Disclairme: los personajes de SCC no me pertenecen, son propiedad de las locas y maravillosas CLAMP.
Los matices del atardecer coloreaban el cielo proyectando paz y armonía. Muy por el contrario de la tormenta que se desataba en su interior, su hermano la iba matar tan pronto como cruzara el umbral de la puerta, si es que la dejaba siquiera hacerlo. Cómo podía haber sido tan estúpida y descuidada, él nunca solía pedirle favores, era la primera vez que se desgraciaba en hacerlo y ella tuvo que meter la pata a lo grande.
No entendía qué pasaba con ella, siempre había sido despistada y un poco atolondrada pero en lo que iba del día ya había bateado su propio récord. Lo peor era que Yukito no estaba en la ciudad y no podía acudir en su auxilio, su padre no estaría en casa hasta la semana siguiente, Tomoyo le había dicho que pasaría unos días en casa de su abuelo y él… Su querido lobezno de cabellos castaños, ya hacían seis largos meses de que habiendo sido convocado por el consejo de ancianos se había regresado a Hong Kong. Suspiró, no temía a que su hermano fuese a lastimarla o algo por el estilo, Touya la adoraba y ella a él pero no quería ver el rostro de su hermano bañado en decepción.
Un sollozo escapó de sus temblorosos labios ante ese último pensamiento, el pobre tenía muchas presiones en su trabajo como para encima sumarle su pequeño desastre. Cabizbaja dejó a sus pasos guiarla a donde ellos quisieran ir mientras pensaba en qué podía hacer para resarcir los daños, aunque su mente se enfrascaba en solo echarse al piso y llorar como una chiquilla mimada.
—¡Ay! —exclamó, giró en redondo solo para encontrarse con el objeto que quería agregarle más tragedia a su mísera existencia. Hizo un puchero y apretó los puños a sus costados.
Tan ensimismada en sus ya de por sí acongojantes pensamientos había estado que casi se cae al tropezar con un ladrillo que sobresalía del resto, achicó los ojos y le observó con recelo durante unos segundos… Soltó un bufido de frustración, ni que el jodido trozo fuese a regresarle las malas miradas.
—Cálmate Sakura, cuenta hasta diez —se dijo exhalando una bocanada de aire que dejó salir paulatinamente—. Pase lo que pase, todo estará bien.
Tras pronunciar su conjuro infalible, giró sobre sí para ver en dónde se encontraba. Al reconocer el lugar los ojos se le iluminaron y una sonrisa sincera se plasmó en su rostro, había caminado sin un rumbo fijo, solo quería escapar de su hogar por unas horas y tratar de serenarse, pero al parecer sus pies tenían memoria propia. La habían llevado al lugar en que dio inicio la historia más hermosa de su vida… El parque Pingüino, observó con melancolía los columpios y por un instante le pareció haber retrocedido en el tiempo.
Los recuerdos de aquella ocasión en la que su amado la consoló cuando creía estar sufriendo su primer decepción amorosa, la embargaron. Cerró los ojos y apreció la brisa en su rostro, aún podía sentir lo cálido y protector de aquellos brazos que la envolvieron con ternura hasta que su llanto cesó en su afán por nublarle la vista. Inhaló aire y le pareció tenerlo ahí, junto a ella, aspirando su exquisita y embriagante fragancia.
Habían compartido tantas cosas ante el rey pingüino: la declaración de sus sentimientos, la aceptación de los mismos, su primer beso que les hizo sonrojar hasta las orejas. Volvió a sonreír, aún recordaba lo nerviosos que habían estado, cada que él cogía algo de valor y se aproximaba para dar el gran paso ella se cubría el rostro con las manos y le decía que le daba mucha vergüenza, así había frustrado al menos cinco de los intentos por parte del chico, hasta que él pareció perder las esperanzas de besarla en aquel día. Después se habían enfrascado en una conversación de trivialidades a la vez que él la columpiaba en la silla, entre risas y bromas terminaron uno frente al otro, el momento había sido increíblemente mágico. Se perdieron en sus miradas… en todos esos sentimientos hasta la fecha inexplorados por ellos y sin previo aviso él la besó, fue un roce lento e inocente que le había despertado las un y mil mariposas que llevaba dentro.
