Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.


- Maldición.

Ikki cerró su cuaderno con fuerza antes de tallarse la cara con ambas manos. Un largo suspiro salió de sus labios y el meollo en el que estaba su mente en esos momentos disminuyó.

Casi dos años atrás había sido golpeado por una fuerza descomunal que nunca había experimentado: el amor. En esos días era un joven de quince años que vivía su adolescencia de forma normal, haciendo cosas de jóvenes normales, y fue feliz con eso... al menos hasta la fiesta de Año Nuevo.

¡La dichosa fiesta de Año Nuevo!

Al recordar ese día era inevitable pensar en ella. Su largo cabello oscuro, piel blanca como la nieve y labios rosados que provocaban en el joven un extraño cosquilleo en la boca del estómago que aún en la actualidad no sabía cómo interpretar, además de sus ojos, esos bellos ojos que sólo lo hacían suspirar cada que los recordaba.

Hasta hace menos de un mes Ikki había dado el tema por terminado. Ahora, con sus diecisiete años era capaz de ver todo con un poco de calma y reconocer cuando se equivocaba, al menos en el 45% de las veces.

Hasta hace menos de un mes su vida le pintaba de maravilla. La relación con Shun era estable (un gran avance recordando que lo había "dejado ir"), comenzaba sus planes de independencia lejos del orfanato y de la mandona de Marín, estaba teniendo nuevos amigos, y todos, por alguna extraña razón que él desconocía, querían emparejarlo con su buena amiga Esmeralda.

Todo era perfecto, según él.

Hasta que su querido hermano decidió presentarle a sus amigos.

- Te van a agradar - le dijo un sonriente Shun mientras jaloneaba a su hermano hacia un parque cerca del orfanato - sé que son algo mayores para que sean mis amigos, pero Hades y Pandora son buenos, y confío en ellos.

- Shun, tú confías en todo el mundo.

Antes de que alguno pudiera agregar algo más Ikki se detuvo sorprendido al ver a la mujer de aquella fiesta jalando a un joven de la oreja. Ese día, Ikki conoció el nombre de la mujer que le quitó el sueño por casi un año.

Ahora él se encontraba en la biblioteca de la ciudad en una de las zonas más abandonadas de esta, con un cuaderno frente a él que contenía una larga carta donde no había dudado en explayar sus sentimientos hacia la mujer, todo gracias a la idea de Esmeralda, que le había dicho que esa era la mejor manera de desahogar tantos sentimientos.

Ikki miró a su alrededor antes de volver a abrir su cuaderno y leer lo que llevaba. Un tono rojo tiñó sus mejillas con cada palabra que revisaba; nunca se imaginó que escribiría cosas tan cursis.

Por supuesto, no pensaba en entregar la carta o algo parecido, por lo que sin firmar o escribir a quien iba dirigida, la arrancó del cuaderno y la miró serio. Lo correcto al final de la escritura era quemar el papel, pero ya que estaba en un lugar público, Ikki se conformó con hacerla bolita y aventar la carta en el bote de basura que estaba a lado de su asiento.

Un ligero suspiro de alivio de escapó de sus labios e Ikki se anotó mentalmente el agradecerle a Esmeralda el consejo de escribir.

- ¡Ikki!

El aludido se levantó rápido de la mesa en la que trabajaba al escuchar la voz de Seiya llamarlo, antes de por supuesto escuchar un más alto "shh" de parte de quienes se encontraban el la biblioteca. Tomó su cuaderno con prisa y se apresuró a buscar a su amigo antes de que este hiciera más escándalo, olvidándose por completo de que en realidad no le había atinado y la bolita de papel se quedó en el suelo.

Por varios minutos nadie la notó, hasta que por ese lugar pasó un pelirrojo que se acercó a ella sin dudarlo.

Por cincuentava vez en lo que iba del año Shijima entregaba sus libros prestados tarde. En esa ocasión, la bibliotecaria había decidido castigarlo por su impuntualidad haciendo que el chico regresará personalmente los libros a su lugar, un total de veinte.

El pelirrojo estaba cansado y hasta ese momento sólo le faltaban tres libros por acomodar, por lo que se dio la libertad de tomarse un descanso y levantar esa bolita de papel.

- ¿Una carta? - susurró el pelirrojo antes de leer en contenido, pero a medida que avanzaba en su lectura sus ojos se humedecieron - esto... Esto es hermoso - dijo al terminar.

Buscando en donde poner el papel, Shijima lo metió en uno de los libros que traía, con la idea inicial de llevarse la carta una vez que terminara su tarea. Por supuesto eso no sucedió ya que el chico olvidó rápidamente la carta y una vez más, esta terminó encontrándose a la espera de que alguien la encontrará.

COMENTARIOS:

Gracias por leer.

Una de las primeras cosas que publique aquí fue una especie de especial por Navidad, también fue lo que dio inicio a la creación de este universo alterno del que tanto he escrito y sobre el que tengo tantos planes; así que continuando con esa idea inicial decidí hacer este pequeño especial por el catorce de febrero.

Espero que fuera de su agrado, y un vez más, como siempre, gracias por leer.

Buen día!