de profundo asco… o al menos eso le pareció ya que al cruzar la mirada con el varón, este por un segundo pareció cambiar su gesto por uno diferente. Quizás lo había imaginado.

-Como recordarás, nuestros grupos se están expandiendo cada vez más y más… y con ese ridículo Prix Mundial que hubo parece que todo el mundo se volvió loco y empezaron las negociaciones entre uno y otro lado del planeta –el auto rojizo hizo una mueca mientras que Finn, pretendiendo ser uno de ellos reía de forma sádica –fui invitado, por supuesto pero dado que hace tres años ustedes me dejaron sin mi mejor corredor… -hizo una mueca –claro que era una maravillosa oportunidad para deshacerme de esa pequeña molestia que ahora parece una garrapata difícil de retirar, pero estaba demasiado bien cuidado y no valía la pena el esfuerzo y la irritación que me costaría intentarlo… pero a cambio, obtuve… recursos nuevos. Vi que tú llevaste a uno de los tuyos a correr, no lo hizo nada mal… pero como sospecho, estaban vigilando al crío ese, cierto?

Finn internamente se aseguraba de ir grabando todo en su caja de sonidos. Aquel sujeto (que ya estaba seguro de que no era un simple capataz, seguramente era alguien cercano al jefe mayor) había mencionado el Prix y a otros corredores; esperaba que CHROME pudiese procesarlo todo antes de su regreso para futuras investigaciones, esa información literalmente valía oro y en el cuartel iban a estar más que satisfechos con ello.

-Ya decía que era extraño que no reclamasen un puesto en las posiciones pero eso era porque no lo llevaron a competir seriamente. Muy mal de tu parte William, eso es hacer trampa…

-Hablando de trampas… -se rió entre dientes el porshe azul y el auto rojizo sonrió con satisfacción

-Sí, bueno… pero yo no lo diría de forma tan vulgar, me gusta más el término "allanar el camino" –replicó cerrando los ojos con agrado mientras que volvía a reír –y es ahí donde entra nuestro nuevo amiguito…

Dijo esta vez empujando del parachoques hacia delante de la jaula a Finn que parpadeó confundido por completo

-Verás… tratándose de ustedes es evidente que son lo suficientemente… imbéciles como para soportar de forma ridícula… ustedes lo llaman "valentía" creo recordar –el auto rojizo levantó una ceja mirando como el porshe azul temblaba de ira contenida –el que los torturemos de uno en uno. Sin embargo, no creo que sean del tipo que soporta ver a alguien más siendo lastimado por su culpa, cierto?

-Si vas a hablar tonterías, hazlo donde yo no tenga que traducirlas –masculló el porshe entornando aún más los ojos pero el auto rojo pareció levemente desesperado

-Lo siento, olvidé que tenía que lidiar con tu escaso intelecto –hizo una mueca y percibió el gruñido del motor en el otro –estaba aludiendo a su triste y patético sentimentalismo de ver a coches que no tienen que ver con ustedes, siendo… heridos accidentalmente claro, por culpa de ustedes…

Los ojos de todos los presentes seguían a aquel auto que se movía despacio en un amplio círculo hasta detenerse a un lado de Finn McMissile; la mirada de los prisioneros era atenta y el espía continuaba grabándolo todo pero al mismo tiempo comenzando a sentirse inquieto. Los labios del prisionero se separaron como si quisiese decir algo pero nada salió de estos.

-Por ejemplo…

El auto rojizo hizo un movimiento con la llanta y en un segundo, todo había cambiado. Los ojos del espía británico se habían abierto grandemente al sentir como cuatro afiladas garras metálicas se encajaban sin cuidado en sus rines, reteniéndole quieto en el suelo que al parecer era una especie de plataforma cubierta cuidadosamente para que no la hubiese notado; sus ojos observaron con extrañeza y confusión a quien tenía a un lado, por un lado sintiendo su corazón acelerarse y por el otro recordándose mantener la calma y su actuación como uno de sus secuaces. Comenzó a voltear a los alrededores y dejó escapar un quejido agudo.

-J…jefe?...

-Ustedes los chiquillos británicos, nunca se enteran de nada –resopló el auto rojizo virándose para ver de lado al espía que por un segundo, mostró un brillo de sorpresa en la mirada –por supuesto que no esperaba menos. Un descerebrado tuvo que hacer su trabajo y aun así, siguen creyéndose que todo el tiempo tienen una garra en el volante… hijo, ustedes son tan predecibles como el sonar de su bendito reloj londinense…

McMissile entornó los ojos.

Bien, bien.

Sí que era una sorpresa.

Ante la expresión satisfecha de aquel extraño sujeto y de quienes los rodeaban, Finn McMissile dejó de lado su disfraz mientras le devolvía una expresión segura y levemente retadora a quien tenía delante.

Al parecer… era momento de luchar…

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Como habrán visto, estamos re-editando Looking for You. Porqué?... porqué esta ligado a Thinking así como lo está Life.

Little Jimmy.- Y MI MPREG!?

Estoy en eso Jimmy, calmate ¬¬! (inserte zape al pequeño Jimmy). Es importante tener cierta continuidad y pulir lo que hay que pulir. Y Looking for You se merece también su limpiadita y su pulidita y quitar las partes innecesarias... y añadir las que me salté por las prisas, grrr. Así que, aprovechémonos un poquito de Finn otra vez y démosle una pulida a su relación, que realmente se sienta el amor aquí!

Me rebelo a su intento de borrar la peli 2, Disney! Yo soy fan de la dos! (levanta el puñito)

En fin mis amadas lectoras, espero que la reedición de este fic sea de su agrado y volvamos a darle amor y cariño a Finn McMissile y pronto a Rod Redline que los dos se lo merecen.

Hasta el siguiente capítulo!

~Sorakai no Tora