—Cuanto te extraño mi querido Shaoran —susurró en un suspiro—. Si tan solo estuvieras aquí conmigo.
Al abrir sus pupilas se sorprendió de estar parada junto a los columpios, su cuerpo parecía responder a todo impulso por sí solo. Rozó las cadenas con las puntas de los dedos, estaban frías a comparación de la calidez que se había despertado en su pecho ante esas bellas memorias. Se sentó sintiéndose la niña que ya hace mucho había dejado de ser, empezó a balancearse mientras entrelazaba las manos en su regazo. Extrañaba demasiado a sus seres queridos pero al igual que todo en la vida ese solo era uno de los tantos procesos por el cual debían pasar al crecer. No siempre estarían todos juntos e incluso sus cartas habían cambiado, últimamente actuaban de manera sospechosa. Tal vez por su inusual estado de ánimo, aunque trataba de fingir lo mejor posible que no le había afectado la partida de su novio, ellas dependían de su magia y emociones.
Esa reflexión la hizo recordar que tenía el móvil con ella, sonrió y lo sacó del bolsillo de su pantalón, lo desbloqueó y fue directo a galería, ahí estaban todas las fotografías que había tomado una semana antes de que él se marchara.
—Prometí ser valiente mientras tú regresas a mí —recordó observando una selfie que casualmente había capturado en ese mismo columpio en el que ahora se mecía. En ella él la estaba abrazando por la espalda y tenía el mentón apoyado en su hombro izquierdo mientras dejaba un beso en su mejilla—. ¡Y así lo haré! ¡Hablaré con mi hermano y veré de qué manera puedo resolver las cosas!
Y con esa nueva determinación en mente se incorporó de un salto, salió del parque pingüino rumbo a su casa. Debía llegar antes que Touya para empezar a tantear el terreno.
oOo
Una cuadra la separaba de su morada y las manos no dejaban de sudarle. Ansiaba que su hermano no hubiese llegado aún, eso le daría tiempo para deshacerse de la evidencia o al menos ocultarla hasta que pudiera explicarle lo sucedido.
Una vez frente y antes de ingresar a su casa, soltó un suspiro.
«Pase lo que pase, todo estará bien» se repetía una y otra vez, mientras daba el primer paso.
—¡¿Pero qué...?! —exclamó al sentir como una fuerte ventisca la envolvía y cegaba momentáneamente.
No comprendía qué estaba pasando, sentía una presencia familiar pero... ¡No!, ¡No podía ser cierto! Ese poder era… ¡Imposible! ¿Por qué lo harían? Debía estar soñando, sí eso era. Había estado tan ensimismada que no le extrañaría haberse quedado dormida mientras caminaba. Ellas la querían, eran sus amigas y jamás la dañarían… ¿O si?. Negó hasta casi dislocarse el cuello, se cubrió el rostro con ambas manos, siguió avanzando a tontas y ciegas hacia el interior del pequeño jardín. Repentinamente el viento bajó en intensidad y ella decidió quedarse parada para evitar una de sus tan acostumbradas caídas. Descubrió su rostro y parpadeó varias veces, sus labios formaron una "o" perfecta ante lo que tenía frente a sus brillantes y sorprendidas orbes color jade.
Era lo más bello y místico que había visto en su vida, sintió como la brisa fresca inundaba sus pulmones, de cara al cielo abrió sus brazos y giró en redondo maravillándose con la experiencia. Era… magia, la más maravillosa y magnífica de ellas. Árboles de cerezo agitando sus ramas al compás del viento, cientos de pétalos cayendo sobre ella, sonrió y siguió girando. La calidez que ese poder desbordaba filtraba cada poro de su piel, era un abrazo al alma. Una dulce voz empezó a entonar una bella y celestial melodía, cientos de lucecitas verdes se acercaron a bailotear entorno a su cuerpo, bajo sus pies el suelo se volvió hielo cristalino cubierto por un pasto verde que sin duda era obra de The Freeze y The Wood.
—¡Feliz cumpleaños ama! —corearon las cartas Sakura.
Todas ellas saliendo de las ramas de los árboles que rodeaban el entorno para abalanzarse sobre la chica que les había abierto su corazón, dado un lugar en su vida y una relación más allá de amo y creación. Una sincera amistad, respeto, amor y cariño.
Los ojos de Sakura se llenaron en lágrimas cual madre orgullosa de sus hijos, no podía con el cúmulo de sentimientos que ese bello gesto había desatado en su pecho, quiso frenar su llanto pero las lágrimas rodaban por sí solas hasta impactar contra el suelo en el cual podía ver su reflejo. Quería decir algo pero las palabras parecían estar atoradas en su garganta, y sus emociones llegaron a límites insospechados al contemplar como The Sweet hacía aparecer un enorme pastel en forma de castillo, con paredes en tonos amarillos y techo color rosa frente a sus ojos. Entonces fue que notó que había muchos más postres esparcidos por el lugar en el cual suponía debía estar su casa.
—Co-cómo… Y-Yo. Esto… ¡Dios! —balbuceó cubriéndose de nueva cuenta el rostro.
The Mirror al observar el estado de estupefacción de Sakura, tomó las manos de esta en las propias obligándola a verse reflejada en sus ojos y esperando ella se tomara a bien y comprendiera lo que habían hecho.
—Por favor ama… No llore, solo queríamos obsequiarle este pequeño presente… Demostrarle cuán importante es para nosotras y lo agradecida que estamos de pertenecer a alguien con tan nobles sentimientos. Por eso The Erase... —dijo la carta bajando la mirada y ejerciendo un poco de presión en su agarre—, borró momentáneamente de su cabeza y las de sus seres queridos esta fecha.
Las compañeras The Mirror bajaron la mirada en señal de disculpa y guardaron silencio sintiéndose muy avergonzadas. Sakura ni siquiera sabía en qué fecha estaba, ignoraba que fuese la de su cumpleaños y ahora lo comprendía mejor, sus amigas habían estado distantes para que ella no notase lo que estuvieron haciendo a sus espaldas. Orgullo y dicha experimentaba en esos momento, las cartas solo habían querido pasar un rato ameno con ella. Aun principio como card captor ese había sido uno de sus mayores temores, el no poder con la responsabilidad de tenerlas a su lado y fallarle a tan maravillosos seres pero ahora, veía con satisfacción que había dado lo mejor de sí y seguiría haciéndolo por ellas… sus amigas. Sonrió y el brillo de sus orbes bien pudo competir con las estrellas del firmamento o incluso iluminarlo por completo. Sin pensarlo dos veces abrazó a la carta.
—¡Gracias amigas! —dijo y todas las criaturas mágicas alzaron sus rostros ante la exclamación de la hechicera, y sonrieron complacidas.
—¿No, está molesta ama…?
Sakura se separó de ella y la interrumpió negando varias veces con la cabeza sin dejar de sonreírle a esos seres con los que se había embarcado en un sin fin de aventuras. Ellas encantadas no tardaron en revolotear en regocijo. Eran sus pequeñas y no cabía en sí de la emoción, estuvo tentada a consultar por el paradero de Kero pero conociéndolo seguro andaba por ahí devorando toda clase de postres. De pronto recordó y se cuestionó si todo había sido una farsa de las cartas. Entonces…
—¿El incidente con mi hermano también fue producto de la magia de ustedes? —cuestionó.
Mirror volvió la mirada al piso, pero está vez Sakura no supo cómo interpretar la acción de la carta. Tenía las mejillas ligeramente sonrosadas y un brillito sospechoso en su mirada.
—Nosotras acordamos en pedirle ayuda. Como soy la única que puede comunicarse con humanos... —dijo tímidamente jugando con sus índices.
—Pediste que me mantuviera ocupada a modo de que ustedes pudieran actuar sin que yo lo notase —la carta asintió—. Y también usó sus poderes para bloquear mi capacidad de sentir el flujo de magia.
No eran preguntas y la figura mágica solo volvió a asentir poniéndose más colorada ante cada afirmación que soltaba su ama.
—¡Eso quiere decir que no eché a perder la información sobre el trabajo de Touya!
Todas las cartas guardaron silencio y contuvieron el aire en sus pulmones.
—Lo sabía… era demasiado bueno para ser cierto —murmuró cabizbaja la hechicera.
—De hecho ama —la llamó haciendo que la susodicha alzará el rostro—. El joven Touya dijo que si dejaba ese proyecto de arqueología en sus manos. Usted era lo suficientemente…
—¿Qué? —apremió.
Tragando pesado Mirror continuó:— Torpe… que podía echarlo a perder en un santiamén, así que se llevó un respaldo en la portátil.
La joven suspiró aliviada, era un peso menos sobre sus hombros que poco y nada le importó el insulto. Había deseado que la tierra se la tragara cuando un error de dedo la llevó a teclear "eliminar sin recuperar" aunque el bálsamo le duró poco al recordar ese otro incidente desafortunado que la hizo salir huyendo de casa.
—¿L-La... ropa del sangrón de Touya. —dijo entre susurros cortados.
Ahora fue el turno The Mirror de negar, y de las otras criaturas cubrir sus bocas para contener una exclamación. Sakura soltó un prolongado suspiro al unísono con sus fieles amigas. Por estar revisando notificaciones Wattpad había confundido un detergente con otro y no fue hasta que la ropa estuvo limpia, de que se dio cuenta la había parchado.
—Alguien allá arriba en verdad me detesta. Mi hermano me va matar cuando vea su ropa multicolor —completó en un hilo de voz.
El desánimo se hizo presente en las caras de ama y creaciones. La primera resignada al sermón que la esperaba y las segundas porque no podían intervenir en eso.
Soltó un suspiro más alto que el anterior—: En fin… ya tendré tiempo para ser esclavizada por mi hermano. Ahora estamos de fiesta y quiero que sigamos con ella.
Las cartas obedecieron y siguieron haciendo su magia… The Floweer tomó las manos de la hechicera y la hizo bailar con ella mientras un remolino de pétalos se alzaba y la envolvía en un capullo que estalló al segundo siguiente, dejando ver a la joven con un hermoso vestido en color blanco y rosa en la parte de abajo, adornado con un listón fucsia en el busto, un par de alas transparentes a la espalda y una corona hecha de flores. Parecía un hada del bosque.
Sakura se sonrojó al contemplar lo que las cartas habían hecho con ella. La bella y elegante dama de las flores la hizo dar tres giros, no fue sino hasta en el último que lo vio y sintió como todo a su alrededor desaparecía. Las piernas le temblaron y una corriente electrizó cada uno de sus sentidos. Agradecía tan valioso obsequio, pero el amor que sus cartas le profesaban y el que se hubiesen tomado el tiempo para organizar todo eso ya era un estímulo más que suficiente.
—The Mirror… esto no es necesario, no necesito que hagan esto por mí. En serio estoy bien, no niego que le extraño con el alma pero una ilusión es… —bajó la mirada. Ellas solo estaban tratando de darle el mejor de los cumpleaños, lo hacían con buenas intenciones pero...
—No es un espejismo ama —pronunció Mirror antes de esfumarse junto con las demás para darles privacidad a la par que seguían avivando la hermosa atmósfera que habían creado.
Sakura mantenía la mirada perdida en el suelo, sus pensamientos y latidos yendo a mil revoluciones por segundo, de pronto sintió como unos cálidos dedos le tomaban por el mentón y la hacía alzar el rostro para encontrarse con orbes ambarinas que la veían con adoración.
«¿Él estaba ahí con ella?».
—Te extrañé mi amada flor de cerezos —susurró con una gentil sonrisa a la par que tomaba el pequeño rostro entre sus manos.
Ella temió que el corazón saliera de su pecho. Su amado, el que robaba sus suspiros por las noches había vuelto.
«¿Acaso es real?» se cuestionó en sus adentros.
Él sonrió al advertir la duda en el angelical rostro de su novia.
—Lo soy —murmuró sobre los labios de los cuales estaba sediento. Ella no dudó en corresponder al roce tierno e inocente que eran siempre sus besos.
Estúpido quizás pero se le hacía más guapo que la última vez que le vio. Las cartas lo habían vestido a juego con ella y parecía su príncipe del bosque encantado.
Shaoran llevó sus manos a la delicada cintura de su amada y ella le rodeó por el cuello con sus brazos. Mientras sus labios se acariciaban la dama de las flores intensificó la lluvia de pétalos de cerezos, y una canción con tintes románticos comenzó a hacer tarareada.
Shaoran sentía el aroma de las flores llenar sus fosas nasales pero ninguno le hacía justicia al de su amada flor. Que las cartas le ayudaran a escapar de sus responsabilidades para poder estar en un día tan especial con el amor de su vida, no tenía precio y no iba a desperdiciar un solo segundo. Escucharla suspirar entre sus brazos y a cada beso era la gloria misma pero el aire se les estaba haciendo insuficiente. Dejó de besarla y juntó sus frentes sin soltarla, rozó sus narices y la escuchó reír maravillándose del espectáculo que era verla abrir sus párpados y sentirse embrujado con el color de sus orbes. No importaba si les contemplaba una vida entera, ella seguiría causando ese efecto en él por toda la eternidad.
—Felices diecinueve mi pequeña hechicera —dijo con una media sonrisa.
Sakura retrocedió unos pasos en los cuales se permitió observarlo de pies a cabeza. Sonrió ampliamente, no cabía la menor duda, el aura de un Li… En especial la de su Lobezno podría reconocerla a cientos de kilómetros, sin pensarlo dos veces se abalanzó sobre su amado haciendo que ambos cayeran sobre los pétalos que ya casi cubrían toda la superficie.
—Lo siento mi amor. La mezcla de magias me hizo dudar un poco, ahora ya no lo hago.
—¡Ah!, Con que me voy unos pocos meses y al regreso. ¡¿Qué me encuentro?! —preguntó fingiendo estar ofendido—. Con que mi novia ya no percibe mi aura.
Sakura le dedicó una mirada significativa y ambos estallaron en risas. Se acomodó sobre el césped a la par de él.
Shaoran tomó la mano de su novia en la propia y perdiéndose en esas lagunas del alma le susurró un "te amo". Fueron tantas emociones juntas que el aura mágica de la hechicera resplandeció en tonos rosa intenso, que incrementaron los poderes de las cartas, las cuales una vez más reaparecieron para seguir celebrando el cumpleaños de su ama y amiga. Estaban feliz por ella y el recién llegado, había valido cada mentira y apuro en el que sumergieron a la joven.
Sakura por su parte jamás podría olvidar tan inesperado obsequio… parecía un cuento de hadas hecho realidad. Y aunque tener al amor de su vida junto a ella la hacía inmensamente feliz lo que las cartas habían hecho la sobrepasaba. Ama y creaciones tenían un vínculo indestructible, y el saber que era lo suficientemente fuerte para conservarlas a su lado le confirmaba que:
«Pase lo que pase, todo estará bien».
¡Ufff! Por fin pude concluir este shot. He confirmado que las historias en tonos rosa se me dificultan... Estoy hecha del drama y tragedia muahahahaha. Hice ocho borradores y un review me hizo cambiar el rumbo original de lo que sería este pequeño proyecto, ya no los haré sufrir pero que constate que solo por ahora vale… No me torturen jajaja ;) se que Los pecados del mago estuvo agridulce y para los que necesitan doble bálsamo traigo esta versión.
Me hice bolas con la temática… No quería el típico cliché de fiestas sorpresa organizadas por Tomoyo, Shaoran o Touya, ni bodas y compromisos etc. Entonces me pregunté ¿por qué las cartas Sakura no pueden hacerle un pequeño detalle a su ama? Me rompí la cabeza para armarlo porque nada me convencía y soy una maniática que nunca está conforme con lo que hace. El lobo tuvo su pequeña participación aunque las protagonistas fueron esas bellas criaturas que en lo personal se me hacen divinas.
Con respecto a lo que me preguntaron sobre que estilo de narrativa uso verán… Ni yo lo sé jajaja simplemente dejo fluir lo que se me viene a la cabeza. No tengo disciplina para investigar sobre las reglas y tipos de narrativa que hay así de desastrosa soy. Amo la ficción porque puedes crear mundos y saltarte las reglas de la realidad. En fin es mero entretenimiento pero creo que ando en omnipresente… Naaaaaaaaah quien sabe jajajaja
Ojalá les guste. Un fuerte abrazo mis queridos lectores y cuídense un montón.
Dejen sus review si les gusta vale :)
